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Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas
Letra T
TABLANCA, Luis (1883 - 1965)
Dama de un tiempo ya ido, / de amplio faldellín de seda, / que
te deslizas sin ruido / por la desierta alameda, / ¿algún extraño
conjuro / te descendió con recato / desde el antiguo retrato / que
se apolilla en el muro?
De la media noche.
TAMAYO, Carlos
Labios pequeños y rojos / tez de blancura de luna, / crenchas de
oscuros manojos, / y tienes niña más ojos / que una papa
paramuna.
En el propio camposanto / a don Javier Agudelo / le robaron el
pañuelo / con que enjugaba su llanto; / y con ojos muy abiertos /
cuando al cementerio mira, / exclama lleno de ira: / -¡Allí hay más
vivos que muertos!
(Atrib. también a Cástor y Pólux).
TANCO ARMERO, Nicolás
¡Triste es ver convertidos los hombres en pilastras o esquinas
donde todo el mundo... lee! (Sobre los hombres sandwich de
Londres), Viaje
Un gobierno donde todos participen es insoportable e
imposible.
Ibid.
En China se ha predicado y practicado el despojo de la propiedad y
las ideas disolventes, con el mismo descaro que en Europa por los
socialistas, y en América por el espíritu de imitación.
Ibid.
La escala de las penas, el termómetro de las amarguras está en
razón directa del grado de cariño que profesamos a las personas que
las causan.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol.II,
1993.
TEJADA, Luis (Barbosa, Ant., 1898 - Girardot, 1924)
Yo no quiero la paz, maldita sea / la tranquilidad sugestiva de
la aldea.
Cit. por J.G. Cobo Borda, Prólogo a Gotas de Tinta, 1977.
No puedo estar en paz. Paz y quietud / Son un pecado de lesa
juventud.
Ibid.
Miro dentro de mí, y me hallo como un templo abandonado, donde los
altares han sido derribados bruscamente y donde la maleza se alza
sobre las ruinas desoladas.
Cit. por Gilberto Loaiza Cano. Oh tormento el de este vacío angustioso, infecundo, que invade
como una sombra de fatalidad nuestra juventud fragante.
Ibid.
Carajo, todo el mundo a descubrirse; acaba de nacer un gran poeta
en Colombia.
En el café Windsor, presentando a Luis Vidales. Ojos, / que avanzan
hacia mí / como fantasmas: / ¡tengo miedo de tus ojos!
Miedo, Revista de las Indias, 1936.
La experiencia acumulada inconscientemente, la imitación, la
herencia y quién sabe cuántas causas más, rigen nuestra vida.
Gotas de tinta, 1921, Los mendigos del camino.
La exquisita voluptuosidad de ser débil.
Ibid., El convaleciente.
Siempre he creído que no se debe dormir acostado, o al menos, esa
es la peor manera que se ha podido inventar para dormir.
Cromos, El arte de dormir bien, 1922.
Lo mejor sería intentar una modificación de la forma corriente de
los lechos, que permita adoptar en ellos situaciones más
amables.
Ibid.
Guillermo Valencia ha sido siempre un astuto usurpador de
patrimonios ajenos.
El Sol, 1922.
Silva es el poeta verdadero; Valencia, el insigne
mistificador.
Ibid.
Los movimientos demasiado caritativos me infunden cierta
desconfianza y el altruismo sistemático me parece una de las peores
manías.
Ibid., La pobreza, XI, 1922.
La pobreza decente es en este siglo profundamente igualitario y
violento, una base de seguridad personal y una garantía de paz y de
estabilidad.
Ibid.
Se necesita de una considerable cantidad de talento, cierta energía
firme para ser pobre, para no entregarse con loca ansiedad a los
negocios fáciles y demasiado productivos.
Ibid.
Sólo cuando los ricos se resuelvan a ser pobres por imitación o
por envidia, entonces empezaremos nosotros a ser ricos de nuevo,
para sostener el contraste.
Ibid.
Los libros perfectos, los únicos verdaderamente humanos, y que se
pueden leer todavía con deleite, son los libros de aventuras:
Homero y Dumas.
El Espectador, Gotas de tinta, 1922.
Hay versos malos que son muy bellos.
Ibid.
Se podría escribir aun cuando no fuera sino por el deleite inefable
de leernos a nosotros mismos.
Ibid.
La obra maestra, para mí, es la que yo hago, porque es la que más
se acerca a lo que yo sueño que debería ser una obra maestra.
Ibid.
No admiro a los demás, sino en relación directa a la semejanza que
tengan conmigo, porque en esa misma proporción los comprendo.
Ibid.
No se deberían leer sino los propios libros.
Ibid.
En la íntima realidad, en la realidad profunda y subterránea del
corazón, nigún hombre logra ser pacifista verdadero.
Ibid., El elogio de la guerra.
Generalmente, el hombre se avergüenza de todo lo que pudiera
enorgullecerlo.
Ibid.
Lo que sucede, en los pueblos obstinadamente pacifistas, es que el
instinto de la guerra degenera en curiosas desviaciones hacia el
crimen y la violencia particular.
Ibid.
Conozco quién vería con indiferencia una catástrofe pavorosa con
sus muertos y heridos, pero se conmovería y se indignaría hasta el
último grado porque le hacen a su gato una caricia demasiado
fuerte.
Ibid., El francisquismo.
Protestamos porque los muchachos matan los pajaritos, y por la
noche nos comemos sin remordimiento las gallinas y los palomos, que
también son pájaros.
Ibid.
Para mí, una sociedad protectora de animales, de ciertos animales,
se entiende, es la paradoja más terrible de la vida moderna; me
parece una mezcolanza hipócrita y solemne de la caridad y del
egoísmo, de la benevolencia y la necesidad.
Ibid.
¿Por qué vamos a amarla y a protegerla (a la naturaleza), si ella
nos odia, si ella lanza contra nosotros sus leones y sus
serpientes, sus ríos bravíos, sus bosques poblados de amenazas, sus
ciénagas febriles, sus precipicios, sus tempestades, sus
epidemias?
Ibid.
No caigamos en el alambicamiento de adorar a las florecillas tontas
y a los pajarillos ridículos que nos tendremos que comer fritos
antes de que los buitres nos coman a nosotros.
Ibid.
No hay nada en que se pueda ser malo con tanta justicia como en el
acto de cobrar lo que le deben a uno.
Ibid., Loa prosaica al buen acreedor.
Hay la obligación de prestar dinero al prójimo, pero no la de
pagarlo.
Ibid.
Clásico es el que tiene una interpretación original de la vida y de
las cosas y la encierra dentro de formas también originales.
Ibid., El concepto de lo clásico.
Clásico no es el discípulo ni el imitador, es el que inventa,
revoluciona y libera.
Ibid.
Escribir correctamente es fácil, porque significa una labor de
simple paciencia; los buenos prosistas abundan en el mundo, como
las arenas del mar.
Ibid.
Sin ojos y sin alma, pasará como agua clara y trivial, sin dejar
huella perdurable.
