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INDICE
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Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas
Letra V
VALDERRAMA, Carlos "El Pibe" (Santa Marta,
1961)
Todo bien, todo bien.
Respuesta tradicional a los periodistas.
VALENCIA, Elmo (n. en Cali)
Bogotá da la sensación de que siempre estuviera cubierta por una
espesa capa de ceniza. Islanada, 1967.
El cielo que se introduce hasta debajo de las uñas y el color
taciturno de los trajes forman espesas capas de aburrimiento en los
cuerpos de los transeúntes.
Ibid.
Bogotá es el encuentro de un paraguas con un ojo.
Ibid.
Si todos los gamines que habitan las calles bogotanas se orinaran
contra las columnas que sostienen la República, ésta, al caerse, se
quebraría como un huevo.
Ibid.
To be or not to be that is the nadaísmo.
El universo humano, 1993, Prólogo.
Qusimos cambiar el mundo y
resultó que el mundo nos cambió a nosotros.
Ibid.
Cuando Carlos Gardel se hizo fotografiar con su majestad la
muerte, yo era un pajarito sin alas.
Ibid., título de cuento.
VALENCIA, Gerardo (n. en Popayán en 1911)
Orquesta del amor del universo / más allá del sentido.
El sueño de las formas, 1981.
A veces paso por mi frente / el dorso helado de la mano / y huye
la niebla de mi alma; / cierro los ojos de la mente / y ya no veo
ni pienso en nada...
Elación.
Algo sutil hasta mí llega / como una música lejana / y sueño
entonces un poema / que no se escribe con palabras.
Ibid.
En el silencio es donde se encuentra siempre la verdad, la belleza
y la misma poesía.
El Tiempo, 15, VIII, 1993.
La vejez, en sí, es deseable en cuanto a serenidad.
Ibid.
El primer hombre que alineó su casa / para ponerle un límite con
la primera calle, / fue el primero también / en construir su propia
cárcel.
El primero.
No para el mal ni para el odio, / que lo engendré para el amor. /
Tened en cuenta lo que os digo / cuando os entrego este varón:
Mensaje a todos los hombres.
Que nadie cierre los caminos / que abrió a los hombres la ilusión;
/ que nadie robe su derecho / para la dicha o el dolor.
Ibid.
Es un amigo que os entrego, / abridle un sitio bajo el sol.
Ibid.
Por fin llega el silencio. / Trapos de niebla cuelgan sobre las
alambradas. / Hay una sombra en un portón. / La luz se va apagando
como una vida enferma / y los postes vigilan su propia oscuridad.
Nocturno.
Adentro, en todas partes, hay gentes que meditan. / Pero
hay también quien sueña. / Duerme en desvelo la ciudad.
Ibid.
Amigo, no desdeñes / la humilde poesía, / que en el tallo más
débil / hay una flor erguida / y en las alas más tenues / puede
volar la vida.
Poesía.
Amigo, no destruyas / la oculta poesía, / que en la hierba que
pisas / está brillando el día / y en los árboles secos / hay un
arpa escondida.
Ibid.
Amigo, no te empeñes / en la palabra esquiva, / que el vocablo más
dulce / puede ser la mentira / y en la voz del silencio / está la
poesía.
Ibid.
Amigo, no lamentes / la ausente poesía, / que ella está en la
añoranza / de la ilusión perdida / y es nueva en la ternura / del
amor que se olvida.
Ibid.
Amigo, busca siempre / la muda poesía, / la que no tiene forma /
para verter su esencia / que sin tú saberlo / en ti mismo se
anida.
Ibid.
Todo lo que en la vida padecemos / es un haber, y toda la alegría
/ es algo que a la vida le debemos.
Las tres columnas.
VALENCIA, Guillermo (Popayán, 1873 - 1943)
¡Ya los perros sarnosos / se tornaron chacales. De ira ciego / el
minero de ayer se precipita / sobre los tronos. Un airado fuego /
entre sus manos trémulas palpita, / y sorda a la niñez, al llanto,
al ruego, / ruge la tempestad de dinamita!
Anarkos, 1897.
¡Canes, mineros, artistas, / el árido recinto que os encierra /
consume vuestros míseros despojos, / y en el agrio Sahara de la
tierra / sólo hallásteis el agua... de los ojos!
Ibid.
¡Loor a los sepultos campeones / que no verán ya el cielo / entre
los socavones!
Ibid.
¡Ah! Si es que apunta con fulgores rojos / el astro de la sangre
por oriente. / Bajo el odio del viento y de la lluvia / por la
frígida estepa se adelantan / los domadores de la Bestia Rubia.
Ibid.
Sobre el olvido mi recuerdo impera; / de su sepulcro mi dolor la
arranca; / mi fe la cita, mi pasión la espera,
A la memoria de Josefina I.
Y la vuelvo a la luz, con esa franca / sonrisa matinal de
Primavera: / ¡Noble, modesta, cariñosa y blanca!
Ibid.
Que te amé, sin rival, tú lo supiste / y lo sabe el Señor; nunca se
liga / la errátil hiedra a la floresta amiga / como se unió tu ser
a mi alma triste.
A la memoria de Josefina II.
Diáfano manantial que no se agota, / vives en mí, y a mi aridez
austera / tu frescura se mezcla, gota a gota.
Ibid.
Tú fuiste a mi desierto la palmera, / a mi piélago amargo, la
gaviota, / ¡y sólo morirás cuando yo muera!
Ibid.
Quise ajustar mi ofrenda / al viejo canon, y pulir el verso / con
paciencia de orífice.
A Palmira.
La carne es la tristeza, y ya los
libros todos / ¡asiló mi cabeza! Brisa marina ¡Yo partiré! Tus
mástiles erige con presteza / oh Buque, y léva el ancla / ¡con
rumbo hacia una exótica feliz naturaleza!
Ibid.
¡Oh corazón! ¡escucha las voces de alegría / que dan los
marineros!...
Ibid.
Hasta el Olimpo que la Tierra llora / subió de tu cantar la melodía
/ volando en el crepúsculo del día / con voz que a Grecia de laurel
decora.
Homero.
Es un invierno tu cabeza... Mancha / un piélago de
sombras el camino / que el ritmo puro de tu canto llena...
Ibid.
Verde corona tu perfil ensancha, / y vas - manso cantor de lo
divino - / asido al brazo mórbido de Helena...
Ibid.
Cuna. Babero.
Escuela. Libros. Tesis.
Diploma. / Pobreza. Pleitos. Jueces. Aulas. Corte. Ruido. /
Comités. Elecciones. Tribunal. Gloria. Olvido. La serie sustantiva
Ilusión. Señoritas. La Sociedad. Marido.
Ibid.
Calva. Ceguera. Gripa. Vértigos. Callos. Penas. / Abandono.
Esquiveces.
El Patatús.
La fosa.
Ibid.
Soy católico por tradición, por convencimiento y por estética.
Soy
conservador por estética.
Vestía traje suelto de recamado biso, /
en voluptuosos pliegues de un color indeciso. Leyendo a Silva.
De aquellos dedos pálidos la tibia yema blanda / rozaba tenuemente con
el papel de Holanda.
Ibid.
Sus cuerpos de serpiente dilatan las mayúsculas / que desde el
ancho margen acechan las minúsculas.
Ibid.
Allí la dama gótica de rectilínea cara / partida por las rejas de
la viñeta rara.
Ibid.
Allí, cual casto grupo de núbiles Citeres / cruzaban en silencio
figuras de mujeres // que vivieron sus vidas, invioladas y solas /
como la espuma virgen que circunda las olas.
Ibid.
Mientras, envuelta en sombras, se atristaba la luna...
