Ficha bibliográfica
Titulo: ENSAYOS ORINOQUENSES
Autores: María Eugenia Romero
Edición original: 1998
Edición en la biblioteca virtual: 2005
Notas: Ensayos sobre la orinoquia colombiana
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

|
| ENSAYOS ORINOQUENSES

Prólogo

DEL ASOMBRO A LA IDENTIDAD

La obra: un esfuerzo útil

Intenta la autora de los presentes escritos sobre los Llanos, reunir sus análisis, publicaciones y ponencias, elaborados en épocas y lugares diferentes. Este tipo de aporte resulta valioso y contrasta con la escasa producción de material de estudio sobre la región del Orinoco de Colombia. Los testimonios escritos suelen perderse en el vaivén de las coyunturas, olvidarse en las propias indiferencias y nostalgias de los trabajadores de la cultura y las letras o rechazarse en las oficinas públicas donde el patrimonio colectivo semeja una quimera.

La formación básica de la doctora Romero Moreno tiene una marcada tendencia a lo social, a descifrar la magnificente y pueril tarea de vivir, a intuir el drama de los pueblos que se asomaron de repente, en la somnolencia del feudalismo, al siglo XX, sin conocer su pasado, ignorándolo todo, aún las huellas del gentío autóctono al cual le tapan la cara para negarse a sí mismos. En los textos transitan las voces de la provincia cundinamarquesa de Oriente donde nacen importantes ríos que nutren al Meta y al Orinoco desde los páramos de Chingaza y Cruzverde, lugares de los ancestros de la autora. La visión retrospectiva que se apoya en documentos adecuadamente seleccionados por su pertinencia histórica, sustenta cada uno de los escritos del libro.

La obra se aproxima con seriedad y ánimo positivo a una descripción del devenir de los habitantes y de los asentamientos en los Llanos a partir de los existentes antes de la invasión española, con una cobertura que llega a los tiempos presentes. En las reflexiones la autora integra el proceso cultural, el cual es bastante ignorado en el país e insuficientemente analizado en las esferas locales de intelectuales y artistas.

Una tarea: la perplejidad ante el universo

Algo que caracteriza el momento evolutivo actual de las sociedades del atraso, es su perplejidad ante la dinámica de desarrollo científico y tecnológico obtenido en el siglo XX. Ese asombro colectivo se traduce en angustias y soledades existenciales cuyas manifestaciones, la mayoría de las veces inconscientes, se reflejan en una pérdida paulatina y tajante de la identidad, desplazada por la ola invernal de la "cultura del chiclets y de la guitarra eléctrica", retroalimentada por el culto al video porno o hamponesco de las multinacionales de los electrodomésticos y cebada en el consumo de los narcóticos.

Una falsa ilusión: migrar a cualquier sitio

Es "el laberinto de la soledad" en el que transitan nuestros pueblos migrantes hacia cualquier lado afirmó Octavio Paz. Cualquier otro sitio es mejor, al menos se tiene la ilusión de la esperanza. En ese transplante demográfico mecánico y violento tratan de olvidar su pasado, sin poder olvidarlo. Para muchos representa la carga de la ignominia, de su triste condición anterior que los impulsó a migrar. Otros, por lo general habitantes de asentamientos subnormales de pueblos y ciudades, se trasladan sin el viaje paralelo de ancestros y raíces que nunca tuvieron o que desean desconocer. El anonimato de tiempos idos y tristes es un atractivo adicional para colonos, aventureros y mercachifles. Son los rumbos de la época, el sello de nuevos asentamientos tuguriales en zonas rurales o urbanas. Es la marca histórica de las olas de gentes que se mueve en el país y que de pronto mira a los Llanos como la Tierra de Promisión que poemara José Eustacio Rivera. Una tierra grata para quien aprenda a conocerla y a quererla. Un lugar difícil para el aventurero y para el transeúnte, un drama. Migrar es caminar de nuevo así los pasos estén perdidos y carezcan de ritmo.

