Banda Departamental de Músicos de Nariño
Marcos Angelo Salas Salazar
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1930 - 1960

 

1930 es un año importante dentro de la historia de la Banda de Músicos del Departamento de Nariño y para apreciar mejor la historia, digamos que su acontecer se divide en dos etapas de desarrollo; la primera, que ya hemos mencionado, trata del curso histórico desde su fundación. Como la Banda Militar del Regimiento de Boyacá hasta 1925 cuando empieza su agonía y finalmente terminaría en 1930; se dice que el proceso de transición trajo como consecuencia la suspensión, por un año de las actividades musicales (126) ; así es como desde 1930, fin de la Banda Militar del Regimiento de Boyacá, en lo sucesivo cambiará un tanto su administración a cargo del gobierno departamental la banda se incorpora a la policía departamental y sus músicos tendrán carácter de agentes de policía cuando la ocasión lo amerite; así lo dice la ordenanza No. 5 de marzo 20 de 1930, por la que se crea la banda de músicos del Departamento, con cuarenta y un músicos y un director. Tal vez se preguntará ¿por qué años atrás la banda de músicos contaba con cincuenta y cuatro integrantes y ahora con cuarenta y dos?; la verdad es que durante las tres primeras décadas del siglo presente, veintiún músicos fueron asimilados a la nómina nacional y los treinta y tres restantes hacen parte del gobierno departamental sumando en total cincuenta y cuatro músicos; luego, en 1930, desaparece esta modalidad de músicos nacionales por causa de la recesión económica de la época. Debido a esta circunstancia, es urgente que la banda sea reformada y así lo fue por la ordenanza de 1930. La banda con cuarenta y un músicos se reactiva con la siguiente nómina:  

1 director, con un sueldo de $60
1 músico mayor, con un sueldo de $35
8 músicos de primera clase, con $24 

32 músicos de segunda y de tercera clase, con $20 (127) . Además su director fue Julio Zarama y su músico mayor Diógenes Ocaña (128) . De acuerdo con la anterior nómina observamos, que el salario ha disminuido considerablemente en un 30%; desde este momento hasta hoy en día no ha cesado la lucha por el mejoramiento de salarios; en adelante tendrá nuevas facultades como lo establece la ordenanza No. 5 de 1930. “Todos los servicios que preste la banda, excepto las retretas públicas serán pagados por quie­nes lo soliciten de conformidad con la tarifa que señale la gobernación”; además de desempeñarse como agentes músicos también debían cumplir cuando la gobernación lo estimaba necesario, el papel de agentes de policía; estos apenas son algunos apartes de las funciones de los músicos. Observamos que un músico no solo prestaba servicio como agente de la banda de músicos, sino también como agente de policía. Ser músico implica, hoy en día, entregarse a la actividad musical de tiempo completo.

De esta forma se da inicio a una nueva etapa que despierta memorias de personas que aún viven y fueron testigos de estos hechos dejando atrás un extenso panorama de acontecimientos que sellaron para siempre la historia de la cultura en nuestra región. Pero no nos detengamos en estas reflexiones y continuemos con nuestra historia a partir de esta época. A la nueva banda reformada en 1930, y dirigida por el maestro Julio Zarama, le era menester un nuevo código que reglamentará las funciones y la filosofía de la institución. Después de lo anterior, es preciso continuar haciendo un análisis de ese reglamento para comprender con claridad qué fue lo que realmente hizo la institución después de esta época con base en el reglamento anterior de 1905, del cual ya hemos hecho mención.  

