Ficha bibliográfica
Titulo: Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas
Autores: Luis H. Aristizábal
Edición original: Junio 29 del 2004
Edición en la biblioteca virtual: Julio 24 del 2005
Notas: Edición electrónica del diccionario de Luis H. Aristizábal en el que podrá encontrar una minuciosa selección de las frases y citas célebres pronunciadas por personajes colombianos.
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

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| Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas

Letra R


RAHAVÁNEZ, Paco (o Rodrigo) de

El instrumento suspira con todo el acibarado pesar del maestro; Schubert palpita en aquellas notas de ternura infinita, de melancolía eterna.
Caprichos, 1907.


RAMÍREZ MORENO, Augusto (1900 - 1974)

La orientación reaccionaria de la juventud.
Título de artículo, Los Nuevos, No. 1, 193...
Yo aspiro a la alcaldía de Lima.
(Durante la guerra con el Perú), Atrib., 1932.
Gozaba con las prendas de la mujer amada, las acariciaba, pero nunca llegaba al yunque aterciopelado donde se engendra la vida.
Discurso contra Esteban Jaramillo, 1933, cit. por Carlos Lleras Restrepo.
Hay que desobedecer, los ciudadanos quedan relevados de toda obligación de obediencia a las leyes inicuas y a las autoridades.
Alocución a los colombianos por "La Voz de Colombia", 19, III, 1936.
Gómez excomulga a diario a quienes nos morimos de risa de su elocuente hipocresía.
El Colombiano, 18, VIII, 1940.
Ha sustituido el razonamiento por una disciplina para perros. Contra la autoridad de Laureano Gómez en el Partido Conservador,
Ibid.

Las contradicciones más ridículas y deshonestas del glorioso farsante son adoradas por él mismo como obra de Jehová.
Ibid.

Estoy dispuesto a no ser nada jamás ni en el Partido ni en Colombia antes que renunciar a mi gentil desprecio por la fusta de ese gigante parlamentario cuyo corazón es grande como un piojo.
Ibid.

Quiero frotar el hocico de Gómez contra el parquet del Senado.
A Carlos Lleras Restrepo, 1940, cit. en Crónica de mi propia vida.
La anarquía es el supuesto de las quintas columnas y las quintas columnas son el triunfo de la antipatria.
El Tiempo, 1, VI, 1941.
Hoy, el programa es sencillo: ¡someterse!
Sobre el programa del Partido Conservador, en alusión a la "dictadura" de Laureano Gómez, 14, II, 1942.
Las masas nos proscribieron porque somos cobardes para difamar y nos odian porque no amenazamos con el atentado personal.
Ibid.

Usted es el único punto luminoso en el horizonte oscuro.
A Belisario Betancur, al lanzarlo como candidato a la presidencia, 1968.


RAMÍREZ VILLAMIZAR, Eduardo

Quiero que la escultura tenga el sentimiento de la máquina.


RAMÍREZ, Juan C. (1860-1903)

Liberales son mis besos / y tú goda; pónlos presos / en esa tu Boca-chica.
-¿Qué opinión tendrá el gobierno / de la futura elección? /
-!Ninguna! Es axioma eterno: / El nunca tiene opinión.


RANGEL PRASCA, Guillermo

Ahora vivirá en su Madagascar, / la de sementeras en las almenas / y alcázares de piedras negras / que evitan la fuga de su arena roja.
Registro de puerto, 1992.


RASCH ISLA, Miguel (Barranquilla, 1889 - 1953)

Señor, exclamo a solas, hazla pura, hazla buena, / y si el mal va a tentarla con su voz de sirena, lo mismo que esta noche que se quede dormida.
Un cuento. 
Dos columnas pulidas, dos eternas / columnas que relucen de blancura, / forja la línea, irreprochable y pura, / como trazada en mármol, de tus piernas.
Espasmo.
Con ágil vuelo el colibrí desciende / a un granado que sangra bajo el día. Besé con beso deleitoso y sabio, / su palpitante denudez de luna... / y en insaciada exploración, mi labio / bajó al umbroso edén de los edenes, / mientras sus piernas me formaban una / corona de impudor sobre las sienes. Cuando se daba entera a mi albedrío, / muchas veces salí de entre sus brazos / con mi pobre ilusión hecha pedazos / y con el corazón turbio de hastío.
Dualidad fatal.
Oh dualidad entre infernal y loca: / padecí taciturno desaliento / siempre que un beso desfloré en su boca.
Ibid.

Y cuando ajena a mi ansiedad la siento, / dar la vida y el alma me provoca / por besarla otra vez sólo un momento.
Ibid.

Mira: puede en su rumbo desviarse la corriente, / pero la imagen sigue reflejada en el río.
Eclipse.
Mi olvido fue una nube que ya va de partida, / y tu amor es la estrella que, un momento eclipsada, / sigue irradiando inmóvil en lo azul de mi vida.
Ibid.

A su lado inocencia se respira, / y en conjunto feliz ella refunde / nieve, perla, ave, flor, ángel y lira.
El retrato de la amada, I.

Nunca turba su voz áspera queja; / nunca innoble pesar su alma denota; / donde impera la sed, ella es la gota; / donde falta el panal, ella es la abeja.
Ibid., II.

Guardo en mi triste corazón inquieto / un recóndito amor. Nadie lo ha visto / ni lo verá jamás, pues lo revisto / -para hacerlo más mío- , del secreto.
El secreto.
Esta ilusión fue un rayo de la aurora / perdido de mi vida entre la bruma, / copo sutil de fugitiva espuma / sombra fugaz de un ave viajadora.
Esta ilusión...
La vi morir de súbito, señora, / pero su muerte al corazón no abruma; / la ilusión es esencia que perfuma / mejor, cuando del alma se evapora.
Ibid.

