Ficha bibliográfica
Titulo:
Emirto de Lima: Compositor curzoleño-colombiano
Autor: Ana María Romano, otros autores
Edición original: Biblioteca Virtual del Banco de la República. 2003
Notas: Reseña biográfica por Elli Anne Duque, catálogo de obras, partituras y fragmentos de audio del disco Música para piano y canciones.

 

EMIRTO DE LIMA (1890-1972)
Compositor curazoleño-colombiano

Reseña biográfica
Por: Elli Anne Duque

De su música
Por: Elli Anne Duque

Catálogo de obras

Su música en nuestra colección virtual (Partituras y audio MP3)

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José María Emirto de Lima y Sintiago (1890-1972)

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Disco "EMIRTO DE LIMA. MÚSICA PARA PIANO"
Música Americana, Serie Compositores
Fundación de Música y Ministerio de Cultura, 2001, Bogotá, Colombia
Piano: Harold Martina
Investigación musicológica: Ellie Anne Duque

CRÉDITOS



DE SU VIDA

Para quienes hayan indagado sobre el tema de la música tradicional colombiana, el nombre de Emirto de Lima resulta muy familiar, pues publicó en 1942 las únicas anotaciones hasta entonces conocidas, escritas desde un punto de vista primordialmente musical, acerca de las tradiciones orales y fiestas de los habitantes del Departamento del Atlántico y del Magdalena, agrupadas en un compendio bajo el título de Folklore Colombiano.[1] Son escritos imbuidos de orgullo patriótico, de fiel observación a las costumbres y de entusiasmo por el pasado y el potencial futuro de las músicas escuchadas. De Lima estaba convencido de la gran veta académica que ofrecía Colombia en el estudio del folclor. Pero también era compositor, pianista, violinista y profesor de música. Nacido en la isla de Curazao, su llegada al puerto de Barranquilla no parece haber sido motivada por la quimera de los negocios, sino por el afán de enseñar música en una ciudad que se perfilaba, a inicios del siglo XX, como una de las más importantes del país. En la memoria de quienes lo conocieron perdura la imagen de un excéntrico caballero de comportamiento romántico decimonónico, de alta estatura para su época, rasgos mulatos, voz nasal, gran preocupación por los ritos sociales, con dominio de varios idiomas, amante de las condecoraciones y buen músico. Vivió una vida solitaria y aislada en su ciudad adoptiva y sus incursiones por el campo para observar, analizar y reseñar las fiestas y tradiciones fueron, a todas luces, una labor individual. Los últimos veinte años de su vida transcurrieron en relativo encerramiento en su casa en Barranquilla (que llamó Villa Blondina) rodeado de sus instrumentos, atendiendo visitas de amigos y estudiantes con quienes ejecutaba música de cámara.[2]

La imprenta de Vicente Mogollón en Cartagena publicó cuatro partituras de Emirto de Lima en 1911[3], lo cual invita a pensar que la fecha de arribo a Colombia del compositor y estudioso de la música curazoleño podría coincidir con el final de la primera década del siglo XX. Su fecha de defunción está claramente consignada en los registros del Cementerio Universal de Barranquilla: 14 de agosto de 1972.[4] Pero para su nacimiento encontramos tres posibles fechas: la del mismo cementerio, que asegura que murió a la edad de 80 años, estableciendo su fecha de nacimiento en 1892; la fecha que se da en el diccionario de Mayer Serra [5], enero 25 de 1893, y la que figura en el diccionario biográfico de E. Palm, de 1890.[6] Adoptamos esta última confiados en que el biógrafo de la publicación antillana tuvo acceso a algún documento probatorio original, y porque permite que el joven compositor desembarque en las costas colombianas a la edad de, por lo menos, 20 años, con un poco más de tiempo para haber realizado los estudios que asegura haber adelantado. Cabe anotar que la voz del diccionario de Mayer parece haber sido escrita por el compositor mismo (o por intermedio de Andrés Pardo Tovar, uno de los principales colaboradores de Mayer en cuanto a las voces relativas a Colombia) en los años cuarenta, pero esta fecha situaría al compositor en Barranquilla a la edad de 18 años, sin oportunidades suficientes para adquirir la educación musical por él mencionada.

