Ficha bibliográfica
Titulo: Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas
Autores: Luis H. Aristizábal
Edición original: Junio 29 del 2004
Edición en la biblioteca virtual: Julio 24 del 2005
Notas: Edición electrónica del diccionario de Luis H. Aristizábal en el que podrá encontrar una minuciosa selección de las frases y citas célebres pronunciadas por personajes colombianos.
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

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| Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas

Letra J


JARAMILLO LONDOÑO, Agustín

Sobra decir que también vivía allí más gente, pero, aunque sobre, lo digo, como hacen todos los autores.
El destino de Néstor.
La sirvienta es la base de la felicidad en el matrimonio.
Ibid.

Dicen que antioqueño no se vara. Él sí se vara, pero lo bonito es cómo se desvara.
El testamento del paisa.


JARAMILLO AGUDELO, Darío (Santa Rosa de Osos, 1947)

Estoy hecho de libros -declara el narrador-, pero a veces me gustaría que esta historia tuviera menos elementos librescos y que los presagios se manifestaran de unas maneras más prestigiosas, más espectaculares.
La muerte de Alec, 1983.
La poesía, esa batalla de palabras cansadas; nombres de cosas que el ruido escamotea; / la poesía; este consuelo de bobos sin amor ni esperanza / borrachos por el ruido del verbo, aturdidos por cosas que significan otras cosas; / sonidos de sonidos.
Poética.
Y díganle que todavía no es feliz, si esto hace feliz a algunos de ellos... que eso no importa ni siquiera para la lástima o el perdón / y que ni él mismo sufre por eso... que le hicieron creer en el amor y luego supo que el amor dura / lo que dura una palabra...
Ibid.

Digamos que hay palabras metálicas / que si caen desde cierta altura / pueden matar a una persona.
Arte poética una: la palabra.
Digamos, en fin, que hay palabras / como la palabra caravana o la palabra / sombra, sin mencionar la conocida / rosa.
Ibid.

Pero ya estamos llegando / al límite. Las palabras, son palabras, poeta, / y yo no puedo hacer nada por ustedes.
Ibid.

Vano intento de la letra hacer la / crónica del instinto certero, / vano intento decir el amor.
Poemas de amor.  Este otro que también me habita... / el pesimista y el melancólico y el inmotivadamente alegre, / ese otro / también te ama.
Poemas de amor, 1986, 1.
Tu lengua, látigo sagrado, brasa dulce.
Ibid., 8.

Tu lengua que me explora y me descubre, / tu hermosa lengua que también sabe decir que me ama.
Ibid.

Acaso el silencio sea la única / cordura del amor / y decirlo su locura más tonta.
Ibid., Secuencia 11.

Primero está la soledad. / En las entrañas y en el centro del alma: / ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza: / que solamente tu respiración te acompaña, / que siempre bailarás con tu sombra, / que esa tiniebla eres tú.
Ibid., 13.

Pero no olvides, especialmente entonces, / cuando llegue el amor y te calcine, / que primero y siempre está tu soledad / y luego nada y después, si ha de llegar, está el amor.
Ibid.

Algún día te escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel / y que convierta en palabras tu mirada.
Secuencia 4. Tu voz aquí, a lo lejos, que le da sentido a todo, / tu voz que es la música de mi alma, / tu voz, sonido del alma, conjuro, encantamiento.
Secuencia 6. Ya te dejé de querer / mas no te puedo olvidar / y dejándote de amar / estoy dejando de ser.
Coplas para olvidarte mejor.
Y después de tanto andar / ya supe qué es el olvido: / amar lo que se ha perdido / y perder después de amar.
Ibid.

La música es la única cosa consistente.
Felisberto: tiempo oscuro.
Ah, su corazón, ese cándido reloj del desatino.
Ibid.

Discutimos sobre pequeñas cosas del día, cosas efímeras, / y compartimos gustos elementales como los techos altos o el sonido de la fuente...
Escenas de la vida diaria.
Por malo que sea un libro, siempre habrá uno o dos chispazos, uno o dos versos hermosos.
Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. XXII, No.5, 1985. ¿Por qué no aspirar a que toda la literatura sea poesía?
En "Al encuentro de la cultura hispanoamericana",
1985.  La herencia nuestra no es solamente europea, sino también africana, que es ancestral americana.
Ibid.

La literatura ha de verse fundamentalmente como materia de goce, de recreación, más que de profundo análisis de la naturaleza humana.
Ibid.

El primer texto de este libro, titulado "este libro" cuenta lo que es este libro. La presente nota, titulada "este libro" cuenta lo que son estas notas.
Antología de lecturas amenas, 1986.
La pasión por la lectura funciona más como una adicción que como una afición.
Ibid.

A escribir se aprende escribiendo: en eso, es lo mismo que aprender a montar en bicicleta.
Ibid.

