Ficha bibliográfica
Titulo: Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas
Autores: Luis H. Aristizábal
Edición original: Junio 29 del 2004
Edición en la biblioteca virtual: Julio 24 del 2005
Notas: Edición electrónica del diccionario de Luis H. Aristizábal en el que podrá encontrar una minuciosa selección de las frases y citas célebres pronunciadas por personajes colombianos.
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

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| Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas

Letra T


TABLANCA, Luis (1883 - 1965)

Dama de un tiempo ya ido, / de amplio faldellín de seda, / que te deslizas sin ruido / por la desierta alameda, / ¿algún extraño conjuro / te descendió con recato / desde el antiguo retrato / que se apolilla en el muro?
De la media noche.


TAMAYO, Carlos

Labios pequeños y rojos / tez de blancura de luna, / crenchas de oscuros manojos, / y tienes niña más ojos / que una papa paramuna.
En el propio camposanto / a don Javier Agudelo / le robaron el pañuelo / con que enjugaba su llanto; / y con ojos muy abiertos / cuando al cementerio mira, / exclama lleno de ira: / -¡Allí hay más vivos que muertos!
(Atrib. también a Cástor y Pólux).


TANCO ARMERO, Nicolás

¡Triste es ver convertidos los hombres en pilastras o esquinas donde todo el mundo... lee! (Sobre los hombres sandwich de Londres), Viaje
Un gobierno donde todos participen es insoportable e imposible.
Ibid.

En China se ha predicado y practicado el despojo de la propiedad y las ideas disolventes, con el mismo descaro que en Europa por los socialistas, y en América por el espíritu de imitación.
Ibid.

La escala de las penas, el termómetro de las amarguras está en razón directa del grado de cariño que profesamos a las personas que las causan.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol.II, 1993.


TEJADA, Luis (Barbosa, Ant., 1898 - Girardot, 1924)

Yo no quiero la paz, maldita sea / la tranquilidad sugestiva de la aldea.
Cit. por J.G. Cobo Borda, Prólogo a Gotas de Tinta, 1977.
No puedo estar en paz. Paz y quietud / Son un pecado de lesa juventud.
Ibid.

Miro dentro de mí, y me hallo como un templo abandonado, donde los altares han sido derribados bruscamente y donde la maleza se alza sobre las ruinas desoladas.
Cit. por Gilberto Loaiza Cano.
Oh tormento el de este vacío angustioso, infecundo, que invade como una sombra de fatalidad nuestra juventud fragante.
Ibid.

Carajo, todo el mundo a descubrirse; acaba de nacer un gran poeta en Colombia.
En el café Windsor, presentando a Luis Vidales.
Ojos, / que avanzan hacia mí / como fantasmas: / ¡tengo miedo de tus ojos!
Miedo, Revista de las Indias, 1936.
La experiencia acumulada inconscientemente, la imitación, la herencia y quién sabe cuántas causas más, rigen nuestra vida.
Gotas de tinta, 1921, Los mendigos del camino.
La exquisita voluptuosidad de ser débil.
Ibid., El convaleciente.

Siempre he creído que no se debe dormir acostado, o al menos, esa es la peor manera que se ha podido inventar para dormir.
Cromos, El arte de dormir bien, 1922.
Lo mejor sería intentar una modificación de la forma corriente de los lechos, que permita adoptar en ellos situaciones más amables.
Ibid.

Guillermo Valencia ha sido siempre un astuto usurpador de patrimonios ajenos.
El Sol, 1922.
Silva es el poeta verdadero; Valencia, el insigne mistificador.
Ibid.

Los movimientos demasiado caritativos me infunden cierta desconfianza y el altruismo sistemático me parece una de las peores manías.
Ibid., La pobreza, XI, 1922.

La pobreza decente es en este siglo profundamente igualitario y violento, una base de seguridad personal y una garantía de paz y de estabilidad.
Ibid.

Se necesita de una considerable cantidad de talento, cierta energía firme para ser pobre, para no entregarse con loca ansiedad a los negocios fáciles y demasiado productivos.
Ibid.

Sólo cuando los ricos se resuelvan a ser pobres por imitación o por envidia, entonces empezaremos nosotros a ser ricos de nuevo, para sostener el contraste.
Ibid.

Los libros perfectos, los únicos verdaderamente humanos, y que se pueden leer todavía con deleite, son los libros de aventuras: Homero y Dumas.
El Espectador, Gotas de tinta, 1922.
Hay versos malos que son muy bellos.
Ibid.

Se podría escribir aun cuando no fuera sino por el deleite inefable de leernos a nosotros mismos.
Ibid.

La obra maestra, para mí, es la que yo hago, porque es la que más se acerca a lo que yo sueño que debería ser una obra maestra.
Ibid.

No admiro a los demás, sino en relación directa a la semejanza que tengan conmigo, porque en esa misma proporción los comprendo.
Ibid.

No se deberían leer sino los propios libros.
Ibid.

En la íntima realidad, en la realidad profunda y subterránea del corazón, nigún hombre logra ser pacifista verdadero.
Ibid., El elogio de la guerra.

Generalmente, el hombre se avergüenza de todo lo que pudiera enorgullecerlo.
Ibid.

Lo que sucede, en los pueblos obstinadamente pacifistas, es que el instinto de la guerra degenera en curiosas desviaciones hacia el crimen y la violencia particular.
Ibid.

Conozco quién vería con indiferencia una catástrofe pavorosa con sus muertos y heridos, pero se conmovería y se indignaría hasta el último grado porque le hacen a su gato una caricia demasiado fuerte.
Ibid., El francisquismo.

Protestamos porque los muchachos matan los pajaritos, y por la noche nos comemos sin remordimiento las gallinas y los palomos, que también son pájaros.
Ibid.

Para mí, una sociedad protectora de animales, de ciertos animales, se entiende, es la paradoja más terrible de la vida moderna; me parece una mezcolanza hipócrita y solemne de la caridad y del egoísmo, de la benevolencia y la necesidad.
Ibid.

¿Por qué vamos a amarla y a protegerla (a la naturaleza), si ella nos odia, si ella lanza contra nosotros sus leones y sus serpientes, sus ríos bravíos, sus bosques poblados de amenazas, sus ciénagas febriles, sus precipicios, sus tempestades, sus epidemias?
Ibid.

No caigamos en el alambicamiento de adorar a las florecillas tontas y a los pajarillos ridículos que nos tendremos que comer fritos antes de que los buitres nos coman a nosotros.
Ibid.

No hay nada en que se pueda ser malo con tanta justicia como en el acto de cobrar lo que le deben a uno.
Ibid., Loa prosaica al buen acreedor.

Hay la obligación de prestar dinero al prójimo, pero no la de pagarlo.
Ibid.

Clásico es el que tiene una interpretación original de la vida y de las cosas y la encierra dentro de formas también originales.
Ibid., El concepto de lo clásico.

