|
CUATRO CABALLOS DEL TIEMPO
SILVIA APONTE
©
Derechos Reservados de Autor
RAMONA Y ESPERANZA
El joven Nereo llevaba
varios días de camino y andaba hambriento cuando llegó a un inmenso platanal. -Bueno,
pensó -creo que debe haber una casa cerca y continuó caminando a lo largo del platanal,
este se alarga más y más, una, dos, tres horas y nada que terminaba el plantío, Nereo
ya miraba chispas por el hambre y para provocación suya, bellos y amarillos racimos de
plátanos se mostraban a su paso. Pero el joven que había sido levantado con una esmerada
educación por su padre, se resistía a tomar algo ajeno sin pedirle antes al dueño que
se lo vendiera. -¡El recuerdo del padre arrancó un sollozo de su pecho, el anciano no
soportó el fallecimiento de su buena y santa esposa y días después de quedar viudo,
también emprendió camino a la eternidad. Fue así como Nereo se vio solitario ya que no
tenía hermanos y se decidió a emprender caminos y más caminos para saber que tan grande
era el mundo; lo dicho por mi amiga Paulina, es cierto: los jóvenes de aquellas épocas
antiguas si que eran pateperros, andariegos como ellos solos y amigos de meterse en
aventuras fantásticas. Es así como dentro de Nereo se traba una lucha, respeto por lo
ajeno y estómago hambriento y, ganó el estómago. -¡Dios! ¿Qué he hecho? Se preguntó
al quedar con la barriga hinchada después de empacarse la gaja de un racimo. -Lo buscaré
para pagarle, dijo empeñado en encontrar al dueño.
Después de mucho andar, se
topó con un viejo que estaba desyerbando el plantío. -¿Cómo está Señor? -Bien, buen
hijo, respondió el anciano deteniéndose en su labor. Nereo le preguntó por el dueño
del platanal. -Yo soy el dueño, respondió. -Señor, dijo Nereo, he tomado una gaja de
plátano de su siembra sin su permiso, no porque tenga la costumbre de hacer esto, sino
porque tenía mucha hambre, pero deseo pagarle, usted dirá, cuánto le debo. No se
preocupe buen joven, no me debe nada. Y como Nereo insistió en pagarle, el viejo le dijo:
Que voy a cobrarle por algo que se está perdiendo, más bien si quiere ayudarme, le puedo
pagar lo que quiera, pues estoy solo con todo este trabajo. Nereo aceptó gustoso.
Más tarde el anciano le
mandó que fuera hasta la casa y le dijera a sus dos hijas que se llamaban Ramona y
Esperanza, que prepararan la comida y que pusieran un plato más en la mesa. Nereo corrió
a cumplir con el encargo; entró en la casa diciendo: -Buenas tardes, nadie respondió.
-Buenas, repitió y buscó por toda la casa, no encontrando a otros seres vivientes que
una perra muy bonita de color rosado, y una mica de brazos largos y de color pardusco. La
perra lo observó detenidamente, el joven creyó que se le iba a lanzar, pero en ese
momento la mica saltó sobre una mesa dando chillidos, como si amenazara a la perra, luego
ambas se quedaron quietas y terminaron por dormirse pacíficamente.
Cuando llegó el anciano y
le preguntó si sus hijas tenían la comida preparada, el joven respondió que no las
había visto, que solo estaban en casa una perra y una mica, el viejo gritó furioso:
-¡Esperanza y Ramona!, ¿por qué no han hecho la comida?
El anciano hizo chasquear un
látigo en el aire y la perra y la mica saltaron y se perdieron en un santiamén. La
sorpresa de Nereo no tuvo límite cuando el anciano le dijo, -Ellas son Esperanza y
Ramona, ellas son mis hijas; pero el joven como era tan discreto, nada preguntó, tampoco
demostró curiosidad, ni tampoco asombro cuando entró al comedor y vio a la mica
sirviendo la comida, como si se tratara de una dama, el joven se inclinó para agradecerle
el servicio. Esto pareció desconcertar al viejo que pujó mientras se proporcionaba una
buena porción de alimento en un plato.
El viejo y Nereo continuaron
trabajando, hasta que el joven decidió seguir su aventura de correcaminos; pidió al
anciano el pago por su trabajo y se quedó pasmado cuando éste le entregó dos cargas de
oro. -iSeñor, esto no puede ser para mí!. -Si que lo es hijo mío, respondió. -Tómalo
porque voy a pedirte un favor, pero antes debo mostrarte algo, dijo tomándolo de una
mano, lo condujo a una pieza muy bien asegurada por un enorme candado, abrió la puerta y
le mostró una cantidad de esqueletos humanos que guardaba allí. Nereo se sintió
horrorizado, pero nada dijo, nada preguntó. Nuevamente el anciano quedó desconcertado.
-¿No me va a preguntar nada?, díjole. Nereo respondió: -No Señor, mi padre me enseñó
que no se debe preguntar las cosas que no nos atañen, mucho menos ser curioso, alguna
razón tendrá usted para mostrarme esto. -Si que la tengo hijo mío y desde este momento
te pertenecen Ramona y Esperanza. Ambos guardaron silencio, el viejo esperaba que el joven
dijera algo, pero Nereo nada dijo. -Bueno hijo, dijo el viejo. Veo que ni siquiera me vas
a preguntar por qué mis dos hijas son una perra rosada y una mica de color pardo. -No
señor, respondió Nereo, son secretos suyos y si usted no me los dice por su propia
voluntad, no tengo yo porque preguntárselos.
