Ficha bibliográfica
Titulo: Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas
Autores: Luis H. Aristizábal
Edición original: Junio 29 del 2004
Edición en la biblioteca virtual: Julio 24 del 2005
Notas: Edición electrónica del diccionario de Luis H. Aristizábal en el que podrá encontrar una minuciosa selección de las frases y citas célebres pronunciadas por personajes colombianos.
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| Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas

Letra P


PABÓN NÚÑEZ, Lucio

No más sangre, no más depredaciones, paz, justicia y libertad.
Alocución del General Rojas Pinilla, 13 de junio de 1953.


PACHÓN, Manuel

Es por algo que palpita más allá / que usted nos pone alas en los ojos.
Rastro de alas, Chaplin, 1991.
El hallazgo / del eslabón perdido / mostrará / que el hombre tuvo alas.
Ibid., Del futuro.


PADILLA, Jorge

No volvimos a tener noticias suyas ni sabemos si se salvó de los hornos crematorios de Polonia, si lo destrozaron las bombas en la segunda guerra mundial o si vive gordo y apacible en un burgo de Baviera con recuerdos del trópico diluídos en cerveza dorada.
(Acerca del ciclista Fritz Wallemberg) Colombia entre Gaitán y Calibán.  En la marcha hacia el Capitolio vale más ingerir ríos de néctar y kilómetros de longaniza que estudiar a Spengler o a Toynbee.
Ibid.


PALACIOS, Arnoldo (Cértegui, Chocó, 1918)

Ya no es el hambre lo que me atormenta; no es el hambre lo que me impulsa a arrebatar un pedazo de pan, o a matar... ¡Bórrame esta conciencia, eh, Dios!... No sé nada... No entiendo mi propia vida.
Las estrellas son negras, 1949. 
Cada palabra de Nive, cada suspiro suyo, lo hacían sentirse más miserable. Él era un perro chandoso. Una criatura maldita, revolcándose en un gargajo del demonio... ¿Cómo había él hecho eso?
Ibid.


PALACIOS, Eustaquio (Roldanillo, 1830 - Bogotá, 1898)

La esclavitud en sí misma es una iniquidad; no la haga vuesa merced más grave.
El alférez real, crónica de Cali en el siglo XVIII, 1886. 
La iniquidad, si la hay, no es obra mía: esclavos eran los que tengo y los compré a sus amos, o los compró mi padre; ni su merced ni yo los redujimos a la esclavitud, y el mismo Rey nuestro señor (que Dios guarde) autoriza ese comercio.
Ibid.

Esos bellísimos ojos aterciopelados y húmedos, despidiendo luz melancólica, hacían más estragos en los nobles mancebos que cuando en tiempos mejores brillaban de felicidad.
Ibid.

Vale más leer poco y meditar mucho, que leer mucho sin meditar nada.
Ibid.

Lo cierto es que son muchos los individuos que en Cali llevan el apellido de Caicedo.
Ibid.


PANESSO ROBLEDO, Antonio

Quien pide el voto de sus conciudadanos para representarlos en el poder, ofreciéndoles puntos de vista originales, acaba preguntando a sus electores qué quieren que piense y diga para que sigan votando de la misma manera.
Reminiscencia de Marcusa, El Espectador, 1976.


PARDO, Carlos Orlando (Líbano, 1947)

Quedó como quedan todos los Patricios Peña. Muerto como todos los muertos que no respiran y que no se mueven y que quedan tiesos como el mismo cañón del revólver.
Yo siempre se lo dije muchas veces, en Obra en marcha 2, 1976. 
Dizque lo dijo Marx: "El mundo tiene mucha sed" y Engels le sirvió otro vaso de whisky.
Microcuentos, 1978. 
Eva resucitó desde hace tres días y está demandando en un juzgado de la ciudad a quien se hace llamar la primera dama.
Ibid.


PARDO GARCÍA, Germán (Ibagué, 1902- México, 1991)

Temblor de rama que al dorado viento / del mediodía, opone la certeza / de su fruto. Divino movimiento / de algo que a ser inconmovible empieza.
Aire divino.
  Temblor de voz, capaz del firme acento. / Temblor de la mirada, en su fijeza. / Temblor del encarnado pensamiento. / Temblor de mi desnuda fortaleza.
Ibid.

Cómo te siento en mí, temblor de altura. / Cómo tu claridad me transfigura / y cómo tu presencia me enriquece.
Ibid.

Así la gloria del amor fue mía, / mientras sereno el aire diluía, / como un polvo de oro, el tiempo manso. A la gloria del amor Como la luz al corazón despierto, / tu presencia de nube conmovida / descenderá a la sed que está escondida / en los estanques lóbregos del huerto.
A la presencia de la poesía.
Ya son tuyos mis ramos de abundancia / y el temblor de mi vaso diamantino, / desbordado de pálidas estrellas.
Ibid.

Y te hallaré en mi próxima distancia / pues, cómo no encontrarte, si camino / sobre el oro invisible de tus huellas.
Ibid.

