COSTA ATLÁNTICA
Zulma María de la región del Magdalena
Leandro de la región del Cesar
Me llamo Zulma María. Vivo en la ciudad de Ciénaga, cerca de Santa Marta.
Esta tierra es bananera. Hace tiempo se plantó aquí muchísimo banano y se construyó un ferrocarril.
Los trabajadores cortaban la fruta, ponían los racimos al borde de las plantaciones y en una carreta tirada por bueyes los transportaban hasta las estaciones del tren. En los vagones se llevaban hasta el puerto.
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Allí los embarcaban en los vapores que salían hacia Europa y Estados Unidos.
Pero un día, los trabajadores de las plantaciones hicieron una gran huelga. Pedían que la empresa norteamericana, que era dueña de las bananeras, cumpliera con los derechos que la ley colombiana daba a los trabajadores. La huelga terminó cuando dispararon sobre una reunión de muchos huelguistas en la plaza de Ciénaga.
De esa terrible noche habla Gabriel García Márquez, nacido en un pueblo de esta zona bananera, en su novela "Cien Años de Soledad".
En recuerdo de esa fecha se puso en esta ciudad, el monumento al trabajador bananero, que hizo el escultor Rodrigo Arenas Betancourt.
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"Santa Marta, Santa Marta tiene tren
pero no tiene tranvía
si no fuera por las olas
caramba, Santa Marta moriría"
Esta es también tierra de ciénagas. Tengo un amigo que vive en la Ciénaga Grande de Santa Marta. Su casa se levanta en el agua sobre pilotes. Tiene un pequeño patio construido con las conchas molidas de ostras y caracoles.
Mi amigo navega en su canoa clavando el camalete en el lodo. Pesca en la ciénaga abierta, lanza su atarraya, bucea a pulmón y a la tarde extiende la vela de su bote y regresa.
Conoce las aves que vuelan sobre la ciénaga. Pelícanos, flamencos, tijeretas, martín pescadores... los animales que andan entre los árboles: mapaches, puerco espines ... y los que pasan por las raíces de los mangles: tortugas, cangrejos, babillas y caimanes.
Una vez me contó que saliendo del manglar descubrió huellas de patas y de un vientre arrastrado escuchó chillidos y vio un caimán hembra que escarbaba las hojas del suelo y sacaba con su boca a los caimancitos llevándolos al agua.
La gente de aquí vive como el caimán: entre el agua y la tierra. Todos celebran las tradicionales "Fiestas del Caimán".
"Se va el caimán
Se va el caimán
Se va para Barranquilla"
(J. Peñaranda)
Pero ya no se va para Barranquilla: está casi desaparecido. Son las familias las que se van a vivir a Barranquilla, porque como el agua de la ciénaga se estanca, se producen muchas enfermedades.
La entrada de agua dulce a la ciénaga se ha ido taponando y disminuyendo. Los caños traen mucho barro debido a la erosión que se produce por la tala de los bosques. Además, la construcción de la carretera cerró el ingreso de agua salada del mar. De muchos mangles sólo quedan sus esqueletos.
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Mi amigo se pregunta: "Si las ciénagas están moribundas, de qué viviremos?". Alejandro Obregón denuncia el desastre ecológico de las ciénagas en muchas de sus pinturas.
"Caminando por las calles del CESAR
de arriba abajo, de arriba abajo".
Así como dice esta canción, voy con mi tío Emiliano, el mejor músico del pueblo, llevándole el acordeón a todas partes. Me llamo LEANDRO. Mi tío tiene inspiración, silva o tararea una tonada y va creando un vallenato. Dice: "El vallenato es un periódico cantado que vuela de boca en boca. Lo principal es el ingenio de las letras y cómo se toca el acordeón".
Cuenta que cuando no había radio, trovadores solitarios como Francisco el Hombre, el de la leyenda, iban de pueblo en pueblo llevando las noticias en su cantar:
Por las trochas de cardonales, entre caseríos olvidados, caminaba con su acordeón Francisco El Hombre. Una noche de luna llena se encontró cara a cara con el diablo compitieron paras ver quien cantaba mejores versos improvisados. Francisco El Hombre se jugó su alma, porque si perdía el diablo se la llevaba. Se salvó gracias a su imaginación, cuando comenzó a cantar el credo de atrás hacia adelante. El diablo huyó despavorido.
Para tocar el vallenato se usa la guacharaca, la caja (hija del tambor) y el acordeón. |
Mi tío me hizo "cajero" y "guacharaquero" pero viendo mi interés y mi buen oído me regaló un viejo acordeón. Lo remendé y estoy aprendiendo a tocar tocando.
Deseo interpretar merengues, paseos, puyas y sones, como un auténtico descendiente de Francisco El Hombre.
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Allí viene mi tío cantando:
"Esta vida que yo tengo
es muy bonita, es muy bonita
pa' que nos e me acabara
fuera bendita, fuera bendita
pa' poder vivir cerquita
de las cosas que má quiero
que no me pusiera viejo
pa' estar siempre jovencito
cantando, cantando
cantando versos bonitos".
("Cantando" de Diomedes Díaz )
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