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INDICE
NOTA PRELIMINAR
Prólogo
DEMOGRAFÍA Y POBLAMIENTO
EL ESTADO EN LA ORINOQUIA COLOMBIANA
LA ORINOQUIA COLOMBIANA: SOCIEDAD Y TRADICION MUSICAL
Bibliografía sobre cronistas y viajeros de los Llanos Orientales de Colombia siglos XVIII y XIX
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ENSAYOS ORINOQUENSES
II. EL ESTADO EN LA ORINOQUIA COLOMBIANA
1. LA ORINOQUIA DURANTE EL SIGLO XIX: PRESENCIA DEL
ESTADO
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Este escrito describe brevemente las líneas generales del manejo
político administrativo en la región denominada Orinoquia durante
el siglo XIX e interpreta algunas de las acciones del Estado en
términos de la proyección que esta región tiene en el futuro del
país. Esto permite analizar las tendencias que ha tomado este
manejo administrativo y sus repercusiones en las políticas y
programas hacia la región. Más que un ensayo descriptivo pretende
esbozar una propuesta para que los estudiosos de la historia de la
región procedan a examinar más de cerca los procesos políticos y
administrativos de la presencia del Estado a la luz de los hechos
históricos y económicos que ocurrieron en el interior del país
durante el siglo XIX.
En el siglo en cuestión, el manejo administrativo se redujo al
manejo de algunos bienes del Estado o al control de aquellos que
podría gravar con impuestos. La industria y el comercio durante él
lapso comprendido entre 1818 y 1920 incluyeron la importación de
aguardiente, vino y otros productos europeos y la exportación de
sebo, víveres y pieles. Las políticas viales durante el siglo XIX
están enmarcadas en el interés por explotar los recursos naturales
(i.e. quina, caucho, sarrapia) y por la exportación de pieles de
animales (i.e. de caimán, de babillas y cueros vacunos)
especialmente por las vías fluviales del Orinoco, el Arauca y el
Meta.
Las políticas y programas que el Estado Colombiano ha diseñado
durante el siglo actual forma parte de los planes de desarrollo
elaborados para todo el país a partir de la década del 50. En ellos
se manifiestan: un interés por desarrollar el oriente del país con
los mismos criterios utilizados en el desarrollo de la zona Andina
y Occidental, y en segundo lugar, se diseñan como una respuesta
tentativa que el Estado da a la presión colonizadora y a la
situación de orden público después del año 1953. Sobresale en esta
época el Plan de Rehabilitación del Llano, emprendido rendido por
la Caja Agraria entidades, después de la entrega de las armas por
parte de las Guerrillas del Llano.
Es notorio, sin embargo que, a la Orinoquia no ha llegado el
desarrollo industrial que marcó el auge de regiones como el Valle,
Antioquia y el Altiplano Cundiboyacense. Una de las formas como se
manifiesta este manejo político administrativo es la continua
consideración, de los territorios de la Orinoquia como marginales y
por ello se les ha asignado un régimen administrativo y
presupuestal especial. En estos últimos años tiende a desaparecer
de la literatura oficial el término "Territorios
Nacionales" nombre como se conocieron las sabanas y selvas
del oriente durante muchos años. La continua pugna que existió
entre las tendencias centralistas y federalistas durante el siglo
pasado incidió en el tipo de régimen que la naciente República
adoptó para estos territorios.
El centralismo del Estado se ha consolidado durante el siglo
actual en forma tal que repercute en el desarrollo de estas
regiones y en sus relaciones con el interior del país. En las
cercanías del siglo XXI es interesante reflexionar acerca del
devenir histórico de la región cuando el Estado ha adoptado algunas
medidas administrativas como la elección popular de alcaldes, el
Estatuto de Descentralización de los Municipios (Ley 12 de 1986 y
Decreto 77 de 1987), y, aparentemente es una realidad la creación
de los departamentos de Arauca y Casanare.
La Administración de la Orinoquia durante el siglo XIX
Al finalizar el régimen colonial con el triunfo de la causa
libertadora los territorios que comprenden la Orinoquia formaban
parte del virreinato de la Nueva Granada y constituían la provincia
de Casanare cuya capital era Pore. El resto del territorio estaba
adscrito a la provincia de Santa Fe cuya capital era Santa Fe de
Bogotá. La estructura administrativa impuesta por el régimen
español consistía en una Real Audiencia con sede en Santa Fe, la
cual tenía un cabildo en la ciudad de San José de Pore.
El régimen colonial de impuestos gravaba la exportación de
bienes que se producían como cueros vacunos, cacao, ganado
caballar, café, azúcar, algodón y mieles. La producción de tabaco
estaba controlada en Támara y Pore, localidades donde existía
estanco de tabaco.
Las principales vías de comunicación en esta época no eran más
que caminos de herradura, algunos de ellos empedrados. Rastros de
éstos aún se conservan. Estas vías se pueden enumerar así: 1.
Camino de Sácama a Tame; 2. La ruta Tame-Macaguane-Banadía hasta
San Lorenzo en las bocas del río Arauca; 3. El camino
Tame-Betoyes-Pore-Nunchía-Marroquín-Labranzagrande-Páramo de San
Ignacio; 4. La ruta Moreno-Arauca y Moreno al río Casanare, hasta
el Apostadero del Meta; 6. El camino real Támara-Aguablanca-Laguna
del Venado-Socha-Socotá; 7. El camino del Valle de Tenza; y 8. La
ruta de Gachalá a Medina.
La legislación española se conservó en algunos aspectos que no
fueran contrarios a las disposiciones republicanas que se fueran
reglamentando. A lo largo del siglo XIX se observan modificaciones
político-administrativas que si bien cambiaron el mapa de la
República, no significaron un desarrollo para estas regiones.
