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José María Emirto de Lima y Sintiago (1890-1972)
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Disco "EMIRTO DE LIMA. MÚSICA
PARA PIANO"
Música Americana, Serie Compositores
Fundación de Música y Ministerio de Cultura, 2001, Bogotá, Colombia
Piano: Harold Martina
Investigación musicológica: Ellie Anne Duque
CRÉDITOS
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DE SU VIDA
Para
quienes hayan indagado sobre el tema de la música tradicional colombiana, el nombre de
Emirto de Lima resulta muy familiar, pues publicó en 1942 las únicas anotaciones hasta
entonces conocidas, escritas desde un punto de vista primordialmente musical, acerca de
las tradiciones orales y fiestas de los habitantes del Departamento del Atlántico y del
Magdalena, agrupadas en un compendio bajo el título de Folklore Colombiano.[1]
Son escritos imbuidos de orgullo patriótico, de
fiel observación a las costumbres y de entusiasmo por el pasado y el potencial futuro de
las músicas escuchadas. De Lima estaba convencido de la gran veta académica que ofrecía
Colombia en el estudio del folclor. Pero también era compositor, pianista, violinista y
profesor de música. Nacido en la isla de Curazao, su llegada al puerto de Barranquilla no
parece haber sido motivada por la quimera de los negocios, sino por el afán de enseñar
música en una ciudad que se perfilaba, a inicios del siglo XX, como una de las más
importantes del país. En la memoria de quienes lo conocieron perdura la imagen de un
excéntrico caballero de comportamiento romántico decimonónico, de alta estatura para su
época, rasgos mulatos, voz nasal, gran preocupación por los ritos sociales, con dominio
de varios idiomas, amante de las condecoraciones y buen músico. Vivió una vida solitaria
y aislada en su ciudad adoptiva y sus incursiones por el campo para observar, analizar y
reseñar las fiestas y tradiciones fueron, a todas luces, una labor individual. Los
últimos veinte años de su vida transcurrieron en relativo encerramiento en su casa en
Barranquilla (que llamó Villa Blondina) rodeado de sus instrumentos, atendiendo visitas
de amigos y estudiantes con quienes ejecutaba música de cámara.[2]
La
imprenta de Vicente Mogollón en Cartagena publicó cuatro partituras de Emirto de
Lima en 1911[3], lo cual invita a pensar que la fecha de arribo a
Colombia del compositor y estudioso de la música curazoleño podría coincidir con el
final de la primera década del siglo XX. Su fecha de defunción está claramente
consignada en los registros del Cementerio Universal de Barranquilla: 14 de agosto de
1972.[4] Pero para su nacimiento encontramos tres posibles fechas: la
del mismo cementerio, que asegura que murió a la edad de 80 años, estableciendo su fecha
de nacimiento en 1892; la fecha que se da en el diccionario de Mayer Serra [5],
enero 25 de 1893, y la que figura en el diccionario biográfico de E. Palm, de 1890.[6] Adoptamos esta última confiados en que el biógrafo de la
publicación antillana tuvo acceso a algún documento probatorio original, y porque
permite que el joven compositor desembarque en las costas colombianas a la edad de, por lo
menos, 20 años, con un poco más de tiempo para haber realizado los estudios que asegura
haber adelantado. Cabe anotar que la voz del diccionario de Mayer parece haber sido
escrita por el compositor mismo (o por intermedio de Andrés Pardo Tovar, uno de los
principales colaboradores de Mayer en cuanto a las voces relativas a Colombia) en los
años cuarenta, pero esta fecha situaría al compositor en Barranquilla a la edad de 18
años, sin oportunidades suficientes para adquirir la educación musical por él
mencionada.
