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EL TRABAJO EN EL HOSPITAL
A mí
me tocó el Cali vestir muertos y limpiar sanitarios, lo que en ese tiempo llamaban
ordenanza, le hacían a uno una ordenanza.
En el
hospital de Cali.
Y en el
hospital no había trabajo. Entonces, una hermana me dio una recomendación y me fui para
Buga. En Buga había una hermanita que llamaba Sor Duque, que estaba fundando un hospital
allá, un pabellón de tuberculosos. Entonces la hermanita me dijo que me fuera a trabajar
y allá trabajé por ahí un año y medio, con los tuberculosos.
Le
tenían tanto miedo a esa enfermedad que un médico entraba con los zapatos al hospital,
los zapatos los dejaba en la puerta, entonces cambiaba de zapatos y esos no los sacaba
para la calle. Al médico había que abrirle la puerta, no cogerlo uno ni para nada porque
decía que llevaba la infección, llevaba también una careta, y entonces a mí me daban
una careta para ponérmela; pero resulta que yo la careta no me la ponía porque yo fumaba
mucho tabaco y yo por fumar el tabaco botaba la careta y no me hice mucho cariño de los
enfermos.
Los
enfermos me mandaban a comprar sardinas y me dejaban a mí dizque el sobrao, y entonces yo
decía: "gracias muchachos, les agradezco mucho, Dios se los pague", entonces yo
salía con eso y se lo daba a otro enfermo, pues, pa no demostrarles que yo les tenía
fastidio. En ese hospital yo le daba la comida a los enfermos, salía a hacer los
mandados; me tenían mucha confianza, me mandaban a Cali donde el gerente de la lotería,
un señor que se llamaba Gustavo Lotero, yo iba por la plata para pagar las enfermeras,
para pagar empleados y la plata para el hospital; cuando se necesitaban tendidos de cama,
colchones, camas, a mí me mandaban por eso a Cali, donde el gerente de la lotería. Las
hermanitas me querían mucho.
A mí
me querían sobremanera: me querían los médicos, me querían las hermanas de la caridad
y, ży...no? Cada que rezaba el rosario yo era el primero que decía: "Santa María,
madre de Dios, ruega por nosotros pecadores", rezaba duro para que esas hermanas me
dieran buena comida, żno? Entonces las hermanas me daban de la comida de la alimentación
de ellas y me llevaban pa las...pa onde tenían ellas los camarotes, allá...
Sí.
Entonces yo llegaba... esas hermanitas tenían, les tenían... las hermanitas le tenían
mucha bronca era al que no rezaba, żno?
Si hay
una persona que vaya al hospital y sea buen rezandero ese tiene todo, o tenían en ese
tiempo, porque en ese tiempo las hermanas eran unas santas. A esas hermanitas les tocaba a
ellas mismas lavar la ropa, lavaban, tenían una máquina, cogían esa máquina y eran
remendado los tendidos de los enfermos, una cosa y otra, lavando las gasas, żno? Esas
gasas, eso de los difuntos de los enfermos, eso lo lavaban otra vez y volvían a
aplicarlo. En ese tiempo había, había una pobreza franciscana enorme. Imagínese que no
tenían... el que se moría, lo llevaban en un cajón y lo voltiaban allá y volvían con
el cajón otra vez pal hospital, żno?
Allá
llegaban con un cliente y lo llevaban... un enfermo para, para examinarlo y esos enfermos
le decían: "ese viejito tiene que estar achacao, vea ˇPuh, esos pitos de él deben
estar malos!", żno? Y cuando me preguntaban a mí: "żqué hubo de ese
viejito?" Y les decía yo: "está aliviao", entonces: "esa
vaina", y brincaban de contento ellos, de rabia, żno?...
Y
había un pastuso que me vio a mí ahí que yo lo bauticé con el nombre de Cacaito porque
era muy chiquito él. A ese pastusito le tenían bronca los enfermos, y un día llegó el
pastusito y le dice a la hermanita: "żpor qué no me hace el favor y me saca de
aquí para dormir en otra parte?" Y entonces la hermanita dijo: "mijito, usted
es que le tiene mucho miedo a esto. Es mejor que se vaya". Entonces llega Cacaito y
me llama a mí: "venga, camine, asómese Correíta, fíjese bien lo que hay
allí". Entonces llegué yo y debajo de la cama, debajo de la almohada le habían
tirado una partida de esputos los enfermos a él, porque el tuberculoso en ese tiempo era
muy malo... yo no sé si es por la enfermedad.