Los poetas descubren el agua tibia simultáneamente en Bogotá y en México, en Caracas y en Santiago o en La Paz.
Aislados. Desde las orillas del silencio, Quimera Latinoamericana, No. 7, 1990.  Los morgualos aman las chimeneas, las camisas blancas de telas de algodón, un árbol llamado siete cueros, el olor del cilantro fresco cuando cae en la sopa, el sonido de las campanas de iglesia, los días sin nubes.
Guía para viajeros, 1991.
Es duro ser poeta / aunque, la verdad, / era más difícil antes / cuando los versos tenían rima.
Y las furtivas boleticas / que comenzaban amada dulce amor mío / (almíbar mariposa azucena corazón). Sé que el amor / no existe / y sé también / que te amo.
Y cómo hacer que llueva la misma lluvia que veía caer a los trece años? / ¿Cómo tornar al éxtasis del sol, a la luz ebria de mis siete años, / al sabor maduro de la mora, / a todo aquel territorio desconocido por la muerte, / y a esa palpitante luz de la pureza, / a todo esto que soy y que ya no es mío? Tu lengua, tu sabia lengua que inventa mi piel, / tu lengua de fuego que me incendia, / tu lengua que crea el instante de demencia, el delirio del cuerpo enamorado.
  El fracaso es una especie de muerte.
Biografía imaginaria de Graham Greene.
Hoy sabes con certeza / del horror que tiene un niño cuando los colibríes / atraviesan la ventana hacia el jardín / y él los mira paralizado / y sabe que comienza a amanecer.
Ibid. El terror es una peste / y tú nunca te libraste / de ese nudo en la garganta.
Ibid.

Acuérdate del silencio de las clínicas / cuando el mundo era el espacio / que podías recorrer en tu silla de ruedas.
Ibid.

No olvides el día que descubriste / que la felicidad es tan frágil / que la puede romper una palabra.
Ibid.

Acuérdate que todo lo que uno habría de llegar a ser / debe haber estado ya allí para bien o para mal.
Ibid.

Mucho tiempo después, / cuando el cáncer de la desesperación / cuando la gradual trama de la destrucción nos fue / marcando / nos echábamos la mentira de la música.
Donde Scott Fitzgerald habla de la importancia de la música.
No sé si a ustedes les agrada el tema del fracaso, / pero aquí se trata de eso; / que un día lejano perdí la fe en encontrar alguna certeza / y esto no me hace llorar ni siquiera cuando estoy borracho.
Ibid.
Ahora me mantiene vivo cierta curiosidad de ver cómo / me pudro.
Ibid.

Hubo días en que no necesitábamos de la música / y en una rabiosa adolescencia / fuimos capaces de amar; / pero tiempo después / ya cada uno era el exclusivo dueño de su propia miseria / y los huecos de silencio los llenábamos / mintiéndonos canciones que ahogaban cualquier posible / palabra.  Ibid.

El vivió tan intensamente los dos o tres instantes que / hace su vida, la vida, / que la memoria había muerto y no tenía posibilidad de / recordarlos.
Penúltima biografía imaginaria.
Pero un estigma lo ataba a la certeza de que de algún / modo / aquellos instantes todavía eran suyos.
Ibid.

El vivió tan intensamente los dos o tres instantes que / hacen su vida, la vida, / que a fuerza de hacerse querer olvidó que él amaba / y esto lo supo tan bien como para que no le hiciera / daño.
Ibid.
Si me oyera, no me permitiría que les contara a / ustedes estas cosas, / aunque es posible que guardara un silencio teñido de / vacío / aunque es posible que abriera los ojos de su sueño / y hablara de animales de fuego y dijera que siente que / en su boca está el mar de los Sargazos.
Ibid.

Aunque es posible, acaso, que también sonriera / levemente.
Ibid.

Este otro que también me habita, / acaso propietario, invasor quizás o exiliado en este / cuerpo ajeno o de ambos.
Poemas de amor, 1.
Ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel, / ese otro que está solo siempre que estoy solo, ave o / demonio.
Ibid.

Ese otro / también te ama.
Ibid.

Primero está la soledad. / En las entrañas y en el centro del alma: / ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza; / que solamente tu respiración te acompaña, / que siempre bailarás con tu sombra, / que esa tiniebla eres tú.
Ibid. 13.
Tu corazón, ese fruto perplejo, no tiene que agriarse / con tu sino solitario; / déjalo esperar sin esperanza / que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.
Ibid.

Acaso una noche, a las nueve, / aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro de ti, / y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso; / pero no olvides, especialmente entonces, / cuando llegue el amor y te calcine, / que primero y siempre está tu soledad / y luego nada / y después, si ha de llegar, está el amor.
Ibid.