Ibid., (sobre la obra de Marco Fidel Suárez).
La guillotina no extingue instintos.
Ibid., El patíbulo
Lupin es la entidad humana ideal del porvenir: esa en que la
inteligencia, desarrollándose a costa de todas las facultades y aún
de la carne misma, llega a hacerse infinita y omnipotente, hasta
que nada pueda haber oculto para ella, ni en la vida ni más allá de
la vida.
Ibid., El detective.
¿Qué es una estatua? Es solamente un pretexto para olvidar a los
héroes.
Ibid., La estatua de Córdoba.
No hay soledad más dolorosa y lamentable que la de las pobres
estatuas en medio del tumulto de las ciudades.
Ibid.
Los autores realistas no pudieron comprender nunca que lo
inverosímil hace parte de lo real, es lo mejor de la
realidad.
Ibid., El biógrafo.
La vida misma es una aventura terrible, una aventura perfectamente
cinematográfica, con la diferencia que, al fin, siempre se lo come
a uno el tigre.
Ibid.
En realidad, España no dejó aquí nada de verdadero mérito
artístico.
Ibid.
Ese sentido especial de la inactualidad que suelen tener los
papas.
Ibid., Anatole France.
El revólver se inventó principalmente para quitar el miedo, esa
curiosa enfermedad tan propia del hombre.
Ibid., El revólver.
Venerable varón, intoxicado con el juego sutil de
los libros viejos. (Sobre Marco Fidel Suárez), Ibid., 1923.
Nada hay tan fielmente interpretativo, tan simbólico de la vida,
como una ruleta.
Ibid., El azar en el negocio.
El intelectual clásico puro empieza a claudicar acosado por el
sentimiento de la inferioridad social.
Ibid., La crisis de la vida intelectual.
Nosotros somos realmente un pueblo sin fronteras.
Ibid., El buen patriota
Si nos aventuramos a considerar como compatriotas a cierto número
de venezolanos, por ejemplo, de los que viven en la zona en
litigio, no hay ningún motivo para que no consideremos también como
compatriotas a todos los venezolanos y lo mismo a todos los
panameños y a todos los peruanos; y de eso a la república
universal, al concepto humanitarista y antipatriótico de que el
mundo es la patria de todos, no hay sino un paso.
Ibid.
El tormento cotidiano del techo inestable y del pan problemático,
es lo que ha estancado y demorado el progreso humano, disminuyendo
la producción intelectual y manual.
Ibid.
El héroe militar ocupa realmente un segundo término en nuestra
revolución; el héroe militar no concibió el movimiento ni lo
suscitó.
Ibid., El mito boliviano.
Desde que el último español abandonó la costa colombiana, los
olímpicos guerreros profesionales se empequeñecieron súbitamente;
quedaron reducidos a insignificantes guerrilleros ambiciosos y
empezaron a hacerse mutuamente guerra de cocineras.
Ibid.
Dijo en rutilantes versos su afición a las brillantes formas
externas, su deslumbramiento frente a las cosas decorativas,
majestuosas y ricas, su admiración pueril ante el mármol, el oro,
la seda y los objetos finos y radiantes, su nostalgia ancestral de
esclavitud poblada de príncipes y princesas, su sujeción sumisa
ante el tipo blanco y rubio de manos finas.
Ibid.
Rubén Darío, R. I. P. Creyó siempre como su pobre raza ingenua y
tiranizada que la aristocracia era el refinamiento, y el
refinamiento consistía en rodearse de lujo fastuoso y alimentar
todas las concupiscencias hambrientas después de una milenaria
abstención.
Ibid.
La ironía, o la malicia, no pueden ser nunca un sólido fundamento
crítico, ni fundamento de ninguna obra perdurable, o siquiera
provisionalmente eficaz.
Ibid., Diatriba de la ironía.
La ironía es, a menudo, una disculpa para dejar de pensar, o la
demostración de una capacidad intrínseca para pensar.
Ibid.
López es solo un espectador callejero que apunta contrastes de
situaciones; es simplemente el hombre que mira, el fotógrafo cómico
de la realidad.
Ibid., Luis Carlos López.
En realidad, ese hombre inmóvil, que piensa o imagina, es también
una máquina en plena producción, que rinde su jornada de
trabajo.
Ibid., Apología del fakir.
El hombre que experimenta la necesidad de moverse constantemente,
es siempre el que no tiene en qué pensar o al que le da miedo
pensar.
Ibid.
La felicidad absoluta debe estar en la absoluta inmovilidad.
Entrevista con Tejada, Cromos, 1924.
Mi libro será un libro para leer en el tranvía; para entretener los
ratos ociosos de las muchachas inteligentes.
Ibid.
La barba imprime a la fisonomía general del individuo un aire dulce
y humano; suaviza la expresión dura de los ojos y oculta esa odiosa
protuberancia de la mandíbula que hace del ciudadano moderno un
animal de presa, triturante, amenazador.
Ibid., Libro de crónicas, Yo me dejo la barba, 1924.
Yo no sé por qué he creído siempre que el hombre rasurado es un ser
de corazón frío y fugitivo como una espada.
Ibid.
Realmente, sería muy difícil saber qué diferencia, fuera del
nombre, hay entre un colombiano y un venezolano.
Ibid., El caso de El Viento.
La eficacia de un golpe de balón, depende, yo estoy seguro de ello,
de la superioridad del espíritu y de la lucidez de la conciencia de
quien lo dé, o si quréis, de su grado de civilización. Ibid., El
juego de pelota.
Una vez le dije: ¿sabes? te sentarían bien el azul y el oro, los
colores de fray Angélico.
Ibid., El traje azul.
Es verdad que comúnmente el color de los sonidos y de las voces es
imperceptible, pero eso no significa que las voces y los sonidos no
tengan color.
Ibid.
En realidad, en el traje residen toda la fuerza, todo el peligro,
todo el misterio de la mujer. Desnuda ¡oh enemiga! solo eres un
pobre ser prisionero y débil, un alma cándida y cristalina que no
tiene nada que esconder.
Ibid.
Una racha admirable y misteriosa de locura cruza la tierra; en
Londres gélido y Berlín burgués, la bala, alegre y musical, canta
en los oídos la canción de la muerte fecunda.
Ibid., La canción de la bala.
Estamos, amigos míos, en la era de la bala; descubrámonos ante
nuestra señora la Pistola, virgen de los siete ojos y la larga
nariz.
Ibid.
Con la misma maravillosa propiedad con que las varitas mágicas
convertían a un patojo en príncipe o a una princesa en dragón, el
dinero convierte una choza en castillo, un limpiabotas en
millonario, o un poeta en comerciante.
Ibid., Lo poético y lo prosaico.
No podría haber nada más lógico, más natural y hasta más
conveniente que la antropofagia.
Ibid., Antropofagia.
A una señorita convaleciente para que se robustezca rápida y
completamente deberían darle carne de señorita gorda.
Ibid.
Ese viejo precepto latino de simila similibus curantur es una
verdadera insinuación de antropofagia.
