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LUIS ANTONIO ESCOBAR (1925-1993)
BIOGRAFIA
Por: Amparo Angel
PRIMEROS AÑOS
ESTUDIOS DE COMPOSICION 1944 -1954
PRIMERA ETAPA PROFESIONAL 1954-1957
SEGUNDA ETAPA 1957-1975
TERCERA ETAPA 1976-1993
PRIMEROS AÑOS
Luis
Antonio Escobar nació el 14 de julio de 1925 en Villapinzón, población situada a 70
kilómetros al norte de Bogotá.
Hijo
de José del Carmen Escobar y de Inés
Segura, segundo de tres hermanos, perdió a
su madre a la temprana edad de dos años. Su padre, hombre místico, de carácter severo y
trabajador incansable, dió a sus hijos una formación acorde a sus principios religiosos,
morales y ascéticos. Si bien la religión lo acompañó sólo en sus primeros años, la formación de su niñez marcó su personalidad
dentro de parámetros éticos y estilo de
vida sencillo, con un desprendimiento hacia todo lo material.
Es
Villapinzón una población de tierra fría, con una gran iglesia y rodeada de montañas
cultivadas casi enteramente de papa y trigales. En sus afueras nace, muy cerca, el río
Bogotá que pasa bordeando el poblado. Otra fuente cristalina,
la quebrada de la Quincha, permaneció para siempre en el recuerdo de Luis Antonio que la
evocaba, en tiempos de su niñez, cuando recorría su cauce con pies descalzos y haciendo
molinillos de agua con juncos en sus orillas.
De su
época de niño recordaba la vida religiosa, los cantos al estilo medioeval, en intervalos
de cuartas y quintas, de las promeseras que pasaban cantando a la madrugada, por el frente
de su casa, camino a Chiquinquirá donde se veneraba la milagrosa imagen de la Virgen.
Estos
sencillos cantos quedaron grabados en su mente y dieron lugar, con el correr del tiempo, a
la inspiración de sus Cánticas, obras polifónicas compuestas en estilo
contrapuntístico y letras tomadas de la poesía popular.
"Fuí
muy feliz en mi pueblo con los campesinos. Me gustaba la soledad del campo y me escapaba
de la casa sin importarme el castigo que vendría después porque quería estar solo, con
los pájaros, el viento, el río, las montañas y el silencio. Esto me hizo amar la
naturaleza e impregnarme de ella. Rezábamos el rosario con mi padre todos los días a las
5 de la mañana. El era muy estricto y no me dejaba salir de la casa los sábados y
domingos. Yo era muy amigo del sacristán quien tenía una novia campesina y como él no
sabía leer ni escribir, le propuse un trato:
yo le escribiría las cartas para la novia a cambio de que él tocara las campanas a las
10 de la mañana llamando a acólitos. Con ésto mi padre me dejaría salir creyendo que
me necesitaban para ayudar en la iglesia, estrategia que me sirvió para volarme muchas
veces de la casa. Recuerdo las fiestas de Corpus Cristi, de San Isidro y de Santa Bárbara
en las que se hacían procesiones con santos hechos de
pan con ojos de maíz tostado, se bailaba y se cantaban coplas, guabinas y
tonadas acompañadas con el tiple, el requinto, el chucho y la carraca de burro".
El
contacto con la tradición musical de su pueblo marcó
su vida y se reflejó mas
adelante en su creación, de un exquisito estilo nacionalista.
Cuando
terminó la escuela primaria su padre lo matriculó
en el colegio franciscano San Joaquín de la ciudad de Cali. Su esperanza
era que el niño siguiera la vida religiosa. Allí
tuvo una formación humanística importante, latín, griego, historia, poética, música.
Cantaba en el coro obras de los autores polifónicos del siglo XVI, Palestrina y Tomás Luis de Victoria, obras que
despertaron su sensibilidad hacia el gusto por la música culta.
En
Cali conoció al gran maestro Antonio María Valencia, fundador del Conservatorio de
Música, compositor, gran pianista y organista formado en París, quien tocaba este
instrumento en el convento de los Franciscanos.