Ibid.
De las locas campanas que en el Día de Difuntos / despiertan con
sus voces los muertos cejijuntos.
Ibid.
El bardo, que en la calma de una noche sombría, / puso fin al poema
de su melancolía.
Ibid.
Amando los detalles, odiar el Universo; / sacrificar un mundo para
pulir un verso.
Ibid.
Esconder entre flores el áspid de Cleopatra.
Ibid.
Poetas que diluyen en el espacio inmenso / sus ritmos perfumados de
vagaroso incienso.
Ibid.
Querer sentirlo, verlo y adivinarlo todo.
Ibid.
Eso fuiste, ¡oh poeta! Los labios de tu herida / blasfeman de los
hombres, blasfeman de la vida.
Ibid.
Pensó mucho: sus páginas suelen robar la calma; / sintió mucho: sus
versos saben partir el alma.
Ibid.
Amó mucho: circulan ráfagas de misterio / entre los negros pinos
del blanco cementerio...
Ibid.
No manchará su lápida epitafio doliente; / tallad un verso en ella,
pagano y decadente, // digno del fresco Adonis en muerte de
Afrodita: / un verso como el hálito de una rosa marchita, // que
llore su caída, que cante su belleza / que cifre sus ensueños, ¡que
diga su tristeza!
Ibid.
¡Así rindió su aliento, bajo un sitial de seda / el último nacido
del viejo Cisne y Leda!
Ibid.
¡Gemid poetas! funeraria urna / do bullen entre gélidos arcanos -
bajo la propia lobreguez nocturna - / los versos como lívidos
gusanos.
Día de ceniza.
Palemón el
Estilita, sucesor del viejo Antonio, / que burló con tanto ingenio
las astucias del demonio.
Palemón el estilita.
Los recuerdos
tormentosos / que en los días pesarosos, / que en los días
soñolientos / de tristezas y de calma / nos golpean en el alma /
con sus mágicos acentos, / cual la espuma débil / toca / la cabeza
dura y fría / de la roca.
Ibid.
Y el buen monje / la miraba / la miraba, / la miraba, / y,
queriendo hablar, no hablaba, / y sentía su alma esclava / de la
bella pecadora de mirada tentadora.
Ibid.
Y en coloquio con la bella / cortesana, / se marchó por el desierto
/ despacito... / a la vista de la muda / ¡a la vista de la absorta
caravana!...
Ibid.
Dos lánguidos camellos, de elásticas cervices, / de verdes ojos
claros y piel sedosa y rubia, / los cuellos recogidos, hinchadas
las narices, / a grandes pasos miden un arenal de Nubia.
Los camellos.
Tal vez leyeron, sabios, borroso jeroglífico / perdido entre las
ruinas de infausto monumento.
Ibid.
Vagando taciturnos por la dormida alfombra, / cuando cierra los
ojos el moribundo día, / bajo la virgen negra que los llevó en la
sombra / copiaron el desfile de la Melancolía.
Ibid.
Son hijos del Desierto: prestóles la palmera / un largo cuello
móvil que sus vaivenes finge, / y en sus marchitos rostros que
esculpe la Quimera / ¡sopló cansancio eterno la boca del
Esfinge!
Ibid.
Dijeron las Pirámides que el viejo sol rescalda: / "Amamos la
fatiga con inquietud secreta...", / y vieron desde entonces correr
sobre una espalda, / tallada en carne, viva, su triangular
silueta.
Ibid.
Ni las sutiles mirras, ni las leonadas pieles, / ni las volubles
palmas que riegan sombra amiga, / ni el ruido sonoroso de claros
cascabeles / alegran las miradas al rey de la fatiga.
Ibid.
¡Oh artistas! ¡Oh camellos de la Llanura vasta / que vais llevando
a cuestas el sacro Monolito! / ¡Tristes de Esfinge! ¡novios de la
Palmera casta! / ¡Sólo calmáis vosotros la sed de lo
infinito!
Ibid.
¡Sólo el poeta es lago sobre este mar de arenas, / sólo su arteria
rota la Humanidad redime.
Ibid.
¡Cómo buscar sus huellas al sol de la mañana, / entre las ondas
grises de lóbrego fastidio!
Ibid.
Y si a mi lado cruza la sorda muchedumbre / mientras el vago fondo
de esas pupilas miro, / dirá que vió un camello con honda
pesadumbre / mirando silencioso dos fuentes de zafiro.
Ibid.
Y entre las aguas de una mar tranquila / me hundí callado... y se
me fue la vida. Sueño vivido Y todo estaba lleno por las olas / de
una rara cadencia melancólica.
Ibid.
Y de los caros bosques familiares / aspira los aromas
otoñales.
Ibid.
Y se finge de pies entre la arena, / como en las horas de la edad
primera.
Ibid.
Sobre los viejos mástiles tendidas / ¡melancólicas velas
amarillas!
Ibid.
Júpiter venuste, grave, feliz, remoto, primaveral, augusto.
Tristeza de Goethe.
Yo nací en la urbe, hecha de granito y de mármol / con escudos de
piedra tosca, que unen la clave / de los arcos y llena de polvo y
huesos / como un antiguo catafalco.
El tiempo mismo allí conserva, / su virtud de encaje plegado / y de
la espada de un guerrero / cuelgan los hábitos de un santo. Salió,
como relámpago imprevisto, / a impulso de los hálitos eternos, /
esta sola palabra:
|JESUCRISTO La mujer es la eterna
enemiga del hombre. Desde los tiempos de Cromwell se alquilan las
casas de los parlamentarios hostiles.
Telegrama al Presidente de la República, 1904.
Nos quitaron el potrero y nos dejaron la casa de la hacienda con el
mangón de los terneros. (Tras la fragmentación del Gran Cauca, en
1910), cit. por Eduardo Lemaitre en Reyes el Reconstructor,
1958.
"Pintó Hans Holbein", dice la envejecida tela / que a cierta ciudad
muerta me fuí a buscar un día / por ver, oh padre Erasmo!, la
búdica ironía / que de tu boca fluye, que tu desdén revela.
Ritos,
ed. 1914, A Erasmo de Rotterdam.
¿Cómo en la mustia boca de la melancolía / tus labios aprendieron
ese reír que hiela?
Ibid.
¡Oh, cuerdo que tu elogio le diste a la Locura!
Ibid.
Todo en ti me conturba y en ti todo me engaña, / desde tu boca,
donde la pasión se adivina / que empurpura los pétalos de esa rosa
felina / hasta la rubia movilidad de tu pestaña.
Ibid., Esfinge Todo en ti me es adverso: tu sonrisa me daña.
Ibid.
¡Eres una mentira con los ojos azules!
Ibid.
Oculta las heridas bajo el primor del pliegue.
Cit. por Fernando Charry Lara.
Y el tedio, como un ácido, corazones deslíe.
Un país no progresa sin la condición esencial de la paz pública,
que es a los pueblos lo que la salud para los seres vivos.
1917.
Se trata de un armisticio que permita sepultar los cadáveres de
nuestros errores.
Ibid.
Nadie está contento con la paz que hacen los otros.
Ibid.
Seis congresos, mil reuniones / la iglesia, el circo, el estrado, /
todo club bien reputado, / sepelios y diversiones, / agitadas
elecciones, torneos de amor y ciencia / la lid por la Presidencia.
1919, al regalar su bastón.
Amando los detalles, odiar el Universo; sacrificar un mundo para
pulir un verso.
Catay, 1928.
Para ir a encontrar a su novio / bajo el sauce que da sobre el río,
/ se cubrió con dos túnicas bellas, / - sus más bellas túnicas - /
por solo atavío.