Ibid.
El hombre civilizado es un animal refinado y cuidadosamente cebado;
se prepara durante toda su vida como para que se lo coman.
Ibid.
Yo confío en que, para bien de la humanidad, llegará pronto el día
de la libertad de antropofagia.
Ibid.
¿A dónde irá a parar el mundo bajo la zarpa astuta y cruel de los
George, de los Clemenceau, de los Poincaré, de los falsificadores
de democracia, tiranos de americana, conquistadores de sombrero de
copa, si no aparece en el confín de la estepa el sublime Cristo
hiperbóreo de ojos oblicuos, de barbas endrinas, de sencillo y
misterioso paso?
Ibid., Oración para que no muera Lenin.
Prefiero, los versos un poco descoyuntados, pero vivos y que vengan
formados de palabras, no exóticas, sino simplemente
imprevistas.
Ibid., Los versos.
Pescar es emocionante y delicioso, porque constituye una traición
premeditada, porque es un delito sutil, como decir una mentira,
como engañar a un niño.
Ibid., El pescador.
Hay quienes creen que los taburetes salen a veces de ese encantado
mutismo, en raros pero merecidos instantes de expansión.
Ibid., Fantasía en madera.
Puede suceder que el taburete sea el tipo degenerado de una gran
especie que vivió en remotas edades o el principio de evolución de
una gran especie que vivirá en el porvenir.
Ibid.
¿Ese mundo fantástico de los muebles es verdaderamente inerte, como
lo pensamos, o se burla de nosotros en nuestra ausencia?
Ibid.
Para el buen imaginar los pies deben estar siempre más altos que la
frente.
Ibid., Meditaciones ante una butaca.
El humorista no espera nada, pero procura conformarse con lo
irremediable y lo aprecia de una manera sonriente y benévola.
Ibid., El hombre que se casa.
Hay que desconfiar siempre un poco de toda persona que no
fuma.
Ibid., El humo ante todo, trabajar no es bello ni digno, ni siquiera
conveniente.
Ibid., El trabajo.
El vagabundo, el mendigo voluntario, y algunos aristócratas de pura
sangre, constituyen dentro del mundo actual los últimos
conservadores de la gran dignidad humana y de la tradición del ocio
como cualidad suprema de la civilización antigua.
Ibid.
Lo más espiritual, lo más hermoso y noble será luchar apenas lo
estrictamente necesario para llevar una existencia modesta y
sobria.
Ibid.
Toda conjunción de palabras que se salga de los moldes gramaticales
significa la existencia de una idea nueva, o al menos, acusa una
percepción original de la vida, de las cosas.
Ibid., La gramática y la revolución.
En las épocas de intensa agitación espiritual, en los momentos de
revolución, cuando todo se subvierte o se destruye, la gramática
salta hecha pedazos junto con las instituciones milenarias.
Ibid.
La belleza es una apariencia superficial, la inteligencia es un
mero accidente; nada tienen que ver con el amor, fuerza misteriosa
y esencial que viene y va por los cauces desconocidos de la
vida.
Ibid., Sobre el amor y la belleza.
El conversador verdadero es el que desarraiga las ideas de los
individuos elevándolas a una esfera pura e impersonal.
Ibid., Sobre la conversación y el conversador.
La curiosidad intelectual es ese deseo punzador de saber cosas
inútiles.
Ibid.
El vicio de la conversación, que algunas mentes deliciosamente
amaneradas prefieren al opio o a la morfina, porque siendo mucho
más sutil produce una embriaguez igualmente delicada y
fantástica.
Ibid.
La conversación tiene, entre otros, dos enemigos mortales: el juego
y el amor.
Ibid.
Desde que el amor se intercala como un intruso entre los
interlocutores, la lengua se entorpece para la emisión de ideas
desinteresadas y el encanto del intercambio intelectual se
desvanece ante los devaneos efímeros del deseo y de la pasión
instintiva.
Ibid.
¡La boca en bruto de una mujer superior no será capaz de darnos
jamás el placer inefable y nobilísimo que nos proporciona su mente
florida!
Ibid.
¿Cuándo podré escribir un largo libro minucioso sobre la psicología
de las ropas?
Ibid., Biografía de la corbata.
Si el alma existe verdaderamente y tiene algún lugar especial de
residencia en nosotros, ese lugar tiene que ser el sombrero.
Ibid., El sombrero, refugio del alma.
Una señora puede ruborizarse mucho más viendo unos pantalones sin
hombre que un hombre sin pantalones.
Ibid., La ética del pantalón.
Tal vez podría escribirse el cuento fantástico del joven de difusa
voluntad, que se quedó en calzoncillos toda la vida, porque no supo
nunca qué traje ponerse.
Ibid., El traje del hombre débil.
En el universo infinito, poblado de espléndidas mansiones, cruzado
de soles y de mundos, yo no pido para mí sino una pequeña hoja
húmeda o el hueco que ha dejado el casco de un caballo, lleno con
el agua fresca de la lluvia.
Ibid., Oración de la última rana.
Tal vez llegaremos a ver elevada en los jardines públicos la
estatua reivindicadora de este ser miserable y verdaderamente
divino que es hoy en nuestras sociedades atrofiadas por el instinto
locomotriz, el único refugio del noble y desinteresado
pensamiento.
Ibid., Apoteosis del vagabundo.
En realidad, todos los esfuerzos del hombre actual se encaminan a
asegurarle en el futuro a la humanidad fatigada una mayor dosis
diaria de pereza contemplativa, de ocio fecundo.
Ibid.
¡Bebamos, porque es verdad que la alegría de la muerte debe
afrontarse en la florida adolescencia!
Ibid., Hablemos pues de ella.
El humorismo es, siempre, una actitud trascendental, y hasta podría
decirse que todo gran pensamiento es humorístico.
Ibid., Un poeta nuevo.
No hay humorismo sino en la comparación de ideas.
Ibid.
Las montañas antioqueñas, donde nació el canto nuevo, donde la
mujer es más oprimida, rompió primero la red de los
convencionalismos.
Sobre María Cano, El Correo Liberal, 12, II, 1924. ¿No hay una férrea, una cruel, una odiosa dictadura de clase, y no
es el gobierno su instrumento condicional?
Sobre el gobierno de Pedro Nel Ospina, El gobierno de clase,
1924. Esa figura execrable, la más ingrata y la más inútil que ha pasado
por nuestra história política. (Sobre Marco Fidel Suárez),
Las pequeñas libertades, 1924. Yo no quise ponerle ninguna inscripción, porque para mí todas las
tumbas son igualmente santas. A Joaquín Quijano Mantilla, al
visitar el cementerio donde estaba enterrado su hijo. El pesimista
es más sincero con la vida y decididamente más cuerdo. Sólo que no
ama al mundo y ese puede ser su error.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, 1983. En la obra del hombre hay cosas de una originalidad tan difícil y
compleja, que la naturaleza no ha intentado siquiera
imitarlas.
Ibid.
