Hijo: toma mi corona y mi collar de dientes de tigre, "si tú usas lo que es mío, es como si yo fuera contigo", y lleva esta totuma de ambil, el tabaco líquido, como regalo de invitación a nuestros parientes y amigos, para que nos ayuden en la construcción de una nueva maloca, nuestra gran casa comunitaria.

Uba, que escucha atento lo que el abuelo dice a su papá, pregunta sorprendido:

-Abuelo, ¿y por qué tenemos que irnos de aquí?

El abuelo responde con cariño:

-La tierra es nuestra vida y tenemos que cuidarla; la de por aquí ya la hemos sembrado mucho y ahora hay que dejarla descansar. Por eso nos vamos al sitio que me indicó el yagé. Tu sabes bien que el yagé es nuestra planta sagrada, que nos hace soñar, y en ese sueño, que es como un viaje, me ha mostrado el lugar que más nos conviene.





Uba, por encargo del abuelo, comienza a tocar el manguaré, los tambores sagrados. ¡Tamb+, tamb, tamb+...! Su sonido anuncia, a los que están lejos, que ya se inicia el viaje.

Tamb+, tamb+.

Mientras se embarcan Uba, le dice a su papá: Repíteme la historia de Mooma, el creador, que contó el abuelo anoche en la maloca. Esta bien, escucha atento:

"Antes, cuando no existía nada, Mooma decidió hacer el mundo. Como él era sólo espíritu, pensó que necesitaría un cuerpo para sí mismo pero como no existía nadie, no sabía como hacerse. Entonces se soñó como un gran ojo que aparecía y desaparecía, hasta que logró ser un ojo real y no un sueño.



"Así siguió soñando cada parte de su cuerpo, hasta que estuvo completo, con la forma de un hombre, y pensó: voy a hacer la tierra, para no quedarme flotando en el aire.

"Amasó con sus manos el barro, lo mezcló con cortezas y sopló para que se endureciera.

No había nada sobre esa tierra, por lo que hacía mucho calor. Entonces hizo las palmas y los árboles, para que le dieran sobra.

" Enseguida pensó en hacer una casa para los hombres. Juntó sus manos en forma de triángulo y de esta manera imaginó la primera maloca".