Amor de ti. Amor que no decía / su nombre, y era ya gozo sereno. / Amor de ti, logrado en la osadía / con que mis extravíos encadeno.
Amor, trémula sombra.
Por ti, sólo por ti, trémula sombra / que ya eres vida y que mi lengua nombra / entre la fe de mis eternidades.
Ibid.

Bob Maimes era un mozo verdaderamente singular. / Como todos los hombres que navegaron desde niños, / Bob Maimes en tierra se balanceaba al andar. Bob Maimes, mozo de mar.
Sus ojos, al mirar, / mostraban siempre un clima de rumorosas datileras. / Tal vez él mismo era un palmar.
Ibid.

Una tarde ante el ruido de las olas extrañas me dijo: / "Tengo una cita con el mar". / Y se alejó para siempre en la angustia de un ballenero, / rumbo al azar.
Ibid.

Las guacamayas y oropéndolas del Amazonas rauco / se columpiaban en los manglares de nuestra mocedad.
Cáncer
Un día me dijiste: hay una estrella misteriosa / que en las colinas de mi pecho duele. / ¡Y era verdad, oh dios de las legumbres: el lucero / del cáncer rencoroso estaba allí!
Ibid.

Caíste con el ruido que produce en el silencio / de una alcancía la moneda rota.
Ibid.

Y yo, lector de infolios con metáforas / azules como abejas de cianuro, / me sumergí en un cuarto de paredes sacrílegas, / a sufrir como sólo la piedra ha sufrido; / a llorar como sólo la nube ha llorado / y a explorar con ojos ignorantes / el Panegírico de la Locura, / de Erasmo de Rotterdam.
Ibid.

Lleno de amor salí a mis lontananzas / por ver si al fin venías. Y alabanzas / dije, al hallar tu mano entre la mía.
El hallazgo.
Y te senté al convite de mi mesa; / te di del agua de la vida ilesa / y te ofrecí del pan de la alegría.
Ibid.

Oídme, escuchadme, oíd: / os habla el Héroe evadido de la catástrofe de la tierra, desde su galáctico satélite, / de este complejo cósmico en Orión.
El héroe.
Yo soy ese hombre vendedor de frutas / que en las ciudades a las puertas llama.
El vendedor de frutas y pájaros.
Me siento solo en la ciudad oscura. / Cambiaré mi pregón: ¡vendo esperanza!
Ibid.

Vendo alegría para el mundo, vendo / ternura y amistad para las almas.
Ibid.

Todo en el sueño fue como en los símbolos. / Nada tuvo el color de las penumbras / que aglomeran los sueños en las rocas, ni el sabor de la cal que se desprende / mojada con la luz de las retinas.
Húmeda flor.
No tiene el esplendor de los rocíos / sobre la periferia de las frutas.
Ibid.

Separa de mi ser todo elemento / que la materia a su pesar inclina, / y envuélveme en tu cósmica neblina / dejándome desnudo el pensamiento.
Invocación a la noche.
En este momento hay un hombre herido en algún lugar del mundo.
Jess Cook. 
Y comencé a sentir el dolor de saber que en algún lugar del mundo / hay en todo momento un hombre herido que soporta un cadáver.
Ibid.

Si estaba sola, diáfana y tranquila, / ¿por qué nosotros ir hasta su suelo / desgarrar la hermosura de su velo / y enturbiar esa mágica pupila?
Llanto lunar
Prosigue su galope hacia la Nada / sin ver que de la Luna bombardeada / se desprende una lágrima infinita.
Ibid.

De lo que fue mi integridad humana, / mi herencia de caballos y legumbres, / el carbón que entibiara mis pulmones / en las noches hambrientas del invierno.
Metástasis.
Mujer naturaleza: así te llamo, / porque a través de tu unidad comprendo / la oculta geometría de las cosas, / la furtiva inocencia de los ciervos / y la ductilidad del girasol.
Mujer naturaleza.
Alguna vez en la más larga media noche de mi espíritu, / soñando con la misteriosa, profunda Inglaterra, / quise tornar a Waterloo Bridge, / donde otra media noche imaginé trilogías fantásticas.
Never thy last farewell, 1980.
Tener nombre de perro y que alguien, / con silbo cinegético me incite. / Y que la gente popular me grite: / Ahí va ese perro fiel a su reclamo.
Nombre de perro.
Es este el arduo destino / de los nacidos aquí: / ser montaña y colibrí / y zarpazo de felino.
¡Oh América!, 1990. 
Va nuestra planta desnuda / por los kilómetros grises / de catárticos países / donde gobierna la duda.
Ibid.

Cristo: ¿Cuál fue tu angustia, comparada / con los campos de concentración?
Poemas contemporáneos, 1949. 
¡No creo en la existencia del espíritu! / ¡Romped el Santo Grial, romped el Santo Grial! / Después me vieron las naciones vagar sin esperanza, / cual Lear en un páramo de nieve.
Ibid.

Siempre hablo de la muerte con inmensa ternura. / Su nombre lo he escuchado sin pavor desde niño, / cuando en la antigua casa familiar, escondida, / bajo una soledad de cedros y de pinos, / alguien decía, en medio del estupor nocturno: / "La sombra de la muerte pasó por el cortijo".
Presencia de la muerte.
No conservo de los años antiguos, / sino esta calma llena de eternidad, y el acto / de llevarme las manos al corazón vacío.
Ibid.