De Lima
aprendió las primeras lecciones de música al lado de su padre, Paul Q. de Lima, un
músico prestigioso en Curazao y profesor de música del colegio femenino Wellgelegen
regentado por las Hermanas de la Presentación. A dicha institución llegaron algunas
jóvenes barranquilleras, a comienzos del siglo XX, con el fin de adquirir la educación
necesaria para el manejo apropiado del hogar, en tanto que los hijos varones de las
familias curazoleñas establecidas en Barranquilla acudían al colegio Baralt, en la misma
isla. Según Rafaela Vos O.:
"A principios de siglo,
las mujeres de la élite barranquillera que deseaban recibir una educación superior,
debían viajar al interior o al exterior del país. Fue muy común que se trasladaran a la
isla de Curazao a estudiar en el colegio Wellgelogen [sic] dirigido por monjas
holandesas que las instruían en materias básicas para su formación doméstica, como
culinaria, bordado, tejido, pintura, música, aritmética, historia, urbanidad, religión,
cultura cívica, además de comportamientos sociales acordes con su refinado estrato
social. Algunas de estas damas, formadas en dicho colegio, fueron protagonistas de
proyectos culturales y cívicos ".[7]
Favorablemente
impresionadas con la educación musical recibida de manos de Paul Q. de Lima, las jóvenes
barranquilleras le extendieron una invitación para establecerse en Barranquilla y
regentar allí una academia. El profesor de Lima, renuente a dejar su hogar, recomendó a
su hijo, Emirto, para que ocupara su lugar.[8]
Como se dijo
anteriormente, Emirto de Lima debió haber llegado a Barranquilla hacia 1910 pues ya en
enero de 1911 dedica el Primer Nocturno para piano a "Mi buen amigo David
Chumaceiro" y escribe una segunda dedicatoria de la misma partitura a una discípula.
De Lima asegura
haber estudiado en el Liceo musical Almicare Zanella de Génova y en la célebre Schola
Cantorum de Vincent D'Indy, tan apetecida por músicos españoles y latinoamericanos a
inicios del siglo XX. E. Palm informa que a la edad de 14 años, en Curazao, ya tocaba
violín acompañado por su padre al piano y en la orquesta de Carl Fensohn, y asegura que
por ésa misma época partió hacia Europa.[9]
No hemos
encontrado más menciones directas acerca de sus viajes o educación temprana. En sus
partituras abundan las indicaciones para la interpretación en italiano, dando a entender
que se expresaba cómodamente en dicho idioma y que había recibido instrucción en el
mismo. Pero en ninguna de las partituras conocidas hace uso del francés con igual
desenvoltura.
De los escritos del
compositor se infiere que conoció de primera mano las tradiciones musicales de Venezuela.
Menciona un viaje en 1922 a Caracas, emplea textos de Polita de Lima de Castillo,
directora de la revista cultural Médanos y Leyendas en Coro (Venezuela) y compone
una pieza en honor a los médanos de Coro. Da a entender que hacia 1918 conoció Puerto
Rico y Costa Rica. Tuvo contacto en Bogotá con la casa editora Conti, pero no parece
haber realizado ningún viaje a la capital. Se desplazó al interior del país para
participar en el Congreso sobre Educación Musical organizado en Ibagué en 1936 en donde
leyó uno de sus artículos e hizo propuestas para alentar la investigación sobre
expresiones musicales tradicionales en Colombia. Fue un asiduo corresponsal de
instituciones y personajes y sus escritos llegaron a las más diversas revistas y
publicaciones especializadas de Europa y América. Una curiosa sección de su libro sobre
el folclor colombiano está dedicada a enumerar sus condecoraciones y corresponsalías,
todas ellas aparentemente logradas desde su lugar de residencia.
Fué cónsul en Barranquilla
de Liberia y Honduras, representación que probablemente le significó un ingreso
importante para su subsistencia, cuando la academia de música que fundó y regentó
(aparentemente como único profesor) dejó de ser rentable y cuando el estudio del piano y
la música entre las jóvenes barranquilleras ya no fue parte integral de la educación
para el hogar, y la música en casa fue reemplazada por las sonoridades emanadas de la
radio y la ortofónica. Su representación consular debió ser muy activa, si se tiene en
cuenta la gran cantidad de buques mercantes con bandera liberiana que atracaron en el
puerto. Quienes aún lo recuerdan en sus últimos años aseguran que consuetudinariamente
hacía transacciones y gastos en dólares, producto seguramente de sus gestiones
consulares. De Lima tuvo una hija, llamada Josefina (al igual que la madre del compositor
-Josefina Sintiago-), producto de una unión fugaz, nacida el 19 de diciembre de 1922.
Según testimonio de Alfredo de la Espriella, de Lima la apartó de su vida de manera
definitiva y algo cruel y melodramática, por objetar su matrimonio, realizado en 1949,
con un joven de la delegación consular argentina.
