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INDICE
NOTA PRELIMINAR
Prólogo
DEMOGRAFÍA Y POBLAMIENTO
EL ESTADO EN LA ORINOQUIA COLOMBIANA
LA ORINOQUIA COLOMBIANA: SOCIEDAD Y TRADICION MUSICAL
Bibliografía sobre cronistas y viajeros de los Llanos Orientales de Colombia siglos XVIII y XIX
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ENSAYOS ORINOQUENSES
III. LA ORINOQUIA COLOMBIANA: SOCIEDAD Y TRADICION MUSICAL
1. LA ORINOQUIA COLOMBIANA: SOCIEDAD Y TRADICION MUSICAL
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1
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Resumen
El siguiente trabajo presenta un análisis de los sectores que
conforman la sociedad de la Orinoquia colombiana y un esbozo de sus
relaciones productivas. Los grupos que conforman esta sociedad se
definen así: los indígenas, habitantes aborígenes de esta región;
el sector de los colonos inmigrantes provenientes de los
departamentos del interior del país, y el sector llanero cuya
presencia data de la época en que se llevó a cabo la amalgama
étnica y cultural entre el español y el indígena.
Estos sectores o grupos étnicos están localizados en
determinados espacios geográficos, con relaciones productivas
adaptadas a cada región y con relaciones de complementariedad y
conflicto entre sí. El espacio geográfico de los indígenas se ha
visto reducido por las empresas ganaderas de guates y llaneros y
por la colonización. El colono a su vez, se ha visto desplazado del
territorio que ha dominado por el avance de la agricultura
comercial y de la ganadería tecnificada.
La identidad cultural de uno de los segmentos de esta sociedad
se ilustra mediante la explicación de la tradición musical del
grupo llanero.
Introducción
La descripción de la historia cultural y económica de la
Orinoquia colombiana permite la interpretación de su desarrollo
actual y las proyecciones del mismo. Desde el siglo XVI hasta
nuestros días esta región se ha caracterizado por una serie de
desarrollos económicos que han tenido importancia en la región, y
algunos de ellos han sido de importancia en el contexto del
desarrollo de la unidad nacional. Los grupos indígenas que
habitaban estas regiones a la llegada del español conquistador
sufrieron el avasallamiento y la destrucción completa de sus
economías para dar cabida al modelo jesuítico de las haciendas y
las encomiendas. De este modelo histórico proviene el hato llanero,
como forma tradicional de explotación del medio. (Romero, M.E.,
1984)
Este análisis conduce a enumerar las tendencias de desarrollo
económico reciente y el papel que la sociedad colonizadora
desempeña actualmente en los territorios de oriente del país.
1. La sociedad llanera: una sociedad de colonización
La actividad primordial adelantada en la Orinoquia colombina ha
sido la explotación de los recursos del medio. La y la conquista de
nuevos territorios. Ha sido entonces, una sociedad de colonización.
Originalmente las misiones jesuítas fueron "empujadas
hacia los llanos, regiones poco codiciadas por los
blancos" (Liévano, pág. 101). A partir del siglo XIX y aún
con mayor auge durante todo el siglo XX los territorios de la
Orinoquia han recibido migraciones procedentes de los llanos de
Venezuela como en el siglo pasado o procedentes del altiplano
andino y del interior del país como la población desplazada durante
y después de la violencia. Las luchas por la tierra en el centro
del país, la industrialización de la agricultura y la ganadería
intensiva ciertamente que han contribuído al desplazamiento del
campesinado hacia el oriente.
Hace ya 100 años que Felipe Pérez, un geógrafo escribía:
"Es cierto que la población de Colombia crecerá en los
próximos cien y doscientos años. La creciente población de las
ciudades de Pasto, Popayán y Neiva ejercerán presión sobre la
cordillera oriental y se desplazarán hacia las selvas abrirán
carreteras, fundarán pueblos y gradualmente penetrarán en las
vastas planicies de la Amazonia" (Crist y Guhl 1956, pág.
392). El pensamiento de Pérez parece estarse cumpliendo al haberse
abierto durante los primeros cincuenta años del siglo XX las
fronteras de colonización del Sarare, Ariari, Guejar, Duda y
Guayabero, Caquetá y Putumayo
El mestizaje biológico y cultural ocurrido en el territorio de
la Orinoquia durante y después de la conquista española se plasmó
en un grupo étnico-cultural distintivo por sus formas de adaptación
y explotación del medio de la sabana y los ríos. Este sector de la
sociedad llanera ha estado en constante proceso de modificación y
adaptación a las nuevas situaciones económicas y políticas.