Es tu belleza fúlgida incompleta: / le falta el canto que a lo bello exalta / y lo convierte en inmortal; le falta / el homenaje excelso del poeta.
Sueño de artista.
Y quedarán -¡mi inspirador modelo!- / mis sueños convertidos en belleza / y tu belleza transformada en gloria.
Ibid.


RAYO, Omar (Roldanillo, Valle, 192?)

Los europeos inventaron el surrealismo porque no tenían trópico. Si uno no tiene fantasmas, se queda solo.


REAL AUDIENCIA DE SANTAFÉ DE BOGOTÁ

Esta casa aborrece la maldad, ama la paz, castiga los delitos, conserva los derechos y honra la virtud.
Letrero en la puerta de la Real Audiencia de Santafé, 1550.


REBETEZ, René (Bogotá, 1933 - Providencia, 1999)

¡Cuán larga ha sido nuestra vida para ver por fin, a la vejez, este inesperado desastre!
La nueva prehistoria.
Era evidente que las personas no podían separarse.
Algo las unía irremisiblemente.
Ibid.

En la época en que los humanos eran seres individuales, los que solían hacer colas o formar grupos callejeros eran sólo los imbéciles y los mediocres.
Ibid.

Vivimos en términos de ciencia ficción: los sistemas ultrarrápidos de información perfeccionan la incomunicación.
El mito de la ciencia ficción, Quimera Latinoamericana, No. 6, 1990.
La publicidad crea necesidades superfluas mientras los más no tienen qué comer.
Ibid.

El oficio de escritor de ciencia ficción, es el ejercicio de la profecía.
Ibid.

Lo maravilloso está ahí, al alcance de la mano.
Ibid.

Un poema oscuro dice más que un discurso claro.
Ibid.

No por ser producto del subdesarrollo económico y social tenemos que supeditar nuestra inteligencia al subdesarrollo.
Ibid.

La ciencia, a medida que avanza, descifra el lenguaje mítico de los antiguos valores.
Ibid.

La solemnidad es la madre de todos los vicios.
Lobos mensajeros y palomas feroces, El Espectador, 1992.
¿Es acaso catalogable como ciencia ficción un relato en el que uno de sus personajes utiliza un ascensor en lugar de subir por las escaleras?
Entrevista, El Espectador, 17, V, 1998.
Existen dos distintas ediciones de mí. Cada una de ellas hace cosas distintas y cada una de ellas ignora a la otra.
Ibid.

La única forma de vernos, es tomando distancia de nosotros mismos y esto es lo que la imaginación permite hacer.
Ibid.

La experiencia me ha enseñado que no se puede arreglar el manicomio antes de haber curado la locura.
Ibid.


RENDÓN, Fernando (1951)

Por los peldaños de la sangre / fueron a la inmortalidad... / Hay nueve estrellas sobre el bronce: / ¡...nadie de mí se acordará!
El desertor.
Yo me ocupo impaciente en dislocar la tortuosa / coherencia de estos días.
Historia..
  "¿A vuestros guías, quién los guía?"
Ibid.

Para los sordos canto: en saber partir reside el / secreto del impulso.
Ibid.


REPÚBLICA, La

Un libro profundo es aquel que otros entienden mejor que el que lo ha escrito.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, 1983.
Nunca diga que se siente joven pues eso les da a entender a los otros que se siente viejo.
Ibid.

Hay tres clases de libros; los que uno compra y no lee; los que uno lee y no compra; y los que uno quisiera leer y nunca se han escrito.
Ibid.

Así como las tragedias de los demás nos parecen de una superficialidad desesperante, las nuestras son lo mismo para ellos. Lo mejor es llorar para adentro.
Ibid.


RESTREPO, Antonio José "Ñito" (Concordia, 1855 - Barcelona, 1933)

¡Oh Bogotá, del mundo americano, / Cerebro soberano, / Que del ídolo vil quemaste el solio, / Y junto a la pagoda miserable / La fuerza de tu sable / Los cimientos trazó del capitolio!
Un canto, en La lira nueva, 1886.
Macilento sesentón. (Contra Núñez), Sombras chinescas Residuo de vicios nefandos y vitandos.
Ibid.

Valía más para Colombia la amistad de los Estados Unidos que todo Panamá de cabo a rabo.
O buena conducta, o buena comida.
(Hacia 1906).
Pobres de los ladrones pobres.
Contra la pena de muerte, 1925.
En Colombia se puede hacer una revolución por un gerundio.
Ante la Sociedad de las Naciones.
Si me llevan a enterrar / y m'echan una baraja, / juego la caja y la cruz, / juego el cristo y la mortaja.
Cancionero de Antioquia, 1929.
Aprendan, flores de mí / lo que va de ayer a hoy, / que ayer maravilla fui / y hoy sombra de mí no soy.
Ibid.

Antenoche cayó Elvira y cayó de para atrás, / que no se ponga tan brava / cayó como las demás.
Ibid.

Ah malhaya quien tuviera / plata como los Pombales: / lo que no tienen en plata / lo tienen en animales.
Atrib.
Trove, trove, compañero, / dicen que usted es poeta / y lo creo, pues se ve / que no tiene una peseta.
Citado por Efe Gómez en La campana del conde.

No son más que buche y cachos / animales y Pombales.
Ibid.

Te desprecio, feísima hotelera, / por avara, por sucia y por ladina, / porque quieres sacar de una gallina / los tesoros que un rey ni en sueños viera, / lo que en un año produce una gallera.
Escrito en el revés de una servilleta.
Me voy de tu tenducha porque quiero, / porque soy mío y me costó mi plata, / y porque esta mañana, vieja ingrata, / te ví limpiar un plato en el bolero / de tu mugrienta y asquerosa bata!
Ibid.

