Fechas:
Parte I: Miércoles, 29 de julio, 10:00 a.m. – Sala de Audiovisuales BLAA, 3er piso.
Parte II: Jueves, 6 de agosto, 3:00 p.m. - Sala de Audiovisuales BLAA, piso 3.
Estas conferencias se proponen presentar la vida y la obra de uno de los compositores más fascinantes, y a la vez más olvidados, de la Francia de finales del siglo XIX y principios del XX. Nacido casi ciego en Poitiers en 1870, organista titular de la Catedral de Notre-Dame de París hasta su muerte el 2 de junio de 1937, fue compositor de un vasto y admirable catálogo de obras que van desde 6 monumentales sinfonías para órgano solo hasta exquisitas obras para piano, grupos de cámara, conjuntos corales e incluso orquesta sinfónica. Se ofrecerá la narración de su dramática y a la vez poética vida, y la presentación de una selección de sus obras menos conocidas.
Obras que serán interpretadas durante la parte II de las conferencias:
| Louis vierne (1870-1937)
Sonata para violín
y piano, Op. 23: IV. Largamente. Allegro agitato Federico Hoyos, violín Pilar Leyva, piano. |
Doce Preludios
para piano, Op. 38: No. 6: En Clima Difícil No. 7: Evocación de un Día de Angustia No. 12: Solo Héctor Pinzón, piano. |
Músicos:
Leonardo Federico Hoyos.
Docente de violín, director
y fundador de la Orquesta
de Cámara Acordanza, en
la Escuela de Música de
la Fundación Universitaria
Juan N. Corpas. Egresado del
Conservatorio Tchaikovsky de
Moscú y del Conservatorio de
Colonia.
Pilar Leyva.
Docente de piano
y Directora del epartamento
de Extensión Interinstitucional
de la Escuela de Música de la
Fundación Universitaria Juan
N. Corpas. Discípula de Claudio
Arrau entre 1954 y 1968.
Héctor Pinzón
Estudiante de
X semestre del Área Mayor
de Formación en Piano, en
la cátedra de la maestra
Pilar Leyva. Ganador del XIII
Concurso Nacional de Piano de
Bucaramanga 2008.
Bibliografía recomendada:
AUTORES VARIOS
In Memoriam Louis Vierne. Francia: Numéro Spécial de l’Association Les Amis de l’Orgue. Secrétariat Général des Amis de l’Orgue, 1939. Se trata de la edición especial de un libro que compila las “Memorias” de Vierne y varios artículos de diversa autoría.
GAVOTY, Bernard. Louis Vierne, la Vie et l’OEuvre. Francia: Albin Michel, 1943.
SMITH, Rollin. Louis Vierne, Organist of Notre-Dame Cathedral. Estados unidos: Pendragon Press, 1999.
Musique de Chambre (Intégrale). Integral de la Música de Cámara. Sello TIMPANI (2 CDs), 1990/1991/1993.
L’OEuvre pour piano. Integral de la obra para piano, interpretada por Olivier Gardon. Sello TIMPANI (2 CDs), 1994.
Mélodies (vol. I y II) Canciones para soprano con acompañamiento de piano o arpa, interpretados por Mireille Delunsch, soprano; Christine Icart, arpa (vol. I); François Kerdoncuff, piano. Sello TIMPANI (2 CDs), 1997.
Louis Vierne. Symphonie enLa mineur, Op. 24 y Poème pour piano et orchestre, Op. 50, interpretados por François Kerdoncuff, piano, y la Orchestre Philharmonique de Liège dirigida por Pierre Bartholomée. Sello TIMPANI, 1996.
Integral de la obra para órgano, interpretada por Ben van Oosten. Sello DG (Dabringhaus und Grimm, 9 CDs en 3 compilaciones).
Louis Vierne. Symphonies pour Orgue. Integral de las sinfonías para órgano, interpretadas por Jeremy Filsell. Sello SIGNUM CLASSICS (4 CDs), 2005
Vierne, Widor & Dupré. Misa solemne para dos coros y
dos órganos, interpretada por Westminster Cathedral Choir, dirigido por James O’Donnell. Sello HYPERION, 1996.
Algunas anécdotas sobre
Louis Vierne…
“…Frecuentemente me resultaba una imagen algo patética ver
la pequeña figurita invidente de Vierne en medio de aquella
enorme tribuna, sentado muy quieto en frente de la enorme
consola – se ponía tan contento cuando lo veía a uno entrar.