Clásico no es el discípulo ni el imitador, es el que inventa, revoluciona y libera.
Ibid.

Escribir correctamente es fácil, porque significa una labor de simple paciencia; los buenos prosistas abundan en el mundo, como las arenas del mar.
Ibid.

Sin ojos y sin alma, pasará como agua clara y trivial, sin dejar huella perdurable.
Ibid., (sobre la obra de Marco Fidel Suárez).

La guillotina no extingue instintos.
Ibid., El patíbulo

Lupin es la entidad humana ideal del porvenir: esa en que la inteligencia, desarrollándose a costa de todas las facultades y aún de la carne misma, llega a hacerse infinita y omnipotente, hasta que nada pueda haber oculto para ella, ni en la vida ni más allá de la vida.
Ibid., El detective.

¿Qué es una estatua? Es solamente un pretexto para olvidar a los héroes.
Ibid., La estatua de Córdoba.

No hay soledad más dolorosa y lamentable que la de las pobres estatuas en medio del tumulto de las ciudades.
Ibid.

Los autores realistas no pudieron comprender nunca que lo inverosímil hace parte de lo real, es lo mejor de la realidad.
Ibid., El biógrafo.

La vida misma es una aventura terrible, una aventura perfectamente cinematográfica, con la diferencia que, al fin, siempre se lo come a uno el tigre.
Ibid.

En realidad, España no dejó aquí nada de verdadero mérito artístico.
Ibid.

Ese sentido especial de la inactualidad que suelen tener los papas.
Ibid., Anatole France.

El revólver se inventó principalmente para quitar el miedo, esa curiosa enfermedad tan propia del hombre.
Ibid., El revólver.

Venerable varón, intoxicado con el juego sutil de los libros viejos. (Sobre Marco Fidel Suárez), Ibid., 1923.

Nada hay tan fielmente interpretativo, tan simbólico de la vida, como una ruleta.
Ibid., El azar en el negocio.

El intelectual clásico puro empieza a claudicar acosado por el sentimiento de la inferioridad social.
Ibid., La crisis de la vida intelectual.

Nosotros somos realmente un pueblo sin fronteras.
Ibid., El buen patriota

Si nos aventuramos a considerar como compatriotas a cierto número de venezolanos, por ejemplo, de los que viven en la zona en litigio, no hay ningún motivo para que no consideremos también como compatriotas a todos los venezolanos y lo mismo a todos los panameños y a todos los peruanos; y de eso a la república universal, al concepto humanitarista y antipatriótico de que el mundo es la patria de todos, no hay sino un paso.
Ibid.

El tormento cotidiano del techo inestable y del pan problemático, es lo que ha estancado y demorado el progreso humano, disminuyendo la producción intelectual y manual.
Ibid.

El héroe militar ocupa realmente un segundo término en nuestra revolución; el héroe militar no concibió el movimiento ni lo suscitó.
Ibid., El mito boliviano.

Desde que el último español abandonó la costa colombiana, los olímpicos guerreros profesionales se empequeñecieron súbitamente; quedaron reducidos a insignificantes guerrilleros ambiciosos y empezaron a hacerse mutuamente guerra de cocineras.
Ibid.

Dijo en rutilantes versos su afición a las brillantes formas externas, su deslumbramiento frente a las cosas decorativas, majestuosas y ricas, su admiración pueril ante el mármol, el oro, la seda y los objetos finos y radiantes, su nostalgia ancestral de esclavitud poblada de príncipes y princesas, su sujeción sumisa ante el tipo blanco y rubio de manos finas.
Ibid.

Rubén Darío, R. I. P. Creyó siempre como su pobre raza ingenua y tiranizada que la aristocracia era el refinamiento, y el refinamiento consistía en rodearse de lujo fastuoso y alimentar todas las concupiscencias hambrientas después de una milenaria abstención.
Ibid.

La ironía, o la malicia, no pueden ser nunca un sólido fundamento crítico, ni fundamento de ninguna obra perdurable, o siquiera provisionalmente eficaz.
Ibid., Diatriba de la ironía.

La ironía es, a menudo, una disculpa para dejar de pensar, o la demostración de una capacidad intrínseca para pensar.
Ibid.

López es solo un espectador callejero que apunta contrastes de situaciones; es simplemente el hombre que mira, el fotógrafo cómico de la realidad.
Ibid., Luis Carlos López.

En realidad, ese hombre inmóvil, que piensa o imagina, es también una máquina en plena producción, que rinde su jornada de trabajo.
Ibid., Apología del fakir.

El hombre que experimenta la necesidad de moverse constantemente, es siempre el que no tiene en qué pensar o al que le da miedo pensar.
Ibid.

La felicidad absoluta debe estar en la absoluta inmovilidad.
Entrevista con Tejada, Cromos, 1924.
Mi libro será un libro para leer en el tranvía; para entretener los ratos ociosos de las muchachas inteligentes.
Ibid.

La barba imprime a la fisonomía general del individuo un aire dulce y humano; suaviza la expresión dura de los ojos y oculta esa odiosa protuberancia de la mandíbula que hace del ciudadano moderno un animal de presa, triturante, amenazador.
Ibid., Libro de crónicas, Yo me dejo la barba, 1924.

Yo no sé por qué he creído siempre que el hombre rasurado es un ser de corazón frío y fugitivo como una espada.
Ibid.

Realmente, sería muy difícil saber qué diferencia, fuera del nombre, hay entre un colombiano y un venezolano.
Ibid., El caso de El Viento.

La eficacia de un golpe de balón, depende, yo estoy seguro de ello, de la superioridad del espíritu y de la lucidez de la conciencia de quien lo dé, o si quréis, de su grado de civilización.
Ibid., El juego de pelota.

Una vez le dije: ¿sabes? te sentarían bien el azul y el oro, los colores de fray Angélico.
Ibid., El traje azul.

Es verdad que comúnmente el color de los sonidos y de las voces es imperceptible, pero eso no significa que las voces y los sonidos no tengan color.
Ibid.

En realidad, en el traje residen toda la fuerza, todo el peligro, todo el misterio de la mujer. Desnuda ¡oh enemiga! solo eres un pobre ser prisionero y débil, un alma cándida y cristalina que no tiene nada que esconder.
Ibid.

Una racha admirable y misteriosa de locura cruza la tierra; en Londres gélido y Berlín burgués, la bala, alegre y musical, canta en los oídos la canción de la muerte fecunda.
Ibid., La canción de la bala.

Estamos, amigos míos, en la era de la bala; descubrámonos ante nuestra señora la Pistola, virgen de los siete ojos y la larga nariz.
Ibid.

Con la misma maravillosa propiedad con que las varitas mágicas convertían a un patojo en príncipe o a una princesa en dragón, el dinero convierte una choza en castillo, un limpiabotas en millonario, o un poeta en comerciante.
Ibid., Lo poético y lo prosaico.

No podría haber nada más lógico, más natural y hasta más conveniente que la antropofagia.
Ibid., Antropofagia.