En el Congreso de Cúcuta no se modificó la división
político-administrativa pero se abolieron los resguardos y los
tributos de los indígenas. La organización de la Gran Colombia se
promulgó en 1825 y comprendía los territorios actuales de
Venezuela, Colombia y Ecuador, denominados departamentos. La
consecuencia de la convocatoria del Congreso Admirable en enero de
1830 y de un Congreso Venezolano convocado por Páez en Valencia en
abril de 1830 fue la disolución de la Gran Colombia. Ecuador siguió
ese mismo año el ejemplo de Venezuela.
La convención de las provincias centrales de Colombia, que antes
formaban parte del virreinato de la Nueva Granada tuvo lugar
"el 17 de noviembre de 1831 y se promulgó una Ley
Fundamental del Estado de la Nueva Granada, según la cual en su
artículo lo. las provincias del centro de Colombia forman un Estado
con el nombre de Nueva Granada" (Tirado Mejía, 1979: 328).
Allí aparecen los territorios de San Martín y la provincia de
Casanare. A partir de ese momento se expidieron durante el siglo
XIX seis constituciones. Asímismo, a más de decenas de rebeliones
locales se presentaron ocho grandes guerras civiles; la de 1838 a
1841 conocida como la Guerra de los Conventos o de los Supremos; la
de 1851, llamada de Terratenientes y Esclavistas; la de 1854,
conocida como la de Gólgotas contra Draconianos; la de 1859 a 1862,
de los liberales federalistas contra Mariano Ospina Rodríguez; la
de 1876 a 1877, de radicales contra Nuñistas; la de 1844 a 1855 y
la de 1899 a 1902 conocida como la guerra de los Mil Días. Aún hace
falta examinar y analizar la participación y el acaecer histórico
en la Orinoquia durante estos conflictos, especialmente durante la
guerra de los Mil Días.
Las continuas modificaciones constitucionales, los cambios de
nombres y de capitales y las citadas guerras eran
"expresiones de un debate de intereses e ideas que
comenzaban en la prensa o en la tribuna, pasaba frecuentemente por
los campos militares y se plasmaba en actos constitucionales que
concretizaban intereses, ideas y aspiraciones de los
vencedores" (Tirado Mejía, loc. cit.).
Así por ejemplo, la capital de la provincia de Casanare fue
trasladada de Pore a Támara mediante Decreto 1412 de julio de 1842
y al año siguiente ésta fue nuevamente trasladada a Pore (Decreto
1434 de 1843) con todo el cambio y costo que esto puede significar.
Las exposiciones de motivos no aclaran las razones de estos cambios
pero se vislumbra que estos fueron debidos a intereses políticos
locales más que a razones de orden público y seguridad. Nuevamente,
en 1877, la capital del territorio nacional de Casanare era Tame y
|por razones de conveniencia ésta fue trasladada a Nunchía,
(el subrayado es mío; Decreto 400 de 1877).
Un Estado Republicano surgido de lo que quedó de la Gran
Colombia tuvo que adelantar grandes esfuerzos para tener una unidad
territorial y un consenso político acerca de la unidad de la
Nación. No todos los territorios deseaban anexarse a Colombia
"por ejemplo, a la discusión, expedición y firma de la
primera Constitución Granadina, la de 1832, no concurrieron los
representantes de las Provincias Caucanas de Buenaventura, Chocó,
Pasto y Popayán quienes insistían en anexarse al Ecuador (Tirado
Mejía A. Op. cit. 328-329).
Es bien importante anotar que no solamente la Orinoquia, los
Llanos y la Amazonia han sido tratados
"marginales" históricamente. Siendo una nación de
vocación andina, cuando más de tres cuartas partes de su territorio
son zonas bajas tropicales, ha tratado como
"marginales" en sus políticas de desarrollo a la
Guajira, Chocó, Altiplano Nariñense, entre otras.
Hacia 1844 la provincia de Bogotá, incluía el Cantón de San
Martín y allí solamente se elegía un diputado y "las
Cámaras Provinciales de Casanare, Chocó, Mompox... tenía 7
diputados cada una y eran elegidos así: (Los de Casanare) dos en el
cantón de Nunchía y uno en cada uno de los cantones de Pore,
Arauca, Macuco y Taguana" (Decreto 1577 de 1844). La
recopilación de leyes y disposiciones adelantadas en 1845 dividía
el país en veinte provincias, una de las cuales era Casanare: ésta
incluía seis cantones: Pore, Arauca, Chire, Taguana, Nunchía y
Macuco. Estos dos últimos cantones tenían como cabeceras a Paya
(con seis parroquias) y a Cafifí (con cuatro parroquias) (Londoño
J. 1967: 279-282).
Hacia mediados del siglo XIX se manifiesta un primer intento por
dar a estos territorios "una jurisdicción y manejo
especial". Esto se manifiesta cuando en 1852 la provincia
de Bogotá aún administraba los cantones de Funza, Facatativá,
Cáqueza, San Martín y Calamoima (Decreto 2135 de 1852). El intento
de manejar estos territorios "especialmente" se
manifestó en la cesión a la nación de los territorios de San Martín
en el Estado de Cundinamarca y otros, para erigirlos en territorios
gobernados por un Prefecto. Se aceptó esta cesión por 20 años. De
la misma manera, se hizo una cesión a la nación del Territorio de
Casanare, perteneciente al Estado de Boyacá (Ley 12 de 1869 y
Decretos sin número de 2 de agosto de 1869). En ese momento se
estableció como capital de Casanare a Moreno (cerca del actual Paz
de Ariporo) y como capital provisional del Territorio de San Martín
a Villavicencio.
A finales del siglo aún la Nación no había fijado una política
que dirigiera los destinos de estas regiones y daba pasos para
separarlos de los departamentos. Así se autorizó al gobierno que
"administre dichos territorios como lo juzgue más
conveniente estableciendo las misiones y los empleados a que fueren
necesarios... en cuanto a la administración judicial no se hará
alteración alguna de los expresados territorios, debiendo regir en
ellos, y en cuanto a dicho ramo, la legislación común en el resto
de la República (Ley 13 de 1892). De lo anterior estaban exentas
"aquellas poblaciones que se dominen por medio de las
misiones, las cuales se regirán en todos los ramos de la
legislación por el régimen paternal, que de acuerdo con la
autoridad eclesiástica determine el gobierno" (Ley 13 de
1892).
