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Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas
Letra M
MAC DOUALL, Roberto (Bogotá, 1850 - 1921)
Abandonas tu hogar, modesto asilo / apartado y tranquilo, /
donde corrieron tus primeros años; / jardín donde la flor de tu
inocencia / derramaba el tesoro de su esencia / lejos de mundanales
desengaños.
A mi hermana Elena. Vas a tender el atrevido vuelo / en busca de otro cielo / que con
sus esplendores te convida; / tiendes, paloma cándida, las alas, /
tu último arrullo en este albergue exhalas / al empezar el vuelo de
la vida.
Ibid.
No tuvimos tesoros ni opulencia, / mas tuvimos la paz de la
conciencia, / fuente de dicha sempiterna y pura.
Ibid.
Lleno de ardor y de saña / Se lanza con sus legiones / Y recoge,
hecha girones, / La altiva insignia de España.
Bárbula, 1883. Hubo en la Recaudación / un ave de mala pluma, / que nada sabíde
suma / pero sí de sustracción. A un muchacho pervertido / su padre
una vez decí: / "Ten juicio, mi hijo querido". / Y el muchacho se
reí. / "Yo por daños y perjuicios / -exclamó el mozo infernal- /
tengo pendientes dos juicios, / fuera del juicio final".
(Atrib. también a Pacho Carrasquilla). Porque se perdió un cañón / en el cuartel de los zuavos, / hay
tres cabos en cordón, / pues dicen que atando cabos / podrán dar
con el ladrón. La señora Nicolasa / no ha podido comprender, / por
su inteligencia escasa, / que el que por poder se casa, / se casa
por no poder. El curandero Morales, / -que tú de médico tienes- /
en vez de sacar los males / lo que saca son los bienes... Sin que
me desacredite / yo saludo a un usurero / quitándome mi sombrero /
antes de que él me lo quite.
(Atrib. también a Pacho Carrasquilla). El coronel Anacleto, / antioqueño de remate, / le dijo al sargento
Prieto / al empezar el combate: / -¡Tóme un fuerte para-peto!
Ibid.
MADRID MALO, Néstor (Barranquilla, 1918 - Bogotá, 1989)
Qué lucha sin cesar tú y yo libramos / hasta quedar los dos bien
malheridos, / y no hubo vencedores ni vencidos / porque fue guerra
que los dos ganamos. Por fin, amor. Y si de nuevo a próximos
combates / la vida nos induce, a tus embates / tal vez ya no
resista, amor triunfante!
Ibid.
MALLARINO, Gonzalo
Blancas las manos, limpias y delgadas / para el frío silencio
del diamante / y el perfume olvidado de la rosa. / Aguda y fina la
boca, brillante / como una mariposa plateada / la mirada mojada por
la lluvia.
Retrato, 1988.
MALLARINO, Víctor
Noche. Bogotá, altiva e indolente / reclina la cabeza suavemente
/ en la empinada y tosca cordillera, / y en la sombra propicia y
oportuna / un rayo tembloroso de la luna / envuelve en lumbre la
ciudad entera.
Pregones de Bogotá.
MANRIQUE ARDILA, Jaime (Barranquilla, 1949)
Ciertamente las cosas sin ti / son cada vez más complicadas, /
cuando tú no me llamas, / y tus cartas no llegan; / cuando me
despierto en la noche / y encuentro media cama desierta. / Hace
quince días no sé nada de ti.
Carta abierta (Mayo). Monserrate, cuya torre alumbrada flotaba en el crepúsculo como una
nave espacial a punto de aterrizar.
Oro colombiano, 1985. Esto no es un país -es una finca grande con algunas comodidades. En
un país de verdad si estás aburrido puedes ir a ver un museo que
tenga por lo menos un Picasso.
Ibid.
Martes, soñé toda la noche contigo, / tu mano sosteniendo la mía,
tu cuerpo / alimentándome como una naranja. Y yo no trato / de
recuperar la belleza del río / sino lo que sentí en ese
momento.
Contemplando un paisaje de Frederic Church.
MAR, José
El derecho civil, este frío resumen de la humana prudencia,
nació cuando a la perversidad de los hombres no le fueron
suficientes los moldes sencillos de la Equidad.
Con mi código viejo, 1923. El código civil es tan candoroso, tan ingenuo, tan pueril, que
presume la buena fe de los hombres en todos sus contratos.
Ibid.
Creemos nosotros que en cada forma social o tipo de economía van
creando los gérmenes que acaban por destruirlo... aunque cuando la
nueva forma surge parece destinada a la eternidad.
Discurso ante la Cámara, VIII, 1933. No hacemos más que decir que somos distintos, y sin embargo, no
hemos anotado aún por qué somos distintos.
Cit. por Alberto Lleras.
MAREL, Jorge (Jorge Hernández Gámez) (Sincelejo, 1946)
Si fuera el mar, habría en mí / pájaros y barcos, / y verdes
palmeras, / y dátiles dorados. / Y habría también, si fuera el mar, /
músicas y cantos, / y espumas y olas, / y reflejos de astros. / Si
fuera el mar, / pero soy apenas, / este desierto desolado.
Si fuera el mar. La poesía/ barca en que navego / caracola donde el mar resuena /
palmera o sombra / de mis sueños / dátil que me nutre/ fogata /
iluminándome en la noche/ arena donde hundo mis raíces / y también
/ marejada en que naufrago / isla de mi exilio / fragor de oleaje
/ donde mi voz se pierde...
La poesía.
Ebrio, en un río, / una noche / se bebió la muerte / en el
cáliz plateado de la luna. Epitafio para el poeta Li Po. Una palabra hay sobre la tierra / Una palabra existe bajo el sol /
Esa palabra no es otra que Amor / Amor / Sencillamente Amor.
Una palabra, 1988. El poeta está solo, / solo como Dios / en mitad de la nada.
Caos del mundo, 1994.
MARÍA DE LAS ESTRELLAS
Después salen todos trabados / a gritarle a los hippies: / ¡Marihuaneeeros!
Esquina. Hasta mañana papacito / que sueñes con la bandera de
Colombia.
Noche. La magia es la gasolina de la poesía. Un hongo está en la luna - Y
cuando resucite - ya puedo leer la Biblia.
El mago en la mesa, 1975. ¿Cómo se pueden resucitar los mares? - Se pueden resucitar -
comiendo naranja piña mora fresa.
Ibid.
La fantasía corre por las venas del mundo / que son los ríos
uniformes de la juventud. La emperatriz empedernida.
La fantasía corre
por la pista de oro de lo maravilloso que es la alfombra que pisan
los caballos de las emperatrices empedernidas.
Ibid.
MARÍN, Alvaro (Manzanares, Cal., 1958)
Ojalá algún día la filosofía llegara a tener, para la vida, la misma
importancia que tiene la fotosíntesis.
El rigor olfativo, El Espectador, 27, II, 1994. La erudición es casi siempre una manera de manifestarse la
impotencia imaginativa.
El mar o la muralla, El Espectador, 23, II, 1997.
MÁRQUEZ CRISTO, Gonzalo
Llega el instante en que estamos vestidos de palabras.
Ritual de títeres, 1992. El arte es la única venganza del hombre contra el tiempo.
Ibid.
Ya no necesitamos filósofos sino estrategas del espíritu.
Ibid.
El dolor dejó de ser literatura.
Ibid.
La vida es un relato contado por Heráclito.
Ibid.
Todas las fuentes son invisibles.
Ibid.
Detrás del lenguaje se trata de esconder la palabra.
Ibid.
El amor es la condena de quienes no saben vivir.
Ibid.
MÁRQUEZ, José Ignacio de (Ramiriquí, 1793 - Bogotá, 1880)
Habrá más riqueza, aunque no haya más lujo.
Memorial acerca del proteccionismo, 1831. La antigüedad y la costumbre tienen gran influencia en los
impuestos, que no pueden variarse sino preparando muy de antemano
las reformas.