A una señorita convaleciente para que se robustezca rápida y completamente deberían darle carne de señorita gorda.
Ibid.

Ese viejo precepto latino de simila similibus curantur es una verdadera insinuación de antropofagia.
Ibid.

El hombre civilizado es un animal refinado y cuidadosamente cebado; se prepara durante toda su vida como para que se lo coman.
Ibid.

Yo confío en que, para bien de la humanidad, llegará pronto el día de la libertad de antropofagia.
Ibid.

¿A dónde irá a parar el mundo bajo la zarpa astuta y cruel de los George, de los Clemenceau, de los Poincaré, de los falsificadores de democracia, tiranos de americana, conquistadores de sombrero de copa, si no aparece en el confín de la estepa el sublime Cristo hiperbóreo de ojos oblicuos, de barbas endrinas, de sencillo y misterioso paso?
Ibid., Oración para que no muera Lenin.

Prefiero, los versos un poco descoyuntados, pero vivos y que vengan formados de palabras, no exóticas, sino simplemente imprevistas.
Ibid., Los versos.

Pescar es emocionante y delicioso, porque constituye una traición premeditada, porque es un delito sutil, como decir una mentira, como engañar a un niño.
Ibid., El pescador.

Hay quienes creen que los taburetes salen a veces de ese encantado mutismo, en raros pero merecidos instantes de expansión.
Ibid., Fantasía en madera.

Puede suceder que el taburete sea el tipo degenerado de una gran especie que vivió en remotas edades o el principio de evolución de una gran especie que vivirá en el porvenir.
Ibid.

¿Ese mundo fantástico de los muebles es verdaderamente inerte, como lo pensamos, o se burla de nosotros en nuestra ausencia?
Ibid.

Para el buen imaginar los pies deben estar siempre más altos que la frente.
Ibid., Meditaciones ante una butaca.

El humorista no espera nada, pero procura conformarse con lo irremediable y lo aprecia de una manera sonriente y benévola.
Ibid., El hombre que se casa.

Hay que desconfiar siempre un poco de toda persona que no fuma.
Ibid., El humo ante todo, trabajar no es bello ni digno, ni siquiera conveniente.

Ibid., El trabajo.

El vagabundo, el mendigo voluntario, y algunos aristócratas de pura sangre, constituyen dentro del mundo actual los últimos conservadores de la gran dignidad humana y de la tradición del ocio como cualidad suprema de la civilización antigua.
Ibid.

Lo más espiritual, lo más hermoso y noble será luchar apenas lo estrictamente necesario para llevar una existencia modesta y sobria.
Ibid.

Toda conjunción de palabras que se salga de los moldes gramaticales significa la existencia de una idea nueva, o al menos, acusa una percepción original de la vida, de las cosas.
Ibid., La gramática y la revolución.

En las épocas de intensa agitación espiritual, en los momentos de revolución, cuando todo se subvierte o se destruye, la gramática salta hecha pedazos junto con las instituciones milenarias.
Ibid.
La belleza es una apariencia superficial, la inteligencia es un mero accidente; nada tienen que ver con el amor, fuerza misteriosa y esencial que viene y va por los cauces desconocidos de la vida.
Ibid., Sobre el amor y la belleza.

El conversador verdadero es el que desarraiga las ideas de los individuos elevándolas a una esfera pura e impersonal.
Ibid., Sobre la conversación y el conversador.

La curiosidad intelectual es ese deseo punzador de saber cosas inútiles.
Ibid.

El vicio de la conversación, que algunas mentes deliciosamente amaneradas prefieren al opio o a la morfina, porque siendo mucho más sutil produce una embriaguez igualmente delicada y fantástica.
Ibid.

La conversación tiene, entre otros, dos enemigos mortales: el juego y el amor.
Ibid.

Desde que el amor se intercala como un intruso entre los interlocutores, la lengua se entorpece para la emisión de ideas desinteresadas y el encanto del intercambio intelectual se desvanece ante los devaneos efímeros del deseo y de la pasión instintiva.
Ibid.

¡La boca en bruto de una mujer superior no será capaz de darnos jamás el placer inefable y nobilísimo que nos proporciona su mente florida!
Ibid.

¿Cuándo podré escribir un largo libro minucioso sobre la psicología de las ropas?
Ibid., Biografía de la corbata.

Si el alma existe verdaderamente y tiene algún lugar especial de residencia en nosotros, ese lugar tiene que ser el sombrero.
Ibid., El sombrero, refugio del alma.

Una señora puede ruborizarse mucho más viendo unos pantalones sin hombre que un hombre sin pantalones.
Ibid., La ética del pantalón.

Tal vez podría escribirse el cuento fantástico del joven de difusa voluntad, que se quedó en calzoncillos toda la vida, porque no supo nunca qué traje ponerse.
Ibid., El traje del hombre débil.

En el universo infinito, poblado de espléndidas mansiones, cruzado de soles y de mundos, yo no pido para mí sino una pequeña hoja húmeda o el hueco que ha dejado el casco de un caballo, lleno con el agua fresca de la lluvia.
Ibid., Oración de la última rana.

Tal vez llegaremos a ver elevada en los jardines públicos la estatua reivindicadora de este ser miserable y verdaderamente divino que es hoy en nuestras sociedades atrofiadas por el instinto locomotriz, el único refugio del noble y desinteresado pensamiento.
Ibid., Apoteosis del vagabundo.

En realidad, todos los esfuerzos del hombre actual se encaminan a asegurarle en el futuro a la humanidad fatigada una mayor dosis diaria de pereza contemplativa, de ocio fecundo.
Ibid.

¡Bebamos, porque es verdad que la alegría de la muerte debe afrontarse en la florida adolescencia!
Ibid., Hablemos pues de ella.

El humorismo es, siempre, una actitud trascendental, y hasta podría decirse que todo gran pensamiento es humorístico.
Ibid., Un poeta nuevo.

No hay humorismo sino en la comparación de ideas.
Ibid.

Las montañas antioqueñas, donde nació el canto nuevo, donde la mujer es más oprimida, rompió primero la red de los convencionalismos.
Sobre María Cano, El Correo Liberal, 12, II, 1924.
¿No hay una férrea, una cruel, una odiosa dictadura de clase, y no es el gobierno su instrumento condicional?
Sobre el gobierno de Pedro Nel Ospina, El gobierno de clase, 1924.
Esa figura execrable, la más ingrata y la más inútil que ha pasado por nuestra história política. (Sobre Marco Fidel Suárez),
Las pequeñas libertades, 1924.
Yo no quise ponerle ninguna inscripción, porque para mí todas las tumbas son igualmente santas. A Joaquín Quijano Mantilla, al visitar el cementerio donde estaba enterrado su hijo.
El pesimista es más sincero con la vida y decididamente más cuerdo. Sólo que no ama al mundo y ese puede ser su error.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, 1983.
En la obra del hombre hay cosas de una originalidad tan difícil y compleja, que la naturaleza no ha intentado siquiera imitarlas.
Ibid.