El hombre es en la naturaleza el ser más hermético y más
inaccesible; nunca nos da totalmente su alma, nunca logramos
penetrar del todo hasta el fondo de su corazón misterioso.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol.II,
1993.
TÉLLEZ, Hernando (Bogotá, 1908 - 1966)
El Señor Don Alfonso López.
Título de artículo, El Tiempo, 7, VIII, 1938. La circunferencia, pensaba, mientras el profesor explicaba la
manera de medir el diámetro, es menos bella que el rectángulo. La
vocación literaria. Las palabras que conseguimos fijar sobre el
papel son apenas la espuma que queda en el borde de la playa como
frágil testimonio de la marea interior.
Ibid.
Gobernar es, primero que todo, sentarse.
Inquietud del mundo, 1943, Gobernar es sentarse. La quietud, cierto grado circunstancial de dignidad en el reposo,
es condición ineludible del ejercicio del poder.
Ibid.
Los hombres que viven hacia afuera, los extravertidos, los
demagogos, los energúmenos, los llamados "hombres de acción",
tienen, en lo general, una miserable vida interior.
Ibid.
Mueren con la chequera en las manos, y una vaga sensación de que
han pasado demasidado aprisa por el mundo.
Ibid.
El acto de la consagración para la verdad, no está, como se ha
creído, en las academias, ni en los parlamentos, ni en los consejos
de gobierno, ni en las columnas editoriales de los periódicos, sino
simple, sencillamente, en los almanaques.
Ibid., La verdad y los almanaques.
La vida es más sabia en su organización natural, que los preceptos
inventados para ella por los estadistas, por los filósofos, por los
sociólogos, por los políticos.
Ibid., El ideal burgués y el ideal heroico.
Sin un margen racional de libertad, el hombre se torna incapaz de
dar origen a ninguna obra de arte.
Ibid., El arte "dirigido".
La política del arte es la política de la libertad.
Ibid.
No dejamos ni la más pequeña laguna de tiempo para gustar, para
saborear el difícil manjar de la felicidad.
Ibid., Menosprecio de la cultura.
El periódico es el prospecto impreso de nuestro afán
cotidiano.
Ibid.
Somos, los contemporáneos, la más desoladora y cabal encarnación
del personaje de James M. Barrie: Peter Pan.
Deseamos que nada crezca, y, a la inversa, que todo se reduzca a
sus primarios límites.
Ibid.
La cultura no desaparece porque haya muchas gentes mal informadas
sobre su proceso.
Ibid., Faenas menores de la cultura.
El pueblo no puede recibir sino lo esencial y más simple en el
orden de las ideas y de la cultura en general.
Ibid.
Un pueblo de sabios resultaría detestable.
Ibid.
El alma francesa puede mezclar sin mayores riesgos lo grosero y lo
sublime, lo vulgar y lo delicado.
Ibid., Una mañana en el Luxemburgo.
La última raíz del hombre, o la primera, la honda, la verdadera
raíz es la de una absoluta y fiera soledad.
Ibid.
Todos somos unos islotes de soledad que nos comunicamos unos a
otros, que nos hacemos señas, como en una extraña telegrafía sin
hilos, por encima de las almenas de la conciencia.
Ibid.
El alma francesa es un castillo feudal.
Ibid., Lo que nos dice la ropa puesta a secar.
La mudez de las cosas o de los paisajes, con ser una mudez que nos
parece absoluta, termina por rendirse un día cualquiera a nuestro
afán.
Ibid.
De la incancelable y tácita querella entre la infancia y la
madurez paternal sale deformado el adolescente.
Bagatelas, 1944. Bagatela sobre la infancia. Lo mejor de la infancia es la
arbitrariedad, la inefable, la poética arbitrariedad del juicio
para entender la vida.
Ibid.
Maduramos principal y casi exclusivamente para mentir, para
disimular, para fingir acerca del amor, de la amistad, del
aprecio.
Ibid.
El dolor de una mujer joven que no puede ser tan bella, ni tan
eficaz en el ejercicio de su belleza, como otra mujer joven, no
tiene par en el cosmos psicológico.
Ibid., Bagatela sobre la juventud.
La juventud no es generosa, sino radicalmente hostil e
intransigente.
Ibid.
La ciencia de la vejez podría resumirse, a mi juicio, en una sola
palabra: aceptación.
Ibid., Bagatela sobre la vejez.
Una vejez no admite disimulos.
Ibid.
Cuando ya la moda no puede ofrecer a las mujeres viejas ninguna
posibilidad de reverdecer ni siquiera durante el fugaz plazo de una
noche, de unas horas, sobreviene la reyerta con la moda.
Ibid.
El territorio amoroso es más hermoso en la juventud; pero resulta
más profundo en la madurez.
Ibid., Bagatela sobre el amor.
Detrás de una bella cabeza de mujer está toda la dicha o está todo
el infortunio.
Ibid.
La espléndida capacidad de olvido que alienta en el alma humana,
defiende a la vida del indecible suplicio del recuerdo.
Ibid., Bagatela sobre el olvido.
El dolor es poco lo que enseña, y poco, muy poco lo que enriquece
el tesoro de la experiencia.
Ibid.
De un día para otro, sin tomar cuenta inmediata del lento
naufragio, de la parsimoniosa catástrofe en que nos vamos
sumergiendo, la soledad abre tenuemente el dique de sus aguas
profundas.
Ibid., Bagatela sobre la soledad.
La fuerza interior que da la soledad, se canaliza en mortal
amargura, en áspera revancha contra el mundo.
Ibid.
He aquí que un día cualquiera la muerte inicia en nosotros su
preludio.
Ibid., Bagatela sobre la muerte.
La vejez es la más grave y la más inexorable de las enfermedades
de la vida.
Ibid.
Imposible establecer en la tarea del escritor una frontera, bien
delimitada, entre lo que es materia confidencial y lo que es
materia pública.
Diario, 1946. Intuyes, a propósito del juego, que el mundo debe estar regido por
leyes semejantes, mediante las cuales parece incuestionable que
unos han de ganar y otros perder, unos salir victoriosos y otros
vencidos.
Ibid., Adiós a la infancia.
Un día, ciertamente, no estaré cerca de ti para verte, para
amarte. Pero tampoco importará. Me sentiré compensado con haber
asistido al hermoso espectáculo de tu propia transformación.
Ibid.
¿Qué han venido a buscar aquí estos amables seres que me rodean? La
felicidad.
Ibid., La felicidad.
Se puede ser infortunado en medio del maravilloso esplendor de los
campos; se puede ser dichoso en medio de paisajes desolados y
fúnebres. No hay concordancia, no hay norma de causalidad entre
nuestros sentimientos y la naturaleza.
Ibid.
Cuatro siglos es poco en orden de la tradición. Pero es algo.
Ibid., La piedra y la historia.
El reloj resulta el supremo conductor, el regulador insuperable de
los trabajos de los hombres.
Ibid., El reloj y el tiempo.
Nada más parecido a un hombre que duerme, que un hombre despierto y
sin reloj.