El interés del Estado por financiar y dar apoyo a las misiones
católicas a las que se encomendó la catequización de los indígenas
y los colegios de misiones se manifiesta durante todo el siglo
pasado (i.e. Ley 1124 de 1838, Decreto 1252 de 1839, Decreto 1356
de 1842). Mediante Decreto 1359 de 1842 los colegios y misiones de
los Territorios de San Martín y Casanare y de otras regiones del
país fueron asignados a la Compañía de Jesús Leyes como la que se
describe a continuación y que daba apoyo en reses y bestias a las
Misiones y Parroquias, fueron derogadas (mediante Ley 2198 de 1853)
a solicitud de la Cámara Provincial de Casanare. La Gobernación de
la Provincia decretó que, "la dirección e inspección de
las haciendas de las misiones del Meta, disponiendo un presupuesto
de trescientos pesos anuales a cada uno de los curas de las
Misiones" y "cuatrocientos pesos anuales al Cura
de Cuiloto, e igual suma a cada uno de los curas que se establezcan
en las nuevas Reducciones. A las parroquias indígenas de Tame,
Macaguane y Betoyes se darán 100 reses a cada una por una sola vez
para que destinen los productos al sostenimiento del culto y con
igual objeto se dará a cada una de las parroquias de las Misiones
del Meta que actualmente existen de doscientas a trescientas reses
de cría y de veinticinco a cincuenta bestias". (Ley 1252
de mayo de 1840).
Por considerar que los territorios de la Orinoquia colombiana
pertenecían en el siglo XIX y aún pertenecen en el siglo XX a los
denominados Territorios de Misiones, y previos convenios
adelantados entre la Iglesia Católica y el Estado, la presencia
institucional ejercida por ésta era, en el siglo pasado, mucho más
importante que la presencia de las entidades Estatales. El régimen
especial presente en el Concordato de 1887 dió jurisdicción y
tratamiento especial a las actividades misionales y educativas de
las compañías de religiosos.
Así por ejemplo, la Ley 1124 de 1838 reglamentó las misiones y
colegios de misiones con pagos de salarios de "$200.oo a
los curas misioneros de Maquivor, Tame, Macaguane, Arauquita,
Cafifi, en Casanare y de $300.oo al de Cuiloto y de $200.oo al de
San Antonio y Jiramena en el Cantón de San Martín… pensiones
eclesiásticas a los curas de Chire, Trinidad, San Pedro,
Barroblanco, Nunchía, La Ceja, Natagá, Limoncito, San Bartolomé,
Manare, Ten y Aguarico... ".
En un esfuerzo por suprimir el contrabando se establecieron
aduanas en Arauca, Bocas del Toro y Guanapalo a partir de 1843
(Decreto 1471) y se crearon, en un intento por reactivar la
economía de la región, dos puertos libres en el país "uno
integrado por los territorios de San Martín y Casanare que habían
caído en la más penosa ruina y con lo cual se buscaba incrementar
la navegación del Meta que había tenido auge años atrás, y el otro,
era el puerto de Cartagena. (Caballero E. 1970: 117).
Se crearon circuitos judiciales en Pore, Macuco, Chire, Arauca y
Tame (Decreto 1144 de 1838) y se organizaron los resguardos de
Policía en Pore, Nunchía y Tame (Decreto 1144 de 1838). Se decretó
también el "establecimiento de oficinas de Registro de
Instrumentos Públicos en) la Provincia de Casanare así: una oficina
en Pore y una en cada una de las cabeceras de Arauca, Macuco y
Tacuana que comprenderá su respectivo Cantón (Decreto 158 de
1844).
La administración de una gran cantidad de bienes como la sal,
los ganados, los garceros, los caminos, puentes y otros medios
estaban controlados por el Estado en varias regiones del país.
Sobresalen en esta época las salinas de Muneque, Recetor, Pajarito,
Chámeza y Cumaral (Decretos 1204 de 1839, Ley 2119 de 1851, Decreto
2541 de 1860 y 4541 de 1869 respectivamente). Es claro que las
continuas guerras civiles ocurridas a partir de mediados del siglo
XIX frenaron el desarrollo económico del país en diversas áreas.
Debido a lo anterior el Gobierno tenía que pagar inmensas deudas
que empobrecían cada vez más el Tesoro Nacional. Los territorios
del oriente del país no permanecieron ajenos a las revueltas ni a
los continuos desórdenes que ocurrían en el interior de la
República.
Un levantamiento acaecido en Arauca en 1895 encabezado por Campo
Elías Gutiérrez, Francisco Su y otros vecinos de El Amparo, tuvo
repercusiones en la región. "Gutiérrez tomó los fondos de
la aduana y la tesorería y empréstitos a particulares. Ocupó la
plaza de Arauca hasta el 5 de mayo cuando los evacuó el Coronel
Manrique (Torres M.A. 1896. 6). Ocurrió en el mismo territorio de
Casanare otro alzamiento en julio de 1895 en la localidad de Santa
Rosa del Sarare. Más de 130 hombres al mando de "el jefe
Santos y otros provenientes de Arauquita y la Salina de Chita,
atacaron a Arauca el 22 de junio... debido al abandono de las
fuerzas del Gobierno solamente fue posible restaurar el orden el 14
de septiembre cuando llegó el General Luján a ocupar la plaza...
italianos y corsos en Arauca protegieron con audacia suma todo
conato de rebelión..." (Torres, M.A. op. cit. 8: 11).
Estos como otros levantamientos y protestas locales fueron
aplacados desde la capital con el envío de tropas.
Una de las primeras manifestaciones de una "política de
colonización" se manifiesta en 1893 cuando el Presidente
José Ignacio de Márquez decretó conceder una extensión de 8.000
fanegadas de tierras baldías para establecer una nueva población de
Macaguanito, provincia de Casanare, localidad que en ese entonces
pertenecía al cantón de Chire (Decreto 1203 de 1839).