De Lima aprendió las primeras lecciones de música al lado de su padre, Paul Q. de Lima, un músico prestigioso en Curazao y profesor de música del colegio femenino Wellgelegen regentado por las Hermanas de la Presentación. A dicha institución llegaron algunas jóvenes barranquilleras, a comienzos del siglo XX, con el fin de adquirir la educación necesaria para el manejo apropiado del hogar, en tanto que los hijos varones de las familias curazoleñas establecidas en Barranquilla acudían al colegio Baralt, en la misma isla. Según Rafaela Vos O.:

"A principios de siglo, las mujeres de la élite barranquillera que deseaban recibir una educación superior, debían viajar al interior o al exterior del país. Fue muy común que se trasladaran a la isla de Curazao a estudiar en el colegio Wellgelogen [sic] dirigido por monjas holandesas que las instruían en materias básicas para su formación doméstica, como culinaria, bordado, tejido, pintura, música, aritmética, historia, urbanidad, religión, cultura cívica, además de comportamientos sociales acordes con su refinado estrato social. Algunas de estas damas, formadas en dicho colegio, fueron protagonistas de proyectos culturales y cívicos ".[7]

Favorablemente impresionadas con la educación musical recibida de manos de Paul Q. de Lima, las jóvenes barranquilleras le extendieron una invitación para establecerse en Barranquilla y regentar allí una academia. El profesor de Lima, renuente a dejar su hogar, recomendó a su hijo, Emirto, para que ocupara su lugar.[8] Como se dijo anteriormente, Emirto de Lima debió haber llegado a Barranquilla hacia 1910 pues ya en enero de 1911 dedica el Primer Nocturno para piano a "Mi buen amigo David Chumaceiro" y escribe una segunda dedicatoria de la misma partitura a una discípula.

De Lima asegura haber estudiado en el Liceo musical Almicare Zanella de Génova y en la célebre Schola Cantorum de Vincent D'Indy, tan apetecida por músicos españoles y latinoamericanos a inicios del siglo XX. E. Palm informa que a la edad de 14 años, en Curazao, ya tocaba violín acompañado por su padre al piano y en la orquesta de Carl Fensohn, y asegura que por ésa misma época partió hacia Europa.[9] No hemos encontrado más menciones directas acerca de sus viajes o educación temprana. En sus partituras abundan las indicaciones para la interpretación en italiano, dando a entender que se expresaba cómodamente en dicho idioma y que había recibido instrucción en el mismo. Pero en ninguna de las partituras conocidas hace uso del francés con igual desenvoltura.

De los escritos del compositor se infiere que conoció de primera mano las tradiciones musicales de Venezuela. Menciona un viaje en 1922 a Caracas, emplea textos de Polita de Lima de Castillo, directora de la revista cultural Médanos y Leyendas en Coro (Venezuela) y compone una pieza en honor a los médanos de Coro. Da a entender que hacia 1918 conoció Puerto Rico y Costa Rica. Tuvo contacto en Bogotá con la casa editora Conti, pero no parece haber realizado ningún viaje a la capital. Se desplazó al interior del país para participar en el Congreso sobre Educación Musical organizado en Ibagué en 1936 en donde leyó uno de sus artículos e hizo propuestas para alentar la investigación sobre expresiones musicales tradicionales en Colombia. Fue un asiduo corresponsal de instituciones y personajes y sus escritos llegaron a las más diversas revistas y publicaciones especializadas de Europa y América. Una curiosa sección de su libro sobre el folclor colombiano está dedicada a enumerar sus condecoraciones y corresponsalías, todas ellas aparentemente logradas desde su lugar de residencia.

Fué cónsul en Barranquilla de Liberia y Honduras, representación que probablemente le significó un ingreso importante para su subsistencia, cuando la academia de música que fundó y regentó (aparentemente como único profesor) dejó de ser rentable y cuando el estudio del piano y la música entre las jóvenes barranquilleras ya no fue parte integral de la educación para el hogar, y la música en casa fue reemplazada por las sonoridades emanadas de la radio y la ortofónica. Su representación consular debió ser muy activa, si se tiene en cuenta la gran cantidad de buques mercantes con bandera liberiana que atracaron en el puerto. Quienes aún lo recuerdan en sus últimos años aseguran que consuetudinariamente hacía transacciones y gastos en dólares, producto seguramente de sus gestiones consulares. De Lima tuvo una hija, llamada Josefina (al igual que la madre del compositor -Josefina Sintiago-), producto de una unión fugaz, nacida el 19 de diciembre de 1922. Según testimonio de Alfredo de la Espriella, de Lima la apartó de su vida de manera definitiva y algo cruel y melodramática, por objetar su matrimonio, realizado en 1949, con un joven de la delegación consular argentina.

