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INDICE
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Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas
Letra J
JARAMILLO LONDOÑO, Agustín
Sobra decir que también vivía allí más gente, pero, aunque
sobre, lo digo, como hacen todos los autores.
El destino de Néstor. La sirvienta es la base de la felicidad en el
matrimonio.
Ibid.
Dicen que antioqueño no se vara. Él sí se vara, pero lo bonito
es cómo se desvara.
El testamento del paisa.
JARAMILLO AGUDELO, Darío (Santa Rosa de Osos, 1947)
Estoy hecho de libros -declara el narrador-, pero a veces me
gustaría que esta historia tuviera menos elementos librescos y que
los presagios se manifestaran de unas maneras más prestigiosas, más
espectaculares.
La muerte de Alec, 1983.
La poesía, esa batalla de palabras cansadas; nombres de cosas que
el ruido escamotea; / la poesía; este consuelo de bobos sin amor ni
esperanza / borrachos por el ruido del verbo, aturdidos por cosas
que significan otras cosas; / sonidos de sonidos.
Poética. Y díganle que todavía no es feliz, si esto hace feliz a algunos de
ellos... que eso no importa ni siquiera para la lástima o el perdón
/ y que ni él mismo sufre por eso... que le hicieron creer en el
amor y luego supo que el amor dura / lo que dura una
palabra...
Ibid.
Digamos que hay palabras metálicas / que si caen desde cierta
altura / pueden matar a una persona. Arte poética una: la palabra.
Digamos, en fin, que hay palabras / como la palabra caravana o la
palabra / sombra, sin mencionar la conocida / rosa.
Ibid.
Pero ya estamos llegando / al límite. Las palabras, son palabras,
poeta, / y yo no puedo hacer nada por ustedes.
Ibid.
Vano intento de la letra hacer la / crónica del instinto certero,
/ vano intento decir el amor.
Poemas de amor. Este otro que también me habita... / el pesimista y el melancólico
y el inmotivadamente alegre, / ese otro / también te ama.
Poemas de amor, 1986, 1.
Tu lengua, látigo sagrado, brasa dulce.
Ibid., 8.
Tu lengua que me explora y me descubre, / tu hermosa lengua que
también sabe decir que me ama.
Ibid.
Acaso el silencio sea la única / cordura del amor / y decirlo su
locura más tonta.
Ibid., Secuencia 11.
Primero está la soledad. / En las entrañas y en el centro del
alma: / ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza: / que
solamente tu respiración te acompaña, / que siempre bailarás con tu
sombra, / que esa tiniebla eres tú.
Ibid., 13.
Pero no olvides, especialmente entonces, / cuando llegue el amor y
te calcine, / que primero y siempre está tu soledad / y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor. Ibid.
Algún día te
escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel / y
que convierta en palabras tu mirada.
Secuencia 4.
Tu voz aquí, a lo lejos, que le da sentido a todo, / tu voz que es
la música de mi alma, / tu voz, sonido del alma, conjuro,
encantamiento.
Secuencia 6.
Ya te dejé de querer / mas no te puedo olvidar / y dejándote de
amar / estoy dejando de ser.
Coplas para olvidarte mejor. Y después
de tanto andar / ya supe qué es el olvido: / amar lo que se ha
perdido / y perder después de amar.
Ibid.
La música es la única cosa consistente. Felisberto: tiempo oscuro.
Ah, su corazón, ese cándido reloj del desatino.
Ibid.
Discutimos sobre pequeñas cosas del día, cosas efímeras, / y
compartimos gustos elementales como los techos altos o el sonido de
la fuente...
Escenas de la vida diaria.
Por malo que sea un libro,
siempre habrá uno o dos chispazos, uno o dos versos hermosos.
Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. XXII, No.5, 1985.
¿Por qué no aspirar a que toda la literatura sea poesía?
En "Al
encuentro de la cultura hispanoamericana",
1985. La herencia nuestra no es solamente europea, sino también africana,
que es ancestral americana.
Ibid.
La literatura ha de verse fundamentalmente como materia de goce, de
recreación, más que de profundo análisis de la naturaleza
humana.
Ibid.
El primer texto de este libro, titulado "este libro" cuenta lo que
es este libro. La presente nota, titulada "este libro" cuenta lo
que son estas notas.
Antología de lecturas amenas, 1986.
La pasión por la lectura funciona más como una adicción que como
una afición.
Ibid.
A escribir se aprende escribiendo: en eso, es lo mismo que aprender
a montar en bicicleta.
Ibid.
Los poetas descubren el agua tibia simultáneamente en Bogotá y en
México, en Caracas y en Santiago o en La Paz.
Aislados. Desde las orillas del silencio, Quimera Latinoamericana, No.
7, 1990. Los morgualos aman las chimeneas, las camisas blancas de telas de
algodón, un árbol llamado siete cueros, el olor del cilantro fresco
cuando cae en la sopa, el sonido de las campanas de iglesia, los
días sin nubes.
