Ficha bibliográfica
Titulo: Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas
Autores: Luis H. Aristizábal
Edición original: Junio 29 del 2004
Edición en la biblioteca virtual: Julio 24 del 2005
Notas: Edición electrónica del diccionario de Luis H. Aristizábal en el que podrá encontrar una minuciosa selección de las frases y citas célebres pronunciadas por personajes colombianos.
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

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| Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas

Letra G



GACETA OFICIAL

Hay cuestiones a las cuales no debe descenderse porque la verdad suele ruborizar aun al que la vierte
La infamia, E.O., 1851.
 Su lójica es el "Pasquín", su profesión de fe la "Caricatura", su arma, la "Difamación", su programa político la "Infamia"!!
Ibid. (contra El Día).


GAITÁN O., Gustavo


Bebo para ahogar mis penas, / dice a todos Baltasar. / Lo malo es que las malditas / como que saben nadar...
Atrib. (Atrib. también a Gonzalo Vidal).
Un borracho se durmió / en el concierto pasado, / y en cuanto se despertó, / con gran sorpresa notó / que estaba desconcertado...


GAITÁN DURÁN, Jorge (Pamplona, 1925- Point-a-Pitre, 1962)

Yo creía en mi dolor. / Ahora creo en el dolor de todos. / Yo creía en la muerte. / Ahora creo en la muerte de todos.
Presencia del hombre, 1947.
Dos cuerpos que se juntan desnudos / solos en la ciudad donde habitan los astros / inventan sin reposo al deseo.
Amantes, 1958.
Se juntan desnudos. No se ven cuando se aman, bellos / o atroces arden como dos mundos / que una vez cada mil años se cruzan en el cielo.
Ibid.

Nadie sabrá que fuiste mía bajo el otoño / de estrellas delirantes y crepúsculos vagos, / que llenaste mis labios con tu fuego de siempre, / que cayó mi tristeza sobre ti como un canto. Ibid.

Nada resiste la invasión del olvido / cuando llega a mi alma su humareda de otoño.
Ibid.

El regreso para morir es grande. / (Lo dijo con su aventura el rey de Itaca). El regreso.
Mejor morir sin que nadie / lamente glorias matinales, lejos / del verano querido donde conocí dioses.
Ibid.

Tantas razones tuve para amarte / que en el rigor oscuro de perderte / quise que le sirviera todo el arte // a tu solo esplendor y así envolverte / en fábulas y hallarte y recobrarte / en la larga paciencia de la muerte.
Ibid.

Soledades del cielo, las estrellas; / Los hombres, soledades de la tierra; / Nos separaban dioses, mas luchamos / hasta habitar un día entre los astros.
Estrofa al alba del 14 de septiembre de 1959.
Tú no has conseguido nada, me dice el tiempo, / todo lo has perdido en tu lid imbécil / contra los dioses. Solo te quedan palabras. Hacia el cadalso.
Tú no has sido nada: ni padre ni guerrero / ni súbdito ni príncipe - ni Diógenes el perro / y ahora la muerte - cáncer y silencio en tu garganta - / te hace besar las ruinas que escupiste.
Ibid.

El idiota repite estas palabras hasta el cadalso / interminablemente: ¡He vivido!
Ibid.

Mas yo creo en soles, nieves, árboles, / En la mariposa blanca sobre una rosa roja, / En la hierba que ondula y en el día que muere. La tierra que era mía Dios ignorante, vivo en la intrincada / prisión que a viles cosas da mi mente.
Luz de mis ojos, I.
Desnudo en tu desnudo, soy mirada / que mira con la lengua que te miente, / con el miembro que empuja mi simiente / al vientre que me tiende la celada.
Ibid.

Mas me quemo en tu ira, soy tu llama.
Ibid., II.
Cuando siente un aire / de luna, aléjase silbando por la orilla.
Ibid.

Pasó un ciervo blanco / por el sigilo húmedo del bosque.
Ibid.

Pájaros y verde cruzan por el frío.
Ibid.

Tantas razones tuve para amarte / que en el rigor oscuro de perderte / quise que le sirviera todo el arte / a tu solo esplendor y así envolverte / en fábulas y hallarte y recobrarte / en la larga paciencia de la muerte.
Ibid.

De súbito respira uno mejor y el aire de la primavera / llega al fondo. Mas solo ha sido un plazo / que el sufrimiento concede para que digamos la palabra. / He ganado un día; he tenido el tiempo / en mi boca como un vino.
Ibid.

Es un enemigo más temible que Dios, / el sueño que puedo ser si mañana despierto / y sé que vivo.
Ibid.

Esta atada pasión, / este sigilo / del alma hacia términos oscuros.
Ibid.

Somos dos en lo alto de la vida / Somos uno en lo alto del instante.
Ibid.

Cuando abro tu carne hiero el tiempo...
Ibid.

Sospecho un signo en el tumulto, una soberanía (rapto o ademán) en la materia cuando se asoma a la nada.
Ibid.

Quise un mundo que fuera / como fuga de pájaros.
El poema es acto erótico.
Ibid.

¿;Cómo transformar en dato la vibración irrepetible del orgasmo?
Ibid.

Pertenezco a una generación marcada con más hondura por Marx, Freud y Sartre que por Proust, Joyce o Faulkner.
La revolución invisible, 1959.
Hemos olvidado que el dictador derribado el 10 de mayo de 1957 fue el 13 de junio de 1953 el hombre más popular de Colombia.
Ibid.


GAITÁN, Jorge Eliécer (Bogotá, 1898 - 1948)

Dio gloria y triunfo a ese cortejo de sacrificados que entre sangre, lágrimas y fuego, han forjado el bienestar humano.
Ante la tumba del general Quintero Calderón, II, 1919.
Parece que a este nuestro pueblo, al igual del personaje de Poe, lo ha invadido la irremediable cobardía de no abrir los ojos, no tanto por esquivar la visión de horribles cosas cuanto por el fundado temor de no ver nada.
Tesis de grado, Sobre las ideas socialistas en Colombia, 1924.
Dolorosamente sabemos que en este país el gobierno tiene la metralla homicida para los hijos de la patria y la temblorosa rodilla en tierra ante el oro yanqui.
La matanza de las bananeras.
Yo confío en la multitud. Hoy, mañana y pasado, esa multitud que sufre el suplicio, que lo sufre en silencio, sabrá desperezarse y para ese día, ¡oh bellacos!, será el crujir de dientes.
Ibid.

Antes que la vida miserable y perecedera están el dolor, la justicia y el ideal.
1928. Un principio que debería ser la base fundamental de las auténticas democracias: el que no trabaja no come, que es opuesto a la simulación de la democracia en donde el que menos trabaja es el que más come.
Principios, 1930. Cuando los trabajadores sean en realidad una organización de clase... podrán influir decisivamente en la vida nacional.
Ibid.

