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ASI ERAMOS LOS ZENUES
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El abuelo dirige la canoa hacia la orilla. La detiene y me ordena bajar a tierra y treparme en un árbol, para que pueda ver desde lo alto la inmensidad de este territorio. Al llegar a la copa del árbol una enorme bandada de garzas tapa el sol y se aleja dejando en sombra el caño. Veo muchas casas, levantadas una detrás de otra sobre las dos orillas. La gente saca yuca o entierra semillas de zapote o de otras frutas en las huertas detrás de las casas. Y los muchachos juegan, corren y se esconden entre los árboles y los matorrales. Un mono colorado se aleja por donde sale el sol.
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Allá lejos se alcanza a ver el dibujo de un esqueleto de pescado, hecho por un gran caño y por muchos canales que llegan a sus bordes. |

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