Posteriormente, de las 150.000 fanegadas declaradas como baldías
en la provincia de Casanare se podían adjudicar a los vecinos de la
misma provincia hasta 100 fanegadas. Se tenía en mente entonces
"establecer y dirigir nuevas poblaciones con la única
condición de que construye sea una vivienda en término de un año y
no la abandonasen por más de tres años. Si esto llegase a suceder,
el terreno revertiría al Estado" (Decreto 1573 de
1844).
Durante los últimos 50 años del siglo pasado es notoriamente
importante la influencia del aquel entonces Secretario de Hacienda
y Fomento Salvador Camacho Roldán en promover la adjudicación de
tierras baldías en los corregimientos de los territorios de
Casanare y San Martín. En esta forma se permitía la adjudicación de
5.000 hectáreas de baldíos contiguos a la cabecera "de
cada uno de los corregimientos o nuevas poblaciones de estos
territorios" (Decreto sin número, 9 de abril de 1870). Las
Compañías de Colonización que se organizarían tenían "el
privilegio exclusivo para la construcción de caminos,
ferrocarriles, puentes y canales en el territorio de la colonia y
privilegio exclusivo para comunicar ésta con la costa del mar y los
ríos navegables. Después de terminado el privilegio, los caminos,
puentes y demás vías de comunicación quedarán de propiedad del
Gobierno Central" (Ley 80 del lo. de julio de 1870). Se
garantizaba por un "término de 15 años un interés de 7%
sobre las cantidades que se inviertan en las empresas de
colonización, los gastos del servicio militar y durante 10 años
todas las casas, máquinas, muebles, herramientas, víveres y demás
utensilios para la colonia se importarán a la República libres de
derechos de aduana" (Ley 80 de 1870).
A la par con estas empresas de colonización se organizaron
empresas explotadoras y exportadoras de caucho y sarrapia. Sitios
como Arauca y Orocué fueron de atracción y puertos importantes para
las exportaciones e importaciones.
Vemos luego, entre 1860 y 1878 un interés por enviar comisiones
científicas a que estudien la región. La Comisión Corográfica
dirigida por Agustín Codazzi adelantó una intensa actividad en el
país. Felipe Pérez, el geógrafo que hizo parte de esta comisión
publicó en 1862 un completo tratado de la Geografía Física. De la
misma manera, Joaquín Díaz Escobar fue instruido para que examinara
los tratados de geografía, topografía y estadística del territorio
de Casanare con los "medios de desarrollar una industria
en él, favorecer la navegación de los ríos, reducir las tribus
salvajes, promover la inmigración y mejorar la administración
pública en la parte financiera" (Ley 55 de 1878).
Escritores y estudiosos como Bayón y Pérez Triana inician
campañas a finales del siglo pasado para obtener la incorporación
de población al Llano (Bayón, J. 1881, Pérez Triana S. 1894). Pérez
Triana anota: "La instalación de vías de comunicación así
como la explotación de riquezas... pues de lo contrario este
abandono no pueda dar lugar a futuras invasiones venezolanas y
conflictos limítrofes... ante el obstáculo de los raudales del
Orinoco, estos pueden ser sorteados por una línea de ferrocarril
que tenga rutas periódicas por el Vichada, Casiquiare, Guaviare,
Atabapo y Meta..."
Ya en el año de 1846 el presidente Tomás Cipriano de Mosquera
había dado los primeros pasos hacia la consolidación de la
navegación fluvial en el país decretando que esa navegación
solamente la podían hacer buques nacionales debidamente registrados
(Ley 1633 de 1846). En 1852 se decretó la habilitación de un puerto
sobre el río Meta destinado a la importación y a la exportación
"en la parte que el río Meta baña al cantón de San Martín
(Ley 2127 de 1852). Este puerto se conoció luego como Puerto
Barrigón, localizado a unos 60 kilómetros arriba de Cabuyaro.
Considerando la importancia dada a la navegación por el río
Meta, en 1882 se firmó un contrato con el ciudadano francés José
Bonet para que navegara por el Meta desde Ciudad Bolívar hasta
Puerto Barrigón (o Puerto Nuevo) pasando por Cafifí y Orocué
(Brisson, J. 1884; Ley 61 de 1882). "Se necesita dar
impulso al comercio y a la industria de la navegación por el Meta,
establecida por el señor José Bonet la cual se ha mantenido
regularmente", escribía en 1896 el intendente de Casanare,
agregaba: "El vapor Boyacá, perteneciente a Ramón Real
hace dos viajes de Orocué a esta plaza (Moreno) por el
Pauto..." (Torres M.A. 1896:35-37).
Orocué en esa época se vislumbraba como capital de la
Intendencia debido a su fácil comunicación por medio de vapores con
Arauca por medio del Casanare y del Cravo y por el alto Meta con
San Martín. También tenía buena comunicación con Támara por el río
Pauto. Sin embargo, pocos años después se acusa "un lento
desarrollo comercial en la región debido a la falta de organización
de los itinerarios del vapor Libertador, transporte subvencionado
por el señor Bonet, quien debía organizarlo mejor"
(Torres, op. cit. 23). El Gobierno también decretó por dos veces
que "podía auxiliar con $24.000.oo anuales a la empresa
que logre establecer el tráfico de Casanare y San Martín con el
Amazonas por el territorio colombiano" (Ley 99 de 1870 y
Ley 19 de 1898). Este acercamiento se debía al auge económico que
tenían las explotaciones de caucho, sarrapia y quina.
A finales del siglo pasado, tanto los funcionarios locales como
los pobladores exigían del gobierno central el mejoramiento de las
vías de comunicación que según ellos, se encontraban en muy mal
estado. Se mencionan las de Sácama a Tame pasando por Moreno, la de
Laguna a Támara, pasando por Minas y Melo y "obras de
importancia inmediata como la rectificación de la vía de Tame al
río Arauca pasando por la selva de Banadia; explotar y formalizar
la via de Orocué por Mata de Palma hacia la cordillera (Torres, op.
cit. 44).
