CUATRO CABALLOS DEL TIEMPO
SILVIA APONTE
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RETROALIMENTACION DE LA MEMORIA

Cuando mi amiga Paulina Encinosa comienza a narrarme los cuentos que su padre le contaba cuando era niña, yo retorno a sentarme en las rodillas de mi papá y vuelvo a sentirme en los llanos, penetrando en la fantasía que parecía nacer de un lucero grande y curioso, que siempre estaba asomado por el alar de la casita campesina donde viví; porque los astros son admiradores de las cosas bellas y huyen de las cosas malas, ocultándose entre el primer nubarrón que pasa para no verlas. Pues bien, cuando mi padre me contaba sus historias fantásticas, allí estaba la luna con su cara de mujer robusta y su sonrisa de oreja a oreja y el lucero grande con carita de maíz frito parpadeando rápidamente para no perder el hilo de las narraciones. Y no faltaba una que otra exhalación estelar cruzando fugazmente el espacio, alumbrando las lápidas dormidas de los esteros llaneros.

Para mi, la voz de mi padre era como un canto lleno de universos, era como el viento y el tiempo danzando a mi alrededor. Era como el agua fluyendo de una fuente inagotable, porque él como buen narrador, sabía agregarle detalles a sus historias y las hacía más interesantes. A mí me parecía, que todas aquellas fantásticas historias, las había creado únicamente para mi.

Ahora, después de tantos años, cuando Paulina, se acuesta en un chinchorro, bajo la fronda de unos árboles que sombrean el patio de mi casa, tomo asiento junto a ella mientras escucho sus historias fantásticas -que son como un diamante en bruto- pienso cómo transcribirlas, cómo pulirlas, qué tanto tengo que darles sin quitarles su esencia, hasta que decido suprimirles redundancias y escenas violentas para darles un poco de creatividad. En esta forma, estimados lectores, presento a consideración de ustedes, estos bellos cuentos rescatados de la literatura oral, a la vez que recibo de la fuente viva de la oralidad llanera una porción de lo que se llama, retroalimentación de la memoria.

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