Y hablo aquí de la muerte con la misma ternura / de entonces, y como hablo de la bondad del trigo.
Ibid.

Y mis manos escriben estas sílabas / del nombre de la muerte, con los júbilos íntimos / del que todos los días aguarda a que su mesa / la venga a compartir el verdadero amigo.
Ibid.

¿Te vamos a poblar, luna que hiciste / de nosotros neblinas delirantes, / y un espectro de ingrávidos amantes / sobre el temblor de la llanura triste?
Renacimiento.
Descifrad los enigmas de mi cátedra / y escuchad mi segundo testamento: / ¡Hallad la mansedumbre de los tigres / y apaciguad allí vuestras discordias! / ¡Soy el héroe pacífico que busca / la espiga de amor entre las fieras! Segundo testamento del héroe.
¡Ay del soñador que piensa, / ay de las sienes que meditan, / porque en la densidad del pensamiento / están las nebulosas y el magma de la angustia!
Semblanza de un ruiseñor, 1988. 
¡Alabanza, alabanza a la cereza y a las uvas! / ¡Al néctar que destilan los duraznos y toronjas / y al deleite labidental de la guanábana!
Ibid.

¡Yo soy el descubridor de los verdes mapamundis / que empiezan a brotar en los ámbitos del alma!
Ibid.

En la dulce magnolia cotidiana / y en el candor de su simplicidad, / han tocado mis dedos muchas veces / la tempestad. Tempestad.
Vendrá el silencio de absolutas formas; / descenderé a la múltiple unidad, / y todavía escucharé en el polvo / la tempestad.
Ibid.

En un tránsito profundo / de silencio y de esplendor, / se alza trémulo el amor / sobre el asombro del mundo.
Tránsito del amor.
Y al enfrentarme al rictus de la muerte, / si la razón meditadora es fuerte / mi corazón cerval tiembla de espanto.
Última noche, 1991.
Por medir la oscuridad / grité en la sombra, angustiado, / y el grito, profundamente / quedó en la sombra temblando.
Un caballo en la sombra.
Era negro, como un ídolo / de la noche, y un penacho / de crines atormentadas / cubría su cuello bárbaro.
Ibid.

Iba sin rumbo en la noche / por los caminos dramáticos, / y cabalgaba la muerte / sobre el poder de sus flancos.
Ibid.

En las tinieblas concentradas / un hombre aúlla como un perro. / Aúlla siempre / con ladridos lastimeros. / Quién sabe en dónde, en cualquier sitio, / ¡donde es más lúgubre el silencio! Un hombre aúlla como un perro Almirante de escuadras sumergidas. / Capitán de la angustia aventurera. / Corsario tras la bárbara escollera. / Marinero sin patrias conocidas.
Vulgar elogio marino.
Contra el palo mayor clavas confines; / y a un estruendo de rútilas ajorcas, / estrangulas tormentas en las horcas / de tus desesperados bergantines.
Ibid.

Y con canela de Bangkok aliñas / los ponientes de súbita escarlata.
Ibid.

La noche de América es mi única madre.
Cit. por Gustavo Páez Escobar.
Yo no soy sino un alma enamorada de la angustia.
Ibid.

Partí de mi tierra un día en que las hoscas cúspides altas / delataban su voz encontrándose en truenos. Soy un hombre del pueblo sagaz en sus sentidos / que laboran sobre existencias casi microscópicas / Soy un hombre del pueblo y la eficacia de mi sabiduría / la divulgo desde las frutas y en mi cátedra de hojas. Las imágenes de los nombres se nos aparecen / de pronto, como gritos / escuchados en el terror de una montaña.
¿De dónde vienes tú, ya con el cielo / sometido al poder de la ternura?... Todo lo amé... ¿dejadme descansar. Tomad, os digo, mi vida / tomadla, os digo, de cierto / que de tanto sustentar / están mis brazos abiertos / y mis pupilas cerradas / para mirar hacia adentro. / Tomad os digo, mi vida / tomadla, os digo, de cierto / que voy a la soledad / a coronar de silencio / mis serenas actitudes / y mis júbilos ilesos.
¡Ay de mí, pensador y sin más ciencia / que esta sencilla posesión del canto!
¿Quién fui, quien soy, a dónde me dirijo? / Las eternas consultas de los sabios, renacen en mi ser.
Un crucifijo / de piel cerval y sordomudos labios, / desde un rincón de la pared me mira / pulir arsenicales astrolabios...
1987. 
¡Despójame, Señor, de aquellas galas / que tejí con las sienes y su dura / tarea de elevar cimas y escalas!
Ibid.

¡Ya me cansé de la estelar fulgencia, / de ver la inmensidad, y estoy sentado / cual indio de Colombia, en la demencia / de un páramo fecal, de Ti olvidado, / Señor de la pavura y de la frente / rajada y del azufre en el costado!
Ibid.

Se lo digo con humildad pero con soberbia, porque un gran poeta sin soberbia es como un águila sin alas.
1986, cit. por Gustavo Páez Escobar en Biografía de una angustia, 1994.