Le
tenían bronca porque el pastusito a toda hora dentraba con la careta así, vea, no, y era
de lejos. Y le decían: "venga hombre". Y decía: "un momentico, un
momentico. Ya voy para allá". Entonces les demostraba mucho, pues, que les tenía
miedo... żno?
Ni el
pastusito, ni yo estábamos enfermos, éramos trabajadores.
Ganábamos
quince pesos al mes.
ˇImagínese
al pobre pastuso!
Un día
salieron todos esos enfermos y se bañaron en unos tanques de agua que hay allá; se
volaron de ahí del hospital. Aquí, este es el hospital y aquí hay una salida que sale a
una manga; y se bañaron todos en los tanques, żno? En los tanques, en los tanques de
agua por maldad...
Un día
llevaron a un ñatico, que era de Sevilla, y al ñatico se le había ido la voz; hablaba
delgadito delgadito.
Entonces
me dijo el médico a mí que a ese enfermo le podía dar de todo, de lo que pidiera. Y un
día me dijo el ñatico: "yo me voy mañana de aquí, porque aquí no me curan. Y
usted me hace el favor y me llama por la mañana pa yo sacar mi maleta, pa sacarla a la
carretera pa yo coger un carro". Y entonces el ñatico me mandó a mí a que le
comprara un salmón. Le compré un salmón, dos panes grandes de a cinco centavos
que en ese tiempo eran unos panes así que es lo que vale tres pesos ahora o cinco-,
bueno, una maltina, un aguacate, unas cosas que llaman génovas, como salchichón, que
vendían mucho por ahí. Entonces el ñatico comió esos, y se acostó a dormir. Por la
mañana lo llamé yo. Eran por ahí las cuatro de la mañana. Se levantó el ñatico. Se
fue pal baño. Cogió una maquinita, se afeitó, y se echó Alhucema. Y me dijo "yo
voy a acostarme un ratico que me voy a ir, pa irme ahora ". Y entonces llegó el
ñatico y se arrecostó ahí y, y se quedó muerto.
Llegó
un enfermo y me dijo a mí: "vea hombre, ese ñato que no se ha voltiao para
nada". Y fui yo a ver, y estaba muerto.
Había
un cliente que era Antioqueño que se llamaba López de Mesa, de Don Matías. El se
decía: ˇsoy el profesor López de Mesa! El hombre vendía un insecticida, żno? Un
insecticida y tomaba mucho trago; y cuando estaba ese hombre borracho se iba pal hospital
a calmar guayabo allá, y lo, lo recibían. Entonces al hombre le ponían los remedios
ahí, y decía: "no, qué voy a tomar yo eso hombre". Y dijo: "vea, yo
aquí he venido como siete u ocho veces, y cada que vengo encuentro caras distintas. Los
demás compañeros míos aliviaos no están, todos están muertos. żPor qué? Por tomar
esos remedios. Yo no tomo nada de esto". Bueno, y un día se lo...y un día lo
metieron a la cárcel. Entonces me mandó a llamar el hombre a mí. Y yo fui y lo saqué
(pues le dije): "fíjese que ese señor está tuberculoso. Este señor estuvo en el
hospital". Y ahí mismo lo echaron pa fuera. Ah, un día llevaron... habían unos
presos que los llevaban cada rato allá, al hospital. Y los presos se volaban, a los ocho
o a los quince días. Los llevaban enfermos, los llevaban enfermos allá; los llevaban
żno?, detenidos, entonces los llevaban allá y de allá se volaban. Cuando, después
volvían otra vez y los capturaban.
Tosiendo,
que dizque tuberculosos. Y había un dotor muy vivo, y dijo: "caminen pues muchachos
pa sacales una radiografía. Llévenselos para allá". Y entonces se los llevaron
pallá. Y entonces ahí mismo se vino el dotor y me dijo a mí: "ábrales el nochero,
a ver qué tienen".
Entonces
abrimos el nochero y tenían de ese con que pintan los (ataúdes), humo de pez, żno? Y
eso se lo toman, y eso se va a los pulmones, żno? Y eso cuando sacan la radiografía ven
y entonces ven de que hay, de que hay una...żno?, żno? De eso que es como una pintura,
un humo de pez.
Llevaron
también a una señora de Roldanillo-Valle. La señora estaba enferma. Entonces la
trataron, la examinaron bien, y la señora tenía dos cavernas en los pulmones, żno? La
caverna le cogía el pulmón ahí. Bueno, comienza el médico a tratarla, un dotor que se
llamaba Cayetano Delgado. En ese tiempo era el jefe de la compañía el dotor Arboleda
Díaz, un gran tisiólogo, y era jefe del Valle del Cauca este dotor, Mario Correa
Renjifo.