La Constitución del 86 ha hecho de Colombia algo peor que un coloniaje y peor que una monarquía. Cercano está el momento en que veremos al pueblo barriendo con este engendro cavernario.
Ibid.

Cercano está el momento en que veremos si el pueblo manda, si el pueblo ordena, si el pueblo es el pueblo y no una multitud anónima de siervos.
Ibid.

Nos hallamos apenas en el período inicial de toda revolución: la emoción. Por eso no somos revolucionarios sino simplemente rebeldes, es decir inconformes.
A Darío Samper, IX, 1931.
La instrucción y la educación no pueden ser un fin sino un medio. Entre nosotros ha sido todo lo contrario.
Ibid.

Es un deber íntimo y profundo aquel que consiste en transformar la historia de los seres queridos en oro puro al fuego del crisol de nuestros afectos.
Discurso en defensa de Olaya Herrera, 1, XI, 1931. Jamás de los jamases sobre nuestro suelo sagrado ha de pisar insolente la planta invasora porque nuestro orgullo lo impide porque las naves del invasor para llegar a la presa de sus designios tendrán que navegar sobre la púrpura encendida de nuestra sangre joven.
Ibid.

Nada más cruel e inhumano que una guerra. Nada más deseable que la paz. Pero la paz tiene sus causas, es un efecto. El efecto del respeto a los mutuos derechos.
En El Combate de Costa Rica, 1933.
Una paz que significara el silencio del pueblo pacífico ante las tropelías de una dictadura impostora y cruel, no sería la paz sino la complicidad con el delito.
Ibid.

Nadie puede aspirar por inmoral y antisocial que el ciudadano pacífico que cruza por la mitad de la calle en altas horas de la noche guarde silencio ante el brutal ataque del agresor para no perturbar el silencio de la vía pública.
Ibid.

Tal vez el único pecado que la humanidad no perdona es el de obrar sin la intención de pecar.
Correspondencia, a Amparo, 4, VIII, 1934.
Lo que las mujeres colombianas se niegan en su mayoría a comprender, es decir que el culto de su belleza, de su agilidad y de su vida, vale por lo menos tanto como el culto por la belleza artificial de sí mismas.
Correspondencia, a Amparo, IX, 1935.
Las dos castas, la liberal y la conservadora... son una misma cosa: la oligarquía, el país político. Contra la oligarquía liberal y la oligarquía conservadora, a la carga. En el falso país de los doctores... El maridaje inadmisible de la política y los negocios.
El pueblo me pide. 1938.
Vengo a defender a un grande hombre de una grande infamia.
En el Congreso, al llegar a defender a Plinio Mendoza Neira, II, 1938. El pueblo es superior a sus dirigentes.
Discurso, 22, II, 1946.
¡Hay un divorcio entre el país político y el país nacional!
Discurso, 20, IV, 1946. Por la reconquista del poder.
Lema político, 1946.
Los pequeños negociantes, los profesionales, los artesanos y sobre todo los terratenientes pequeños, pertenecen a las clases medias, que entre nosotros son como la columna vertebral de las sociedades. Un día, ávidos de una justicia reparadora, iremos hombro a hombro, conservadores, liberales y socialistas honrados... contra el dominio de la casta que hoy gobierna. No es con medidas transitorias, ni con leyes ficticias, ni con reformas demagógicas, como este país escapara a la crisis que atraviesa por obra y gracia de mandatarios ineptos y dolosos. Desgraciada patria aquella cuyos destinos estén regidos por gobernantes insensibles y traidores a su pueblo. La revolución significa la desaparición del desorden, del odio y de la muerte. Revolución es nada menos que reemplazar por un orden nuevo el desorden anquilosado. Hay caminos de mayor amplitud y más aconsejables para realizar una política renovadora en el sentido histórico y permanente, que los del simple escamoteo, a la larga infecundo, de las urnas. López no ha hecho la revolución.
Cit. por Juan Lozano y Lozano, Mis contemporáneos, 1947.
Todo acto político pasa por tres estados o tres faces: el programa filosófico o científico, que da el criterio general; la plataforma de acción, que aplica el criterio general al problema concreto: la que yo he llamado mecánica política, que suministra los medios prácticos de actuación sobre el problema concreto.
Ibid.

Bienaventurados los que no ocultan la crueldad de su corazón, los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar los sentimientos de rencor y de exterminio.
Ibid.

Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad contra los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia.
Ibid.

Hoy quedó borrado el recuerdo de Olaya Herrera... Este movimiento es arrollador. Nadie podrá quitarme la victoria.
A Lenc.
Yo no soy un hombre, yo soy un pueblo.
Lema (v. Vargas Vila)
Yo no soy un político, soy un hombre con ideas políticas. Si avanzo, seguidme; si retrocedo, empujadme; si me matan, ¡vengadme! No habría oligarca que asumiera el riesgo, ni se hallaría hombre del pueblo capaz de matarme.
Cit. por Jorge Padilla.
¡A mí qué me va a pasar! ¡fíjate como me quiere esta gente!
Cit. por Samuel Arango Reyes
Aceptado. Pero te advierto, Plinio, que yo cuesto caro.
A Plinio Mendoza Neira, quien lo invitaba a almorzar el 9 de abril de 1948, cit. por Arturo Alape, El bogotazo.


GAITÁN, Paula

La vida es un pacto / de nostalgia con la muerte.
Poema No. 56.
La vida es el olor del almendro, / la silueta del pájaro ambulante, / la caída del compañero amado.
Ibid.


GALÁN CASANOVA, John Jairo (Bogotá, 1970)

Recobrar en el agua / el rostro de cuando eras niño. / Cuando orinabas sobre tu sonrisa. / Tirar de la cadena / y remontar el tiempo / en medio del pequeño remolino.
Hay algo irrecuperable / en descubrir a un desconocido.
"Poema de la primera vez", Boletín Cultural y Bibliográfico, No. 41, 1996.
Pero queda el tatuaje del instante / en que nos fue dado robar el fuego / del aliento del desconocido.
Ibid.