Ibid.
Miro como uno de mis primeros deberes dirigirme a vos
manifestándoos la urgente necesidad de que vengáis sin dilación a
encargaros del mando.
Correspondencia, a Santander, tras haber asumido la presidencia en
calidad de vicepresidente encargado, 12, III, 1832. Sois vos sin duda el que reuniendo los votos de todos los
granadinos estáis destinado por el cielo para acabar de restablecer
el orden, consolidar la paz y afianzar el imperio de la ley.
Ibid.
La patria os llama... Vuestra venida hará cesar los males y fijará
la época preciosa de los bienes para la patria.
Ibid.
Nada omitiré para que las leyes sean ejecutadas con imparcialidad,
el orden público conservado, la educación difundida, las rentas
bien administradas, la Iglesia protegida, el mérito premiado, los
tratos cumplidos, las relaciones internacionales cultivadas, las
exigencias públicas satisfechas y respetadas positivamente las
garantías sociales y los derechos del individuo.
Al asumir la presidencia, 1, IV, 1837. Tenemos abundancia de letrados y de médicos que se aumentan de
día en día, pero carecemos de suficiente número de hombres instruídos
en las ciencias exactas y artes mecánicas, en la química,
mineralogía, botánica y agricultura, sin las cuales no podrá
desenvolverse del todo los gérmenes de prosperidad que encierran
las diversas provincias del estado.
1839, cit. por Oscar Fresnede y Jairo Duarte, Elementos para la historia de la educación en Colombia, 1984. Hago presente a los estudiantes que les es prohibido asistir a las
sociedades políticas, cualquiera que sea su denominación.
(Como rector del Colegio de San Bartolomé), h. 1849. Simple ciudadano, la Nación no podía
ver en mí, para hacerme por
tantos años (casi cuarenta) depositario de su alta confianza, sino
mi acrisolada probidad, mi consagración absoluta al desempeño de
mis deberes, sin faltar a ellos por respetos humanos, aunque
perdiera al amigo o me granjeara enemistades.
Mensaje final a los colombianos. Jamás me separé por malicia del sendero que me trazara la ley, de
acuerdo con el interés público, sin tener nunca en mira los propios
medros, sin arredrarme las censuras, buscando el modo de servir así
mejor a mi patria.
Ibid.
MARTÁN GÓNGORA, Helcías (Guapi, 1920 - 1984)
Rosa carnal / definitiva, / lumbre final / en la vigilia.
Canción mínima. Fluye hacia ti / toda mi vida, / ola sin fin / por tus
colinas.
Ibid.
Delta interior, / única isla, / mi corazón / es tu bahía.
Ibid.
¡Oh litoral / sin lejanías! / Yo soy el mar / que te limita.
Ibid.
Y de la sed / y las cenizas / vuelva a nacer / la poesía.
Ibid.
Hundo en ti mis raíces, / casi un árbol de fuego, / y una savia de
luz se precipita / por todas mis arterias.
Casi un árbol Tuyas son mis raíces, / surco de amor, parcela / del
bosque del deseo.
Ibid.
Crezco sobre la tierra / de tu cuerpo extendido / en la orilla del
sueño.
Ibid.
Puede morir el tiempo. / ¡Nunca terminará la primavera!
Ibid.
Las algas marineras y los peces / testigos son de que escribí en la
arena / tu bienamado nombre muchas veces.
Declaración de amor. Testigos las palmeras litorales, / porque en sus verdes troncos
melodiosos / grabó mi amor tus claras iniciales.
Ibid.
Testigos son la luna y los luceros / que me enseñaron a esculpir tu
nombre / sobre la proa azul de los veleros.
Ibid.
Sabe mi amor la página de altura / de la gaviota en cuyas grises
alas / definía con suspiros tu hermosura.
Ibid.
Y los cielos del sur que fueron míos. / Y las islas del Sur donde a
buscarte / arribaba mi voz en los navíos.
Ibid.
Tú sola de la mar, niña a quien llamo: / ola por el naufragio de
mis besos, / puerto de amor, no sabes que te amo.
Ibid.
Para que tú lo sepas yo lo digo / ¡y pongo al mar inmenso por
testigo!
Ibid.
He de pagar con mi cuota de lágrimas / este reino interior, como se
paga / la luz de cada día con las sombras.
Las batallas.
Tengo que
rescatar tus manos / de la red de otras manos. / Ganar tu boca,
después de haber cruzado / un territorio de naufragios.
Ibid.
Todo en amor se tasa en agonía.
Ibid.
Casa de amor es necesario levantarla / de las propias cenizas
funerarias. / Bosque de amor hay que sembrarlo siempre / porque el
olvido leñador lo tala.
Ibid.
Ciudad de amor hay que fundarla / a orillas de la sangre, /
reconstruírla sobre el alma. / Pozo de amor hay que cavarlo siempre
/ hasta encontrar el agua.
Ibid.
Porque el amor no es solamente el rito / de las sombras perdidas,
que se hallan / en el amor. Es la interior batalla / que el hombre
libra a cada instante. / Victoria sin derrota, / guerra sin tregua
concertada.
Ibid.
Eres el paraíso que comienza en la fruta. / Paisaje con tus ojos
que hacen el mediodía.
Mujer negra.
Eres la primavera que se muere de aromas. / Constelación de luto,
mariposa de llamas. / La rosa del poema sostiene tu hermosura /
porque en tu vientre azul comienzan las crisálidas.
Ibid.
Río en la sombra, / orilla del deseo. Río en la sombra.
¡Ah,
naufragio / de la luz en el éxtasis / El mundo con sus valles / se
resume en tu cuerpo / al fin de las tinieblas.
Ibid.
Voy hacia ti por mínimas colinas, / de retorno a las flores y a las
frutas, / fugitivo del sueño y de la muerte. Estos campos sagrados
que me ofreces / cuando miro en la noche los collados / quedan en
mi recuerdo iluminados / con olivos de luna y con cipreses.
A
España.
Coronada de tiempo / y de luz propia / tu cabeza, ¡Galán!, /
es principio y verdad / de nuestra historia. Cabeza a Galán.
Mamotreto o selección, es el dilema.
El Antipombo, 198...
Las reglas del juego no existen frente a la indefensión post mortem
del artista, que no tuvo ni tiempo ni cautela para confiar al fuego
sus obras imperfectas o incompletas.
Ibid.
Para el hombre contemporáneo, súbdito de las metrópolis, el tiempo
más que oro es sangre, carne, músculos, nervios y huesos.
Ibid.
En poesía también es lícito hablar de la selección de las
especies.
Ibid.
El nieto de Rana, Rinrín Renacuajo / vivió en Disneylandia, dialogó
en inglés, / emuló en destreza, compitió a destajo / con el hombre
rana, zarpó con el pez.
Esopo 200.
Homenaje a Rafael Pombo. Sus viajes continuos, la estéril vagancia / el turista sólo
concluyó en París, / donde un cocinero famoso de Francia / adobó
sus ancas junto a una perdiz.
Ibid.
MARTÍN, Carlos (Boyacá, 1914)
Por las puertas abiertas de ese libro el tiempo pasa de
puntillas.
Cit. por Eduardo Carranza. Vuelvo los ojos a la breve historia / que alimenta mi sueño
todavía, / torre en la niebla de la lejanía/ que contemplo entre
ruinas ilusoria.
Breve historia. No es justo que sustente la memoria / tan débilmente lo que fuera
un día/ tanta furia de amor, tanta alegría/ hoy convertida en polvo y
en escoria.
Ibid.
Eras niña de nardo y luna fría/ tendida, matinal, cerca al deseo /
donde -sangre y canción- mi sed ardía.
Eras niña de nardo. Concha en ola sin mar, aún te veo / como desnuda rosa transparente
/ detenida y mecida en su aleteo.
Ibid.
