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CUATRO CABALLOS DEL TIEMPO
SILVIA APONTE
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Derechos Reservados de Autor
LA LEYENDA DE JUAN
MACHETE
Es la leyenda de Juan
Machete, una de las más conocidas en los Llanos Colombo-venezolanos, ha sido motivo de
inspiración para canta-autores y cuentacasos llaneros. Es sabido que éste personaje se
llamó Juan Francisco Ortiz y tenía un fundo llamado La Odisea, el remoquete de machete
se ˇo acomodaron porque siempre llevaba al cinto, un largo machete en una funda de cuero
crudo.
Cuenta la leyenda que este
hombre hizo un pacto con el diablo, negociando el alma de su mujer y de sus hijos y su
propia alma a cambio de que lo convirtiera en el potentado máximo de la región. Para
ello cogió un sapo y una gallina negra, les cosió los ojos con una aguja e hilo y los
enterró vivos un jueves santo al filo de la media noche, para desenterrarlos al año
siguiente, el mismo día y a la misma hora; después enrumbó por un camino hasta llegar a
un lugar solitario donde no escuchaba un ruido de voz humana, ni canto de un gallo, tiró
los huesos al viento, y llamó al rey de las tinieblas tres veces a todo grito esperando
un intervalo de que muriera un eco para lanzar el otro diciendo. -ˇSatanás, quiero hacer
un pacto contigo! Lucifer, aquí te espero!, y por último, ˇMandinga!, si no vienes a mi
llamado, mi petición es que vengan las riquezas a mi, que me rodeen como los pastos
pestañean a los esteros y lagunas.
Nada perturbó el silencio
de aquel Jueves Santo, nada pareció acontecer, sin embargo, para Juan Machete llegó una
racha de suerte increíble, sus tierras se volvieron fértiles, el ganado ni que hablar,
las vacas parían de a dos terneros y Juan creía que todo era una racha de buena suerte.
Más una noche cuando ésta se partía en dos, el mugido de un padrote estremeció La
pradera, Juan se levantó, metió la mirada en la oscuridad pero nada extraño pudo ver,
regresó a su cama y se tendió a dormir hasta que el día rayó el horizonte, comenzó su
rutina diaria, más cuando ensillaba su caballo, reparó en los potreros la imponencia de
un toro negro de cascos y astas blancas. Largo rato duró contemplando a aquel hermoso
animal, luego pensó que era de algún hato vecino, se fue a su trabajo y cuando regresó
por la tarde, todas las reses estaban alborotadas como si trataran de huir del padrote;
mañana apenas amanezca voy a los hatos vecinos para avisar y que su dueño venga a
recogerlo. Con esta idea durmió plácidamente, con ella se levantó y con ella se dio a
galopar sabana visitando hatos y fundos aledaños, describiendo el animal, pero nadie dijo
ser el dueño de una res de aquellas características.
Al anochecer regresó
cansado y preocupado, observó al toro quien se mantenía pastando reunido con las demás
reses, altanero y sombrío, con la majestuosidad de dueño y señor del rebaño.
El cansancio venció a Juan y se durmió de
un solo tirón hasta las doce de la noche cuando fue arrancado de su profundo sueño por
el pitazo del negro padrote recién adueñado de aquellos parajes, se levantó a
averiguar, pero todo parecía normal, sin embargo no fue así, su asombro no tuvo
límites, sus tierras florecían en reses, miles y miles de cabezas de ganado manchaban el
verde limpio de las sabanas y corrales. Aquel mugido largo y profundo del toro negro a las
doce de la noche, fue el aviso del diablo diciéndole que desde ese mismo instante era el
ganadero más poderoso de la región, así lo entendió Juan.
Desde ese momento nace la
leyenda de Juan Machete, de machete que porque el hombre siempre cargaba un machete pegado
a la cintura metido dentro de una funda de cuero crudo.
Como siempre, el tiempo
avanza sobre los hombres, las cosas y los misterios se hacen grandes. Por los cuatro
costados del Llano, a lo largo y ancho de éste se comentaban las riquezas de Juan
Machete, de la noche a la mañana. Un día que el hombre recorría sus propiedades, de
repente se le apareció un chivato, cosa rara por que por aquellos lugares no habían
animales de esta especie, pero lo más asombroso, fue que el animal le habló. -ˇEscucha
esto Juan Machete: a tu hacienda llegarán unos trabajadores, contrátalos, porque ellos
te serán fieles y tus riquezas se duplicarán, habrá rebaños hasta de cuatrocientas
reses de un mismo color y los caballos más hermosos, que con su galope estremecerán la
pradera y tus tierras serán las más productivas en la región.
