LA ARQUITECTURA INSTITUCIONAL Y LOS
SÍMBOLOS URBANOS
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Penitenciaría
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La administración quizo suplir la ausencia de sedes
institucionales mediante la construcción, a comienzos del siglo, de
un vasto programa de edificaciones públicas. A partir de 1908 y
sucesivamente se erigieron el mercado, el matadero, la casa
consistorial, la cárcel y posteriormente el hospital. Pero la gran
mayoría de estos edificios fueron construidos en madera y sin
ninguna trascendencia simbólica para la comunidad, con excepción
quizás de la casa consistorial o casa de gobierno, por lo cual
pasaron inadvertidas.
Las edificaciones que dieron rienda suelta a las aspiraciones
más cosmopolitas y europeizantes de la población vendrían con la
penitenciaría y la Escuela modelo. Ambas obras fueron concebidas en
un lenguaje historicista, con acentos neoclásicos, por el ingeniero
catalán Luis Llach Lloresta. Fueron iniciadas en forma paralela en
1923, bajo la dirección constructiva del mismo Llach, llegando a
convertirse en las primeras edificaciones construidas totalmente en
concreto hacia 1926.
Con el diseño en este mismo año de los pilónos egipcios de
acceso al cementerio de San José, por parte del mismo Llach, se
abrió para los moradores el sueño historicista, plasmado en la
novela Quibdó (1925).
La educación participó también de este sueño historicista con el
edificio destinado para el colegio Carrasquilla, construido como un
homenaje a Ricardo Carrasquilla, prohombre quibdoseño, en el
centenario de su nacimiento. Esta obra, iniciada en 1926, tardó en
construirse 16 años.
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Antiguo Hospital
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En 1930 después del incendio de la sede de la prefectura
Apostólica, se encargó un nuevo diseño al ingeniero Luis Llach.
Este realizó un proyecto a partir de un patio en claustro, con
claras influencias mediterráneas. Esta obra, notable por su calidad
espacial y finura en los detalles, fue encomendada al hermano
Claretiano Vicente Galicia quien inicia labores en 1931, las cuales
son concluidas en 1942 por una firma barranquillera.
Es significativo de este período que la gran mayoría de los
diseños fueron encargados al ingeniero Llach y que la labor
constructiva estuviese a cargo del hermano Vicente Galicia y del
maestro Rodolfo Castro Baldrich.
Este ciclo historicista se cierra de manera anacrónica en
1946 cuando se da inicio a la construcción de la catedral San
Francisco. Esta obra de poco valor arquitectónico, producto del
ingeniero chocoano Osear Castro se terminó aunque no a cabalidad en
1979.
Todo el proceso que hemos enunciado en Quibdó, discurrió
paralelamente con el historicismo propio de las ciudades
colombianas en los primeros decenios de este siglo. En su evolución
dejó en Quibdó un cuerpo arquitectónico no muy numeroso, ni de tan
altas calidades estilísticas como en otras ciudades, pero sí
representativo de los ímpetus culturales de una región, con algunos
ejemplos notables, como es el caso del Palacio Episcopal.
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Hospital San Francisco de Asís
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