Guía para viajeros, 1991.
Es duro ser poeta / aunque, la verdad, / era más difícil antes /
cuando los versos tenían rima.
Y las furtivas boleticas / que
comenzaban amada dulce amor mío / (almíbar mariposa azucena
corazón). Sé que el amor / no existe / y sé también / que te amo.
Y
cómo hacer que llueva la misma lluvia que veía caer a los trece
años? / ¿Cómo tornar al éxtasis del sol, a la luz ebria de mis
siete años, / al sabor maduro de la mora, / a todo aquel territorio
desconocido por la muerte, / y a esa palpitante luz de la pureza, /
a todo esto que soy y que ya no es mío? Tu lengua, tu sabia lengua
que inventa mi piel, / tu lengua de fuego que me incendia, / tu
lengua que crea el instante de demencia, el delirio del cuerpo
enamorado. El fracaso es una especie de muerte.
Biografía imaginaria de Graham Greene.
Hoy sabes con certeza / del horror que tiene un niño cuando los
colibríes / atraviesan la ventana hacia el jardín / y él los mira
paralizado / y sabe que comienza a amanecer.
Ibid. El terror es una peste / y tú nunca te libraste / de ese nudo en
la garganta.
Ibid.
Acuérdate del silencio de las clínicas / cuando el mundo era el
espacio / que podías recorrer en tu silla de ruedas.
Ibid.
No olvides el día que descubriste / que la felicidad es tan frágil
/ que la puede romper una palabra.
Ibid.
Acuérdate que todo lo que uno habría de llegar a ser / debe haber
estado ya allí para bien o para mal.
Ibid.
Mucho tiempo después, / cuando el cáncer de la desesperación /
cuando la gradual trama de la destrucción nos fue / marcando / nos
echábamos la mentira de la música.
Donde Scott Fitzgerald habla de la importancia de la música.
No sé si a ustedes les agrada el tema del fracaso, / pero aquí se
trata de eso; / que un día lejano perdí la fe en encontrar alguna
certeza / y esto no me hace llorar ni siquiera cuando estoy
borracho. Ibid. Ahora me mantiene vivo cierta curiosidad de ver cómo
/ me pudro.
Ibid.
Hubo días en que no necesitábamos de la música / y en una rabiosa
adolescencia / fuimos capaces de amar; / pero tiempo después / ya
cada uno era el exclusivo dueño de su propia miseria / y los huecos
de silencio los llenábamos / mintiéndonos canciones que ahogaban
cualquier posible / palabra. Ibid.
El vivió tan intensamente los dos o tres instantes que / hace su
vida, la vida, / que la memoria había muerto y no tenía posibilidad
de / recordarlos.
Penúltima biografía imaginaria.
Pero un estigma lo
ataba a la certeza de que de algún / modo / aquellos instantes
todavía eran suyos.
Ibid.
El vivió tan intensamente los dos o tres instantes que / hacen su
vida, la vida, / que a fuerza de hacerse querer olvidó que él amaba
/ y esto lo supo tan bien como para que no le hiciera / daño.
Ibid.
Si me oyera, no me permitiría que les contara a / ustedes estas
cosas, / aunque es posible que guardara un silencio teñido de /
vacío / aunque es posible que abriera los ojos de su sueño / y
hablara de animales de fuego y dijera que siente que / en su boca
está el mar de los Sargazos.
Ibid.
Aunque es posible, acaso, que también sonriera / levemente.
Ibid.
Este otro que también me habita, / acaso propietario, invasor
quizás o exiliado en este / cuerpo ajeno o de ambos.
Poemas de amor, 1.
Ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel, / ese otro que está
solo siempre que estoy solo, ave o / demonio.
Ibid.
Ese otro / también te ama.
Ibid.
Primero está la soledad. / En las entrañas y en el centro del alma:
/ ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza; / que
solamente tu respiración te acompaña, / que siempre bailarás con tu
sombra, / que esa tiniebla eres tú.
Ibid. 13.
Tu corazón, ese fruto perplejo, no tiene que agriarse / con tu sino
solitario; / déjalo esperar sin esperanza / que el amor es un
regalo que algún día llega por sí solo.
Ibid.
Acaso una noche, a las nueve, / aparece el amor y todo estalla y
algo se ilumina dentro de ti, / y te vuelves otro, menos amargo,
más dichoso; / pero no olvides, especialmente entonces, / cuando
llegue el amor y te calcine, / que primero y siempre está tu
soledad / y luego nada / y después, si ha de llegar, está el
amor.
Ibid.
Si alguien les pregunta por él, / díganle que quizá no vuelva nunca
o que si regresa / acaso ya nadie reconozca su rostro. Razones del
ausente. Díganle también / que no dejó / razones para nadie, que
tenía un mensaje secreto, algo / importante que decirles / pero que
lo ha olvidado.
Ibid.