PAREDES PARDO, Jaime

El hambre era el gran habitante de aquellas lomas.
Se podía decir que era su dueño.
La maestra Colombia es un pueblo triste.
El Tiempo,
Cuándo, pero cuándo se proclamará el derecho al aire puro.
Ibid.

Las personas nada son, son los partidos los luchadores.
Correspondencia, A Rafael Núñez.
Iniciastéis una verdadera política nacional.
A Mosquera, al posesionarlo, V, 1866.  El presidente de la República no es, ni debe ser el jefe de un bando político cualquiera, sino el jefe de la nación; no el representante de los intereses transitorios y a veces egoístas de un partido, sino de los intereses grandes y permanentes de la sociedad.
Ibid.

La rectitud moral del jefe de la nación es la mayor esperanza de los pueblos.
Discurso de posesión presidencial, 1876.
Si esta denuncia me hubiera venido por vía distinta, la atendería en el acto; mas por venir de usted, quedará asegurada durante la guerra la libre acción del centro o directorio de que usted habla.
A un conservador traidor a su causa que denunció la existencia de la sede en la cual se tramaban operaciones militares contra el gobierno de Parra, h. 1876.
Para negociar con Núñez hay que pedirle fiador. Atrib.
Lo que deseo es una guerra viable.
A Domingo de la Rosa, al comenzar la Guerra de los Mil Días, 1899.


PARRA TORO, Libardo


El aguardiente, según lo he pensado, hace los efectos del revelador sobre la placa fotográfica: revelar. Es decir sacar un delineamiento perfecto de la condición esencial de cada persona.
El voto femenino.


PASTRANA ARANGO, Andrés

Diciendo y haciendo.
Lema de gobierno en la Alcaldía de Bogotá.


PASTRANA, Misael (Neiva, 1923 - Bogotá, 1998)

No voy a decir una mentira, no voy a crear falsas ilusiones, no voy a vender engañosas promesas.
Voy a hablar un lenguaje sencillo, que sea una respuesta, un eco, la razón misma del pueblo colombiano.
1970. 
Estoy dispuesto a decir lo que pienso... y a hacer en el poder solamente lo que diga.
Ibid.

Objetivo social: el pueblo.
Lema de gobierno, 1970. 
El gobierno del Frente Social.
Ibid.

Nada de eso, recuerde que eso está prohibido por la Constitución.
A un periodista que lo trató de "su excelencia", 7, VIII, 1970. 
Pues a mí me faltan tres nombres.
A un periodista que le pidió el nombre de uno de los ministros, que hacía falta, el 7, VIII, 1970. 
Hago un llamado a todos los colombianos, en este primer acto de gobierno, a que recobremos la confianza en nosotros mismos, la fe en nuestras propias fuerzas.
Discurso de posesión presidencial, 7, VIII, 1970. 
Todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II, 1993.
En política lo único seguro es la incertidumbre.
Ibid.

Nadie se pone bravo ganando.
Ibid.

El problema tremendo de la miseria debe convertirse en el primer reto para nuestras conciencias.


PATARROYO, Manuel Elkín

Un negro de Zaire que sufre de malaria, la padece igual que un tailandés o un colombiano.
El dolor, el sufrimiento son iguales... La ciencia es universal y la humanidad una sola.
En Manuel Elkin Patarroyo, un nuevo continente de la ciencia, de Flor Romero, 1995.
Quiero trascender sólo si lo que hago es útil a la humanidad.
Ibid.

Haga sin miedo lo que crea que está bien hecho.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol.II, 1993.


PATIÑO ROSELLI, Alfonso (Bogotá, 1919 - 1985)

Lo que verdaderamente salvó a Olaya fue la adopción del control de cambios.
La prosperidad a debe y la gran crisis 1925 - 1935.


PATRIA, LA

La idea conservadora es la alianza de la libertad con el orden.
Lema, 1867.


PAYÁN ARCHER, Guillermo (n. en 1921)

Vengo a hablar con mis muertos, en el mismo / recodo de la tierra donde un día / ¡fuimos y soy! Su voz será la mía / y su abismo será mi propio abismo. Vengo a llorar porque la muerte un día / puso en tus sienes su laurel vencido, / por tu ausente perfil enceguecido, / por tu cuerpo en su hielo de agonía.
Última elegía
Porque todos tus sueños fueron vanos, / y tu recuerdo se me desfigura / en un amargo nido de gusanos.
Pasados ya los males que me hiciste / y los males que yo te hice, debía / ser el recuerdo de tu amor más triste.
Oda y elegía.
Miro hacia atrás... Tu boca perfumada / y tu pelo de oro y la tibieza / que ardía en el azul de tu mirada.
Ibid.

¡Ningunos estuvieron más cercanos / en la entrega total! ¡Ningunos fueron / como tú y yo, más íntimos y humanos!
Ibid.


PEÑA GUTIÉRREZ, Isaías (1943)

Podrá tomar el lector todos los elementos necesarios para llegar a configurar fácilmente la real existencia de ese grupo contemporáneo de escritores colombianos que muchos aún no quieren ver, quizá por razones de "bloqueo" o de "estado de sitio".
La generación del bloqueo y del estado de sitio.