Recuerda de esta época cuando el maestro le pedía que le pasara las hojas de la
partitura que estaba interpretando y la
emoción que sentía al hacerlo. En un viejo radio del convento escuchó por primera vez
una obra sinfónica, el Concierto en re menor para piano y Orquesta de Wolfgang Amadeus
Mozart, obra que le produjo llanto de emoción; a tan temprana edad él mismo no entendía
el significado de llorar de emoción al escuchar una bella música. En el convento el
director del coro, padre Bonilla, le dió las primeras lecciones de música y lo inició
en el aprendizaje del violín; le prestaba libros de música y de vez en cuando lo dejaba
acercarse al armonio para que lo tocara. En estos momentos el pequeño se sentía
transportado a otras esferas. Fueron los Franciscanos quienes le estimularon
el primer gran amor que sentía por el arte de la música.
Al
finalizar su cuarto año en el convento ya sabía perfectamente que su pasión era la
música y no la vida religiosa. Resolvió viajar a la capital a estudiar y antes pasó por Villapinzón su
tierra natal, donde ya se rumoraba que el joven Luis Antonio Escobar quería estudiar
música culta. Se hizo una colecta pública, promovida por un primo, Alfonso Segura, para
"recoger dinero y comprar un violín para el joven músico Luis Antonio
Escobar". Recibió entonces un violín, una boina y un método para aprender a tocar
el instrumento. De este episodio decía: "todavía no era músico pero ya se me
notaba".
Debido
a los escasos recursos económicos no pudo comenzar inmediatamente su formación musical
sino dos años después de haber trabajado como asistente del padre Urrego, párroco de
una población cercana a Bogotá, Vianí. Por aquel entonces tenía quince años.
"En
Vianí hice de todo, desde enseñar inglés en el colegio del pueblo, hacer sonar las campanas y ayudar en los
oficios religiosos, hasta tocar el armonio o el violín, improvisando, porque todavía no
sabía leer nota. Tuve que permanecer en Vianí dos años, pagando con mi trabajo un piano
y unas partituras que el cura me había comprado con la condición de que me quedara. En
ese piano aprendí nota por nota con gran esfuerzo porque no tenía maestro, las primeras
páginas de la Sonata Patética de Beethoven, obra que me sirvió para presentar el examen
de admisión en el Conservatorio de Música
de la Universidad Nacional en Bogotá".
Entre
los jurados estaban la profesora Lucía Pérez, terror de los pianistas aspirantes a
estudiar en el Conservatorio y el compositor Guillermo Uribe Holguín quien se admiró de
su concentración. Fue admitido y del terrorífico examen se expresaba de la siguiente
manera: "No sé cómo me atreví a tocar el piano delante de los jurados de admisión
sin haber tenido una clase antes y con la Sonata Patética nada menos; creo que les causé
compasión pero también vieron en mí el deseo y la decisión de estudiar música".
En el
Conservatorio Nacional tuvo como maestro de piano al profesor español Pedro Villá quien
escuchó sus primeras composiciones y lo estimuló a seguir adelante. Su maestro de
composición y órgano fue Egisto Giovannetti y de armonía el profesor Larrazábal.
Posteriormente tomó clases de piano con la maestra Lucía Pérez. Su sostenimiento en
Bogotá era subsidiado con una beca concedida por su pueblo Villapinzón, no obstante
pasaba muchas penurias y nunca le alcanzaba el dinero para adquirir los libros y
partituras de música que deseaba tener. A veces tenía que "trampear" el
tranvía porque no tenía los 10 centavos del pasaje
para ir donde su abuelita materna, quien vivía en el sur de Bogotá y que siempre tenía
un plato de sopa caliente para él. Su único esparcimiento era reunirse con sus amigos en
las residencias universitarias a tocar música en el piano, especialmente música de
Beethoven y a veces jugar partidos de
football en los campos de la ciudad blanca; llegó a la categoría de centro delantero. Conservó durante toda su vida la afición por
este deporte y siguió siempre con interés los partidos de los campeonatos nacionales e
internacionales.
Fue
una época de dedicación total al estudio. LLegó a tocar en público sus primeras
composiciones en el Teatro Municipal, en un concierto organizado por los propios
estudiantes para recaudar fondos para la biblioteca de música, fundada por el maestro
Germán Arciniegas. Su primera obra seria, Sonata para Violín y Piano la compuso en 1947, bajo las enseñanzas de
Giovannetti.