El hombre es en la naturaleza el ser más hermético y más inaccesible; nunca nos da totalmente su alma, nunca logramos penetrar del todo hasta el fondo de su corazón misterioso.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol.II, 1993.


TÉLLEZ, Hernando (Bogotá, 1908 - 1966)

El Señor Don Alfonso López.
Título de artículo, El Tiempo, 7, VIII, 1938.
La circunferencia, pensaba, mientras el profesor explicaba la manera de medir el diámetro, es menos bella que el rectángulo. La vocación literaria.
Las palabras que conseguimos fijar sobre el papel son apenas la espuma que queda en el borde de la playa como frágil testimonio de la marea interior.
Ibid.

Gobernar es, primero que todo, sentarse.
Inquietud del mundo, 1943, Gobernar es sentarse.
La quietud, cierto grado circunstancial de dignidad en el reposo, es condición ineludible del ejercicio del poder.
Ibid.

Los hombres que viven hacia afuera, los extravertidos, los demagogos, los energúmenos, los llamados "hombres de acción", tienen, en lo general, una miserable vida interior.
Ibid.

Mueren con la chequera en las manos, y una vaga sensación de que han pasado demasidado aprisa por el mundo.
Ibid.

El acto de la consagración para la verdad, no está, como se ha creído, en las academias, ni en los parlamentos, ni en los consejos de gobierno, ni en las columnas editoriales de los periódicos, sino simple, sencillamente, en los almanaques.
Ibid., La verdad y los almanaques.

La vida es más sabia en su organización natural, que los preceptos inventados para ella por los estadistas, por los filósofos, por los sociólogos, por los políticos.
Ibid., El ideal burgués y el ideal heroico.

Sin un margen racional de libertad, el hombre se torna incapaz de dar origen a ninguna obra de arte.
Ibid., El arte "dirigido".

La política del arte es la política de la libertad.
Ibid.

No dejamos ni la más pequeña laguna de tiempo para gustar, para saborear el difícil manjar de la felicidad.
Ibid., Menosprecio de la cultura.

El periódico es el prospecto impreso de nuestro afán cotidiano.
Ibid.

Somos, los contemporáneos, la más desoladora y cabal encarnación del personaje de James M. Barrie: Peter Pan.
Deseamos que nada crezca, y, a la inversa, que todo se reduzca a sus primarios límites.
Ibid.

La cultura no desaparece porque haya muchas gentes mal informadas sobre su proceso.
Ibid., Faenas menores de la cultura.

El pueblo no puede recibir sino lo esencial y más simple en el orden de las ideas y de la cultura en general.
Ibid.

Un pueblo de sabios resultaría detestable.
Ibid.

El alma francesa puede mezclar sin mayores riesgos lo grosero y lo sublime, lo vulgar y lo delicado.
Ibid., Una mañana en el Luxemburgo.

La última raíz del hombre, o la primera, la honda, la verdadera raíz es la de una absoluta y fiera soledad.
Ibid.

Todos somos unos islotes de soledad que nos comunicamos unos a otros, que nos hacemos señas, como en una extraña telegrafía sin hilos, por encima de las almenas de la conciencia.
Ibid.

El alma francesa es un castillo feudal.
Ibid., Lo que nos dice la ropa puesta a secar.

La mudez de las cosas o de los paisajes, con ser una mudez que nos parece absoluta, termina por rendirse un día cualquiera a nuestro afán.
Ibid.

De la incancelable y tácita querella entre la infancia y la madurez paternal sale deformado el adolescente.
Bagatelas, 1944.
Bagatela sobre la infancia.
Lo mejor de la infancia es la arbitrariedad, la inefable, la poética arbitrariedad del juicio para entender la vida.
Ibid.

Maduramos principal y casi exclusivamente para mentir, para disimular, para fingir acerca del amor, de la amistad, del aprecio.
Ibid.

El dolor de una mujer joven que no puede ser tan bella, ni tan eficaz en el ejercicio de su belleza, como otra mujer joven, no tiene par en el cosmos psicológico.
Ibid., Bagatela sobre la juventud.

La juventud no es generosa, sino radicalmente hostil e intransigente.
Ibid.

La ciencia de la vejez podría resumirse, a mi juicio, en una sola palabra: aceptación.
Ibid., Bagatela sobre la vejez.

Una vejez no admite disimulos.
Ibid.

Cuando ya la moda no puede ofrecer a las mujeres viejas ninguna posibilidad de reverdecer ni siquiera durante el fugaz plazo de una noche, de unas horas, sobreviene la reyerta con la moda.
Ibid.

El territorio amoroso es más hermoso en la juventud; pero resulta más profundo en la madurez.
Ibid., Bagatela sobre el amor.

Detrás de una bella cabeza de mujer está toda la dicha o está todo el infortunio.
Ibid.

La espléndida capacidad de olvido que alienta en el alma humana, defiende a la vida del indecible suplicio del recuerdo.
Ibid., Bagatela sobre el olvido.

El dolor es poco lo que enseña, y poco, muy poco lo que enriquece el tesoro de la experiencia.
Ibid.

De un día para otro, sin tomar cuenta inmediata del lento naufragio, de la parsimoniosa catástrofe en que nos vamos sumergiendo, la soledad abre tenuemente el dique de sus aguas profundas.
Ibid., Bagatela sobre la soledad.

La fuerza interior que da la soledad, se canaliza en mortal amargura, en áspera revancha contra el mundo.
Ibid.

He aquí que un día cualquiera la muerte inicia en nosotros su preludio.
Ibid., Bagatela sobre la muerte.

La vejez es la más grave y la más inexorable de las enfermedades de la vida.
Ibid.

Imposible establecer en la tarea del escritor una frontera, bien delimitada, entre lo que es materia confidencial y lo que es materia pública.
Diario, 1946.
Intuyes, a propósito del juego, que el mundo debe estar regido por leyes semejantes, mediante las cuales parece incuestionable que unos han de ganar y otros perder, unos salir victoriosos y otros vencidos.
Ibid., Adiós a la infancia.

Un día, ciertamente, no estaré cerca de ti para verte, para amarte. Pero tampoco importará. Me sentiré compensado con haber asistido al hermoso espectáculo de tu propia transformación.
Ibid.

¿Qué han venido a buscar aquí estos amables seres que me rodean? La felicidad.
Ibid., La felicidad.

Se puede ser infortunado en medio del maravilloso esplendor de los campos; se puede ser dichoso en medio de paisajes desolados y fúnebres. No hay concordancia, no hay norma de causalidad entre nuestros sentimientos y la naturaleza.
Ibid.

Cuatro siglos es poco en orden de la tradición. Pero es algo.
Ibid., La piedra y la historia.

El reloj resulta el supremo conductor, el regulador insuperable de los trabajos de los hombres.
Ibid., El reloj y el tiempo.