"El llanero vive en los hatos, en construcciones
provisorias, pobres e insulares que frecuentemente abandona. La
prestación de su mano de obra es intermitente, pues nada le ata a
su patrón, es en cierto sentido un nómade" (Cobos M.T.,
1966, pág. 75). Los grupos vinculados a la economía de subsistencia
se denominan vaqueros y conuqueros y conforman los mismos grupos de
mensuales y vaqueros que se acercan a los hatos durante las épocas
de trabajos de llano (trabajos de ganadería). Los grupos
anteriormente mencionados no tienen propiedad sobre los medios de
producción, en pocos casos sobre la tierra puesto que sus conucos
forman parte de fundaciones y linderos de los hatos y más bien
desempeñan el papel de cuidanderos y vigilantes (una descripción
etnográfica acerca de los grupos que conforman la sociedad llanera
se encuentra en PHC Casanare. Capitulo III). Unicamente cuando se
procede, o mejor "se procedía a la hierra de orejanos y
mostrencos, adquirían los llaneros, propiedad sobre los
animales" (Cobos, op. cit).
La conformación de los suelos y pastos de la Orinoquia solamente
permite la explotación ganadera mediante la destinación de grandes
extensiones de tierra por cabeza (siete hectáreas por cabeza). El
sistema de tenencia tradicional de la tierra en la sabana da
usufructo de miles de hectáreas a una persona o familia,
pareciéndose a las haciendas de los jesuítas que iban de costa a
costa de los ríos.
La sociedad llanera también comprende aquellos sectores de
comerciantes y del Estado o instituciones que de una u otra forma
tienden a ser intermediarios de bienes y servicios entre la
sociedad del interior y la de la sabana. Esta sociedad de
colonización abarca también los grupos migrantes del interior del
país y cuyo papel ha sido la ampliación de la frontera económica
del piedemonte (Meta, Casanare, Arauca, Guaviare) (Romero, M.E.,
1972), y parcialmente la de las sabanas del Vichada, mediante la
apertura de terrenos para cultivos y pastoreo. Sin embargo, la
modalidad de la colonización ha dado resultados diferentes.
La Orinoquia colombiana equivaldría al oeste americano que
desempeñó su papel en la historia de una nación. Esa colonización
de la Orinoquia y la apertura de fronteras agrícolas significa que
se han conquistado aquellos territorios en donde existía el recurso
preciado y necesitado en el momento: la tierra. Por varios siglos,
ya lo hemos visto, productos como el caucho, la quina y otros,
desempeñaron ese papel (Crist y Guhl, 1956, pág. 392-414).
Los móviles o razones para que esta región del país haya
recibido tanta población en los últimos 30 años son entre otros: el
sistema de tenencia de la tierra en el interior del país, los bajos
salarios y la baja productividad de la tierra, el apoyo del Estado
a la colonización que ha motivado a los campesinos a buscar mejores
oportunidades, el deseo a su vez, de poseer tierra propia (PHC
Arauca s.p.).
Los tres grandes sectores que conforman esta sociedad en su
manifestación dinámica son: el sector indígena, el sector llanero y
el sector colono.
La competencia por el territorio de sabana se ha presentado con
los indígenas desde tiempos inmemoriales. Los recursos y el manejo
de los mismos plantean enfrentamientos violentos puesto que los
indígenas explotan alternativamente la sabana y los bosques de
galería. Actualmente la fauna de la sabana está exterminada, y la
ampliación de la frontera económica (hacia regiones de refugio
indígena por ejemplo, Vichada) la acorrala cada vez más.
Todo parece indicar que los grupos étnicos culturales de la
Orinoquia colombiana se han asentado en diferentes nichos
ecológicos y de su intercambio con el medio derivan las relaciones
de producción. Así por ejemplo, el indígena ha sido un grupo
tradicionalmente habitante de la sabana, ahora impulsado a la selva
por el colono. Los sistemas ecológicos y las relaciones de
producción se resumen en el diagrama siguiente.
a. La presencia del elemento indígena en la Orinoquia
colombiana
La perspectiva de la historia económica de la Orinoquia
demuestra cómo, debido a la colonización del blanco, desde el siglo
XVI los grupos indígenas fueron acabados y aniquilados
sistemáticamente. Durante el último siglo esta situación ha sido
especialmente angustiosa para los aborígenes de las sabanas, debido
a la colonización y apropiación de los recursos de la naturaleza.