ESTUDIOS DE COMPOSICION 1944 -1954
En el
Conservatorio de la Universidad Nacional en Bogotá, estudió cerca de dos años y por
votación unánime de sus compañeros fue ganador de una beca para estudiar música en el
exterior; esto lo narra el propio compositor así: "Cuando el Rector Gerardo Molina
me anunció que la Universidad Nacional me otorgaba una beca por cuatro años para
estudiar música en México, yo me ví en la
penosa necesidad de decirle: le agradezco mucho señor Rector, pero si me voy a estudiar
al exterior sólo quiero hacerlo en Estados Unidos o en Europa. Seguramente al doctor
Molina le causó impresión mi osadía porque al poco tiempo me llamó para decirme que la
Universidad me daría la beca que yo deseaba. Tuve mucha suerte de que me recibieran en el
Peabody Conservatory of Music de la ciudad de Baltimore USA."
Estudió
en Baltimore con el compositor ruso Nikolas Nabokov director de la Orquesta Sinfónica de
Baltimore. Las clases eran individuales y el trabajo en casa intenso por las escasas bases
que había logrado tener hasta entonces. En New York asistió a los cursos de Historia de la Música en
la Universidad de Columbia y viajó a
México, Canadá y otras ciudades de Norteamérica para seguir cursos y seminarios de
música.
A
pesar de la beca de la universidad, su situación económica era muy precaria. Casi nunca tenía
dinero para comprar la boleta y asistir a los conciertos, cosa que le dolía
profundamente. Para poderlo hacer empeñó varias veces su gabardina y en ocasiones
trabajó en oficios comunes y a veces
denigrantes como el que le tocó aceptar ensartando cuentas para armar rosarios, bajo el
látigo esclavizante de un jefe déspota e
intolerante. Salvando todas las dificultades, su
voluntad inquebrantable estaba puesta en la ilusión de aprender el arte de la
composición con los mejores maestros.
A la
par con la música se había despertado en él un gran amor por las bellas artes,
especialmente la pintura y la escultura. Ahorró lo suficiente para viajar a Europa con el
único propósito de conocer las grandes obras de arte del Renacimiento. Se le había
vuelto obsesión ver personalmente las
Puertas del Paraíso de Gibertti en
Florencia. Allá llegó y cumplió su sueño así como el de conocer en los museos las
espléndidas obras del arte renacentista.
Viajó
por algunas
ciudades europeas y en París se encontró con su profesor Nikolas Nabokov quien le aconsejó continuar sus
estudios de composición con el maestro alemán Boris Blacher. Era su amigo personal y le dió una carta de recomendación.
Luis
Antonio conoció al maestro Blacher en un curso de
verano en el Mozarteum de Salzburgo, le entregó la carta de recomendación y éste se
mostró interesado en tomarlo bajo su tutela.
Al
regresar a los Estados Unidos solicitó traslado
de la beca de cien dólares de la Universidad Nacional y fue el maestro Otto de Greiff
como funcionario, quien la renovó.
Se
embarcó hacia Europa con su único patrimonio, un baul repleto de libros y partituras.
Sin saber el idioma alemán pero lleno de ilusiones
de convertirse en compositor, se sentía dueño del mundo. Llegó a
Alemania en el invierno de 1951.
El
impacto que le causó el Berlín de la postguerra se traduce en sus palabras: "Ví a
la capital alemana acabada por la derrota; gente muriendo de frío y de hambre. Era un
mundo totalmente diferente; la juventud buscaba desesperada la vida sexual, había una
crisis, una tragedia. Poco a poco fuí cambiando. Aprendí a amar más a mi tierra y estos
sitios que todavía son puros".
Fue
admitido en la Hochschule fur Musik, el más importante centro educativo musical de
Berlín donde enseñaba Blacher; no obstante, sus lecciones eran individuales porque el
maestro había captado el gran talento y dedicación de su joven alumno.
