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Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas
Letra U
UMAÑA BERNAL, José (Tunja, 1899 - Bogotá, 1982)
Abomino de los poemas espontáneos, vanidosos y ligeros, que no
están precedidos de la cristalización intelectual, del estudio
minucioso, del trabajo en acto de posesión y disciplina. Itinerario
de fuga, 1934, Explicación.
Llevamos la victoria, como una hembra fiel a la grupa de nuestros
corceles.
Discursos, 1934. La unidad del régimen es para el liberalismo la más eficaz de sus
fuerzas y el más noble de sus deberes.
Discurso en la llegada a Bogotá de López Pumarejo, I, 1941.
Cuando yo digo Francia, es como si dijera / dulzura, y fortaleza, y
amor, y gloria, y gracia... Cuando yo digo Francia Francia, digo, y
la veo, como la he visto un día / lejano, sobre el atlas borroso de
la infancia.
Ibid.
Señora, la mal casada, / clavel en tallo de hastío. / Perfil de
luna inclinado / hacia horizontes de olvido.
Romance de la mal
casada.
Rota canción de los senos / en curvas de sacrificio. / Campo
del vientre segado / por la cuchilla del hijo.
Ibid.
Ceñidor de pena oscura / sobre tu rostro vencido.
Ibid.
En laderas enemigas / han madurado tus trigos. / Pasas el tiempo
ensartando / tedio en collar de suspiros, / y en sedas de
desencanto / bordas amores perdidos. / En el jardín de tu cuerpo /
se helaron todos los lirios.
Poesía.
¡Qué solo va el caballero / por tierras de Portugal! / El frío
cielo de enero, / el mesón aventurero, / el diálogo pasajero / bajo
la noche invernal.
Diario de Estoril.
Por las rutas desiertas / vi las tardes profundas, y las albas
inciertas / ceñir en ágil cerco tu talle estrecho y fuerte.
Amor.
Como bastón de hombre ciego / obedécete a ti mismo, / no quebrante
tu egoísmo / blanda mano o fácil ruego; / no des humilde sosiego /
a tu orgullosa aspereza, / ni amortigues la certeza / con diálogos
de amistad, / porque es en tu soledad / donde está tu fortaleza.
Consejo.
Para ti, cuando yo muera, / hijo, el poema y el
árbol.
Fin
Cómo arde la llama y quema, / sin saber dónde, ni cuándo, / cómo
se nos va entregando / la eternidad del poema.
Poesía No; ni el ocio; ni el halago / del aroma; ni el donaire /
del vanidoso desgaire; / ni dormida arquitectura; / sino línea,
recta, pura, / en los dominios del aire.
Ibid., Recta.
Qué rígida arquitectura / cortada en azul de cielo.
Ibid., Día.
Que no a la rosa le plante / cerco de lanzas el cardo, / ni que
vanidoso el nardo / en dulces lenguas la cante...
Ibid., Rosa.
Coloquio del vago cielo / y el agua presente y fría.
Ibid., Surtidor.
Relincho de yeguas blancas / bajo cascos del rocío.
Ibid., Aurora.
El alba en oro / nuevo, luz primera, alto tesoro / para el alma
nostálgica y sedienta. El don Visión de los extáticos vitrales / en
la penumbra de las catedrales...
Ibid., La visión.
Supiste el doble acento de las áureas palabras, ritmo de arrullo y
garra para el cálido instante, la mujer y la espada tuvieron en tus
manos una idéntica y pura desnudez temblorosa.
Nocturno del
Libertador.
Nunca tu sombra acaba de pasar.
Ibid.
¿A qué engañarnos más, si ya perdiste / para mi sueño el misterioso
encanto / de lo imprevisto, si en hostil quebranto / fatal
estrella nuestro amor asiste?
Elegía del adiós
-¿Qué es el amor? -
soñar sólo una hora / para llorar después toda la vida.
Ibid.
Al decirnos adiós, bajo el florido / amparo del fragante jazminero,
/ murió en las sombras el postrer lucero/ tras un hondo crepúsculo
de olvido.