Si alguien les pregunta por él, / díganle que quizá no vuelva nunca o que si regresa / acaso ya nadie reconozca su rostro. Razones del ausente.
Díganle también / que no dejó / razones para nadie, que tenía un mensaje secreto, algo / importante que decirles / pero que lo ha olvidado.
Ibid.

Díganle que hubo palabras / que le hicieron creer en el amor y luego supo que el / amor dura / lo que dura una palabra.
Ibid.

  Y díganle que / se llevó consigo algunas supersticiones, tres / fetiches / ciertas complicidades mal entendidas y el recuerdo de / dos o tres rostros / que siempre vuelven a él en la oscuridad / y nada.
Ibid.

Raúl Gómez Jattin descansa en Paz. También sus amigos y su familia descansamos en paz.
Obituario, Credencial, VI, 1997. La locura no es un delirio creativo; la locura es triste.
Ibid.

Créame. Soy un hombre feliz y en las páginas que siguen me propongo contarle cómo alcancé la felicidad. En otras palabras, ésta es la historia de cómo asesiné a mi esposa.
Memorias de un hombre feliz, 2000.
La felicidad es no sentir que el tiempo pasa. Ya los sabios lo han dicho: si todo, de repente, duplicara su velocidad, no lo notaríamos. Ibid.


JARAMILLO, Esteban (1874-1947)

Yo soy el convidado de piedra que agría el pan de la mesa proteccionista.
Memoria de Hacienda, 1927.
Estábamos haciendo las finanzas de la paz; vamos a hacer ahora las finanzas de la guerra.
  Al Congreso, al iniciarse la administración Olaya, 1930.
El patrón de oro controlado.
Nombre con el que calificó a la política de Olaya Herrera, h. 1931.
La prosperidad, la que vale la pena, la que puede llamarse tal, es y ha sido y será siempre una prosperidad a debe.
Discurso, 1, VIII,1932.
No hay país ninguno de la tierra cuya prosperidad, una que merezca llamarse así, no se haya hecho con dinero prestado.
Ibid.

Los inmortales principios de libertad, justicia y democracia constituyen la parte más apreciada del patrimonio espiritual de Colombia.
Manifiesto de apoyo a Francia, 13, VI, 1940.
Neutralidad del impuesto.
Teoría de Hacienda Pública.
En materia de costumbres parece que solo nos quedan... las malas costumbres.
En el Congreso.
Perder para aprender no es perder. Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II, 1993.
No podemos ser objetivos cuando nos referimos al ser más subjetivo que es el hombre.
Ibid.


JARAMILLO MEDINA, Francisco

Medellín, la ciudad de las rosas.
Soneto, 1911.


JARAMILLO ESCOBAR, Jaime (X-504)

Senos como dos caracoles que le rompían la blusa, / como si el sol saliera de ellos, / unos senos más hermosos que las olas del mar.
Los poemas de la ofensa, 1968, Mamá-negra.
Los siglos han pasado inútilmente sobre ti sin que hayas podido dominar tu instinto de muerte y mal / y por eso Luzbel te reclama.
Así sea.
Sé que ello te envanece, ¡hijo de Eva y la serpiente!
Ibid.

Hoy tengo deseo de encontrarte en la calle, / y que nos sentemos en un café a hablar largamente / de las cosas pequeñas de la vida.
Ibid., El deseo.


O cuando fuimos a un espectáculo de lucha libre y / al salir comprendí que te amaba, / y en fin, tantas otras cosas que suceden...
Ibid.

O asistir a la oficina y trabajar diez o doce horas, / mientras la Muerte me espera en el guardarropa para / ponerme mi abrigo negro / a la salida...
Ibid.

Contra la Muerte no cabe nada, ni siquiera disfrazarse.
Ibid., Proverbios de los charlatanes.

Yo afirmo la muerte con mis doce pares de costillas.
Ibid.

El alma y el agua pueden ser puras / antes de llegar a las ciudades.
Ibid., Los huyentes.

Gonzalo Arango fue un anticuerpo. Salvo Eduardo Carranza, todo está bien.
Cit. por Gonzalo Arango, Correspondencia violada, 1980. Sólo el poema puede despertarle en su mente un hálito divino, porque la poesía es la única forma de conocimiento.
Correspondencia, cit. por Darío Jaramillo Agudelo.

Nos pasamos a vivir en la poesía de Porfirio Barba-Jacob, porque en la tuya se sufría mucho de falta de calefacción.
A Guillermo Valencia, en "Selecta", 1987. Podemos hacer lo que queramos con nuestros amigos, menos ponernos de parte de sus enemigos.
Ibid., a Jotamario y Eduardo Escobar (tras la expulsión de Gonzalo Arango del Nadaísmo).

La juventud va cada día más lejos y no hay nada que la detenga, con Nadaísmo lo mismo que sin Nadaísmo. Porque la juventud es una fuerza de la naturaleza y el Nadaísmo es apenas nuestra camisa de fuerza.
Ibid.

