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AGRADECIMIENTOS
Este trabajo no se hubiera logrado sin la
colaboración de aquellas personas que han permitido desarrollar nuestra investigación,
son ellas:
Profesor JOSE GUERRERO MORA de la Universidad de
Nariño, por su valiosa asesoría.
GLORIA A. TORRES, Auxiliar de trabajo.
GONZALO JIMENEZ M. y VICENTE SALAS,
colaboradores.
CARLOS VILLARREAL, Director Archivo Histórico
Municipal de Pasto.
FAUSTO MARTINEZ, Ex-director Banda Departamental
de Músicos.
IGNACIO BURBANO, Ex- integrante Banda
Departamental de Músicos.
JESÚS BURBANO, Ex-director Banda Departamental
de Músicos.
JOSÉ AGUIRRE OLIVA, Director actual de la Banda Departamental de Músicos.
Agradezco igualmente, al Archivo Histórico
Municipal de Pasto, Archivo Departamental de Nariño, Archivo Banda Departamental, y a
todas aquellas personas que de una u otra forma contribuyeron con este propósito. Así
mismo, un reconocimiento especial a los directivos del Fondo Mixto de Cultura Nariño,
porque gracias a ellos nos permitimos llegar a la comunidad regional y nacional, a través
de esta publicación.
MARCOS A. SALAS S.
La historia de todas las
civilizaciones está ligada forzosamente a sus hechos artísticos; la presencia de la
música con intervención de los instrumentos de viento, aerófonos en su denominación
científica, ha sido tan esencial que sin ellos ni su cultura musical representativa ni la
universal hubiesen alcanzado variedad expresiva, color y riqueza tímbrica que el tiempo y
la experiencia han conferido para hacer uso de un lenguaje que, en cuanto a los vientos,
iniciados en las postrimerías del Paleolítico por artífices talladores-músicos de la
piedra y del hueso que la Edad de Bronce transformará en instrumentos de viento metal,
flautas y grandes trompetas de cualidades maravillosas y además guerreras; variadas en la
multiplicidad étnica y de sus fusiones, ampliaron el muestrario instrumental, en cuya
evolución habrá de contribuir el mundo islámico al trasmitir los principales
instrumentos de viento a la Europa medieval; hallarán entonces un lugar definitivo,
perfeccionamiento mecánico y registro, como resultado del arte polifónico
permitiéndoles desde entonces, el acceso a la modernidad de la música occidental con el
patrocinio del humanismo renacentista. Progresión de voces instrumentales, de obras y de
usos diversos, cortesanos, eclesiásticos, militares y de divertimiento popular, pompa
palaciega, catedralicia o pasatiempo rural prolongados en el transcurso del Barroco, que
sólo en el Clasicismo hallarán su puesto definitivo en la Orquesta que los maestros
alemanes impulsaron, presencia determinada en conjuntos inmutables hasta el día de hoy,
instrumentos valorizados por las mejoras técnicas de que fue propulsor el progreso
musical del siglo XIX como consecuencia del liberalismo y la individualidad artísticos
del Romanticismo.