Ibid.
Tu lánguido mirar se hizo más triste / cuando en las brumas del
recuerdo viste / el sueño roto y la esperanza trunca; // y ante la
paz serena de las cosas, / lloraron nuestras almas silenciosas / lo
que no pudo ser, ni será nunca.
Ibid.
Hoy, ante el hado, que la muerte augura, / rota la paz por los
éxodos extraños, / breves congojas y fugaces daños / lloro al dejar
la juvenil locura.
Ibid.
Señor, que das la pena y la alegría: / tú, que me hiciste ilusionar
un día, / de gloria ornando el porvenir risueño, // concede al alma
lo que el alma pide, / y dame un gran dolor, para que olvide / la
vanidad de este dolor pequeño.
Ibid.
Rosa, tan ardorosa, y sin embargo, / rosa, tan casta y pura. / Tú
deberías ser el relicario / de Santa Rosa: rosa que regalas / el
turbante perfume de una santa desnuda.
Rosa tan ardorosa, de los
poemas franceses de Rainer Maria Rilke.
Vivimos de prisa, / pero el
tiempo nunca / en sus alas locas / lleva lo que dura.
Ibid., Vivimos de prisa.
Ni al ímpetu libre, / ni al loco deseo, / fiad el corazón. / Vale
lo que es lento: / la luz y la sombra, / el libro y la flor.
Ibid.
El mejor instante del día, el de la despedida entre la
niebla.
Confesión poética.
Los versos no se escriben con palabras sino con experiencias.
Ibid.
Soy, y no quiero ser otra cosa, un hombre solitario.
Ibid.
Ni rápsoda, ni bardo, ni lirida, ni vate; casi ni poeta. Y, desde
luego, ni cósmico, ni onírico, ni telúrico, y sin mensaje.
Ibid.
Sólo la poesía, recinto almenado en los hoscos inviernos, o guarida
para el amor, y su paso de garra.
Ibid.
Tantas veces, amor, hasta mi oído, / trajo tu flauta su rumor
distante, / que hoy lo vuelve a escuchar, y , vacilante / pienso
que es eco de otro amor perdido.
Soneto del nuevo amor.
Qué dulce, amor, este dudar constante, / si la voz, que prolongas
en mi oído, / es otra, o es la misma voz distante.
Ibid.
El mejor instante del día, el de la despedida entre la
niebla.
Ibid.
Las tres obras más importantes que los Centenaristas dejaron al
país fueron "El Tiempo", el "Gimnasio Moderno" y "La
Vorágine".
Ibid.
Este correr del agua entre los árboles, / y tus palabras, como si
llegaran de lejos. / Este perdernos, y recobrarnos, cada instante.
/ Este ser, y no ser, al mismo tiempo.
Armonía
¿Hamlet? Príncipe
de hojas secas y nubes. / ¿Ofelia? Sobre el agua flotando sus
cabellos. / Nada. Es sólo el otoño, / de violetas, y de cenizas, y
de marfil viejo.
Ibid.
Y la música, que no se oye, de tus gestos.
Ibid.
Cómo arde la llama y quema, / sin saber dónde, ni cuándo, /
cómo se nos va entregando / la eternidad del poema. / Tránsito en
noche suprema, / oscuro y remoto instante, / en que la luz
vacilante, / se hace piedra, firme y pura, / y hiere el alma su
dura / serenidad de diamante.
Décimas de luz y yelo, 1. Poesía.
¿Cuándo vino el otoño? -Vino cuando los dos, en el silencio, lo
esperamos.
Diálogo.
Qué grato contemplarlas, sobre el pecho, / despojadas de
inútiles sortijas. / Ya ensayando ser manos de la muerte: / cada
vez más delgadas y más finas.
Las manos.
Haber durado tanto tiempo para / lograr esta manera, desasida / ya
de todo - firme, clara - , / como un adiós, sin duelos, a la
vida.
Silencio.
Ser tan ajeno de lo ajeno; verme, / tan solitariamente solo, y mío;
/ gustar esta amargura de perderme, / sin que nadie me llame, en el
vacío.