Pero no había nada de patético en cuanto a la perfecta maestría
que tenía sobre el instrumento, ni tampoco en cuanto a sus
improvisaciones – en cualquier estilo -, cuya gloria yo nunca
podría describir. Debo confesar que, si bien su música escrita es
grandiosa, sus improvisaciones lo eran también, si no aún más.
Frecuentemente comenzaba con la disonancia más sorprendente,
como una segunda disminuida, por ejemplo, tocada en órgano
pleno y muy arriba en el teclado. De allí comenzaba a tejer y
mezclar armonías intrincadas, modernas hasta cierto punto, pero
todas con un plan firme y lógico, culminando en un destello de
gloria que lo llevaba a uno hasta el cielo…”
EDWARD SHIPPEN BARNES
“Vierne tenía una conversación astuta y encantadora, un humor
sin afectaciones, y recibía las felicitaciones de sus amigos
con amabilidad y modestia. Un domingo me encontraba en la
tribuna del órgano de Notre-Dame junto a varios organistas. Al
llegar el momento en que el órgano debía empezar a tocar, los
bombeadores (esto era antes de la instalación del ventilador
eléctrico) no se hallaban en sus posiciones (los bombeadores
eran por lo general mendigos que se ofrecían para el trabajo).
Corrimos hasta el cuarto de los fuelles-bomba, intentando
bombear aire para nuestro querido Maître… Al partir, nuestros
amigos nos contaron que había improvisado excelsamente y
luego lo elogié sobre la excelente impresión que había dejado
entre la congregación. Me respondió “yo también noté que me
sentía más inspirado de lo usual. Y es porque generalmente el
aire lo bombean unos pobres diablos, pero el pasado domingo ¡eran unos arcángeles!””.
ABAD JOSEPH MUSET-FERRER
“En Notre-Dame el organista parecía ser el más individual de
todos. Cada artista tiene su encanto particular, así como cada
flor posee su propia fragancia. Escuché a Vierne improvisar
por muchos años… y nunca me cansé de hacerlo. Nunca
quería tener que interrumpirlo. Ya fuera durante la elevación,
durante la comunión o en los versetos del Magnificat, siempre
era hermoso. Sus armonías, sus temas eran de una absoluta
transparencia, nunca acordes duros o ásperos, ni escalas
aburridas, sino siempre luminosidad contemplativa”.
MONSEÑOR ALPHONSE RENAULT
“Un día Vierne acababa de improvisar una gran obra al órgano,
magistral, como era habitual, y el organero Charles Mutin subió
hasta la consola para expresarle sus felicitaciones al maestro. “Usted acaba de crear una catedral en música. ¡En algunos
pasajes estuvo usted sublime!” Y Vierne respondió: “Pero, si
en algunos pasajes estuve sublime, en otros estuve inferior.
Por consiguiente, mi obra no es comparable a una catedral,
en donde todo – absolutamente todo –, desde las piedras en
una esquina oculta de la sacristía o en las escaleras que llevan
hasta la tribuna del órgano, hasta aquellas en el frente de la
fachada, todo es igualmente perfecto y hermoso””.
BERNARD GAVOTY
“Un domingo de primavera… Vierne acababa de terminar de
tocar la misa. Justo al lado opuesto de la calle, a la salida de
Notre-Dame, había un pequeño jardín cubierto de tulipanes
rojos brillantes, tan brillantes que parecían incandescentes
bajo el brillo del sol de aquel hermoso día de primavera.
Vierne se detuvo y tomando mi brazo me preguntó: “¡qué rojo
espléndido! ¿Qué es eso?” Él no podía discernir a la distancia
que se trataba de flores, pero sí alcanzaba a distinguir la
enorme mancha roja. Le expliqué que eran tulipanes. Se inclinó,
se puso sus enormes anteojos y tomó un tulipán, llevándolo
muy cerca de sus ojos y estudiándolo en detalle, maravillado
con la perfección de su forma y la sutil irradiación de sus
pétalos. Al continuar la marcha me dijo: “solo le pido una
cosa a Dios: conservar visión suficiente para disfrutar de tales
deleites hasta el día de mi muerte”.
BERNARD GAVOTY