Después de un largo
silencio el anciano lo hizo sentarse frente a él. -Oye hijo mío lo que voy a rebelarte y
no por mi propia voluntad, sino porque eres el único merecedor de este secreto, porque
has sido el único hombre discreto en muchos años que ha venido a este lugar, los demás
murieron a causa de su curiosidad, yo los asesiné, son esos esqueletos que te he
mostrado. Debo decirte, continuó el anciano, que Ramona y Esperanza son hermanas gemelas
y que al nacer ellas, murió. mi esposa y que la partera quien era una bruja perversa y mi
propia suegra, las odió tanto al ver a su hija sin vida, que las hechizó
convirtiéndolas en lo que son, una perra y una mica, y me dijo: -Vivirán así todas sus
vidas, a menos que cuando sean grandes, un hombre las libere del hechizo.
Esto sucederá cuando aquel
hombre las acepte como son, que no pregunte por qué son así y que se haga cargo de ellas
sin protestar. Es usted ese hombre del que hablara la bruja; así querido joven, que ellas
le pertenecen, por eso le doy suficiente dinero para que lass mantenga. Nereo dio las
gracias al anciano y se marchó con Ramona y Esperanza y con una mula cargada de oro; así
que el joven se vió precisado a caminar más despacio, a hacer altos porque Esperanza
sacaba tamaña lengua sofocada por el sol. Ramona saltaba endiabladamente y a cada momento
quería acaballársele a Esperanza, era así que formaban tremendas furruscas entre las
dos. Nereo tenía la suficiente paciencia para entenderlas, las dejaba descansar, les
proporcionaba comida y agua y contenía la risa ante las miquerías de Ramona.
Dándose cuenta el joven que
era imposible continuar con sus andanzas, decidió detenerse en un pueblo y allí compró
una casa. Ramona y Esperanza se mostraron felices. Como Ramona era la que mejor podía
hacer las cosas, se ocupó de los quehaceres. Esperanza se encargaba de los mandados,
Ramona escribía una lista y envolvía el dinero con esta, luego la colocaba entre un
canasto que Esperanza llevaba en la boca e iba al mercado. Allí para hacerse entender
descargaba el canasto y levantaba las paticas delanteras, mostrándoles la lista y el
dinero. Nereo las dejaba en entera libertad para hacer lo que desearan. Pero esto
despertó la curiosidad de la vecindad, en poco tiempo, Esperanza tuvo que actuar como una
perrita común y corriente para complacer a los curiosos, convirtiéndose en la
inteligente perrita que hacía mandados.
Nereo había aprendido a
amar a sus dos compañeras, les traía regalos especiales, para Esperanza jabones de
buenas fragancias, la bañaba y le cepillaba el pelo, para Ramona además del cepillo y el
jabón, le compró espejo, polvos faciales, colorete, diadema, pulsera y perfumes. Un día
miró en el mercado del pueblo, unos trajes árabes, eran tan bellos que no resistió el
deseo de comprarlos. Por si algún día se rompe el hechizo, dijo colgando los trajes en
un perchero.
Cierta esplendorosa mañana
un ave de vistoso plumaje se detuvo y se posó en un árbol, pareció mirarlo con mucha
firmeza y cantó con un gorjeo que parecía decir: -¡Escoge una, escoge una, escoge
una...! Nereo se dijo, -Es como si me dijera que escoja una. ¿A qué se estará
refiriendo? En ese momento llegó Ramona y le entregó una camisa suya que había tirado
porque estaba rota. El joven recibió la prenda y reparó que la mica la había zurcido
tan bien y tan delicadamente que apenas si se notaba donde había estado rota. Nereo le
sonrió agradecido y le dijo una lisonja: Con una miquita así de hacendosa estaría
dispuesto a casarme. Ramona saltó como una danzarina y corrió dando chillidos llamando a
su hermana.
Horas después de aquel
incidente, Ramona y Esperanza no se volvieron a ver por toda la casa. Nereo se extrañó y
empezó a llamarlas, de pronto escucho una voz que respondió en la alcoba donde dormían
Ramona y Esperanza. -¿Quién está ahí? -Yo. -¿Quién es yo?
-Ramona. -¿Ramona?,
¿puedes hablar? -Si. -Entonces ven para mirarte. -Espera que me estoy vistiendo. -Nereo
se echó a reír, ¿quién ha visto una mica vestida? -Muy pronto la verás, repuso la
voz. Como se demoraba en salir, el joven volvió a llamarla. -Apúrate Ramona. -Espera que
me estoy maquillando. -¿Quién ha visto una mona maquillada? Luego después de otro largo
rato de espera el joven le dijo: ¿Por qué demoras tanto? -Me estoy peinando y así
continuaron, a cada llamado de Nereo, la mica respondía: me estoy poniendo la diadema, me
estoy empolvando la nariz, me estoy pintando los labios, hasta que el joven gritó
desesperado. ¿Quién ha visto una mona con diadema, pintándose los labios y
empolvándose la nariz? ¡Tú, grandísimo tonto, dijo la voz. De pronto aparecieron en el
umbral de la puerta dos hermosísimas muchachas. Nereo se quedó boquiabierto ante la
presencia de las dos hermosuras. -Nosotras somos Ramona y Esperanza, dijeron al tiempo y
como hoy te me declaraste amorosamente, se ha roto el hechizo, yo soy Ramona, dijo una de
ellas, somos muy parecidas, pero yo tengo un lunar en el hombro derecho que Esperanza no
tiene.
Y aquí termina la historia
porque Ramona y Nereo se cásaron y fueron muy felices y Esperanza también se casó más
tarde con un apuesto joven de la región
.
CONTINUAR
|