La actividad musical del compositor pasó rápidamente a un segundo plano en la Barranquilla moderna, más interesada en los ritmos de la banda de jazz que en los pasillos y valses de inspiración romántica. Como el composltor bien lo expresara:

"La época de los años veinte cambió radicalmente las costumbres de aquel entonces cuando para bailar con las damas, los caballeros tenían que solicitar por medio de un 'carnet' las piezas que, por lo regular se abrían con valses y polkas de Strauss o de Waldteufel. El vals también, Sobre las olas de Juventino Rosas, pasillos colombianos y paso-dobles españoles. Pero, en los años veinte, precisamente la orquesta The Panama Jazz Band, trajo en su repertorio la última moda de la música norteamericana: El charleston, que enloqueció a la juventud a pesar de las críticas y aún las reservas de muchas señoras que no querían que ése repertorio se tocara tanto. Era muy estridente y falso. También empezó el fox y el one-step y otros ritmos norteamericanos que tuvieron mucha aceptación y eran menos descarados que el tal charleston... Yo me opuse rotundamente porque no podía admitir que se llegara al extremo de tocar, para abrir una fiesta en el más elegante salón de baile, el más aristocrático, el Club Barranquilla, una pieza extranjera, de un autor panameño de apellido Fábregas con una letra imprudente..."[10]

Las circunstancias misteriosas de su muerte causaron consternación en la ciudad y no han sido dilucidadas, aunque los herederos de la hija del compositor han intentado aclarar, hasta ahora infructuosamente, su curiosa desaparición. La poetisa barranquillera Meira del Mar y el ya citado Alfredo de la Espriella coinciden en narrar el episodio de su muerte, así: luego de tener un accidente, aparentemente menor, al cruzar una calle, el compositor permanece confinado un largo tiempo a su casa. Tiene luego una crisis de salud que desemboca en una hospitalización. De la clínica, de Lima llega a su residencia en malas condiciones y según de la Espriella, drogado y al cuidado de personas que reiteradamente impiden que sea visitado por conocidos y allegados. El maestro muere y es enterrado expeditamente. Cuando los amigos, y los compañeros de logia masónica se percatan de su desaparición y de la necesidad de rescatar su música, los instrumentos musicales y pertenencias personales han desaparecido y las enfermeras a cargo de su cuidado han tomado posesión de la casa, con documentos legales que impiden, hasta el día de hoy, todo acceso a ella. De las obras musicales compuestas por de Lima, se conservan y conocen un puñado de piezas, la mayoría de ellas pasillos, tomados de fuentes diferentes de los manuscritos originales, perdidos con todas sus demás pertenencias.

De Lima tuvo épocas muy marcadas de actividad en Barranquilla: la instalación de su academia, la participación en la radiofonía naciente en los años 1929 y 1930 que lo llevaron a desempeñarse como director orquestal, sus pesquisas en torno a la música tradicional y popular de la costa atlántica que rematan en el compendio de 1942, y su labor de crítico musical, una vez estabilizada la labor de la Orquesta Filarmónica de Barranquilla a partir de 1943. A lo largo de su vida profesional se mantuvieron constantes su espíritu de pedagogo, el amor por la poesía y la actividad espistolaria, que tuvo como resultado una voluminosa (y desaparecida) correspondencia con personas e instituciones en todos los rincones del mundo.