Ibid., La joven desnuda, de Li - Chuang - Kla.
Y encendida en rubor de
repente, / ocultando en las manos la frente, / levantose a la
orilla del cauce: / de las tres, le faltaba una túnica: / la sombra
del sauce...
Ibid.
Roma locuta est.
A Vásquez Cobo, entrevista, 1929.
Por él supe los chismes de la parroquia artera, / los líos del
barbero, del cura y la sobrina, / la fofa brillantez de la clase
altanera, / y la malignidad de la chusma ladina. Los estudios
clásicos me sirvieron para amar la mesura, la claridad, la síntesis
y hasta para esforzarme en ser diáfano. Sanín Cano es un fecundador
de cerebros.
Entrevista, 1930.
Mis amigos, no hay amigos. ¡Un dolor cristalizado! Sobre el libro Margarita de Diego Uribe (véase Gilberto Garrido).
Bella cosa es la paz, pero nada vale sin el honor.
(Crítica al viaje de López Pumarejo al Perú para poner fin a la
guerra), 1932.
Uribe Uribe es el primer varón que ha producido Colombia depués de
Santander.
Tener la frente en llamas y los pies entre el lodo. La rubia de
cutis perla y grana / semítica nariz y azul ojera, / que parece a
través de su ventana / casta virgen de gótica vidriera. Si escribes
todos los días te conviertes en gallina.
Estamos en épocas de grandes avenidas y todas las corrientes,
arroyos y ríos, se han salido de madre.
Sólo el mar en su grandeza tremebunda respeta el cerco de arenas
que él quiso poner a sus ansias.
A Cornelio Hispano.
No está lejano el día en que el consenso
universal exija que Alemania se arme nuevamente, pues ella es en
Europa la más poderosa fortaleza contra el peligro asiático, cuya
vanguardia es Rusia, y el peligro musulmán que preside
Turquía.
El momento político internacional del mundo, 1932.
Bolívar vivirá para siempre cuando el bronce de Tenerani, limado
por los siglos, yazga mútilo e informe, cabe el pedestal derruído
que hubo de sustentarlo un día. Panegírico a Caro Amigo, en las más
altas cumbres hace frío.
A Eduardo Carranza, que le había reprochado la frialdad de su
poesía, 1935.
En todo bloque de mármol existe una estatua. El trabajo es sacarla. ¡Alumbrar es arder / y quemarse alumbrando es vivir!
¡Es vivir! Es
vivir. El hombre... en nido de paz será paloma y en nido de dolor
será serpiente. Céfiro de las tumbas un bardo israelita / le canto
cantos tristes de la raza maldita.
(Sobre Jorge Isaacs).
Hay un instante del crepúsculo / en que las
cosas brillan más, / fugaz momento palpitante / de una amorosa intensidad.
Hay un instante...
Muda la tarde, se concentra / para
el olvido de la luz, / y la penetra un don suave / de melancólica
quietud.
Ibid.
Mi ser florece en esa hora / de misterioso florecer; / llevo un
crepúsculo en el alma, / de ensoñadora placidez.
Ibid.
Antonio el Cenobiarca del silencioso Egipto. San Antonio y el
centauro. Y soy la Fuerza alegre; mi brazo poderoso / sabe peinar la
ninfa y estrangular el oso.
Ibid.
Soy malo como el hombre y ágil como el caballo.
Ibid., (El centauro).
Con un aire maligno de mujer y serpiente, / cruza en rápidos giros
Salomé la gitana / al compás de los crótalos.
Salomé y Jaokanann
(Antítesis).
Inyectados los ojos, con la faz amarilla, / el caduco
Tetrarca se lanzó de la silla.
Ibid.
"Nunca pruebes, me dijo, del licor femenino, / que es licor de
mandrágoras y destila demencia; / si lo bebes, al punto morirá tu
conciencia, / volarán tus canciones, errarás el camino".
La palabra de Dios (Síntesis).
"Lo que ahora vas a oir no te asombre: / la mujer es el viejo
enemigo del hombre".
Ibid.
Como un viviente escombro de dolor, / en la noche medrosa / se
tuerce la cancrosa figura / de Job el idumeo.
Job Su lacerada carne despréndese a pedazos / bajo los picotazos de
un buitre, / par de aquel que sobre un monte / - ya hendido el
pecho - / le sorbió la sangre rebelde a Prometeo.
Ibid.
Job, el príncipe atento y noble, / más que todos los reyes
orientales, fue opulento: / bueyes tuvo sin cuento, y de ovejas
lustrales / un mar en que la espuma fuesen los recentales.
Ibid.
Y enjaezadas filas de dóciles camellos / de sabio andar y de
cimbrantes cuellos.
Ibid.
¡Oh! príncipe, tu trono es la raída estera, / y tu reino, aquel
lívido país que no se nombra...
Ibid.
Satán, el envidioso, te hirió / y caíste de la próspera cumbre al
abismo, / y midió tu heroísmo, en tu ser, / todo el pávido horror
de tu sima interior. Ibid. Tu oído - memorioso caracol / de la playa eternal en los mares
divinos - / captó para tu mal las bárbaras saetas / que lanzó
contra ti el arco siempre tenso / de los labios mezquinos.
Ibid.
Nadie cuenta las gotas de sangre / que al rodar hinchan ríos, / que
de los corazones / discurren hacia el mar.
Ibid.
Y entonces vivió Job / la sublime soberbia de su aflicción sin par,
/ y escupió a la protervia de los hombres efímeros.
Ibid.
Y en veloz bandada, / sus trágicas querellas, como águilas
indómitas, / volaron de su boca ensangrentada.
Ibid.
Y tuvo la intuición del Bien, / pesó la Creación / con la vieja
balanza de Jehová, / y como insomne lámpara, sobre la inmensidad /
puso a oscilar su propio corazón.
Ibid.
Vencedor / de su horrenda pesadumbre, / su grandeza inmortal
unificó en la cumbre / el nácar de la perla / y el de la
podredumbre.
Ibid.
Y un áspid insidioso que pasaba / miróle sonreír con la dulzura de
la Primavera.
Ibid.
Su compañera huyó, / se consoló mirando los vaivenes / de la
voluble datilera.
Ibid.
Ostentaba su frente, / en vez de guirnalda riente y joyeles
galanos, / un hirviente cintillo de túmidos gusanos.
Ibid.
El titilar de la pupila inquieta / y temerosa que ansía ver la meta
/ más allá del abismo sellado de la fosa.
Ibid.
Y la pena fluía cruel, / como un hilo implacable de hiel / sobre el
labio tostado y sangriento, / sediento de caricias y miel.
Ibid.
¡Oh gigante sufrir! ¡Oh velado gemir sin testigos! / ¡Oh mentir de
esperanza! ¡Oh mentir de sonrisas y amigos!
Ibid.
Todo creador en su seno / recata un dolor como el tuyo,
inmortal.
Ibid.
Quede franca la tribuna política a amigos y enemigos para exaltarle
o condenarle, pues vasto campo aún resta en que espigar para su
gloria.
A la muerte de Olaya Herrera, 1937.
El silencio verde de las llanuras, que vio Carducci reflejarse en
los ojos del buey, nada podrá decir jamás a tanto ciego y
sordomudo.
Discursos La ignorancia es atrevida.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II,
1993.
Somos la minúscula rueda de un inmenso engranaje.
Ráfaga de hastío que despertaba a los hombres en sus lechos. Cit.
por Sanín Cano.
Horas
en que al futuro mostraron tus espadas / por donde van. Oh Patria,
tus sacrosantas lindes.