Debido a esta situación, los grupos han tenido que migrar cada vez
más al oriente y aún a Venezuela (Romero M.E., 1972). La visión de
cronistas y viajeros del siglo pasado por las regiones de la
Orinoquia también contribuyó a formarse un concepto y tomar una
posición acerca de la indocilidad de los grupos indígenas.
En las sabanas del Vichada se encuentran Guahibo, Puinave,
Piaroa, Sáliva, Curripao, en los ríos Muco, Guarrojo, Vichada,
Vita, Alto Tomo, Cegua, Cadá y Uva y también en los núcleos urbanos
de Puerto Carreño y Casuarito. La situación económica y social en
las sabanas del Vichada especialmente alrededor de la región de
Planas conllevó a que en 1970 muchos de los aborígenes de esta
región migraran hacia el sur, a asentarse en regiones no ya de
sabana sino de selva (ríos Uva, Iteviare y Guaviare).
Durante los últimos siete años se han reglamentado y adjudicado
algunas reservas. La política se ha orientado a dar reservas a
aquellos grupos indígenas que están más cerca de regiones de
colonización y dejar en segunda instancia la creación de reservas
en regiones más alejadas de conflictos por la tierra. Aparentemente
en estas regiones de reserva se ha dado y continúa dándose un
aumento en la densidad de población (PHC Vichada, pág. 62-64).
Existen algunas reservas, como la Caño Mochuelo (Casanare) que aún
no ha sido saneado y tiene colonos dentro de ella. Esta situación
genera continuos conflictos entre los indígenas y los colonos.
El total de población indígena que se encuentra dentro de las
reservas en la Orinoquia es de 12.300 indígenas. El gran total de
la población indígena fluctúa entre 26.313 según el proyecto
Holanda Colombia 1980 y 31.360 según el Ministerio de Gobierno,
1979 (PHC, Tomo I, 1980, p. 213).
El problema más delicado que se presenta entre hacendados,
colonos e indígenas en las sabanas es el de la apropiación de las
tierras puesto que los primeros exigen tener posesión sobre la
tierra y los indígenas, en su mayoría nómades, han tenido que
variar su economía y formas de subsistencia para adaptarse a una
nueva situación. La gran mayoría de los grupos nómades se ha
sedentarizado. Es posible que entre los pocos grupos nómades
solamente se puedan mencionar un grupo de Cuiva del Tomo-Tuparro y
un grupo de Siripu (Cuiva) del caño Aguasclaras (Casanare). La
economía de los grupos indígenas de la Orinoquia se caracteriza por
estarse adaptando continuamente a las circunstancias sociales y
políticas que se presentan en el medio circundante. Por ello
existen aún unos pocos grupos de cazadores nómades, recolectores y
pescadores estacionales y unos agricultores situados en riberas y
caños, ríos y zonas interfluviales.
b. Las fronteras de la colonización
Un análisis detenido de las formas de colonización de la
Orinoquia colombiana permite detallar las tendencias que orientan
dicho fenómeno y las perspectivas que se presentan para un
futuro.
Los frentes más importantes de colonización actualmente son:
1. El Sarare Araucano
2. Casanare: el sector de Aguazul-Yopal y Villanueva, área de
piedemonte y sabana.
3. La selva del Ariari-Guejar.
4. La selva del Guaviare (a todo lo largo del río).
5. La sabana del Vichada.
La procedencia de esta población migrante han sido
principalmente los departamentos de Santander, Norte de Santander,
Tolima, Boyacá, Huila y Cundinamarca (Romero M. E., 1984:
263-273).
Las características físico-naturales de estas fronteras de
colonización son: piedemonte, llanuras aluviales de desborde y
terrenos planos y ondulados (ver cuadro No. 1, "Medio
geográfico y formas de explotación y producción en frentes de
colonización").
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ARAUCA
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CASANARE
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META
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VICHADA
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GUAVIARE
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Piedemonte
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Tame
Saravena
Arauquita
Fortul
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Agricultura Cultivos:
cacao, maíz, yuca, plátano, colonización en auge
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Yopal
Aguazul
Nunchía
Tauramena
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Cebaderos, agro-industria en desarrollo, agricultura de
subsistencia grandes propietarios y colonos.
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Villavicencio y municipios, zona de influencia (Acacías,
Restrepo, Cumaral, Guaroa); agroindustria, ganadería de ceba y
leche; pequeños propietarios parceleros y grandes extensiones
cultivables
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Sabanas artificiales
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Cerca a Tame
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Praderas artificiales
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Cerca de Yopal y Aguazul.