La
actividad musical del compositor pasó rápidamente a un segundo plano en la
Barranquilla moderna, más interesada en los ritmos de la banda de jazz que en los
pasillos y valses de inspiración romántica. Como el composltor bien lo expresara:
"La época de los años
veinte cambió radicalmente las costumbres de aquel entonces cuando para bailar con las
damas, los caballeros tenían que solicitar por medio de un 'carnet' las piezas que, por
lo regular se abrían con valses y polkas de Strauss o de Waldteufel. El vals también, Sobre
las olas de Juventino Rosas, pasillos colombianos y paso-dobles españoles. Pero, en
los años veinte, precisamente la orquesta The Panama Jazz Band, trajo en su
repertorio la última moda de la música norteamericana: El charleston, que
enloqueció a la juventud a pesar de las críticas y aún las reservas de muchas señoras
que no querían que ése repertorio se tocara tanto. Era muy estridente y falso. También
empezó el fox y el one-step y otros ritmos norteamericanos que tuvieron
mucha aceptación y eran menos descarados que el tal charleston... Yo me opuse
rotundamente porque no podía admitir que se llegara al extremo de tocar, para abrir una
fiesta en el más elegante salón de baile, el más aristocrático, el Club Barranquilla,
una pieza extranjera, de un autor panameño de apellido Fábregas con una letra
imprudente..."[10]
Las circunstancias
misteriosas de su muerte causaron consternación en la ciudad y no han sido dilucidadas,
aunque los herederos de la hija del compositor han intentado aclarar, hasta ahora
infructuosamente, su curiosa desaparición. La poetisa barranquillera Meira del Mar y el
ya citado Alfredo de la Espriella coinciden en narrar el episodio de su muerte, así:
luego de tener un accidente, aparentemente menor, al cruzar una calle, el compositor
permanece confinado un largo tiempo a su casa. Tiene luego una crisis de salud que
desemboca en una hospitalización. De la clínica, de Lima llega a su residencia en malas
condiciones y según de la Espriella, drogado y al cuidado de personas que reiteradamente
impiden que sea visitado por conocidos y allegados. El maestro muere y es enterrado
expeditamente. Cuando los amigos, y los compañeros de logia masónica se percatan de su
desaparición y de la necesidad de rescatar su música, los instrumentos musicales y
pertenencias personales han desaparecido y las enfermeras a cargo de su cuidado han tomado
posesión de la casa, con documentos legales que impiden, hasta el día de hoy, todo
acceso a ella. De las obras musicales compuestas por de Lima, se conservan y conocen un
puñado de piezas, la mayoría de ellas pasillos, tomados de fuentes diferentes de los
manuscritos originales, perdidos con todas sus demás pertenencias.
De Lima tuvo épocas muy
marcadas de actividad en Barranquilla: la instalación de su academia, la participación
en la radiofonía naciente en los años 1929 y 1930 que lo llevaron a desempeñarse como
director orquestal, sus pesquisas en torno a la música tradicional y popular de la costa
atlántica que rematan en el compendio de 1942, y su labor de crítico musical, una vez
estabilizada la labor de la Orquesta Filarmónica de Barranquilla a partir de 1943. A lo
largo de su vida profesional se mantuvieron constantes su espíritu de pedagogo, el amor
por la poesía y la actividad espistolaria, que tuvo como resultado una voluminosa (y
desaparecida) correspondencia con personas e instituciones en todos los rincones del
mundo.
[1] Emirto de Lima,
Folklore Colombiano. Barranquilla, 1942.
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[2] Testimonio de Alberto Carbonell. Barranquilla, enero de 2001.
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[3]
Historia de una noche, danza; Molinares y Compañía, danza fechada
en enero de 1911 en Barranquilla, Crepúsculo, pasillo (sin localizar) y el Nocturno
primero, fechado también en enero de 1911 en Barranquilla y dedicado a David
Chumaceiro.
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[4] En la
bóveda No. 92, según quedara consignado en el Libro General, p. 88. Sus restos fueron
exhumados por personas desconocidas el 7 de julio de 1976, y trasladados a la Iglesia del
Carmen Sala 3, bóveda 1446.
