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PENSAMIENTO Y DESARROLLO URBANO
La concepción racional de la ciudad era en medio de la selva una
contraposición al caos circundante: fue imperativo ordenarla de
acuerdo con las nuevas exigencias.
El espacio público y las calles tomaron otra dimensión al
incorporar nuevas actividades. La recreación, antes circunscrita a
la vivienda, se convirtió en acto social que requirió una
escenografía urbana. Los lugares fundamentales de la nueva vida
social de Quibdó fueron entonces la plaza Centenario y la quebrada
la Yesca y entre estos dos, la calle como elemento conector. La
plaza, herencia colonial sin elemento significacional alguno, pasó
a ser el parque, como escenario de múltiples rituales de la vida
republicana, enmarcados por las rejas, por los árboles y por la
presencia del templete que acogía la banda de músicos. La retreta
fue la disculpa para mostrarse, para la galantería y el amor
festivo. Para cumplir este ritual alrededor del parque, era
necesario vestirse según los dictámenes de la última moda, así
fuera confeccionada en el taller de Ruperto Asprilla que mantenía
"la última moda de París".
El espacio público como elemento nucleador e
indentificatorio de los nuevos aires de chocoanidad se expresó en
cinco parques para los inicios del decenio de los años treinta: el
parque Benjamín Herrera, el Jorge Isaacs, la Plaza Tomás Pérez, el
parque César Contó y el parque Centenario. En este último se
implantó el templete a César Contó en 1923, notable por ser el
primero en recrear elementos de la historia chocoana. En años
posteriores se completó el amoblamiento con nuevos elementos, como
el obelisco erigido en honor de los padres de la patria o el
monumento que honró la memoria de Diego Luis Córdoba.
La calle, de ser un simple conector vial, alcanzó la
dimensión de alameda o avenida. Entonces fueron famosas la Alameda
Reyes (por Rafael Reyes) y la Alameda Istmina o avenida Boy acá.
Estas calles en tierra fueron arborizadas con árboles simbólicos
como el ciprés, durante la marcha del árbol de 1919. En otros
casos, como en la Alameda Istmina, se colocaron columnas
neoclásicas a lo largo del recorrido.
A partir de las nuevas vías, la ciudad se expandió al
Oriente y al Norte. En 1924 se propuso el plan de urbanización del
barrio norte, como una especie de suburbio para las nuevas élites,
los comerciantes.
Más que la expansión urbana, la connotación simbólica de este
hecho significó el triunfo de la ciudad sobre las condiciones
adversas del territorio, pues para edificar hubo de hacerse el
suelo desecando pantanos y abriendo selva.
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