Díganle que hubo palabras / que le hicieron creer en el amor y
luego supo que el / amor dura / lo que dura una palabra.
Ibid.
Y
díganle que / se llevó consigo algunas supersticiones, tres /
fetiches / ciertas complicidades mal entendidas y el recuerdo de /
dos o tres rostros / que siempre vuelven a él en la oscuridad / y
nada.
Ibid.
Raúl Gómez Jattin descansa en Paz. También sus amigos y su familia
descansamos en paz. Obituario, Credencial, VI,
1997.
La locura no es un delirio creativo; la locura es triste.
Ibid.
Créame. Soy un hombre feliz y en las páginas que siguen me propongo
contarle cómo alcancé la felicidad. En otras palabras, ésta es la
historia de cómo asesiné a mi esposa.
Memorias de un hombre feliz, 2000.
La felicidad es no sentir que el tiempo pasa. Ya los sabios lo han
dicho: si todo, de repente, duplicara su velocidad, no lo
notaríamos. Ibid.
JARAMILLO, Esteban (1874-1947)
Yo soy el convidado de piedra que agría el pan de la mesa
proteccionista.
Memoria de Hacienda, 1927.
Estábamos haciendo las finanzas de la
paz; vamos a hacer ahora las finanzas de la guerra. Al Congreso, al
iniciarse la administración Olaya, 1930.
El patrón de oro controlado.
Nombre con el que calificó a la política de Olaya Herrera, h. 1931.
La prosperidad, la que vale la pena, la que puede llamarse tal, es
y ha sido y será siempre una prosperidad a debe.
Discurso, 1, VIII,1932. No hay país ninguno de la tierra cuya
prosperidad, una que merezca llamarse así, no se haya hecho con
dinero prestado.
Ibid.
Los inmortales principios de libertad, justicia
y democracia constituyen la parte más apreciada del patrimonio
espiritual de Colombia.
Manifiesto de apoyo a Francia, 13, VI, 1940.
Neutralidad del impuesto.
Teoría de Hacienda Pública.
En
materia de costumbres parece que solo nos quedan... las malas
costumbres.
En el Congreso.
Perder para aprender no es perder. Cit.
por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II, 1993.
No
podemos ser objetivos cuando nos referimos al ser más subjetivo que
es el hombre.
Ibid.
JARAMILLO MEDINA, Francisco
Medellín, la ciudad de las rosas.
Soneto, 1911.
JARAMILLO ESCOBAR, Jaime (X-504)
Senos como dos caracoles que le rompían la blusa, / como si el
sol saliera de ellos, / unos senos más hermosos que las olas del
mar.
Los poemas de la ofensa, 1968, Mamá-negra.
Los siglos han pasado inútilmente sobre ti sin que hayas podido
dominar tu instinto de muerte y mal / y por eso Luzbel te
reclama.
Así sea.
Sé que ello te envanece, ¡hijo de Eva y la serpiente!
Ibid.
Hoy tengo deseo de encontrarte en la calle, / y que nos sentemos
en un café a hablar largamente / de las cosas pequeñas de la
vida.
Ibid., El deseo.
O cuando fuimos a un espectáculo de lucha libre y / al salir
comprendí que te amaba, / y en fin, tantas otras cosas que
suceden...
Ibid.
O asistir a la oficina y trabajar diez o doce horas, / mientras la
Muerte me espera en el guardarropa para / ponerme mi abrigo negro /
a la salida...
Ibid.
Contra la Muerte no cabe nada, ni siquiera disfrazarse.
Ibid., Proverbios de los charlatanes.
Yo afirmo la muerte con mis doce pares de costillas.
Ibid.
El alma y el agua pueden ser puras / antes de llegar a las
ciudades.
Ibid., Los huyentes.
Gonzalo Arango fue un anticuerpo. Salvo Eduardo Carranza, todo
está bien.
Cit. por Gonzalo Arango, Correspondencia violada, 1980.
Sólo el poema puede despertarle en su mente un hálito divino,
porque la poesía es la única forma de conocimiento.
Correspondencia, cit. por Darío Jaramillo Agudelo.
Nos pasamos a vivir en la poesía de Porfirio Barba-Jacob, porque
en la tuya se sufría mucho de falta de calefacción.
A Guillermo Valencia, en "Selecta", 1987.
Podemos hacer lo que queramos con nuestros amigos, menos ponernos
de parte de sus enemigos.
Ibid., a Jotamario y Eduardo Escobar (tras la expulsión de Gonzalo
Arango del Nadaísmo).
La juventud va cada día más lejos y no hay nada que la detenga,
con Nadaísmo lo mismo que sin Nadaísmo. Porque la juventud es una
fuerza de la naturaleza y el Nadaísmo es apenas nuestra camisa de
fuerza.
Ibid.
Si vosotros no hubierais podido instruiros no hubierais tenido
manera de protestar contra los que os instruyeron.
Ibid.