Por ordenanza 517 de 1930, de septiembre 2, se reglamenta el servicio de la banda departamental, creada por la ordenanza No. 5, a cargo del director J. Zarama; se denomina “Banda de Nariño” recordemos que, en el decreto 25 de 1905, a la institución se la conoce como Banda Departamental, tal como hoy en día se llama. Estos músicos se incorporan a la policía departamental y ejercieron como agentes cuando era oportuno, con un número de cuarenta y dos músicos mientras tanto, en 1905 la banda perteneció al Batallón Reyes, luego al Batallón Juanambú y después al Regimiento de Boyacá, amparados por un régimen militar. Pese a que en 1930 estuvo afiliada a la policía departamental, su comportamiento no fue estrictamente como una banda militar; tenía mayor libertad de expresión. En cuanto a las condiciones del director, al hacer la comparación con el anterior reglamento de 1930 sólo se exigía idoneidad en el manejo de las funciones musicales, antecedentes disciplinarios y ser mayor de 21 años. Recordemos que en 1905 al director se le exigía demasiadas condiciones, aparte de la de ser director; tampoco significa que en 1930 el director tuviera que cumplir con menos trabajo respecto del anterior, simplemente muchas cosas han cambiado con el paso del tiempo.  

En cuanto al músico mayor se le exigía tanto como al director porque en cualquier eventualidad debería sustituirlo, por ello debía reunir los requisitos expuestos anteriormente. En cuanto a las condiciones de los músicos de primera, segunda y tercera clase debían tener principalmente habilidad comprobada en el manejo del instrumento que le correspondiera; en estas condiciones, el músico podía ingresar a la Banda de Nariño; muy similares, a las actuales, en que se hace a través de un concurso; con respecto a las obligaciones generales, principalmente se exigía cumplimiento de sus labores musicales, disciplina y, esencialmente, ser cultos y respetuosos con sus superiores y con el público. En esta ordenanza se anota igualmente, un punto curioso, según el cual, “cuando se necesite reunir la banda y no se haya dado aviso anticipado, los músicos serán llamados por medio de cornetas o de otras señales convenidas para su efecto”. Es extraño, porque es una muestra evidente, si analizamos el proceso de comunicación que nos hace pensar que la ciudad de Pasto no era grande porque con el sonido de una corneta bastaba para reunir a los músicos; hoy en día esto se hace a través de medios más eficientes como el teléfono, la radio, el celular y otros.

Continuando con nuestro análisis y en relación con las licencias que eran otorgables, estas se hacían conforme a lo practicado en 1905. Si eran parciales se otorgaban por el director por un espacio menor de 24 horas, y las temporales y definitivas se tramitaban por medio del gobierno departamental; esta disposición se practica todavía. Las horas exigidas para el estudio han cambiado con relación a 1905 y se ensayaba de 9 a 11 de la mañana las obras para el concierto, y de 7 a 9 de la noche se ensayaban estudios y ejercicios técnicos para mejorar el rendimiento del músico. Actualmente es casi igual esta práctica, se ensaya de 10 a 12 en el día y el estudio técnico se realiza libremente, durante el resto del tiempo disponible.

Si hablamos de los deberes que debían cumplir los integrantes de la banda eran exactamente los mismos estipulados en 1905, por ejemplo: ejecutar retretas los domingos en la plaza principal en las horas de la noche, 7:00 p.m., las cuales posteriormente fueron suspendidas por problemas de alumbrado público (129) , y los días jueves frente a la gobernación o donde ésta lo dispusiere, así como los conciertos que se realizaban en fiestas cívicas, Semana Santa. Se suspendió la amenización de misas los días domingos en los principales templos de la ciudad, además la banda debería tocar un repertorio variado y lo haría también en diferentes ocasiones, cuando la gobernación lo indicara. 