Ese amarillo de las tumbas / nos ha entristecido el Azul. Buscando
consonancias para mi ser enfermo / sobre la tierra estéril de aquel
infausto yermo / lleno de musgos y de horror.
Motivos.
¡Ah! si
supiesen que el soñado verso, / el verso de oro que les dé la palma
/ y conquiste, vibrando, el universo, / ¡oculto muere sin salir del
alma! Cigueñas blancas.
Bendita seas, democracia, aunque así nos mates.
VALENCIA, Guillermo León (Popayán, 1909 - Nueva York, 1971)
Pueblo de mercaderes.
Los Estados Unidos, 1940.
Ahora me doy cuenta de que la sabiduría es la carrera más larga
para llevar al error.
En el Senado, al profesor López de Mesa, al
jactarse aquél de sus cuarenta y cinco años de estudio, reflexión y
presencia en la vida nacional.
Debemos volver por nuestros fueros,
si no queremos que en el frontis del Capitolio se escriba la frase
de Cromwell, "se arrienda esta casa".
Ante el Congreso, 5, XII, 1941.
Me despojaré de la túnica de senador y tomaré la chaqueta del
soldado.
Cit. por Arturo Abella, 1949.
Algún día, gallardo amigo, usted estará en el Senado de la
República... Porque en un país donde la mitad es analfabeta es
justo que tenga su representante.
A un concejal impertinente, cit. por Luis Carlos Iragorri y Juan
José Saavedra.
Yo no sé nada de barcos, pero supongo que deben ser buenos, porque
Colón descubrió a América en tres carabelas de fabricación
española.
Cuando se le preguntó su opinión sobre unos barcos
españoles que había comprado la Flota Mercante
Grancolombiana, Ibid.
¿Usted me quiere sacar una declaración, o las amígdalas?
A un periodista que le puso el micrófono en la boca,
Ibid.
No se preocupe monseñor, que bajar con usted es subir.
A monseñor Juan Manuel González, acompañándolo a bajar las
escaleras de su casa, Ibid.
Yo sé eso desde hace tiempo pero me había dado pena
decírselo.
A un representante que le indicó que entre los dos había una abismo
moral. Ibid.
Lo malo es que usted descendió demasiado. A un contradictor que le
dijo que él también descendía de próceres,
Ibid.
Lo que pasa es que sus penachos degeneran en colas. A un
congresista que le dijo en un debate que en su familia también
había penachos,
Ibid.
Yo soy muy mal cuarto. A quienes le propusieron que se casara con
una mujer que había enviudado tres veces,
Ibid. Déjenlo, que él es turco y rebaja. A los conservadores que
estaban indignados por la cantidad de muertos que Gabriel Turbay
les endilgaba,
Ibid.
Esa es una sospecha de la que sólo se libran los hijos de los
imbéciles.
A quien insinuó que se hacía el indispuesto para esperar órdenes de
su padre, antes de un discurso. Yo creo que la única solución es
esta.
A John F. Kennedy, vertiendo un poco de leche en el café negro,
luego de ser consultado sobre el problema racial.
Yo creo más bien que deberían abolirla.
A quien le preguntó si se
debería restablecer la pena de muerte en Colombia. Ibid.
No es usted el primer acólito que se descalabra con el
incensario.
A un defensor de la dictadura de Rojas que se jactaba de haber sido
herido en defensa de la causa.
El presidente de los pobres.
Frase con la que quería ser llamado.
Usted tiene un dominio muy completo del asunto, el país confía en
usted. Frase que solía usar para delegar funciones, cit. por María
Teresa Herrán.
¡Viva España!
Brindis con el que saludó al general
De Gaulle, IX, 1964.
En cambio a usted le queda divinamente el Everfit. Al general Ruiz
Novoa, quien le dijo al encontrárselo que su vestido le quedaba
algo flojo.
Dígales que me dejen solo. Yo no me quiero morir
delante de la gente.
Ultimas palabras, a su hijo Ignacio, 1971.
VALENZUELA, Mario, S.J. (1836- 1922)
Despierto el ojo, la nariz hinchada, / la frente erguida,
trémula la crin, / tascando el freno, el suelo golpeando, / la
oreja atenta al eco del clarín...
El llanero y el llanero / mal vestido, tostado por el sol, /
sacudiendo la lanza y con la vista / clavada en el ejército
español.
Ibid.
Al frente un cuadro ve, la señal oye, / hace sentir las espuela a
su corcel, / encórvase en la silla, centellean / sus dos ojos de
rabia y de placer.
Ibid.
VALLEJO, Fernando (Medellín, 1942)
Bogotá en 1927 tenía doscientos veinte mil habitantes y era una
ciudad de ladrones.
Hoy tiene cinco millones, camino de seis, y es una ciudad de
ladrones: la capital de un país de ladrones.
Barba Jacob, el mensajero, 1984.
Su vida fue un inútil irse de todas partes para regresar
luego...
Ibid.
León de Greiff. Pasó sus últimos años encerrado en un cuarto,
poniendo en un tocadiscos música clásica a un volumen atronador
para que no llegaran hasta él los ecos de la estupidez
humana.
Ibid.
Dicen que fue una revolución, pero no hay tal: era una fiesta. (La
revolución mexicana),
Ibid. "Salir de Guatemala para caer en Guatepeor".
Guatepeor es Nicaragua... por algo Darío vivió su vida
afuera.
Ibid.
El marinero se esfumó como se esfuman todos los marineros.
Ibid.
Era Managua (ya no lo es porque la destruyó un terremoto) una
ciudad infame de calles no pavimentadas, caliente, polvosa,
chismosa y mezquina.
Ibid.
Barba Jacob es impensable fuera del suelo americano.
Ibid.
Vivía el más triste destino que cabía en los pueblos antioqueños:
era una mujer soltera.
Ibid.
El antioqueño ha tenido que marcharse siempre en busca de otras
tierras donde tumbar los árboles; es la "colonización"
antioqueña...
Ibid.
había intuido la falacia del lenguaje que es designar en igual
forma al niño, al joven, al hombre y al anciano, y que en el correr
de la vida el nombre sólo da una ilusoria continuidad.
Ibid.
Fallecer dicen en México, como si el término adminisrativo pudiera
suavizar un poco la muerte.
Ibid. ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! La cabeza del niño, mi cabeza, rebotaba
contra el embaldosado duro y frío del patio.
El río del tiempo, Los días azules, 1985.
Ya no existe la calle de Ricaurte, ya no existe la casa, ya no
existe la reja, ya no existe la ventana.
Como a todo en Medellín, se lo llevó el ensanche.
Que se lleve el ensanche mi recuerdo.
Ibid.
En Antioquia se habla de vos, y sólo se le da el tú a Dios, o a la
novia. Muy sofisticado.
Ibid.
Se nace conservador o liberal como se nace hombre o mujer, y así
se muere.
Es cuestión de cromosomas.
Ibid.
De los pueblos y zonas conservadoras se destierra a los liberales,
y viceversa: por estética; porque sus casas con su color chillón
rompen la discreción del paisaje.
Ibid.
La alta fiebre, que mata la espiroqueta pálida, mata también los
gusanos de la duda.
Ibid.
Sé que hay hambre en el mundo y que existe Biafra, pero me importa
un bledo la humana especie.
Ibid.
Y ahí vamos, con el acelerador pegado, a cien kilómetros por pleno
centro de Medellín.
Ibid.
Junín es la principal vía, la arteria aorta, la vena cava, la que
lleva el smog al corazón. Un coágulo en Junín es infarto.
Ibid.
Tiempos antediluvianos de mi niñez en que ocho kilómetros era el
fin del mundo, y en que la bragueta de los pantalones tenía
botones.
Ibid.