Ibid.
Debe ser muy bien visto en el otro mundo que uno llegue ante sus
jueces con el dato exacto de la hora de la partida.
Ibid.
El preludio de las matanzas colectivas está marcado por la súbita
abundancia de mapas.
Ibid., Divagación sobre los mapas.
Disney es uno de los supremos benefactores de la humanidad.
Ibid., El mejor juguete.
La vejez se halla inclinada sobre el pasado, como el arco del
puente sobre la corriente del río.
Ibid., Elegía del tiempo viejo.
La humanidad ha menester del dolor, de la amargura, del
sufrimiento, para renovar y embellecer y afirmar la expresión de su
genialidad.
Ibid.
No está demostrada todavía la imposibilidad histórica de hacer una
sociedad colectivista de burgueses.
Literatura y sociedad, 1956, Notas sobre la conciencia
burguesa. Lo que el burgués posea, eso es.
Ibid.
El burgués exige del arte una corroboración de su propia
moral.
Ibid.
No. Somos deliberadamente, esplendorosamente culpables.
Ibid. Cuando una pequeña burguesa se propone conquistar a un hombre,
principia por rechazarlo.
Una gran burguesa, con el mismo designio, comienza por
entregarse.
Ibid.
El absoluto político, crea un universo de autómatas.
Ibid., El reino de lo absoluto.
No sé si las gentes de esta comarca se dan cuenta de su propio
destino, que es un destino cotidiano de náufragos.
Ibid., Trópico
¿Acaso el árbol plantado en el desierto no expresa una
determinación moral?
Ibid.
La civilización no es un milagro.
Ni la historia una fatalidad.
Son, sencillamente, una tarea de los hombres.
Ibid.
Frente al Poder. Total surge, como hija legítima del nihilismo, la
filosofía del éxito.
Ibid., El Gran Miedo.
La industria de la apariencia, bálsamo milagroso sobre la herida
del resentimiento social.
Ibid., Regalos.
La eficacia social de la literatura no es una condición de la
literatura.
Ibid., Literatura y sociedad.
A la sociedad no le interesa de la literatura sino aquellas
consecuencias que de ella le parecen eficaces.
Ibid.
Parece, si no estamos equivocados, que los funerales de la
literatura se están celebrando en alguna parte.
Ibid.
El arte consiste en nadar contra la corriente.
Ibid., Nadar contra la corriente.
El gusto colectivo se alimenta de corroboraciones.
Ibid.
La autenticidad, en el arte, no depende sino de la autenticidad
del artista.
Ibid.
No es fácil convencernos de que hemos fracasado.
Ibid., Escolio.
Que, por lo menos, quienes lleguen después de nosotros no hallen
la última cobardía, la de que hubiéramos confesado y reconocido
nuestra derrota y nuestro inútil arrepentimiento.
Ibid.
A los treinta y cinco, todo colombiano empieza a perder las
aristas de la inconformidad. A los cincuenta las ha perdido todas.
De ahí en adelante será un entusiasta de la música nacional y la
cocina criolla.
Mito, 1957. La impopularidad de Mito es el precio de su calidad.
Aquí donde todos terminamos por aflojarnos, desleírnos y
ablandarnos antes de tiempo, como esas hinchadas algas que al ser
abandonadas en la playa se deshacen vertiginosamente entre su
propia sustancia líquida.
Sanín Cano, El Tiempo, 8, IX, 1957. La intuición y la facilidad son dos hadas maravillosas y
engañosas.
Prólogo a la edición mexicana de El coronel no tiene quien le
escriba de García Márquez. Parece que el trópico no perdona ni siquiera la belleza de las
palabras y para ella no admite, como curva de su esplendor y de su
gracia, sino la que describe fugazmente en el tiempo y en el
espacio el intervalo de la juventud.
Los trabajos perdidos, El Tiempo, 30, V, 1965. La aparición del verso libre, desata el libertinaje.
Ibid.
O se escribe como Dostoievski o no se escribe.
(A Próspero Morales Pradilla). Lo que Einstein realiza en el orden físico con su famosa teoría,
Proust lo lleva a término en el orden de los sentimientos.
Marcel Proust. Sonrisa y humor no son patrimonio de la más alta
poesía.
Sobre Luis Carlos López. Todo está demostrando que las pasiones humanas no han cambiado. No
existe el progreso moral; el alma humana no se transforma y han
sido inútiles todos los esfuerzos para domesticar la bestia
humana.
A Abelardo Forero Benavides, en Textos no recogidos en libro,
1979. Yo tuve una infancia pobre, pero como no sabía qué era ser rico,
no supe tampoco si era pobre.
Adoraciones y abominaciones, entrevista de Felipe Lleras
Camargo,
Ibid.
Pertenezco a lo que pudiera llamarse la cosecha de mitaca de la
generación de los Nuevos.
Ibid.
Somos el jamón del sandwich que forman Los Nuevos propiamente
dichos y los verdaderos piedracelistas.
Ibid.
La civilización urbana prolonga ahora sus garras sobre el cuerpo
de la sabana.
Y los antiguos pueblos que conocieron una cierta vida plena y
autónoma, un cierto esplendor, mueren como tales para resucitar
como barrios de tercera clase urbana.
Confesión de parte, 1967, Elegía. El 9 de abril de 1948, que cambió
tantas cosas en la historia, sepultó también la etapa romántica y
nostálgica de medio siglo de los cafés bogotanos tradicionales, con
sus amables y cultas tertulias, trascendentales e intrascendentes,
intelectuales y bohemias.
Los cafés que murieron el 9 de abril. Las palabras son como monedas
verbales. Somos un pueblo feo, católico y sentimental. El gusto de
la masa tiende a consagrar las obras mediocres. La crítica en
Colombia debería ser objetiva, veraz, impersonal, y en cierta
manera, implacable. En el arte hay una escala de valores inmutable.
El estilo es una noción muy personal de la belleza. Pudiera decir
que es congenital. La literatura no es un objeto de enseñanza sino
un objeto de pasión.
TIEMPO, El
Si las nuevas palabras salvaran a un país, no habrá que buscar
remedios para los males de Colombia, cuya historia es una larga
sucesión de desventuras enmarcadas por belles frases y por
altisonantes declaraciones.
Editorial, 20, IV, 1917. No demos a las palabras un excesivo valor; no son ellas sino la
alada vanguardia de los hechos.
Ibid.
El caso es decisivo.
Ser o no ser.
O se ha falsificado o alterado un despacho del Jefe del Estado, o
se ha deshonrado a la República, colocándola en una actitud propia
de Nicaragua o Panamá.
Ibid., tras un célebre telegrama del presidente Suárez al cónsul en
New York, 1919.
Fue aplastante el triunfo que obtuvo la ciudadanía bogotana sobre
la rosca.
Titular, tras el cambio de funcionarios el 9, VI, 1929. Este periódico es un periódico de opinión, que no se reduce al
papel anodino de reproducir notas oficiales u oficiosas y que dirá,
hoy y mañana, cosas de aquéllas que no puede acostumbrar un Jefe de
Estado y que irán henchidas de la personalidad de quienes aquí
escriben para algo distinto del Diario Oficial.