Si vosotros no hubierais podido instruiros no hubierais tenido manera de protestar contra los que os instruyeron.
Ibid.

Responder con una flor a un culatazo es ciertamente la actitud más desafiante que haya tomado alguien después de Cristo.
Ibid.

Si buscamos una meta, aunque sea equivocada, agarrémonos de la metafísica.
Ibid.

Sé que la mayoría podremos sobrevivir individualmente, y estoy en especial seguro de mí...
Ibid., A Jotamario (al anunciarse el fin y dispersión de los nadaístas).

Si se abandona el nadaísmo, uno se muere.
Sombrero de ahogado, 1984. Decís que no es poesía. No. Para vosotros sólo es poesía la que os elogia y lambisquea. Pero ¡preguntad a los pobres! Son ellos quienes me han pedido que os venga a cantar en ditirambo.
Poemas de tierra caliente, 1985. Al plátano hartón de cáscara roja le falta un grado para ser veneno. Compadre, no coma coco.
Ibid., Alheña y azúmbar.

Cuando a uno le dan calabazas no le dan chirimoya ni le dan papaya.
Ibid.

Para saber si una fruta se lava o se pela hay que consultar el diccionario. El diccionario tiene la palabra. Pero si no la tiene será que le falta una página.
Ibid.

La sandía es una fruta sandia.
Ibid.

Qué sería de los blancos cuando van a tierra caliente si los negros no les sirvieran refrescos de tamarindo.
Ibid.

Dios les dio a los negros la tierra caliente y las frutas porque Dios tiene predilección por los negros, eso es evidente.  Ibid.

Pero lo que pasa es que a los blancos siempre les ha gustado comerse la comida de los negros.
Y la música de los negros. Y los bailes de los negros. Y las negras de los negros.
Ibid.

Mi negra se emperejila, se emperespeja, se aliña, / Con alhucema y albahaca, con cidrón y toronjil, / Con lavanda, con canela, con loción y con anís.
Ibid.

Cuando mi negra se desnuda queda completamente desnuda, / No como las blancas que aunque se desnuden siempre tienen algo que las cubre, aunque sea un concepto.
Ibid.

Mi negra se aceita el codo, se pule el pelo, acicala, / Se emperimbomba, se tiñe, se sahuma, se apercala, / Se va de rumba y regresa cuando está la noche alta.
Ibid.

Y los motivos políticos o religiosos de las guerras son nada más que un pretexto, / porque los verdaderos motivos son las ganas de matar gente y prenderle / fuego al mundo. Soy indiferente, luego no soy infeliz. Si no soy infeliz, entonces soy feliz.
Ibid., Demostración.

Los dioses son indiferentes por esencia.
Ibid.

Yo quería hacer un poema épico al río Cauca, pero mejor voy a esperar que pueda estar seguro de que el río Cauca es mío, porque no me gusta cantarle a los ríos ajenos.
Ibid., Andanza del río Cauca.

Le he quitado a la Luna las banderillas que le clavaron rusos y norteamericanos / Y le he puesto un poco de tintura de yodo en las heridas, para que cicatrice. / La Luna es un torito virgen que muge por el cielo; el hocico le huele a leche de nube. / Yo no voy a permitir que los gringos y los rusos me lo toreen.
Ibid., En la Luna.

Los poetas tienen que vivir en Bogotá, muertos de frío a las puertas de la Academia mendigando un gerundio y poniendo mucho cuidado para que no los vaya a picar el que galicado.
Correspondencia, A Raúl Gómez Jattin.
Los convulsivos siglos que preceden a la extinción y el silencio. Oh vosotros que aspiráis a otra vida porque no os amañasteis en ésta: / yo os aviso que vuestra resurrección va a estar un poco difícil, / porque vuestros herederos os enterrarán tan hondo que no alcanzaréis a salir a tiempo para el juicio final.
Aviso a los moribundos.
Toda metodología es impositiva y limitante de la libertad.
Glosas a un texto sobre didáctica de la poesía, Boletín cultural y bibliográfico, No. 27, 1991. Los trabajos colectivos no suelen alcanzar feliz resultado entre nosotros por falta de rigor y disciplina.
Ibid.

Lo peor que le puede pasar a un poeta es que lo conviertan en programa de bachillerato.
Ibid.

Todo el mérito del nadaísmo corresponde a Gonzalo Arango.
Cuestionario sobre el nadaísmo, 1994.
Escribir es perder difícilmente el tiempo.
En la literatura colombiana espantan, Boletín cultural y bibliográfico, No. 37, 1994.
Todo ha cambiado en este siglo, menos los jóvenes.
Ibid.