GALÁN, José Antonio (n. en Charalá - Santafé, 1781)

Un hombre pobre pero de mucho ánimo.
(Autorretrato) Despacho militar a Berbeo, 178
1. Unión de los oprimidos contra los opresores. Estandarte En nombre de Dios, de mis mayores y de la libertad, ¡Ni un paso atrás! ¡Siempre adelante! ¡Que lo que sea menester, sea! Nuestra navegación sólo se dirige a lo equitable de nuevos impuestos pechos, y no a decadecer de la rendida obediencia del vasallaje natural que debemos guardar a nuestro soberano...
Carta a Juan Manuel Rodríguez, 2, X, 1781.
Suplico a Usted que me haga el favor por nuestro Amo y Señor, se retire aunque sea en una montaña debajo de la Tierra, por evitar alguna ruina que puedan padecer esta villa y vuestra merced, si lo encuentran los comunes.
Carta a Gutiérrez de Piñeres, 1881.
Si es pecado defender la justicia y la libertad, ¡acepto el infierno y no hablemos más!


GALÁN, Luis Carlos (m. en Soacha, 1989)

Todo líder es transitorio. Lo perdurable son los cambios en el comportamiento colectivo. Quiero que Colombia me recuerde como el hombre que ayudó a cambiar el modo de pensar de la nación.


GALÁN, Pacho

Anoche / Anoche soñé contigo / Soñé que..
Ay cosita linda (merecumbé).


GALARZA, Leovigildo

¡Hasta para el crimen lo consideran a uno peón!
1915, (Respuesta a la pregunta de si en el asesinato del general Uribe Uribe, realizado por Galarza y Carvajal, había un autor intelectual que les hubiera pagado por el crimen).


GALINDO, Aníbal

La inmensa causa del malestar político, social y civil que el país sufría, era la del ejercicio de la Constitución ultrafederal de 1863.
No había lado por dónde examinar aquel Código, de donde no resultara absurdo.
Ibid.

En suma, aquel Gobierno General de los Estados Unidos de Colombia, estaba reducido al oficio de formar un presupuesto y comérselo.
Ibid.

La Constitución de 1886 no sólo reconoce o consagra en principio, todas las grandes libertades del derecho moderno, sino que muchas de ellas están definidas con una precisión sajona a la que no igualaron las nuestras.
Ibid.


GALVIS, Joaquín Tiberio "El loco"

Yo tengo alma terrible y frágil de bombardero.
Cit. por Carlos Lleras Restrepo, Crónica... IV
La pregunta que tengo que hacerle es si Su Señoría va a continuar en ejercicio de la dictadura para entonces retirarnos definitivamente de la Cámara.
Interpelación a Arango Vélez, 5, VIII, 1942.
He asistido a su muerte política, pero no quiero quedarme a sus velaciones.
A Arango Vélez al retirarse de la sesión, 5, VIII, 1942.


GALLINAZO, Pablus

Yo soy el ministro de guerra del Nadaísmo.
Cit. por Gonzalo Arango, Correspondencia violada, 1980.
Boca de chicle.
Título de canción
Por amor hay un hombre en la calle / Por amor, por amor, por amor..
Por amor
Por amor es que yo me pregunto / si vale la pena / amar.
Ibid.

El reloj se ha dañado / pero el hambre despierta / son las seis y en la puerta / oigo un hombre gritar / ¡Vendo leche sin agua! / vendo miel / vendo pan / y dinero no hay.
Una flor para mascar (canción), 1970.
Por eso salgo siempre a caminar / en busca de una flor para mascar / pensando / que a la vuelta / del camino / el dinero / que ... / ya es verdad.
Ibid.


GALLO ISAZA, Orlando (1959)

Nosotros que sabemos que las calles, como las líneas de los mapas, son imaginarias.
Un lugar.
La vida nos entrena bien temprano / para las despedidas.
La próxima línea tal vez, 1991.


GAMA Y VALENCIA, Juan

En el edicto de ayer / de Sámano el imperante, / donde dice: Brigadier, / debe decirse: Brigante.


GAMBOA, Isaías (1872 - 1904)

Aquella / noche de adoración en que creíste / ver un signo feliz en cada estrella, / fue una noche muy bella, / ¡pero también muy triste!
Acerba dicha.


GAMBOA, Octavio (Cali, 1923 - 1992)

Durante veinticuatro días fui contemporáneo de Vladimiro Ilytch.
Cit. por Andrés Holguín, Antología crítica de la poesía colombiana, 1974.
Sólo quiero que de mí se diga que fui un hombre que llegó a los cuartetos de Beethoven.
Ibid.

Vuelve el amor y necesito estrellas, / requiero la asistencia de la rosa, / necesito tu mano, compañera.
Vuelve el amor y necesito estrellas.
Necesito el auxilio de las cosas / que el hombre sólo llama cuando ama: / los jardines, la tarde, la amapola.
Ibid.

Necesito que sólo la ternura / me devuelva la fe que yo tenía / en la sombra voluble de la luna.
Ibid.

No fue grito, no fue sollozo, / ni rumor, ni silbo, ni nada. / Ni ruido de piedra en el pozo. / La casa estaba iluminada / y alguien el hombro me tocó.
La llamada.
Fue porque el viento se llevó las nubes / dejándole al azul todo el espacio / y de pronto sentimos en el bosque / el silencio en colores de los pájaros.
Fue porque el viento se llevó las nubes, 1980.
Fue porque regresó la poesía, / cerró las alas y durmió en tus manos.
Ibid.

Con una extraña y honda mansedumbre / ha llegado a mi casa. / No recordaba esa manera suya / de hacer ver, entre lágrimas, el alma.
El amigo olvidado.
De lejanos países / pausadamente habla. / Fue a buscar hasta ellos la alegría / y ha vuelto al fin, sereno de nostalgia.
Ibid.

Talvez, me digo, este hombre / acaba de morir en tierra extraña / quiso conversar conmigo a solas / de cosas que tenía ya olvidadas.
Ibid.


GARAVITO, Edgar (m. Bogotá, 1999)

Hay culturas que desde el comienzo están mutiladas y por eso no es extraño que en sus prácticas vivan consecuencias de mutilación.
Deleuze, estética de la guerra, 1996.


GARAVITO, Fernando (Juan Mosca) (1944)

Los poemas greiffianos se tararean, no se leen.
Prólogo a la Selección de poemas de León De Greiff, 1972.
Me importa un rábano el noventa por ciento / y el otro diez me interesa un pepino.
Radiografía de la decadencia, 1974.
Y si me da la gana, escribo: rana.
Erótica, 1976.
Leviatán devorado no es devoto / de Job ni de Jonás. Es una pena: / Jonás hecho papilla de ballena / no columbró jamás tanto alboroto.
Son neto.
Yo comido, escarbado, ese es mi sino: / soy un ocho acostado, triturado, / soy viajero de vientre vespertino, / mondadientes sin pan, sal ni salvado.
Ibid.