Ampliación de frontera económica. Ganadería intensiva y
agricultura comercial. Grandes extensiones. Pequeños colonos.
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Vegas y sabanas. Zona de influencia: Villavicencio. Agricultura
comercial. Agroindustria. Grandes extensiones
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Sabanas Naturales
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Arauca
Cravo Norte
Pto. Rondón
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Ganadería extensiva hatos, fundos, pastos naturales. Quema en
la sabana. Latifundios
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Mani, Orocué, San Luis de Palenque Sabanalarga, Villanueva,
Hato Corozal, Trinidad, Paz de Ariporo
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Ganadería extensiva, Hatos, fundos, agricultura subsistencia
latifundios.
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Cabuyaro
Pto. López
Pto. Gaitán
San Martín. Ganadería extensiva en transición
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Pto. Carreño
Sta. Rita
Pto. Nariño
Zunape
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Agricultura subsistencia (conucos). Ganadería extensiva
latinfundio
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Selva
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Selvas de Lipa y Banadia
Extracción de madera
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S. La Macarena. Colonización
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Selva del Tuparro y riberas del río Guaviare. Agricultura de
subsistencia (conucos) y extractivas
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Colonización auge. Ganadería en praderas. Agricultura
comercial. Industrias
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Elaborado por: M. E. Romero, 1983
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c. La explotación ganadera tradicional y tecnificada
A partir de la experiencia de los jesuítas y basada en la
explotación de grandes extensiones de tierra, la actividad
económica fundamental de las sabanas de la Orinoquia ha sido la
ganadería extensiva. Esta se lleva a cabo en las sabanas de San
Martín, el Meta, Casanare, Arauca y con mayor empuje en el Vichada.
El principio básico de la ganadería tradicional es la propiedad de
un gran número de cabezas de ganado las que se cosechan una vez al
año a través de los denominados trabajos del llano (trabajos de
llano en verano y la saca en junio-julio). Las relaciones de
producción de la ganadería tradicional parten del principio de que
el capital está representado en ganado, el precio de la tierra está
determinado por el número de cabezas que pasten en él. Antiguamente
se consideraba más el usufructo de la tierra que la propiedad sobre
la misma. Sin embargo, la presión sobre la tierra y la
modernización de los medios de comunicación ha generado profundos
cambios en las formas de tenencia. La extensión tradicional de los
hatos es, en la mayoría de las veces incalculable: "El
latifundio se afirmó en la región con la Ley 97 de 1946 donde se
reglamentó la adjudicación de baldíos... en las zonas en las que
prevalezcan sabanas de pastos naturales como en los llanos de San
Martín y Casanare, las adjudicaciones a título ganadero podrán
hacerse hasta por cinco mil hectáreas... " (Moya y Ortega,
1979, pág. 31).
El precio de la tierra también está determinado por las mejoras
como cercas, abrevaderos, pastos, vivienda, etc., que tenga el
terreno. El conjunto más grande de un territorio dedicado a la
economía se denomina hato a diferencia de la fundación que son
aquellas partes o fincas que conforman un gran hato. En algunos
casos las fundaciones son extremas del hato donde un pequeño
terreno es dado en administración a un trabajador para que éste la
usufructúe y a su vez, cuide los linderos. (Una ampliación de los
aspectos socio-económicos y culturales del hato llanero se
encuentra en PHC Casanare, Cap. III). La gente que vive en una
fundación se dedica simultáneamente a las actividades de la
ganadería casi exclusivamente en verano: marcar, herrar, vacunar,
etc., y a la siembra de productos de subsistencia en los conucos
(Romero, M.E., 1984: 275-284).
La ganadería llanera tradicional, puesto que parte del principio
de la propiedad del ganado más que de la propiedad de la tierra,
considera (costumbre que se está acabando) que una persona puede
marcar todos aquellos ganados que pasten en la sabana (mostrencos y
orejanos). El principio de propiedad del ganado parte de la marca,
de allí la cantidad de modalidades para falsificar y modificar las
mismas. La ganadería tradicional se había adaptado a una
explotación de los nichos ecológicos de la sabana, matas de monte y
sabanas, de tal forma que el ganado permanecía en la sabana en
invierno cuando ya ha crecido el pasto y en las matas de monte en
verano. Las denominadas "sabanas comunales" son
grandes extensiones de terreno, sin cercas, a donde pastan ganados
de varios dueños. Estas aún subsisten en algunos sectores de las
sabanas de Arauca y Casanare, mas no en las sabanas de San Martín y
el Meta, donde la apropiación individual de la sabana no ha dejado
terreno libre. La agricultura comercial y la ganadería tecnificada
ha venido a reemplazar a la ganadería tradicional y por lo tanto a
reafirmar la propiedad individual de la tierra.