PEÑARANDA, José María

Se va el caimán, se va el caimán, se va para Barranquilla.
El caimán.  Lo que come ese caimán, es cosa de admiración.
Ibid.


PEPÓN (José María López, Popayán, 1939)

El pintor es un caricaturista que no ha logrado liberarse de complejos de color, volumen y técnica.
Cit. por Germán Espinosa, El Tiempo, 1967.


PERDOMO, Monseñor Ismael (Gigante, 1872 - Bogotá, 1950)

Papa comunícame es voluntad suya obispos colombianos obtengan unión católica y mándanos apoyar Valencia.
Telegrama a los jerarcas de la Iglesia colombiana, 1929.
Tengo por ilícito el juramento que hizo la Convención Departamental. Este juramento, en los términos en que está concebido, no obliga, por ser cosa ilícita.
Respuesta a la consulta que le elevaron algunos jerarcas conservadores ante la declaración que incitaba a dar muerte a algunos candidatos liberales, 1939. 
El señor López de Mesa sostuvo las ya anticuadas hipótesis que tratan de explicar el origen del hombre mediante un falso evolucionismo, en abierta oposición con las enseñanzas católicas sobre la materia.
A Germán Arciniegas, ministro de educación, III, 1946.


PÉREZ, Felipe (Sotaquirá, 1836 - Bogotá, 1891)

Ya no embellecerán nuestras páginas la dulce poesía de las soledades, la voz armoniosa del indio acompañada del canto de las aves a la orilla del lago natío.
Los Pizarros, 1857. 
El hombre gastado por el transcurso de los años y el abuso de una civilización distinta de la americana, ha perdido el encanto de sus costumbres primitivas.
Ibid.

La bella, la inocente América, patrimonio del hombre primitivo.
Ibid.

Una virgen salvaje y un guerrero cristiano, juntados por la mano misteriosa del destino bajo los palmares americanos para efectuar por medio de los secretos del amor la alianza de dos mundos desconocidos, y la mezcla de la sangre de dos razas opuestas.
Ibid.

Ya todo eso [la colonización con sus errores] pasó, y nosotros debemos, si no veneración, por lo menos aprecio a la sangre que calienta nuestras venas, a la religión que funda nuestras esperanzas, al idioma en que cantan nuestros poetas y nos juran amor nuestras mujeres.
Ibid.

Agitada la flor, mortíferas las brisas, en donde, ¿en dónde está, Gonzalo, el hemisferio predilecto de Dios, del sol querido?
Ibid.

-Que os responda la turba mercenaria que desgarró sus velos cristalinos, que marchitó sus valles y sus flores, hizo su bosque hogueras.
Que os respondan los mil usurpadores.
Ibid.

Un cielo siempre azul y hermoso, profundo y limpio como todo cielo de las regiones altas, se desata encima del paisaje como la cúpula de un gran pabellón, y allá, en lontananza, percíbense desde la altura las últimas palmas de la ribera, contra cuyos troncos bate un mar desierto e inmenso sus primeras olas, rey de una soledad imponente y no turbada sino por el ruido de las aguas, el aleteo de los pájaros y el andar de los reptiles sobre la hojarasca de las simas.
Ibid.

No era una mujer la que esperaba, porque la belleza de Azucena era superior a la belleza de la mujer. Era más bien una dríada antigua en su lecho de flores.
Ibid.

Unión romántica de la ninfa selvática de América con el caballero europeo de la edad media. Ella divina, mórbida, seductora, respirando aromas, languidecida de voluptuosidad; y él elegante, marcial, cortesano y feliz.
Ibid.

Nací princesa; mi cuna / Fue de junco y abanzay; / Prestole su luz la luna, / Su caracol la laguna, / Sus arrullos el Sangay.
Jilma, 1858.
Y entre palacios de caña. A orillas del Guayaquil, / Que aromos y chontas baña, / Como rosa en la montaña / Crecí lozana y gentil.
Ibid.

No es justo que nuestros poetas continúen viviendo como la flor en los desiertos, "melancólicos y siempre retirados".
Biblioteca de Señoritas, 1858. 
Nuestros bosques y nuestras fuentes también están cuajados de divinidades como los de los antiguos.
Ibid.

Más civilizados que los griegos y que los latinos, nosotros no haremos de la hermosura desenvuelta ni del valor salvaje, el tema de nuestras inspiraciones.
Ibid.

Los Teseos y los Edipos, vencedores de monstruos, son más pequeños a nuestros ojos, que Bolívar sobre el Chimborazo, Ricaurte en San Mateo y Sucre coronándose con el laurel de cinco naciones en el rincón de los muertos.
Ibid.

Yo no sé si nacería poeta por mi inteligencia, pero sí siento que lo soy por mi corazón.
Versos, 1866. 
Revelan tantas cosas ¡oh! tus ojos, / que en vez de una mujer, un universo / yo encuentro en ti, y en él / me pierdo absorto.
Ibid.

El sol no tenía oriente ni ocaso, rodaba por un horizonte de sangre, lágrimas y oprobios. (Acerca de la colonización española),
Los gigantes, 1875. 
La abyección por patriotismo y el látigo por gobierno.
Ibid.