Ibid.
¿Qué me dice esta mano por el aire, / como un ave del cielo
desprendida, / cayendo en el silencio de la noche / sobre el libro
cerrado de los sueños? Sueño ¿Sobre qué desamparo está cayendo /
esta aurora de cielos desterrados, / y qué camino sigue entre la
noche / esa fuga lejana de caballos?
Ibid.
Cada minuto rueda entre la sombra / como un soplo de arena
desolada.
Ibid.
Hay ángeles que velan extasiados, / con las manos cruzadas sobre el
pecho / en la noche de yelos y de espadas.
Ibid.
UNIÓN, La
Los hombres pueden abrigar las ideas más distintas en política y
religión, y conservar, sin embargo, relaciones de confianza
recíproca y de comunidad de interés nacional patriótico.
IV, 1881.
La exclusión absoluta en el gobierno de los partidos en minoría,
debilita el espíritu nacional, envenena las dicusiones y crea
peligros extraordinarios.
Ibid.
URDANETA, Alberto
!Ven, ven, niña de mi amor / Ven, ven, ven a mi ranchito / que
te espero con amor! Guabina chiquinquireña.
Sí, sí, sí, dulce y ... noviecita, niña de mi corazón / vamos a
ver a la Virgen y a pedirle protección.
Ibid.
URDANETA ARBELÁEZ, Roberto (Bogotá, 1890 - 1972)
Los conservadores creen que lo han ganado todo, y los liberales
piensan que no han perdido nada.
II, 1948, (tras la negativa del Partido Liberal a colaborar con el
gobierno de Ospina Pérez.
Pido humildemente al Todopoderoso, al que gobierna las naciones y
tiene suspendida de tres dedos la redondez de la tierra, que supla
con su gracia mi incapacidad.
Discurso de posesión, 1951.
Que durante mi gobierno no se derrame por mi causa una sola gota
de sangre colombiana.
Ibid.
Usted mi general, es mi respaldo y mi sostén.
A Rojas Pinilla, 22, V, 1953, veinte días antes del golpe de Estado.
Es la realización del régimen conservador iniciada el día en que
el Partido llegó al poder con la presidencia del doctor Ospina
Pérez, adelantada con eficacia insuperable por el gobierno del
doctor Laureano Gómez y continuada en la mejor forma que me ha sido
dable.
Balance de su gobierno, poco antes del golpe de 13 de junio, 1953,
cit. por Henao y Arrubla.
El que más ha perdido con la actitud de Laureano he sido yo,
porque trabajé ocho días en el discurso de inauguración de la
Asamblea Nacional Constituyente, me enfermé estudiándolo en largas
vigilias y ahora no sé qué hacer con él.
En el almuerzo, el mismo día del golpe de Estado de Rojas Pinilla,
13, VI, 1953.
En la mañana de hoy abandoné la presidencia por no someterme a una
imposición... Mal puedo reasumirla ahora, en virtud de otra
imposición.
Al general Rojas Pinilla, quien le exigía seguir ejerciendo el
cargo de presidente, el 13 de junio de 1953.
Agradezco mucho las demostraciones de amistad y lealtad del
ejército, pero desde la mañana de hoy no tengo títulos para ejercer
la presidencia, porque el presidente titular reasumió su mandato.
Para volverme a posesionar sería necesario que el doctor Gómez
presentara renuncia de su cargo.
Ibid.
Me has dejado como la jeta de las bestias porque no me dejaste
mandarle la renuncia a Laureano.
A Luis Ignacio Andrade, quien lo persuadió para que no renunciara
días antes del golpe, cit. por Antonio Escobar Camargo
No podía destituirlo porque mi posición habría sido
insostenible.
Explicación por haber mantenido a Rojas Pinilla en la cúpula
militar antes del golpe de Estado.
Paseando por los parques de Colombia siempre ve uno las estatuas
de los calumniados y nunca las de los calumniadores.
Cit. por Alfonso López Michelsen.
La primera vez que los reuní predominó el hielo.