Editorial, 19, XII, 1938. A él, por cualquier punto por donde se le pique, le sale
quina.
Ibid., contra Lleras Camargo, Ibid. Una neutralidad beligerante.
Ibid., al estallar la Segunda Guerra Mundial, IX, 1939.
Es difícil comentar el absurdo. La máxima insensatez desarma, como
la máxima inteligencia.
Ibid., VI, 1940.
Esa Liga podría compararse al célebre caballo de Rolando, que
tenía todas las cualidades atenuadas por el grave defecto de que
estaba muerto.
Ibid., sobre la propuesta de López Pumarejo de una Liga Americana de
Naciones, 30, I, 1941.
Consideramos que primero que el hombre está la doctrina; y por ello
en política ni nos ciegan los odios ni nos arrebatan los
afectos.
Ibid., Vamos con el Partido Liberal, 1, II, 1942.
El señor Arango Vélez entregó ayer tarde el cadáver de su vida
civil a la conmiseración de las gentes.
Ibid., tras el comportamiento de Arango al perder las elecciones en
1942.
Silencio... no tosa, tome Asytolina.
Ibid. (célebre respuesta a la censura), 30, VII, 1950.
TIRADO MEJÍA, Álvaro
Nosotros también nos sentimos súbditos de la República de las
letras, en la que nos sentimos instalados al lado de los
poetas.
La cultura en Antioquia, 1988. En Colombia, la cuestión religiosa fue tal vez la única línea
demarcatoria entre el Partido Liberal y el Conservador, por lo
menos durante el siglo XIX y algunos decenios del presente. Estado
y sociedad en Colombia: Constatación de un desajuste, 1990. Es una Constitución sin derechos de autor.
La Constitución de 1991, 1991. Estamos ante la crisis de los sistemas y de las ideologías y en
medio del derrumbe sólo van quedando unos elementos comunes de
identificación para salvar la civilización.
Ibid.
La paz no puede ser en Colombia el resultado de un gran
chantaje.
La fe en Colombia y en su destino, 1989. La paz no puede ser patrimonio exclusivo de los violentos.
Ibid.
Todo aquello que fomenta el desarrollo de la civilización opera,
al mismo tiempo, contra la guerra.
Ibid.
TORRES, Anabel (Pasto, 1948)
Yo no quiero ser parte / de esta concupiscencia de
virtudes.
Casi poesía, 1974. Por favor/ no me enjaulen / déjenme ser un punto en el
espacio
Ibid.
Hay días que amanezco / bonita como un rayo delgadito / y otros
que soy horrenda. Es iluso / el que cree / que la rosa perdura //
Cínico / aquel que sabe / que la rosa marchita / A mí no me vengan
a hablarme / de flores.
Ibid.
La experiencia / jirafa / sin cuello, / siempre estirándose / y
nunca alcanzando / las hojas de encima.
La mujer del esquimal, 1980. La literatura es inútil. // ¿por qué no nos enseñaron en lugar de
las letras y los lápices / a revolcarnos en la hierba? / A besar y
a luchar cuerpo a cuerpo.
Ibid., La literatura es inútil.
Espero callada, / vida, / quiero tu lengua en mi boca.
Las bocas del amor, 1982. Estar dispuesta / no es suficiente.
Ibid.
No me lloren, yo quise. No me lloren, yo tuve Yo de pronto
descubro / que el corazón lo llevo en la garganta, / y me aprieta,
/ y hay poemas de sangre en mis cuadernos.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, 1983.
TORRES, Camilo (Popayán, 1776 - Santafé, 1816)
Las Américas, Señor, no están compuestas de extranjeros a la
nación española.
Memorial de agravios, 20, XI, 1809. Tan españoles somos como los descendientes de don Pelayo, y tan
acreedores por esta razón a las distinciones, privilegios y
prerrogativas del resto de la nación española. Ibid.
¿Teméis el influjo de la América en el gobierno? ¿Y por qué lo
teméis? Si es un gobierno justo, equitativo y liberal, nuestras
manos contribuirán a sostenerlo. Ibid.
El hombre no es enemigo de su
felicidad.
Ibid.
¿De dónde han venido los males de España, sino de la absoluta
arbitrariedad de los que mandan? ¿Hasta cuándo se nos querrá tener
como manadas de ovejas al arbitrio de mercenarios que en la lejanía
del pastor pueden volverse lobos?
Ibid.
¡Quiera el Cielo que otros principios y otras ideas menos liberales
no produzcan los funestos efectos de una separación eterna!
Ibid.
La ley es la expresión de la voluntad general y es preciso que el
pueblo la manifieste.
Ibid.
Hay algunos que creen que no es lícito ni el discurrir para meditar
los arbitrios más oportunos en los casos más desesperados; les
parece que con decretar muertes, guerra y anatema está hecho todo,
sin saber dónde están parados, ni con quienes tienen que
disputar... Correspondencia, A José Ignacio de Pombo, 18, IX,
1809. Ya está muy cerca el día feliz, este gran día que no previeron
nuestros padres cuando nos dejaron por herencia una vergonzosa
esclavitud.
Ibid., A don Ignacio Tenorio, 29, V, 1810.
Nada apetezco, a nada aspiro, pero conozco que ha llegado el
momento feliz de la libertad de mi patria, y que si se malogra
ahora esta ocasión, nuestra esclavitud queda sellada para
siempre.
Ibid.
La soberanía reside esencialmente en la masa de la nación, la ha
reasumido ella y puede depositarla en quien quiera, y administrarla
como mejor acomode a sus grandes intereses.
Ibid.
Este Reino, digo, puede y debe organizarse por sí solo.
Ibid.
Disuelta la monarquía y perdida España, nos hallamos en el mismo
caso en que estarían los hijos mayores después de la
muerte del padre común.
Ibid.
Para conseguir la felicidad cultivemos nuestra razón,
perfeccionemos nuestras costumbres, porque la razón y las
costumbres son en un pueblo libre lo que las cadenas y los
calabozos en un pueblo esclavo.
Ibid.
Sin costumbres privadas no hay costumbres públicas, y sin éstas no
puede llegar la sociedad al estado perfecto, que es la
libertad.
Ibid.
Pero ante todas estas cosas, ilustremos al pueblo, hagámosle
conocer sus derechos sagrados.
Ibid.
Todo está planeado; pero conviene que la primera chispa salga del
vivac enemigo.
Ahora ¿quién le pone el cascabel al gato?
En el Observatorio, un día antes del 20 de julio, 19, VII,
1810. ¡Somos igualmente granadinos, y si el congreso nos reúne es
precisamente porque somos partes integrantes de la nación!
Respuesta a Nariño, 1811. Si Fernando VII no existe para nosotros, si se han roto los lazos
que nos unían con la metrópoli, en este caso la soberanía que
reside esencialmente en la masa de la nación, la ha reasumido ella
y puede depositarla en quienquiera y administrarla como mejor
acomode a sus grandes intereses.