Nada hay más contagioso que el espíritu de libertad; y en el Nuevo Mundo esta palabra está escrita en las montañas, en los ríos, en los valles, en las sabanas y en los volcanes. El Niágara y el Tequendama la cantan noche y día con lo horrísono de su voz. El cóndor la pregona al cubrir al sol con sus alas, y la serpiente la saluda con sus silbidos.
Ibid.

América, país nuevo, país grandioso, país original, Chateaubriand sólo te cobijó con una mirada: tú necesitas de cien poetas y de un siglo de estudio.
Ibid.

Un mes después no hay llanos: no hay más que un mar, donde flota uno que otro banco o médano... Mar, en fin, sin ondas ni ruido; mar sin tempestades, mar tranquilo, mar cuyas islas son de follaje y de flores, pero levantado por la mano de la naturaleza sobre montones de cadáveres.
Ibid.

Esta vorágine, este diluvio, este cristal líquido y amenazante se lo traga todo.
Ibid.

Mas, cuando fui a cogerlas, / sólo hallé las espinas erizadas / de tu desdén... sus perlas / no eran las blancas gotas de la aurora, / sino mis propias lágrimas, señora. Monostrofe Mi historia es como la de todo el mundo, zozobras primero, esperanzas después y realidades incompletas por último.
El caballero de Rauzán, 1887.
La vida del hombre es como el océano, que no conserva nada de lo que altera su superficie. Cada día es una ola, que borra la ola anterior.
Ibid.

Discrepamos en nombres y en fechas, en nuestra ración de placer y dolor; pero en conjunto somos el mismo polvo.
Ibid.

Los seres más felices son quizás los más estúpidos y los desheredados por completo.
Ibid.

El oro en unos, el talento en otros, la belleza, la sabiduría y hasta la fortuna en muchos, son crueles ironías.
Ibid.

¡Ay! lejana, fresca, dulce, rica, hospitalaria tierra de los muiscas.
Episodios de un viaje, 1946. 
Pensaba en la felicidad nativa de los americanos, viviendo en sus palacios. Pensé en las crueldades de la Península, la fiereza de ese monstruo que llaman la Conquista.
Ibid.

La he vuelto a ver y con el suyo amante / ha latido al compás mi corazón... / La he vuelto a ver, sus ojos a mis ojos / lanzaron rayos de infinito amor...
Cit. por Alvaro Salom Becerra, Cómo era un noviazgo hace medio siglo, 1977.


PÉREZ, Lázaro María

Por el páramo de Pisba / Cruzan legiones armadas, / Que, más que soldados, sombras / Semejan entre la escarcha.
Las del pantano de Vargas, 1883. 
Hay en los grandes conflictos, / Como en las grandes desgracias, / Arbitrios extraordinarios / De una remota esperanza...
Ibid.


PÉREZ, Santiago (Zipaquirá, 1830 - París, 1900)

Uno debe tener hijos de los que se hable mucho, e hijas de las que no se hable nada.
Cit. por Eduardo Caballero Calderón. 
La instrucción, la moralidad y la riqueza son los factores de la república.
Discurso de posesión, 1873. 
¡Aquí no se viene a discutir sino a firmar!
Al general Wilches, quien pretendió discutir una decisión presidencial, 7, II, 1875. 
La interceptación ordenada por el señor Mosquera es la burla de la constitución nacional, constitución reemplazada por el capricho de un hombre. Las luchas armadas no han curado entre nosotros ningún mal, y la prueba de ello es que, después de tantas de ellas, coronadas muchas veces con triunfos liberales, hoy, en cuanto a derechos políticos y a libertades públicas, la situación de Colombia es inferior a la que tenía, como colonia, en 1810.
El Relator, 1893.
Fases sucesivas de progreso, repartidas como porciones de una misma obra entre las subsiguientes generaciones de una misma patria.
Cit. por Alfonso López Pumarejo en el célebre discurso del Hotel Granada, 1941.


PÉREZ TRIANA, Santiago (Bogotá, 1858 - Londres, 1916)

-Buenos días, arroyuelo, dijo Sonny.
-Buenos días, Sonny, le contestó el arroyuelo.
Cuentos a Sonny, El arroyuelo. 
Donde el agua corre hay un mundo invisible que puebla cada una de las burbujas de su espuma irisada.
Ibid.

Agua, agua, ¡oh, qué placer!
Ibid.

En lo social uno debe pecar más bien por carta de más que por carta de menos.
Ibid., De cómo la familia Chimp vino a la ciudad.
Si los bípedos llamados hombres se detuviesen a meditar sobre el asunto, debieran dolerse a la continua de haber perdido un aditamento tan útil como la cola.
Ibid.

Según sabemos todos, el monstruo ojiverde de los celos no vuelve a dormir una vez que se ha despertado, y se convierte, per sécula, en cruz y tormento de los desventurados a quienes ha mordido.
Ibid.

El arte de la vida después de todo se reduce, así en la ciudad como en el bosque, a saber guardar el equilibrio y salir airoso de los malos pasos.
Ibid.