Banda es
vocablo adaptado al Castellano procedente de la antigua lengua gótica de los arcaicos
troncos lingüísticos germanos, es el bandwo identificador, signo y señal de una
porción comunitaria de hombres armados unidos estrechamente por la solidaridad defensiva;
constituía su emblema distintivo, enarbolado cual estandarte antes y después de las
acciones de guerra incitaba a la lucha, daba apoyo y era la enseña de su diferencia y de
la hermandad. Bandwo es por ello bandera izada que el viento agita, es el aliento sonido
de filiación, música y emblema, signo y significación; es el shofar judío, la tuba
romana, el lur escandinavo, la gaita gallega, la quena incaica, trompas de cacería
congregadas para las faenas venatorias que se hicieron bandwo modelado con música,
señales musicales provocadoras del instinto persecutorio, galope acompasado de
cabalgaduras que el tiempo transformó en marcialidad al toque de trompetas y de tambores,
código musical desarrollado a principios del renacimiento francés con enorme variedad,
evolucionando a las marchas durante el reinado de Luis XIV para quien Lully, compositor de
la corte, escribirá las primeras piezas del género musical militar, ejecutadas con
ligero instrumental que sólo vino a perfeccionarse al hacer aparición el sistema de
válvulas en los instrumentos de metal iniciado el siglo XIX; se dio, entonces impulso a
las agremiaciones de músicos reunidos en bandwo de instrumentos, conjunto musical
constituido en emblema y significado de avanzada castrense, cortesana y soberana, ligada
al arma de caballería que por primera vez en la historia hará empleo de los metales en
conjunto, valiéndose de su sonoridad tímbrica expresiva del ardor guerrero y
conquistador; recordando o no, que tales maneras habían sido rutinarias entre las huestes
romanas imperiales que cambiaron el grito de guerra por la atronadora resonancia de los
cuerpos de caza, materia orgánica opaca expuesta a la biodegradación mutada en
reluciente metal, de rugiente presencia rutilante. Los conjuntos de viento de la corte del
Rey Sol continuaron con el modelo de una representación coreográfica contenido en la
obra La Batalla compuesta por el músico galo Jannequin en 1500, en tanto que, las bandas
musicales de las ciudades italianas se formaron al abrigo de las charangas soldadescas en
el período de las Cruzadas, influjo que afectaría los conjuntos franceses en plena alta
Edad Media; las cortes alemanas de los siglos XIV y XV favorecieron el surgimiento de
agremiaciones de vientos que progresivamente darán paso a las bandas de músicos
entendidas como tales, que el espíritu musical enriqueció con instrumental y repertorio
nuevos, provistas de efectivos más rigurosos y empleados en las proporciones y en el
carácter que les son actuales.
En las
bandas militares debemos buscar el origen de las bandas civiles; música militar que
evoluciona desde las antiguas civilizaciones, fanfarrias de trompetas, música que marcha
de los bárbaros a los romanos, a la charanga medieval; de allí a los conjuntos de
maderas, metales y tambores ya casi son bandas que ausentes del campo de batalla
amenizaban la frivolidad de las cortes italianas, atemperaban la solemnidad campanuda de
las cortes alemanas, una de éstas, la de Federico El Grande, rey de Prusia, protector de
músicos y él mismo, compositor e intérprete aficionado que había aprendido de Haydn,
fundó su orquesta particular y un conjunto de vientos que era como la banda oficial del
Estado prusiano, para ella escribió marchas y piezas de circunstancias que aún se
ejecutan. La música militar encuentra en las marchas su más genuina estampa, regulan el
paso ordenado de las tropas, de allí al estímulo combativo solamente podía existir
estrecho margen; así, de los conjuntos instrumentales de viento como de su repertorio, la
Revolución Francesa haría uso en los acontecimientos decisivos de finales del siglo
XVIII; su experiencia trascendió las barreras europeas y se trasladó a América en el
fragor de las guerras napoleónicas reforzadas con cantos, himnos patrióticos y marchas
que interpretaban distintos regimientos de la avanzada de El Emperador, modelo que se
prolongó transformado en la segunda mitad del siglo XIX provisto de variado repertorio
que, con adaptaciones, pasó a los conjuntos bandísticos que entonces empezaban a ser
populares con sentido de resonancia social y de esparcimiento, pues no es otro el
propósito de las bandas civiles de música de donde arrancan distintas formaciones
instrumentales de arraigo popular. La música sinfónica que hasta la última década del
siglo XIX había ocupado las salas de conciertos se difunde al aire libre en las plazas
públicas de Europa y en los más importantes centros urbanos del continente americano, la
industria y comercialización de la música impresa se incrementan y son las bandas
musicales quienes impulsaron la divulgación del repertorio clásico y con ello, una
cultura musical en los países del área iberoamericana, así también, las exigencias
interpretativas y profesionales del catálogo sinfónico y de piezas de especies ligeras;
los valses vieneses, las oberturas de opereta y los interludios constituían entonces la
moda social, olvidados ya los apasionamientos de un público celoso y devoto de la
fidelidad orquestal que no admitía transcripciones ni adaptaciones de una literatura
original destinada a la privacidad reservada de la sala de conciertos. En Italia los
gustos se dividen tras la aparición del director Alessandro Vessella (1860 - 1929) que
presenta por vez primera al público dilettante en espacio abierto, sinfonías y oberturas
transcritas por él mismo para su propia banda con la que emprendió giras
internacionales, ganando fama y prestigio por la variedad de obras interpretadas; en su
Trattato di Strumentazione per Banda se contiene las reformas que el maestro italiano
introdujo en esta clase de conformación instrumental, mientras se desempeñaba como
director de la Banda Comunale de Roma, oficio que cumplió laboriosamente durante cuarenta
años y de quien extraemos su definición de banda musical como, reunión más o menos
completa, pero siempre equilibrada de las distintas categorías de los instrumentos de
aire, añadida la percusión.