Yo no conozco el término adecuado, / la palabra media no conozco.
Llueve sobre nuestro amor.
Yo, deseo sordo sin destinatario, / limitado / por esta cama y por esta butaca, / raíz sin asidero, / Abelardo al borde de su abismo.
La vergüenza.
Estoy cansado de leer poemas / que nunca escriben la palabra tripas. / Yo resucito la palabra tripas.
Ilusiones y erecciones, 1989, La flauta mágica.
Juan Mosca murió en 1995 aplastado por un periódico contra el vidrio de una ventana.
País que duele, 1998, Contracarátula.


GARCÉS, José Luis

Esos problemas de sangre tienen acabado a este pueblo. Se matan en forma tan tranquila. Y en forma tan tranquila entierran a los muertos, hacen su velorio, y vuelven a llenar el tambor del revólver.
Organizando el trayecto, 1976.


GARCÉS, Gustavo

La antena que trae / las noticias de la guerra / está llena de pájaros.


GARCÍA VALENCIA, Abel (Santa Bárbara, 1904 - Medellín, 1964)

Cuando no existe una literatura nacional que sea reflejo de Colombia, en cambio sí existe la literatura típica de Antioquia.
Tomás Carrasquilla y la literatura antioqueña.
No sé si lo leí o lo soñé, pero de alguna manera he sabido que la existencia de Dios puede ser demostrada, también, por la aparición de la poesía entre los hombres.
De las relaciones entre "Anarkos" y "Los Doce", de Alexander Block, y cómo Valencia fue el verdadero poeta de la Revolución Rusa.
En la armonía también se producen disonancias, y soy yo por desventura el ejecutante desapacible de esta musiquilla tonta.
Medellín en el mundo, en la poesía y en la historia.


GARCÍA, Antonio (Bogotá, 1912 - 1982)

Las mujeres se pierden -pensaba- no por un hombre que las hace caer, sino por otro que explota su caída.
Servicio militar.
El hartazgo se rodea de una aureola mística, se pone una cara cristiana, para perdonarse.
Ibid.

Demetrio Casas tenía un siglo de hambre a sus espaldas.
Colombia S.A, 1934, Porvenir
Colombia es una república señorial.


GARCÍA ROVIRA, Custodio (El Socorro, 1780 - Santafé, 1816)

¡Firmes, Cachirí!
Atrib., en la batalla de Cachirí, 1816.


GARCÍA AGUILAR, Eduardo

Es increíble, ya casi no hay nadie con quien hablar de literatura; ahora sólo hablan de dinero, contratos, becas, invitaciones, en fin, todas esas cosas accesorias aptas para abarroteros. 1994.


GARCÍA MAFFLA, Jaime (Cali, 1944)

Si caminar a tu lado / ya toda la fantasía / me ha devuelto ¿Qué sería / contigo estar?
Canciones de ausencia, 1978.
Un día y otro / así uno y otro pétalo / al caer / deshaciéndose / de la flor de la edad. Sabes que la vida está escrita / o ya vivida y no hay más libertad / que la de descifrar / o aprender a querer la página celeste.
La caza, 1984.
Y son despojos / el haz de unas cenizas / mas es deber cantarlas.
Ibid.

Cosas que miras / Y de ellas eres lo contemplado...
Flores, 1989.
Alguien que nunca he de encontrar / Me ha aguardado para no hallarme nunca...
Los dones, 1989.
Cuanto he perdido antes de haber tenido / Está ahora conmigo / Si es que ya sucedió lo que sucederá / Como si en verdad hubiera estado escrito.
Ibid.

El Espectador, M.D., 1992.
La antigua República de los poetas es hoy un barrio de invasión.
"Travesía de una generación poética", El Espectador, 23/VIII/1992.
Porque primero está la piel que el alma / Y primero la yema de unos dedos / Que toda la Doctrina...
Viene una joven.
No quiero más sosiego / que el de lo silencioso en el silencio.
Lo que deseo, 1994.
¿Querías un monje? Ya lo soy, / Mírame consagrado al rito de tu lecho. Vidas que traen los libros secretos / De viajes, de milagros y de afrentas, / Que dicen del azul y la doncella / Como hablan del viento las veletas.
Luz violeta, 1995.
Paisaje de mi desesperanza / voz tan sólo / presentimientos y recuerdos / lluvias atardeceres sin pausa sucediéndose. Paisaje de mi desesperanza.


GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel, "GABO" (Aracataca, 1928)

Niña de ojos azules, préstame tu cabellera despeinada para hacer un nido de palomas.
En la coronación de una reina estudiantil.
Señora: su niño tiene una enfermedad grave: está muerto. Sin embargo, haremos todo lo posible por conservarle la vida más allá de su muerte. La tercera resignación, 1947. Indiscutiblemente, el jueves es un día entre paréntesis. Sólo sirve para escribir sobre su inutilidad cuando no es posible desarrollar otro tema de mayor interés.
Jirafas, Punto y aparte, 24, VI, 1948.
La extraña sensación de que sus parientes habían extraído del espejo la imagen suya, la que él veía reflejada en el cristal cuando se afeitaba.
La otra costilla de la muerte, 1948.
Resignado, oyó la gota, gruesa, pesada, exacta, que golpeaba en el otro mundo, en el mundo equivocado y absurdo de los animales racionales.
Ibid.

Sí; había que abandonar la belleza en cualquier parte; a la vuelta de una esquina, en un rincón suburbano. O dejarla olvidada en el ropero de un restaurante de segunda clase como un viejo abrigo inservible.
Eva está dentro de su gato, 1948.
Invariablemente se acordaba del "niño". Allá lo imaginaba, sonámbulo, debajo de la hierba, en el patio, junto al naranjo, con un puñado de tierra mojado dentro de la boca.
Ibid.

Sabía que debajo de cada naranjo, en todo el mundo, había un niño enterrado que endulzaba las frutas con la cal de sus huesos.
Ibid.

Sólo entonces comprendió ella que habían pasado ya tres mil años desde el día en que tuvo deseos de comerse la primera naranja.
Ibid.

Creer en las rosas por ser rosas y no por la certeza de sus espinas.
Discurso para Elvira primera, El Universal, 5, VII, 1949.
Thales de Mileto, inventor de la línea recta.
Ibid.

Con la bata puesta, ya frente al lavabo, un rostro somnoliento, desgreñado y sin afeitar, le echó una mirada aburrida desde el espejo.
Ibid., Diálogo del espejo, 1949.

Su buen gusto que es, al fin y al cabo, lo único verdaderamente importante que puede tener un hombre.
Jirafas, El Heraldo, 1950.
No hay pesadilla, por vertiginosa y complicada que sea, que no haya sido experimentada por Natanael, que no haya sometido a un cuidadoso análisis, a un procedimiento técnico de laboratorio.
Ibid., 11, X, 1950.