Los enlaces de los Chimp con individuos de nuestra alta sociedad, durante mucho tiempo, durante muchas generaciones, tal vez explique por qué hallamos tan a menudo gentes que tienen todos los rasgos físicos y mentales que distinguen a la raza pura de los Chimp.
Ibid.

Vivía en el supremo goce del momento presente, bello ideal de la dicha perfecta, conturbada siempre por el recuerdo o el augurio; compensación acaso de la Providencia a los seres sin alma, por la inmortalidad que les fue negada.
Ibid., La clueca y las palomas.  De toda moral establecida, hinchada con la convicción de poseer la verdad definitiva, surge necesariamente, como escudo protector, una celosa intolerancia, erizada de defensa, esencial para la conservación del orden y del bien públicos.
Ibid.

El señor de León se mostraba obsequioso con todo el mundo y dejaba caer aquí y allí frases y miradas cariñosas, que habían de ser escogidas y guardadas como oro en paño, por los afortunados a quienes se dirigían.
Una tertulia
Dicen, dicen que es digna tu hermosura / de la púrpura, el cetro y la diadema; / dicen que es tu alma virginal y pura, / que todo tu vivir es un poema.
A una desconocida.
Soldado, di la vida en la pelea, / combatí en todo sol y en todo clima.
Ibid.

Hay sepulcros que guardan mis secretos, / altares hay que guardan mis deidades.
Ibid.

La ciencia del dolor ya me ha enseñado / a seguir del destino el derrotero; / ¡sólo saben vivir los que han llorado!
Ibid.


PERRY, Edmundo (Bogotá, 1945)

Tendríamos que ser expertos en esa clase / de energía que brota de una sonrisa bien hecha...
Circuito cerrado, 1984. 
Realmente Otálora no se puede comparar / con nadie / como no sea con Don Quijote matando / a Rocinante por flaco.
Ibid.


PETRO, Noel (n. en Ovejas, Sucre)

¡Mamá, estoy triunfando!


PICIO (Enrique Fernández de Soto, n. en Buga)

Carmencita la bonita / es muchacha muy falaz, / porque siempre Carmen-cita / pero no cumple jamás.
¡Qué suerte la de Pioquinto! / Tomaba un café excelente, / cuando murió de repente / pasando de tinto a ex-tinto.
Del Olympia en el portal / un borracho trasbocó; / y al mirarlo el policial / le dijo:
¡Lo he visto yo! / O-limpia...
¡O a la Central!
Las aguas que da esta tierra / sanan las enfermedades / y son como Pepe Sierra: / tienen muchas propiedades. En Usiacurí.
De la torre, en la veleta, / colgaron a Calderón; / mas hizo un gran ventarrón / y se vinieron de jeta / De la Torre y Calderón. ¡Allá va Romero / en un ataúd. / En su juventud / gastó su salud / por tener dinero. / Y en su senectud / gastó su dinero / por tener salud. / Y ya sin dinero, / y ya sin salud, / ¡allá va Romero / en un ataúd! Con la jetona Sofía / se casó el doctor Urueta; / él trabaja todo el día, / y por la noche... ve-geta.
Al Jetón Ferro Del Corpus en la festividad / con la divina Inés Moncó / toda la noche bailó Abad. /
-¿Y su cuerpo cómo quedó? /
-Unido a la divinidad.


PICOTA, La

La dinamita, una poción o un puñal y una firme mano que los sepa manejar.
Mensaje al populacho para eliminar el presidente del Estado de Santander, 1882, cit. por Otero Muñoz.


PIEDRAHITA PACHECO, Alberto

La esperanza es el sueño de los que están despiertos.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II, 1993.


PIMIENTA, Juan Díaz de

|Escepticismo: No hay mujer virtuosa ni hombre grande. El corazón humano está dominado por el egoísmo.


PINILLA, Augusto

Proponer lo que me parece que valdría la pena hacer posible por imposible que parezca.
Hizo correr el agua por la tierra / como un poeta hace correr el fuego / por sus viejos poemas.
El diluvio
Pero hubo uno / -un hombre o un poema- / y viendo que era bueno / lo preservó en el arca / para empezar de nuevo, / como un viejo poeta / que no logró librarse de su invento.
Ibid.

Lo que más me asombra en este lado / es sentir que te vuelves cada vez más eterna / mientras de mí se borran / tu calor / y tu voz.
En memoria.


PISCO, Ambrosio

Ambrosio Pisco, señor de Chía y Cacique de Bogotá.
Firma, Proceso de Ambrosio Pisco, 1781.


PIZARRO LEÓN-GÓMEZ, Carlos

Hagamos un esfuerzo profundo en este momento estrella de la vida nacional para poder fabricar un país distinto al que hemos padecido en el pasado para de verdad darle una Carta a la nación, que nos sirva para poder navegar en las aguas desconocidas del siglo XXI.
Cit. por Vera Grave en ¿En qué momento se jodió Colombia?, 1990.


PLAZA, José Antonio de (1809 - 1854)

En su andar gracioso descubría un pie pequeño y rollizo que más parecía un lujo poético de la naturaleza que la parte del cuerpo destinada a servir de base.
El oidor; romance del siglo XVI, 1850. 
La historia literaria de este país hasta 1800 no presenta un solo rasgo característico nacional ni un sabio de quien gloriarnos.
Historia de la Nueva Granada desde la conquista hasta 1810.