Nada más parecido a un hombre que duerme, que un hombre despierto y sin reloj.
Ibid.

Debe ser muy bien visto en el otro mundo que uno llegue ante sus jueces con el dato exacto de la hora de la partida.
Ibid.

El preludio de las matanzas colectivas está marcado por la súbita abundancia de mapas.
Ibid., Divagación sobre los mapas.

Disney es uno de los supremos benefactores de la humanidad.
Ibid., El mejor juguete.

La vejez se halla inclinada sobre el pasado, como el arco del puente sobre la corriente del río.
Ibid., Elegía del tiempo viejo.

La humanidad ha menester del dolor, de la amargura, del sufrimiento, para renovar y embellecer y afirmar la expresión de su genialidad.
Ibid.

No está demostrada todavía la imposibilidad histórica de hacer una sociedad colectivista de burgueses.
Literatura y sociedad, 1956, Notas sobre la conciencia burguesa.
Lo que el burgués posea, eso es.
Ibid.

El burgués exige del arte una corroboración de su propia moral.
Ibid.

No. Somos deliberadamente, esplendorosamente culpables.
Ibid. Cuando una pequeña burguesa se propone conquistar a un hombre, principia por rechazarlo.
Una gran burguesa, con el mismo designio, comienza por entregarse.
Ibid.

El absoluto político, crea un universo de autómatas.
Ibid., El reino de lo absoluto.

No sé si las gentes de esta comarca se dan cuenta de su propio destino, que es un destino cotidiano de náufragos.
Ibid., Trópico

¿Acaso el árbol plantado en el desierto no expresa una determinación moral?
Ibid.

La civilización no es un milagro.
Ni la historia una fatalidad.
Son, sencillamente, una tarea de los hombres.
Ibid.

Frente al Poder.
Total surge, como hija legítima del nihilismo, la filosofía del éxito.
Ibid., El Gran Miedo.

La industria de la apariencia, bálsamo milagroso sobre la herida del resentimiento social.
Ibid., Regalos.

La eficacia social de la literatura no es una condición de la literatura.
Ibid., Literatura y sociedad.

A la sociedad no le interesa de la literatura sino aquellas consecuencias que de ella le parecen eficaces.
Ibid.

Parece, si no estamos equivocados, que los funerales de la literatura se están celebrando en alguna parte.
Ibid.

El arte consiste en nadar contra la corriente.
Ibid., Nadar contra la corriente.

El gusto colectivo se alimenta de corroboraciones.
Ibid.

La autenticidad, en el arte, no depende sino de la autenticidad del artista.
Ibid.

No es fácil convencernos de que hemos fracasado.
Ibid., Escolio.

Que, por lo menos, quienes lleguen después de nosotros no hallen la última cobardía, la de que hubiéramos confesado y reconocido nuestra derrota y nuestro inútil arrepentimiento.
Ibid.

A los treinta y cinco, todo colombiano empieza a perder las aristas de la inconformidad. A los cincuenta las ha perdido todas. De ahí en adelante será un entusiasta de la música nacional y la cocina criolla.
Mito, 1957.
La impopularidad de Mito es el precio de su calidad.
Aquí donde todos terminamos por aflojarnos, desleírnos y ablandarnos antes de tiempo, como esas hinchadas algas que al ser abandonadas en la playa se deshacen vertiginosamente entre su propia sustancia líquida.
Sanín Cano, El Tiempo, 8, IX, 1957.
La intuición y la facilidad son dos hadas maravillosas y engañosas.
Prólogo a la edición mexicana de El coronel no tiene quien le escriba de García Márquez.
Parece que el trópico no perdona ni siquiera la belleza de las palabras y para ella no admite, como curva de su esplendor y de su gracia, sino la que describe fugazmente en el tiempo y en el espacio el intervalo de la juventud.
Los trabajos perdidos, El Tiempo, 30, V, 1965.
La aparición del verso libre, desata el libertinaje.
Ibid.

O se escribe como Dostoievski o no se escribe.
(A Próspero Morales Pradilla).
Lo que Einstein realiza en el orden físico con su famosa teoría, Proust lo lleva a término en el orden de los sentimientos.
Marcel Proust.
Sonrisa y humor no son patrimonio de la más alta poesía.
Sobre Luis Carlos López.
Todo está demostrando que las pasiones humanas no han cambiado. No existe el progreso moral; el alma humana no se transforma y han sido inútiles todos los esfuerzos para domesticar la bestia humana.
A Abelardo Forero Benavides, en Textos no recogidos en libro, 1979.
Yo tuve una infancia pobre, pero como no sabía qué era ser rico, no supe tampoco si era pobre.
Adoraciones y abominaciones, entrevista de Felipe Lleras Camargo,
Ibid.

Pertenezco a lo que pudiera llamarse la cosecha de mitaca de la generación de los Nuevos.
Ibid.

Somos el jamón del sandwich que forman Los Nuevos propiamente dichos y los verdaderos piedracelistas.
Ibid.

La civilización urbana prolonga ahora sus garras sobre el cuerpo de la sabana.
Y los antiguos pueblos que conocieron una cierta vida plena y autónoma, un cierto esplendor, mueren como tales para resucitar como barrios de tercera clase urbana.
Confesión de parte, 1967, Elegía.
El 9 de abril de 1948, que cambió tantas cosas en la historia, sepultó también la etapa romántica y nostálgica de medio siglo de los cafés bogotanos tradicionales, con sus amables y cultas tertulias, trascendentales e intrascendentes, intelectuales y bohemias.
Los cafés que murieron el 9 de abril.
Las palabras son como monedas verbales. Somos un pueblo feo, católico y sentimental. El gusto de la masa tiende a consagrar las obras mediocres. La crítica en Colombia debería ser objetiva, veraz, impersonal, y en cierta manera, implacable. En el arte hay una escala de valores inmutable. El estilo es una noción muy personal de la belleza. Pudiera decir que es congenital. La literatura no es un objeto de enseñanza sino un objeto de pasión.


TIEMPO, El

Si las nuevas palabras salvaran a un país, no habrá que buscar remedios para los males de Colombia, cuya historia es una larga sucesión de desventuras enmarcadas por belles frases y por altisonantes declaraciones.
Editorial, 20, IV, 1917.
No demos a las palabras un excesivo valor; no son ellas sino la alada vanguardia de los hechos.
Ibid.

El caso es decisivo.
Ser o no ser.
O se ha falsificado o alterado un despacho del Jefe del Estado, o se ha deshonrado a la República, colocándola en una actitud propia de Nicaragua o Panamá.
Ibid., tras un célebre telegrama del presidente Suárez al cónsul en New York, 1919.