La obra literaria es como el "iceberg": la gigantesca mole de hielo que vemos flotar, logra ser invulnerable porque debajo del agua la sostienen los siete octavos de su volumen.
Dos o tres cosas sobre la novela de la violencia, La Calle, 9, X, 1959.
Basta ser un lector exigente para comprobar que la historia de la literatura colombiana, desde los tiempos de la Colonia, se reduce a tres o cuatro aciertos individuales, a través de una maraña de falsos prestigios.
El Tiempo, IV, 1960. La literatura colombiana es un fraude a la nación.
Durante cincuenta y seis años -desde cuando terminó la última guerra civil- el coronel no había hecho nada distinto de esperar. Octubre era una de las pocas cosas que llegaban.
El coronel no tiene quien le escriba, 1961. Era un hombre árido, de huesos sólidos articulados a tuerca y tornillo. Por la vitalidad de sus ojos no parecía conservado en formol.
Ibid.

El administrador no levantó la cabeza. -Nada para el coronel -dijo. El coronel se sintió avergonzado. -No esperaba nada -mintió. Volvió hacia el médico una mirada enteramente infantil-. Yo no tengo quien me escriba.
Ibid.

El interior del cuartito de madera con techo de zinc estaba enrarecido por el vapor amoniacal del bacinete. Cuando el coronel levantó la tapa surgió del pozo un vaho de moscas triangulares.
Ibid.

Con su asombrosa habilidad para componer, zurcir y remendar, ella parecía haber descubierto la clave para sostener la economía doméstica en el vacío.
Ibid.

El coronel se metió en la hamaca a leer los periódicos. -Hay que esperar el turno -dijo-. Nuestro número es el mil ochocientos veintitrés. -Desde que estamos esperando, ese número ha salido dos veces en la lotería -replicó la mujer.
Ibid.

La ley de jubilaciones ha sido una pensión vitalicia para los abogados.
Ibid.

Agonizó muchas horas en el excusado, sudando hielo, sintiendo que se pudría y se caía a pedazos la flora de sus vísceras.
Ibid.

-Lo único que llega con seguridad es la muerte, coronel.
Ibid.

-La ilusión no se come -dijo ella. -No se come, pero alimenta -replicó el coronel.
Ibid.

La interrumpió el relámpago. El trueno se despedazó en la calle, entró al dormitorio y pasó rodando por debajo de la cama como un tropel de piedras.
Ibid.

-Quédate así como estás -la interrumpió sonriendo-. Eres idéntica al hombrecito de la avena Quaker.
Ibid.

-Todo el año debía ser diciembre... Se siente uno como si fuera de vidrio.
Ibid.

Esta es, incrédulos del mundo entero, la verídica historia de la Mamá Grande, soberana absoluta del reino de Macondo, que vivió en función de dominio durante 92 años y murió en olor de santidad un martes del septiembre pasado, y a cuyos funerales vino el Sumo Pontífice.
Los funerales de la Mamá Grande, 1962.
Ahora es la hora de recostar un taburete a la puerta de la calle y empezar a contar desde el principio los pormenores de esta conmoción nacional, antes de que tengan tiempo de llegar los historiadores.
Ibid.

La laboriosa enumeración tronchó su último vahaje. Ahogándose en el maremágnum de fórmulas abstractas que durante dos siglos constituyeron la justificación moral del poderío de la familia, la Mamá Grande emitió un sonoro eructo, y expiró.
Ibid.

En el Capitolio Nacional, donde los mendigos envueltos en papeles dormían al amparo de columnas dóricas y taciturnas estatuas de presidentes muertos, las luces del Congreso estaban encendidas.
Ibid.

Repuesto a la modorra del ferragosto reciente, el Sumo Pontífice estaba en la ventana, viendo en el lago sumergirse los buzos que buscaban la cabeza de la doncella decapitada.
Ibid.

Desde su toldo sofocante, a través de los caños intrincados y las ciénagas sigilosas que marcaban el límite del imperio romano y los hatos de la Mamá Grande, el Sumo Pontífice oyó toda la noche la bullaranga de los monos alborotados por el paso de las muchedumbres.
Ibid.

Calvo y rechoncho, el anciano y enfermo presidente de la república desfiló frente a los ojos atónitos de las muchedumbres que lo habían investido sin conocerlo y que sólo ahora podían dar un testimonio verídico de su existencia.
Ibid.

Por primera vez desprovistas del esplendor terrenal, allí pasaron, precedidas de la reina universal, la reina del mango de hilacho, la reina de la ahuyama verde, la reina del guineo manzano, la reina de la yuca harinosa, la reina de la guayaba perulera, la reina del coco de agua, la reina del fríjol de cabecita negra...
Ibid.

La Mamá Grande estaba entonces demasiado embebida en su eternidad de formaldehído para darse cuenta de la magnitud de su grandeza.
Ibid.

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.
Cien años de soledad, 1967.
El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.
Ibid.

Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo XV con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer.
Ibid.

Ella tuvo que hacer un esfuerzo sobrenatural para no morirse cuando una potencia ciclónica asombrosamente regulada la levantó por la cintura y la despojó de su intimidad con tres zarpazos, y la descuartizó como a un pajarito. Alcanzó a dar gracias a Dios por haber nacido, antes de perder la conciencia en el placer inconcebible de aquel dolor insoportable, chapaleando en el pantano humeante de la hamaca que absorbió como un papel secante la explosión de su sangre.
Ibid.

La noche de bodas a Rebeca le mordió el pie un alacrán que se había metido en su pantufla. Se le adormeció la lengua, pero eso no impidió que pasaran una luna de miel escandalosa.
Ibid.

De todos modos no entendía cómo se llegaba al extremo de hacer una guerra por cosas que no podían tocarse con las manos.
Ibid.

-Usted no es liberal ni es nada -le dijo Aureliano sin alterarse-. Usted no es más que un matarife.
Ibid.

El padre Nicanor trató de impresionar a las autoridades con el milagro de la levitación, y un soldado lo descalabró de un culatazo.
Ibid.

El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos.
Ibid.

La anciana se cuadró en un saludo militar antes de identificarse: -Soy el coronel Gregorio Stevenson.
Ibid.

Arcadio apenas tuvo tiempo de sacar el pecho y levantar la cabeza, sin comprender de dónde fluía el líquido ardiente que le quemaba los muslos. -¡Cabrones! -gritó-. ¡Viva el partido liberal!
Ibid.

El coronel Aureliano Buendía cayó prisionero cuando estaba a punto de alcanzar la frontera occidental disfrazado de hechicero indígena.
Ibid.

