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LA DURA COLONIZACION

Se realiza el éxodo aventurero de gente sencilla, que viene huyendo de la miseria dispuesta al trabajo duro, a disputar tierras, a dar comienzo a su obra.

 

 

 

Nadie, ni siquiera el padre, ha preguntado cuánto durará el éxodo: uno, dos, tres días, poco o nada interesa. Sólo importa saber que al final de la jornada se extiende la tierra prometida, coronada de racimos y saturada de aromas y músicas salvajes. Atrás va quedando la tierra esclava, la tierra hambrienta, el feudo de los amos, donde cada palmo tiene su señor y donde va a la troje la mazorca ínfima y hasta el triste grano que el Evangelio manda dejar en cada espiga para las avecillas del cielo.

 

 

 

Pero un atardecer luminoso, en que tras el bochorno del día hay mucha frescura en la tierra y mucha animación en el cielo, llegan al pie de una ancha vega, cerca a un árbol milenario de amparador follaje, en cuya cepa empiezan, según la escritura que el colono lleva bien guardada en el guarniel, las tierras generosas y libres, que guardan en sus entrañas maternales el pan para la vida y el calor para los huesos, cuando la muerte triunfe.

R.A.V.

 

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