Hasta ahora se conserva ciertas usanzas que han sido practicadas antes de 1905, como solemnizar fiestas cívicas y religiosas. Esta ordenanza permitía que las personas particulares contrataran la banda con tarifas señaladas por la gobernación, algo que hoy no es usual, de tal forma que, por un concierto compuesto de una obertura, un fragmento de ópera, y dos marchas selectas, se cobraba $30, por un concierto normal de cinco piezas en la ciudad $20; por amenizar entradas o salidas de templos, misas, etc. $20; por dar pomposidad a los matrimonios dentro de la iglesia $20; por tocar en funerales $30. Lo anterior indica que la banda de músicos jugaba un papel preponderante en la sociedad de Pasto y esta práctica fue corriente desde el siglo XIX, esencialmente porque se carecía de medios tecnológicos que reemplazaran sus actividades. Esta muestra determina la importancia de la banda de músicos de la sociedad de Pasto. Tales actividades se justificaban en la época porque la institución era una de las pocas agrupaciones que suplían dichas exigencias, hoy en día hay agrupaciones especializadas en este tipo de actos. Los dineros recaudados por estos trabajos sociales de la banda de músicos no llegaban directamente a manos de la institución sino que ingresaban a un fondo común denominado caja de la banda de músicos, exclusivo para atender sus necesidades.

Dentro de las funciones del director estaba velar por el instrumental de los músicos, de suerte que una vez terminaba la retreta ellos debían guardar sus instrumentos, en el salón de ensayos; como en 1905, y en los años 30, es habitual que se guardara los instrumentos en el salón de ensayos porque los músicos, además de ensayar durante las dos sesiones mencionadas, permanecían dando retretas, pues su trabajo era muy apetecido por circunstancias sociales ya explicadas. En el momento no se acostumbra esta modalidad porque los músicos realizan sus estudios en las casas o, en el mejor de los casos, en un conservatorio o escuela de música. Además, por la inseguridad, es muy arriesgado exponer el instrumental en el salón de ensayos, tal como sucedió hace algunos años a la actual banda del departamento que, por haber dejado algunos instrumentos en el salón de ensayos, fueron objeto de robo, perdiendo una buena suma de dinero y, lo peor, es que su reposición es muy tardía. Asimismo, al director y al músico mayor, aparte de velar por este instrumental, también correspondía ensayar cumplidamente, dar aviso a la Gobernación por si algún músico incurría en inasistencia mayor de dos días, debían además, dictar un reglamento interno para su funcionamiento; aún se mantienen estas prácticas y es oportuno que la banda posea su propia autonomía porque contribuye a una mayor libertad en el manejo administrativo y metodológico redundando en beneficio de la institución.

Recordemos que la banda de músicos desde sus inicios, incluso hasta ahora, ha sido una escuela permanente de formación musical permitiendo que haya reemplazos que cumplen el ciclo imprescindible que dinamiza la actividad musical de la institución, dando figuras importantes como Plinio Herrera, Noé Rosero, Diógenes Ocaña, Luis Larrañaga entre otros. Asimismo, según lo estipulado en la ordenanza de 1930, el director y el músico mayor debían rendir informe acerca del cumplimiento de los músicos, igualmente presentar un informe general de la situación en que se encontraba la institución. Esta práctica se ha mantenido desde los reglamentos anteriores; pero actualmente ha desaparecido; era importante porque precisamente por ese aislamiento, entre ella y la administración del departamento de Nariño ha aparecido este síndrome de descuido por la banda actual.

Más adelante, el artículo No. 19 trataba del período que deberían permanecer frente a la banda, el director y el músico mayor, pues dependía de si satisfacían plenamente las exigencias de las autoridades competentes y de la sociedad de Nariño. Este punto lo consideramos importante, pues es menester que el público oyente pueda ejercer su sentido crítico en el buen contexto de la palabra hacia el director y la banda de músicos, lo mismo para las autoridades competentes, porque obliga a conocer su manejo y la complejidad de ser director; siendo de esta forma podría significar un punto en favor de la Banda de Músicos del Departamento y de la comunidad oyente. También existía un punto importante respecto de las funciones del director; se trataba del artículo No. 20 por el cual él debía visitar una vez al año a las bandas de músicos de los distritos municipales del departamento de Nariño principalmente para valorar el estado en que ellas se encontraban, pues él auxiliaba a las existentes en los municipios cuando éstas marchaban bien y estaban avaladas por el director de la banda del departamento actualmente, con la descentralización administrativa cada municipio se hace cargo de su propia banda de músicos.  