Fue aplastante el triunfo que obtuvo la ciudadanía bogotana sobre la rosca.
Titular, tras el cambio de funcionarios el 9, VI, 1929.
Este periódico es un periódico de opinión, que no se reduce al papel anodino de reproducir notas oficiales u oficiosas y que dirá, hoy y mañana, cosas de aquéllas que no puede acostumbrar un Jefe de Estado y que irán henchidas de la personalidad de quienes aquí escriben para algo distinto del Diario Oficial.
Editorial, 19, XII, 1938.
A él, por cualquier punto por donde se le pique, le sale quina.
Ibid., contra Lleras Camargo, Ibid. Una neutralidad beligerante.

Ibid., al estallar la Segunda Guerra Mundial, IX, 1939.

Es difícil comentar el absurdo. La máxima insensatez desarma, como la máxima inteligencia.
Ibid., VI, 1940.

Esa Liga podría compararse al célebre caballo de Rolando, que tenía todas las cualidades atenuadas por el grave defecto de que estaba muerto.
Ibid., sobre la propuesta de López Pumarejo de una Liga Americana de Naciones, 30, I, 1941.

Consideramos que primero que el hombre está la doctrina; y por ello en política ni nos ciegan los odios ni nos arrebatan los afectos.
Ibid., Vamos con el Partido Liberal, 1, II, 1942.

El señor Arango Vélez entregó ayer tarde el cadáver de su vida civil a la conmiseración de las gentes.
Ibid., tras el comportamiento de Arango al perder las elecciones en 1942.

Silencio... no tosa, tome Asytolina.
Ibid. (célebre respuesta a la censura), 30, VII, 1950.


TIRADO MEJÍA, Álvaro

Nosotros también nos sentimos súbditos de la República de las letras, en la que nos sentimos instalados al lado de los poetas.
La cultura en Antioquia, 1988.
En Colombia, la cuestión religiosa fue tal vez la única línea demarcatoria entre el Partido Liberal y el Conservador, por lo menos durante el siglo XIX y algunos decenios del presente. Estado y sociedad en Colombia: Constatación de un desajuste, 1990.
Es una Constitución sin derechos de autor.
La Constitución de 1991, 1991.
Estamos ante la crisis de los sistemas y de las ideologías y en medio del derrumbe sólo van quedando unos elementos comunes de identificación para salvar la civilización.
Ibid.

La paz no puede ser en Colombia el resultado de un gran chantaje.
La fe en Colombia y en su destino, 1989.
La paz no puede ser patrimonio exclusivo de los violentos.
Ibid.

Todo aquello que fomenta el desarrollo de la civilización opera, al mismo tiempo, contra la guerra.
Ibid.


TORRES, Anabel (Pasto, 1948)

Yo no quiero ser parte / de esta concupiscencia de virtudes.
Casi poesía, 1974.
Por favor/ no me enjaulen / déjenme ser un punto en el espacio
Ibid.

Hay días que amanezco / bonita como un rayo delgadito / y otros que soy horrenda. Es iluso / el que cree / que la rosa perdura // Cínico / aquel que sabe / que la rosa marchita / A mí no me vengan a hablarme / de flores.
Ibid.

La experiencia / jirafa / sin cuello, / siempre estirándose / y nunca alcanzando / las hojas de encima.
La mujer del esquimal, 1980.
La literatura es inútil. // ¿por qué no nos enseñaron en lugar de las letras y los lápices / a revolcarnos en la hierba? / A besar y a luchar cuerpo a cuerpo.
Ibid., La literatura es inútil.

Espero callada, / vida, / quiero tu lengua en mi boca.
Las bocas del amor, 1982.
Estar dispuesta / no es suficiente.
Ibid.

No me lloren, yo quise. No me lloren, yo tuve Yo de pronto descubro / que el corazón lo llevo en la garganta, / y me aprieta, / y hay poemas de sangre en mis cuadernos.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, 1983.


TORRES, Camilo (Popayán, 1776 - Santafé, 1816)

Las Américas, Señor, no están compuestas de extranjeros a la nación española.
Memorial de agravios, 20, XI, 1809.
Tan españoles somos como los descendientes de don Pelayo, y tan acreedores por esta razón a las distinciones, privilegios y prerrogativas del resto de la nación española.
Ibid.

¿Teméis el influjo de la América en el gobierno? ¿Y por qué lo teméis? Si es un gobierno justo, equitativo y liberal, nuestras manos contribuirán a sostenerlo.
Ibid.

El hombre no es enemigo de su felicidad.
Ibid.

¿De dónde han venido los males de España, sino de la absoluta arbitrariedad de los que mandan? ¿Hasta cuándo se nos querrá tener como manadas de ovejas al arbitrio de mercenarios que en la lejanía del pastor pueden volverse lobos?
Ibid.

¡Quiera el Cielo que otros principios y otras ideas menos liberales no produzcan los funestos efectos de una separación eterna!
Ibid.

La ley es la expresión de la voluntad general y es preciso que el pueblo la manifieste.
Ibid.

Hay algunos que creen que no es lícito ni el discurrir para meditar los arbitrios más oportunos en los casos más desesperados; les parece que con decretar muertes, guerra y anatema está hecho todo, sin saber dónde están parados, ni con quienes tienen que disputar...
Correspondencia,
A José Ignacio de Pombo, 18, IX, 1809.
Ya está muy cerca el día feliz, este gran día que no previeron nuestros padres cuando nos dejaron por herencia una vergonzosa esclavitud.
Ibid., A don Ignacio Tenorio, 29, V, 1810.

Nada apetezco, a nada aspiro, pero conozco que ha llegado el momento feliz de la libertad de mi patria, y que si se malogra ahora esta ocasión, nuestra esclavitud queda sellada para siempre.
Ibid.

La soberanía reside esencialmente en la masa de la nación, la ha reasumido ella y puede depositarla en quien quiera, y administrarla como mejor acomode a sus grandes intereses.
Ibid.

Este Reino, digo, puede y debe organizarse por sí solo.
Ibid.

Disuelta la monarquía y perdida España, nos hallamos en el mismo caso en que estarían los hijos mayores después de la
muerte del padre común.
Ibid.

Para conseguir la felicidad cultivemos nuestra razón, perfeccionemos nuestras costumbres, porque la razón y las costumbres son en un pueblo libre lo que las cadenas y los calabozos en un pueblo esclavo.
Ibid.

Sin costumbres privadas no hay costumbres públicas, y sin éstas no puede llegar la sociedad al estado perfecto, que es la libertad.
Ibid.

Pero ante todas estas cosas, ilustremos al pueblo, hagámosle conocer sus derechos sagrados.
Ibid.

Todo está planeado; pero conviene que la primera chispa salga del vivac enemigo.
Ahora ¿quién le pone el cascabel al gato?
En el Observatorio, un día antes del 20 de julio, 19, VII, 1810.
¡Somos igualmente granadinos, y si el congreso nos reúne es precisamente porque somos partes integrantes de la nación!
Respuesta a Nariño, 1811.
Si Fernando VII no existe para nosotros, si se han roto los lazos que nos unían con la metrópoli, en este caso la soberanía que reside esencialmente en la masa de la nación, la ha reasumido ella y puede depositarla en quienquiera y administrarla como mejor acomode a sus grandes intereses.
General, vuestra patria no ha muerto mientras exista vuestra espada; con ella volveréis a librarla del dominio de los opresores. El Congreso Granadino os dará su protección.
Al confiar el mando a Bolívar.
Habéis sido un general desgraciado pero sois un grande hombre.
Ibid.