General, vuestra patria no ha muerto mientras exista vuestra
espada; con ella volveréis a librarla del dominio de los opresores.
El Congreso Granadino os dará su protección. Al confiar el mando a
Bolívar. Habéis sido un general desgraciado pero sois un grande
hombre.
Ibid.
En cuanto a Santander no dude Ud. de que es cobarde e inepto para
el mando. Correspondencia, a García Rovira, 18, III, 1814. Debemos insistir en todo lo que nos une y prescindir de todo lo que
nos separa.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II,
1993.
TORRES, Camilo (Bogotá, 1929 - Patio Cemento, 1966)
Abstención
beligerante.Consigna política. Mientras los pobres pelean, los ricos
gobiernan en su propio provecho.
Mensaje a la oligarquía, Frente Unido. 9, XII, 1965. Señores oligarcas, el Pueblo ya no les cree nada a ustedes.
Ibid.
Nadie puede ser verdaderamente revolucionario si no confía en los
valores del pueblo.
Debemos saber que cuando vamos a la base de nuestro pueblo es más
para aprender que para enseñar.
En última instancia, el pueblo es el que nos enseñará cómo debemos
realizar la unión.
Se puede matar a un hombre pero jamás se podrán matar sus
ideas.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, 1983 (o será
del otro Camilo?).
TORRES DURÁN, Carlos (1892 - 1958)
Tener un amor secreto, / un amor suave y discreto / a una mujer,
/ es como tener un nido / perfumado y escondido / en nuestro
ser.
Tener un amor.
TORRES, Carlos Arturo (Santa Rosa de Viterbo, 1867 - Caracas,
1911)
Siendo muy niño, en el materno seno, / el corazón inerte, /
lloré y me estremecí de terror lleno, / pensando en el misterio de
la muerte.
Los dos misterios, en La lira nueva, 1886. Hoy por la pena el corazón deshecho, / la lucha ya emprendida, /
¡pudiera yo llorar, madre, en tu pecho / por el triste misterio de
la vida!
Ibid.
Qué cuenta le daremos a la historia, / si mantener siquiera no
sabemos / de nuestros padres la eclipsada gloria.
Revista Gris, III, 1893. Poco me importa que alabéis mi canto: / recoged mis
ideas. Poemas. La histórica Abadía / Alzaba ante mis ojos sus apartados torreones
/ Ornados de ojivales ventanas y florones; / Perdido entre las
brumas yo, peregrino exótico, / Miraba con asombro el monumento
gótico. La abadía de Westminster, 1902. La libertad, ¡oh hermanos latinos! claro lema / de nuestro
esfuerzo heroico; la aspiración suprema / que los pueblos despierta
de su letal marasmo / y enciende en los espíritus el perdido
entusiasmo.
Ibid.
¡Y un día, del progreso en la eternal palestra, / como en mejores
tiempos, su fuerza será nuestra, / que en lucha con los bárbaros,
para obtener la palma, / tuvieron los latinos más corazón, más
alma!
Ibid.
Bacon llama Idolos del Foro (Idola Fori) aquellas fórmulas o ideas
-verdaderas supersticiones políticas- que continúan imperando en el
espíritu después de que una crítica racional ha demostrado su
falsedad.
Idola Fori, 1909. Los ídolos del foro irán desapareciendo en la medida que ello sea
necesario al progreso del espíritu humano.
Ibid.
La libertad no puede tener otro límite que el derecho de los demás,
pero es necesario que lo tenga y que ese límite sea una muralla
infranqueable y sagrada.
Ibid.
Al fecundar los campos de la patria, necesario es arrancar primero
de ellos toda semilla de odio, porque el odio es consustancialmente
infecundo y devastador.
Ibid.
Sabemos que el hambre es mortal. Y si lo sabemos, ¿tiene sentido
perder el tiempo discutiendo si es inmortal el alma?
El poeta es soldado en el combate del progreso eterno.
TORRES Y PEÑA, José Antonio, presbítero (m. en 1820)
Este es aquel anciano ejercitado / en la carrera siempre del
honor, / don Juan Sámano experto y denodado / que iguala su piedad
con su valor.Mozo con aspecto feroz y amulatado, / de pelo negro, y
muy castaño el bozo; / inquieto siempre y muy afeminado, / delgado
el cuerpo y de aire fastidioso, / torpe de lengua, el tono muy
grosero, / y de mirar turbado y altanero...
Santafé cautiva, (retrato de Bolívar).
TORRES DUQUE, Óscar (Bogotá, 1963)
La historia es un muladar. Las convenciones contra la cultura, Gaceta, 9 XII, 1990.
El sueño no es más que otra vigilia / donde un hombre vivo y uno
muerto se saludan / y se miran con el asombro de saberse el
mismo.
Leyendo a Carlos Martín, Aleph, No. 78, 1991. El noticiero, la crónica y las encuestas fueron los géneros
predilectos para mantener viva una tradición cursi según la cual
los escritores son seres curiosos pero importantes, de cuyas vidas
todo el mundo quiere enterarse. Sábado: Crónica de un semanario
democrático, en Boletín Cultural y Bibliográfico No
.27, 1991. No sólo la poesía es revelación; también la crítica literaria debe
serlo.
La poesía como idilio, 1992. Una tradición no es más que la comunidad de una visión de
mundo.
Ibid.
¿Quién ha entrado en el Infierno por casualidad o sin mérito
propio?
La palabra en el Infierno, Inter Lítteras, No. 1, Buenos Aires,
1992. Los clásicos no son escritores conflictivos.
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 29, 1992. La actualidad suele alienar. Es porque se piensa que ella reside en
la opinión pública. Pero hay quienes no han perdido el camino y
viven en una actualidad personal, tocados sí pero ecuánimes ante la
carnicería del mundo.
Crónica y anacrónica, en Boletín Cultural y Bibliográfico, No. 33,
1993. Sospecho que en este país acostumbrado (para no repetir pacato,
provinciano y parroquial) existe una especie de venganza contra uno
de los responsables de nuestra pobre imagen cultural internacional:
el costumbrismo.
Fuenmayor sale de La Cueva, Cromos, 1, V, 1994. Quien emplea la escritura para expresar un pensamiento
necesariamente incurre en el ensayo, no importa qué clase de
metodología le subyuga.
El metadiegético en la deíxis o una resemantización del liberalismo
desgarbado, en Boletín Cultural y Bibliográfico No. 38, 1995.
Si un ulterior deseo de comunicación preside la creación literaria,
no veo qué género puede ser más paradigmático del hecho literario
que el género epistolar. Y nada más rico y más libre que la
voluntad soberana de escribir cartas, entre otras cosas para
confrontar la rigurosa vacuidad de la preceptiva de los géneros
literarios.
La carta por hábito, reseña de "El hábito de la pasión", de Ignacio
Vélez.
Ningún hombre pierde el tiempo y menos cuando se dedica a oficios
inútiles.