Hacia diciembre de 1899 los Llanos fueron escenario de la guerra
de los Mil Días cuando las fuerzas liberales, del Tolima
"trasmontaron la cordillera y llegaron al Llano
concentrándose en Santa Elena de Upía. Allí se les reune el general
Avelino Rosas, que llega acompañado de unos pocos hombres por la
vía de Venezuela" (Villegas J. y J. Yunis 1978: 72-73).
Debido a la guerra de los Mil Días la navegación por el Meta quedó
interrumpida. En febrero de 1901 se produce otra invasión de
liberales y venezolanos "que penetra por la zona de
Casanare" (Villegas y Yunis op. cit.: 118) y toda la
frontera venezolana es escenario de contiendas cuando Uribe Uribe
contó con el apoyo de la nación vecina, lo que ocasionó la ruptura
de relaciones entre los dos países,
Este proceso de integración a la nación de los territorios de la
Orinoquia fue un proceso lento y traumático debido a las guerras
civiles del siglo XIX y a un paulatino desarrollo económico que no
estuvo acompañado de directrices gubernamentales. Las continuas
guerras civiles en territorio venezolano también contribuyen a que
la región se constituyera en zona de refugio de grupos provenientes
del vecino país. Se han mencionado ya los afanes independistas y
anexionistas de algunas provincias colombianas.
En enero de 1917 un grupo de hombres fuertemente armados, al
mando de Humberto Gómez se tomó la localidad de Arauca. El gobierno
central hubo de tomar rápidas medidas que terminaron en la muerte
de los insurrectos. A este suceso conocido como la Humbertera le
siguieron continuas manifestaciones escritas (i.e. cartas por la
prensa) reuniones, un "Congreso de Llaneros"
reunido en Arauca en octubre del mismo año deseaba
"Levantar al gobierno central de su letargo" y
formular un código especial de leyes para los Llanos. Dicho
proyecto fue presentado en el Congreso Nacional con resultados
negativos. (Loy J. 1978: 502-531).
Para el presente siglo, se pueden dejar esbozadas las siguientes
hipótesis relacionadas con el manejo político administrativo de la
Orinoquia: existe una orientación definitivamente centralista que
ha primado en el manejo territorial. Como consecuencia de lo
anterior se han dado numerosas "cesiones a la nación y a
los departamentos" de los territorios en cuestión dejando
realmente la impresión que el Gobierno no ha sabido a dónde
anexarlos ni bajo qué régimen administrarlos. El status de
intendencias y comisarías tiene repercusiones en la administración
cuando se necesita una cuota poblacional para alcanzar el status de
departamento, además de otros requisitos. Y por último, aunque no
menos importante, se manifiesta una ausencia de un propósito
nacional que vincule a esta región a los planes de desarrollo del
país sin darle la posibilidad de un desarrollo industrial sino,
como lo fue en el pasado, una región abastecedora de recursos
naturales y materias primas. Esto cobra aún mayor importancia por
la gran extensión de regiones fronterizas que se tienen con
Venezuela y el Brasil. Si en el siglo pasado se explotaron los
recursos anotados como pieles de animales silvestres, de vacunos,
quina, fibras, caucho, en el presente siglo la explotación
económica ha girado alrededor de las plumas de garza, que fueron
gravadas por el Estado, la manteca de tortuga, el tabaco, la
batata, el caucho, el pendare, el chiquichiqui y más recientemente
artículos de consumo como arroz, aceite de palma y recursos
energéticos como gas y petróleo. No puede dejar de mencionarse como
punto de reflexión para examinar el desarrollo económico y político
de la región en el siglo actual, el papel de la llamada economía
subterránea en los procesos productivos y sociales regionales.
2. COLOMBIA MIRA HACIA EL ORIENTE BOGOTA-PUERTO CARREÑO. RUTA
AL DESARROLLO DE LOS LLANOS
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"Es cierto que en cien o doscientos años la población
de Colombia habrá crecido. Entonces, la población de Pasto, Popayán
y Neiva se desplazará sobre la cordillera oriental; tumbará los
bosques, abrirá caminos, fundará pueblos y gradualmente penetrará
en las vastas planicies de la cuenca amazónica".
Felipe Pérez, 1862
El desarrollo geopolítico y económico de Colombia se ha centrado
durante el último siglo en las estribaciones de las tres
cordilleras y en los valles interandinos; ello ha sido producto de
una orientación de la economía colombiana hacia la producción del
café para la exportación y la consecuente industrialización de los
cuatro grandes centros urbanos que conocemos hoy: Bogotá, Medellín,
Cali y Barranquilla. Sin embargo, el desarrollo del país y de la
región norte septentrional de la América del Sur, que antes
perteneciera a la Gran Colombia y antes de ello al Imperio Español,
no estuvo primordialmente centrado en las regiones andinas. Tanto
Lima como Caracas y Cartagena fueron baluartes importantes de la
economía colonial española, dada la importancia que tenían como
puertos.
Las llanuras del oriente colombiano aparecen descritas en las
novelas y relatos de caucherías de comienzos del presente siglo;
poca o muy escasa investigación se ha adelantado acerca de su
pasado histórico y de su perspectiva futura. América del Sur posee
áreas "demográficamente vacías", sobre las cuales
se ha volcado recientemente el interés económico y, por qué no
decirlo, la población marginal de las sociedades urbanas y rurales
que se ha dirigido hasta allí como a territorios de conquista. A
ello es necesario agregar la existencia de preciados recursos
naturales renovables y no renovables como petróleo, maderas,
diamantes, carbón, uranio, oro, entre otros.
Examinaremos, pues, brevemente, los antecedentes de la historia
de nuestras llanuras orientales estableciendo algunos puntos de
reflexión acerca de la futura base económica de esta frontera como
parte de la economía nacional y su potencial para vincularla al
"país nacional".