Donde el dolor a la ternura iguala / y el amor como un niño se
desliza / -pétalo sin raíz, vuelo sin ala-
Ibid.
Por el cauce del alma a la sonrisa / por el sendero del suspiro al
llanto / sobre los blancos hombros de la brisa / es verdadero el
corazón del canto.
Ibid.
Hoy me quito los gritos y los huesos / para hacer un montón cerca
del fuego / y arderlos todos a merced del viento.
Hoy. Labriego de
regreso de la vida / Sin otro haber que surcos de recuerdos.
La tarde no termina. Y algunos barcos lentamente blancos / Y algunos barcos blancamente
lentos / En las aguas limítrofes del sueño.
Ibid.
La tarde no termina sin ese resplandor / De un alba perdurable en
la memoria, / En aquella ventana clausurada / Por el olvido y por
la muerte.
Ibid.
La tarde no termina sin que la herida se abra / Como pozo sin
fondo / Donde se mira el hombre entre las nubes, / Perplejo, en
engañoso camino hacia la nada.
Ibid.
Arregla los papeles. Es ya tiempo. No temas / al rigor del
invierno. Aún hay fuego. Arde / un rescoldo de amor y al fulgor de
la tarde / nacen aún los besos, los poemas.
Otoño.
Después de todo,
mira, no importa hemos vivido / al borde cotidiano del asombro, /
una mirada basta, la voz con que te nombro / basta para olvidar la
muerte y el olvido.
Ibid.
¿Para qué regresar en busca de la aldea / natal? El tiempo pasa. Si
abres la ventana / de nuevo nace el mundo. Déjame que te vea / a la
orilla del alma, real, mía, cercana.
Ibid.
Somos hambre, penumbra, testimonio de seres, / nada nos pertenece,
somos rumor profundo / del prodigio que pasa. Escúchame, no esperes
/ nada más.
Mira. Ama.
Despídete del mundo.
Ibid.
Enciende sus miradas como llamas, / me acarician sus llamas como
manos, / deja caer sus manos como lluvias / y me besan sus lluvias
como labios.
Presencia. Me cantan esos labios como el mar, / cultiva ese mar como amapolas
/ y desliza amapolas como ríos / y despierta los ríos como
alondras.
Ibid.
Inclinada a la orilla de la muerte, / como rosa desnuda sobre el
tiempo, / su presencia es la gloria de la aurora / en la torre del
sueño y las campanas.
Ibid.
MARTÍNEZ MUTIS, Aurelio (1884 - 1954)
Hijos son de los famosos bucaneros / son los imperialistas:
herederos / de William Walker, el audaz bandido, / maestro insigne
de estupendos robos...
Epopeya del cóndor, 1911. Ellos, los nuevos bárbaros (Sobre los Estados
Unidos).
Ibid.
Jamás podrán vestir con la librea / con que viste el lacayo y el
eunuco / los que fueron leones de la idea.
Ibid.
Hay una fértil y ancha colina / en un recodo del Magdalena / cuyos
perfiles se desdibujan / entre los ramos de las palmeras.
Balada de las golondrinas. A veces fingen notas de música / cuando se posan sobre las cuerdas
/ de los bejucos entrelazados...
Ibid.
y se dijera / que están leyendo las golondrinas / los telegramas
de las estrellas...
Ibid.
Riñón fuí de un roble gigante / nacido en edad primitiva.
El
órgano.
Fina golondrina / que estás enlutada / por causas ignotas
que nadie adivina: / también va mi alma de blanco y de negro / y es
como vosotras, también peregrina.
Golondrina viajera. Sé que es el dolor lo único grande / que hay en medio del barro de
la vida.
Después de la despedida.
Lloras; y en tanto que el silencio
crece, / ¡yo me pongo a mirar cómo anochece / en tu mirada luminosa
y triste...!
Ibid.
¡Un banquete de púrpura servido / en la misma antesala de la
muerte!
Ibid.
Crucifiqué los sueños de mi vida / sobre la cruz de mármol de tus
brazos.
Ibid.
MARTÍNEZ SILVA, Carlos (San Gil, 1847 - Tunja, 1903)
Gobernar es prever. La guerra es el sufragio de los países
bárbaros.
Cit. por Eduardo Lemaitre. ¿Qué es del doctor Núñez? ¿Dónde se encuentra a la fecha? ¿Cúando
vendrá a encargarse de la presidencia?
Repertorio colombiano, 31, V, 1884. Los bancos son hoy en todo el mundo civilizado una especie de
sancta sactorum... y quien con ellos se estrella, está perdido.
Un
histórico es un nacionalista sin sueldo; un nacionalista es un
histórico sin sueldo. h. 1896. Nos limitaremos a observar que el partido liberal, que es por lo
menos la mitad del país, sólo aparece representado por 642
electores sobre un número total de 3.941. La gramática y la
escolástica son cosas muy subidas y muy útiles, pero no bastan para
dirigir ciertos equilibrios políticos.
Ibid., 26, VI, 1897.
Se me cerrarán quizá todos los caminos; se me obligará a ir hasta
la mendicidad. Una cosa sí no se logrará: ni humillarme ni
infamarme.
Defensa ante la Cámara por las emisiones fraudulentas, 12, XI,
1894. Revolución por revolución, prefiero la que están haciendo los
liberales. Estos pujos nuestros se me parecen mucho a los de
ciertos hidalgos empobrecidos y envilecidos que después de hablar
jactanciosamente de su ilustre abolengo, terminan por pedir una
peseta para ir a almorzar en el próximo bodegón.
Correspondencia, a J.V. Concha, 1, IV, 1902. En Colombia lo matan a uno con cuchillo de palo y en seguida le
hacen un magnífico entierro.
Cit. por Eduardo Lemaitre.
MARTÍNEZ RIVAS, Federico (Bogotá, 1889 - New York, 1975)
A un baile las Gil entraron / sin convite. ¡Qué tristeza! / Sonó
la primera pieza... / y en al acto las sacaron...
"Comentarios". Peña que en esto te metes: / para evitar nuevos bretes, / como hay
rateras bruscotas, / asegura tus juguetes, / sobre todo, tus
pelotas...
Ibid.
¿Subió? No es raro, muchachos: / en la política activa, / como hoy
vemos sin empachos, existen otros borrachos, / que se trepan más
arriba.
Con cabuya. El pobre don Pancho / que vive en su rancho / con su mula negra,
su vaca barcina, / su perro, su gato, su alegre cochina, / y otros
animales de igual condición, hoy está gimiendo con honda
tristeza.
El pobre don Pancho. ¿Qué tiene don Pancho? / ¡Dolor de cabeza! ¡pobrecito Pancho de mi
corazón!
Ibid.
Y se arma en el rancho / el gran zafarrancho.
Ibid.
Y en medio de aquella feliz confusión, / "viva -grita Pancho- la Cafiaspirina, /
¡la Cafiaspirina de mi corazón!"
Ibid.
MARTÍNEZ RIVAS, Víctor (1885 - 1953)
Otras noches, leer algún sencillo / libro de rimas o galantes
prosas, / o las historias tristes o medrosas / de algún señor
feudal de horca y cuchillo.
Quisiera.
No lejos del andén, como un consuelo, / asomó mi adorada
la cabeza / y algo dejó caer de su mano al suelo... / Atónito
quedéme... A poco rato / acerquéme a aquel sitio, y con tristeza /
levanté... ¡la hoja verde de un masato!
La partida. Son tus besos en exceso / ardientes, y a no dudar, / si alguien
honrado o avieso / pretende estamparte un beso... / ¡antes tiene
que soplar!
"MARTINON", (Hernando Martínez Rueda)
No es Caconia país subpolar como Islandia o Laponia / sino bella
región tropical: el hermoso país de Caconia.
Caconia. Pues Caconia no es más que una vasta, una gran cacoteca / en donde
hay que enrejar los bombillos y amarrar la caneca.
Ibid.
