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PRESENTACIÓN

Presenciamos una vez más, y disfrutamos, el cumplimiento de una de las razones, quizá la más importante, que tuvieron nuestros antepasados para tomar la decisión de posar frente a la cámara de un fotógrafo, o bien tomarla en sus manos y hacer clic: producir un "recuerdo para toda la vida".

Encontramos en estas fotografías la posibilidad y el deleite de recorrer tiempos que no han sido nuestros, deambular por calles y caminos que hoy quisiéramos actuales, reconocer rasgos y gestos nuestros en adustos y hermosos abuelos; identificar en sus mejores momentos la vieja silla mecedora, única herencia material que logramos conservar, sentir la piel suave y tersa de la abuela hoy marchita, entrar y conocer cómo eran casas, patios y salones, o comprobar, posiblemente con dolor, cómo hemos demolido arquitectura, costumbres, caminos, portadas y blasones, familias, fiestas, y en qué se han transformado los pórticos aunque los balcones todavía miren a la plaza.

No son tan importantes la alegría o la tristeza derivadas de este repaso, como la fortuna de recorrer y encontrar testimonio del pasado y los antepasados. Fortuna, porque comprobamos visualmente que sí tenemos pasado. Fortuna, porque vemos los frutos del mismo árbol. Este repaso nos permite hacer un alto en el camino y considerar e. futuro. Si podemos recorrer una historia contada de una manera diferente y confrontar con estas imágenes la actual realidad. no es aventura pensar cómo ha de ser futuro.

Tunja ofrece hoy su primer capítulo público de memoria visual y nos invita a recrear si historia y a reflexionar sobre su propio futuro. Todos los temas se. pueden tratar: casas, calles, parques, iglesias y procesiones; fiestas e invitados, colegios y estudiantes, industrias y productos, automóviles; en los retratos reconocer rostros y personajes; y en ese ejemplar anónimo grupo de padre, madre e hijos, encontrar la síntesis o mejor "fotosíntesis"-, de la familia de Tunja, de Boyacá o de Colombia. Identificar en la expresión de sus caras y sus cuerpos el orgullo de su papel, en sus ropas la dignidad del ancestro y en los pliegues del pañolón de la madre las caricias de la luz magistralmente registrada por un anónimo fotógrafo. A partir de ahora esa imagen ya no será anónima, será el retrato de todas nuestras familias.

ANTONIO CASTAÑEDA BURAGLIA

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