CUATRO CABALLOS DEL TIEMPO
SILVIA APONTE
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EL MITO EN EL ÁRBOL

Entre las especies arbóreas que tienen afinidad con el mito, encontramos la Ceiba. Hermosa como muchas deidades que forman parte de los simbolismos femeninos de los llanos. De tronco grueso y redondo como el vientre de una mujer embarazada, de encumbrado tallo alcanzando los doseles más ambiciosos que cualquier árbol pueda soñar.

Cuentan los viejos de palabra verdadera, que entre el hombre y este árbol siempre ha existido cierto respeto; y es que hay testimonios, de que personas perversas con conocimiento de hechicería han utilizado a este vegetal para dañar a enemigos. Es sabido en el llano que para matar a una persona lentamente y que parezca que sufre de hidropesía, punzan el tronco de una Ceiba joven, le extraen una porción de su savia y por mano ajena se la hacen beber al enemigo que desean dañar. Luego esperan que pase el tiempo para ver los resultados. A medida que la Ceiba crece y engruesa su tronco, a la víctima que le dieron a beber esta savia, comienza a crecerle el estómago, y así, año tras año el enfermo empeora, y dicen que no hay medicina, ni médico, ni brujo que pueda curarlo, a menos que encuentren el árbol del cual le dieron el bebedizo y lo corten de raíz para que se seque, si se detiene el crecimiento de la Ceiba, se cura el enfermo, de lo contrario revienta por la parte baja del vientre y muere derramando una gran cantidad de agua amarilla.

Cuentan de casos en que pacientes desesperados, regresaron por los lugares donde vivieron y al peso de sus barrigas enormes, se dieron a la tarea de exterminar Ceibas y más Ceibas con la esperanza de dar con la precisa. Algunos tuvieron suerte, otros no.

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