¡Yo no soy como ese garañón de Olaya Herrera. Yo soy como Sócrates, Platón, Bolívar y Jesucristo! (A alguien que le reprochaba no tener hijos) Contéstame, Salvo Ruiz, / que te voy a preguntar: / ¿Cómo pariendo la Virgen, / doncella pudo quedar? Desafío a Salvo Ruiz. Me río de la medicina y de los médicos.
Ciencia empírica, ciencia inútil, ciencia vana, ciencia estúpida. Desde Hipócrates y Galeno, hasta Pasteur... no han sido capaces de descubrir un remedio contra el guayabo; más inteligentes los antioqueños, que sabemos que un guayabo se cura con carne asada, cerveza y ají. ¡Ha muerto Núñez el del Cabrero / abogado en lo civil / que abran las puertas del cielo / y escondan las once mil!
Atrib. (v. Uribe Velásquez).


RESTREPO PIEDRAHITA, Carlos

Una especie castrense de gobierno conservador. (Descripción del mandato de Rojas Pinilla) (El Frente Nacional) fue una prima de seguro para los intereses económicos de las clases superiores.
1978.
Del sistema presidencial colombiano podría decirse que es una monarquía plebiscitaria, moderada por la institución paraconstitucional de la maledicencia pública y el chiste bogotano.
El Tiempo, 1986.


RESTREPO, Edgar Poe (1919 - 1942)

Tus trenzas eran un sollozo largo / y verdes surtidores tu mirada; / nadie pensara al verte angelizada / que destilaras zumo tan amargo.
Adiós: río desolado.
Solo yo, sembrador de tu letargo, / filtro para tu sangre derramada, / blanco para las flechas de tu nada / sé de tu hiel porque a mi vez la cargo.
Ibid.

Y cual niño asustado a media noche, / correr la angustia sus patines yertos / por el puente colgante de tus manos.
Ibid.

La mirada asaz dulce, soñadora, / con crepúsculos dentro y noches brunas; / barba de acantilado, tibias dunas; / la frente amplia de mar, inquisidora.
El caballero de la mano al pecho.
Qué tristeza más triste, más tristísima / qué desolada soledad tan triste.
Cit. por Manuel Mejía Vallejo, en Aire de tango, 1973.


RESTREPO, Félix, S.J.

¿No véis cómo a través de la lengua castellana aflora la cultura griega con toda la rutilante variedad de las piedras preciosas?
Influencias del griego en nuestra lengua.


RESTREPO, Gonzalo

Ni me entusiasma, ni me seduce, ni me arrebata como Ministro de Guerra, porque al ver de cerca sus actuaciones y al analizarlas desprevenidamente las he encontrado modestas en exceso y un poco melancólicas.
Contra Carlos Arango Vélez, 1942.


RESTREPO JARAMILLO, José (1896 - 1945)

La carretera sigue corriendo bella y curvada sobre las colinas, sobre los ríos, dentro de la noche.
La novela de los tres, 1924.
Había un vaho cálido, grueso, que caía como lenguas de fuego sobre las cabezas deliciosas de los paseantes. Jorge lo sintió posarse sobre la suya, afiebrada. Miró a Gabriel, miró a una de las deliciosas caminantes, y tuvo asco hondo de sí.
Ibid.

Su alma, subiendo desde ignotos y feos subterráneos, vino a inquirirle con una de esas preguntas afirmativas si por ventura no era él uno de los llamados el bobo en cada pueblo.
Ibid.

Los locos mienten en lo que se refiere a sus manías, su locura, pero en lo demás son completamente verídicos.
¡Claro! Si han perdido la facultad que entre los cuerdos se encarga de enredarlo y complicarlo todo.
David, hijo de Palestina, 1931.
Las decenas de cadáveres en potencia que puede llevar adentro el campesino ese.
Ibid.

Su cuerpo se inclinaba sobre el papel, alargaba ojos y manos, y un nuevo ser humano iba remplazando poco a poco al que antes casi lloraba cuando le tocaron el corazón libérrimo y bueno.
Ibid.

Todo ello, entre brumas y nebulosidades, picado por botonazos de luz, atravesado por las horas de cien relojes distintos, flotante en un caos incognocible.
Ibid.

Sentía pavor al no poder reconocerse en aquel feroz muñeco que le resucitaba el recuerdo.
Ibid.

Al llegar el mes de febrero, David, Lázaro y Lía se metieron en una mañana fresca de cristal cóncavo y lavado, que acababa de bajar de la cordillera andina y cuyos bordes todavía estaban pegados al cielo.
Ibid.


RESTREPO RIVERA, José (n. en 1884)

Por causa de cruelísimos desvíos / pone miedo el pensar mi quebranto. / Mis horas pasan como obscuros ríos... // Y crece mi pesar, y me da espanto / cuando acuerdo que son mis extravíos, dura pena, amargo llanto.  Amor...
¡Luis Tejada, Luis Tejada, / Hoy Rendón se nos ha muerto! / Se nos fugó la vida / de un salto funambulesco, / entre un viento de tragedia, / con un callar de misterio.
Elegía a Ricardo Rendón, 1931.


RESTREPO, Laura (Bogotá, 1952)

Esa mezcla de desamparo y soberbia que enardece el deseo masculino, más que cualquier afrodisiaco.
La novia oscura, 1998.
No olvides que no son lo mismo la dicha del café y la dicha del hogar.
Ibid.