El nadaísmo es una filosofía. No se ha entendido eso. Cuando se analice, se entenderá.
Ibid.
Atención, señores, que ya empieza a salir el poema. / Mientras sale, os voy diciendo, oh señores: / no comáis poemas calientes; el buen poema se come frío. Podemos hacer siempre el paraíso alrededor de nosotros dondequiera que nos encontremos / Para eso sólo se requiere estar desnudos. Eva, transformada en serpiente, ofreció a Adán una manzana. / Fueron arrojados del Paraíso, pero ellos llevaron semillas / consigo, / y Adán y Eva encontraron otra tierra y plantaron allí las / semillas del paraíso.
Apólogo del paraíso.
Podemos hacer siempre el paraíso alrededor de nosotros / dondequiera que nos encontremos. / Para eso sólo se requiere estar desnudos.
Ibid.

Os preocupáis demasiado de que vuestra casa esté limpia, / y de que vuestros negocios estén sucios. Comentario de la muerte Pero yo os digo: / hay que hacer esta noche una fiesta privada en casa de cada cual, / porque hoy es víspera de la muerte. / Apuráos.
Ibid.

Viejo, no te burles, / que Dios hizo lo que pudo.
Conversación con W.W.
Además, el sapo no es la medida de Dios, evidentemente, / pues el elefante es un monstruo más grande / con su larga nariz, / y el hombre un monstruo todavía más grande.
Ibid.

Sólo tienen estatuas los animales que el hombre / ha tomado por compañeros, como el caballo, / y eso porque aparece montado encima de él / para hacer más alto su pedestal.
Ibid.

Pobrecito Dios, ¡y tú burlándote! / Si creó a los poetas, ¿por qué no podía crear también / la rana?
Ibid.

Y si yo soy una obra maestra de Dios, entonces Dios / tiene que ser muy pequeño, / un artista muy malo, francamente.
Ibid.

La Muerte me coge el pie, / yo la cojo del cabello; / si se queda con mi pie, / me quedo con su cabeza.
Coplas de la muerte.
La Muerte me coge un brazo, / yo la agarro con el otro; / cuando amanezca estaremos / dando vueltas en redondo.
Ibid.

Si la Muerte entra a mi alcoba, / me tiro por la ventana; / y si sale y me persigue / corro al río y me echo al agua.
Ibid.
Si me encuentro con la Muerte / ¡qué susto le voy a dar! / Le diré que en la otra esquina / me acaban de asesinar.
Ibid.

Para que nunca me encuentre / la Muerte aquí me le escondo; / si les pregunta por mí / digan que no me conocen.
Ibid.

El cuerpo nos goza y lo sufrimos. / Lujo de la naturaleza, pagamos por él nuestra alma.
El cuerpo
Orgullo del alma, el cuerpo es regocijo y alimento, / y baila ante los dioses como el árbol frente a la tormenta.
Ibid.

Pero yo aconsejo: hazte amigo del sepulturero.
Ibid.

Por donde vinieron a ser iguales el árido escorpión / que hinca su aguijón en la rosa / y el albo copo de nieve que sepulta al escorpión aprisionándolo / entre sus cautas tenazas de frío.
El esperador.
Cuando el soplo de la montaña ha penetrado el corazón del / hombre, ya no puede éste ser sino como / un árbol. / Sus enemigos son el rayo y la tormenta, mas, entre tanto, todos / los seres del bosque se guarecen en él.
Ibid.

Y el Esperador huía y se encerraba en inmensas salas oscuras de / muchas ventanas donde arreciaba / la soledad.
Ibid.

Sobre las lomas se sentaba a esperar la tarde que / venía navegando por el río con sus remos de viento y su bandera / de sombras desplegada.
Ibid.

Y en ella estuvo muchos años esperando que transcurriera la / esperanza.
Ibid.

Alguien va a arrojarse al río, pensó. / En ese momento recibió el garrotazo en la nuca.
Ibid.

El enamorado busca su amor aún allí en donde sabe / que no está, / como el aventurero busca su tesoro aún allí en donde no se / encuentra, / y así como el hombre busca a Dios en toda parte y / lugar sin hallarlo nunca.
La búsqueda.
Y muere con la sonrisa del que no encontró nada / pero buscó mucho, hasta morirse.
Ibid.

Así yo he venido hoy domingo y te espero sentado / en un pedazo de sol.
Ibid.

Oh tú, por quien el pastor daría sus noventa y nueve / ovejas restantes.
Ibid.

Aquí pongo a secar al sol los paños de mi angustia / más íntima.
Ibid.
Yo pensaba que él comería estrellas, pues ¿quién no / sabe que las estrellas suben y bajan? Pero tal vez / no se alimentara más que de luciérnagas.
La llaga incurable.
La magnitud de la humanidad pesa sobre cada uno / de nosotros, y sentimos profundamente a / los antípodas pateando sobre nuestro corazón.
Problemas de la estética contemporánea.
Ser el dueño del mundo es lo mismo que no tener / nada, pues el error existe en todo y siempre nos / engañan.
Ibid.