Responder con una flor a un culatazo es ciertamente la actitud más
desafiante que haya tomado alguien después de Cristo.
Ibid.
Si buscamos una meta, aunque sea equivocada, agarrémonos de la
metafísica.
Ibid.
Sé que la mayoría podremos sobrevivir individualmente, y estoy en
especial seguro de mí...
Ibid., A Jotamario (al anunciarse el fin y
dispersión de los nadaístas). Si se abandona el nadaísmo, uno se
muere.
Sombrero de ahogado, 1984.
Decís que no es poesía. No. Para vosotros sólo es poesía la que os
elogia y lambisquea. Pero ¡preguntad a los pobres! Son ellos quienes
me han pedido que os venga a cantar en ditirambo.
Poemas de tierra caliente, 1985.
Al plátano hartón de cáscara roja le falta un grado para ser
veneno. Compadre, no coma coco.
Ibid., Alheña y azúmbar.
Cuando a uno le dan calabazas no le dan chirimoya ni le dan
papaya.
Ibid.
Para saber si una fruta se lava o se pela hay que
consultar el diccionario. El diccionario tiene la palabra. Pero si
no la tiene será que le falta una página.
Ibid.
La sandía es una fruta sandia.
Ibid.
Qué sería de los blancos cuando van a tierra caliente si los
negros no les sirvieran refrescos de tamarindo.
Ibid.
Dios les dio a los negros la tierra caliente y las frutas porque
Dios tiene predilección por los negros, eso es evidente. Ibid.
Pero lo que pasa es que a los blancos siempre les ha gustado
comerse la comida de los negros.
Y la música de los negros. Y los bailes de los negros. Y las
negras de los negros.
Ibid.
Mi negra se emperejila, se emperespeja, se aliña, / Con alhucema y
albahaca, con cidrón y toronjil, / Con lavanda, con canela, con
loción y con anís.
Ibid.
Cuando mi negra se desnuda queda completamente desnuda, / No como
las blancas que aunque se desnuden siempre tienen algo que las
cubre, aunque sea un concepto.
Ibid.
Mi negra se aceita el codo, se pule el pelo, acicala, / Se
emperimbomba, se tiñe, se sahuma, se apercala, / Se va de rumba y
regresa cuando está la noche alta.
Ibid.
Y los motivos políticos o religiosos de las guerras son nada más
que un pretexto, / porque los verdaderos motivos son las ganas de
matar gente y prenderle / fuego al mundo. Soy indiferente, luego no
soy infeliz. Si no soy infeliz, entonces soy feliz.
Ibid., Demostración.
Los dioses son indiferentes por esencia.
Ibid.
Yo quería hacer un poema épico al río Cauca, pero mejor voy a
esperar que pueda estar seguro de que el río Cauca es mío, porque
no me gusta cantarle a los ríos ajenos.
Ibid., Andanza del río Cauca.
Le he quitado a la Luna las banderillas que le clavaron rusos y
norteamericanos / Y le he puesto un poco de tintura de yodo en las
heridas, para que cicatrice. / La Luna es un torito virgen que muge
por el cielo; el hocico le huele a leche de nube. / Yo no voy a
permitir que los gringos y los rusos me lo toreen.
Ibid., En la Luna.
Los poetas tienen que vivir en Bogotá, muertos de frío a las
puertas de la Academia mendigando un gerundio y poniendo mucho
cuidado para que no los vaya a picar el que galicado.
Correspondencia, A Raúl Gómez Jattin. Los convulsivos siglos que preceden a la extinción y el silencio.
Oh vosotros que aspiráis a otra vida porque no os amañasteis en ésta: / yo os aviso que vuestra resurrección va a estar un poco
difícil, / porque vuestros herederos os enterrarán tan hondo que no
alcanzaréis a salir a tiempo para el juicio final.
Aviso a los
moribundos.
Toda metodología es impositiva y limitante de la
libertad.
Glosas a un texto sobre didáctica de la poesía, Boletín cultural y
bibliográfico, No. 27, 1991.
Los trabajos colectivos no suelen alcanzar feliz resultado entre
nosotros por falta de rigor y disciplina.
Ibid.
Lo peor que le puede pasar a un poeta es que lo conviertan en
programa de bachillerato.
Ibid.
Todo el mérito del nadaísmo corresponde a Gonzalo Arango.
Cuestionario sobre el nadaísmo, 1994.
Escribir es perder difícilmente el tiempo.
En la literatura colombiana espantan, Boletín cultural y
bibliográfico, No. 37, 1994.
Todo ha cambiado en este siglo, menos los jóvenes.
Ibid.
El nadaísmo es una filosofía. No se ha entendido eso. Cuando se
analice, se entenderá.
Ibid.