Me fascina la política pero no me gusta para nada la lucha armada, estoy por una democracia real y cuando en Colombia haya un partido con ese anhelo entonces me le incorporo.
Cit. por Germán Santamaría, Diners, 1998.
Colombia es un país en movimiento. Todo el mundo está llegando o se está yendo.
Ibid.


RESTREPO, Luis Carlos

Nos exigen toda una vida para escribir un verso...
Cit. por J.M. Arango, 1991.
Más de una atribución de género, la ternura es un paradigma de convivencia que debe ser ganado en el terreno de los amoroso, lo productivo y lo político.
El derecho a la ternura, 1994.
Quien se anida en la ternura está de entrada asaltado y derrotado, fracturado por la pluralidad y tensionado por la diferencia.
Ibid.

La cultura no se puede modificar por decreto.
El Tiempo, 16, VII, 1995.


REY, Luis Ariel

Ay sí sí yo no soy de por aquí / Ay sí sí yo vengo de Casanare.
Ay, sí sí (Joropo).


REYES, Rafael (General) (Santa Rosa de Viterbo, 1849 - Bogotá, 1921)

-¡General, haga entrar otra vez esa tropa, o rompa la espada!
A Pedro J. Berrío, en la guerra del 95, cit. por Eduardo Lemaitre, Rafael Reyes, 1967.
¡No se agache, coronel, que las que silban no matan! A Ismael Enrique Arciniegas,
Ibid.

¡Dígales usted que yo no soy bomba de apagar incendios!
A su secretario, ante el llamado que le hacían para volver al país a encabezar el ejército en la Guerra de los Mil Días, 1899.
La humanidad seleccionada.
Calificativo que dio a los Estados Unidos.
Tenemos que mejorar nuestros procedimientos industriales y reducir los gastos de transporte, mediante la apertura de vías de comunicación.
Programa de gobierno.
Paz, concordia y trabajo.
Lema de gobierno.
Menos política, más administración.
Ibid.

En materia administrativa todo es susceptible de mejoramiento. Para nosotros ahora empieza la época de la ascensión en la vía de la prosperidad y el engrandecimiento.
Mensaje inaugural, 1904.
En épocas y situaciones anormales es necesario recurrir a los monopolios fiscales.
Ante el Consejo de Ministros, 21, VIII, 1905.
La moneda de Colombia se cotiza a la par con el oro.
1905.
Como hombre los perdono, pero como Presidente de la República los condeno.
A los asesinos que intentaron matarlo en Barrocolorado, 1906.
La política es ciencia experimental cuyas acciones siempre están sujetas a rectificación.
Como la política es ciencia experimental, ese Congreso se ocupará de hacer las rectificaciones convenientes a la ley de División territorial así como al sistema rentístico en general.
A la Asamblea Nacional Constituyente, 20, III, 1909.
Mi propósito firme es no reasumir el mando sino cuando así lo exija la conservación del orden público.
Manifiesto, Magangué, 8, VI, 1909.
Si he encargado del poder al señor Designado, no ha sido por cansancio ni por decepciones.
Ibid.

La profundas reformas llevadas a cabo por el gobierno de los últimos años, han herido tantos intereses y tantos inveterados prejuicios, que reconozco en mis compatriotas tal vez exceso de benevolencia y confianza.
Ibid.

Persuadido de que es base de la República la alternabilidad en el poder, y no deseando ni queriendo aparecer como hombre necesario he resuelto presentaros respetuosamente mi renuncia.
Mensaje de renuncia al Congreso, Santa Marta, 13, III, 1909.
Respetuosamente os presento mi renuncia del cargo de Presidente de la República, ofreciéndoos prestar, como simple ciudadano, mis servicios al que vosotros elijáis, conforme a nuestra Constitución, para reemplazarme.
Ibid.


RINCÓN, César (Bogotá, 1965)

He aprendido muy bien quién tiene que mandar en la plaza, y también que si el mando no lo ejerce el torero, el toro se hace el amo.
De Madrid al cielo, Autobiografía, 1992.
En realidad, nunca nadie me ha regalado nada.
Ibid.

Hermano, tú eres César Rincón, aquel muchacho pobre de Bogotá que ha estado solo muchas veces y que perdió a su mamá en un incendio
Ibid.

Un torero tiene que saber esto: plantarle cara a la vida. Si no, ¿cómo se va a poner delante de un toro?
Ibid.

Hay que seguir.
Ibid.

El torero es otra persona que se ha salido de su cuerpo para habitar en la eternidad.
Ibid.

El toreo es un acto de amor, al menos por su intensidad, y, muchas veces, una revelación.
Ibid.

A todos los toros se les puede torear.
Ibid.

Las cornadas no se esquivan, se encauzan.
Ibid.

Eso es torear: dar forma a unos impulsos, modelar la irracionalidad de una masa de músculos
Ibis.
Los momentos de soledad van formando el carácter y un cierto sentido de la estética.
Ibid.

De la organización y sumisión de la fuerza bruta nace la caricia de un pase.
Ibid.

Mi tauromaquia no creo que tenga nada de revolucionaria, a no ser lo que tiene de verdadera.
Ibid.

Uno tiene que labrar su destino por encima de las dificultades.
Ibid.

La confianza en uno mismo es imprescindible, aunque no sirve de nada cuando no se proyecta en los otros.
Ibid.

Morir no es un honor, es una desgracia.
Ibid.

No basta con tener clase y valor. Cuentan muchas cosas. Entre ellas, la suerte... y el carácter de cada uno.
Ibid.

¿Con qué derecho, al hablar de crueldad, se fijan especialmente en los toros?
Ibid.