El patetismo como biografía, en Boletín Cultural y Bibliográfico
No. 39, 1995. El elegido (el excepcional) no lo es por oposición a los que no lo
son, porque son inferiores, ya que no hay comparación entre clases,
pues el concepto griego de clase (orden) es excluyente.
Nicolás Gómez Dávila: la pasión del anacronismo, Boletín Cultural y
Bibliográfico No. 40, 1995. De tal lectura, tal escritura.
La mala fama del cronopio, Boletín Cultural y Bibliográfico No.
42, 1996. Mucho me temo que el mejor indicador de la mundanidad, de esa
aberrante cualidad que se expresa con el sambenito de "hombre de su
tiempo", es la prensa periódica; y, que yo sepa, ello es tan
aplicable a "nuestro tiempo" como al siglo pasado. Lo que puede
haber cambiado sustancialmente, por lo menos en Colombia, es la
relación que con la prensa periódica puede entablar el quehacer
literario. De hecho, hoy este quehacer es casi invisible en el
medio periodístico, pero no fue así por lo menos hasta la primera
mitad del siglo XX.
Al margen de la prensa, Gaceta, Nos. 32 - 33, 1996. No hay libro bueno con poemas malos; incluso con pocos poemas
malos.
La poesía y la historia de la poesía, Boletín Cultural y
Bibliográfico No. 42, 1996. Simón Bolívar no es el primer reaccionario de nuestra historia
política.
Él mismo no hubiera sabido qué hacer con esa etiqueta (se llamaría
autoritario, republicano, liberal, regenerador, pero nunca
reaccionario).
Sólo que toda su vida no hizo más que actuar como si la historia no
existiera y hubiera que hacerla.
La inventó en sus documentos y la imaginó con la espada. La
idealidad real Bolívar, el más grande hombre de nuestra historia y,
sobre todo, de nuestra historia cultural, era un carácter
realista.
Odiaba la ilusión tanto como amaba la acción, pero su voluntad de
acción resulta tan delirante que fácilmente puede confundirse con
la ilusión.
Ibid.
Es difícil concebir a un intelectual de acción.
Antología del ensayo en Colombia, 1997.
TOVAR, Alex
Ya lo voy a decir, ya lo voy a decir, ya lo voy a decir.
Pachito E'ché.
TOVAR Y TOVAR, Juan B. (General)
He ganado la espada que llevo al cinto combatiendo lealmente en
los campos de batalla; prefiero romperla sobre mi rodilla que
mancharla con sangre mal derramada y la violación de la palabra que
en nombre del gobierno he comprometido.
Al negarse a juzgar al general Uribe Uribe al terminar la Guerra de
los Mil Días, X, 1902.
TRABA, Marta ( -Madrid, 1983)
El artista honesto que venda su alma por esa sonrisa de
aquiescencia del público.
Los mejores creadores forzosamente siempre han constituído y
seguirán constituyendo un grupo mínimo, una élite de la
sociedad.
(Contra el Congreso de la Educación y la Cultura de Cuba), El Tiempo, 1970.
Las revoluciones son por naturaleza a-estéticas. Sobre el
muralismo mexicano Yo creo que del muralismo mexicano no pueda
salvarse nada.
Ibid.
Además de llevar a la irrealidad, el centenarismo representa una
manera de ser formal: el cultivo de las buenas maneras, los valores
de herencia, de apellido, la fraseología ceremonial de los rituales
de familia.
Prólogo a Cenizas para el viento de Hernando Téllez.
Representa la cultura de la "gente decente", el privilegio de
"parecer culto".
Ibid.
La socodemu... sociedad colombiana de elogios mutuos.
Cit. por Alejandro Obregón. Un buen cuadro debe poder verse en todas las posiciones.
Cit. por Damián Bayón. Toda ausencia entristece. Toda muerte nos recorta.
Cit. por Belisario Betancur, La leyenda de Obregón, 1993.
TRONCOSO, Marino, S.J.
Existen dos tipos de literatura seudoinfantil: la que cree que
los niños son idiotas y la que se disfraza de infantil pero es para
adultos.
1989.
TRUJILLO ARANGO, Augusto (Monseñor)
La mujer reconcilia al hombre con la vida; porque es portadora
de vida y de grandeza, pero también puede ser portadora de muerte y
destrucción.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas 1983. No basta con recordar y escribir la historia; es necesario
construir una nueva historia.
Ibid.
La libertad consiste en ser lo que uno es.
Ibid.
TRUJILLO, Julián (Popayán, 1828 - Bogotá, 1883)
No lo quieren de ministro en Washington, pues lo tendrán de
presidente.
Sobre la improbación que hizo el Congreso al nombramiento de
Núñez en Washington, 1878. ¡Viva el Congreso! Frase con la que irrumpió en medio de la zambra
en el Congreso y conseguir calmar los ánimos,
V, 1879.
TURBAY AYALA, Julio César (Bogotá, 1916)
No sabemos cómo haya gentes que tengan no el valor sino la
audacia de declarar en público que negocian con los puestos del
Estado.
Discurso en la manifestación del 24, X, 1938. Para aquéllos lujuriosos electorales, nuestra censura
sentenciosa.
Ibid.
Estamos seguros que habrá una mejor administración con
funcionarios probos que le dedican con esmero su tiempo al
cumplimiento de sus deberes, que con politiqueros que tienen
hipotecada su conciencia, embargada su libertad y alquilada su
literatura.
Ibid.
Las injurias nos alientan y vigorizan y nos hacen adquirir la
posición de las llamas que se elevan majestuosas para mirar con
desprecio desde las esquinas del aire a los enanos de la
inteligencia.
Ibid.
Así es la vida y así tiene que seguir siendo irónica y sarcástica
para que puedan vivir los de cerebro obtuso y pensamiento
chato.
Ibid.
Sin heraldos ni pergaminos sobre mis espaldas, pero sí con una
raigambre ancestral de cerca de 500 años.
El Tiempo, 6, VIII, 1978. Siempre aspiré a ser presidente. En mi pecho siempre tuve esa
ilusion.
Ibid.
Mi elección, evocando la memoria de mis progenitores, un honesto
inmigrante cristiano del Medio Oriente y una virtuosa mujer de la
provincia cundinamarquesa, se la ofrendo emocionado al
pueblo.
Discurso de posesión, 7, VIII, 1978. Reducir la inmoralidad a sus justas proporciones.
El prestigio del doctor Alberto Lleras Camargo era como una
especie de catedral y todo lo demás era nada cerca de él.
A Abelardo Forero Benavides. Qué grato poderse retirar uno del gobierno sin dejar un
sentimiento de enemistad, una ola de protesta, sino todo lo
contrario: un sentimiento de afecto, que constituye la mejor
recompensa y el mejor motivo de estímulo para el mandatario.
En Buenaventura, VII, 1982. No, pobre Colombia. A Hernando Santos Castillo, quien le dijo, tras el asesinato de
Diana Turbay: "Pobre tú, pobre yo, pobres nuestros hijos", 1991.
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