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[5]
"Lima, Emirto de", Música y músicos de Latinoamérica. México:
Editorial Atlante, 1947, pp. 557-558.
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[6] E.
Palm, Muziek en van de Nederlandse Antillen. Curaçao, 1978, pp. 146-152.
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[7]
Rafaela Vos Obeso, Mujer cultura y sociedad en Barranquilla, 1900-1930.
Barranquilla: Universidad del Atlántico, 1999, p.130.
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[8]
Testimonio de Alfredo de la Espriella. Barranquilla, enero de 2001.
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[9] E. Palm, Op. cit., p. 147.
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[10] Ms.
con entrevista de Alfredo de la Espriella al compositor.
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DE SU MÚSICA
De
Lima preparó una extensa lista de sus obras a manera de anexo de la publicación de
la cual hemos tomado muchas citas. Para 1942 había compuesto más de un centenar de
piezas para piano, otras tantas canciones, una veintena de obras para violín y piano,
pasajes para violín, chelo y piano. Todas las obras pertenecen al género de la miniatura
romántica, llevan títulos descriptivos, o pertenecen al mundo etéreo de los caprichos,
romanzas, intermezzi, etc. También hay obras que enuncian su origen en aires de
baile: minué, vals, gavota, danza, bambuco o pasillo. No son obras en múltiples
movimientos, aunque se destacan el conjunto de treinta pasillos para piano Evocaciones
de Colombia pintoresca y sentimental, y la colección (desaparecida) de veinticinco
pasillos, reunida bajo el título Peregrinaciones del ensueiño.
El interés por la voz lo
llevó a experimentar con escenas teatrales, tales como la mencionada Sonatina (fantasía
ballet) escrita para los niños del Colegio Gabriela Mistral que liderara Amira de la
Rosa. También menciona la composición de una opereta, El club de los solteros. De
Lima señala algunas composiciones como orquestales, tales como las que ya se han
mencionado y quedaron grabadas en esos primeros y fecundos años de las casas Brunswick y
Victor: Piacito (sic) de cielo (bambuco para soprano, barítono y
orquesta), A una caraqueiña (danza para soprano y orquesta), Darling, Los
Médanos de Coro (canción), Alma de lis (vals para orquesta), En el kiosco
de la viuda alegre (canción). La orquesta empleada en estas primeras grabaciones, en
las cuales se consignó una gran cantidad de música popular colombiana en los años
veinte y treinta del siglo pasado, no era una orquesta en el sentido clásico, sino una
agrupación de instrumentos (entre 8 y 15) que incluía cuerdas y tenía algo del toque de
la banda de jazz, tan duramente criticada por el mismo de Lima, conocida con el
nombre The Castillians.
Dos obras llaman la
atención en la lista: un Concierto en sol menor para piano y un Cuarteto en ?e
mayor para violín, viola, chelo y piano. Es lo más cercano, por lo menos en el
título, a una producción académica. Lamentablemente, la desaparición de la obra del
compositor no permite la valoración justa de sus creaciones. Sin embargo, el
predominio de la obra de corte y sabor popular nos permite asegurar que el muestrario
consignado en este trabajo es una manera válida de acercarse a su estilo. A de Lima le
preocupaba, primordialmente, la anotación del sentimiento fugaz, de la
instantánea acertada. Desde el título de la obra le apuesta a la elegancia decorativa y
al gesto estudiado.
De Lima es un abanderado de la música nacionalista y un rendido admirador de la
tradición musical de Colombia, su patria adoptiva. "Tengo una honda, firme,
inquebrantable convicción en el hermoso futuro de la música nacional, y creo que todos
los que contribuyen a su divulgación, sostenimiento y mejoramiento (cualquiera que sea la
esfera en que se hallen colocados) cumplen, no sólo con un imperativo deber de
gratitud y de cariño a esta tierra exhuberante, amable y fuerte, sino que cooperan a la
tarea en que se encuentran empeñados los grandes hombres del país, esto es, de afirmar
cada día más el ideal colombianista."[11]
Este
ideal se logra, en la obra de Emirto de Lima, mediante el desarrollo de los aires de
bambuco y pasillo, en especial éste último. Las palabras que emplea para describir
el pasillo colombiano son la mejor manera de entender el ejercicio intenso de composición
que emprendió y que se concreta en las obras que se ofrecen en esta edición.