RIVAS FRADE, Federico (1858 - 1922)

Cómo se aleja el tren, cómo se aleja, / y decreciendo va, y al fin se pierde, / y sólo el humo en espirales deja / en la extensión de la llanura verde. / Así se van las dichas de la vida, / así se van las horas de ventura, / y dejan sólo en su fugaz huída / de los recuerdos, la espiral oscura.
De lejos.
En los grandes instantes de la vida / hablan mejor los ojos que los labios.
Ibid.

-Padre ¡Qué besé a una muerta! /
-¿Cómo a un cadáver profanas? /
-¡Ay, Padre!
Sí fue a Ruperta, / ¡qué estaba muerta... de ganas!
Piropos.
Una buena novela debe ser tan larga como un cuento escrito en una cáscara de nuez.
Cit. por Fernando Gómez Rivas.


RIVAS GROOT, José María (Bogotá, 1863 - Roma, 1923)

El poeta ha de asomarse a todos los abismos.
Prólogo de La lira nueva, 1886.
No más versos eróticos.
Manifiesto poético.
Preguntas ¿qué es dolor?... Un viejo amigo / inspirador de mis profundas quejas, / que se halla ausente cuando estás conmigo, / que está conmigo cuando tú te alejas.
¿Qué es dolor?
Amplias constelaciones que fulguráis tan lejos / mirando hacia la tierra desde la comba altura, / por qué vuestras miradas de pálidos reflejos, / tan llenas de tristeza, tan llenas de dulzura?
Constelaciones.
Oh soñador, escúchanos! ¡Escúchanos, poeta! / Escucha tú, que en noches de oscuridad tranquila / nos llamas, mientras tiemblan con ansiedad secreta / la súplica en tu labio y el llanto en tu pupila.
Ibid.

¿Por qué tan tristes? Oye: nuestro fulgor es triste / porque ha mirado al hombre.
Ibid.

Tronos, imperios, razas, vimos trocarse en lodo; / vimos volar en polvo babélicas ciudades. / Todo lo barre un viento de destrucción, y todo / es humo y sueño y nada... y todo vanidades.
Ibid.

Con íntima tristeza miramos conmovidas, / con íntima dulzura miramos pesarosas, / nosotras
-las eternas- vuestras caducas vidas, / nosotras -las radiantes- vuestras oscuras fosas.
Ibid.

¿Todo es olvido y muerte? ¿Pasan gimiendo a solas / el mar con sus oleajes, la tierra con sus hombres?
Ibid.

Vendrá noche de siglos a todo cuanto existe; / y expirarán, en medio de hielos y amargura / los últimos dos hombres sobre una roca triste, / las últimas dos olas sobre una playa oscura.
Ibid.

¡Y moriréis, oh estrellas, en el postrero día! / Mas flotarán espíritus con triunfadoras palmas; / alumbrarán entonces la eternidad sombría, / sobre cenizas de astros, constelaciones de almas.
Ibid.

Cristo, la república y la naturaleza.
Lema poético.
Tire aquí el lector la rienda al caballo y aguarden ahí los del paseo mientras damos noticia individual de este sujeto.
Un paseo al salto de Tequendama.
Vendrá una última primavera y en su última aurora se abrirá una rosa tardía, la cual morirá en el último ocaso del otoño postrero.
Y tras de este ocaso vendrá la noche sin aurora, la sombra definitiva, entre la cual la tierra sin ríos, sin vegetación, sin atmósfera, girará calladamente por el espacio solitario.
Resurrección, 1902.
Escriba usted un himno a la resurrección de la materia, un canto a la belleza de la carne purificada por la muerte.
Ibid.


RIVERA, José Eustasio (Neiva, 1889 - Nueva York, 1928)

Soy un grávido río, y a la luz meridiana / ruedo bajo los ámbitos reflejando el paisaje.
Tierra de promisión, 1922. Soy un grávido río.
Y después, remansado bajo plácidas frondas, / purifico mis aguas esperando una estrella / que vendrá de los cielos a bogar en mis ondas.
Ibid.

Y mi balsa que riela / va borrando luceros sobre el agua estelar.
Ibid., Esta noche.

Apoyado en el remo, avizoro el vacío, / y la luna prolonga mi silueta en el río.
Ibid.

Con asalto certero del cristal lo arrebata...
Ibid., La garza.

Entonces flota la dispersa pluma, / abre un círculo enorme la corriente / y tiembla, sonrojándose, la espuma.
Ibid., El caimán.

Pero cuán dulce era el pensamiento de la reconciliación, que se anunciaba como aroma de sementera, como lontananza del amanecer.
Ibid.

Atravesado en vientre al sol, iba el cuerpo decapitado, entreabriendo las yerbas con los dedos rígidos, como para agarrarlas por última vez.
Ibid.

La bóveda del cráneo y las mandíbulas que la siguen faltaban allí y solamente el maxilar inferior reía ladeado, como burlándose de nosotros.
Ibid.

-¡Oh selva, esposa del silencio, madre de la soledad y de la neblina! ¿Qué hado maligno me dejó prisionero en tu cárcel verde?
Ibid.

¡Déjame tornar a la tierra de donde vine, para desandar esa ruta de lágrimas y sangre que recorrí en nefando día, cuando tras la huella de una mujer me arrastré por montes y desiertos, en busca de la Venganza, diosa implacable que sólo sonríe sobre las tumbas!
Ibid.

Olvidada sea la época miserable en que vagamos por el desierto en cuadrilla prófuga, como salteadores.
Ibid.

Oí que las arenas me suplicaban: no pises tan recio, que nos lastimas. Apiádate de nosotras y lánzanos a los vientos, que estamos cansadas de ser inmóviles.
Ibid.

Por ese tiempo me invadió la misantropía, ensombreciéndome la ideas y descoyuntándome la decisión. En el sonambulismo de la congoja devoraba mis propias hieles, inepto, adormilado como la serpiente que muda escama.
Ibid.