La vertiente hidrográfica del Orinoco comprende en la región de
Colombia las sabanas naturales en una extensión aproximada de
254.000 kilómetros cuadrados. Comprende los territorios de las
intendencias de Arauca, Casanare, la comisaría del Vichada y el
departamento del Meta, parte del Guaviare y del Guainía. De este
total, aproximadamente 200.000 kilómetros cuadrados corresponden a
la sabana y cerca de un 20°/o aproximado al piedemonte. Los bosques
solamente representan un 1001b del total.
La actividad económica de esta región del país se ha
caracterizado durante los últimos 400 años por la extracción de
diversos productos tales como: el ganado vacuno, los cueros, el
caucho, el chicle, la sal, las plumas de garza, la quina, la
sarrapia, el pendare, el chiquichiqui, las pieles de animales
salvajes entre otros. Estas formas de explotación del medio siempre
dependieron de la demanda en los mercados externos y no dieron
lugar a un desarrollo industrial local. Durante las primeras etapas
de la ocupación española también se exportaron esclavos
indígenas.
A la llegada de los españoles las sabanas de los Llanos estaban
habitadas por diversos grupos tribales en diferentes estadios de
desarrollo económico y político. Algunas investigaciones
arqueológicas han demostrado que hacia los 500 años de nuestra era
existían asentamientos humanos que basaban su economía en el
cultivo del maíz en las riberas de los ríos Ariari y Guejar.
Se han encontrado también en el territorio colombiano áreas
extensas de "campos elevados" que al igual que en
los llanos venezolanos eran una forma de cultivar utilizando el
limo de las vegas de los ríos.
La conquista española causó estragos entre las poblaciones
aborígenes. Diezmados por las enfermedades, acosados por los
buscadores de esclavos, enfrentados a pagar los tributos a los
encomenderos y al trabajo forzado, los indígenas adoptaron dos
estrategias: unos, como los Sáliva y Achagua, se sometieron a las
encomiendas y misiones establecidas en los Llanos por los
misioneros, en especial por los jesuitas. Otros, se evadieron y
atacaban sistemáticamente las haciendas y fundaciones con el fin de
obtener bienes de consumo o aun, esclavos indígenas para
comercializarlos en el Orinoco. Muchos de los excelentes trabajos
de investigación acerca de esta época de nuestra historia no han
sido publicados y, en su mayoría, han sido escritos en inglés.
Los misioneros de la compañía de Jesús, a quienes se les asignó
el área de los Llanos Colombianos, Venezolanos y parte de las
selvas actuales del Alto y Medio Orinoco, establecieron haciendas y
baluartes de una economía que producía lozas, vajillas, mantas,
especias, cacao, resinas naturales, pieles, telas, café y otros
productos que enviaban a Santa Fe de Bogotá o que exportaban por el
Orinoco hacia sus otras misiones. Durante los siglos XVII y XVIII
los jesuítas fundaron asentamientos como Chita, Támara, Nunchía,
Morcote, Pore, Caviona, Moreno, Ten, Chire, Santiago de las
Atalayas, San Martín, San Juan de los Llanos, Apiay, San Fernando
de Atabapo y Maipures, entre otros. Estas misiones estaban
localizadas tanto en el área del piedemonte de lo que hoy es
Casanare y Meta como en la sabana y en las selvas a orillas del
Orinoco y el Atabapo. El único obstáculo que se les presentó a los
jesuítas para continuar su conquista Orinoco arriba, lo
constituyeron los raudales de Atures y Maypures. Uno de los
baluartes de la economía de estos misioneros era la producción de
ganado vacuno en las haciendas; también poseían bestias de carga.
En un total de 9 misiones en el año de 1730 los jesuítas poseían
alrededor de 102.000 cabezas de ganado.
El rey Carlos III expulsó a la Compañía de Jesús de todas las
posesiones españoles en el año de 1767 y diversas autoridades
procedieron al remate de los bienes y haciendas que ella poseía.
Razones tanto políticas como económicas se han aducido para tal
medida. Es curioso sin embargo mencionar que solamente en 1778, la
hacienda de Caribare, una de las que poseían los jesuítas en
Casanare, fue rematada por el cabildo de San José de Pore. Habían
de pasar otros I años para que las demás haciendas, las de Cravo y
Tocaría, fueran rematadas. Es evidente que manos inescrupulosas
tomaron posesión de los bienes cuando indígenas y encomendados se
evadieron de las misiones. Los registros de los remates de estas
haciendas aparecen con fechas de 1795 (Protocolos de la Notaría de
Yopal, Casanare).
La historia de la región durante el siglo XIX y la primera mitad
del siglo actual, se caracteriza por el comercio internacional de
productos naturales. Esta bonanza se centró en localidades como
Arauca, Orocué, Cafifí (Antiguo puerto y aduana a orillas del
Pauto), Cabuyaro, Puerto Barrigón, El Apostadero. La exigencia de
los mercados europeos por algunos productos como la sarrapia, el
pendare, las pieles de caimán y otros animales, el caucho,
reclamaba la explotación de la mano de obra indígena sujeta a un
capataz o colono que servía de intermediario.
Las guerras de la independencia fueron otro golpe decisivo a la
industria ganadera debido al abandono de los bienes y haciendas y a
la necesidad de mantener las tropas granadinas con el ganado y los
recursos de la región.