Desde que tuvo uso de razón recordaba haber hecho sus necesidades en una bacinilla de oro con el escudo de armas de la familia.
Ibid.

Se extravió por desfiladeros de niebla, por tiempos reservados al olvido, por laberintos de desilusión. Atravesó un páramo amarillo donde el eco repetía los pensamientos y la ansiedad provocaba espejismos premonitorios.
Ibid.

Fernanda se había puesto un camisón blanco, largo hasta los tobillos y con mangas hasta los puños, y con un ojal grande y redondo primorosamente ribeteado a la altura del vientre. Aureliano Segundo no pudo reprimir una explosión de risa: -Esto es lo más obsceno que he visto en mi vida...
Ibid.

-Ahí viene -alcanzó a explicar- un asunto espantoso como una cocina arrastrando un pueblo.
Ibid.
(Los gringos) modificaron el régimen de lluvias, apresuraron el ciclo de las cosechas, y quitaron el río de donde estuvo siempre y los pusieron con sus piedras blancas y sus corrientes heladas en el otro extremo de la población, detrás del cementerio.
Ibid.

Hasta el último instante en que estuvo en la tierra ignoró que su irreparable destino de hembra perturbadora era un desastre cotidiano.
Ibid.

Era demasiado evidente que estaba desnuda por completo bajo el burdo camisón, y nadie podía entender que su cráneo pelado y perfecto no era un desafío, y que no era una criminal provocación el descaro con que se descubría los muslos para quitarse el calor, y el gusto con que se chupaba los dedos después de comer con las manos.
Ibid.

Ella le contestó sinceramente que nunca se casaría con un hombre tan simple que perdía casi una hora, y hasta se quedaba sin almorzar, sólo por ver bañarse a una mujer.
Ibid.

Y porque el niño tropezó por accidente con un cabo de la policía y le derramó el refresco en el uniforme, el bárbaro lo hizo picadillo a machetazos y decapitó de un tajo al abuelo que trató de impedirlo.
Ibid.

-Dígale -sonrió el coronel- que uno no se muere cuando debe, sino cuando puede.
Ibid.

Se tomó varias píldoras analgésicas antes de la hora prevista, de modo que el alivio le llegara primero que el dolor.
Muerte constante más allá del amor, 1970.
-¡Carajo -suspiró asombrado- las vainas que se le ocurren a Dios!
Ibid.

Entonces comprendió que ella estaba desnuda debajo del vestido, porque el cuerpo exhaló una fragancia oscura de animal de monte.
Ibid.

La fuente de creación al fin y al cabo es siempre la realidad.
Ibid.

El diálogo en lengua castellana resulta falso.
Ibid.

Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que escribir.
Ibid.

El trabajo manual ayuda a veces a vencer el miedo a la realidad.
Ibid.

Una ciudad remota y lúgubre donde estaba cayendo una llovizna inclemente desde el principio del siglo XVI.
Sobre Bogotá, Ibid.
En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menos fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte.
Ibid.

Que esta tragedia (la Violencia) vuelva a salir a flote tan pronto como las condiciones sociales le son propicias, y que lo haga con las mismas formas de su salvajismo primitivo, es algo que hace pensar en quién sabe qué componentes enfermizos e irremediables de nuestra personalidad nacional.
Ibid., 20, VIII, 1983. Ese cuartel de policía del idioma que es la Academia de la Lengua Plinio (Bogotá)...
La ciudad de lloviznas heladas donde vivían los poetas.
  Cit. por Plinio Apuleyo Mendoza.
Un escritor no escribe sino un solo libro aunque ese libro aparezca en muchos títulos diversos. Escribir es un trabajo como cualquier otro.
Cit. por Alfonso Monsalve. Siento una gran fascinación por el poder, y no es una fascinación secreta. El olor de la guayaba. Con ella comenzó todo. Sobre la revista "Mito".
El hombre más bueno que ha dado Colombia.
(Roberto García-Peña), cit. por Daniel Samper Pizano.
A Colombia hay que meterle más amor, mucho más amor y menos balas.
Cit. por Darío Arizmendi Posada.
Creo que la nostalgia es la fuente de toda literatura y de toda poesía.
Entrevista, 1990. Creo que uno tiene una vida pública, una vida privada y una vida secreta. He escrito muchísimo sobre las vidas pública y privada. Acerca de mi vida secreta no he escrito una sola palabra
Ibid.

Prefiero mis propios libros en inglés que en español. No quedan mejor escritos, ni son más poéticos, pero tienen menos palabras que en español, que es una lengua demasiado sinuosa.
Ibid.
Si uno estampa varios centenares de palabras cada día, a todo lo largo de su vida, escribirá tanto como Balzac.
Ibid.

Solía ocurrir que se nos consideraba revolucionarios si pensábamos que todo debía estar en manos del Estado. Ahora somos demócratas si se nos ocurre que todo debe ser privatizado.
Ibid.

Los narcotraficantes han erosionado las instituciones: son éstas las que han permitido que los narcotraficantes prosperen.
Ibid.

Esta centuria está concluyendo con una nota de esperanza, gracias a la muerte de los dogmas y a la búsqueda de nuevas creencias.
Ibid.

La vida es una fuerza; la muerte, no.
Ibid.

Si no fuera por los amaneceres, seríamos jóvenes toda la vida.
Ibid.

Si el día nos sorprende en la calle con la ropa de fiesta nos echa encima un chaparrón de años que no volvemos a quitarnos jamás.
Ibid.

Si por algo te tienen que condenar en el Juicio Final es por haber tenido el amor en casa y no haber sabido reconocerlo.
Ibid.

La felicidad del olvido es la única que no se paga.
Ibid.

Lo cierto es que la felicidad no es como dicen, que solo dura un instante y no se sabe que se tuvo sino cuando ya se acabó.
Ibid.

Con amor hasta morirse es bueno.
Ibid.

No hay medicina para borrar los recuerdos.
Ibid.

El idioma universal no es el inglés, sino el inglés mal hablado.
Ibid.

Cuesta trabajo admitir que alguien tenga una amante más fea que la esposa.
Ibid.

Nunca aprendiste que cuando una mujer amanece callada no hay que mirarla siquiera.
Ibid.

El colmo del descaro es ese, que no hay nadie más celoso que un marido infiel.
Ibid.

Me diste a probar el veneno de Bach, de Beethoven, de Brahms, de Bartok, y claro, de los Beatles, las cinco bes sin las cuales ya no se puede seguir viviendo.
Ibid.

Hay que desconfiar, por principio, de las cosas que nos hacen felices.
Ibid.

Mozart no existe, porque cuando es malo parece. Haydn y cuando es bueno parece Beethoven.
Ibid.