Inútiles fueron mis cortesías, porque aquellas tribus rudimentarias y nómadas no tienen dioses, ni héroes, ni patria, ni pretérito ni futuro.
Ibid.

En los milenios del Génesis, cuando Dios flotaba todavía sobre el espacio como una nebulosa de lágrimas.
Ibid.

¡Selva profética, selva enemiga! ¿Cuándo habrá de cumplirse tu predicción?
Ibid.

Las semanas siguientes las malgastamos en domeñar raudales tronitosos.
Ibid.

¡Nada de ruiseñores enamorados, nada de jardín versallesco, nada de panoramas sentimentales!
Aquí, los responsos de sapos hidrópicos, las malezas de cerros misántropos, los rebalses de caños podridos.
Ibid.

Aquí, de noche, voces deconocidas, pausas consternadoras, silencios fúnebres. Es la muerte que pasa dando la vida.
Ibid.

La visión frenética del naufragio me sacudió con una ráfaga de belleza. El espectáculo fue magnífico... pensaba yo que cualquier maniobra que acometiéramos aplebeyaría la imponente catástrofe.
Ibid.

Claramente, desde aquel día tuve el presentimiento de lo fatal.
Ibid.

En el desamparo de vegas y estradas, muchos sucumben de calentura, abrazados al árbol que mana leche, pegando a la corteza sus ávidas bocas, para calmar, a falta de agua, la sed de la fiebre con caucho líquido; y allí se pudren como las hojas, roídos por ratas y hormigas, únicos millones que les llegaron, al morir.
Ibid.

En el fondo de cada alma hay algún episodio íntimo, que constituye su vergüenza.
Ibid.

No tardó en asomar, abotonándose la piyama, un hombre gordote y abotagado, pechudo como una hembra, amarillento como la envidia.
-¡Señor Arana, voy a morir de pena!
Ibid.

En Colombia pasan cosillas reveladoras de algo muy grave, de subterránea complicidad.
Ibid.

¡Paisano, paisanito, estamos perdidos! ¡Y el Putumayo y el Caquetá se pierden también!
Ibid.

Este mísero anciano Clemente Silva siempre ha tenido el monopolio de la desventura.
Ibid.

Casi desmayado en un último supremo ímpetu, le agrandé con mis dientes las sajaduras, lo ensangrenté, y, rabiosamente, lo sumergí bajo la linfa para asfixiarlo como a un pichón.
Ibid.

Aunque él manoteaba y se defendía, lo descarnaron en un segundo, arrancando la pulpa a cada mordisco, con la celeridad de pollada hambrienta que le quita granos a una mazorca.
Ibid.

"Hace cinco meses búscalos en vano Clemente Silva. Ni rastro de ellos. ¡Los devoró la selva!"
Ibid.


ROBLEDO ORTIZ, Jorge)

Pequeña / Para cantar tu pelo / Aprendí la leyenda / Del sol que siendo niño se extravió en un trigal; / Para cantar tus ojos / Me enseñaron la historia / De la primera mañana que se bañó en el mar...
Tentación.
Te esperé con la sangre detenida / sobre el silencio en ascuas de tu ausencia. / Te esperé soportando la existencia / como un lebrel al pie de tu partida.
Espera.
Pero qué inútil la mortal espera: / sin pensarlo cité la primavera / cuando el invierno helaba mis rosales.
Ibid.

Te recuerdo, pequeña, con un amor tan puro, / tan simple, tan sencillo, tan cerca al corazón, / que estando en esa espina clavado mi futuro / ¡le doy gracias a Dios!
Gracias a Dios.
Novia de ayer, espina perfumada. / Anillo ecuatorial del corazón. / Virgen de nardo. Luz crucificada / sobre el madero de la evocación.
Novia de ayer.
Vengo desde el recuerdo. / Mirando tu retrato / me devolví diez años al pie del corazón: / He vuelto a la ventana / que recató el milagro / sencillo y transparente de tu primer amor. Retrospectivo.
Quise ser vengativo, / y rompiendo el retrato... me rompí el corazón.
Ibid.

Entre el mínimo incendio de la rosa / y la máxima ausencia del lucero, / se quedó tu recuerdo prisionero / viviendo en cada ser y en cada cosa.
Siempre tú.
Si eras tan débil en la despedida, / corazón, no debiste haber querido.
Ya no más, corazón.


ROCA, Juan Manuel (Medellín, 1946)

Los años, tal vez los descalabros, fueron suavizándome los gestos: ya no edito mordaces panfletos que quisieran despertar el país de los idiotas. Ahora les digo con desgano: sigan durmiendo, almas de Dios, felices sueños.
Se yerguen los patíbulos del tedio, / las preguntas sin respuesta, / los largos interrogatorios, / los paseos sin regreso...
Memoria del agua, 1973.
Estoy tan solo, amor, que a mi cuarto / solo sube, peldaño tras peldaño, / la vieja escalera que traquea.
Luna de ciegos, 1976.
¿Cercarán el poema? / ¿Pondrán cárcel al viento? / ¿Camisa de fuerza al porvenir? / El sueño de los pueblos / sube las escalas de la noche: / entonces veremos claramente.
Ibid.

Todavía es tiempo de preguntar / cuando llegue la luz quiénes seguirán guardando / las verdades en camisa de fuerza. / Pero hombres tan vivos que espantan. / Renacen de tu voz a la hora en que lentos ancianos / tantean paredes blancas / a las puertas de la ciudad desollada.
Ibid., Georg Trakl.