La segunda vez estuvieron más cordiales.
La tercera vez me retiré con prudencia para que pudieran besarse
tranquilos.
A Abelardo Forero Benavides (Urdaneta había conseguido el
acercamiento entre Lleras Camargo y Laureano Gómez).
URIBE VÉLEZ, Álvaro
En aviación hay sólo dos marcas: aviones viejos y aviones
nuevos.
Cit. por Daniel Samper P., Dejémonos de vainas, 1981.
URIBE PIEDRAHITA, César
Ese mundo de misterio y de sombra, la infinita red de grandes
ríos y la interminable trama de brazos, caños y esteros dormidos y
sombríos.
Toá, 1933.
Presentía vagamente que la tremenda lucha que se libraba allí
cerca no era sólo la lucha biológica.
Había algo más terrible: el hombre blanco, lascivo y codicioso,
violaba bestialmente la naturaleza.
Ibid.
¿La selva?... La selva no era nada.
La catástrofe no se debía a la naturaleza. Se debía a los hombres
que importaron las enfermedades y trajeron el suplicio y la muerte
a los habitantes de los bosques húmedos donde crecía la
siringa.
Ibid.
Rompieron los toscos envoltorios de hojas verdes de palma y rodaron
por el suelo las cabezas sangrientas de medio centenar de
indígenas.
Ibid.
¿De dónde eres, Toá? - preguntole Antonio una mañana.
-Yo, señor... Yo soy del río. Sí, era hija del agua, había nacido
de la cópula del río con la selva.
Ibid.
URIBE, Diego (Bogotá, 1867- 1921)
Me juró amor por el vergel florido, / me juró por la fuente que
lo baña, / me juró por el ave, por el nido, / me juró por la paz de
la cabaña.
Ayer y hoy, en La lira nueva, 1886.
Las flores del vergel se marchitaron, / el pájaro alzó el vuelo y
dejó el nido, / las aguas de la fuente se agotaron, / y al
juramento lo cubrió el olvido.
Ibid.
Yo sé que aquí no estás; si yo creyera / que estabas toda entre la
tumba fría, / mi idolatrada y santa compañera, / ¿sabes tú lo que
haría? / Al pie de tu sepulcro / como el fiel terramova
moriría.
Ante su tumba.
Y dijo el buey al pájaro: Nos cansas / con tu inútil cantar; /
desciende de las ramas, vagabundo, / y ven a trabajar.
En el barbecho.
Mi reja es mi canción, / y abro surcos también, mas no en la
tierra, / sino en el corazón.
Ibid.
¡Ay! todo, todo me lastima y hiere, / todo lo miro tenebroso y
yerto, / porque en mi alma se entona un miserere, / y están
doblando a muerto.
URIBE WHITE, Enrique (Tuluá, 1898 - Bogotá, 198...)
Me olí el godo.
Voto por López. Telegrama a su madre ante la candidatura
presidencial de Carlos Arango Vélez, 1942.
Como novela El alférez no vale un comino.
Como descripción de una época es insuperable.
Introducción a El alférez real de Eustaquio
Palacios, 1945.
URIBE URIBE, Eugenio
En Amalfi, tierra grata, / a Josefina Uribe, fea chata, / la
hicieron Reina
Fea en votación...
Y en prueba de adhesión, este poeta / os rinde pleitesía y os
respeta / por la vuestra "hermosísima feura".
Ibid.
¿No han visto que en la prensa, al ocuparse / de una boda, no llega
a mencionarse / si el novio iba en pijama o de chistera?
En El Espectador.
URIBE, Joaquín Antonio
Tal animalillo es un exápodo... que, a primera vista, parece un
pedazo de rama seca; quizá sea la cabalgadura de rapaces ignotos
que corretean y juegan en lo más oculto de las arboledas durante
las noches de luna.
El caballo-de-palo.
URIBE, Juan de Dios ("EL INDIO")
La lira cristiana contra la lira liberal.
No basta con insultar al enemigo.
Hay que ir, decididamente, más allá: hasta la calumnia.