El peor insulto que se le podía decir a un niño entonces era el de
niña. Era echarle encima un alud de herencia española, una tonaleda
de honor español.
Ibid.
De confesión sacrílega en comunión sacrílega el pecado se va
acumulando, como deuda de país subdesarrollado, hasta el Juicio
Final.
Ibid.
Laureano era el sol. Con su palabra de fuego, desde su curul del
Senado, fustigó por años a los corruptos gobiernos liberales y a
los tartufos de su partido... Era la intransigencia del bien.
Ibid.
No puede haber democracia donde unos llegan antes y otros
después.
Ibid.
Las familias numerosas son tan felices, gozan de tal dicha y
ventura, que pueden prescindir de comer.
Ibid.
Esta familia de mandamases insumisos que no obedecía más ley que
la del desacato.
Ibid.
Con ilusos no se puede contar. Están siempre haciendo las cuentas
de la lechera: hoy cambio este litro de leche por un billete de
lotería, y mañana me saco el premio mayor y compro esto y lo
otro.
Ibid.
Pero nos hemos saltado más de cien páginas en el libro del
destino.
Volvamos atrás, a cuando yo era pirata...
Ibid.
En Colombia a los cines los llaman teatros, y a los teatros nada
porque no hay teatro.
Ibid.
¿Para qué se hicieron las leyes si no para violarlas?
Ibid.
El futuro todo está en el pasado, y la absoluta tristeza en la
absoluta felicidad.
Ibid.
Amigo mío, por favor, no le haga una revolución al campesino
colombiano.
Déjelo como está, que está más que bien. Siempre encontrará un
patrón pendejo que ponga la tierra y trabaje por él.
Ibid.
Mi raza antioqueña, mezcla de blanco con negro, con indio, con
tarado, con loco, es como el sancocho que lleva: papa, yuca,
plátano, maíz, arracacha, hueso, carne, infame mezcolanza de
sangres mal batidas en agua caliente con sal.
Ibid.
Carecemos de todo talento pictórico, auditivo, culinario, verbal.
Paso a paso hemos ido avanzando hacia la absoluta mudez. Ibid.
Nuestro talento culinario se agota en el susodicho sancocho, que le
recomiendo en caso de hambre crónica y crónica necesidad.
Ibid.
Lo que hacemos bien es robar, pero hemos robado tanto que ya no nos
queda a quién.
Ibid.
En el alma de cada niño hay un suicida, y no puede ser de otro modo
dada la desconsideración de los padres.
Ibid.
¿Quién pudiera escapar de la cárcel salesiana rumbo al mar
inmenso, que suena en el caracol?
Ibid.
La novela le fue un género negado a Antioquia. Eramos demasiado
nosotros mismos para mentirnos en ficciones.
Ibid.
Al fin de cuentas robar libros no es robar. ¿No ven que son
cultura? Es como robarse un cuadro, o un piano, o un camión para
cargarlos.
Ibid.
No se improvisa un castillo, como no se improvisa un fantasma ni
una tradición medieval.
Ibid.
La Universidad de Antioquia que para el pueblo es gratis, que es
del pueblo y para el pueblo, por el pueblo vive en huelga desde
hace veinte años.
Ibid.
No se echa el anzuelo en el charco apacible donde el río de
Heráclito está quieto y donde, desmintiendo al filósofo, cuantas
veces quieran se pueden bañar las señoras, en camisón.
Ibid.
Carlos Arturo Rueda no era un simple locutor: era un poeta, que iba
ensartando metáforas con la furia de una máquina Singer, a la
velocidad del rayo.
Ibid.
Y de rencor en rencor me fui adentrando en la noche oscura del
odio, donde dispersas brillaban una que otra chispita de
amor.
Ibid.
A la memoria de Jean Baptiste Poquelin, Moliere, digo y sostengo
aquí que los médicos de hoy son como los suyos, como los de
siempre: una pública calamidad.
Ibid.
En Antioquia hay más cegatones
que mal nacidos.
Ibid.
En Colombia, por si usted va, sobran ladrones. ¡Con tánta ley y
tánto desocupado!
Ibid.
Declarársele a la novia es asunto tan arduo para un chiquillo como
confesarle a un cura un pecado contra el sexto mandamiento un
inexperto pecador.
Ibid.
En una encrucijada polvosa, en un cruce absurdo de caminos,
descubro una mañana de diciembre a la fortuna, jugándose a los
dados con el viento mi destino.
Ibid.
Por la puerta mal cerrada de mi sensibilidad, una noche se me coló
la música del mundo hasta el mero corazón.
Ibid.
Ausente de pecado mortal, la niñez es la época más tediosa de la
vida.
Ibid.
Somos un país de puesteros legalistas y de lambecuras
irredentos.
Ibid.
El Libertador de nada nos libertó. Al hombre lo liberan héroes
anónimos.
Ibid.
Ver para creer, dicen ellos, pero es al revés: hay que creer para
poder ver.
Ibid.
Un músico a quien le entra la música por los ojos, y no por los
oídos, se jodió.
Mejor que cuelgue el clarinete.
Ibid.
"Vendo casa barata, motivo saxofón"
Ibid.
Después de estudiarla mil veces, la polonesa en la bemol de Chopin
no sabe a nada. El sentimiento muere con la repetición.
Ibid.
En amor y en música lo que no se da de una vez que no se dé.
Ibid.
No se mueve la hoja de un árbol ni sopla el viento en Colombia sin
pagar un impuesto que regula la ley.
Ibid.
La ley es para tranquilizarles la conciencia a los del Congreso,
que creen que están trabajando.
Ibid.
Tengo para Colombia y su infinidad de males una expedita solución:
que dejen atracar.
Ibid.
¿Por qué en Colombia el cielo sólo castiga a los que rezan?
Ibid.
"¡Mierda!", dijo la Marquesa, poniendo las tetas sobre la
mesa.
¿Con quién peleo, si sólo maricas veo...!
El río del tiempo, El fuego secreto, 1987.
La vida cuando se empieza a poner sobre el papel se hace
novela.
Ibid.
Un inmenso viento verde de piratas y palmeras sopló sobre el café
Miami viniendo de muy lejos, de un remoto mar Caribe de tormenta,
donde cargada de oro se iba a pique una goleta y naufragaban penas
de amor.
Ibid.
Sepa usted que la sardina (entre la humana esencia y el ángel) es
el ser más preciado de la abigarrada fauna, fauna ambigua, fauna
acuática, que puebla el denso río de Junín.
Ibid.
La sardina, ay, por desventura, y ésta es una suprema verdad
teológica, sólo vive diecisiete años, tras de lo cual muda: cambia
su armadura de magia, su ropaje de ensueño, y se transforma en un
ser cotidiano.
Ibid.
Para mí todos los ríos llevan al mar.
Ibid.
¿De veras creían que por virtud de la hecatombe este yermo de
mezquindad podía ser una patria?
Ibid.
Pienso que con todo y todo, truene lo que truene, pase lo que pase,
venga lo que venga, siempre es mucho mejor estar bien que
mal.
Ibid.
Murió en Risaralda: de muerte natural, como se muere en Colombia:
asesinado.
Ibid.
Yo estoy vivo, ahora sí que por una convención literaria que quiere
que el autor viva por lo menos hasta que acabe su relato.
Ibid.
Ciencia difícil y de equilibrista la de botar los estorbos sin ir a
tirar las bellezas.
Ibid.
Y en el acto se me detuvo el tiempo: hasta entonces había
vivido para vivir; en adelante creo que he vivido para
recordar.
Ibid.
Todos a la larga somos todos, y en cierto infinito mar de las
transfiguraciones nos repetimos, con una terca obstinación.
