CANTOS DE LA CIGARRA
JORGE ELIÉCER TRIVIÑO RINCÓN

 

EL CABALLERO

 

Un aspirante

a caballero,

debía cuidar

a un jamelgo

viejo y enfermo

sin proferir:

 

“Ya se ha muerto,

no se aliviará”,

ya que a su rey

le causaba mal,

graves noticias

de su caballo,

algo escuchar.

 

Un bello día,

dos emisarios

al soberano

prestos le llevaron.

 

Di la respuesta.

Tanto he esperado...

 

-Bien, majestad.

Voy a cumplir

otro mandato

del rey que mora,

vive y gobierna

dentro de mi

y me ha enseñado

la prima norma

del caballero:

Sinceridad.

 

Vuestro caballo,

eterno sueño

pasando está,

del que ya nunca,

despertará.

 

 

Dijo el monarca:

-Hombre gallardo,

veraz y sincero,

fiel caballero,

desde este instante,

nombrado estás.