Atención, señores, que ya empieza a
salir el poema. / Mientras sale, os voy diciendo, oh señores: / no
comáis poemas calientes; el buen poema se come frío. Podemos hacer
siempre el paraíso alrededor de nosotros dondequiera que nos
encontremos / Para eso sólo se requiere estar desnudos. Eva,
transformada en serpiente, ofreció a Adán una manzana. / Fueron
arrojados del Paraíso, pero ellos llevaron semillas / consigo, / y
Adán y Eva encontraron otra tierra y plantaron allí las / semillas
del paraíso.
Apólogo del paraíso.
Podemos hacer siempre el paraíso
alrededor de nosotros / dondequiera que nos encontremos. / Para eso
sólo se requiere estar desnudos.
Ibid.
Os preocupáis demasiado de que vuestra casa esté limpia, / y de
que vuestros negocios estén sucios. Comentario de la muerte Pero yo
os digo: / hay que hacer esta noche una fiesta privada en casa de
cada cual, / porque hoy es víspera de la muerte. / Apuráos.
Ibid.
Viejo, no te burles, / que Dios hizo lo que pudo.
Conversación con
W.W.
Además, el sapo no es la medida de Dios, evidentemente, / pues
el elefante es un monstruo más grande / con su larga nariz, / y el
hombre un monstruo todavía más grande.
Ibid.
Sólo tienen estatuas los animales que el hombre / ha tomado por
compañeros, como el caballo, / y eso porque aparece montado encima
de él / para hacer más alto su pedestal.
Ibid.
Pobrecito Dios, ¡y tú burlándote! / Si creó a los poetas, ¿por
qué no podía crear también / la rana?
Ibid.
Y si yo soy una obra maestra de Dios, entonces Dios / tiene que
ser muy pequeño, / un artista muy malo, francamente.
Ibid.
La Muerte me coge el pie, / yo la cojo del cabello; / si se queda
con mi pie, / me quedo con su cabeza.
Coplas de la muerte.
La Muerte me coge un brazo, / yo la agarro con
el otro; / cuando amanezca estaremos / dando vueltas en
redondo.
Ibid.
Si la Muerte entra a mi alcoba, / me tiro por la ventana; / y si
sale y me persigue / corro al río y me echo al agua.
Ibid.
Si me encuentro con la Muerte / ¡qué susto le voy a dar! / Le
diré que en la otra esquina / me acaban de asesinar.
Ibid.
Para que nunca me encuentre / la Muerte aquí me le escondo; / si
les pregunta por mí / digan que no me conocen.
Ibid.
El cuerpo nos goza y lo sufrimos. / Lujo de la naturaleza, pagamos
por él nuestra alma.
El cuerpo
Orgullo del alma, el cuerpo es
regocijo y alimento, / y baila ante los dioses como el árbol frente
a la tormenta.
Ibid.
Pero yo aconsejo: hazte amigo del sepulturero.
Ibid.
Por donde vinieron a ser iguales el árido escorpión / que hinca su
aguijón en la rosa / y el albo copo de nieve que sepulta al
escorpión aprisionándolo / entre sus cautas tenazas de frío.
El
esperador.
Cuando el soplo de la montaña ha penetrado el corazón del
/ hombre, ya no puede éste ser sino como / un árbol. / Sus enemigos
son el rayo y la tormenta, mas, entre tanto, todos / los seres del
bosque se guarecen en él.
Ibid.
Y el Esperador huía y se encerraba en inmensas salas oscuras de /
muchas ventanas donde arreciaba / la soledad.
Ibid.
Sobre las lomas se sentaba a esperar la tarde que / venía
navegando por el río con sus remos de viento y su bandera / de
sombras desplegada.
Ibid.
Y en ella estuvo muchos años esperando que transcurriera la /
esperanza.
Ibid.
Alguien va a arrojarse al río, pensó. / En ese momento recibió el
garrotazo en la nuca.
Ibid.
El enamorado busca su amor aún allí en donde sabe / que no está, /
como el aventurero busca su tesoro aún allí en donde no se /
encuentra, / y así como el hombre busca a Dios en toda parte y /
lugar sin hallarlo nunca.
La búsqueda.
Y muere con la sonrisa del
que no encontró nada / pero buscó mucho, hasta morirse.
Ibid.
Así yo he venido hoy domingo y te espero sentado / en un pedazo de
sol.
Ibid.
Oh tú, por quien el pastor daría sus noventa y nueve / ovejas
restantes.
Ibid.
Aquí pongo a secar al sol los paños de mi angustia / más
íntima.
Ibid.
Yo pensaba que él comería estrellas, pues ¿quién no / sabe que
las estrellas suben y bajan? Pero tal vez / no se alimentara más
que de luciérnagas.
La llaga incurable.
La magnitud de la humanidad
pesa sobre cada uno / de nosotros, y sentimos profundamente a / los
antípodas pateando sobre nuestro corazón.
Problemas de la estética contemporánea.
Ser el dueño del mundo es lo mismo que no tener /
nada, pues el error existe en todo y siempre nos / engañan.
Ibid.