El director gozaba de vacaciones en el mes de agosto, práctica que hasta ahora se mantiene; además, la banda tenía su propio fondo, al cual ingresaban los siguientes dineros:  


a)  El producto de los servicios remunerados de la banda.
b)  El producto de todo acto organizado y realizado en beneficio de la banda, como fiestas, bazares, etc.
c)  Todo bien o valor que sea donado para la banda de músicos.
d)  El producto de las multas.
 

Distribuidos el 50% para reparación y aseo del instrumental, adquisición de obras clásicas y el 50% restante para bonificar a los músicos cada semestre de acuerdo con la categoría que ocuparan, más $10 mensuales para gastos de material de oficina y adquisición de repertorios. Estos fondos eran fiscalizados por el habilitado de la policía departamental, quien rendía cuentas ante el jefe departamental. Realmente, el trato que se dio al músico en 1930 era positivo; desafortunadamente, hoy en día, la banda no conoce un fondo destinado a estos servicios, imprescindibles para su buen funcionamiento, sin embargo, tenemos la confianza de que algún día así ocurra.

Finalmente, consideremos un poco las penas a que podían ser acreedores los músicos de la banda departamental. La inasistencia se multaba con la suma de $0.20 centavos; asimismo. La embriaguez se multaba con la suma de $1 por segunda vez $3 y en adelante arresto y expulsión de la institución de igual manera, al director se sancionaba con el doble de las penas que se imponía a los músicos, de la misma manera se castigaba con multas otras fallas de menor gravedad. De esta forma la ordenanza No. 527 pretende proyectar el destino de la banda para años venideros y naturalmente, contribuyendo a un proceso de desarrollo musical, que permita dar cuenta de que sus funciones hasta ahora no han cambiado sustantivamente respecto de años anteriores.

Después de haber hecho un análisis del funcionamiento administrativo de la banda de músicos, quizás se pregunten ¿quiénes fueron los integrantes en 1930?, y esto nos lleva a la relación de algunos de los músicos que han hecho parte del desarrollo evolutivo de la institución musical.  

BANDA DE MUSICOS DE 1930

Director: Julio Zarama
Músico mayor: Diógenes Ocaña
 

8 Músicos de primera clase:

1. Misael Sansón
2. Manuel María Burbano
3. Manuel Zambrano
4. Miguel Aguilar
5. Marcial Córdoba
6. Carlos Solís
7. Gonzalo Moreno
8. Jesús Maya 

32 Músicos de primera, segunda y tercera clases: 

1. Luis Feuillet
2. Ulpiano Santacruz
3. Lino Bastidas
4. José Benavides
5. Joaquín Martínez
6. Benjamín Dorado
7. Bernardino Garcés
8. Neftalí Gómez
9. Luis Burbano
10. Ignacio Burbano
11. Alejandro Yepes
12. Alejandro Pavón
13. Ramón Hidalgo
14. Alfredo Guerrero
15. Julio Narváez
16. Alberto Calvache
17. Máximo Salcedo
18. Miguel Vicuña
19. Efraín Moreno
20. Ramón Torres
21. Jorge Torres
22. Gonzalo Chicaíza
23. Jorge Medina
24. Bolívar Brando
25. Ricardo Pavón
26. Daniel Martínez
27. Alberto Zarama
28. José Ignacio Ordóñez
29. Santos Argote
30. Peregrino Granja
31. Luis Alfonso Delgado
32. Bolívar Larrañaga

 

BANDA DE MUSICOS 1930
Director: Julio Zarama *, acompañado, según el Maestro Fausto Martínez, del Sacerdote Oratoriano Aristides Gutiérrez - Lugar: Colegio San Felipe
CORTESIA: MAESTRO FAUSTO MARTINEZ
*    Probablemente no se trata del mismo nombre que ocupó este mismo cargo en 1914.