Comenzaron
a tratarla, a esa señora le pusieron unas inyecciones, calcio, Solganal y Vitadoni.
Entonces ese doctor le puso unas inyecciones, no me acuerdo si fueron Gaduzán. A los dos
meses le toma una radiografía y, y tenía una cosita muy poquita. Ese médico asustado
llamó a los demás médicos, contento, y dijo, vea esto y esto. Comienzan a ver la
historia de la señora. Hombre, Cayetano le decía el otro médico-, ży vos con
qué la trataste? Y le dijo: "hombre, yo le puse unas inyecciones de Gaduzán".
"Hombre, pero ve a esta mujer ˇvea a esta señora!". Bueno, la siguieron
tratando a la señora. A los dos meses van y le sacaron otra vez nueva radiografía y no
tenía ni rastro de la enfermedad, żno?, ni rastro. La señora era esposa... de un turco,
y le dijeron: "señora, usted puede irse pa su casa, usted puede comer, cuidarse
mucho, tome leche bastante, coma mantequilla sin sal, y, y cuídese una gripa. Entonces me
dijo la señora: "Vea, si usted me hiciera el favor y me llevara un telegrama".
Fui yo a llevarle un telegrama al esposo que viniera por ella. Le puse el telegrama. Eso
fue un sábado a mediodía, y ese mismo sábado, a las doce de la noche, le cayó un
vómito de sangre a esa señora, estando aliviada. Ahí mismo corrió una hermanita,
porque en ese tiempo lo que daban pa atacar la tos, era un agua cloroformada, agua que le
echaban cloroformo y eso lo revolvían y eso era lo que le daban a los enfermos para
quitarles la tos; y entonces le dieron eso y le pusieron una inyección de Ergotina, me
parece, o una cosa así.
Bueno,
una inyección, entonces le destancaron la hemorragia de sangre. Al otro día, a
mediodía, le cayó un vómito de sangre y se murió; y dizque estaba aliviada la señora.
Una vez
se murió un señor... como que era de aquí de Medellín, entonces tenían el cadáver...
tirao ahí en el cuarto de los del olvido, que llamaban. Me llamaron a mí.
Llegaron
con mucho imperio, y me dijeron: "żadónde está aquí el enfermo o el que saca eso?
Camine es que vamos a vestirlo, para que nos lo vista y lo eche aquí, en este
cajón". Y le dije: "señor, yo ya cumplí mi misión; mi misión fue
arreglarlos, lo acomodé en el cajón ahí, ya eso es cosa de ustedes", żno? Y
entonces dijo la hermanita: "sí, bien hecho, mijito, bien hecho, que le
paguen", una hermanita que llamaba Sor Josefina Duque, de Sonsón. Bueno, entonces
dijo un cliente: "bueno, vamos a regalarle cien pesos pa que nos lo arregle".
Entonces otro dijo: "no, entonces démosle doscientos". Y entonces ya me dieron
los doscientos y entonces ya sí salí yo y me tomé dos tragos grandes, cogí alcohol y
lo arregle, y lo despacharon, le hicieron entierro. Le voy a contar este también que fue
un caso que pasó en Cali; eso fue en Cali. Llevaron un viejito allá; ese viejito no
creía en nada. Y le dijeron: "żse va a confesar?" Y dijo: "yo no creo en
nada. Yo me confieso es con un Cristo. Yo no, ˇqué va! ˇQué voy a creer en estas
gentes! Si estos son unos pecadores iguales a uno".
Bueno,
entonces ese viejito trataba mal a las hermanas, "dizque hermanas de la caridad, de
la comodidad, ˇesta viejas gorronas!".
Bueno,
entonces al viejito lo operaron de una hernia estrangulada. Ese viejito se mejoró, y se
fue del hospital. Le mentó la madre a esas hermanas: "adiós viejas de los
infiernos, ya me voy de aquí"... żme entiende, no?, y salió el viejito y se fue. A
las dos cuadras lo cogió un carro, y le cogió una pierna, żno? Volvió el viejo al
hospital, otra vez. Era un viejo de seten... casi de ochenta años, y se... oiga, se
mejoró de la hernia y de la pierna; a mí me pusieron a cuidarlo, y entonces yo por
cuidar ese viejito, por irme a, a buscar un tabaco, cuando vine, el viejo se había
levantado, operado, y estaba tomando agua, żno?, ˇy yo más confundido! Llamé a la
hermana, y le dije: "vea, que ese enfermo, ese viejito se levantó y tomó
agua". Y dijo: "e, y si se muere, Dios sabrá qué hace con él" żno? Pues
salió ese viejito aliviado de ahí, żno?, de ahí del hospital.
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