Hay un momento de la vida en que una mujer casada puede acostarse con otro sin ser infiel.
Ibid.

No aguanto más que seas tan simpático, ¡;carajo!
Ibid.

Lo que mi señor piensa, sólo mi señor lo sabe.
El General en su laberinto, 1989.
Usted es un hombre eminente, mi general, más que ninguno. Pero el amor le queda grande.
Ibid.

Escribo porque necesito que me quieran más.
Entrevista, Larrain, El Mercurio, 25, III, 1990.
El esfuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezar una novela.
Doce cuentos peregrinos, 1992.
el puro placer de narrar ... es quizás el estado humano que más se parece a la levitación.
Ibid.

Siempre he creído que toda versión de un cuento es mejor que la anterior.
Ibid.

Cuanto más transparente es la escritura más se ve la poesía.
Del amor y otros demonios, 1994.
No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad.
Ibid.

Ningún loco está loco si uno se conforma con sus razones.
Ibid.

Creían ser felices, y tal vez lo eran, hasta que uno de los dos decía una palabra de más, o daba un paso de menos, y la noche se pudría en un pleito de vándalos que desmoralizaba a los mastines.
Ibid.

Se había formado en Burgos, a la sombra del Santo Oficio, pero el don de mando y el rigor de sus prejuicios eran de dentro y de siempre.
Ibid.

A los demonios no hay que creerles ni cuando dicen la verdad.
Ibid.

Si usted conoce las debilidades de estos reinos, sabrá que las leyes no se cumplen por más de tres días.
Ibid.

Tarde en la noche, después de una jornada de retozos, se sentían amados desde siempre.
Ibid.

En los remansos de la pasión empezaron a disfrutar también de los tedios del amor cotidiano.
Ibid.
¿No teme condenarse? Creo que ya lo estoy, pero no por el Espíritu Santo, dijo Delaura sin alarma. Siempre he creído que él toma más en cuenta el amor que la fe.
Ibid.

Nunca he podido entender cómo una persona que quiera ser culta no tenga la música como uno de los elementos fundamentales de formación cultural.
Cit. por Augusto De Pombo P., El Tiempo, 13, XI, 1994.
Alberto Lleras Camargo era un gran escritor que fue dos veces presidente de la República.
Prólogo a las Memorias de Alberto Lleras Camargo, 1997.
Los libros clave de una vida son los que se leen en la primera juventud.
Ibid.


GARCÍA USTA, Jorge (1960)

Hace meses que las hojas / copian sin margen / las huellas / que en letras urgentes / deja en tu cuerpo mi mano / (Así, sin embargo, / sólo aprenderá a leer el bosque)
Ortografía de hojas.
La historia es ésta... / cantamos los que no tenemos voz.
El reino errante. Poemas de la migración y el mundo árabe, 1991.
Una mujer desnuda destruye toda sombra.
Ibid.


GARCÍA TEJADA, Juan Manuel (1774 - Madrid, 1845)

Bolívar, el cruel Nerón, / este Herodes sin segundo, / quiere arruinar este mundo / y también la religión: / sálga todo chapetón, / sálga, en fin, el buen cristiano / a cumplir con su deber, / hasta que logremos ver / la muerte de este tirano.
1814.
Canción contable, o jácara que si lo oliera, el diablo que la tuviera.
Título de poema, 1826.


GARCÍA ORTIZ, Laureano

Si allá nos dicen que sin petróleo no hay Tratado, aquí respondemos: sin Tratado no hay petróleo.
Como Ministro de Relaciones Exteriores, en alusión a los Estados Unidos, 1920.
Los caudillos militares colombianos, más que generales de consigna, han sido heroicos jefes de ciudadanos y paladines de orden legal.
Santander.
La tacha verdadera y grave que puede hacerse a Santander como hombre es la atrofia del corazón.
Ibid.
Colombia especialmente exige ya una historia diferente de la que se le ha hecho en panfletos políticos, en debates parlamentarios, en editoriales de periódicos o por académicos de consigna.
Gobernante ecuánime que se hizo aplaudir del adversario sin entregar un palmo del territorio ni una piedra de las fortalezas liberales, sin recoger un solo rizo de su bandera ni borrar una sola línea de su programa.
Sobre el presidente Salgar El ocaso del gobierno de Santos era glorioso. 1942.


GARCÍA-HERREROS, Antonio (Cúcuta, 1912- 1988)

Esta revista aparece cada vez que Dios quiera.
Sabatinas.


GARCÍA-HERREROS, Rafael (R.P.)

Cuando no podemos hacer cosas, entonces las escribimos. Dios mío, en tus manos colocamos este día que ya pasó, y la noche que llega.
El minuto de Dios.


GARCÍA-PEÑA, Roberto "AYAX" (1910-1993)

Todo venía de atrás acelerándose en un huracanado viento de violencia.
Memoria aproximada del 9 de abril, El Tiempo, 1973.
Los editoriales son como el alacrán: deben llevar el veneno en la cola.
Cit. por Daniel Samper Pizano.
¿Quién que es no es romántico?
Ibid.

Medio siglo sobre El Tiempo, 1978.
Salud y revolución social. Saludo que usaba a menudo,
cit. por Daniel Samper P., Dejémonos de vainas.


GARZON, Jaime (Bogotá - m. en 1998)

Nadie hasta ahora ha podido explicar por qué y para qué estamos los humanos en este mundo.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II, 1993.


GARRIDO, Gilberto (Paraje de Arcón, Supía, 1887- Cali, 1978)

Canta el ollero en la copa / del yarumo; escucha el ámbito; / ¡Y está la tarde cautiva / de la dulzura del canto!
Romance de mi solar y de mi gente, 1947, Romance de las aves.
Mi madre tiene en los ojos / ¡un dolor cristalizado!
Ibid., El comedor (véase Guillermo Valencia...)
Por grande vida alabar / -y ansina grande se muestre- / non mal fago / en tal medida e sisar. / Válame ansí mi maestre / de Santiago.
Ansiedad, 1947. A Mario Carvajal. Este cabello que hace un siglo / yace en el fondo del arcón, / que tengo ahora entre mis manos / como una síntesis del sol, / y en cuyas hebras de oro claro / está obstinado un resplandor, / iluminó la faz de Wellington / cuando su órbita cruzó / bajo la cruz de los imperios / y el dedo único de Dios.
Oro imperial (al cabello de Napoleón del museo del "Chato" Buenaventura.
El ritmo pitagórico de las constelaciones... Orbe cautivo en nácar, miniatura del mundo, / policromía cósmica, síntesis abismal, huésped iluminado de trombas y arrecifes, / perla, ¿eres mentira? Perla, ¿eres verdad?
Lumbre, 1947, La perla.
La paz de las esferas ha inundado mi espíritu: / ¡Claridad! ¡Claridad! ¡La mirada de Dios!
Ibid.,

Tránsito Naciste, y al nacer diste a la vida / tanta diafanidad y tanta luz / como si hubieras sido concebida / en las entrañas de un diamante azul.
Ibid., Victoria.