Citamos extensamente:
"Al apoyarse en el
primer tiempo clásico, suelta la fuerza para entregarse a la blandura en ese tierno
segundo tiempo, y luego recobrar exlosiones de alegría en el tercero y último. Tiene el
Pasillo la aristocracia y la distinción del vals, la cadencia leve y suspiradora de la
danza, la sutileza alada de la gavota, la serena gracia del minué, la risueña ternura
del rigodón y todo el chic de los bailes que brillaron en el siglo del Rey Sol.
Predominan en el Pasillo los
sentimientos melancólicos; pero también se amalgaman y se confunden bellamente con todas
las demás cualidades innatas en esta raza gallarda: la altivez, el valor, el denuedo, el
entusiasmo, la bondad.
¿Qué mejor música podría
pedirse para sugerir las sementeras florecidas y aromosas, la apacibilidad de los
rústicos albergues, el encanto de los duraznos que crían las huertas colombianas, los
caserones viejos y solemnes muros, las flores montañeras, los mansos idilios pastoriles,
el canturriar de las tranquilas fuentes, las enredaderas de bellísimas, junto a la casita
de campo y el arroyuelo, los paisajes sabaneros, la canción de los enamorados en los
atardeceres, el hechizo, la fascinación de los núbiles cuerpos de las zagalas, los
cabellos ensortijados, la tersura de las mejillas y el mirar sarraceno de las muchachas
rebonitas, las polícromas mañanas tropicales, en fin, la inmensa sinfonía del trajinar
de este pueblo merecedor de todas las glorias?
LO QUE ME PROPONGO
El fin primordial que persigo con estas charlas, mis pobres artículos y mis humildes
folletos, libros y composiciones, es propender a que la música nacional, y muy
especialmente el pasillo, se introduzca de nuevo en todos los salones y proclame su
excelencia e importancia en esta hora gris de nuestro arte musical, en que a música
enervante y sensual de un país nórdico absorbe nuestra personalidad, consume nuestras
reservas artísticas y aniquila anonadada, nuestra fecunda inspiración latina."[12]
De Lima se percató con claridad del significado que el pasillo había adquirido
en los últimos años del siglo XIX en Colombia, época en la cual se desarrolló como
pieza pianística indepéndiente de todo asocio con danza y canción. Con giros inspirados
o tomados de la música nacional, posiblemente del mismo bambuco, el pasillo pasó a ser
una pieza instrumental escrita, alrededor de 1866, cuando aparece la primera partitura
impresa de dicho aire.[13]
Como trozo en formato binario,
el pasillo se fue ganando espacio entre los ejecutantes del piano en las ciudades, con su
perfil de pieza siempre breve y de gestos gratos, a veces lentos y evocadores y en
oportunidades alegres y enérgicos. No se caracterizó por un gran virtuosismo; su esencia
era el ritmo estable que acompaña el gesto melódico con vistosas armonías en donde la
modulación súbita a tonalidades lejanas es el gesto que más variedad aporta a la obra.
Hacia inicios del siglo XIX el pasillo se componía en tres partes, la segunda de ellas un
trío. Es la forma tripartita a la cual insistentemente hace referencia de Lima en sus
composiciones, si bien la tercera no es una recapitulación, sino por lo general una Coda
o comentario de cierre. En manos de de Lima, el pasillo rara vez es fiestero o de
tiempo rápido, como los célebres trozos populares La Gata Golosa y Vino tinto de
Fulgencio García. En la mente del compositor prima el pasillo como gesto de
sofisticación, de elaboración académica, de posible desarrollo y no un simple apunte.
Los treinta pasillos de Evocaciones de Colombia son un ejemplo fehaciente de sus
convicciones. Sin embargo, no se puede eludir la discusión sobre Gencianas, un
pasillo cantado (gesto que se ve en el pasillo a partir de la segunda décda del siglo XX)
de sabor netamente popular. Con esta obra, el compositor demuestra que conoce bien los
ancestros populares y tradicionales del aire que tanto le ocupa en otras versiones más
esmeradas.