El paraíso perdido: tierra de promisión

Ese laboratorio natural viviente, cree la angustia y el oportunismo que es tierra sin hombres para hombres sin tierra. Allí, durante milenios, la naturaleza formó sus propios laboratorios y bancos genéticos -La Macarena- donde palpita la vida animal y vegetal extinta ya en otras latitudes del planeta. Pero el hombre y el nuevo futuro al que aspiran ignora cualquier condición de la naturaleza distinta a la particular subsistencia individual, familiar y colectiva. Y allí se arraiga, anclado por la angustia de un nuevo viaje. No quiere que su ilusión muera. Nadie lo quiere cuando trata de vivir. Sus pieles indígenas o mestizas, montañeras o del litoral, llegaron desde las persecuciones iniciadas por el invasor ibérico, continuadas por el criollo de la hacienda señorial andina, expuestas en el celo de las guahibiadas con su tremendo sabor violento y actualizadas por la moderna esclavitud sin grillos ni cadenas de la terrible injusticia social que azota y define nuestra realidad. Esta tierra del caballo así definida en "Los pasos perdidos" de Alejandro Carpentier es región formada por criollos de muchas partes que aprendieron oficios propios, se impregnaron de una cultura recia -ya definida la mitad del siglo XIX- y adoptaron a poco otro modo de ser más amplio y menos temeroso que el de los desconfiados y tímidos habitantes de la cordillera. Era natural: acá el espacio es abierto y el horizonte lo definen los ojos, como en las anteriores sabanas llaneras llamadas ejidales, donde no había cercas; eran potreros comunes, propiedad social que servía a todos.

Las migraciones hacia el Llano, como lo fueron en su tiempo las que llegaron a América con los primeros viajes de Colón, están marcadas por el síndrome de la Tierra de Promisión, por el eco de El Dorado que impulsó a Quesada, a Federmán, a Hutten, a Espira hacia la conquista de tales territorios. Junto a los aventureros, con ellos y ante que ellos, también llegaron hombres de bien, verdaderos pioneros, gente con otras experiencias y conocimientos que forjaron haciendas y riquezas. También ellos trajeron su soledad Y su angustia a las cuales pudieron doblegar. La diferencia estriba en que su desarraigo era tan sólo físico porque espiritualmente jamás perdieron las huellas de su raza, ni olvidaron su historia y guardaron en cofre de oro canciones y recuerdos.

El ancestro: antídoto contra la perplejidad

El hombre con raíces, conocedor de su ancestro no permanece perplejo ante el avance científico. Asimila el conocimiento y lo amarra a su servicio. Define los rumbos de la sociedad en que actúa, es el hombre consciente de la historia, de sus trazos indelebles en la tarea de vivir. Es un creador, un constructor de los cimientos, mejor, un arqueólogo que descubre las huellas más antiguas en las edades de los asentamientos. Escribir y publicar una obra es "pulir a garlopa el globo de una lágrima" diría Jorge Robledo Ortiz. De ahí la responsabilidad para quien se atreve a ser testigo de tiempos idos, protagonista de ahora. No es misión fácil.

La soledad un problema de hoy

En el largo camino hacia nosotros mismos -la frase es de Leopoldo Zea -son muchas las cosas que hemos de elaborar: reconocernos como sociedades contemporáneas de otras que navegan con problemas distintos y cuyas circunstancias son diferentes a las nuestras. Ya no somos parias del mundo ni transitamos por las escalinatas, cerca a los palacios como leprosos o dementes, como indigentes o asesinos de que hablara Zalamea. Es un problema nacional y un problema de regiones como la de los Llanos. Eliminar el complejo de ilegitimidad al interior de los Llanos y afirmarnos como nación frente a otros pueblos, es aún hoy día en plena vigencia de la República Señorial, una meta a la que hemos de llegar, tal como se pretendía con las Guerras de Independencia hace siglo y medio. El drama de los pueblos indoamericanos consistió en rechazar colectivamente las huellas del gentío materno o sea la herencia indígena y luchar contra el gentío paterno que era el factor dominante representado en el injusto ejercicio del poder que venía de España. El portentoso aporte insurreccional de los Comuneros fué insuficiente para que los deseos libertarios se tradujesen con "la Independencia" en reivindicaciones sociales. Quedamos solos, indefinidos.