[1] Emirto de Lima, Folklore Colombiano. Barranquilla, 1942.
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[2] Testimonio de Alberto Carbonell. Barranquilla, enero de 2001.
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[3] Historia de una noche, danza; Molinares y Compañía, danza fechada en enero de 1911 en Barranquilla, Crepúsculo, pasillo (sin localizar) y el Nocturno primero, fechado también en enero de 1911 en Barranquilla y dedicado a David Chumaceiro.
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[4] En la bóveda No. 92, según quedara consignado en el Libro General, p. 88. Sus restos fueron exhumados por personas desconocidas el 7 de julio de 1976, y trasladados a la Iglesia del Carmen Sala 3, bóveda 1446.
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[5] "Lima, Emirto de", Música y músicos de Latinoamérica. México: Editorial Atlante, 1947, pp. 557-558.
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[6] E. Palm, Muziek en van de Nederlandse Antillen. Curaçao, 1978, pp. 146-152.
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[7] Rafaela Vos Obeso, Mujer cultura y sociedad en Barranquilla, 1900-1930. Barranquilla: Universidad del Atlántico, 1999, p.130.
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[8] Testimonio de Alfredo de la Espriella. Barranquilla, enero de 2001.
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[9] E. Palm, Op. cit., p. 147.
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[10] Ms. con entrevista de Alfredo de la Espriella al compositor.
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DE SU MÚSICA

De Lima preparó una extensa lista de sus obras a manera de anexo de la publicación de la cual hemos tomado muchas citas. Para 1942 había compuesto más de un centenar de piezas para piano, otras tantas canciones, una veintena de obras para violín y piano, pasajes para violín, chelo y piano. Todas las obras pertenecen al género de la miniatura romántica, llevan títulos descriptivos, o pertenecen al mundo etéreo de los caprichos, romanzas, intermezzi, etc. También hay obras que enuncian su origen en aires de baile: minué, vals, gavota, danza, bambuco o pasillo. No son obras en múltiples movimientos, aunque se destacan el conjunto de treinta pasillos para piano Evocaciones de Colombia pintoresca y sentimental, y la colección (desaparecida) de veinticinco pasillos, reunida bajo el título Peregrinaciones del ensueiño.

El interés por la voz lo llevó a experimentar con escenas teatrales, tales como la mencionada Sonatina (fantasía ballet) escrita para los niños del Colegio Gabriela Mistral que liderara Amira de la Rosa. También menciona la composición de una opereta, El club de los solteros. De Lima señala algunas composiciones como orquestales, tales como las que ya se han mencionado y quedaron grabadas en esos primeros y fecundos años de las casas Brunswick y Victor: Piacito (sic) de cielo (bambuco para soprano, barítono y orquesta), A una caraqueiña (danza para soprano y orquesta), Darling, Los Médanos de Coro (canción), Alma de lis (vals para orquesta), En el kiosco de la viuda alegre (canción). La orquesta empleada en estas primeras grabaciones, en las cuales se consignó una gran cantidad de música popular colombiana en los años veinte y treinta del siglo pasado, no era una orquesta en el sentido clásico, sino una agrupación de instrumentos (entre 8 y 15) que incluía cuerdas y tenía algo del toque de la banda de jazz, tan duramente criticada por el mismo de Lima, conocida con el nombre The Castillians.

Dos obras llaman la atención en la lista: un Concierto en sol menor para piano y un Cuarteto en ?e mayor para violín, viola, chelo y piano. Es lo más cercano, por lo menos en el título, a una producción académica. Lamentablemente, la desaparición de la obra del compositor no permite  la valoración justa de sus creaciones. Sin embargo, el predominio de la obra de corte y sabor popular nos permite asegurar que el muestrario consignado en este trabajo es una manera válida de acercarse a su estilo. A de Lima le   preocupaba, primordialmente, la anotación del sentimiento fugaz, de la instantánea acertada. Desde el título de la obra le apuesta a la elegancia decorativa y al gesto estudiado.

De Lima es un abanderado de la música nacionalista y un rendido admirador de la tradición musical de Colombia, su patria adoptiva. "Tengo una honda, firme, inquebrantable convicción en el hermoso futuro de la música nacional, y creo que todos los que contribuyen a su divulgación, sostenimiento y mejoramiento (cualquiera que sea la esfera en que se hallen colocados) cumplen, no sólo  con un imperativo deber de gratitud y de cariño a esta tierra exhuberante, amable y fuerte, sino que cooperan a la tarea en que se encuentran empeñados los grandes hombres del país, esto es, de afirmar cada día más el ideal colombianista."[11]

