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INDICE
NOTA PRELIMINAR
Prólogo
DEMOGRAFÍA Y POBLAMIENTO
EL ESTADO EN LA ORINOQUIA COLOMBIANA
LA ORINOQUIA COLOMBIANA: SOCIEDAD Y TRADICION MUSICAL
Bibliografía sobre cronistas y viajeros de los Llanos Orientales de Colombia siglos XVIII y XIX
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ENSAYOS ORINOQUENSES
Prólogo
DEL ASOMBRO A LA IDENTIDAD
La obra: un esfuerzo útil
Intenta la autora de los presentes escritos sobre los Llanos,
reunir sus análisis, publicaciones y ponencias, elaborados en
épocas y lugares diferentes. Este tipo de aporte resulta valioso y
contrasta con la escasa producción de material de estudio sobre la
región del Orinoco de Colombia. Los testimonios escritos suelen
perderse en el vaivén de las coyunturas, olvidarse en las propias
indiferencias y nostalgias de los trabajadores de la cultura y las
letras o rechazarse en las oficinas públicas donde el patrimonio
colectivo semeja una quimera.
La formación básica de la doctora Romero Moreno tiene una
marcada tendencia a lo social, a descifrar la magnificente y pueril
tarea de vivir, a intuir el drama de los pueblos que se asomaron de
repente, en la somnolencia del feudalismo, al siglo XX, sin conocer
su pasado, ignorándolo todo, aún las huellas del gentío autóctono
al cual le tapan la cara para negarse a sí mismos. En los textos
transitan las voces de la provincia cundinamarquesa de Oriente
donde nacen importantes ríos que nutren al Meta y al Orinoco desde
los páramos de Chingaza y Cruzverde, lugares de los ancestros de la
autora. La visión retrospectiva que se apoya en documentos
adecuadamente seleccionados por su pertinencia histórica, sustenta
cada uno de los escritos del libro.
La obra se aproxima con seriedad y ánimo positivo a una
descripción del devenir de los habitantes y de los asentamientos en
los Llanos a partir de los existentes antes de la invasión
española, con una cobertura que llega a los tiempos presentes. En
las reflexiones la autora integra el proceso cultural, el cual es
bastante ignorado en el país e insuficientemente analizado en las
esferas locales de intelectuales y artistas.
Una tarea: la perplejidad ante el universo
Algo que caracteriza el momento evolutivo actual de las
sociedades del atraso, es su perplejidad ante la dinámica de
desarrollo científico y tecnológico obtenido en el siglo XX. Ese
asombro colectivo se traduce en angustias y soledades existenciales
cuyas manifestaciones, la mayoría de las veces inconscientes, se
reflejan en una pérdida paulatina y tajante de la identidad,
desplazada por la ola invernal de la "cultura del chiclets
y de la guitarra eléctrica", retroalimentada por el culto
al video porno o hamponesco de las multinacionales de los
electrodomésticos y cebada en el consumo de los narcóticos.
Una falsa ilusión: migrar a cualquier sitio
Es "el laberinto de la soledad" en el que
transitan nuestros pueblos migrantes hacia cualquier lado afirmó
Octavio Paz. Cualquier otro sitio es mejor, al menos se tiene la
ilusión de la esperanza. En ese transplante demográfico mecánico y
violento tratan de olvidar su pasado, sin poder olvidarlo. Para
muchos representa la carga de la ignominia, de su triste condición
anterior que los impulsó a migrar. Otros, por lo general habitantes
de asentamientos subnormales de pueblos y ciudades, se trasladan
sin el viaje paralelo de ancestros y raíces que nunca tuvieron o
que desean desconocer. El anonimato de tiempos idos y tristes es un
atractivo adicional para colonos, aventureros y mercachifles. Son
los rumbos de la época, el sello de nuevos asentamientos tuguriales
en zonas rurales o urbanas. Es la marca histórica de las olas de
gentes que se mueve en el país y que de pronto mira a los Llanos
como la Tierra de Promisión que poemara José Eustacio Rivera. Una
tierra grata para quien aprenda a conocerla y a quererla. Un lugar
difícil para el aventurero y para el transeúnte, un drama. Migrar
es caminar de nuevo así los pasos estén perdidos y carezcan de
ritmo.