Mis jeans y mi chaqueta no se pueden cambiar por / un edificio de cinco pisos ni por un puesto / en las oficinas del Gobierno.
Ibid.

La policía lo metió a la cárcel pocas horas después, / como a todo hombre que intenta ser feliz.
Ibid.

Y dentro de la ley no puede haber un hombre / desnudo porque la ley es hecha por los / representantes de los propietarios de las / fábricas de tejidos.
Ibid.

El fabricante de rosquillas puede al menos comérselas, / pero el que sólo sabe hacer poemas, / ¿qué comerá?
Ibid.

Si una pregunta no tiene respuesta lo mejor es / cambiar de pregunta y de problema. / Para eso hay petulantes que nos dicen: / "¡Dedícate a la estética!
Ibid.

He aquí que una ballena ha venido a visitarme. / Desde lejanas regiones del Mar ha venido a visitarme / y me saluda con tres surtidores de niebla, / deteniéndose a la entrada de mi cueva para solicitar / audiencia.
Visita de la ballena.
¡Oh Monstruo que me habeis recluído en este monte / a fin de proteger al mundo de mi extraña maldad!
Ibid.


JARAMILLO URIBE, Jaime (Medellín, 1917)

Colombia bien puede ser llamado el país americano del término medio, de la "aurea mediocritas".
Algunos aspectos de la personalidad histórica de Colombia, 1969, también en La personalidad histórica de Colombia y otros ensayos, 1977.  Izquierda, derecha, centro, son categorías huidizas, ambiguas, en una palabra: imprecisas.
Gobiernos liberales, El Tiempo, 1980.  Ser fiel a su vocación y renunciar a todo lo que a ella se oponga es la primera victoria que hay que obtener.
El Espectador, 1995.  Si bien me gusta enseñar, esto siempre debilita el trabajo efectivo.
Entrevista a Cobo Borda, El Tiempo, 10, I, 1999.


JARAMILLO, Marco Antonio

Todo mi mal está en que a ratos me cae sobre los ojos una venda colorada, como sangre, y paso un ratico sin saber lo que hago, pero vuelvo a quedar bueno.
Mercedes, 1907. Es como una nubecita roja que me baja de la frente, me va tapando los ojos hasta que me ciega un momento, pero sigue bajando y conozco cuando llega al corazón, y allí se disipa, se evapora.
Ibid.


JARAMILLO DUQUE, Mario

|ACERA: Baldosas colocadas sobre un charco. Cuando llueve, suenan como escurriendo trapos y tienen el privilegio de salpicar por dentro. Por ellas transitan las cajoneras, viejos con canastos y se estruja a las personas de respeto.

Diccionario de la lengua viperina.
|ALMANAQUE: Horror de las solteronas.
Ibid.


|DIVORCIO: Sentencia por la cual dos seres que aborrecen el matrimonio se separan para casarse nuevamente.
Ibid.


¡Eh!... joven. ¡Qué milagro es verlo! -Milagro no. Un descuido mío.
¿Por qué estás tan contento? -Es que estoy cumpliendo diez años de casado.
¿Sí? Entonces ya casi salís libre.
Es tan bajito que se sienta en una moneda de cinco centavos y queda con los pies colgando y tiene que gritar para que lo bajen.
Exageraciones antioqueñas.
Tan flaco, que si lo entierran un 28 de diciembre, los gusanos pasarían por inocentes.
Ibid.

Ese pleito está más enredado que una libra de anzuelos.
Ibid.


JARAMILLO, Samuel

Ni filtro mágico, ni pócima salvadora que / ponga el delirio a mi servicio / chapaleo en aguas aceitosas / y es mi único alimento el desamparo.
Geografías de la alucinación, 1981, XIII, Relación.
Vacío que se interpone entre los bordes de mi herida, / cuchillo que siempre rescata de la respuesta, la pregunta, / aire delgado que invade la distancia entre los cuerpos, / la poesía pone en aprietos a la vida.
Cuchillo, 1988. Somos sombras / ... / que nadie puede oír. / Sombras de sombras. / Acaso fantasmas.
Selva que regresa.
Mis palabras / talladas en la niebla / miran hacia lugares distantes / hacia sitios escondidos, / a veces hacia atrás.
Bajo el ala del relámpago.
El sol ha salido en vano / en este día / porque amanecimos desconfiados / y dudamos de su existencia.
Asperos golpes en la sombra.
Queremos traducir la ansiedad / al idioma tan nuestro / de las amnesias. / Pero hay aún demasiada noche / y nos queda aún demasiada voz.
Ibid.