El diablo, que no era otro
que aquel chivato, le dio las instrucciones diciéndole que llegarían unos 50
trabajadores a su hacienda en busca de trabajo, que los tomara todos a su cargo, gente que
le sería fiel, no habría hombre más rico que él, ni ganado más hermoso que el suyo,
ganado nunca visto, rebaños hasta con cuatrocientas cabezas con un mismo pelaje y color,
madrinas de caballos deslumbrantes que estremecerían ˇa pradera con el remar de sus
cascos; con la llegada de los obreros, a quienes tendría que bautizar, llegaría un
hombre arrogante de estatura elevada, de mirar penetrante, empostado como un samán, a
ese, lo bautizaría con el nombre de Constantinoplo, ese hombre sería su capataz, su fiel
capataz y para bautizarlos debería rezar un credo al revés mientras fumase un tabaco con
la candela dentro de la boca.
Así lo hizo Juan Machete,
todo floreció como en los cuentos de hadas, no hubo hombre más poderoso que él,
también se volvió el terrateniente más tirano, abarcando tierras comprándole a los
demás, sacándolos de sus cercanías, fue así como fue quedando solo en esos lugares,
pues la gente procuraba irse lejos de allí, de los pocos que alguna vez se arriesgaron a
trabajar en su hacienda, algunos se fueron sin querer recibir pago, el miedo y la tiranía
de Juan Machete y su capataz, los hizo huir.
Pasó el tiempo, avanzando a
pasos agigantados, trayendo presagios y tejiendo leyendas hasta que Juan
Machete, se vio solitario con sus grandes
riquezas, las cuales comenzaron a mermar, así como todo lo que crece como espuma, se va
disolviendo; Juan Machete empezó a sentir miedo, sabía que estaba cerca el día de pagar
la deuda contraída con el rey de las tinieblas, entonces mandó a bautizar los niños,
luego sembró cruces en todos los potreros, alrededor del hato, mandó a hacer un hierro
con una cruz y una J, para herrar el ganado. Pero nada de eso le valió, los trabajadores
empezaron a desaparecer igual que el ganado y los atajos de caballos, las tierras se
tornaron estériles y todo iba marcando una ruina definitiva.
Exactamente como fue
desapareciendo la ganadería y los atajos de caballos, de la misma manera fueron
desapareciendo los trabajadores asignados por el diablo, solamente el misterioso toro
señoreaba por los potreros en ruina, Juan consiguió unos vaqueros para que le ayudaran a
herrar al toro con la cruz y la J, aquel toro significaba su pacto con Satanás y quizás
si lo marcaba con la cruz, se rompería el pacto, pero el toro desapareció como si lo
hubiese tragado la tierra y todo ardió entre llamas que brotaron desde los cuatro
costados de los terrenos de Juan Machete, solo quedaron cenizas que el viento se fue
llevando.
Cuentan los viejos, aquellos
viejos de palabras verdaderas, hombres enseñados a descifrar tos misterios, que Juan
Machete también desapareció misteriosamente, que se escucha llorar a una mujer en
medio de las sabanas que pertenecieron a
este hombre y dicen que todo el oro que poseyó Juan Machete, lo dejó enterrado. La
consigna es que se debe presentar desnudo al lugar donde se cree están los tesoros y
esperar a que aparezca el ánima de Juan Machete y le propine tres planazos en la espalda,
si queda con vida, puede ser el dueño de todas esas riquezas que reposan bajo la tierra y
los que se han arriesgado a llegar por allá con deseo de hacer contacto con el ánima han
huido despavoridos, porque han visto un hombre vomitando candela al filo de la media
noche, también otros que como valientes han salido a la carrera con los lomos bien
«planeados» sin poder ver quien les a propinado semejante planera y siguen contando los
viejos cuentacasos, que son muchos los llaneros a quienes Juan Machete ha «planeado» en
noches oscuras mientras estos van rumbo a un parrando y yo, araucano de pura sepa me llamo
Ángel quintero, para servirle señora y si usted quiere, le cuento otras leyendas mucho
más temerarias que la del mismo Juan Machete.
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