El paraíso perdido: tierra de promisión
Ese laboratorio natural viviente, cree la angustia y el
oportunismo que es tierra sin hombres para hombres sin tierra.
Allí, durante milenios, la naturaleza formó sus propios
laboratorios y bancos genéticos -La Macarena- donde palpita la vida
animal y vegetal extinta ya en otras latitudes del planeta. Pero el
hombre y el nuevo futuro al que aspiran ignora cualquier condición
de la naturaleza distinta a la particular subsistencia individual,
familiar y colectiva. Y allí se arraiga, anclado por la angustia de
un nuevo viaje. No quiere que su ilusión muera. Nadie lo quiere
cuando trata de vivir. Sus pieles indígenas o mestizas, montañeras
o del litoral, llegaron desde las persecuciones iniciadas por el
invasor ibérico, continuadas por el criollo de la hacienda señorial
andina, expuestas en el celo de las guahibiadas con su tremendo
sabor violento y actualizadas por la moderna esclavitud sin grillos
ni cadenas de la terrible injusticia social que azota y define
nuestra realidad. Esta tierra del caballo así definida en
"Los pasos perdidos" de Alejandro Carpentier es
región formada por criollos de muchas partes que aprendieron
oficios propios, se impregnaron de una cultura recia -ya definida
la mitad del siglo XIX- y adoptaron a poco otro modo de ser más
amplio y menos temeroso que el de los desconfiados y tímidos
habitantes de la cordillera. Era natural: acá el espacio es abierto
y el horizonte lo definen los ojos, como en las anteriores sabanas
llaneras llamadas ejidales, donde no había cercas; eran potreros
comunes, propiedad social que servía a todos.
Las migraciones hacia el Llano, como lo fueron en su tiempo las
que llegaron a América con los primeros viajes de Colón, están
marcadas por el síndrome de la Tierra de Promisión, por el eco de
El Dorado que impulsó a Quesada, a Federmán, a Hutten, a Espira
hacia la conquista de tales territorios. Junto a los aventureros,
con ellos y ante que ellos, también llegaron hombres de bien,
verdaderos pioneros, gente con otras experiencias y conocimientos
que forjaron haciendas y riquezas. También ellos trajeron su
soledad Y su angustia a las cuales pudieron doblegar. La diferencia
estriba en que su desarraigo era tan sólo físico porque
espiritualmente jamás perdieron las huellas de su raza, ni
olvidaron su historia y guardaron en cofre de oro canciones y
recuerdos.
El ancestro: antídoto contra la perplejidad
El hombre con raíces, conocedor de su ancestro no permanece
perplejo ante el avance científico. Asimila el conocimiento y lo
amarra a su servicio. Define los rumbos de la sociedad en que
actúa, es el hombre consciente de la historia, de sus trazos
indelebles en la tarea de vivir. Es un creador, un constructor de
los cimientos, mejor, un arqueólogo que descubre las huellas más
antiguas en las edades de los asentamientos. Escribir y publicar
una obra es "pulir a garlopa el globo de una
lágrima" diría Jorge Robledo Ortiz. De ahí la
responsabilidad para quien se atreve a ser testigo de tiempos idos,
protagonista de ahora. No es misión fácil.
La soledad un problema de hoy
En el largo camino hacia nosotros mismos -la frase es de
Leopoldo Zea -son muchas las cosas que hemos de elaborar:
reconocernos como sociedades contemporáneas de otras que navegan
con problemas distintos y cuyas circunstancias son diferentes a las
nuestras. Ya no somos parias del mundo ni transitamos por las
escalinatas, cerca a los palacios como leprosos o dementes, como
indigentes o asesinos de que hablara Zalamea. Es un problema
nacional y un problema de regiones como la de los Llanos. Eliminar
el complejo de ilegitimidad al interior de los Llanos y afirmarnos
como nación frente a otros pueblos, es aún hoy día en plena
vigencia de la República Señorial, una meta a la que hemos de
llegar, tal como se pretendía con las Guerras de Independencia hace
siglo y medio. El drama de los pueblos indoamericanos consistió en
rechazar colectivamente las huellas del gentío materno o sea la
herencia indígena y luchar contra el gentío paterno que era el
factor dominante representado en el injusto ejercicio del poder que
venía de España. El portentoso aporte insurreccional de los
Comuneros fué insuficiente para que los deseos libertarios se
tradujesen con "la Independencia" en
reivindicaciones sociales. Quedamos solos, indefinidos.