Mis jeans y mi chaqueta no se pueden cambiar por / un edificio de
cinco pisos ni por un puesto / en las oficinas del Gobierno.
Ibid.
La policía lo metió a la cárcel pocas horas después, / como a todo
hombre que intenta ser feliz.
Ibid.
Y dentro de la ley no puede haber un hombre / desnudo porque la
ley es hecha por los / representantes de los propietarios de las /
fábricas de tejidos.
Ibid.
El fabricante de rosquillas puede al menos comérselas, / pero el
que sólo sabe hacer poemas, / ¿qué comerá?
Ibid.
Si una pregunta no tiene respuesta lo mejor es / cambiar de
pregunta y de problema. / Para eso hay petulantes que nos dicen: / "¡Dedícate a la estética!
Ibid.
He aquí que una ballena ha venido a visitarme. / Desde lejanas
regiones del Mar ha venido a visitarme / y me saluda con tres
surtidores de niebla, / deteniéndose a la entrada de mi cueva para
solicitar / audiencia.
Visita de la ballena.
¡Oh Monstruo que me
habeis recluído en este monte / a fin de proteger al mundo de mi
extraña maldad!
Ibid.
JARAMILLO URIBE, Jaime (Medellín, 1917)
Colombia bien puede ser llamado el país americano del término
medio, de la "aurea mediocritas".
Algunos aspectos de la personalidad histórica de Colombia, 1969,
también en La personalidad histórica de Colombia y otros
ensayos,
1977. Izquierda, derecha, centro, son categorías huidizas, ambiguas, en
una palabra: imprecisas.
Gobiernos liberales, El Tiempo, 1980. Ser fiel a su vocación y renunciar a todo lo que a ella se oponga
es la primera victoria que hay que obtener.
El Espectador, 1995. Si bien me gusta enseñar, esto siempre debilita el trabajo
efectivo.
Entrevista a Cobo Borda, El Tiempo, 10, I, 1999.
JARAMILLO, Marco Antonio
Todo mi mal está en que a ratos me cae sobre los ojos una venda
colorada, como sangre, y paso un ratico sin saber lo que hago, pero
vuelvo a quedar bueno.
Mercedes, 1907.
Es como una nubecita roja que me baja de la frente, me va tapando
los ojos hasta que me ciega un momento, pero sigue bajando y
conozco cuando llega al corazón, y allí se disipa, se
evapora.
Ibid.
JARAMILLO DUQUE, Mario
|ACERA: Baldosas colocadas sobre un charco. Cuando
llueve, suenan como escurriendo trapos y tienen el privilegio de
salpicar por dentro. Por ellas transitan las cajoneras, viejos con
canastos y se estruja a las personas de respeto.
Diccionario de la lengua viperina.
|ALMANAQUE: Horror de las solteronas.
Ibid.
|DIVORCIO: Sentencia por la cual dos seres que aborrecen
el matrimonio se separan para casarse nuevamente.
Ibid.
¡Eh!... joven. ¡Qué milagro es verlo! -Milagro no. Un descuido
mío.
¿Por qué estás tan contento? -Es que estoy cumpliendo diez años de
casado.
¿Sí? Entonces ya casi salís libre.
Es tan bajito que se sienta en
una moneda de cinco centavos y queda con los pies colgando y tiene
que gritar para que lo bajen.
Exageraciones antioqueñas.
Tan flaco,
que si lo entierran un 28 de diciembre, los gusanos pasarían por
inocentes.
Ibid.
Ese pleito está más enredado que una libra de anzuelos.
Ibid.
JARAMILLO, Samuel
Ni filtro mágico, ni pócima salvadora que / ponga el delirio a
mi servicio / chapaleo en aguas aceitosas / y es mi único alimento
el desamparo.
Geografías de la alucinación, 1981, XIII, Relación.
Vacío que se interpone entre los bordes de mi herida, /
cuchillo que siempre rescata de la respuesta, la pregunta, / aire
delgado que invade la distancia entre los cuerpos, / la poesía pone
en aprietos a la vida.
Cuchillo, 1988. Somos sombras / ... / que nadie puede oír. / Sombras de sombras. /
Acaso fantasmas. Selva que regresa.
Mis palabras / talladas en la
niebla / miran hacia lugares distantes / hacia sitios escondidos, /
a veces hacia atrás.
Bajo el ala del relámpago.
El sol ha salido en
vano / en este día / porque amanecimos desconfiados / y dudamos de
su existencia. Asperos golpes en la sombra.
Queremos traducir la
ansiedad / al idioma tan nuestro / de las amnesias. / Pero hay aún
demasiada noche / y nos queda aún demasiada voz.
Ibid.
¿Regresarán de esa oscuridad de madera / donde parece que están
todos escondidos? / ¿Surgirán de pronto / de cualquier rincón del
aire / como si nunca hubieran faltado? / ¿Volverán? ¿Y los otros,
volverán? Es que no me quiero quedar aquí / sin siquiera una señal,
/ sin un resquicio hacia el sueño, / como el árbol iracundo en
mitad de la noche, / gesticulando sin sentido, / perdido en ese
aire exasperante, / solo.