De
Blacher decía Luis Antonio: "Era un excelente maestro; en pocas clases progresé lo
que no había logrado en años. Al leer una partitura él iba directamente al problema y
logró transmitirme una técnica muy precisa. Me brindó una bella amistad y me animaba en
los momentos que yo sentía desilusión por mi falta de conocimientos".
Con
él aprendió las formas musicales y el equilibrio de las estructuras y en la Hochschule
estudió las materias teóricas: Contrapunto, Fuga, Formas Musicales, Armonía e Historia
y Apreciación de la Música.
Durante
estos años asistió regularmente a los
cursos de verano que se dictaban en el Mozarteum de Salzburgo, en el Conservatorio de
Roma, en Viena, en Francia. Su sede era Berlín pero sus deseos de adquirir cultura en
todos los ámbitos lo llevaron a explorar los museos, bibliotecas y escuelas de música de
las principales ciudades de Europa.
Al
terminar la beca, Blacher le
dió la oportunidad de estudiar otro año,
gratuitamente, y Luis Antonio permaneció por un tiempo más en Alemania.
Durante
esta época de estudios en Europa, Luis
Antonio compuso sus primeras obras, entre otras, Serenata para Orquesta, Dos Preludios de
Navidad, Divertimento No.1 dedicado a su profesor Blacher,
Concertino para Flauta y Orquesta, Sonatina para Violín y Piano, Pequeña
Suite para Flauta, Oboe y Fagot, Sonata para Violín y Piano, Cuarteto No. 2, varias
Canciones para voz con acompañamiento de piano, Sonatas y Sonatinas para Piano, Cuartetos
Nos. 1 y 2 estrenados por el Drolc Quarttet de Berlín.
Sus obras comenzaron a transmitirse periódicamente por la radio de Alemania
y otros países de Europa.
En
Berlín conoció a quien sería su esposa, Christine Haasis, una linda y talentosa joven,
pintora y escritora de cuentos para niños. Se casaron
y con ella viajó a Colombia en 1954.
PRIMERA ETAPA PROFESIONAL 1954-1957
Traía
ideas revolucionarias respecto a la música: "Quería cambiarlo todo, componer obras
grandes, promover la pedagogía musical, formar agrupaciones de compositores".
En
Bogotá encontró un ambiente propicio, en especial con el maestro Olav Roots, director de
la Orquesta Sinfónica quien le brindó su apoyo. Se
tocaron sus primeras obras grandes, el Concertino
para Flauta y Orquesta y el Ballet Avirama, obra basada en la historia de la Cacica
Gaitana y el Conquistador Diego de Almagro. Esta obra se estrenó espléndidamente en el
teatro Colón de Bogotá con el ballet de Kiril Pikieris y tuvo un resonante éxito. Era la primera vez que se
representaba en Bogotá una obra de tal magnitud. Los periódicos de la capital apoyaron
al joven compositor difundiendo las noticias sobre sus obras y sus estrenos.
De
esta época se estrenó también en el Teatro Colón su ópera para niños La Princesa y
la Arveja, dedicada a su pequeño hijo Luis Christian.
Ya
reconocido como compositor, las orquestas interpretaron
permanentemente sus obras. Había logrado imprimir a su música un estilo nacionalista depurado,
producto del recuerdo de las melodías y
ritmos escuchados en su niñez y del cúmulo de conocimientos adquiridos durante sus
estudios en Estados Unidos y Europa.
Pero
no solamente su vida estuvo dedicada a la composición. Desde su regreso a Colombia
emprendió una importante labor pedagógica en la televisión, en la Radiodifusora
Nacional, dando conferencias en universidades e
instituciones y como comentarista de música en los diarios El Tiempo y El Espectador. Fue
uno de los primeros colaboradores de la televisión colombiana donde se presentó a
diario por muchos años con sus amenas charlas sobre música.
Fue
profesor de Historia del Arte en las Universidades Javeriana y Los Andes. En el
Conservatorio de la Universidad Nacional dictó por varios años las cátedras de Historia
de la Música, Armonía, Formas Musicales, Contrapunto, Composición e Instrumentación.
Fue Secretario del Conservatorio Nacional de Música.