Las estructuras e instituciones coloniales fueron cuestionadas más en la circunstancia de sus hombres que en su particular esencia. Y si el rechazo a ellas llegó en la República, éste fué insuficiente para el logro de una real emancipación que cambiara rotundamente el sistema de propiedad y lo edificara más justo. Pero ya éramos nosotros. La paternidad estaba derrotada. Sin embargo esa autonomía nos hizo débiles, era la soledad de aquella época. El rechazo a los valores de lo colonial y la imposibilidad de reemplazarlos por unos nuevos de origen criollo, impulsó la copia mecánica de los esquemas adoptados en Francia, Inglaterra y Estados Unidos.

Otra frustración: copiar esquemas

Esto condujo a nuevas frustraciones: somos libres pero copiamos esquemas que no entendemos. Rechazamos el gentío paterno sin que el gentío materno responda a definir los rumbos. Cunde entonces el sentimiento colonial, el apego a lo español lo cual trasciende en la historia, en la cultura, en la educación, en el tiempo. Y se forma el maremagnum: las ideas económicas del liberalismo inglés revueltas con las ideas políticas de la Revolución Francesa y ello mezclado con la visión contrarreformista del imperio español, están intactas en América en la educación y en la concepción teocrática del poder.

Con el liberalismo económico se restablece el orden colonial y así se niega la revolución social implícita en las guerras de independencia; con el esquema administrativo del poder dividido en tres, ejecutivo, legislativo y judicial que llega de mano de la democracia representativa y que según los ideólogos de la Revolución Francesa hace que el poder emane del pueblo se edifica todo el conjunto legalista que ciñe a la República Señorial. Pero con la vigencia heredada de España en la cual el poder era una emanación divina y no del pueblo, como lo pretendieron Montesquieu y Rousseau, el desconcierto cunde favor de las fuerzas del obscurantismo y defendidas por el clero colonizador. La ilegitimidad inundó conciencias y señaló rumbos: había que copiar esquemas, moldes, normas. Era preciso importar todo de Inglaterra, de Francia, y en los albores del siglo XX, de Estados Unidos. Lo español con el tiempo detentó el poder tras bambalinas. Tenían el poder real, el de las conciencias y eran dueños de tierras y hombres. Frente a esa soledad los pueblos latinoamericanos y los estratos regionales han desarrollado un sentimiento igualmente pernicioso: el culto a lo aldeano, que en cierta forma rinde culto al atraso.

La única salida: buscar las raíces

Así el tránsito vital del habitante de estos tiempos y en regiones como los Llanos, sumado a tal legalidad, se encuentra inmerso en un desarraigo colectivo frente a los rechazos "de los locales" -los llaneros- con lo cual se imposibilitan, desde una perspectiva espiritual, los comportamientos nobles, libres de presiones y por lo tanto altruistas. Por otra parte el llanero sufre en Bogotá y en otros sitios un amoroso rechazo, es "un visitante".

De ahí, que efectuar pronunciamientos de carácter histórico -como la presente obra- que señalen el aporte de hombres al desarrollo económico y cultural de una región, cualquiera que sea su procedencia, conforman el núcleo principal de tareas inaplazables de la gente de letras, para evitar el chauvinismo que convoca a sentimientos necios como la autarquía y para dejar de lado el desarraigo que conduce a la angustia por el laberinto amargo de la soledad. Así, del asombro se llegará a obtener la identidad con la cual reconoceremos nuestra verdad ancestral, nuestras raíces y podremos, definirnos.

Alberto Baquero Nariño
Bogotá, agosto de 1988