Y sostienen los canónigos que no es embeleco, / que se roban la
tapa y que vuelven después por el hueco.
Ibid.
Fuero igual no tuvieron ni siquiera los zares: / porque al caco, y
es claro, en Caconia lo juzgan sus pares.
Ibid.
Universitarios, a quien nada arredra / construyendo patria que
será mejor, / desde que pusimos la primera piedra, / las primeras
piedras al primer Rector. / Encendamos, jóvenes, una antorcha
inmensa / que en la Ciudad Blanca desparrame luz, / con las
ediciones que emitió la prensa / o con gasolina, cuando caiga un
bus.
Cit. por Alfonso López Michelsen. Si más brillara tu cristal serí/ imposible, tal vez, la astronomí.
/ Adiós, ¡oh Luna! ¡El léxico me falta! A la manera de Fallon. Ibid.
MARROQUÍN, José Manuel (Yerbabuena, 1827 - Bogotá, 1908)
Van todos apercibidos / con las armas necesarias, / y llevan de
castas varias / perros diestros y atrevidos, / caballos de noble
raza, / cornetas de monte, en fin / cuanto exige Moratín /. En su poema "La caza".
La perrilla.
Perra de canes decana / y entre perras protoperra, /
era tenida en su tierra / por perra antediluviana.
Ibid.
Flaco era el animalejo, / el más flaco de los canes, / era el
rastro, eran los manes / de un cuasi-semi-ex-gozquejo.
Ibid.
Era, otro sí, desrengada / la derribaba un resuello... / Puede
decirse que aquello / no era perra ni era nada.
Ibid.
Y aquella perra extenuada, / sombra de perra que fue, / de la cual
se dijo que / no era perra ni era nada / aquella perrilla, sí, /
cosa es de volverse loco, / no pudo coger tampoco / al maldito
jabalí.
Ibid.
Es flaca sobremanera / toda humana previsión, / pues en más de una
ocasión / sale lo que no se espera.
Ibid. Razón humana: trabaja /
para descubrir si hay Dios. / Juan: enciéndeme una vela / para ver
si salió el sol.
Poemas y epigramas. Es cierto y parece broma / que la misma distancia hay / desde Roma
al Paraguay / que del Paraguay a Roma.
Ibid.
No sé que libro refiere / ser común creencia en China / que una
polla que no muere / al fin viene a ser gallina.
Ibid.
Expuestos estamos, Mario, / si en el poder continúa/ gobierno tan
arbitrario. / -¿Y tú te afanas por esto? / -¡Hombre!... Si aquí
hasta el Santísimo / está con frecuencia expuesto.
Ibid.
Ahora que los ladros perran, / ahora que los cantos gallan, /
ahora que, albando la toca, / las altas suenas campanan.
La
serenata.
Eva al acaso discurriendo un día/ del encantado. Edén por
las praderas, / sin pensarlo sus pasos dirigía/ de un cristalino
arroyo a las riberas.
El primer baño. De gargantas micróbicas, de tiples, tenores y sopranos
liliputienses; de pitos y flautines capilares, salían silbidos cuasi
musicales, sutiles y prolongados en interminables calderones.
Entre primos.
MARROQUÍN, Lorenzo RIVAS GROOT, José María
¡Cosa extraña! Aquí la guerra es el campo de los débiles, de los
vencidos de la vida.
Pax, 1907. Wagner sabía qué instrumentos nos dan golpes sordos en el pecho,
cúales nos electrizan la médula espinal... a veces me ha parecido,
al escuchar ciertos pasajes, que los arcos de los violines no frotaban las cuerdas, sino mis nervios descubiertos.
Ibid.
Los rasgos de la cara tenín un ritmo de líneas y de sonrisas en
que se leíla falta de pensamiento y de preocupaciones.
Ibid.
Fray Martín de la Cogulla, / El prior de Calatrava, / Que agotó
las penitencias, los cilicios, los ayunos, asperezas, disciplinas y
con garfios / Desfarró sus carnes pálidas, / Castigó sus
apetitos. Ibid.
Era así como el buen monje, el buen monje de la Muerte y de la
Nada, / Fray Martín de la Cogulla, / Asombraba / A los monjes y a
las gentes de la mustia, de la negra / Calatrava.
Ibid.
Una noche, / Una noche, / A la una, a las dos de la mañana, / A la
una, / A las dos, / A las tres de la mañana, / Desvelado el
penitente por las ranas y las ratas, / Por las ranas que en los
fosos del convento / Crotoraban.
Ibid.
La silueta larga y negra, / Negra y larga, / Del buen monje, el
buen monje se desliza / Cual fantasma.
Ibid.
Y en las cales de la torre / Proyectadas, / Por los rayos / Gris y
plata / De la luna, / Se estiraban / La capucha, / Y las canas, /
Los toisones / De la barba / Y las vértebras / La sarga, / Y los
pies, / Y las sandalias, / Y la cuerda, / Y la escúlida / Osamenta,
/ Eran una / sombra larga.
Ibid.
La luna, en el ocaso, escoltada por nubarrones franjados de plata,
bogaba en un piélago de tinta.
Ibid.
Las luces de los coches, como luciérnagas, rayaban la
oscuridad.
Ibid.
La crisis romántica le pasó pronto, fue como una enfermedad de
niño; corta y ligera.
Ibid.
La pasión dominante de esta tierra: la pasión, la manía de destruir,
un veneno de gran vitalidad, el ímpetu de acabar con lo que queda,
la manía del suicidio, la nostalgia de la muerte.
Ibid.
¿El país rico, privilegiado por Dios, también piensa suicidarse?...
Es extraña esa afición, ese misterio... Roberto explicó:
¿Un
misterio?... ¿Una afición?... Es la nostalgia de la muerte.
Ibid.
Es preciso, aun haciendo sacrificios y con los medios de que
podemos disponer, luchar contra la guerra, que es el único enemigo
serio de la empresa.
Ibid.
Y en el arenal nubio, que un sueño blanco finge, / ¡Ser el eterno
novio de la inviolada Esfinge!
Ibid.
Mata había creído que al suicidarse en el escenario, en aquel adios
postrero, llegaría lo sublime, al paroxismo de lo trágico... Pero en
vez de caer a la derecha, hacia la luz, en pleno escenario, cayó a
la izquierda, en la penumbra del pasillo, entre dos
bastidores.
Ibid.
Los conquistadores de hierro, al través de las generaciones, me
legaron unas gotas de sangre altiva y aventurera; esos togados, el
gusto de refinamientos cortesanos y sus anhelos místicos; los
héroes de la Independencia, su amor por las cosas grandes, y el
apego a este pedazo de tierra.
Ibid.
Toda esa gloria vieja, todas esas aspiraciones y apetitos,
mezclándose en mis venas, confundiéndose en mi espíritu, han
producido al extremo de la raza, al cabo de las generaciones, un
ser reflexivo, vacilante, contradictorio, un vástago neurótico y
complicado.
Ibid.
A mí me ha tocado un tiempo en que, desdeñando la gloria, se lucha
por la existencia.
Ibid.
Soy un derrotado de la víspera, peleo sin fe, sin entusiasmo; el
ímpetu de ambición nace en mí con el sentimiento de la derrota, la
iniciativa con la certidumbre del fracaso, la ilusión con el
instinto del desastre, el deseo con el sabor anticipado del
desencanto.
Ibid.
MARROQUÍN, Manuel
Aquí yace una coqueta / muy a su satisfacción, / que nunca le
apretó tanto / el corsé como el cajón.
Epitafios. Descansa aquí Jil Velarde / reducido a polvo inerte; / todos
lloraron su muerte... / por haber sido tan tarde.
Ibid.
Bajo esta losa descansan / Núñez y su esposa juntos; / ¡qué
buenos!... para difuntos.
Ibid.
MATTOS OMAR, Joaquín (Santa Marta, 1960)
Acá, yo, corazón en asombro, / apostado destrás del doble
postigo de mis ojos.