SEGUNDA ETAPA 1957-1975
Por
recomendación de los compositores, el estadounidense Aaron Copland y el mexicano Carlos
Chávez, le fue otorgada la beca Guggenheim y viajó nuevamente a los Estados Unidos en
1957 para trabajar en composición y realizar estudios de especialización.
Durante
su estadía en los Estados Unidos compuso importantes obras y su ballet "Preludios
para Percusión" fue estrenado por el
Ballet Theatre de New York con coreografía
de George Ballanchine y los solistas, Erick Brum y Patricia Wild.
Algunas
de sus obras sinfónicas de esta época fueron estrenadas en los Estados Unidos y Europa
por destacados directores como Hascha
Horestein, Howard Mitchel y Carlos Chávez.
Recibió
por segunda vez la Beca Gughenheim y permaneció en los Estados Unidos por espacio de dos
años más, dedicado a la composición, viviendo y componiendo en una pequeña casa
situada a orillas del lago Tahoe, cerca a San
Francisco.
Nuevamente
en Colombia, a comienzos de los sesenta, siguió con su labor creadora y de difusión de
la cultura desempeñando importantes cargos:
Director
de Extensión Cultural de la Nación, Director de la Asociación de Profesionales
especializados en el Exterior, Presidente y miembro de la Junta Directiva de la Orquesta
Sinfónica de Colombia, cofundador de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, Presidente de
la Unión de Compositores Colombianos.
De
esta época, algunas de sus principales obras son: Opera Los Hampones; Poema Sinfónico Juramento a Bolívar con texto
del poeta Jorge Rojas obra para trescientas voces masculinas y orquesta sinfónica;
Sinfonía O, Quinteto La Curuba, Concierto para Clavicémbalo, Cantata Campesina No. 1,
Cántica de Cantas Colombianas, Apuntes para Orquesta, Pequeña Sinfonía No.2,
Divertimentos para Orquesta, Poema Coral. Comenzó a componer pequeños preludios para piano que llamó
Bambuquerías y a crear sus maravillosas
obras para coro polifónicos, las Cánticas, con poemas tomados de la poesía popular. Se
fascinaba con la profunda filosofía que encierran las coplas campesinas y gozaba
recitándolas: "Ya se murieron mis perros, ya quedó mi rancho sólo, ahora me muero
yo, para que se acabe todo". "Voy a salirme al camino, como una cosa perdida, pa
que no sepan de yo, ni el triste fin de mi vida".
Fundador
y presidente de los Clubes de Estudiantes Cantores, trajo a Colombia los primeros profesores especializados en técnica vocal para enseñar a los directores colombianos. Como
resultado se formaron los Clubes de Estudiantes Cantores en mas de veinte universidades
del país y los Coros de Empleados Oficiales en igual número de entidades
gubernamentales. Editó el libro Música Polifónica Colombiana, con obras de los
compositores desde la Colonia hasta el siglo XX y el libro sobre el primer compositor
colombiano de la Colonia, José Cascante.
En su
labor diplomática fue Cónsul de Colombia en Bonn Alemania, y Agregado Cultural en los
Estados Unidos. Representó al país como delegado en congresos musicales en Chile, Perú,
México, Argentina, Venezuela, España, Holanda, Washington, Filadelfia, Bloomington y
otras importantes ciudades de los Estados Unidos
TERCERA ETAPA 1976-1993
En el
año 1976 contrajo matrimonio con la pianista Amparo Angel quien fue su compañera en los
viajes de investigación, en el proceso de la edición de sus libros y en el estreno de
sus obras. Le dedicó numerosas composiciones, especialmente en el género pianístico. Ella estrenó y grabó sus Conciertos para Piano Nos. 2 y 3 y sus
Bambuquerías y Preludios.
La
composición de las Bambuquerías y las Cánticas las tomaba Luis Antonio como un
descanso; siempre estaba trabajando estas hermosas miniaturas a la par con el trabajo de
composición de obras grandes.