¿Qué será aquél líquido rojo que corre debajo de las puertas?
Ibid, ?
Pasado el tiempo propicio / de los sueños, el estupor / la muerte / en las calles patrullando.
Ibid.
La repetida sorpresa de saber / Que en la misma línea / Para siempre / Un hombre se suicida.
Ibid., Arte de tiempo.

Al despertar, Gregorio Samsa, / De filiación desconocida, / Se encuentra en la misma página / Convertido / En un monstruoso insecto.
Ibid.

La señal de los cuervos / anuncia la nueva hora del terror / los cuerpos otra vez bajando por el río / la subienda de muertos a orillas / del nuevo y rojo día, / Alguien suelta sus pájaros oscuros / desde las secretas cámaras del Palacio. Ah: volver a visitar tu más / Húmedo lugar a horas imprevistas / Mientras abres la página en blanco / De tus piernas.
Señal de cuervos, 1979. Cuerpos Momentos.
Como la langosta arrasando los libros y las cartas. / Momentos, graves momentos, el país se puebla de botas criminales.
Fabulario real, 1980.
Alguien lo ha visto / Hablando con un ladrón de lejanías.
Mapa del caminante, 1986.
Tocaba el arpa en las rejas de su celda. / O tomaba de un vaso sin agua. / Una porción de sed que nunca lo saciaba.
El brujo, 1986.
Soñaba que los gruesos barrotes temblaban, / Que sonaba un galerón / Con luna entre las palmas.
Ibid.

Pero nadie podía asegurar / Que no era él quien despertaba los patios / Con galope de caballos y fantasmas.
Ibid.

Las mujeres de este país son capaces / de coserle un botón al viento, / de vestirlo de organista.
País secreto, 1987, Una carta rumbo a Gales.
Porque esta generación, / Provisoria y desgarrada como un viento, / Se ha venido formando / En el duro aprendizaje / De soñar entre los muertos, yo la escucho.
Generación, 1988.
Llevamos, quiéranlo o no, / Una parcela de sueños en donde crecen / Las secretas plantas del poema.
Ibid.

-Espejismo, espejismo, ¿dónde encontrar la sabiduría? y la pedrada de un niño sobre el agua borró mi rostro en el estanque.
Pavana con el diablo, 1990, Los espejismos.
La literatura nació cuando un niño de un valle del Neandertal llegó gritando: ¡un lobo, un lobo!, y tras de él nadie venía.
Ibid.

Hubo un tiempo en que el doctor Freud no dejaba dormir a nadie con su interpretadera.
Ibid., 22.

No deberíamos ser iconoclastas por ignorancia, ni miméticos por facilismo... todo está por hacerse, pero no basados en las leyes del olvido.
La cultura de Sísifo, El Espectador, 1991.
Yo puedo ser el cazador... / el que enciende una lámpara... / el domador de sus silencios / el lapsus linguae de los que verdaderamente soy.
Luna de ciegos, 1991, Lapsus linguae.
Me pregunto qué trozo soy del paisaje.
Ibid., Naturaleza muerta.
Sin saber para quién / envío esta carta puesta en el buzón del viento... Llegado el momento de tener / más amigos en las tumbas que en los bares, / me hago hermano del hermano de los muertos, / enamorado de los que aman el amor de los vivientes. Con coronas de nieve bajo el sol / cruzan los reyes... Cada noche, en las calles de erizados / vecindarios, escucho las bocas / que cantan el danzón de las pistolas, / una bala que inaugura un surtidor de rosas rojas. / La noche, ladrona de niños, muerde un país salvaje / y yo aventuro mi voz / por esta tierra de dioses y de adioses.
Cantata del país salvaje.
Fabrico espejos: / Al horror agrego más horror, / Más belleza a la belleza. Hay poetas tan indiferentes, que si hubieran encontrado a la mujer de Lot convertida en estatua de sal, hubieran llenado su salero.
La letra alucinada, El Espectador, 13, IX, 1992.
abril 23 de 1992.
/ Año del apagón y la molicie.
Crónica de un viaje fallido...,
1992 al sólo recuerdo tuyo, paisaje de tu rostro, / Vuela mi corazón emplumado.
Nunca se sabe en la Biblia si Lázaro volvió a morir, pero sí se sabe de su egoísmo al no contar cómo era el "allá".
El Espectador, 28, II, 1993.
No hay paraíso sin serpiente. Por los ojos de Helena / Cruzó el asombro de un caballo de madera.
Relación de algunas habitantes, 1993.
Hay mujeres que al dejar caer un ademán / Dan comienzo a una guerra.
Ibid.

Un túnel no es otra cosa que un bostezo de piedra.
El Espectador, 12, IX, 1993.
Ah: volver a visitar tu más / Húmedo lugar a horas imprevistas / Mientras abres la página en blanco / De tus piernas. Sólo una cuerda tensa me amedrenta: / La que va de mi soledad hasta la tuya.
Monólogos, 1994, Monólogo del volatinero.
No hay casi ningún poeta ni ningún gran pensador al que no asalte, de cuando en cuando, el bolero.
Poesía y bolero, El Espectador, 1994.
Era un hombre con un bigote tan negro y tan espeso que parecía estar siempre comiéndose una golondrina.
Dos viñetas musicales, El Espectador, 1994.
Un tren en llamas / Recorre la planicie de los muertos. / Volvemos, / De las lenguas muertas del terror, / A las bellas artes del silencio. Mi corazón viaja a ochenta kilómetros por hora devorando la carretera salpicada de bohíos.
Hay una mano de luz qe construye escaleras, / Una de sombra que afloja sus peldaños.
La farmacia del ángel, 1995, Parábola de las manos.
¿No muero y nazco cada día, / Cada vez que mi cuerpo entra / O sale de los sueños?
Ibid., Segunda muerte de Lázaro.