¿Regresarán de esa oscuridad de madera / donde parece que están todos escondidos? / ¿Surgirán de pronto / de cualquier rincón del aire / como si nunca hubieran faltado? / ¿Volverán? ¿Y los otros, volverán? Es que no me quiero quedar aquí / sin siquiera una señal, / sin un resquicio hacia el sueño, / como el árbol iracundo en mitad de la noche, / gesticulando sin sentido, / perdido en ese aire exasperante, / solo.
Ibid.


JIMÉNEZ PANESSO, David

Se diría que la función del poema consiste más en infiltrar un poco de silencio en la barahúnda de la época que en agregar un eco más a la confusión de voces y de gritos que nos ensordece.
Poesía colombiana: 1980-1989.


JIMÉNEZ, Julio

La sagacidad no es inteligencia.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II, 1993.
La pobreza no es pecado; la pobreza que no se perdona es la del alma.
Ibid.


JODAR Y SAN MARTÍN, Baltasar de

De alisos y sauces coronado / cuando un tiempo corriente detenido / a pesar de las ondas del olvido / a Fucha miro en perlas dilatado.
Soneto.


JORDÁN JIMÉNEZ, Ricardo

Cuánta razón tuvo Bacon al decir que los testigos no se cuentan sino que se pesan. Pesar el testimonio, sí; pero "pesar" también antes a quien va a darlo.
Dos viernes trágicos, 1968.


JOTAMARIO (J. Mario Arbeláez)

Iba yo por una calle con nombre de santo / cuando hizo su aparición en mi vida Simona Coral.
  Simona Coral.
En la vida política de esta tierra ha corrido mucha sangre / y mucho sancocho de gallina / y políticos ya del siglo de este poema / no han terminado de hartarse de la una ni de lo otro.
Carnal de la violencia.  Había que verlo en una iglesia casi siempre al lado del muerto / pero en la casa siempre estuvo del lado abierto de la vida.
Ibid.

Escribo mis poemas herméticos, pero de vez en cuando pienso.
El profeta en su casa.
Pienso, por ejemplo, que esto debe cambiar, / que debemos sonreír todos de la sala hasta la cocina, / estar del lado de la vida como las matas de los tarros, / cantar victoria bajo la ducha de las mañanas esplendentes.
Ibid.

Que mis hermanas no se averguencen cuando en la calle les / preguntan: / "¿Qué está haciendo ahora su hermano?"/ "¿Cuándo se va a afeitar la barba?" / "¿Si es tan inteligente por qué no trabaja en un banco?"
Ibid.

¿Cómo encontrar palabras que digan algo que no es algo?
Ibid.

Ahora que los gusanos han echado sobre tu cuerpo / la primera palada de olvido...
Los inadaptados no te olvidamos Marylin.
En este pequeño país latinoamericano que se llama / Colombia vivimos varios poetas inadaptados que no queremos / olvidarte.
Ibid.

Tú Marylin fuiste más importante para nosotros que la / doctrina Monroe.
Ibid.

Cada hombre ora a lo que más ama / sobre todo si lo que más ama está muerto.
Ibid.

Me paseé por tus corredores / como el emperador de abisinia / por abisinia.
Santa Librada College.
A pesar de que no era / bruto / nunca pasé en geometría / del 3, 14 16.  Ibid.

En clases de filosofía / me dedicaba al ajedrez / y en un lance / afortunado / les di jaque doble / con el caballo / al rey / y a parménides
Ibid.

El vicerrector / era el rector / dos veces
Ibid.

El profesor de historia / con su figura de mapa / de américa / nos explicaba / sinceramente / que no hubo tal decadencia romana / sino más bien una desvalorización / del sestercio
Ibid.

El profesor de religión / nos exortaba / al arrepentimiento / nos hacía pruebas sobre / la existencia de dios / escuchaba mis objeciones / con abatimiento de crucifijo / y a él y a dios / los salvaba / la campana.
Ibid.

El profesor de contabilidad / es un pequeño asiento / en mi memoria
Ibid.

Francisco de Paula Santander / en el patio mayor / era entonces / una base de béisbol
. Ibid.
Santa Librada College / tea no atea / mil doscientos alumnos / pararrayos / setenta y dos salones / discoteca / prestigio nacional / cincuenta y cinco / profesores idóneos / secretario. Ibid.

Santa librada / college / yo no te debo / nada.
Ibid.

El sol / secundario / de las tres / de la tarde. Santa Librada College Two Tres tristes profesores / de trigonometría / comieron en el mismo / plato / tigres tristezas.
Ibid.

Allí guerrero me reventó las narices / allí le puse un ojo negro a collazos / allí collazos por poco mata a guerrero.
Ibid.

Espero que mi padre / que en paz descanse / piense hoy que en esta vida / que no es muy larga / no importa no graduarse.
Ibid.

Si uno es perseverante / y a largo plazo / tiempo le dan la risa / y la poesía / para sacarse el clavo / y volver a clavarlo / del otro lado.
Ibid.