 

Con esta lista de músicos se inició el proceso evolutivo del desarrollo musical de 1930 en adelante. Hacia 1931 se empieza a movilizar la estructura expuesta en la lista anterior y es Misael Sansón quien comienza asumiendo el cargo de músico mayor en reemplazo de Diógenes Ocaña; mas tarde, por decreto No. 155 de febrero 6 de 1931, se nombra a Lucio Feuillet y Absalón Moncayo en reemplazo de Carlos Solís. Por decreto No. 127 de febrero 23 de 1931, se nombra a Elías Segovia por Jorge Medina; por decreto No. 175 de 1931 se nombra a Juan Bautista Eraso por Absalón Moncayo; por decreto No. 267 de mayo 22 de 1931, se nombra a Luis Castillo por Bolívar Brando.

Asimismo se registraron licencias que solicitan algunos músicos para ejercer otras actividades, especialmente cuando se realizaban elecciones en el país y en la región, entonces los músicos inmediatamente debían ingresar a las filas en el cuartel de policía donde permanecían uniformados prestos a recibir órdenes del director de la banda quien las impartía para tales ocasiones. Asimismo, se les suministraba armamento para ejercer dicho encargo (130) ; de esta manera lo hicieron muchas veces, otorgándoles a los músicos funciones especiales diferentes a las de la música.

En 1935 ocurre algo interesante en la historia de la banda; se trata del decreto No. 376 del 17 de junio de 1935 por el cual el gobernador del departamento acepta la renuncia del Padre Fray Remigio de Puerres como director de la Banda de la Policía Departamental y en su reemplazo se nombra al señor José María Navarro. Exactamente no sabemos en qué año ingreso Fray Remigio de Puerres a la dirección de la banda de músicos, pero creemos que probablemente lo fue hacia 1934 ó 1935; este sacerdote no permaneció mucho tiempo frente a la institución, por esto se ignora su trabajo como director; es probable que tanto el señor José María Navarro como Fray Remigio hayan asumido la dirección transitoria mientras se posesionaba el director titular; estas dilaciones fueron y son muy usuales cuando renuncia el director titular de la banda de músicos. Cuatro meses más tarde, cuando el maestro Navarro va a dirigir la Banda de Ipiales, se posesiona el maestro José Antonio Rincón, nacido en Pasto el 14 de octubre de 1893, que cursó Derecho en la Universidad de Nariño y estudió música con Conrado Hamerle. Su trabajo como profesional, además de ser director de la banda, dirigía diferentes agrupaciones de esta ciudad; murió el 24 de diciembre de 1968 (131) . Una vez tomado el cargo de director el 15 de octubre de 1935 (132) y después de haber realizado una labor exitosa hasta septiembre de 1939, o sea, que estuvo cuatro años como director. Fue reemplazado por el maestro Jerónimo Velasco músico de reconocida trayectoria nacional, que dirigió las bandas de Pasto y de Cali; se caracterizó también por su habilidad en la composición (133) ; mediante decreto No. 538 de septiembre 20 de 1939, asumió el cargo de director de la Banda de la Policía Departamental y nueve días más tarde se posesionó para continuar con el adelanto musical de la institución durante los años próximos.