Haz que la sombra del disparo no hiera / La sombra del venado.
Ibid., Relación de algunas habitantes.

De desmemoria es la tinta / Con la que se traz la palabra Eternidad.
Ibid., Tempestad en un vaso de tinta.

Del incendio salvar sólo / el agua.
Ibid., Rapsodia de ausentes.

De tiempo en tiempo, al menor descuido, / Me visita la mujer que lava el agua.
Ibid., Rapsodia de ausentes

La inocencia, como una estación de tren / barrida por el viento.
Ibid., El ángel sitiado.

En la sonora noche que despierta / Los órganos del mar o sus trombones, / Los grandes trasatlánticos encendidos / Como una ciudad entre la niebla / Parten en dos labios las aguas procelosas.
Ibid., La soledad del guardafaros.

Antes del encuentro de fútbol -graderías llenas, grandes manchas humanas de colores movedizos- se pidió un minuto de silencio por cada uno de los asesinados. El país permaneció 50 años en silencio.
Fundación del silencio, El Espectador, 1998.


RODA, Juan Antonio (Barcelona, 1921)

Velásquez es más importante que Roda pero Felipe IV lo es más que Lleras Restrepo.
Ante una multa que se le quería cobrar por no terminar en noventa días un retrato del Presidente de la República, 1969.
Al coger el lápiz le sale a uno su fijación.
Cit. por J.G. Cobo Borda.
Representar: creo que ésta es la palabra clave para definir el propósito de mi pintura. Yo nunca he creído mucho que uno cuando pinta o dibuja esté traduciendo ideas. Entrevista en El Mundo, 1988.


RODRÍGUEZ, Alvaro (1948)

Las armas se deponen casi siempre / cuando ya ninguna sangre alcanza ni puede ser devuelta.
Epitafio para Masters, 1977.
El corazón de un no nacido, / el cristal de una ventana sin cristales, / tal puede ser lo inquebrantable / y nada de eso es el puente / más esplendente aún y casi indemne...
El viento en el puente, 1979.
Es el invierno, y quizá por ello / a lo largo del día he meditado / en todo lo que fue belleza y hoy es viento, / y en cuán poco puede importarle al / viento lo que fue.
Ibid.

Cada día aprendo a ver el día / el ojo acostumbrado / empobrece lo que ve.
Ibid., Despedida del ayer.

La belleza es lo eminente del tiempo.
El viento en el puente, 1990.
Su vocación más alta: celebrar su ser y aquel del mundo, / el tiempo siempre / y por encima de la injuria del tiempo / la balanza: / sí, esto aprendí de W. H. Auden.
Ibid., Agradecimiento a Auden.

En verdad / sólo la belleza / sorprende al tiempo; / sólo ella, como el latín, esclarece.
Ibid.


RODRÍGUEZ MOYA, Francisco (1884 - 1958)

Mas contra ti, como coraza llevo / la luciente armadura de mi orgullo.
Amor, ¡amargo amor!
Y abriendo mi valija de tristeza / me puse a traficar con el destino.
Ibid.

Hoy, cuando ya quemé todo mi incienso / y no hay en mi heredad rosas ni espinas, / déjame a solas con mi tedio inmenso: / Amor, ¡amargo amor!, no me persigas.
Ibid.


RODRÍGUEZ, Francisco Antonio (1755 - 1817)

Rezaré, sin faltar, todos los días / con mucha devoción las letanías, / sólo por repetir con grata voz / juntos el audi y el exaudi nos.
Felicitación al oidor Nicolás Prieto Dávila.
Cantaré los sentidos corporales, / y diré que son unos animales / los que dicen que ver es lo primero / porque al oír desde ahora lo prefiero.
Ibid.

Contra los sordos guardaré rencores / porque no son ni pueden ser oidores.
Ibid.

Trataré con injurias infinitas / a cuantas cosas fueren inauditas.
Ibid.


RUÍZ GÓMEZ, Darío (Anorí, 1936)

Aquella esquina de Calibío era como el termómetro de todo; se asomaba uno a la puerta principal de la Gobernación y ya sabía lo que pasaba, ya estaba en el pulso de los acontecimientos que definían el país.
La ... que tengo para vos, 1972.
Todos los rosarios que inundaron el país a golpe de machete en esos años difíciles.
Ibid.

Para decirle adiós a mamá.
Título de novela, 1985.


RUÍZ, Jorge Eliécer (1931)

Lo eterno y lo utópico solamente son los productos de la esquizofrenia.
La lucha por la expresión.
La vida no vale la pena de vivirse sin este pequeño excedente de sueño y fantasía que proporciona el arte. La sociedad no tolera la hipocresía ni la inutilidad. Y tomo esta palabra en el sentido más amplio, incluyendo en ella la dulzura y la belleza, sin las cuales el mundo sería aún más insoportable.
El escritor en Colombia, Mito, 1961.
La quebrantada voz en vano implora / una pregunta cruel, una respuesta. / En la pupila turbia de quien llora / trazó el carbón su signo de protesta.
Final.
El instante falaz ya manifiesta / el leve pulso de la eterna hora. / El tiempo se detiene y no contesta / el que todo lo sabe, a quien ignora.
Ibid.

En el oscuro vientre de la herida / puso su amargo huevo la ceniza.
Ibid.

El golpe no perdona, el golpe avisa / que el tiempo no palpita en su segundo.
Ibid.

No hay corazón que sufra las heladas / Asperas voces que la muerte canta.
Ibid.

"América Latina" es un mundo creado por la conquista. Escandalosa paradoja: el hecho de arrasar con lo existente produce existencia.
Con los esclavos en la noria, 1991.