El culebrero
Jorge Villegas
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EL DULCE CUBANO

 

Preparaba unas torticas de dulce a base de harina de trigo, nuez moscada, raspado de corteza de naranja, azúcar y canela. Las amasaba con la mano y las echaba a freír. Las bauticé El Dulce Cubano. La gente me llamaba el loco porque salía a venderlas en un cajoncito con banderines y un vestido extravagante, y una sombrilla de colores chillones. Así llamaba la atención de las gentes, iba pregonando: Dulce Cubano, rico, sabroso, morrocudo, remacanudo, pintoletudo. Miles y millones de paladares exquisitos lo piden, lo anhelan y no vacila. ¿Por qué será? Por su alta calidad. Está que dice: Vení y comeme ligerito antes que me coma otro. Bocado rico y sabroso del embajador que también apetece el embolador.

Lo vendía a centavo y a seis por cinco y se compraba mucho. Al principio me situaba por los lados del teatro Granada, en Guayaquil, donde daban dos películas mudas por cinco centavos. Después, vendía tanto que ya buscaba venteros.

Para anunciarlo también tenía unas hojitas con unos versos que escribió por cincuenta ctvs. un poeta bohemio que vivía en Guayaquil descalzo y casi siempre borracho:

 

Si usted quiere estar bien

fuerte, contento y lozano,

consuma el Dulce Cubano

conocido por doquier.

Leche, huevo y mantequilla

son del dulce componentes

todos estos, justamente,

con maizena y con vainilla.

Por eso el Dulce Cubano

ha triunfado en la ciudad,

pues lo consume, en verdad,

desde el niño hasta el anciano, etc.

 

Vendía mucho y con lo que ganaba, casi todas las noches, me iba para Guayaquil a tomar trago, oír música en las vitrolas y a estar con las putas. Por las noches llegaba a la pieza del edificio Toro, donde pagaba 7 ctvs. diarios por dormir y, preparaba el Dulce Cubano. Una noche estaba tan borracho que no me di cuenta que dentro del sartén habían caído dos ratones, uno grande y otro pequeñito. Al día siguiente vi la grande y la saqué pero quedó la pequeña. Por la mañana llegó un muchacho y me compró dos pesos de tortas y se fue a venderlas. Al rato regresó, furioso, diciendo: Vea, carajo, que casi me mata un ayudante de chofer al que le vendí una torta y encontró una rata dentro. Le contesté: Le debió cobrar más caro porque llevaba carne.

 

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