El
Congreso de Historia y Teoría de la Música reunido en París en 1900 propuso una
organización instrumental bandística de 66 integrantes, excluyendo de ella la cuerda de
arco que, con cierta cautela vino a incorporarse en 1948 en la Banda de la Guardia
Republicana de París, que con sus 85 componentes se constituye en prototipo de banda
sinfónica, con proporción elevada de los vientos distribuidos en familias para la
ejecución de obras seleccionadas de las tradicionales transcripciones del género
sinfónico, clásico o romántico, incluidos arreglos de la música folk y de salón, más
recientemente de obras originales o adaptaciones del repertorio contemporáneo, desde
Elgar, Stravinsky, Milhaud, Bernstein, Copland, ejerciendo así apreciable cometido en la
difusión de la música del siglo XX.
En enero
de 1784 aparece en Santafé de Bogotá la primera conformación instrumental de vientos
que, para la capital del virreinato de la Nueva Granada constituirá el arquetipo de banda
de músicos; pese a su austera estructuración de trompas y clarines y al ostentoso nombre
de Banda de la Corona, a su fundación vino de la metrópoli el músico español Pedro
Carricarte, que sería también su director por la misma época en que la ciudad contaba
con una ilusión de orquesta que formaban cuatro violines, dos flautas traveseras, dos
clarinetes y un fagot que como la de la Corona también dirigía Carricarte; a los
regimientos militares de la colonia santafereña se sumarán dos bandas más, una bajo la
responsabilidad del referido maestro español y la otra que dirigía su discípulo, un
músico alemán de cuyo apellido no hay certeza pues figura en las crónicas como Zeiner;
la primera del Batallón Artillería, la segunda, del Milicias, en una atmósfera de
inquietudes políticas incitadas por el criollismo, culminadas con el movimiento
independentista de 1810 y las respectivas campañas libertarias posteriores; entonces, los
distintos batallones republicanos conformaron sus bandas de músicos, tales fueron la del
Voltígeros, la del Rifles, la del Batallón Vencedor, ésta última, favorita del
Ejército a pesar de su escueto instrumental de cornetas, cornetines, escasos trombones y
trompetas pero de amplio y rico repertorio como, por la destreza interpretativa de sus
ejecutantes, uno de ellos, José María Cancino que ejercía funciones de director según
cuenta una tradición, de la que algunos dudamos lo suficiente, avivó con su banda el
encuentro del Puente de Boyacá.
Pasadas las contiendas
emancipadoras consolidándose la República, las bandas militares santafereñas
evolucionaron al tipo de bandas civiles, una de éstas, en 1877 bajo la dirección del
músico y compositor bogotano José María Ponce de León se conforma como Banda
Sinfónica inaugurando por entonces la institución de las retretas del Parque de la
Yerba, en la vieja Santa Fe; había ya condiciones propicias para el desarrollo de una
conciencia musical que abriría las puertas del nuevo siglo; el gobierno de Nuñez -
Holguín solicita los servicios del joven músico y director de orquesta italiano, Manuel
Conti, que llega al país en 1888 con el propósito de organizar las banda de música de
Santafé de Bogotá y asignarle el cargo de Inspector General de la Banda de la
República, pues poseía brillante experiencia como discípulo que había sido de su
paisano, el reconocido compositor Pietro Mascagni. Don Manuel Conti desempeñó diligente
tarea pedagógica dedicando veinticinco años de su vida a la formación de músicos para
bandas, aspiración que cumplió exitosamente en tanto promovía una música nueva con el
apoyo del maestro Guillermo Uribe Holguín que en 1913 dirigía el Conservatorio Nacional
de Música. Siendo Presidente de la República Carlos E. Restrepo, un decreto suyo
unificó las bandas musicales del Regimiento de Infantería Bolívar No. 1 y la del Grupo
de Artillería Bogotá en la Banda Nacional Bogotá, conocida también como Banda del
Conservatorio, de la que fue primer director el maestro Conti a quien sucedió en sus
funciones el músico Andrés Martínez Montoya que prosiguió con la tarea de su
antecesor, enriqueciendo además el repertorio de las célebres retretas del Parque de la
Independencia. La Banda Nacional conocerá un período excepcional durante la gestión
musical del inolvidable maestro compositor y arreglista José Rozo Contreras a partir de
1933, impartiendo a la institución orientación eminentemente sinfónica, misión que
ejerciera con extraordinario empeño y profesionalismo a lo largo de cuarenta años a la
vez que, Inspector General de Bandas de Música y Orquestas Sinfónicas Nacionales,
estimuló la creación de bandas regionales en todo el territorio colombiano.