En cuanto a Santander no dude Ud. de que es cobarde e inepto para el mando. Correspondencia, a García Rovira, 18, III, 1814.
Debemos insistir en todo lo que nos une y prescindir de todo lo que nos separa.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II, 1993.


TORRES, Camilo (Bogotá, 1929 - Patio Cemento, 1966)

Abstención beligerante.Consigna política.
Mientras los pobres pelean, los ricos gobiernan en su propio provecho.
Mensaje a la oligarquía, Frente Unido. 9, XII, 1965.
Señores oligarcas, el Pueblo ya no les cree nada a ustedes.
Ibid.

Nadie puede ser verdaderamente revolucionario si no confía en los valores del pueblo.
Debemos saber que cuando vamos a la base de nuestro pueblo es más para aprender que para enseñar.
En última instancia, el pueblo es el que nos enseñará cómo debemos realizar la unión.
Se puede matar a un hombre pero jamás se podrán matar sus ideas.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, 1983 (o será del otro Camilo?).


TORRES DURÁN, Carlos (1892 - 1958)

Tener un amor secreto, / un amor suave y discreto / a una mujer, / es como tener un nido / perfumado y escondido / en nuestro ser.
Tener un amor.


TORRES, Carlos Arturo (Santa Rosa de Viterbo, 1867 - Caracas, 1911)

Siendo muy niño, en el materno seno, / el corazón inerte, / lloré y me estremecí de terror lleno, / pensando en el misterio de la muerte.
Los dos misterios, en La lira nueva, 1886.
Hoy por la pena el corazón deshecho, / la lucha ya emprendida, / ¡pudiera yo llorar, madre, en tu pecho / por el triste misterio de la vida!
Ibid.

Qué cuenta le daremos a la historia, / si mantener siquiera no sabemos / de nuestros padres la eclipsada gloria.
Revista Gris, III, 1893.
Poco me importa que alabéis mi canto: / recoged mis ideas.
Poemas.
La histórica Abadía / Alzaba ante mis ojos sus apartados torreones / Ornados de ojivales ventanas y florones; / Perdido entre las brumas yo, peregrino exótico, / Miraba con asombro el monumento gótico.
La abadía de Westminster, 1902.
La libertad, ¡oh hermanos latinos! claro lema / de nuestro esfuerzo heroico; la aspiración suprema / que los pueblos despierta de su letal marasmo / y enciende en los espíritus el perdido entusiasmo.
Ibid.

¡Y un día, del progreso en la eternal palestra, / como en mejores tiempos, su fuerza será nuestra, / que en lucha con los bárbaros, para obtener la palma, / tuvieron los latinos más corazón, más alma!
Ibid.

Bacon llama Idolos del Foro (Idola Fori) aquellas fórmulas o ideas -verdaderas supersticiones políticas- que continúan imperando en el espíritu después de que una crítica racional ha demostrado su falsedad.
Idola Fori, 1909.
Los ídolos del foro irán desapareciendo en la medida que ello sea necesario al progreso del espíritu humano.
Ibid.

La libertad no puede tener otro límite que el derecho de los demás, pero es necesario que lo tenga y que ese límite sea una muralla infranqueable y sagrada.
Ibid.

Al fecundar los campos de la patria, necesario es arrancar primero de ellos toda semilla de odio, porque el odio es consustancialmente infecundo y devastador.
Ibid.

Sabemos que el hambre es mortal. Y si lo sabemos, ¿tiene sentido perder el tiempo discutiendo si es inmortal el alma?
El poeta es soldado en el combate del progreso eterno.


TORRES Y PEÑA, José Antonio, presbítero (m. en 1820)

Este es aquel anciano ejercitado / en la carrera siempre del honor, / don Juan Sámano experto y denodado / que iguala su piedad con su valor.Mozo con aspecto feroz y amulatado, / de pelo negro, y muy castaño el bozo; / inquieto siempre y muy afeminado, / delgado el cuerpo y de aire fastidioso, / torpe de lengua, el tono muy grosero, / y de mirar turbado y altanero...
Santafé cautiva, (retrato de Bolívar).


TORRES DUQUE, Óscar (Bogotá, 1963)

La historia es un muladar.
Las convenciones contra la cultura, Gaceta, 9 XII, 1990.
El sueño no es más que otra vigilia / donde un hombre vivo y uno muerto se saludan / y se miran con el asombro de saberse el mismo.
Leyendo a Carlos Martín, Aleph, No. 78, 1991.
El noticiero, la crónica y las encuestas fueron los géneros predilectos para mantener viva una tradición cursi según la cual los escritores son seres curiosos pero importantes, de cuyas vidas todo el mundo quiere enterarse. Sábado: Crónica de un semanario democrático, en Boletín Cultural y Bibliográfico No .27, 1991.
No sólo la poesía es revelación; también la crítica literaria debe serlo.
La poesía como idilio, 1992.
Una tradición no es más que la comunidad de una visión de mundo.
Ibid.