Fue ésta una etapa creativa muy intensa. De esta época son el Matrimonio del Tío Sapo
show para niños, el Ballet La Fosforerita que compuso para la bailarina Gloria Castro y
su escuela de niños, obra ganadora en el concurso internacional Hans Christian Andersen
en Dinamarca, Concierto Grosso con obligado de Violín y Piano, Ballada para Piano y Orquesta, Concierto para
Violín y Orquesta, Concierto para Clarinete, Concierto para Guitarra, Doce Preludios para
Guitarra, La Visita de la Ballena, Seis Bambuquerías para Oboe y Piano, Bambuquerías
para cuatro manos, Segunda serie de Bambuquerías, Danzas en el Sentimiento Andino para
Orquesta Sinfónica, Ballet Manuelita Saenz, Poema Sinfónico al General Santander con
textos del poeta Jorge Rojas.
Fundó
con el poeta Andrés Holguín la entidad cultural El Muro Blanco, donde por espacio de
once años se dictaron conferencias y seminarios sobre temas de la cultura. A través de
esta entidad organizó Luis Antonio viajes culturales a Egipto, Grecia, Nueva York,
México, Perú y San Agustín.
Tenía
un estilo ameno, muy propio, para transmitir sus enseñanzas, producto de su gran
cultura, que le permitía hablar con propiedad de pintura, arquitectura o cualquier
otra arte, ligadas en contexto a la música. Recorrió diversos países, invitado para
dictar sus conferencias.
Recibió
importantes condecoraciones por parte del gobierno nacional en reconocimiento a sus
méritos como compositor y a su labor en pro
de la educación y la difusión de la
cultura como organizador de festivales y
eventos importantes: la Primera Bienal de Arquitectura del país, los Festivales de Coros
Universitarios y de Empleados Oficiales, Festivales de obras de compositores colombianos.
Fue condecorado por el gobierno de Hungría con la medalla de composición Zoltan Kodaly.
Sus
obras han sido grabadas por importantes agrupaciones, entre ellas la Coral Ballestrinque y
el Manhattan Vocal Ensamble de New York. Otros discos, Rondas y Canciones Infantiles, Conciertos para piano Nos. 2 y 3, Juramento a
Bolívar, Cánticas y Madrigales, Cantata Campesina No. 2 Concertino Barroco con obligado
de Violín y Piano grabado por la Camerata Bogotá actuando como solistas Frank Preuss y Amparo Angel.
De
tiempo atrás su interés se había centrado en la música de los Precolombinos y de la
época Colonial. Emprendió una investigación exhaustiva recorriendo en compañía de su
esposa, por muchos años, los países de mesoamérica y
suramérica, visitando museos, archivos, bibliotecas y tomando fotografías,
arte al cual era aficionado. El resultado fue la edición de varios libros: La Música
Precolombina, La Música en Santafé de Bogotá, La Música en Cartagena de Indias, La
Música en la Catedral de Bogotá, el Primer
Compositor Colombiano José Cascante, La Herencia del Quetzal cincuenta lecturas sobre las
manifestaciones estéticas de los pueblos precolombinos.
Su último libro, Villapinzón, es un homenaje a su pueblo natal. Dejó
varias obras inéditas entre ellas su extensa investigación, La Música en la América
Virreinal, hasta el momento, sin editar.
Su
obra, reconocida a nivel mundial, se interpreta en los países de América y Europa. Es
una música que sintetiza el sentimiento de un pueblo latinoamericano, Colombia, y de
manera exquisita da a conocer el sentir y el modo de ser de sus gentes.
Alguien
le preguntó en una ocasión: ¿Qué es para
usted la música? y él contestó sin vacilar: "Es mi vida".
En el
momento de su muerte, el 11 de septiembre
de1993, Luis Antonio Escobar ocupaba el cargo
de Agregado Cultural de Colombia en la ciudad
de Miami. Sus cenizas reposan, como fue su voluntad, en el fondo del mar de la Florida.
LUIS
ANTONIO ESCOBAR (1925-1993)
SU MUSICA EN NUESTRA COLECCIÓN VIRTUAL
(Partituras y audio MP3)
Bambuquería
No 1 (1957)
para piano
Intérprete Amparo Angel
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Bambuquería
No 2 (1957)
para piano
Intérprete Amparo Angel
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Bambuquería
No 14
para piano
Intérprete Amparo Angel
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Sonatina
No. 2 (1955)
para piano
Intérprete Amparo Angel
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Allegro
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Andantino
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Allegro
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Regresar
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