(Este tema se amplía en PHC Meta, Cap. III).
Tanto en el piedemonte Metense como en el de Casanare se han
desarrollado praderas artificiales para tecnificar los cebaderos
del ganado que viene del llano adentro. El incremento en los
últimos años ciertamente que se da en las hectáreas del piedemonte
vinculadas a la ganadería intensiva, empresa que lógicamente no
puede ser asumida por un pequeño colono sino por el gran capital.
De esta forma, el pequeño colono sigue siendo desplazado sea por el
capital vinculado a la ganadería intensiva o a la agricultura
comercial. La transición en el valor de la tierra generado por la
siembra verdaderamente rentable y conservación de pastos
artificiales ha conllevado a que la ganadería tecnificada sea una
empresa netamente capitalista. Por lo general, las tierras
"buenas" del piedemonte y las vegas de los ríos
se dedican a la agricultura y las tierras "malas"
(sabanas y serranías) se dedican a la ganadería intensiva. Es un
proceso que está ocurriendo en el piedemonte del Meta, por
considerarse esta región la despensa de Bogotá y tener mejores vías
de comunicación en el altiplano andino, parece ser más rentable que
el capital se vincule a la agricultura comercial que a la ganadería
tecnificada.
En el piedemonte de Casanare está ocurriendo el mismo fenómeno,
un poco más retrasado debido al estado tan precario de las vías de
comunicación con el altiplano. Se hace necesario en este punto
distinguir entre las sabanas artificiales o sea aquellas praderas
mejoradas, dedicadas a la ganadería tradicional. La perspectiva
futura es que la frontera de expansión económica se siga ampliando,
pero existen territorios de sabanas naturales (como la serranía por
ejemplo) a donde será muy difícil que se vincule el gran capital
para transformarlas técnicamente, o aquellos territorios de
sabanas, muy alejadas de las vías de comunicación, donde las altas
inversiones no son verdaderamente rentables.
Un resumen de la dedicación de las sabanas de la Orinoquia
colombiana nos permite formular la siguiente apreciación:
1. Serranía oriental del departamento del Meta y el Vichada, y
las llanuras de desborde de Arauca y Casanare se dedican a la cría
y levante.
2. El piedemonte de Casanare y el Meta se dedican a la ceba.
3. El piedemonte araucano se dedica a la ceba (Tame y Saravena
en menor cuantía al piedemonte del Meta y Casanare debido a la
falta de vías).
Según los últimos informes, el desarrollo del pasto Carimagua
por el ICA - Instituto Colombiano Agropecuario - significará la
incorporación de más de 580.000 hectáreas de la sabana a la
ganadería en los próximos 10 años. Con el "Plan indicativo
para el desarrollo ganadero de la altillanura colombiana"
se espera "aumentar la producción actual de cinco
kilogramos de carne por hectárea año en el departamento del Meta,
gracias a la utilización de pastos mejorados, suplementación
mineral, cruzamientos comerciales y manejo reproductivo de la
región" (El Espectador, junio 12, 1981).
La altillanura o sabana comprende 2.900.000 hectáreas; con el
proyecto se pretende modificar un 20% o sea 580.000 hectáreas.
Sin embargo, es necesario hacer énfasis y claridad sobre el
monto de hectáreas potencialmente "vinculables" a
la ganadería así sea tecnificada. Existen áreas, como la serranía
por ejemplo, que ocupa un 8% de las sabanas de la Orinoquia que no
son potencialmente vinculables a una ganadería tecnificada debido a
las características de sus suelos. El panorama socioeconómico de
esta región se verá modificado por las explotaciones de petróleo,
en especial con los hallazgos recientes en territorios de Arauca y
Casanare.
2. El medio social en que se desenvuelve la música llanera
La explotación tradicional de la ganadería llanera en grandes
extensiones emprendida desde el siglo XVII por los misioneros y
colonizadores representa aún hoy una de las formas productivas más
importantes de la región de los Llanos, tanto de Colombia como de
Venezuela. El hato llanero representa la unidad territorial de
propiedad alrededor de la cual giran las actividades de la
explotación ganadera. Por razones de clima y lluvias, los
denominados trabajos de llano que comprenden la marcada de orejanos
y mostrencos, hierra y separación de crías y novillos fértiles,
solamente se lleva a cabo en verano durante los meses de diciembre
a marzo. Alrededor del hato llanero y dentro de su territorio
existen los asentamientos de los denominados vaqueros o conuqueros,
habitantes en muchos casos de los linderos de los hatos y vegas de
los caños y ríos. Su función puede ser la de vigilar que nadie
construya fundaciones dentro de los límites del hato. Estos se
dedican al cultivo de productos para la subsistencia como topacho,
plátano, yuca y frutales. Participan de los trabajos de ganadería
cuando son requeridos para ello.