¿Quién ha entrado en el Infierno por casualidad o sin mérito propio?
La palabra en el Infierno, Inter Lítteras, No. 1, Buenos Aires, 1992.
Los clásicos no son escritores conflictivos.
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 29,  1992.
La actualidad suele alienar. Es porque se piensa que ella reside en la opinión pública. Pero hay quienes no han perdido el camino y viven en una actualidad personal, tocados sí pero ecuánimes ante la carnicería del mundo.
Crónica y anacrónica, en Boletín Cultural y Bibliográfico, No. 33, 1993.
Sospecho que en este país acostumbrado (para no repetir pacato, provinciano y parroquial) existe una especie de venganza contra uno de los responsables de nuestra pobre imagen cultural internacional: el costumbrismo.
Fuenmayor sale de La Cueva, Cromos, 1, V, 1994.
Quien emplea la escritura para expresar un pensamiento necesariamente incurre en el ensayo, no importa qué clase de metodología le subyuga.
El metadiegético en la deíxis o una resemantización del liberalismo desgarbado, en Boletín Cultural y Bibliográfico No. 38, 1995.
Si un ulterior deseo de comunicación preside la creación literaria, no veo qué género puede ser más paradigmático del hecho literario que el género epistolar. Y nada más rico y más libre que la voluntad soberana de escribir cartas, entre otras cosas para confrontar la rigurosa vacuidad de la preceptiva de los géneros literarios.
La carta por hábito, reseña de "El hábito de la pasión", de Ignacio Vélez.
Ningún hombre pierde el tiempo y menos cuando se dedica a oficios inútiles.
El patetismo como biografía, en Boletín Cultural y Bibliográfico No. 39, 1995.
El elegido (el excepcional) no lo es por oposición a los que no lo son, porque son inferiores, ya que no hay comparación entre clases, pues el concepto griego de clase (orden) es excluyente.
Nicolás Gómez Dávila: la pasión del anacronismo, Boletín Cultural y Bibliográfico No. 40, 1995.
De tal lectura, tal escritura.
La mala fama del cronopio, Boletín Cultural y Bibliográfico No. 42, 1996.
Mucho me temo que el mejor indicador de la mundanidad, de esa aberrante cualidad que se expresa con el sambenito de "hombre de su tiempo", es la prensa periódica; y, que yo sepa, ello es tan aplicable a "nuestro tiempo" como al siglo pasado. Lo que puede haber cambiado sustancialmente, por lo menos en Colombia, es la relación que con la prensa periódica puede entablar el quehacer literario. De hecho, hoy este quehacer es casi invisible en el medio periodístico, pero no fue así por lo menos hasta la primera mitad del siglo XX.
Al margen de la prensa, Gaceta, Nos. 32 - 33, 1996.
No hay libro bueno con poemas malos; incluso con pocos poemas malos.
La poesía y la historia de la poesía, Boletín Cultural y Bibliográfico No. 42, 1996.
Simón Bolívar no es el primer reaccionario de nuestra historia política.
Él mismo no hubiera sabido qué hacer con esa etiqueta (se llamaría autoritario, republicano, liberal, regenerador, pero nunca reaccionario).
Sólo que toda su vida no hizo más que actuar como si la historia no existiera y hubiera que hacerla.
La inventó en sus documentos y la imaginó con la espada. La idealidad real Bolívar, el más grande hombre de nuestra historia y, sobre todo, de nuestra historia cultural, era un carácter realista.
Odiaba la ilusión tanto como amaba la acción, pero su voluntad de acción resulta tan delirante que fácilmente puede confundirse con la ilusión.
Ibid.

Es difícil concebir a un intelectual de acción.
Antología del ensayo en Colombia, 1997.


TOVAR, Alex

Ya lo voy a decir, ya lo voy a decir, ya lo voy a decir.
Pachito E'ché.


TOVAR Y TOVAR, Juan B. (General)

He ganado la espada que llevo al cinto combatiendo lealmente en los campos de batalla; prefiero romperla sobre mi rodilla que mancharla con sangre mal derramada y la violación de la palabra que en nombre del gobierno he comprometido.
Al negarse a juzgar al general Uribe Uribe al terminar la Guerra de los Mil Días, X, 1902.


TRABA, Marta ( -Madrid, 1983)

El artista honesto que venda su alma por esa sonrisa de aquiescencia del público.
Los mejores creadores forzosamente siempre han constituído y seguirán constituyendo un grupo mínimo, una élite de la sociedad.
(Contra el Congreso de la Educación y la Cultura de Cuba), El Tiempo, 1970.
Las revoluciones son por naturaleza a-estéticas.
Sobre el muralismo mexicano
Yo creo que del muralismo mexicano no pueda salvarse nada.
Ibid.

Además de llevar a la irrealidad, el centenarismo representa una manera de ser formal: el cultivo de las buenas maneras, los valores de herencia, de apellido, la fraseología ceremonial de los rituales de familia.
Prólogo a Cenizas para el viento de Hernando Téllez.
Representa la cultura de la "gente decente", el privilegio de "parecer culto".
Ibid.

La socodemu... sociedad colombiana de elogios mutuos.
Cit. por Alejandro Obregón.
Un buen cuadro debe poder verse en todas las posiciones.
Cit. por Damián Bayón.
Toda ausencia entristece. Toda muerte nos recorta.
Cit. por Belisario Betancur, La leyenda de Obregón, 1993.


TRONCOSO, Marino, S.J.

Existen dos tipos de literatura seudoinfantil: la que cree que los niños son idiotas y la que se disfraza de infantil pero es para adultos.
1989.


TRUJILLO ARANGO, Augusto (Monseñor)

La mujer reconcilia al hombre con la vida; porque es portadora de vida y de grandeza, pero también puede ser portadora de muerte y destrucción.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas 1983.
No basta con recordar y escribir la historia; es necesario construir una nueva historia.
Ibid.

La libertad consiste en ser lo que uno es.
Ibid.


TRUJILLO, Julián (Popayán, 1828 - Bogotá, 1883)

No lo quieren de ministro en Washington, pues lo tendrán de presidente.
Sobre la improbación que hizo el Congreso al nombramiento de Núñez en Washington, 1878.
¡Viva el Congreso! Frase con la que irrumpió en medio de la zambra en el Congreso y conseguir calmar los ánimos,
V, 1879.


TURBAY AYALA, Julio César (Bogotá, 1916)

No sabemos cómo haya gentes que tengan no el valor sino la audacia de declarar en público que negocian con los puestos del Estado.
Discurso en la manifestación del 24, X, 1938.
Para aquéllos lujuriosos electorales, nuestra censura sentenciosa.
Ibid.

Estamos seguros que habrá una mejor administración con funcionarios probos que le dedican con esmero su tiempo al cumplimiento de sus deberes, que con politiqueros que tienen hipotecada su conciencia, embargada su libertad y alquilada su literatura.
Ibid.

Las injurias nos alientan y vigorizan y nos hacen adquirir la posición de las llamas que se elevan majestuosas para mirar con desprecio desde las esquinas del aire a los enanos de la inteligencia.
Ibid.

Así es la vida y así tiene que seguir siendo irónica y sarcástica para que puedan vivir los de cerebro obtuso y pensamiento chato.
Ibid.

Sin heraldos ni pergaminos sobre mis espaldas, pero sí con una raigambre ancestral de cerca de 500 años.
El Tiempo, 6, VIII, 1978.
Siempre aspiré a ser presidente. En mi pecho siempre tuve esa ilusion.
Ibid.

Mi elección, evocando la memoria de mis progenitores, un honesto inmigrante cristiano del Medio Oriente y una virtuosa mujer de la provincia cundinamarquesa, se la ofrendo emocionado al pueblo.
Discurso de posesión, 7, VIII, 1978.
Reducir la inmoralidad a sus justas proporciones.
El prestigio del doctor Alberto Lleras Camargo era como una especie de catedral y todo lo demás era nada cerca de él.
A Abelardo Forero Benavides.
Qué grato poderse retirar uno del gobierno sin dejar un sentimiento de enemistad, una ola de protesta, sino todo lo contrario: un sentimiento de afecto, que constituye la mejor recompensa y el mejor motivo de estímulo para el mandatario.
En Buenaventura, VII, 1982.
No, pobre Colombia.
A Hernando Santos Castillo, quien le dijo, tras el asesinato de Diana Turbay: "Pobre tú, pobre yo, pobres nuestros hijos", 1991.