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Las fiestas en Cartagena

Las fiestas populares en Cartagena han constituido un factor de gran importancia en las prácticas de socialización. Con gran regocijo y pompa las fiestas novembrinas conmemoran la independencia de la ciudad. El registro fotográfico recuerda la alegría y el entusiasmo en los desfiles con carrozas, los bailes de disfraces y las corridas de toros en la plaza de la Serrezuela.

Las fiestas religiosas con gran despliegue ornamental y grandes romerías se convierten en ocasión para congregar feligreses y otros pobladores que con ánimos diversos, sagrados o profanos, comparten estos eventos citadinos. Las fiestas de la Virgen de la Candelaria convocan cada año, el 2 de febrero, desde el siglo XIIX, a toda la población que se traslada en romería a la colina de La Popa. Tal como lo registra la memoria de algunos cartageneros, durante las festividades "Se hacían peregrinaciones todos los días a La Popa, allí se rezaba la novena y se asistía a la misa, iba toda la familia, se subía desde las cuatro de la mañana, el desayuno era empanada de huevo, carimañola, peto, y caña. En las noches había fandangos y bailes populares, en el día corraleja y cabalgatas [...]". Como fiestas de música, baile y disfraces, en su larga duración las recuerdan los cartageneros. Un detalle florido en la solapa del saco o camisa del compañero de baile le ponía un toque de elegancia, color y distinción al jolgorio.

Desde luego el fervor religioso era un factor predominante, y mucha gente llegaba de los pueblos vecinos a pagar mandas y pedir favores a la Virgen. El recogimiento y la devoción era comparable con el sentimiento que invadía las ceremonias y procesiones de Semana Santa, donde el universo culinario destaca su presencia y las mujeres se esmeran en la cocina, haciendo circular entre las familias los mejores platos de la región.

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