De suerte que el "yo" tarde que temprano se hace "usted".
Ibid.
Como novelista omnisciente, metido en todos los cuartos y corazones
ajenos, veía sin pagar.
Ibid.
Tras la breve detención del bache el camión vuelve a andar y en pos
de él, con su callado caminar, el Tiempo.
Ibid.
Escándalo y oprobio de Medellín, rueda el Studebecker cargado de
bellezas y cervezas, con alegre complicidad.
Ibid.
Perfume barato, licor de bajo precio, yo tengo el alma de
pachulí.
Ibid.
¡Pobre país de insania que camina a pie limpio, amargado,
desarrapado, con un puñal escondido, hacia la vejez!
Ibid.
¿Cómo se puede poner uno un pueblo de ruana, dígame usted? ¿Por
dónde se lo mete? Es la expresión absurda que ha acuñado un país
absurdo para decir en cuatro palabras todo lo que le cabe en las
tripas de envidia y ruindad.
Ibid.
Por eso Colombia no tiene músicos, la policía los acabó.
Ibid.
Ay, si los países fueran sus cárceles, Colombia sería un
albañal.
Ibid.
Métetelo bien en la cabeza, ahora que estás aquí, gran ingenuo: en
esos vallecitos y montañas quiméricos, en esas encrucijadas de
bruma, en esos barrios de tango, en esas cantinitas alucinadas,
llueva o truene o resplandezca el sol, con el machete del campesino
o con el puñal del atracador o con el rifle del bandolero o con el
fusil del guerrillero o con la metralleta del asaltabancos o con la
pistola del detective o con el revólver del policía, Colombia te
matará.
Ibid.
No es la lluvia verleniana que temborilea dulcemente sobre el
corazón y los tejados, ojalá: es el grosero chaparrón de los
trópicos que desconoce el matiz.
Ibid.
Somos repetitivos, redundantes, periféricos: giramos y giramos
dándole la vuelta del bobo a un huevo.
Ibid.
Desde que el Cid tomó a Valencia, hace mil años, le acometió al
loro una diarrea por la lengua, y habla y platica y charla y
parlotea, y aún ni le diagnostican qué comió.
Ibid.
Filósofos de España: ¡al terregal hortero a cultivar patatas!
Ibid.
Quince o diecisiete hijos dan al traste con toda intención
filosófica.
Ibid.
Las constelaciones son ilusorias y efímeras, espejismos
pasajeros.
Cree el observador ingenuo ver en ellas un toro, una balanza, un
pez y acomoda los trazos.
Como en el amor, ¿no? Uno ve lo que quiere.
Ibid.
A los arrieros los reemplazó el hampa, y al hampa nada y su vacío
lo tengo que llenar con recuerdos.
Ibid.
No hay, amigo, mejor alcahueta que una carretera que baja de curva
en curva por una montaña.
Ibid.
El libre albedrío es ilusión, mera falacia.
Por más que arrojen a Edipo a los lobos el niño crecerá, y matará a
su padre; desposará a su madre, se vaciará los ojos.
El destino está escrito en el cielo y escrito con sangre.
Ibid.
No hay infinitos caminos, eminentes doctores, sólo hay un camino
único para cada quién, y aunque soñemos que da curvas, que vuelve
atrás, que lo podemos desviar, avanza recto, sin una sola
encrucijada de elección.
Ibid.
¿Qué es la vida (no la falsa novela) sino retazos, pedacería,
pedazos unidos por el débil hilo del "yo"?
Ibid.
Para los escasos decenios que nos restan, propongo dos postreras
obras de caridad del cristiano: darle amor a quien lo pida y muerte
a quien la quiera.
Ibid.
¡Yo soy yo y al diablo mis circunstancias!
Ibid.
Lo miré incrédulo como mira un gran danés a un chihuahueño que le
ladra.
Ibid.
La pobreza cohabita con la ignorancia; duermen amancebadas en
profusión de olores bajo el mismo techo, sobre el mismo lecho; y se
multiplican por diez.
Ibid.
No sé por qué las sociedades ricas que se respeten dejan persistir
la pobreza, si es tan fácil de eliminar: con quien la
padezca.
Ibid.
No capta el pobre el tintineo del buen vino ni el timbre del
Stradivarius. Sordo a sonidos y sabores, embotada en los registros
medios la sensibilidad, ¡cómo va a entender las sutilezas o
esfumaturas del amor!
Ibid.
Un solo salesiano justifica el Infierno.
Ibid.
En la capital de la granujería no sobrevive caballero
Ibid.
"No existe el amor: existen momentos de amor".
Ibid.
El ser humano se devalúa mucho en pelota y en tanta cantidad.
Ibid.
Creo que eso de reservista de tercera significa que cuando hayan
muerto en el frente los jóvenes, los hombres, los niños, los
viejos, las mujeres entro yo.
Ibid.
Yo soy un memorialista desmemoriado.
Ibid.
Sólo Alá es grande y Mahoma es su profeta, y en mi casa y en mi
fiesta y en mi libro mando yo.
Ibid.
Roñosa vejez, ya sé lo que eres: un acumularse de detritus en el
cuerpo y en el alma de recuerdos.
Ibid.
Laureano Gómez existió para removerle la mala conciencia a su
país.
Por ello nadie tan odiado en su historia.
Ibid.
Yo no creo en ideologías.
Creo en los hombres.
En el hombre concreto que actúa así o asá.
Ibid.
Mienta que sólo la mentira es firme, sólo la mentira es
sabia.
La verdad, necia y cambiante, da visos como el terciopelo según le
pegue la luz del sol. Tan relativa y efímera la pobre.
Ibid.
Viva y deje vivir, robe y deje robar, y no se amargue, no sea
reaccionario.
Ibid.
¡Ríos los de Colombia! ¡Revuelcacaimanes! Le echo el solo Cauca, y
que no es de los más bravos, a todos los ríos juntos de la Hélade.
Grecia no sabe lo que es un río.
Ibid.
He ahí el gran problema del amor, que no sabe adónde va.
Va en su gratuidad a la deriva.
Y el hombre a la postre siempre, pero siempre, quiere llegar.
Ibid. La vida no avanza en condicional, va derecho, sin desviaciones,
sin titubeos, dejando atrás en cada punto de su línea recta las
infinitas encrucijadas de lo posible de las que parte, entre
muchos, justo el camino que no tomamos, el que llevaba a la
dicha.
Ibid.
La revolución es fina operación que mata al paciente pero salva al
médico.
Ibid.
La condición primera de la felicidad: ser sin saberlo.
Ibid.
El idioma es una red de trama tan burda, tan ancha que deja colar
la realidad.
Ibid.
El hombre, animal viejo de viejas mañas, se repite creyendo que se
renueva. No hay tal: es siempre el mismo viejo y mañoso
animal.
Ibid.
Sueño de ingenuo, ilusión de pobre, Colombia nada tiene: sólo el
partido conservador y el liberal, o sea: tampoco tiene
futuro.
Ibid.
¿De qué nos libertó? Jamás cruzó su espada con nadie y murió en la
cama, pero cabalgando sobre la hecatombe y ríos de sangre, de tanto
cabalgar le salieron ampollas en las nalgas.
Ibid.
La literatura es
así, e igual la vida: uno no es, ni vive, ni escribe lo que quiere,
sino lo que puede.
Ibid.
Amigo, todos los caminos llevan a Roma. Así ha sido siempre y así
siempre será.
El río del tiempo, Los caminos a Roma, 1988.
VARELA, Héctor Fabio
Yo estoy aquí. Estás tú distante. / No has partido. No. Mas ya
tienes / la lejanía en tu mirada / y una vaga sonrisa
ausente.
