CUATRO CABALLOS DEL TIEMPO
SILVIA APONTE
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JUAN DE LOS RIOS

Cuenta la leyenda que un maretazo de misterio lo rodeaba, que el sombrero alón ocultábale el rostro y que jamás pescador alguno pudo vérselo, siempre con un remar acompasado, remontando el empuje de las corrientes o deslizándose al garete de los ríos.

Y cuentan los pescadores que lo miraban pasar como si no se enterase de la presencia de ellos, como si nada le importara, pero sí se enteraba y le importaba mucho la suerte de sus protegidos, los millares y millares de peces que poblaban los ríos.

Juan de los Ríos, cuidaba con esmero de ellos, los alertaba contra el pescador, sin que un solo sonido saliera de sus labios porque su comunicación con ellos era a través del golpeteo rítmico y pausado de su canalete sobre la borda de la canoa.

Cuando los pescadores lo miraban pasar de largo, comentaban, -Hoy no cogemos ni sardinas. Allá va Juan de los Ríos, espantándonos la pesca.

Por su parte Juan de los Ríos, les comunicaba a sus rebaños de peces. -¡Huyan!, hijos míos, refúgiense en los profundos charcones, en las blondas arenas donde no alcanzan los sedales y anzuelos de los pescadores, ni las redes traicioneras que los atrapaban y los llevan al otro mundo donde mueren por asfixia. -Naden velozmente mis hijitos, naden como solo ustedes saben hacerlo, refúgiense en las profundidades donde el hombre no puede llegar porque muere ahogado sin su respiro.

Yo lo vi cuando pescaba, aquel día no me ajiló ni un arranque, el miedo me fundía en mi curiara, lo vi pasar en su canoa de proa fina y popa recortada, iba agua abajo con el sombrero medio terciado cubriéndole la cara, con su vestido desintegrado por los siglos y quizás no hablaba porque su voz se había disuelto por la tormenta del tiempo, yo creo que si alguna vez amó, su cariño se lo entregó a un cardumen de Zapuaras...

Así me lo contó el viejo Galán, jurándome por lo más sagrado, que lo vio pasar muy cerca de donde estaba, cuando pescaba en el río Meta, junto al poblado de Orocué, es por eso que asegura que en verdad si existe Juan de los Ríos.

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