Noticia de un hombre, 1988. El convidado. La casa es un fragmento de sombra / al que se acogen personas,
animales y cosas.
Ibid., La casa
Los arroyos me entristecen porque desconozco su rumbo.
Páginas de un desconocido, 1989. No basta ser un ciudadano de bien, si se es un ciudadano de
malas.
Ibid.
-Qué bella esa mujer que pasa por allí... -¿Cúal? -No, ya para
qué: ya pasó. -Como la vida, Antonio.
Ibid.
Tengo / tantas melancolías / en mi alma / que no sé / por cual de
ellas / empezar a sufrir.
Otro día de trabajo, 1992. La casa, lugar de asilo, / república independiente del espíritu, /
pequeña zona liberada, / trinchera, concha de ostra, /
invernadero.
Lugar de asilo, 1995.
MAZA, Hermógenes (General) (Santafé, 1792 - Mompox, 1847)
¡Cojan a Maza que se va!
Grito con el cual despistó a la guardia para fugarse de la
prisión, 1816, cit. por Alberto Miramón, Hermógenes Maza,
1969. Si mi espada se vio una vez envainada, no estuvo en mi alcance
sacarla, hasta que los vencedores de Boyacá me la
restituyeron.
Memorial, 1824, cit. por Alberto Miramón, Hermógenes Maza,
1969. ¡Dos derrotas más, como esas, y Bolívar se nos mete en
Bogotá!
Comentario ante los partes realistas que aseguraban falsamente que
los patriotas habín sido derrotados dos veces seguidas, 1819, cit.
por José María Baraya, Biografías militares, 1874. No necesitan armas, porque vamos a tomarlas al cuartel de
caballería. Luego de la explosión del parque de armas de los
españoles tras la derrota de Boyacá, 8, VIII, 1819, cit. por José
María Espinosa, Memorias de un abanderado, 1876. ¡Chico! ¡Si te
acobardas te mato! A José María Espinosa, a quien de lejos confundió
con un realista y le iba a disparar, en Memorias de un abanderado, 1876. Diga usted, ¡Viva la Patria!
A un realista, antes de dispararle a quemarropa tras la llegada de
Bolívar a Santafé, VIII, 1819, cit. por Florentino González,
Memorias, 1933. Cumplidas sus órdenes. Con los últimos prisioneros no se derramó ni
una gota de sangre. Parte que envió al comisionado del gobierno,
que le pedía mesura en la guerra a muerte contra los españoles, luego
de arrojar a los prisioneros dentro de unos zurrones a las aguas
del Magdalena, 1820.
Cit. por Carlos Delgado Nieto, Maza y Padilla, dos héroes
colombianos, 1964. ¡Diga Zaragoza! Pregunta que hacía los prisioneros para saber si eran
españoles o granadinos y fusilarlos o perdonarlos, 1820. ¡Al baño! Frase con la cual significaba que el prisionero debía
ser
degollado, 1820,
cit. por José María Baraya, Biografías militares, 1874. Sin más novedad.
Parte al Libertador, luego de pasar por las armas a cien realistas,
VII, 1820. Vox populi vox Dei: "Al que no le guste el pueblo que se vaya de
él".
Traducción del célebre adagio latino, 1821. Paisano, véndame al mocho.
Borracho, a Bolívar, cuando paseaba a caballo por Quito, 1822, cit.
por Belisario Matos Hurtado, Las ocurrencias de mi general,
1936. Ni yo a Su Excelencia.
A Bolívar, que le habría dichol; ya no lo puedo tolerar más a
usted; 1822.
Ibid.
Chocheras; cosas del viejo que, sin embargo, no puede olvidar que
fui de los fieles en San Mateo, desde donde aquel tronera de
Ricaurte se fue a beber agua a las nubes.
A sus amigos, para explicar las reconvenciones que le hacía Bolívar,
1822,
Ibid.
Pero... botar así el dinero... ¡Dos reales de pan, y solamente
veintidós de provisiones! Glotón. A su asistente García, que como
provisiones compró veintidós botellas de aguardiente y dos reales
de pan, 1822. García: el corazón se me parte, y hasta las tripas se me retuercen
al recuerdo de Girardot; pero, ante todo, la propia conservación:
es preciso ahogar la pena, antes que ella nos mate.
Ibid.
Mi... mi general... la... la misma. Al presentarse borracho a
Bolívar, quien le había prometido que si lo veía en otra borrachera, lo
mandaba fusilar, 1822,
Ibid.
Y... todavía vive Maza!
Rúbrica que ponía en los partes de victoria a Bolívar, quien
había ordenado que Maza estuviera al frente de todas las batallas,
1823.
MAZA MÁRQUEZ, Miguel (General)
Debe rescatarse la noción moral de que no hay delito
bueno.
Causas y efectos de la realidad colombiana 1980-1990. Sentimientos altruistas como la solidaridad, la conciliación y el
perdón fueron suplantados por la apatía, la hostilidad y la
retaliación.
Ibid.
MEJÍA, Dolly (1922)
Estoy rota de amor como la llama / que a fuerza de ser fuego se
aniquila.
Amor.
Mis besos y los pájaros picotean a ciegas / y el
espejo clausura su alborada de lotos.
El sueño. Tu boca junto al aire sedosa y sonreída.
Ibid.
Tus manos desvalidas, manojos sosegados, / se ahuecan levemente
como acunando un seno.
Ibid. Cierras los párpados y quedo sin azules ni albas.
Tuyo el mundo que empieza en mis raíces / y concluye en tu frente.
La casa nueva.
Esta es tu casa. Tembladora, abierta, / con ventanas
de sol y piel de azúcar.
Ibid.
Hartura de comernos las miradas / y el ascua del amor
recomenzado.
Ibid.
¡Nuestra casa empinada sobre el mundo / de espaldas a la
muerte...!
Ibid.
Tú eres mi último barco y mi primera lágrima. / Quiero asirme a tu
proa para no naufragar, / y he de ser como un viento que domine tus
aguas, / que domine tus olas que van siempre al azar. Unico.
Y han
de ser tus miradas / lámparas encendidas que iluminen mi
estancia.
Ibid.
En tus ojos oscuros se dormirá la noche / con un fulgor de
estrellas en todo el firmamento.
Ibid.
Seré la capitana de todos tus
anhelos / y seremos piratas en nuestro propio mar.
Ibid.
MEJÍA MEJÍA, Fernando (Manizales, 1929 - 1985)
Miradme desde un fondo rencoroso / atado a las más duras
soledades. / Las batallas son mi único reposo, / y mi lumbre total
las tempestades.
La inicial estación, 1960, Soneto prometeico. Yo provengo de un barro doloroso / amasado por hombres sin edades.
/ Sabed, hermanos, que mi voz destrozo / para poderme dar en
claridades.
Ibid.
Avanzarán heroicos y olvidados. / No sé adónde. / Pero mis pasos
no serán vencidos.
Cantando en la ceniza, 1962,
Mis pasos.
Arbol mío, yo quiero retornar a la infancia / para soñar
de nuevo a tu amorosa sombra...
Ibid., Arbol mío. Quiero en tus ojos de gacela inerte / dejar mi llanto de
melancolía, / pero sé que vas sola con la muerte.
Ibid., Elegí
Quisiera estar donde tu muerte empieza, / para mirar las formas de
mi herida / por el cristal sin luz de tu belleza.
Ibid.
Déjame anclado a tus raíces... / Soy como un niño desterrado / que
busca en vano su heredad.
Ibid., Elegía bajo un árbol.
Enterrad amigos mi palabra.
Los días sagitales, 1965, Enterrad amigos...
MEJÍA VALLEJO, Manuel (Jericó, 1923 - El Retiro, 1998)
América necesita novelistas de su tierra y de sus hombres y tal
vez pueda llegar a ser uno de ellos.
La tierra éramos nosotros, 1945. La ciudad son hombres que lotifican y cubren cauces de aguas
negras y arrojan desperdicios en las afueras.
