|
EL CORAZON DE PIEDRA,
LOS
MONSTRUOS NIÑOS Y LA MOMIA ENANA
Al
edificio donde vivía llegó un cliente con unos fenómenos: Un ternero de dos cabezas
disecado, una piedra en forma de corazón y unos como fetos de miquitos dentro de un
frasco y unos cuadros con dibujos de los monstruos. Me propuso negocio alquilándome todo
a peso el día. Acepté y conseguí un localito donde exhibía el corazón de piedra, los
monstruos niños y la momia enana. ¡Sigan señores y señoras! Con permiso de las altas
autoridades y a petición de varias familias distinguidas, continuamos exhibiendo el
fenómeno raro y bello que visita hoy la ciudad de Medellín. Conozca usted los monstruos
niños y convénzase que los pecados de los padres los pagan los hijos. La señora Ana
Felipa Aspiasco, de la vecina república del Ecuador, que se burlaba mucho de los niños
fue castigada por Dios, quien no castiga ni con palo ni con rejo, enviándole este par de
monstruos niños cuando quedó embarazada. Vean señores la maravilla del siglo: el
corazón de piedra, aprendan que no hay pena más dura que las de amor. Un amante
despechado, de tanto sufrir, se le fue convirtiendo su corazón de pura piedra. También
la momia enana y el ternero de dos cabezas, que nació el mismo día que una hija
desalmada mató a su madre de 27 puñaladas.
Los
signos terribles que sólo parecen cuando el mundo se va a acabar. Pasen, pasen, señores.
La
gente se emocionaba creyendo que eran monstruos muy grandes y entraban en cantidades. Yo
tenía contratado un muchacho para que los mostrara dentro del local y, mientras se iban,
para evitar los reclamos, me escondía en la tienda del frente y despachado ese turno
comenzaba otra vez mi perorata con una cornetica.
La
gente entraba a 5 y a 10 ctvs. y eso era un platal enorme el que levantaba.
Un día
llegó un cliente, Alfonso Villegas Giraldo, que después fue jefe del Das, era medio
chiflado, se decía periodista y vivía metido en todo. M e dijo, para no pagar: Con su
permiso, voy a ver esto porque soy periodista. Lo dejé entrar. El hombre se quedó dando
vueltas por toda la calle, viéndome vender tantas boletas y la gente entrando y saliendo.
A los dos días regresó acompañado y diciendo lo mismo volvió a entrar. Al hombre como
que le daba envidia que yo consiguiera algún centavo y me miraba los bolsillos abultados
de tanta menuda que sonaba.
Un día
el hombre redactó un memorial y lo hizo firmar de todos los dueños de los almacenes
vecinos que no me miraban bien porque les quitaba la clientela. Todos firmaron, excepto
unos judíos Rabinovich quienes dijeron: Nosotros no firmamos eso. Ese pobrecito muchacho
tiene derecho a conseguirse la vida, él se gana su pan ahí. No firmamos. Llevó el
memorial a la Alcaldía y ahí mismo me llegó un empleado pidiéndome que le mostrara el
permiso. Como no lo tenía me envió a reclamarlo a la Alcaldía donde me lo negaron
dizque porque yo estaba hablando muchas vulgaridades, que era prohibido, en fin, me
negaron el permiso. Salí furioso, conseguí un cuchillo y fui a buscar el cliente ese
para meterle una puñalada pero no lo pude encontrar.
Años
después estaba en Bogotá trabajando encaramado en una mesa, ante un público
vendiéndole el vino Tropical, cuando se paró el hombre a verme. Había ido a una
concentración Gaitanista. Me saludó. ¿Qué ha habido hombre? ¿Cómo estas Correita? Y
le dije: ¿Aquí venís a sapiar también, como me sapiaste en Medellín, cuando me
hiciste la guerra y me quitastes el pan por unos días? Salió un cliente amigo mío.
¿Con que ese es sapo? Espérese a ver que yo le meto una puñalada a ese gediondo. Y el
hombre salió a perderse, corriendo. Después lo volvía a ver de jefe del Das en
Antioquia. El hombre ya no me recuerda pero yo sí.
|