Ibid.
JIMÉNEZ PANESSO, David
Se diría que la función del poema consiste más en infiltrar un
poco de silencio en la barahúnda de la época que en agregar un eco
más a la confusión de voces y de gritos que nos ensordece.
Poesía colombiana: 1980-1989.
JIMÉNEZ, Julio
La sagacidad no es inteligencia.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II,
1993. La pobreza no es pecado; la pobreza que no se perdona es la del
alma.
Ibid.
JODAR Y SAN MARTÍN, Baltasar de
De alisos y sauces coronado / cuando un tiempo corriente
detenido / a pesar de las ondas del olvido / a Fucha miro en perlas
dilatado.
Soneto.
JORDÁN JIMÉNEZ, Ricardo
Cuánta razón tuvo Bacon al decir que los testigos no se cuentan
sino que se pesan. Pesar el testimonio, sí; pero "pesar" también
antes a quien va a darlo.
Dos viernes trágicos, 1968.
JOTAMARIO (J. Mario Arbeláez)
Iba yo por una calle con nombre de santo / cuando hizo su
aparición en mi vida Simona Coral. Simona Coral.
En la vida política
de esta tierra ha corrido mucha sangre / y mucho sancocho de
gallina / y políticos ya del siglo de este poema / no han terminado
de hartarse de la una ni de lo otro.
Carnal de la violencia. Había que verlo en una iglesia casi siempre al lado del muerto /
pero en la casa siempre estuvo del lado abierto de la vida.
Ibid.
Escribo mis poemas herméticos, pero de vez en cuando pienso.
El
profeta en su casa.
Pienso, por ejemplo, que esto debe cambiar, /
que debemos sonreír todos de la sala hasta la cocina, / estar del
lado de la vida como las matas de los tarros, / cantar victoria
bajo la ducha de las mañanas esplendentes.
Ibid.
Que mis hermanas no se averguencen cuando en la calle les /
preguntan: / "¿Qué está haciendo ahora su hermano?"/ "¿Cuándo se va
a afeitar la barba?" / "¿Si es tan inteligente por qué no trabaja
en un banco?"
Ibid.
¿Cómo encontrar palabras que digan algo que no es algo?
Ibid.
Ahora que los gusanos han echado sobre tu cuerpo / la primera
palada de olvido...
Los inadaptados no te olvidamos Marylin.
En este
pequeño país latinoamericano que se llama / Colombia vivimos varios
poetas inadaptados que no queremos / olvidarte.
Ibid.
Tú Marylin fuiste más importante para nosotros que la / doctrina
Monroe.
Ibid.
Cada hombre ora a lo que más ama / sobre todo si lo que más ama
está muerto.
Ibid.
Me paseé por tus corredores / como el emperador de abisinia / por
abisinia.
Santa Librada College.
A pesar de que no era / bruto /
nunca pasé en geometría / del 3, 14 16. Ibid.
En clases de filosofía / me dedicaba al ajedrez / y en un lance /
afortunado / les di jaque doble / con el caballo / al rey / y a
parménides
Ibid.
El vicerrector / era el rector / dos veces
Ibid.
El profesor de historia / con su figura de mapa / de américa / nos
explicaba / sinceramente / que no hubo tal decadencia romana / sino
más bien una desvalorización / del sestercio
Ibid.
El profesor de religión / nos exortaba / al arrepentimiento / nos
hacía pruebas sobre / la existencia de dios / escuchaba mis
objeciones / con abatimiento de crucifijo / y a él y a dios / los
salvaba / la campana.
Ibid.
El profesor de contabilidad / es un pequeño asiento / en mi
memoria
Ibid.
Francisco de Paula Santander / en el patio mayor / era entonces /
una base de béisbol . Ibid.
Santa Librada College / tea no atea / mil doscientos alumnos /
pararrayos / setenta y dos salones / discoteca / prestigio nacional
/ cincuenta y cinco / profesores idóneos / secretario. Ibid.
Santa librada / college / yo no te debo / nada.
Ibid.
El sol / secundario / de las tres / de la tarde. Santa Librada
College Two Tres tristes profesores / de trigonometría / comieron
en el mismo / plato / tigres tristezas.
Ibid.
Allí guerrero me reventó las narices / allí le puse un ojo negro a
collazos / allí collazos por poco mata a guerrero.
Ibid.
Espero que mi padre / que en paz descanse / piense hoy que en esta
vida / que no es muy larga / no importa no graduarse.
Ibid.
Si uno es perseverante / y a largo plazo / tiempo le dan la risa /
y la poesía / para sacarse el clavo / y volver a clavarlo / del
otro lado.
Ibid.