Al pie de la ciudad, 1955. Matar a un hombre equivale a matar un mundo, clausurar otras
posibilidades.
Palo caído, 1956. "El día señalado nos veremos frente a frente, y morirá", juré, niño
todaví.
El día señalado, 1964. Creo que lo he visto antes -recalcó. -Nunca he venido a este
pueblo.
Ibid.
Los que pecaron miles de años antes con idénticos pecados,
¿salieron perdiendo? No dejo de sonreír al pensar que la eternidad
del castigo de ellos es varios miles de años superior a la
mía.
Ibid.
El sacerdote dobló un cigarrillo. Su trayectoria le había enseñado
la fácil conclusión de que no existen seres absolutamente buenos ni
absolutamente depravados.
Ibid.
Tal vez fui para ella el hombre que no regresa, tal vez le llegué
a la hora señalada por esa arbitraria mano que nunca es
nuestra.
Ibid.
El amor debería desgastarse de tanto insistir en la misma persona.
El recuerdo debería cansarse de ser únicamente recuerdo.
Ibid.
Por primera vez tuvo la sensación de que el pecado era castigo de
sí mismo.
Ibid.
"¿Qué le importamos a Dios, el Gran Indiferente? Creó el universo y
se cansó y echó a rodar el mundo como de un tremendo puntapié y se
retiró a su infinita cura de reposo".
Ibid.
En ocasiones los sacerdotes no amamos al prójimo: lo compadecemos
con una compasión inflada.
Ibid.
Ahora oía voces agrias, descargas de fusilería. Las palomas se amaban
intranquilas en los tejados, volaban poco a las vías
desiertas.
Ibid.
-Si Juancho Lopera siguiera viviendo -dijo-, lo volvería a matar.
Ibid.
Somos tahúres y creemos que los demás morirán, menos yo.
Espantamos el miedo por el azar de la jugada en que la suerte tiene
que ser nuestra.
Ibid.
Le enseñaré de gallos y de hombres.
Ibid.
Y salí pisando la sombra
por el camino seco y solo. Me parece que iba llorando.
Ibid.
Nació el díque allí en el aeropuerto se tostó Carlos Gardel, como
si quisiera asomarse a ver el choque.
Aire de tango, 1973. Vivir peligrosamente, señores, el peligro nos mantiene despiertos,
rápidos en pensar y atacar.
Ibid.
No señores. Muere lo que se
olvida. Ibid. La amistá puede ser vicio, de sabido se calla, pior qu'el tabaco un
buen amigo.
Ibid.
¡Primero muerto que en ridículo!
Ibid.
"Hay que ser malos, la bondad llama al abuso".
Ibid.
¿El destino?, el destino le da una patada en la nalga al que se le
atraviesa, uno en el mundo se mantiene atravesao.
Ibid.
¡Ni Cristo!, hasta se parecen: de Cristo haber cantao, cantaría con
la voz de Carlitos; los dos se encaramaron pa morir: Cristo en una
cruz, Carlitos en un avión. Eran las tres de la tarde...
Ibid.
El amor eterno dura tres meses, o cuatro o cinco si anda con
suerte. Aunque viéndolo bien, dura lo que dura el recuerdo.
Ibid.
"El que se mete a valiente tiene que vivir sólo pa no dejarse
matar". Ibid.
Con refranes y dichos nos defendemos, desquite del bruto: si ya
están pensadas las cosas, ¿pa qué pensarlas más?
Ibid.
La vida sabe más que uno aunque el camino sea culebrero.
Ibid.
Olvidar es perder, ¿no creen?
Ibid.
Ya ven, por más que uno quiera al amigo hay cosas que lo apartan,
cositas de nada, pero juntas hacen el disgusto y el reclamo y la
separancia.
MELO, Jorge Orlando (Medellín, 1942)
En nuestra época la ambición de los historiadores es rendir cuenta plena de la evolución de conjunto de una sociedad, de la
totalidad de las formas de manifestación de la actividad
humana.
Nueva historia de Colombia, 1989, Introducción. Buena parte de la visión que los colombianos tienen de Colombia se
ha formado, hasta los años más recientes, a través de la
prensa.
Ibid.
La violencia marca definitivamente la imagen y la simbólica de lo
colombiano. El salpicón de la nacionalidad.
El Tiempo, 23, IX, 1990. El mayor impacto de la violencia fue que, como toda gran
catástrofe colectiva, desempeñó un papel unificador, sugirió nuevas
percepciones de lo colombiano y nuevas tramas de solidaridad y
oposición.
Ibid.
La cultura "colombiana" incluye ya de todo: hasta rancheras y
tangos y patos Donald.
Ibid.
La división entre una cultura de élite, muy europeizante y
exigente, y una cultura popular de tipo tradicional y folclórico
fue destruida por la sociedad de masas.
Ibid.
MENDÍA, Ciro (Carlos Mejía Ángel) (1892 - 1979)
Dígale con llanto y duelo / a Margarita Escobar / que con ella
aprendí a amar, / al descorrerle su velo.
Ha muerto. Carlos Mejía. / ¡Al fin se murió Carlos! / En la esquina de la
muerte. / Se lo llevaron los diablos. Muy bien, queridos, en morir
consiento, / me les entrego ya de pies y manos, / preparen la
madera y los gusanos, / que está finando aquí mi último
aliento.
Antes de caer el telón. Me entierran en el hueco más cercano, / o los apesto gratis,
caballeros.
Ibid.
Yo vivía al derecho y buenamente, / era dueño y señor de mi pobreza,
/ pero nunca faltaron en mi mesa / el pan ni la botella de
aguardiente.
Cambio de escena. En el mar de mi vida, un oleaje / cortó mi nave con su doble filo
/ y un dolor negro con su viejo estilo / ha malogrado mi terrestre
viaje.
Discurso del homenaje.
Mas sabed que mi alma azul no vino, /
porque del goce ya olvidó el camino, / y porque estaba demasiado
enferma...
Ibid.
En tu boca el turrón, ebrio reposa, / de tu pecho una gracia
generosa / dice que aquel peral es el primero.
Nuestra Señora del Pezón Rosado.
Sus muy amados pies, porque ellos fueron / los dos pajes de nácar
y ternura que una noche hasta aquí me trajeron. Por sus amados pies.
Siempre, cuando en su alcoba perfumada, / la amada desnudarse
pretendía, / el Ángel de la Guarda se salía/ un momento del cuarto de
la amada.
El pecado del ángel, 1924. De la vecina estancia distinguí/ con el placer de un alma
enamorada, / el ruido de la seda, liberada / de aquella blanca y
dulce tiraní.
Ibid.
Una noche, el Buen Ángel, de repente, / en un espejo vio las
maravillas / de aquel desnudo cuerpo transparente... / Y al sentir
que en pasión se iba abrasando, / cayó, como un esclavo, de
rodillas, / ante la luna de cristal, llorando!
Ibid.
Al alcázar de miel de sus encantos / envié la nata y flor de mi
armamento / en un viento de lanzas, en un viento / de ballestas, de
ruegos y de cantos.
La amada invencible. Puse a sus pies de nácares orlados / Potosíes y Muzos y Dorados /
por verla a mis dominios más cercana.
Ibid.
Pero firme en su débil entereza / y ardiendo toda su armadura
humana, / no se rindió jamás la fortaleza.
Ibid.
Siempre cuando en su alcoba perfumada / la amada desnudarse
pretendía, / el Ángel de la Guarda se salía/ un momento del cuarto de
la amada.
El exvoto, 1922. Entró una sombra azul, qué bien lucía, / y dijo en baja voz
"¿Decirme quiere / si vive aquí el cantor Ciro Mendía? / Yo que al
piano ensayaba un miserere, / le dije sin creer lo que veí: / "No,
señor, aquí muere".