Sin embargo, la explotación de los productos naturales
mencionados anteriormente fue temporal y ya después de los años
1920 vemos que otro tipo de desarrollo económico tiene lugar en las
áreas del piedemonte. La colonización ganadera y agrícola
proveniente del interior del país se apropió de amplios terrenos en
el piedemonte y en las sabanas del Meta y Casanare entrando en
choques continuos con la población indígena que quedaba. La
literatura de la época describe las márgenes de los ríos Meta y
Bajo Casanare como poblados de tribus peligrosas y salvajes que
asaltaban continuamente las embarcaciones y los hatos. Es evidente
que la inestabilidad política del siglo pasado repercutió en esta
región especialmente entre 1861 y 1895 cuando desaparecieron
poblados y las ruinas de algunos pueblos fundados por jesuítas ya
se habían dejado ver. Los cultivos de café y la manufactura de
hilados de algodón del piedemonte fueron poco a poco en detrimento
y para entonces el desarrollo del país volvió los ojos hacia Bocas
de Ceniza, Barranquilla y el río Magdalena, Orocué y los puertos
sobre el Meta perdieron su importancia y las vías de comunicación
se abrieron por orden del Gobierno en aquellas áreas de Caldas,
Quindío y Antioquia en donde se estaba desarrollando la economía
del café.
Diversos intentos de desarrollar una colonización dirigida había
diseñado el Gobierno desde principios del siglo. Ya en 1926 un
interesante proyecto de Ley del Senado de la República señalaba la
importancia de construir algunas vías importantes en la región,
anteriormente sugeridas por un conocedor y viajero de los llanos
como fue Miguel Triana. Estas vías eran: la carretera del Valle de
Chicamocha a Támara; vía de Labateca al río Sarare; el camino de
Macanal al río Upía; la vía de Guasca a Medina y el camino de
herradura de San Martín al valle del Magdalena (por Colombia en el
Huila y el poblado que hoy se denomina Uribe en el departamento del
Meta). Señalaban los senadores que ya en su época solamente se daba
importancia a la vía a Villavicencio. En ese mismo proyecto de ley
se ordenaban los estudios para construir el ferrocarril que
partiera de Bogotá hasta un puerto sobre el río Meta.
Es durante el gobierno del doctor Alfonso López Pumarejo cuando
se inicia un plan de carreteras nacionales que incluye como vías de
penetración al Llano de Pamplona Arauca, la de Villavicencio a
Puerto Carreño, la de Casanare al río Meta pasando por Sogamoso,
plan que se definió en la Ley 3a; de 1936. En esta época se
manifiesta un marcado interés por la Orinoquia en materia de vías
terrestres, transporte fluvial y aéreo.
La carretera Villavicencio-Puerto Carreño fue recorrida y
estudiada por el ingeniero Enrique Garcés en el año de 1938. El
recomienda y define los sectores de la vía, des cribe las
formulaciones geológicas y vegetales, expone consideraciones de
índole económica y las posibilidades de navegación del río Meta. En
esa misma época una comisión do ingenieros del Ministerio de Obras
Públicas adelantó un estudio acerca del sistema hidrográfico de la
Orinoquia; de la condiciones posibles para la navegación; de los
calados, la mejores épocas del año para navegar. Sergio Convers,
ingeniero, formaba parte de esa comisión en el año de 1936
El primer vuelo realizado a la Orinoquia en hidro avión se llevó
a cabo en 1935 cuando fueron visitadas por Luis Eduardo Nieto
Caballero y otros viajeros las poblaciones de Cabuyaro, Arauca,
Orocué y Puerto Carreño. Así mismo, es en estos años cuando la
navegación por el Meta comienza a hacerse en embarcaciones más
modernas y de mayor tonelaje, no solamente por el respaldo dado por
e gobierno del doctor López Pumarejo, sino porque la región entraba
en un proceso de desarrollo agropecuario y comercial.
La Ley 224 de 1938 ordenó el establecimiento de h navegación por
el Meta, inicialmente con buques del Estado Posteriormente se dió
entrada a la navegación de naves de propiedad privada. A partir del
año en mención, todos o casi todos los planes del gobierno, tanto
viales como planes de desarrollo, mencionan la vía
Villavicencio-Puerto Carreño como una vía de necesaria
construcción. En muchos de los mapas de turismo y de ruta aparece
el dibujo de una vía que saliendo de Puerto Gaitán va a Puerto
Carreño. En la realidad se trata de un camino sabanero, trochado,
intransitable en las épocas de invierno.
La sociedad que se ha desarrollado en la Orinoquia colombiana,
ha sido producto de una colonización continua durante 400 años
tanto de europeos, españoles, italianos y siriolibaneses, como de
población procedente de los departamentos del interior del país.
Esta sociedad está hoy formada por el sector indígena, el llanero o
colono antiguo y el sector de una colonización reciente. A un
proceso de migración que tuvo lugar después del año 1938 cuando
llegó el primer automotor a Villavicencio, le siguió la
movilización de población en la época posterior a la violencia o la
guerra como la denominan los llaneros. En esa época (1950-1953)
poblaciones enteras del Llano fueron arrasadas, bombardeadas y sus
gentes tuvieron que venirse a la capital o dirigirse a otras
ciudades del interior. Este fue un nuevo golpe a la economía
ganadera.
La perspectiva de construcción y establecimiento de una vía
moderna y estable de Bogotá a Puerto Carreño está diseñada de la
siguiente forma: el tramo de Bogotá a Villavicencio, en una
longitud total de 108.8 kilómetros tendrá tres túneles, uno en el
boquerón de Chipaque con una longitud de 300 metros y el segundo,
localizado entre el kilómetro 36.3 y el 48.5 con una longitud de
1.500 metros. Por último el de Buenavista, localizado en el
kilómetro 98.6 tendrá una longitud de 4.620 metros. Este tramo de
la vía permitirá viajar con una velocidad de 70 a 80 kilómetros y
acortará el tiempo de viaje a Villavicencio a una hora y media. El
tramo de Villavicencio a Puerto Carreño, con una extensión de 873
kilómetros está pavimentado hasta Puerto López en una extensión de
90 kilómetros. Desde Puerto Gaitán hasta la base aérea de Marandúa,
en el Vichada, en un tramo de 517 kilómetros, se están adelantando
los estudios. Las perspectivas que plantea para la región oriental,
tradicionalmente marginada del desarrollo económico y político del
país, la construcción de esta vía es bien interesante si se tiene
en cuenta también la noción geopolítica de desarrollo de la nación.