Sensación de ausencia.
Tus manos náufragas se alejan / y yo no pude retenerte.
Ibid.
Me quedo diciendo a las rosas / palabras que nadie
comprende.
Ibid.
Vas a un país de maravillas / de donde nunca más se vuelve.
Ibid.
Bajo las dalias pensativas / o en la ribera de la fuente, / me
quedo cerrando los ojos, / absorto y mudo, para verte.
Ibid.
VARGAS VILA, José María (Bogotá, 1860 - Barcelona, 1933)
El alma es una lira, y en horas de pesares, sus cuerdas vibran
solas.
¿La Duda va a tocarlas?
Estalla la Blasfemia...
Las almas que son puras acendran la plegaria, que tiembla entre
sus labios.
Rosas de la tarde.
Reía y su carcajada tenía notas del agua
fugitiva.
Ibid.
Una noche la luna y él entraron por la misma ventana.
María
Magdalena.
Gime el corazón de la soledad en los grandes jardines del
silencio.
Ibid.
Yo no soy un hombre.
Soy un pueblo (v.Gaitán).
No bastaba esclavizar al pueblo, era preciso robarlo... era
necesario añadir la afrenta a la miseria.
Tras la creación del Banco Nacional, Pretéritas, 1886.
Verá el señor Martínez Silva que hay hombres a quienes no se
calumnia impunemente. En el duelo a muerte que hay pendiente entre
los dos, esos son tiros débiles mientras pueda atravesarle el
corazón con una bala.
Tarjeta al Correo Nacional, II, 1891.
Derribaré el establecimiento con una plumada. 1891.
El sol se sepultaba en una como apoteosis de colores, en una
fulgurante de llamas: se diría los funerales de un tracio.
Flor de fango, 1895.
Hacía, por decirlo así, su viaje de nupcias con el destino.
Ibid.
En lo moral, podía decirse que tenía el alma en el rostro;
lascivo, taimado, disoluto.
Ibid.
Fingió la fe de un cartujo, el entusiasmo de un cruzado, la pureza
de un asceta: hizo de la hipocresía un escudo, de la religión su
corcel de guerra y con ellos libró sus grandes batallas en la Banca
y el Comercio.
Ibid.
No hubo en Bogotá virtud más insospechable que la suya; ni
reputación más limpia, la tuvo nunca cerdo enriquecido en más
dorado círculo de cándidos idiotas.
Ibid.
Las más repugnante de las formas del histerismo: el histerismo
religioso.
Ibid.
Blanca, de una blancura láctea, que hacía pensar en aquellos
novicios de tiempos medioevales, cuya belleza claustral tenía la
poesía de un ensueño místico.
Ibid.
Aquel seno en donde, como palomas salvajes bajo una red, los dos
pechos duros y erectos, se agitaban en una prisión de
encajes.
Ibid.
Gañán que nada vale, mozo que de nada sirve, busca en la cura de
almas remedio a su insuficiencia.
Ibid.
Nidada de labriegos rústicos, que ignoran del mundo y de la
ciencia todo; empollados en sacristías de remotos pueblos, y
encerrados luego en un seminario, donde aprenden a mascujear latín
y maldecir a los herejes: tal es la casta sagrada.
Ibid.
Era el tipo perfecto del enfadoso pisaverde bogotano, del gomoso
completo, del pollo más insubstancial del mundo.
Ibid.
Fue glorificado, es decir, insultado.
Ibid.
-¡Perdida! ¡Perdida! repetía, salmodiando un versículo de su
breviario. -¿Por qué? -murmuró don Crisóstomo asustado. -¿Cómo?
¿por qué? ¿no ve usted que ha estudiado en la Normal?
Ibid.
Abría sus pétalos ígneos el lirio rojo, la flor monstruosa y
sangrienta; el estupro.
Ibid.
En la lucha, la fuerza es todo.
Ibid.
Brutal, como todos los inexpertos en achaques de seducción.
Ibid.
El Hombre es un ser fundado sobre la Esperanza, que no vive sino
de la Esperanza, ni tiene otra ventura sobre la Tierra que la
Esperanza.
La Esperanza.
La Verdad es el alma de la Historia, y se exhala de ella como un
perfume; vivamos en la Verdad; y, digamos la Verdad; la Verdad
salva.
Ibis.
Ibis, aquel libro de Fatalidad, por el cual, como es público, que
se han suicidado diez y siete personas, siendo por eso apellidado
la Biblia del Suicidio.
Salomé.
Náufrago de los mares de la libertad, se replegó en las regiones
de la autocracia, y llegó a ellas hambriento y feroz, como unos de
esos osos polares a quienes sorprende la descongelación de los
mares, y llevados sobre un témpano de hielo, sombríos viajeros,
viajan semanas y semanas, hasta que son arrojados por la fatalidad
sobre un rebaño indefenso. Así cayó él sobre la República. Sobre
Núñez Buitre lírico.
Ibid.
Tirano Poeta que había fatigado por igual el Crimen y el Poder, y
había violado con igual insolencia las Musas y las Leyes.
Ibid.
Rafael Núñez pertenecía a la raza triste de los tiranos filósofos:
era déspota por hastío.
Los césares de la decadencia.
Luchar siempre y no reinar jamás;
¿ese es, por ventura el destino de la Libertad?
La república romana, 1909.
El pueblo que ha renegado de la Justicia, es decir de la Virtud,
como el pueblo romano, podrá llegar a ser, un pueblo grande, pero
no será nunca, un pueblo libre.
Ibid.
Si yo quisiera ser un clásico, lo sería. Nada tan fácil como el
período redondo.
Entrevista con Rafael Maya, 1924.
Creo ser, entre los escritores de habla española, el que más ha
enriquecido el idioma.
Ibid.
Yo no escribo para el público.
Antes bien, lo desprecio.
Ibid.
Nunca estoy más solitario que en medio del tumulto.
Ibid.
De todas las pasiones que inspiré, sólo el Odio me es amado.
Ibid.
Los hombres del presente ¿qué podrán decirme que yo no les haya
dicho o que yo no sepa ya?
Ibid.
Yo soy mi propio Dios y me adoro con delectación.
Tagebuch, 1899.
No tengo amigos, no tengo sino enemigos domesticados.
Ibid.
Es necesario preservar nuestra vida interior de todo contacto con
la vulgaridad.
Ibid.
Sólo en la Soledad se logra ese milagro de pureza
espiritual...
Yo no salgo nunca de mi Soledad.
Ibid., 1900.
La pálida traición, un carnaval de cadáveres que andan, de
cadáveres que mienten... eso es la vida.
Ibid.
Una año es una montaña de dolores que nos aprestamos a
escalar.
Ibid., enero 1902.
La alegría es la amnesia de la bestia.
Ibid.
Yo no encuentro ya calma sino en la creación de mis libros.
Ibid., 1909.
Quiero que se sepa que muero ateo como he vivido.
Ibid., 1914.
Un español defenderá hasta morir una trinchera, pero nunca
defenderá un derecho.
Ibid., 16, XII, 1916.
¿Por qué el destino que me dio la más noble y la más santa de las
madres, me dio la más pequeña y la más ruin de las patrias?
Ibid., VII, 1918.
Fuera de Colombia la mediocridad es un accidente.
Ibid., VIII, 1918.
Ser malo es ser absolutamente distinto de aquellos que son buenos;
y cuando se conoce a la gente buena no le queda al hombre honrado
otro camino que ser decididamente malo: para diferenciarse.
Ibid., IX, 1918.
Si ciertos escritores tuvieran personalidad, tal vez llegarían a
ser buenas personas, aunque no serían nunca buenos
escritores.