Dolor callado, acendrado, / de clara muerte vivida; / corazón iluminado: / lámpara siempre encendida. / Dolor de hierro clavado / en la luz adolorida / del madero traspasado: / ¡a ti te debo la vida!


GAVIRIA, Antonio José

 Y Samper pagaba pero me huía el bulto y me dejó otra vez solo, hasta que me cansé y me vine aburrido de aguantar tánta soledad a costa de Samper.


GAVIRIA TRUJILLO, César

¡Colombianos, bienvenidos al futuro!
Discurso de posesión presidencial, 1990.


GAVIRIA, Jesús

Detrás de mí está Ilión, / aquí la cólera de Aquiles.
Veinte piezas para instrumento de percusión, Futuro, 1991.
Homero le dirán / a esa cosa vasta y ciega.
Ibid.


GAVIRIA, Víctor (Medellín, 1955)

Un hombre antes de ser mayor se desilusiona / de sí mismo / pero continúa pronunciando lo suyo.
La luna y al ducha fría, 1979.
De pronto él atravesó los corrillos / como un ángel como una muchacha / como un león de fuego entre los corrillos.
Amor. El campo, al fin de cuentas, no es tan verde, Crónicas, 1982.
El Tiempo se ama a sí mismo por encima de todas las cosas...
El rey de las costumbres, 1988.
El pelaíto que no duró nada.
Título de libro, 1991.


GERS, José (José Gerardo Ramírez Serna) (Aranzazu, 1914 - Cali, 1986)

Desconfiad de los hombres casados a quienes no veáis por la calle con su respectivo aguacate, a las doce del día.
Croniquillas, El aguacate, 1946.
Es muy seguro que si los hombres tuvieran la suficiente independencia para permanecer buena parte de la mañana acostados, semidormidos, en el seno maternal de un colchón resortado, pensando al capricho de la imaginación, el mundo andaría mejor.
Ibid., Frazadas.

Un hombre bien dormido, después de haber cultivado su pereza, después de haber pasado agradablemente estirado en el lecho hasta bien entrado el día, no va a levantarse a organizar ninguna manifestación, ni menos una pedrea, ni a escribir un libelo contra sus semejantes, ni a pronunciar un discurso incendiario, ni a asistir a reuniones de carácter anárquico, ni a leer nada pesado, odioso.
Ibid.


GIL, Diógenes (Coronel)

Me rindo a cambio de que me nombre ministro de Guerra.
Al presidente López Pumarejo, luego del golpe de Pasto, 9, VII, 1944 (Hay varias versiones de la frase)


GIL, León Rimbaud

Encontró el color de las vocales / y Van Gogh / el color de las pasiones, / pero no sabemos qué ocurrió: /

¿Por qué el poeta quedó mudo / y fulminado el pintor?
Del huerto de Van Gogh, 1990, Maldición cromática.


GILIBERT, Marcelino (Fustinag, Francia, 1839 - Bogotá, 1921)

Si se tratare de un suicidio y quedare alguna duda acerca de la muerte cortará la soga y hará trasladar el cuerpo a una cama, sin sacudimiento alguno, aflojará los vestidos, proporcionará aire y hará tragar a la víctima un poco de agua con vinagre.
Reglamento de la Policía Nacional de Colombia, 1891
Frente a un orate pacífico, el agente deberá de hablarle con dulzura y en el sentido mismo de su locura, pero tratándose de un loco armado deberá apoderarse de él y envolverlo en mantas para quitarle la libertad de los movimientos.
Ibid.

Ser siempre benévolos, enérgicos, débiles nunca.
Ibid.

Convencer primero por medio de la persuasión y no reprimir sino después.
Ibid.


GIRALDO, Iáder (Neira, Caldas, 1934- Bogotá, 1984)

Entre Álvarez Gardeazábal y García Márquez, está toda la literatura universal.
Escritos, 1971.
Un colombiano es un venezolano... ¡pero pobre!
Ibid., 1971.
No mancharé más mi pluma con su nombre.
Telegrama a Klim, 1977, cit. pot Daniel Samper P.
Usar como mampuesto columnas de prensa para hostigar y calumniar víctimas, pasiones familiares, personales o políticas, no es de caballeros, ni periodistas, dignos.
Ibid.

Rétolo abandonar escondite y enfrentarse varonil, personalmente. Conocedor de su cobardía, apelar también justicia ordinaria para obligar reparación infamia.
Ibid.

Alguien decía que las "purgas" socialistas se deben a una sola causa: ¡que el marxismo da lombrices! Escritos, 1979.
¡Más fácil entra una aguja por el ojo de un rico, que un pobre, en camello, al reino de los cielos!
Ibid., 1979.
¡Si a Colombia volviera Francis Drake, lo piratearían!

Ibid., 1980.


GIRARDOT, Atanasio (m. en el Bárbula, 1812)

Mire U. compañero, mire cómo huyen esos cobardes.
A Rafael Urdaneta, en el momento mismo de ser herido mortalmente.


GNECCO LABORDE, José

La moral de ayer no es la de hoy ni será la de mañana.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II, 1993.


GÓMEZ HURTADO, Álvaro

Es que ésto va a desembocar en Lleras.
Comentario al pacto de Benidorm, 1956, cit. por Camilo Vásquez Cobo Carrizosa, "Memorias".
La antigüedad indígena, que ahora con tanto esmero se quiere reconstruir, no es una antigüedad nuestra.
La revolución en América, 1958.
Los indígenas de América constituyeron pueblos sin memoria, que en la mayoría de los casos apenas conservaban recuerdos anteriores a la segunda generación antecedente.
Ibid.

El pesimismo de las seudocivilizaciones americanas es una característica advertida uniformemente en todo el Nuevo Mundo.
Ibid.

A los americanos se nos hizo tarde para personarnos en el tiempo, pues nacimos a la civilización con cuatro milenios de retraso.
Ibid.

Bolívar contrarrevolucionario.
Título de capítulo,
En el campo social, el progreso debería técnicamente consistir en el desarrollo y afianzamiento de la solidaridad.
Ibid.

Las cosas son, en política, como nuestro talante no las permite apreciar. El diálogo es el ejercicio de la inteligencia.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II, 1993 Contracarátula.