En casa. Qué exequias más hermosas, qué gentío, / cúantas flores y sombras,
cúanta pena, / con su mutis quedó sola la escena, / cúantas hojas
caídas sin rocío.
En los funerales de un amigo.
Cómo me dueles,
compañero mío.
Ibid.
Y pienso al ver el fúnebre ajetreo / que por razones de mi ceño
hirsuto / no irá a mi entierro nadie, ni yo, creo.
Ibid.
¡Pero cómo, dolor de mis dolores, / con mis largos dolores te
entretienes!
Malas horas. Mañana encontrarás, mañana, creo, / mi elegante cadáver en tu
puerta.
Ibid.
Sólo me hablan los libros, los retratos, / y sin embargo tengo
buenos ratos, / cuando me veo con el diablo a solas.
Mejor así. Ha llegado a mis ojos la morena / que jugó su sonrisa en mi casino,
/ la que -de vino el alma- al alma vino / a poner orden en la mala
pena.
Llegó Hiblea.
Con ella el corazón corbata estrena, / el canario del viento
estrena trino, / estrena el beso su sabor más fino / y estrena el
alma su feliz cadena.
Ibid.
Llegó ya con sus ojos minerales, / la de los finos labios
liberales, / -Nuestra Señora del Pezón Rosado.
Ibid.
Yo no quiero morir, morir me asusta / y la muerte se me hace muy
pesada, / me cae gorda la desnarigada, / pues no sabe de amor, ni a
nadie gusta.
Nada de misereres. Yo no quiero morirme ni de broma, / me gusta más la pera que el
fibroma, / más la luz que los largos apagones. / Me gusta más la
risa que el lumbago, / por un responso que me den un trago / y el
cielo se lo dejo a los gorriones.
Ibid.
Hasta me quiero yo porque te quiero, / espiga de la miel, flecha
amorosa, / columna de perfumes que a la rosa / le ha erigido un
alado jardinero.
Porque te quiero.
Como homenaje póstumo quisiera /
que amigos ebrios a mi cabecera / celebraran mi último suspiro.
Sacándole el cuerpo.
No soy rey "ni de copas" te lo advierto, / pero
qué grato oír después de muerto: / ¡Ciro Mendíha muerto!
¡Viva
Ciro!
Ibid.
Jamás ha existido otro cuerpo / en la tierra, en el cielo, en el
Arte, más claro, / más puro, más duro y maduro, / más fuerte y más
lleno de azul primavera, / que tu cuerpo, Sor Mí.
Sor Mí. La línea /
que no encuentra un artista preclaro, / puede hallarla en tus senos
redondos y blancos / o en tu blanca y redonda cadera.
Ibid.
Tu cuerpo es un vaso de llamas, Sor Mí. / Es un vaso de llamas y
aromas, repleto / de miel del Himeto, que tanto un pequeño poeta /
de ahora su miel deliciosa ha bebido.
Ibid.
Yo te he visto, amoroso y rugiente, / ¡del todo desnuda! / Igual
que una piedra muy blanca, / igual que una poma, igual que una
blanca serpiente.
Ibid.
En tu carne, Sor Mí, / más blanca que la nieve y la plata y la
leche, palpita / un perfume de fina madera recién aserrada, / de
tierra movida, de vino olvidado, / que nace de todos tus huesos
lascivos.
Ibid.
Yo quiero, Sor Mí, / ser un niño de cuentos amables de hadas / y
perderme por siempre en tu cuerpo odorante / sin hallar mi pasión
la salida, / y de hambre y de sed y de sueño, / sonriente, tendido
a las frondas alegres y amadas / de tus senos -pesados racimos- /
enterrar en tu carne sabrosa mi trágica vida.
Ibid.
Tu venías del pan, del mar, del arte, / yo en mis sueños buscándote
seguía. Tu venías del pan.
Abrió el viento solícito y sonriente / la
página morena de tu frente / y suscribimos la feliz promesa.
Ibid.
Cierta noche aquel Angel inocente, / en un espejo vio desnudo,
ardiente / ese cuerpo de venus dominguera. // Y del amor oyendo su
consejo, / esperó que la amada se durmiera, / tornó a la alcoba y
se llevó el espejo.
Picardía angelical, 1969. Tu prosa y mis versos no son para esta clase de gente.
(A Fernando Gonzálaez, quien le proponía que editaran juntos una
revista).
¡No me frieguen!
Para el epitafio de Fernando González, 1948, cit. por Felipe de
Barajas, El Tiempo, 1978. Espero que no me vaya a despertar.
(Respuesta a la enfermera que le preguntó qué debía hacer si un día
lo
encontraba muerto en la cama).
MENDOZA VARELA, Eduardo (Tunja, 1918 - Bogotá, 1986)
En un remoto frío de una tarde / vas llegando a decirme tu nuevo
nombre, solo. / Huido de tu antigua verdad, vas por el aire, / por
el mar y su risa, por los trigales, solo.
Mensaje a mi padre, 1946. Mujeres resueltas a ganarlo todo, perdiéndolo todo.
Cruz y raya, IV, 1974. Por lo común, son mejores los que se marchan.
Ibid., 1977.
Parece que Virginia Woolf fue una mujer insoportable...
Ibid.
Hace sesenta o más años Marcel Proust estuvo a punto de
convertirse en el prototipo de la cursilería.
Ibid.
Los científicos rusos, según las agencias de prensa, han
descubierto que las abejas saben contar.
Ibid.
Han pasado varios años desde mis encuentros en Roma con una
condesa húngara, pianista y octogenaria.
Ibid.
De una estirpe cada día más escasa fue la gobernanta de mi campo, un
pequeño campo lleno de recuerdos de infancia que tuve que vender,
es claro, para pagar impuestos.
Ibid.
El trigo está en su punto / mientras la tarde oscila. / Rumor de
la hondonada, / dulce melancolaí.
Pastoral.
MENDOZA, Plinio Apuleyo (Tunja, 1932)
Se ha dicho con razón que los burgueses latinoamericanos
confunden el verbo ser con el verbo tener.
El olor de la guayaba, 1982. Los dictadores latinoamericanos eran delirantes.
Ibid.
Gabo es un escritor que puede decir en forma ligera cosas
profundas. Lo contrario de lo que sucede por estas latitudes, donde
se dicen ligerezas de manera profunda.
A Eligio García La llama y el hielo, 1984. El desertor París o la selva, no hay otra alternativa.
Años de fuga, 1985. Fuimos formados por el catecismo del padre Astete y por la Metro
Goldwin Mayer.
Ibid.
Gentes, lugares.
Nuestra cultura es deslumbrante en los valores de
la imaginación, pero pobre en los de la reflexión.
Todo oscuro, salvo el arte, El Tiempo, 21, VI, 1987. ¿En qué momento se jodió Colombia?...
Fue el 9 de abril de 1948, a la una y cinco de la tarde.
En qué momento se jodió Colombia, 1990. Nunca puede legitimarse cualquier forma de coacción o de violencia
contra la oposición en nombre de la historia de una dinámica de
cambio.
Ibid.
La memoria histórica de liberales y conservadores, en Colombia,
tiene un rasgo común: es parcial, selectiva. Cada partido recuerda
solo las persecuciones sufridas y no las que ejerció desde el poder
contra el otro.
Ibid.
El Frente Nacional fue el remedio de un mal endémico -el sectarismo
partidista- pero nos legó como herencia dos llagas funestas: el
clientelismo y la subversión.
Ibid.
Había oscurecido el cielo y flotaba en el aire una amenaza de lluvia,
cuando sonaron los tres disparos que torcieron sombríamente nuestro
destino.
Ibid.
Corrupción = monopolio y discreción - responsabilidad
política.
Colapso de un mito, El Tiempo, 27, X, 91. Es muy peligroso construir una política sobre los anhelos de una de
las dos partes en litigio sin tomar en cuenta lo que piensa y
quiere la otra.