Ibid.
Ser Dios de Sí Mismo es la única manera de hacer tolerable a Dios,
sin mengua ni esclavitud.
Ibid.
No tuve paz sino a los treinta y nueve en que al amor del Arte me
ganó y empecé a escribir mi verdadera literatura.
Ibid.
Tengo el espíritu más anticolectivo que haya tenido hombre alguno
sobre la faz del planeta.
No he querido ser soldado de nadie y he desdeñado ser jefe de
muchos.
Ese es el sentido y esa es la fuerza de mi Libertad.
Ibid.
Somos hechos de un girón de la tela de la cual están hechos todos
los sueños y nuestra pequeña vida se acaba en un sueño.
Ibid., X, 1918.
¿La vida es, pues, un viaje entre dos misterios?
Ibid.
El plebeyismo no se lleva en los riñones sino en el cerebro.
Ibid., II, 1919.
Nada más vil que los plebeyos del pensamiento.
Ellos no podrán refugiarse nunca en la Soledad.
Ibid.
La sinceridad es una de las formas del valor y acaso la más
rara.
Ibid., 15, II, 1919.
La parte más triste y menguada de la biografía de un hombre es la
parte anecdótica, que casi siempre es la parte netamente humana y
miserable.
Ibid., 16, II, 1919.
En filosofía, todo sistema es una prisión.
Ibid., V, 1919.
Mi inteligencia repele todo lo que no tiene un bello estilo, lo
que no es refinado y exquisito; me hago preciosista; ¿un refinado
en Arte? ¿un decadente? Tal vez sí...
Ibid., II, 1920.
Lo hallé tan absurdo, que tuve necesidad de rebatirlo.
VARGAS TEJADA, Luis (1802 - 1829)
¿Quién rige tanto vuelo? / ¿De dónde tanta gloria? / Responde la
victoria, / ¡Bolívar, Boyacá! Si a Bolívar la letra con que empieza
/ y aquella con que acaba le quitamos, / oliva, de la paz, símbolo,
hallamos. / Esto quiere decir que así al tirano / la cabeza y los
pies cortar debemos, / si una paz duradera apetecemos. Juntos los
corazones y las manos / al Dios eterno hacemos juramento, / por el
mar, por la tierra y firmamento, / como aquellos héroes espartanos,
/ en Colombia jamás habrá tiranos.
El Registro.
Huyeron como el humo aquellos días / en que de mirto y flores
coronado / brillaba entre festines y alegrías; // y hoy ausente,
proscrito y desterrado, / lloro las penas y las ansias mías / en mi
lóbrego asilo confinado.
Recuerdos.
VASCONCELOS, José (mexicano)
Los poetas han salvado a Colombia de la crueldad.
VEGA, Alejandro, "El Tuerto" (Bogotá, 1864 -
1903)
Del alma los arcanos más profundos; / El amor es la causa que
dirige / El inmortal concierto de los mundos.
La estatua, en La lira nueva, 1886.
Yo quiero; pero no quiero / decir a quién quiero bien; / pero que
sepan, sí quiero, / que quiero, pero no a quién.
¡Quién creyera / que la luna encantadora / era, sin ser pecadora, /
vagabunda!... Noche era / de luna trasnochadora.
VÉLEZ LADRÓN DE GUEVARA, Francisco Antonio (Santafé, 1721 -
1781)
Dolor, siendo tan crecido, / ¿cómo hallaste brecha abierta / por
una tan corta puerta / para haberte introducido?
A un agudo dolor de muelas de una dama muy sufrida y muy
modesta.
En la boca, donde apenas / cuajó perlas el rocío...
Ibid.
¿Quién del orbe con vasto señorío / al sabio muda en necio, y en
demente? / ¿Quién al cobarde infunde tanto brío? / ¿Quién saca de
juicio al más prudente? / ¿Quién priva al racional de su albedrío?
/ ¿Quién hace todo mal?
¡El aguardiente!
Demuéstrase los innumerables daños que causa el maldito licor del
aguardiente.
Colorada la nieve / Va de corrida / a tu boca,
señora... A una dama se remiten unos vasos de helados del color que
dicen estas seguidillas, Porque con amor me tra... tas / Me urde la
envidia mil tre... tas / Y tú sin que en más te no... tas /
Injustamente me ma... tas. Decidle que se me guarde / siempre
pomposa y ufana / en una larga mañana / que nunca llegue a la
tarde. Redondillas a la Virreina.
Decidle que se defienda / con gran
cuidado del aire, / no sea que a su donaire / el aire en fuego se
encienda.
Ibid.
Que consigo toda tenga / gran cuidado, pues recelo / que por ella
todo el cielo / a la tierra se nos venga.
Ibid.
VINYES, Ramón
¿Ni Shakespeare ni don Pendejo, verdad?
Opinión sobre su propio libro, cit. por Alfonso Fuenmayor,
Crónicas sobre el grupo de Barranquilla, 1979.
Hay en literatura quien es singular y quien quiere serlo.
Vengan todas las formas nuevas, no nos espantan.
Voces.
Por fortuna creemos que el destino no se burlará de nosotros
llevándonos a la Academia.
Ibid.,
No. 46, Pretextos.
VIVES GUERRA, Julio (José Velásquez García) (Santa Fe de
Antioquia, 1874 - Bogotá, 1950)
Ustedes ayunan con carne, y nosotros los vegetarianos ayunamos
los vegetales.
Vegetarianos de camama, Volanderas y tal, 1911.
Sacarle jugo hasta a un papayo seco.
Dicho suyo.
No pretendo perder el derecho de incurrir en gazapos.
Cuando se le ofreció entrar a la Academia de la Lengua.
VOLKENING, Ernest Adam Carl (Amberes, 1908 - Bogotá, 1983)
Cabe preguntar si no es la mala conciencia o, hablando en
términos psicológicos, el complejo de culpa en los pueblos el que
conspira con los demonios.
Goethe demonólogo, Revista de la Indias, 1949.
Goethe diagnosticó el mal, pero sólo Dios está llamado a
curarlo.
Ibid.
A veces me pregunto si a la angustia, el pretendido rasgo
fundamental de la época, no se ha sustituido por el tedio, animal
triste, de ojos que no ven e inasible como las medusas, si bien
mucho menos bello.
Sobre Wiedemann, 1952.
Unos gritan, gesticulan y remueven el fango por milésima vez como
si allí se escondiese el arcano infalible, y otros se crean
paraísos artificiales en un último esfuerzo por devolver a las
cosas su antiguo resplandor.
Ibid.
Lo que cuenta en la vida de un pintor no son los motivos, sino los
resultados.
Ibid.
El temperamento no es otra cosa que el modo de ver individual,
único y, por tanto, irreductible.
Ibid.
En contraste con su antípoda, el hombre conservador parte de lo
dado.
Para él, lo dado -también se podría decir, el orden en que se
encontraba el mundo a la hora de su nacimiento- no solo es pauta de
sus actos, sino también constituye el molde de su manera de
reflexionar.
Diario, 14, V, 1956.
Para el conservador lo único que cuenta es el remendar y tapar
huecos, resanar y componer y sentirse cómodo entre sus mil
cachivaches, como fin, sentido y máxima expresión de una forma de
vida, un estilo, un modo de ser.
Ibid.
Ese aire de Tenorio pagado de sí mismo, que me recuerda un gallo
pavoneándose entre una turba de extasiadas gallinas.
Cit. por Abel Naranjo Villegas, Digresiones sobre hechos y desechos, 1989.
El lector es un oyente venido a menos.
El mundo ancho y ajeno de Alvaro Mutis, 1981.
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