Las estructuras e instituciones coloniales fueron cuestionadas
más en la circunstancia de sus hombres que en su particular
esencia. Y si el rechazo a ellas llegó en la República, éste fué
insuficiente para el logro de una real emancipación que cambiara
rotundamente el sistema de propiedad y lo edificara más justo. Pero
ya éramos nosotros. La paternidad estaba derrotada. Sin embargo esa
autonomía nos hizo débiles, era la soledad de aquella época. El
rechazo a los valores de lo colonial y la imposibilidad de
reemplazarlos por unos nuevos de origen criollo, impulsó la copia
mecánica de los esquemas adoptados en Francia, Inglaterra y Estados
Unidos.
Otra frustración: copiar esquemas
Esto condujo a nuevas frustraciones: somos libres pero copiamos
esquemas que no entendemos. Rechazamos el gentío paterno sin que el
gentío materno responda a definir los rumbos. Cunde entonces el
sentimiento colonial, el apego a lo español lo cual trasciende en
la historia, en la cultura, en la educación, en el tiempo. Y se
forma el maremagnum: las ideas económicas del liberalismo inglés
revueltas con las ideas políticas de la Revolución Francesa y ello
mezclado con la visión contrarreformista del imperio español, están
intactas en América en la educación y en la concepción teocrática
del poder.
Con el liberalismo económico se restablece el orden colonial y
así se niega la revolución social implícita en las guerras de
independencia; con el esquema administrativo del poder dividido en
tres, ejecutivo, legislativo y judicial que llega de mano de la
democracia representativa y que según los ideólogos de la
Revolución Francesa hace que el poder emane del pueblo se edifica
todo el conjunto legalista que ciñe a la República Señorial. Pero
con la vigencia heredada de España en la cual el poder era una
emanación divina y no del pueblo, como lo pretendieron Montesquieu
y Rousseau, el desconcierto cunde favor de las fuerzas del
obscurantismo y defendidas por el clero colonizador. La
ilegitimidad inundó conciencias y señaló rumbos: había que copiar
esquemas, moldes, normas. Era preciso importar todo de Inglaterra,
de Francia, y en los albores del siglo XX, de Estados Unidos. Lo
español con el tiempo detentó el poder tras bambalinas. Tenían el
poder real, el de las conciencias y eran dueños de tierras y
hombres. Frente a esa soledad los pueblos latinoamericanos y los
estratos regionales han desarrollado un sentimiento igualmente
pernicioso: el culto a lo aldeano, que en cierta forma rinde culto
al atraso.
La única salida: buscar las raíces
Así el tránsito vital del habitante de estos tiempos y en
regiones como los Llanos, sumado a tal legalidad, se encuentra
inmerso en un desarraigo colectivo frente a los rechazos
"de los locales" -los llaneros- con lo cual se
imposibilitan, desde una perspectiva espiritual, los
comportamientos nobles, libres de presiones y por lo tanto
altruistas. Por otra parte el llanero sufre en Bogotá y en otros
sitios un amoroso rechazo, es "un visitante".
De ahí, que efectuar pronunciamientos de carácter histórico
-como la presente obra- que señalen el aporte de hombres al
desarrollo económico y cultural de una región, cualquiera que sea
su procedencia, conforman el núcleo principal de tareas
inaplazables de la gente de letras, para evitar el chauvinismo que
convoca a sentimientos necios como la autarquía y para dejar de
lado el desarraigo que conduce a la angustia por el laberinto
amargo de la soledad. Así, del asombro se llegará a obtener la
identidad con la cual reconoceremos nuestra verdad ancestral,
nuestras raíces y podremos, definirnos.
Alberto Baquero Nariño
Bogotá, agosto de 1988
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