Este ideal se logra, en la obra de Emirto de Lima, mediante el desarrollo de los aires de bambuco y pasillo, en  especial éste último. Las palabras que emplea para describir el pasillo colombiano son la mejor manera de entender el ejercicio intenso de composición que emprendió y que se concreta en las obras que se ofrecen en esta  edición. Citamos extensamente:

"Al apoyarse en el primer tiempo clásico, suelta la fuerza para entregarse a la blandura en ese tierno segundo tiempo, y luego recobrar exlosiones de alegría en el tercero y último. Tiene el Pasillo la aristocracia y la distinción del vals, la cadencia leve y suspiradora de la danza, la sutileza alada de la gavota, la serena gracia del minué, la risueña ternura del rigodón y todo el chic de los bailes que brillaron en el siglo del Rey Sol.

Predominan en el Pasillo los sentimientos melancólicos; pero también se amalgaman y se confunden bellamente con todas las demás cualidades innatas en esta raza gallarda: la altivez, el valor, el denuedo, el entusiasmo, la bondad.

¿Qué mejor música podría pedirse para sugerir las sementeras florecidas y aromosas, la apacibilidad de los rústicos albergues, el encanto de los duraznos que crían las huertas colombianas, los caserones viejos y solemnes muros, las flores montañeras, los mansos idilios pastoriles, el canturriar de las tranquilas fuentes, las enredaderas de bellísimas, junto a la casita de campo y el arroyuelo, los paisajes sabaneros, la canción de los enamorados en los atardeceres, el hechizo, la fascinación de los núbiles cuerpos de las zagalas, los cabellos ensortijados, la tersura de las mejillas y el mirar sarraceno de las muchachas rebonitas, las polícromas mañanas tropicales, en fin, la inmensa sinfonía del trajinar de este pueblo merecedor de todas las glorias?

LO QUE ME PROPONGO

El fin primordial que persigo con estas charlas, mis pobres artículos y mis humildes folletos, libros y composiciones, es propender a que la música nacional, y muy especialmente el pasillo, se introduzca de nuevo en todos los salones y proclame su excelencia e importancia en esta hora gris de nuestro arte musical, en que a música enervante y sensual de un país nórdico absorbe nuestra personalidad, consume nuestras reservas artísticas y aniquila anonadada, nuestra fecunda inspiración latina."[12]

 

De Lima se percató con claridad del significado que el pasillo había adquirido en los últimos años del siglo XIX en Colombia, época en la cual se desarrolló como pieza pianística indepéndiente de todo asocio con danza y canción. Con giros inspirados o tomados de la música nacional, posiblemente del mismo bambuco, el pasillo pasó a ser una pieza instrumental escrita, alrededor de 1866, cuando aparece la primera partitura impresa de dicho aire.[13] Como trozo en formato binario, el pasillo se fue ganando espacio entre los ejecutantes del piano en las ciudades, con su perfil de pieza siempre breve y de gestos gratos, a veces lentos y evocadores y en oportunidades alegres y enérgicos. No se caracterizó por un gran virtuosismo; su esencia era el ritmo estable que acompaña el gesto melódico con vistosas armonías en donde la modulación súbita a tonalidades lejanas es el gesto que más variedad aporta a la obra. Hacia inicios del siglo XIX el pasillo se componía en tres partes, la segunda de ellas un trío. Es la forma tripartita a la cual insistentemente hace referencia de Lima en sus composiciones, si bien la tercera no es una recapitulación, sino por lo general una Coda o comentario de cierre. En manos de de Lima, el pasillo rara vez es fiestero o de tiempo rápido, como los célebres trozos populares La Gata Golosa y Vino tinto de Fulgencio García. En la mente del compositor prima el pasillo como gesto de sofisticación, de elaboración académica, de posible desarrollo y no un simple apunte. Los treinta pasillos de Evocaciones de Colombia son un ejemplo fehaciente de sus convicciones. Sin embargo, no se puede eludir la discusión sobre Gencianas, un pasillo cantado (gesto que se ve en el pasillo a partir de la segunda décda del siglo XX) de sabor netamente popular. Con esta obra, el compositor demuestra que conoce bien los ancestros populares y tradicionales del aire que tanto le ocupa en otras versiones más esmeradas.