La sociedad llanera se ha desarrollado históricamente alrededor
de un proceso de colonización. Por ello se entienden las
migraciones sucesivas de población que han venido a incorporarse a
la sociedad llanera y a formarla, durante los últimos 120 años. La
historia económica de la región de los Llanos Orientales se
caracteriza por la existencia de una sociedad orientada
principalmente hacia la explotación de los recursos naturales (i.e.
caucho, pieles de animales, plumas de garza, aceite y huevos de
tortuga, resinas vegetales, etc.) y durante los últimos 15 a 20
años, hacia la producción agrícola comercial o intensiva, así como
hacia la ganadería tecnificada.
El llanero fue el resultado del mestizaje entre el conquistador
europeo y el indígena. El elemento negroide también tuvo su
participación en el mestizaje la región orinoquense. Es posible
afirmar que existió mucha más población negra en los llanos de
Venezuela que en los de Colombia. Se pueden mencionar alimentos,
costumbres, palabras y artefactos de la cultura material que el
llanero ha adoptado del indígena. Durante el auge del comercio
fluvial por los ríos Arauca, Meta y Orinoco, desde 1825 hasta 1920
aproximadamente, población venezolana y otros inmigrantes vinieron
a poblar las sabanas de los llanos y los pueblos a la orilla de los
ríos. Esta breve caracterización de la sociedad llanera permite
comprender que es un conglomerado de una dinámica constante y que
esta dinámica ha dependido del desarrollo de sus fuerzas
productivas.
Es necesario por ello comprender la música llanera como una
manifestación más del modus vivendi del llanero que habita los
hatos de las sabanas, fundaciones, conucos y pueblos Siendo la
ganadería el régimen de producción predominante, éste ha dado paso
a las manifestaciones alrededor de los cuales gira la música
llanera. Entre estas figuran los trabajos de llano, el coleo, las
peleas de gallos, entre otros, tradiciones que representan
productos típicos de esta sociedad de sabana. Los Llanos Orientales
de Colombia y los Occidentales de Venezuela conforman una sola
unidad antropogeográfica con una historia cultural y algunas
diversidades en su historia económica. Por ello, las
manifestaciones culturales de ambas regiones son tan similares.
Esta unidad también se manifiesta en los lazos de parentesco que
tradicionalmente han unido a los pobladores de ambas sabanas, donde
la única frontera que existe es la entidad político administrativa
de las naciones de Colombia y Venezuela.
Existe toda una dimensión lingüística y cultural de las
expresiones, giros y palabras utilizados en la región de los Llanos
Orientales, conjunto que conforma un lenguaje distinto al español
que se habla en el altiplano y en las costas del país (De Armas,
1962). Entre estos se distinguen los colores y nombres de animales
(reses y caballos), plantas y adjetivos calificativos o
admirativos. Por ejemplo, para los caballos, barroso es blanco
oscuro; encerado es bronceado; lebruno es amarillo claro; araguato
es amarillo muy encendido casi rojizo; porcelano es muy blanco;
rucio paraulato es blanco grisoso, alazán, etc.
Una de las aficiones también de abolengo andaluz es la riña de
gallos. "Para la pluma de estos también tiene el llanero
su vocabulario: cabagüey, giro, pinto, talisayo, zambo, jabado,
cenizo, gallino, marañón y candelillo" (Mendoza, Daniel,
1846).
Las tradiciones culturales de esta región están además
íntimamente vinculadas a los recursos del medio ecológico; así por
ejemplo abundan las leyendas, relatos y dichos relacionados con las
aves, caimanes, monos aulladores, animales de los cuales se les
adscriben determinadas cualidades, y, en algunos casos, propiedades
curativas o mágicas (Mendoza, 1846).
Como la oración de los curanderos en Guadualito, utilizada en
casos de mordedura de culebra:
Animales perjuros, yo te conjuro
ha de morir en la misma sangre de uno en uno
San Simón y San Juan Cirineo, creo, creo, creo.
Míralos, míralos, Amén, Jesús.