Iniciado el siglo XIX, la
ciudad de San Juan de Pasto enfrenta la existencia desfavorecida por su emplazamiento
geográfico, tributaria como fue de la Gobernación de Popayán; este ente administrativo
en nada benefició su progreso, si bien las condiciones de entonces le eran propicias para
la obtención de su autonomía que las circunstancias y los dirigentes no pudieron
brindarle, de haber ocurrido así, otro, por lo menos no tan oneroso hubiese sido el
destino de la ciudad y del distrito de Pasto. La población trabajadora ejercía distintas
labores agrupada en gremios: herreros, albañiles, sastres, zapateros, fundidores,
ebanistas, escultores, plateros, pintores, músicos. La vida social estrechamente
familiar, expansiva en los festejos públicos que la política colonial imponía tanto
para los cívicos como para los religiosos al cabo de esmerada preparación, tales eran
las Juras del Rey, la fecha onomástica de la ciudad incluido el paso del estandarte real,
el Corpus Christi, la fiesta de la Pura y Limpia Concepción, animados con mojigangas,
cuadrillas, corridas de toros, además de las representaciones teatrales que el gremio de
músicos gozosamente ambientaba ejecutando los aires de entonces, ofrecidos a una
comunidad atenta, sensible, entrañablemente amiga de la música. Razones de índole
social, desde luego, pero también condiciones particulares de ánimo han favorecido la
presencia institucional de un cuerpo de músicos que cimentó iniciándose el siglo XIX,
los fundamentos en que se afirma ahora la Banda Departamental de Músicos de Nariño, que
aquí narra uno de sus integrantes, el joven clarinetista Marcos Salas S. licenciado en
Música, egresado del Departamento de Música de la Facultad de Artes de la Universidad de
Nariño. Alentado por constantes lecturas y por su vocación de investigador decidió
abordar asuntos de la historiografía de la música incursionando, con solicitud y
diligencia, en los sucesos musicales del Departamento de Nariño; labor dispendiosa de
búsqueda y confrontación documentaria que lo condujo al hallazgo de los orígenes
históricos de la institución musical a la que se halla vinculado desde su época de
estudiante universitario: la Banda Departamental de Músicos de Nariño; anhelo intimista
y honesto de ahondar en el conocimiento que resuelve dudas y aclara conceptos. Marcos
Salas S. ha logrado trascender los contornos de la crónica repentista y anecdótica,
proponiendo una visión nueva y objetiva de la realidad viva y actual en que se debate la
Banda Departamental de Músicos; como entidad insignia nariñense de las expresiones
musicales ha contribuido en el curso de su desarrollo al fomento de una cultura
valorizadora del patrimonio regional que la tradición ha guardado, atenta, también al
descubrimiento y a la difusión de nuevos repertorios, ya del acervo nacional, ya del
infinito y variado catálogo del universalismo musical del cual es su intérprete. El
trabajo que aquí nos presenta Marcos Salas ha sido emprendido con la responsabilidad y el
compromiso de quien sabe que el rigor histórico es un principio ético; imprime a este
resultado suyo apasionamiento de investigador con sentido de afecto terrígeno mesurado.
No pretende hacer de ello un tratato exegético, en cambio, alcanza logros que transforma
en testimonios de sobresalto frente a la indiferencia y al desdén por el conocimiento y
la justa valoración de nuestros bienes culturales.
José
Guerrero Mora
Docente Facultad de
Artes,
Departamento de Música,
Universidad de Nariño.
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