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INDICE
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ANTECEDENTES URBANOS DE QUIBDO HASTA
1852
El legado colonial de Quibdó no es palpable en la actualidad en
objetos patrimoniales muebles tales como altares, cuadros y
esculturas. Tampoco las edificaciones nos dan un testimonio directo
de este período. Su pasado, que se remonta hasta el siglo XVII, hay
que leerlo a partir de las huellas del poblamiento hispano, los
desplazamientos de la población indígena y la incorporación
progresiva del pueblo negro en la cultura local y regional.
El territorio del actual Quibdó fue escenario de luchas entre
las culturas Cuna y Emberá, reducidas en sus territorios por el
proceso de ocupación española, durante los siglos XVI y XVII.
Mediante acuerdos iniciales surgen una serie de poblados indígenas
que son los antecedentes indirectos del Quibdó colonial.
Las gobernaciones de Santafé de Antioquia y Popayán
utilizaron, en la lucha por estos territorios, un mismo
procedimiento de pacificación y ocupación: la religión. A partir de
la llegada de clérigos como Antonio de Guzmán y Céspedes y de
diferentes misiones franciscanas se dio un poblamiento provisional,
basado en pactos, cual es el caso de San Pedro, ubicado frente al
actual Quibdó en la desembocadura del río Quito en el Atrato. Con
la violación de los pactos entre indígenas y españoles, los nativos
protagonizan alzamientos entre 1680 y 1684. Finalmente, Carlos
Salcedo de Sotomayor, enviado militar de Popayán en 1687, logró
reafirmar la ocupación española y el dominio de esta gobernación
sobre el territorio Emberá.
Durante los alzamientos indígenas se incendió la población,
que empezó a reedificarse desde 1694. Quibdó adquirió entonces el
carácter de centro administrativo, con dominio sobre varios
enclaves mineros como Neguá, Bebará o Cabí. Estos enclaves le
permiten sobrevivir aunque en condiciones precarias y elementales.
Cuando en 1813 el coronel Agustín Codazzi la visita la describe
así:
|"Las casas están fabricadas con caña de guadua y
revocadas de yeso y cal, todas blanqueadas, por lo que parecen
verdaderas murallas. Están cubiertas de palma y los pisos son todos
de la misma caña, partidas por la mitad y en
esterilla".
No obstante esta condición precaria, su localización
estratégica como cruce de caminos y nexo de comunicación
interoceánica la mantuvieron como centro administrativo y de
comercio internacional, con algunos atractivos para traficantes,
piratas y comerciantes. El río Atrato será eje comercial y de
comunicación, muy a pesar de las prohibiciones de navegación y
comercio que buscaban proteger los intereses del rey y los
privilegios de las familias pay anejas, dueñas de entables mineros
en las provincias chocoanas y quienes debían comerciar y tributar a
través de Popayán.
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