ARAUJO NOGUERA, Consuelo
Lexicon del Valle de Upar

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LA VIDA MEJOR GANADA

El sacerdote de nuestro cuento, — ¿ hará falta decir su nombre? — fue designado por el obispo, que entonces tenía su sede en Riohacha por cuanto la región de la antigua Provin­cia de Valledupar y de Padilla estaba clasificada como Vicariato Apostólico, para que ejerciera su ministerio en Atánquez y Patillal, y en los caseríos y veredas vecinos. Debió de ser el clima y la proverbial suculencia de su cocina criolla lo que lo decidieron a instalarse de un todo en Atánquez, desde donde bajaba a los demás lugares cuando lo llamaban o cuando sus obligaciones pastorales se lo exigían. A Patillal iba orondo y contento cuantas veces había fiesta y de un solo viaje oficiaba la misa, sacaba la procesión, realizaba matrimonios, bautizos, confesiones y... unas buenas colectas en efectivo, sin perjuicio de los tres o cuatro sancochos — con sus respectivos secos rociados con vino de consagrar — que “despachaba” por día durante el tiempo que permanedera en el pueblo.

Este estilo sacerdotal era motivo de críticas y comentarios y chocaba con lo que los patillaleros consideraban debía ser un buen pastor. La décima no se hizo esperar y Luis Gre­godo le puso por título lo que todos consideraban...

LA VIDA MEJOR GANADA

 

La vida mejor ganada 
en el mundo es la del cura 
no trabaja ni se apura 
y la suma es duplicada.

Cuando se ofrece una fiesta
viene el doctor a gastar,
el cura viene a ganar
y ni el pasaje le cuesta;
sale del templo y se acuesta
ya con la tarea empezada:
a las seis misa cantada
y en la tarde procesión
y así lleva el gran campeón
la vida mejor ganada.  

Donde se halla un sacerdote 
no faltará un matrimonio, 
casa al diablo y al demonio 
y en todo gana, el padrote; 
las mujeres van al trote 
por llevarle sus criaturas 
y gana hasta por la postura 
de un agua en la mollera 
la vida más placentera 
en el mundo es la del cura.
 

Él no va por no gastar 
a parrandas ni a galleras; 
corre donde alguno muera 
porque allí sí va a ganar.

Lleva al muerto hasta el altar 
y después a la sepultura 
cantando de contentura 
porque es un negocio cierto 
y en robarle al pobre muerto 
ni trabaja ni se apura.

Pasados algunos días 
cuando recibe el dinero 
es un hombre caballero 
con las Hijas de María 
y les dice: «hijitas mías 
vosotras estáis confesadas; 
cuidaréis a la Inmaculada 
y la tendréis por vuestra madre 
Ya con esto trabaja el padre 
y la suma es duplicada...

LAS FRUTAS DE LA MINA

En alguna ocasión Luis Gregorio se fue a parrandear a La Mina acompañado de un grupo de amigos con los cuales, durante varios días pasó de largo sin dormir. El remate fueron dos noches en la compañía de una mujer — de las que llamaban de la vida — a la que se dedicó con empeño. Días más tarde, ya de regreso en Patillal, descubrió que del refocilo con la “dama” lo que le había quedado era una terrible venérea que no se pudo curar con los rudimentarios medicamentos que él mismo, a escondidas de Rosarito, su mujer, se aplicaba en sus frecuentes visitas al excusado. Le tocó confesar su culpa y solicitarle a Rosarito que buscara ayuda con los farmaceutas de Valledupar, que lo sanaron semanas más tarde. Él, con el clavo adentro, se vengó de la mujer y de todas las de su oficio que “trabajaban” en La Mifta, utilizando para ello el recursivo símil de compararlas con frutas comunes y corrientes ya que no quería echarle más leña al fuego ofendiendo a Rosarito cop la cita textual de nombres y circunstancias. Así nacieron las décimas que se llaman...    

 

LAS FRUTAS DE LA MINA

           

Toda fruta de La Mina 
del Mojao o del Hatico 
no es de tenerle apetito 
porque contiene estricnina

Yo comí de una lechosa 
sin malicia, dos tajadas 
y aun cuando estaba rajada 
no la creí venenosa 
me comí un mango de rosa 
y una manzana muy fina 
que hasta el caño de la orina 
me ha llenado de infección 
y por este estilo son 
toda fruta de La Mina.
 

El que comiere patilla 
que antes rece lo que sepa 
y si la notare hueca 
no le coja la semilla 
que lave bien la cuchulla 
con que partió el pedacito
les aconsejo a toditos 
que observen lo que les digo 
y prevengo a todo amigo 
del Mojao y del Hatico.
 

Este contagio se pega 
a toda clase de mata 
se le pega a la batata 
y al jamanare de vega 
aquí en La Mina el que llega 
aunque sea por un ratico 
si es pájaro y mete el pico 
que se lo corte en seguida. 
que la fruta está podrida 
y no es de tenerle apetito.

Nacho creo que se envenene 
por lo que dice Valdéz 
y dice compa José 
que el que está mal es Jiménez 
a Toño esto le conviene 
porque no se determina 
ni le ocasiona esa ruina 
por seguir tan mala ruta 
y muere, sin comer la fruta 
porque contiene estricnina.

 

LA MUJER CELOSA

 

Del consiguiente disgusto que las anteriores andanzas le ocasionaron a Rosario, se le vino a Luis Gregorio “el mundo encima”. Con la fama a cuestas de ser parrandero, tomatrago, mujeriego y etcétera.., no era fácil tener contenta a la mujer que le había soportado todo eso junto durante tanto tiempo. En ese entonces las relaciones conyugales se volvieron tensas y del correpué que Rosarito le montó surgió la composición que él llamó “La Mujer Celosa”:

LA MUJER CELOSA

Malos acontecimientos 
pasa la mujer celosa 
que nunca duerme ni goza 
ni esta’ tranquila un momento.  

Si tiene treinta polleras 
y más ropa, suficiente, 
dice donde halla más gente 
que el mariío la tiene encuera 
y aunque su esposo la quiera 
le ocasiona mil tormentos 
hace miles juramentos 
que el esposo la aborrece 
y le resulta, a las veces 
malas acontecimientos.

Yo lo digo es por la mía 
que me tiene un correpué 
y que no me puede ve 
ni de noche, ni de día 
ya no me brinda comia 
y lo que tengo lo destroza 
reniega de ser mi esposa 
aunque tanto la idolatro
y todos estos malos ratos 
pasa la mujer celosa.

No más se vive fijando 
en cuanta palabra digo 
y donde quiera que sigo l
os pasos me va contando 
me vive mortificando 
diciéndome miles cosas 
y dice que no es dichosa 
con hallarse junto a mí 
y jura, aunque la vean dormí 
que nunca duerme ni goza.

Yo la vivo complaciendo 
con cariño y con dulzura 
pero entonces, más se apura 
y más me vive ofendiendo. 
Y aun cuando me vea muriendo 
lleno de resentimiento 
me muero, le digo y siento 
que tú me vives celando 
y no deja de está hablando 
ni está tranquila un moment

 

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