Todos los días en ti me acuesto / y de ti me levanto y vuelvo a tu
cuerpo. Un bailarín se tiró a la piscina / para que aplaudiera el
anfitrión con sus manos mojadas / pero el paracaídas no se abrió /
y los esponsales serán a las siete.
El profeta en su casa.
Un día el
carro de los ataúdes / chocó contra el carro de los helados / y
desde la carroza se me fueron los ojos / tras el charquito
delicioso que se escapaba, / dada la inclinación de la calle, /
hacia las alcantarillas de las puertas del cementerio.
Ibid.
Manos que se estrechan no pesan nada / escribió maravillosamente
Paul Eluard doce años antes de mi nacimiento / Y yo estrecho la
mano de Paul Eluard / Ahora podrida bajo los cementerios de
París.
Ibid.
El nadaísmo nació en medio de una sociedad que, si no había
muerto, apestaba. Cuando los amantes han alcanzado el clímax / de
su vida común / y a su colmo de dicha sólo siguen las nubes / deben
subir hasta la cumbre del Fujiyama / y lanzarse por la boca del
volcán encendido / su caída dura toda la primavera / y hay la
posibilidad de que caigan con vida. / Sólo entonces el amor sería
eterno.
Espérame en Tokio amor mío.
El trabajo es atentatorio contra
la dignidad de la poesía y contra la misma dignidad humana. Uno
debiera ser hijo de su peor enemigo.
Calíentame los huevos mamá que me voy para el Vietnam.
Título de una conferencia
Mírame mirándome en el interior de tus ojos.
Mensaje a Dariolemos, en Correspondencia violada, 1980.
Para nosotros la literatura no es un oficio sino un ocio. Cit. por
Gonzalo Arango, Correspondencia violada, 1980 .
Gonzaloarango quiso siempre hacer el Cristo en el nadaísmo y ha
terminado por traicionar a sus doce judas. Correspondencia, a
Eduardo Escobar.
Yo no acostumbro aceptar milagros de menos de 24
kilates.
Ibid.
Los nadaístas mueren en la cama.
Ibid.
Ningún cuerpo es perfecto, hasta que es fecundo.
Ibid.
Eres más peligroso que un presidente.
Ibid., Gonzalo Arango.
Has vomitado tu mareo de marino sobre lo único puro que quedaba en
la alcantarilla: nuestra fe de ratas.
Ibid.
Si me pidieran que eligiera en un naufragio compartir una isla
desierta con Brooke Shields, Stephania de Monaco, Kim Bassinger,
elegiría sin duda a la que llevara más libros en su balsa.
Trampa
para ratones de biblioteca, El Espectador, 1989.
Tiene más presencia para mí Madame Bovary que mi bisabuela de
quien no tengo noticia. Ibid.
Si debiera escoger el animal para mi
próxima reencarnación, éste sería el ratón de biblioteca.
Ibid.
La
atracción de la tierra es de poca monta comparada con la atracción
de los cuerpos a los que pica el amor.
Enamorado converso, El Espectador, 8, IV, 1990.
El amor se nutre de besos. Beso sin amor no alimenta.
Ibid.
El sexo
es el camino más corto de un corazón a otro.
Ibid.
Se hacen muy bellas frases sobre el amor, a veces más bellas que
el amor mismo.
Ibid.
En la mesa y en la cama el que es caballero repite.
Ibid.
Hay que desconfiar por agüero del hombre de una sola mujer como
del poeta de un solo libro.
Ibid.
El sexo es una de las formas de la conversación.
Ibid.
Mi palabra poética cabe toda en la palabra caos.
Cuestionario sobre el nadaísmo, 1994. El caos fue el punto de partida de nuestra estética feroz.
Ibid.
La poesía te salva, pero difícilmente puede impedir que te
maten.
Ibid.
Mientras más como carne, más quiero a mi vaca.
El señor caído en la tentación, El Tiempo, 28, XII,
1998.
JURSICH, Mario (Valledupar, 1964)
Ver la luz / con asombro / y pensar que el día / está en
suspenso, / igual a este minuto / que del árbol pende.
Glimpses, 1990.
Le mana el silencio, / esa luz que irradia en el hombre, / la
sombra, / esa hoz que brilla en la muerte, / y el canto, /
contrapunto de hojas y de viento.
Ibid.
Y un estallido, fugaz / como la vida misma / teje la luz
clara.
Ibid.
Las dos alas / descienden. La rama / cruza el aire. // El sol
abrasa. // Una pausa -el jardín // la fuente // mágicas
presencias.
Ibid.
Este árbol, amada, / es tan sólo su nombre / y, no obstante, /
contiene toda la verdad del Universo.
Ibid.
En otro lugar, allende las aguas, / luego de un destino ebrio por
la carne, / comprendí que el deseo es pura ignorancia. / (Quien
tienta vive, dijo el poeta, / y yo tenté cuanta verdad estuvo a mi
alcance).
Ibid.
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