San Pablo que fue querido y de Dios tan poderoso
San Marcos Bendito
Líbrame de este venenito.
(Armas C.J.A., 1962)
Abundan las leyendas como la de la Bola de Fuego, el Carro
Fantasma, el Duende, la Casa de Hiero o la del Tesoro de
Caribabare, el cual dicen que está enterrado cerca de Santiago de
las Atalayas en el piedemonte de Casanare; o la del Buque de los
Alemanes, enterrado en algún morichal en las sabanas del Vichada
(Torres, 1968).
La medicina popular se ha desarrollado en el uso de numerosas
plantas, infusiones y fomentos donde el onoto, escorzonera,
fortunanegra, silbadora, pegapega, el malojillo, zábila, tártago,
cocoyo, el berro, la flor de mayo, y otras son utilizadas con
propósitos medicinales. "Tanto Humboldt como Bonpland
clasificaron muchísimas de estas plantas en sus trabajos de
botánica, pero puede decirse que el reino vegetal llanero aún
permanece desconocido para la ciencia. Sólo puedo asegurar que
pasan de dos mil" (Mendoza, 1846, Romero, M.E. m.s.).
La música y cultura llaneras reflejan el sentir del llanero ante
la naturaleza que lo rodea y conforman un acervo cultural expresivo
de su posición ante el mundo. El llanero ha aprendido a tocar el
arpa y el cuatro en los hatos después de las jornadas de trabajo, o
en los pueblos durante las fiestas que se celebran. Después de
sabanear el ganado o en la compañía de parientes y amigos se buscan
las pisadas y los tonos y aprende a tocar mirando cómo lo hacen
otros; el llanero le canta a la naturaleza, a los bancos de sabana,
morichales y esteros, a los animales como el carrao, el alcarabán,
el borugo, aguaitacaminos, el cristo fue y muchos otros animales a
los cuales el llanero personifica en sus cantos, dichos y leyendas,
adjudicándoles propiedades, cualidades y defecto
"El arpa llanera llegó a las pampas de Apure navegando
río arriba, en una carabela de la conquista. Tiene la misma forma
del arpa europea, construída rústicamente de madera de cedro con
dos huecos en el vértice de la caja y uno algo más grande en el
vientre. Los bailes son generalmente en un caney de palmas, de
bohío amplio, donde caben holgadamente danzando veintiocho y
treinta parejos. El escobillero o zapateo del joropo tienen
variedades tan ingeniosas y originales como la música. Bailan
asidos mujer y hombre muy estrechamente, y ambos se corresponden en
acordar el tono haciendo resonar sus pisadas en el suelo"
(Mendoza, 1846).
Además de la interpretación de los instrumentos como el arpa,
cuatro, maracas o capachos y bandola el llanero contra lo que
denomina copla fina o saeta y demuestra sus excelentes cualidades
de improvisación en el contrapunteo, cuando se miden dos o más
cantaores para probar quien es el mejor coplero.
El canto llanero está enraizado en los cantos de trabajo de
llano, cuando los vaqueros sabanean el ganado. A veces, entre una
copla y otra se silba la melodía. Una canta llanera típica es:
"E.... ay.... mi mujer y mi caballo
se me murieron a un tiempo
mi mujer yo la perdono
mi caballo es lo que siento.
Los novillos me preguntan
dónde murió el toro gacho
en el camino real de Apure
al pie de un "quiebrajacho".
A las cuatro muere el sol
en los brazos de la tarde
por eso la triste noche
viste de negros pañales".
Los galerones (galerón corrido) se relacionan al adjetivo
llanero de galeroneado, o sea "sin tomar
aliento". Un cancionero popular venezolano aclara esta
interpretación:
Despiértese compañero.
Despierte si está dormido
mira que voy a cantar
el galerón corrío"
(Grases P., 1947)
La poesía popular llanera, los versos de los corríos (corridos)
y joropos vienen a formar el corpus de un Romancero propiedad de
los vaqueros y habitantes de las sabanas (Sabio Ricardo, 1963):
Mira tú si estaré triste
que coge sabana un toro
le echo encima el rucio-moro,
y al tumbarlo, diligente,
repite el eco doliente:
"Cuando estoy a solas lloro".
Una descripción de los años 1846 sobre el coleo nos muestra cómo
era en la época dicho evento:
"En tales fiestas todo el mujerío joven y gracioso sale
a las ventas de la calle a donde van a ser corridos los toros. Los
lidiadores a caballo, en poderosos potros, procuran derribar las
reses en vertiginosa carrera frente a la ventana donde se agrupan
las mujeres más hermosas. Cada toro derribado es un lazo de cinta o
un ramo de flores que las mujeres prenden en el pecho o en el
sombrero del jinete..." (Mendoza, D., 1846).