POLO VALENCIA, Juancho (Fundación, m. en 1978)

Como Dios en la tierra no tiene amigos / como uno no tiene amigos anda en el aire.
Alicia adorada (paseo)
Se murió mi compañera que tristeza / Alicia mi compañera que dolor / Y solamente a Valencia ay ombe / el guayabo le dejó.
Ibid.

Ay pobre mi Alicia, Alicia adorada / yo te recuerdo en todas mis parrandas / pobre mi Alicia, Alicia querida / yo te recordaré toda la vida.
Ibid.

Dondequiera que uno muere ay ombe / toa' las tierras son benditas.
Ibid.

Lucero espiritual / más alto que el horizonte. Lucero espiritual Jesús Cristo con San Juan / por la tierra caminando: / remedio andaban buscando / para los hijos de Adán. Las aguas del río Jordán / cosa que nunca se ha visto, / Cristo bautizó a San Juan, / San Juan bautizaba a Cristo.


POMBO, Jorge (1857-1912) (v. también CÁSTOR Y PÓLUX)

El Gobierno no hizo mal / con Perdomo al ascenderlo, / pues no sobra un General / donde es general el serlo. A fuerza de ejemplar perseverancia / logré acopiar, no obstante mi indigencia, / selectos frutos de la humana ciencia / que colman y engalanan mi existencia. Bibliomanía.
De un balazo en el testuz / y entre las godas legiones, / murió un hijo de Jesús. / Como aquél murió en la Cruz / y también entre ladrones.
(Se trata de un jesuíta muerto en el combate del cerro de la Cruz, letrilla atrib. a Pombo).
-Es preferible que la dicte usted, General, porque es mejor dictador que yo.
(Respuesta al general Rafael Reyes, cuando le pidió que dictara una orden para dar un puesto por una recomendación)
Don Blas Rojas Amador / me contaba sus congojas / y hablaba de este tenor: /
-"Siendo yo conservador, todas mis hijas son Rojas"...
Un día Pepe Bartola / se baña con Lola sola / y se alejan de la playa... / Ola, ola, ola... / Vaya... vaya... vaya.
Aquí yace una mujer / que tomó con tal placer / los oficios cocineros / y tánto quiso estos bretes, / que vivió haciendo piquetes / y murió haciendo... pucheros.
Los rojos en sus bravuras / tragan manjares muy ricos: / al almuerzo comen curas / y en la cena, dominicos.
De luto tan riguroso / está Pepe por su suegra, / que sólo encuentra reposo / tomando cerveza negra.
Mi compadre Juan Cancino, / que está pobre y es muy bruto, / se encontraba irresoluto / sobre elección de destino. / Hoy a consultarme vino / y este consejo le he dado: /
-"Ya que te encuantras baldado, / pobre, cojo, inútil, viejo / y en estado de consejo, / ¡vete al Consejo de Estado!
El Ministro de... no sé, / juega tresillo conmigo; / y al decirle:
-Robe, amigo, / me contesta:
-¡Ya robé!
Hay dos pueblos en Colombia / de raros nombres, lo sé: / se escribe el uno sin-u / se escribe el otro sin-ce.
Una ranga desnucó/ al hijo de Pepa Lazo / y Abel Acosta. Lo vio / un repórter, y apuntó / este suelto: "Ah Costa-Lazo".
Desairado un tenor en sus amores / dióse muerte estúpida, ipso facto; / un acto primo fue, caros lectores. / Pero raro, pues siempre los tenores / se matan al final del último acto.
-Si sigues con ese afán / en la crápula y el vicio, / tus días se acortarán... / No lo olvides y... más juicio. / Oyendo tales reproches / respondíle sin falsías: /
-Padre: si acorto mis días / en cambio... alargo mis noches.
Yo quiero que tu quieras / que yo te quiera / como querría quererte / si me quisieras; / y aunque no quieras, / te querré porque quiero / que tú me quieras.
De la cartera.
En parte de las partes / que tú repartes, / ví que partes muy pronto / para otras partes. / Yo quedo aparte; / mas si partes, me partes / de parte a parte.
Ibid.

Le pregunté a Luisa Ugarte: / ¿Cuál es tu astro preferido? / Y me contestó: -Querido, / yo siempre prefiero a-Marte.
Ibid.

Aunque lo juzgues bobada, / te juro que verdad es / que en Colombia, niña amada, / la planta más cultivada / es la planta... de los pies.
Ibid.

A Petra Rita Segura / su primer nombre le irrita. / Por eso en abreviatura / se firma siempre: P. Rita.
Ibid.

Es que usted da alas, mi señora. Respuesta a una dama que le había ofrecido un ala de pollo y que se quejaba porque le habían tocado las piernas,
cit. por José Vicente Ortega Ricaurte, La Gruta Simbólica: reminiscencias del ingenio y la bohemia.


POMBO, José Ignacio de

Todo buen americano debe amar a vuesa merced porque vuesa merced es el primer europeo que ama a América y a sus hijos.
A José Celestino Mutis.