Todos los días en ti me acuesto / y de ti me levanto y vuelvo a tu cuerpo. Un bailarín se tiró a la piscina / para que aplaudiera el anfitrión con sus manos mojadas / pero el paracaídas no se abrió / y los esponsales serán a las siete.
El profeta en su casa.
Un día el carro de los ataúdes / chocó contra el carro de los helados / y desde la carroza se me fueron los ojos / tras el charquito delicioso que se escapaba, / dada la inclinación de la calle, / hacia las alcantarillas de las puertas del cementerio.
Ibid.

Manos que se estrechan no pesan nada / escribió maravillosamente Paul Eluard doce años antes de mi nacimiento / Y yo estrecho la mano de Paul Eluard / Ahora podrida bajo los cementerios de París.
Ibid.

El nadaísmo nació en medio de una sociedad que, si no había muerto, apestaba. Cuando los amantes han alcanzado el clímax / de su vida común / y a su colmo de dicha sólo siguen las nubes / deben subir hasta la cumbre del Fujiyama / y lanzarse por la boca del volcán encendido / su caída dura toda la primavera / y hay la posibilidad de que caigan con vida. / Sólo entonces el amor sería eterno.
Espérame en Tokio amor mío.
El trabajo es atentatorio contra la dignidad de la poesía y contra la misma dignidad humana. Uno debiera ser hijo de su peor enemigo.
Calíentame los huevos mamá que me voy para el Vietnam.
Título de una conferencia
Mírame mirándome en el interior de tus ojos.
Mensaje a Dariolemos, en Correspondencia violada, 1980. Para nosotros la literatura no es un oficio sino un ocio. Cit. por Gonzalo Arango, Correspondencia violada, 1980
. Gonzaloarango quiso siempre hacer el Cristo en el nadaísmo y ha terminado por traicionar a sus doce judas. Correspondencia, a Eduardo Escobar.
Yo no acostumbro aceptar milagros de menos de 24 kilates.
Ibid.

Los nadaístas mueren en la cama.
Ibid.

Ningún cuerpo es perfecto, hasta que es fecundo.
Ibid.

Eres más peligroso que un presidente.
Ibid.,  Gonzalo Arango.

Has vomitado tu mareo de marino sobre lo único puro que quedaba en la alcantarilla: nuestra fe de ratas.
Ibid.

Si me pidieran que eligiera en un naufragio compartir una isla desierta con Brooke Shields, Stephania de Monaco, Kim Bassinger, elegiría sin duda a la que llevara más libros en su balsa.
Trampa para ratones de biblioteca, El Espectador, 1989.
Tiene más presencia para mí Madame Bovary que mi bisabuela de quien no tengo noticia.
  Ibid.
Si debiera escoger el animal para mi próxima reencarnación, éste sería el ratón de biblioteca.
Ibid.
La atracción de la tierra es de poca monta comparada con la atracción de los cuerpos a los que pica el amor.
Enamorado converso, El Espectador, 8, IV, 1990. El amor se nutre de besos. Beso sin amor no alimenta.
Ibid.
El sexo es el camino más corto de un corazón a otro.
Ibid.

Se hacen muy bellas frases sobre el amor, a veces más bellas que el amor mismo.
Ibid.

En la mesa y en la cama el que es caballero repite.
Ibid.

Hay que desconfiar por agüero del hombre de una sola mujer como del poeta de un solo libro.
Ibid.

El sexo es una de las formas de la conversación.
Ibid.

Mi palabra poética cabe toda en la palabra caos.
Cuestionario sobre el nadaísmo, 1994.  El caos fue el punto de partida de nuestra estética feroz.
Ibid.

La poesía te salva, pero difícilmente puede impedir que te maten.
Ibid.

Mientras más como carne, más quiero a mi vaca.
El señor caído en la tentación, El Tiempo, 28, XII, 1998.


JURSICH, Mario (Valledupar, 1964)

Ver la luz / con asombro / y pensar que el día / está en suspenso, / igual a este minuto / que del árbol pende.
Glimpses, 1990. Le mana el silencio, / esa luz que irradia en el hombre, / la sombra, / esa hoz que brilla en la muerte, / y el canto, / contrapunto de hojas y de viento.
Ibid.

Y un estallido, fugaz / como la vida misma / teje la luz clara.
Ibid.

Las dos alas / descienden. La rama / cruza el aire. // El sol abrasa. // Una pausa -el jardín // la fuente // mágicas presencias.
Ibid.

Este árbol, amada, / es tan sólo su nombre / y, no obstante, / contiene toda la verdad del Universo.
Ibid.

En otro lugar, allende las aguas, / luego de un destino ebrio por la carne, / comprendí que el deseo es pura ignorancia. / (Quien tienta vive, dijo el poeta, / y yo tenté cuanta verdad estuvo a mi alcance).
Ibid.