Las tradiciones culturales de los Llanos incluyen celebraciones
especiales para la Semana Santa cuando "no hay cura, no
voy a misa, y que le vamos a hacer, pero acérquese a la mesa, que
es tiempo de comer". En esos días hacen rancherías en las
playas de los ríos, para pescar y cazar chiquires, galápagos,
recoger huevos de tortuga, manjares que son preparados luego en los
caneyes. Se juega a la taba o a los dados, apuestan mararayes, en
el azar del castillo o de la troya; y se preparan platos como los
buñuelos, carapacho de morrocoy, presas de galápago empantalonadas
en masa de maíz, dulce de lechosa, majarte, vino de palmo y café
negro. Se come catibía (alimento indígena a base de yuca), casabe,
tungos de jojoto y ayacas (Loyo, 1961).
Hay celebraciones en muchos de los pueblos del Llano en honor de
la Virgen; en Paz de Ariporo y Orocué en honor de la Virgen de
Manare y de la Candelaria, respectivamente, se celebran las fiestas
de San Pascual Bailón, San Juan, San Pedro y San Pablo, entre
otros: También en otros tiempos se hacían los velorios de la Cruz
de Mayo cuando en ese mes "revientan las semillas de
árboles y flores y vienen las primeras lluvias". Se
tiraban cohetes y se hacía una cruz con flores de rosal, albahaca,
y laurel. En el altar se colocaban bujías (velas) de cebo y se
organizaban con los capitanes de velorio, primero los rezos, y
luego los bailes, después de tapar con unas telas la cruz. Se
procedía luego a los juegos como la cadena de amor, las prendas, o
el aguacerito de Dios.
Algunos dichos llaneros son:
"El cachicamo trabaja pa' la lapa"
"El llanero no toma caldo ni pregunta por
camino"
"P' lante porque p' atrás asustan"
"Con aguacero ventiao no hay araguato que
duerma"
"Al pendejo no le ojila ni que pesque en
ribazón"
"... de donde se le fueron los toros a
Peña..."
"Guarde pan pa' mayo y malojo pa' su
caballo"
"Perro viejo late echao"
"Morrocoy no trepa palo ni cachicamo se
afeita"
"Cabras dan leche"
"Más triste que perro embarcao"
"Más triste que guahibo sin puya"
"El buey manso un día se cansa"
"El que no tenga quien lo meza que saque la pata y se
meza"
"Caminar el Pirutu"
"El muerto al hoyo y el vivo al rollo"
"Ni burro es bestia ni casabe es pan"
"Se le aguó el guarapo (acobardao)"
"Zamuro no come alpiste"
"Zamuro come bailando"
"Zamuro no cae en trampa, ni gavilán en la
acera"
"Zamuro no come queso porque no tiene
serrucho"
"Donde canta loro real, no canta
cucarachero"
"Una vaina es nacer pobre y otra dejarse
joder"
Se hacían velorios de angelitos con ocasión de la muerte de un
niño. Se vestía un altar y un ataúd con el cuerpo del niño. Rodeado
de flores y velas, se le rezaba. Luego venía el baile. Cuentan que
se acostumbraba también a quemar la casa cuando se moría un hijo de
la familia, costumbre que parece haber sido heredada de los
indígenas de las sabanas.
Conclusiones
Este breve intento de caracterización de la sociedad de la
Orinoquia colombiana y de los elementos que la constituyen ha
permitido analizar sus relaciones productivas y las relaciones que
guardan estos grupos entre sí. Cada uno de estos es portador de una
tradición cultural y musical que los distingue de todos los demás
sectores que integran la nacionalidad colombiana. Las
manifestaciones musicales de los grupos indígenas de esta región
bien merecían un capítulo aparte, un estudio detenido que de no
llevarse a cabo pronto seria imposible desarrollar debido a que ya
muy pocos grupos construyen los instrumentos musicales autóctonos e
interpretan las melodías.
La música llanera es pues, la manifestación cultural de las
formas de vida asociadas a la explotación ganadera y agrícola y
habrá de modificarse en el futuro en sus ritmos, instrumentos y
temática, siguiendo los cambios sociales y económicos que tengan
lugar en la región.
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III Congreso de Antropología de Colombia. Simposio sobre
Identidad y Diversidad Cultural. Bogotá, 15-19 Junio, 1984.
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