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CANTOS DE LA CIGARRA
JORGE ELIÉCER TRIVIÑO
RINCÓN
EL ARRIERO Y EL BURRO
Un
borriquillo
cansado
de cargar,
se
detuvo al punto
cerca
de un remanso.
-Ya
no ando más-
dijo
su consciencia:
El
joven arriero,
conturbado
y triste,
fustigaba
y halaba,
halaba
y fustigaba,
sin
lograr moverle.
Le
dijo improperios,
vulgares
palabras
y
soeces términos.
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MORALEJA:
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El hombre ignorante,
-
cree que la fuerza
-
poderosa y brusca
-
mueve a las almas
-
con su ciega furia.
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