Las Evocaciones son
un catálogo sentimental, que se desborda en cada partitura con un sinfín de indicaciones
para la interpretación. Todas ellas en italiano, invitan al intérprete a ejecutar cada
pasaje con afecto intencional. Senda Florida parte de un Moderato sentimentale que
progresa a lespressione sempre dolce, se intensifica con dolcezza, mezclada
luego con malinconia para desembocar en un pasaje, con entusiasmo, con passione,
con fuoco... Pese a los títulos sugestivos y evocadores, no hay gestos musicales
particularmente descriptivos (el sonido del agua, el cantar de los pájaros, el galopar de
caballos, etc.); más bien, siguen la antigua tradición de emplear títulos con nombres
de mujer o flores, designaciones de sitios y cosas. El pasillo Retrato de una viuda viene
precedido de una ambientación un tanto cursi: "Claudita es la maga de los trajes
deslumbradores, la adoradora entusiasta de la música, de las flores, la danza y el
champagne. La reina de un dorado salón donde las fiestas terminan con un brindis al
primer rayo del sol." Con el enigmático título de A una nuca afeitada el
compositor se permite un apunte musical con referencia a la época: una nota blue que
aparece en el último acorde de la segunda sección con la que se retrata musicalmente la
moda, en especial el peinado, de los años veinte.
La danza de sabor popular Historia
de una noche viene precedida con un verso del mismo compositor, también de índole
sensiblera:
A ella la de ojos raros...
La de pálidos labios, finos y ardientes,
La de sedosos rizos y blancos dientes...
Las
dos danzas tempranas, a cuyas partituras hemos tenido acceso, son de índole
eminentemente popular y están escritas en el estilo antillano que le fuera conocido en su
isla natal. Su existencia y temprana publicación se deben seguramente a una invitación
de José Vicente Mogollón en Cartagena que venía distribuyendo partituras de música
cubana, en especial danzas y danzones. Para 1914, Mogollón ofrece a su clientela una
nutrida lista de obras impresas en Cartagena. Entre ellas mencionamos las aparecidas en un
aviso de periódico: Black and White (danzón de Gómez Padilla); Silvia (danza
de Aurelio Vásquez Pedreros), Crepúsculo, Historia de una noche y Nocturno de
Emirto de Lima; los danzones La falda pantalón, En el atrio, El pavo, Valentín y Carta
postal de Gómez Padilla; el Club Cartagena (danza) y Que simpática soy yo de
José A. López; el Himno Nacional de Colombia de Oreste Sindici y Jura de
Bandera, himno de Santos Cifuentes.[14]
Para la danza,
de Lima señala la diferencia entre la danza antillana y la costeña de Colombia cuando
escribe:
"La danza costeña
tiene muy a menudo en la tercera parte invertida la melodía, esto es, a los compositores
criollos les gusta confiar el canto de esa parte a los instrumentos graves como el
trombón, por ejemplo, mientras que los instrumentos cantantes se entregan al
acompañamiento, el cual se desarrolla aquí a base de un tresillo y dos corcheas en
medida binaria."[15]
En general, la obra
pianística de Emirto de Lima acusa un lenguaje armónico variado y colorido. No muy
cromático, pero de giros vistosos e inesperados. La técnica requerida para su
interpretación no es de gran virtuosismo, pero exige refinamiento y gusto. El apunte
tradicional se sugiere en pocas notas, pero es prontamente abandonado y por lo tanto sus
obras no son simples arreglos, sino auténticas reelaboraciones. En el bambuco Piedras
del camino, de Lima inicia con un gesto melódico cadencial típico, pero lo abandona,
preocupado por dar sentido al difícil texto escogido para su composición. En lo formal,
de Lima emplea formatos breves, divididos en varias secciones, cada una de ellas con
repeticiones. Esto debido a que el repertorio que de él conocemos está limitado a la
miniatura de salón.
Ellie Anne Duque
[11] De
Lima, Op. cit., p. 35
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[12] De
Lima, Op. cit., p. 39.
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[13]
Hacemos referencia al pasillo Mi despedida de Daniel Figueroa aparecido en La
música en 1866.
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[14]
Citado en Gutiérrez, Edgar J., Fiestas: 11 de Noviembre en Cartagena de Indias. Medellín:
Editorial Lealón, 2000, pp. 147-148.
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[15] De
Lima, Op. cit., p. 16.
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(Partituras y audio MP3)
Historia de una noche -danza-
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Dulce y serena -pasillo-
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