Se atropellaban en mis labios las sílabas indómitas del odio en
aquella mañana de diciembre.
La naturaleza sólo es bella en la libertad de pensamiento.
Ibid.
Luego aparece Colombia en mi mente, como una llama, que ya es una
antorcha, que ya es una sombra, que ya es una mancha... ¡nada!
Ibid.
Por sobre el olor de la pólvora y los cartuchos quemados, llegaba
un gran sollozo, una larguísima queja de los mil heridos que se
desangraban en aquella zona abrasada, bajo aquel sol que desollaba
la tierra.
Descripción de la batalla de Los Chancos.
URIBE URIBE, Rafael (Valparaíso, Ant., 1859 - Bogotá, 1914)
Italianos y españoles, porque de chinos y coolies no quiero oír
ni hablar.
Sobre los proyectos de inmigraciones a Colombia.
Las instituciones por muy copiadas que parezcan, o por mucho que
se las corte sobre patrones extranjeros, no son fórmulas abstractas
sino que (deben ser) en parte al menos, producto del suelo y
expresión exacta o aproximada de las necesidades del país.
Cit. por Carlos Villalba Bustillo.
No hay sino dos medios para recuperar nuestro derecho: el de la
paz por los triunfos que nos dé el sufragio libre... o el de la
guerra, si el actual movimiento reformista es refrenado... y en tal
caso habría llegado la hora fatal que aquí he predicho en que la
guerra sobrevendría como hecho inevitable.
Ante la Cámara, como único representante liberal, 1898.
O nos dais la libertad o nos la tomamos.
Ibid.
Conveniencias de la guerra me aconsejan cederte a Corozal. Ahí te
lo dejo con sus fiebres, su hambre y su aspecto antipático.
Mensaje a Pedro Nel Ospina, 1900.
El Gobierno es impotente para debelar la revolución, pero la
revolución es impotente para derribar al Gobierno.
Manifiesto de paz, 1901.
De mi parte, doy por terminada la guerra, y excito a todos los
liberales que aún permanezcan en armas a tomar la vuelta a sus
hogares abandonados y a reasumir las faenas del trabajo... Proclama
para poner fin a la Guerra de los Mil Días, 1901.
A esto llamábamos hacer patria, cuando estábamos acabando con la
poca que teníamos.
Sobre la Guerra de los Mil Días.
Cuantos
pertenecemos a esta generación infortunada, podemos jactarnos de
haber visto la última guerra civil de Colombia.
Discurso, 1902.
Si yo me propusiera ganar dinero, haría también fortuna en dos
años; pero le tengo hecho a mi Patria el sacrificio de la
riqueza.
Cit. por Calibán.
Acepto la imputación de socialista del
Estado.
Conferencia en el Teatro Municipal, 1904.
No soy partidario del socialismo de abajo para arriba que niega la
propiedad, ataca el capital, denigra la religión.
Ibid.
Declaro profesar el socialismo de arriba para abajo, por la
amplitud de las funciones del Estado.
Ibid.
Hemos creído muy inteligente, muy estético, muy caballeresco,
matarnos por teoremas que el pueblo, a quien arrastramos al campo
de batalla, no supo en qué salsa se comía.
El santo y seña,
conferencia sobre el socialismo.
Si el Congreso no le otorga al
General Reyes las facultades que pide, haría bien el excelentísimo
señor Presidente en tomárselas.
En la Cámara, 1904.
La política tiene mucho de arriería.
Correspondencia, a Martínez
Silva.
De cómo el liberalismo colombiano no es pecado.
Título de un folleto, 1912.
URICOECHEA, Ezequiel
No crea que los grandes hombres fueron más de lo que es usted, y
muchos nunca tanto. La perseverancia, el estudio y la fuerza de
voluntad han hecho de ellos lo que son.
A Carlos Michelsen.
Uribe
¡La ciencia no basta en el mundo! Hay un arte aún más necesario; el
arte de saber vivir y éste es muy difícil, tanto más cuanto más
sabe uno lo que vale.
Ibid.
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