Más adelante continuaremos haciendo relación de cada uno de los directores que han hecho parte de este proceso y que le han dado penas y glorias a la institución musical tal vez la más importante del Departamento. En la relación de músicos que integraron la Banda de Departamento de Nariño, por decreto No. 435 de julio 24 de 1935, se nombra a Rafael Eraso Santacruz por Manuel María Burbano; por decreto No. 660 de septiembre 29 de 1935, se nombra a Alberto Mideros por Alejandro Pavón; por decreto No. 28 de noviembre 2 de 1937 se nombra a Plinio Herrera, Arnulfo Bastidas, Oseas Carvajal, Jesús Eraso, Gabriel García, Victoriano Hidalgo, Pedro López, Francisco Mesa, Alfredo Muñoz, Guillermo Narváez, Ignacio Pérez, Luis Ramírez, Víctor Rosero y Luis Segovia. Por decreto No. 602 de 1939 se estructura nuevamente la planta del personal, ingresando músicos que incluso ya antes habían hecho parte de la institución, conformando el engranaje esencial para dinamizar el proceso histórico de la banda de músicos. La institución aún continúa con cuarenta y dos músicos conformados por un director y un músico mayor, cuatro solistas, doce músicos de primera clase, doce de segunda y doce músicos de tercera clase integrando la estructura con la que se va a desarrollar el trabajo musical hacia la posteridad con la banda del maestro Rincón y el señor Misael Sansón como músico mayor: Más tarde, enero 7 de 1941, por decreto No. 5, el gobernador nombra en propiedad como director de la Banda de Músicos de Nariño al señor José C. Martínez, acompañado por Alfonso Ocaña como músico mayor. Martínez músico barranquillero muy recordado actualmente como una de las mejores batutas que ha tenido la banda del Departamento, goza de la mayor permanencia frente a la institución (11 años aproximadamente).

Durante toda esta etapa la labor en el Departamento parece ser que fue un tanto desafortunada, empezando por los salarios de miseria que ascendían a $180 al director, cuando veinte años antes su sueldo era de $90; el alza de $10 que se hacía a los músicos después de 20 años, indica que salarialmente eran maltratados y casi ridículo que se les ofreciera un alza del 20% de su salario respecto del salario que se pagaba veinte años atrás; estos hechos causan profunda desmotivación en los músicos y se produce un grado de desestabilización dentro de la institución musical, incluso registrándose masivas renuncias. Así es como después de haber tenido la banda de músicos una época brillante en el tiempo de Navarro y haber logrado un reconocimiento a nivel nacional, en 1946 cae en el abandono. Sin embargo, la agrupación persistió pese a estos inconvenientes gracias al carisma que los intérpretes y el director poseían por el arte musical.

Afortunadamente durante los años cuarenta la actividad musical de la institución empieza a jugar un papel importante gracias a los medios de información regionales especialmente de los periódicos más sobresalientes de esta ciudad: El Derecho, El Radio, que nunca dejaron de ofrecer en sus páginas un espacio dedicado a la Banda Departamental de Pasto, enriqueciendo la documentación que, en este momento nos permite registrar sin especulaciones el proceso histórico de esta institución. En 1947, según un documento escrito en El Derecho, se afirma, en algunos apartes que el director José C. Martínez, cumplía seis años como director y aún no había notado progresos en la institución; insistía en que, a la banda de músicos, le era menester el aumento de sueldos, cambio de instrumental que, por cierto eran más de veinte años que no se había suministrado uniformes, y un repertorio actualizado. Después de lo observado, consideramos que, razón tenía el maestro Martínez, pues por más genialidad que poseyera el director, si su banda carecía de dichos recursos era imposible hacer buena música y sí lo logró la banda del maestro Navarro lo fue en circunstancias muy distintas (134) .    

 

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(126) Entrevista Ignacio Burbano, Fausto Martínez. (Regresar a 126)

(127) Archivo departamental, Gaceta Departamental, Ordenanza No. 5 Pág. 50. (Regresar a 127)

(128) Ibid. Decreto No. 259 abril 14 de 1930. (Regresar a 128)

(129) Entrevista Jesús Burbano. (Regresar a 129)

(130) Ibid, decreto No. 436 septiembre 28 de 1933. (Regresar a 130)  

(131) Eriberto Zapata Cuencar, compositores Nariñenses. Pág. 31.
Diario
"El Derecho” diciembre 24 de 1968. (Regresar a 131)

(132) Ibid Octubre 28 de 1935 Decreto No. 543 septiembre 27 de 1935. (Regresar a 132)

(133) Reseña Histórica Banda Departamental. José Aguirre O. (Regresar a 133)

(134) Diario El Derecho. Marzo 24 de 1947. (Regresar a 134)