Los criterios para establecimiento de vías en el país han partido
del monto del aporte regional al producto interno bruto y no
necesariamente de las consideraciones de apertura de vías para una
colonización racional u obras de beneficio social. Las condiciones
actuales de desarrollo de la Orinoquia colombiana y sus
antecedentes históricos, aun los más recientes, nos demuestran que
solamente ha sido necesaria la apertura de vías y trochas para
iniciar el proceso de colonización. Así, por ejemplo, merecen
mencionarse los proyectos de colonización apoyados por el BID y el
INCORA en la región del Sarare Araucano y en el Caquetá, como
también en el Alto y Bajo Ariari. Las que se denominaron
inicialmente Trochas (la número uno, dos, la cuatro, etc.)
permitieron el asentamiento de colonos que inicialmente
establecieron cultivos de subsistencia y hoy son áreas en donde ya
se desarrolla la agricultura comercial. Sin embargo, este tipo de
asentamiento no ha tenido en cuenta la reserva de territorios
naturales tanto para preservación de la fauna y flora como las
fuentes hídricas. Por otra parte, con el advenimiento del gran
capital a la agricultura comercial se han desplazado los colonos
que iniciaron estos asentamientos sin que exista una política y
unos programas para este sector de la población. Uno de los
problemas más señalados durante los últimos 10 o 15 años en estas
áreas de colonización tanto del piedemonte como de la selva
orinoquense es el de la ausencia de vías de comunicación o medios
de transporte para sacar los productos. Es conocida suficientemente
la dificultad para sacar las cosechas de las áreas circundantes a
los ríos Ariari, Guejar y de las fuentes del río Guaviare.
Vale la pena analizar que la construcción moderna de una vía de
comunicación como la especificada anteriormente para el tramo
Villavicencio a Puerto Carreño vendrá a facilitar el comercio e
intercambio de bienes como el arroz y el ganado vacuno que viene a
los cebaderos del piedemonte. Las explotaciones económicas de la
zona de influencia de la vía en construcción deben tener en cuenta
los criterios ecológicos, vale decir, el establecimiento de
reservas para la fauna y la flora y la iniciación de cultivos o
explotaciones adecuadas al medio y a las características de los
suelos. En el piedemonte es necesario por el momento emprender una
intensa campaña de reforestación y conservación de la vegetación
natural especialmente en áreas donde ya se han desarrollado la
agricultura comercial y la ganadería intensiva; si no se emprenden
tareas orientadas a la conservación del medio ecológico, el
deterioro de los recursos no tardará en notarse como ya se observa
en algunas zonas. Las áreas de sabana dedicadas tradicionalmente a
la ganadería extensiva es posible que sigan sirviendo para ello o
que en algunas regiones se puedan establecer praderas artificiales,
aun a altos costos. Una vía de comunicación vendría a abaratar los
costos de los insumos agropecuarios.
La Orinoquia colombiana le plantea un reto al hombre colombiano
como es el de diseñar un tipo de asentamiento y desarrollo que no
lesione el medio pero que permita una serie de actividades
económicas, no comunes ni tradicionales en el medio andino. Entre
estas pueden mencionarse la silvicultura, la piscicultura, las
reservas naturales, el cultivo de diversas palmas y frutales de uso
industrial y, por qué no, la agricultura en campos elevados
desarrollada por los indígenas, proyecto que se ha adelantado con
éxito en los llanos de Barinas en Venezuela.
Como habitat para la subsistencia de los grupos humanos la
Orinoquia colombiana se diferencia de otras zonas bajas tropicales
de Colombia en que su clima es relativamente sano, si se exceptúan
algunas áreas pantanosas: su régimen de lluvias es tal vez uno de
los más estables del país, con tres meses de verano y nueve meses
de invierno lo que permite la organización de las actividades
económicas. Las tierras planas adaptables a una agricultura
comercial son mecanizables y por ello, una vez establecidas las
vías, sería rentable su explotación. Por último, y no por ello
menos importante, abundan los recursos hídricos, que no todos los
suelos de esta región son adaptables a la agricultura ni será
posible emplear las mismas técnicas de explotación y manejo que las
utilizadas en el medio andino.
Ya pasada la época de la bonanza de las importaciones por los
ríos Meta y Orinoco y de las exportaciones de productos naturales,
el país volvió la espalda al oriente y al mar. Si bien es cierto
que los hallazgos recientes de los pozos petroleros contribuirán
con muchas divisas al país, se espera que estas explotaciones
redunden en beneficio de las gentes habitantes de los pueblos de la
sabana y la orilla de los ríos. Estos pueblos, a merced del tiempo,
carecen de los servicios más elementales y muchos de ellos
manifiestan un decrecimiento en su población debido a la
emigración. Por otra parte, la vía en construcción y sus ramales
deben beneficiar a la población de colonos e indígenas tanto en el
medio como en el bajo río Vichada y permitir un desarrollo social y
económico acorde con la idiosincrasia de los grupos humanos.
El propósito de realizar el tan anhelado proyecto de una gran
vía carreteable que una a Puerto Gaitán en el Meta con Puerto
Carreño en la frontera oriental colombiana llena de esperanzas a
muchas gentes que habitan la Orinoquia colombiana y a otras muchas
que anhelan vincularse a aquellas tierras. Ojalá en esta
oportunidad nos encontremos más cercanos a la realidad que hace
varias décadas se previó cuando Reyes y López Pumarejo, contra el
sentir general de la nación, expresaron sus creencias en las
posibilidades casi ilimitadas del oriente colombiano.
Adoptando la noción del lugar donde "se mezclan las
culturas", es posible que la Orinoquia colombiana sea la
región en donde se forme y desarrolle el nuevo tipo de hombre
colombiano, no con una cultura e ideología andinas, sino como
elemento de una sociedad cuyo habitat es la sabana y la selva y en
donde a partir de la población del Tolima, Valle, Huila, Boyacá y
la población nativa, tenga lugar una amalgama étnica y cultural, o
sea un hombre nuevo, una sociedad nueva.
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