Fue creciendo mientras buscábamos la paz, El Tiempo, 29, XI,
1992. A nadie le gusta un cáncer, pero si el cáncer por desgracia aparece
es mejor identificarlo y afrontarlo en vez de desconocerlo haciendo
la apología de la salud.
Ibid.
Rara vez los precursores tienen un destino feliz.
Cinco siglos de mentiras, El Tiempo, 4, XII, 1994. No somos, aparentamos.
Ibid.
Manual del perfecto idiota latinoamericano.
Título de libro.
MILANÉS, Adolfo (Euquerio Amaya) (Ocaña, 1882 - 1931)
Amar es tener un sol sempiterno, / un hilito de agua y un claro
jardín; / es llevar el alma exenta de agravios / y un nidal de
besos / cantando en los labios.
No te vas. Nadie sabe quién inventó la ventana, pero se puede afirmar que fue
una mujer.
Elogio de las cosas, La ventana.
MOCKUS, Antanas
La principal crisis colombiana tal vez es la de una cultura
democrática que posiblemente nunca ha existido.
¿Dónde están los orgullos?, Semana, XI, 1999. El mundo contemporáneo le puede dar cabida a muchas teorías pero no
da cabida a la inconsistencia, a esa forma elemental de la
trampa.
Ibid.
MOLANO, Alfredo
Mis hazañas ya se habían hecho viejas y yo no era capaz de
renovarlas, porque uno con los años se aferra a la vida, se prende
uno a la vida como un niño a las enaguas de la mamá cuando ve un
gitano. Se vuelve uno medroso, por aguantar el pucho de vida que le
queda. Los años del tropel.
Relatos de la violencia, 1985. Para un luchador de verdad la derrota sólo es un punto y
coma.
Bateman, 1992.
MOLINA, Gerardo (m. en 1991)
Cuando una nueva fuerza política ha llegado al poder, tiene que
expedir un nuevo estatuto, porque entonces no habría ocurrido nada,
no habría pasado nada.
Ante el Senado. Para los radicales el poder no valía como plataforma de
realizaciones sino como ocasión de ejercer una elevada
pedagogípolítica. Las ideas liberales en Colombia, 1849-1914,
1970. Como administrador tiene más títulos que cualquiera otro para ser
colocado al lado del general Santander.
Sobre Olaya Herrera, Ibid.
Nosotros creemos que se trata de una Constitución nueva aunque a
ella se hayan incorporado algunos preceptos de 1886.
Sobre la reforma de 1936, Ibid.
Los hombres de 1936 fueron pródigos en enunciados y... los hechos
han sido avaros.
Ibid.
Para nosotros no cabe duda de que la falla más grave del
liberalismo colombiano ha residido en la incapacidad de hacer la
reforma agraria.
Ibid.
Siempre he creído que el ambiente político que conviene al
socialismo no puede ser la dictadura.
Cit. por Carlos Gaviria. Eternos, pero bañados en el río de
Heráclito (Los hechos sociales). Ibid.
MONSALVE, Alfonso
No hay en el derecho como actividad, verdades sino
decisiones.
Teoría de la argumentación, 1992.
MONTAÑA, Antonio (Bogotá, 1933)
Un hombre que se respete debe tener varias botellas de licor en
su casa, así sea únicamente para probar la fuerza de su voluntad y
no bebérselas una tras otra en el término de un par de días.
Una fiesta y otras fiestas, 1977. Pudiera decirse que el lobo es un snob social, mientras que el
snobismo es una suerte de lobería espiritual.
Fauna social colombiana, 1987. Si al terminar la comida, deja algo en el plato que se denomina
cortesía, no es un guache. Los guaches, o se comen todo porque
siempre andan con hambre, o lo dejan todo porque no les gusta la
comida fina...
Ibid.
Si es miembro del Jockey Club o del Gun Club, puede que no sea un
guache.
Ibid.
El que anda con comunistas, no es que parezca guache. Es
guache.
Ibid.
Mijo: pisca es la que anda con todos los piscos.
Ibid.
De alguna manera todos sabemos que lo único que podría un novio
tocarle a su novia hasta los años cuarenta, era una serenata. Ibid.
la idea de banco que es la forma aristocrática y nobiliaria del
agio.
Ibid.
Cuando las ovejas negras tienen éxito, y el éxito es económico,
dejan de ser ovejas negras. Vuelven al redil.
Ibid.
MONTECRISTO (Guillermo Zuluaga)
Lo más agradable de esta profesión mía es que todo el que me
saluda me saluda sonriendo.
En "Entrevistas" de Ana María Cano, 1985.
MONTOYA TORO, Jorge (1921 - 1989)
Te amo con sencilla transparencia / con un amor apenas insinuado
/ que se vuelve silencio en tu presencia.
Soneto para un sencillo amor. Con un dulce corazón herido / que si no te dijera que te he amado
/ lo sabrías oyendo su latido.
Ibid.
No podría encontrar la verdadera / palabra que trazara su figura. /
Y a veces le pregunto a mi amargura: / "¿Cómo era, Dios mío, cómo
era?".
La amada indefinible. ¿Era un ángel que vino en primavera / en forma de azucena que
perdura? / ¿Un poco de candor entre la impura / materia terrenal,
perecedera?
Ibid.
De pequeñas palabras el tocado / te cubría los gestos de arrogancia.
/ Un vino que se gusta y no se escancia / estaba entre tus labios
olvidado.
Soneto entre cenizas.
Hoy vuelvo a construirte con cenizas / de amor, que entre recuerdos
adivino / con pálidos jirones de sonrisas.
Ibid.
MORA, Luis María, "Moratín" (1869 - 1936)
¿En qué arcilla preciosa / modelaron tu nítido contorno / que
seduce a la mente y a la vista?
A una ánfora antigua. Oh ánfora armoniosa / en ti ya no se acendra el viejo vino; / en
ti el agua lustral nunca se agita; / lejos de tu aire y tu país
divino / has de vivir como ánfora proscrita!
Ibid.
Ya la noche los montes descolora; / hay en las almas íntimos
enojos; / los aceros están en sangre rojos / y la lid recomienza
con la aurora.
Soneto (sobre la batalla de Palonegro). Y apenas en los templos derruídos / algún oscuro soñador pagano /
suspira a solas por los dioses idos.
Fin del paganismo. Como el romano adusto / Heredé yo también salero augusto.
Terra Mater. ¡Oh, fuente rumorosa / que entre helechos de súbito te escondes! /
¿En tu discreta gruta nemorosa / se oculta alguna diosa?
Fuente encantada. ¿Y por qué el nombre de ella / el eco no repite en la espesura, /
ni la fuente guardó su imagen bella / y sólo triste huella / de su
beldad en mi memoria dura?
Ibid.
Salió a tomar el sereno / cierta noche una morena, / y como era ya
muy tarde, / la tomó el sereno a ella...
Chispazos. A cierta diva a quien amo / un ramo un ministro envió, / y el
público preguntó: / -¿Cúal fue el ministro del ramo?-
Ibid., (atrib. también a Cástor y Pólux). Las épocas de guerras y grandes trastornos políticos concuerdan con
los períodos de progreso literario y artístico, y los tiempos de
calma y prosperidad son los más propicios a su decadencia.
Croniquillas de mi ciudad. Se nos suele increpar, como un defecto, Dios nos lo conserve,
nuestro tradicional respeto y nuestro singular apego a la religión
católica, lo único que para su bien y para el nuestro nos dejaron
los castellanos, y es éste, y no otro, el rasgo más saliente de
neustra nacionalidad.
El alma nacional, 1922. Si creyéramos en las ideas innatas, dirímos que Sanín Cano vino al
mundo con las que tiene, ni una más, ni una menos.
Los contertulios de la Gruta Simbólica, 1936. Sus conceptos tienen la aplastante monotonía
de las rocas
desnudas.
Ibid.
Y también sé griego. A un campesino que lo había retado a jugar tejo,
después de ganarle.
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