Las Evocaciones son un catálogo sentimental, que se desborda en cada partitura con un sinfín de indicaciones para la interpretación. Todas ellas en italiano, invitan al intérprete a ejecutar cada pasaje con afecto intencional. Senda Florida parte de un Moderato sentimentale que progresa a l’espressione sempre dolce, se intensifica con dolcezza, mezclada luego con malinconia para desembocar en un pasaje, con entusiasmo, con passione, con fuoco... Pese a los títulos sugestivos y evocadores, no hay gestos musicales particularmente descriptivos (el sonido del agua, el cantar de los pájaros, el galopar de caballos, etc.); más bien, siguen la antigua tradición de emplear títulos con nombres de mujer o flores, designaciones de sitios y cosas. El pasillo Retrato de una viuda viene precedido de una ambientación un tanto cursi: "Claudita es la maga de los trajes deslumbradores, la adoradora entusiasta de la música, de las flores, la danza y el champagne. La reina de un dorado salón donde las fiestas terminan con un brindis al primer rayo del sol." Con el enigmático título de A una nuca afeitada el compositor se permite un apunte musical con referencia a la época: una nota blue que aparece en el último acorde de la segunda sección con la que se retrata musicalmente la moda, en especial el peinado, de los años veinte.

La danza de sabor popular Historia de una noche viene precedida con un verso del mismo compositor, también de índole sensiblera:

A ella la de ojos raros...
La de pálidos labios, finos y ardientes,
La de sedosos rizos y blancos dientes...

Las dos danzas tempranas, a cuyas partituras hemos tenido acceso, son de índole eminentemente popular y están escritas en el estilo antillano que le fuera conocido en su isla natal. Su existencia y temprana publicación se deben seguramente a una invitación de José Vicente Mogollón en Cartagena que venía distribuyendo partituras de música cubana, en especial danzas y danzones. Para 1914, Mogollón ofrece a su clientela una nutrida lista de obras impresas en Cartagena. Entre ellas mencionamos las aparecidas en un aviso de periódico: Black and White (danzón de Gómez Padilla); Silvia (danza de Aurelio Vásquez Pedreros), Crepúsculo, Historia de una noche y Nocturno de Emirto de Lima; los danzones La falda pantalón, En el atrio, El pavo, Valentín y Carta postal de Gómez Padilla; el Club Cartagena (danza) y Que simpática soy yo de José A. López; el Himno Nacional de Colombia de Oreste Sindici y Jura de Bandera, himno de Santos Cifuentes.[14] Para la danza, de Lima señala la diferencia entre la danza antillana y la costeña de Colombia cuando escribe:

"La danza costeña tiene muy a menudo en la tercera parte invertida la melodía, esto es, a los compositores criollos les gusta confiar el canto de esa parte a los instrumentos graves como el trombón, por ejemplo, mientras que los instrumentos cantantes se entregan al acompañamiento, el cual se desarrolla aquí a base de un tresillo y dos corcheas en medida binaria."[15]

En general, la obra pianística de Emirto de Lima acusa un lenguaje armónico variado y colorido. No muy cromático, pero de giros vistosos e inesperados. La técnica requerida para su interpretación no es de gran virtuosismo, pero exige refinamiento y gusto. El apunte tradicional se sugiere en pocas notas, pero es prontamente abandonado y por lo tanto sus obras no son simples arreglos, sino auténticas reelaboraciones. En el bambuco Piedras del camino, de Lima inicia con un gesto melódico cadencial típico, pero lo abandona, preocupado por dar sentido al difícil texto escogido para su composición. En lo formal, de Lima emplea formatos breves, divididos en varias secciones, cada una de ellas con repeticiones. Esto debido a que el repertorio que de él conocemos está limitado a la miniatura de salón.

Ellie Anne Duque

 

[11] De Lima, Op. cit., p. 35
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[12] De Lima, Op. cit., p. 39.
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[13] Hacemos referencia al pasillo Mi despedida de Daniel Figueroa aparecido en La música en 1866.
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[14] Citado en Gutiérrez, Edgar J., Fiestas: 11 de Noviembre en Cartagena de Indias. Medellín: Editorial Lealón, 2000, pp. 147-148.
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[15] De Lima, Op. cit., p. 16.
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