CUATRO CABALLOS DEL TIEMPO
SILVIA APONTE
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SEGUNDA PARTE

MITOS Y LEYENDAS



LO IMAGINARIO EN LA FORMACIÓN DEL SER LLANERO

Cuando la luna barre las sombras, el paisaje respira alegre del agobio de la oscuridad. La luna es la deidad más preciada que juega el papel más importante entre los símbolos femeninos que rigen la formación de la nación llanera.

La luna decembrina sale más temprano con todo su esplendor, parece que retoña de las mismas entrañas de la tierra, parece preñada de oro al comienzo de su ascenso y luego se baña en plata pura y su relente alarga la vista del caminante haciendo que atalaye más allá de lo normal, se muestra como un libro abierto señalándonos páginas de épicas estrofas, de leyendas en las cuales nuestros antepasados leyeron hasta hartarse de sabiduría.

La mayoría de nuestros símbolos, siguiendo la tradición oral nos muestra un matriarcado desde las más horrorosas deidades, hasta las más hermosas, entre estas: la luna. La luna es el foco público que alumbra los caminos, que espanta las visiones de la oscuridad, es ella la que hace el milagro de reunir a los campesinos en sus comunidades en el diálogo fraternal, en las labores livianas, tales como en el desgrane de maíz, de fríjoles y otras que se realizan como entretenimiento, mientras el cuentacasos le da vuelo a su imaginación haciendo las delicias de grandes y chicos. Los viejos cuenteros o cuentacasos como los llamaban en el llano, siempre buscaban el alar de la casa para que la sombra les cubriera el rostro y de igual manera como sus dedos saltaban de grano en grano en la mazorca que desgranaban, su fantasía saltaba de la Bola e’fuego a la Llorona, de la Mancarita a la Candileja, de la Madremonte a la Sayona, a las Animas Benditas, a las Ánimas en pena, al Ánima sola, a la Leyenda de la Garza Morena y otras tantas que forman el ejército de deidades femeninas encabezado por la luna.

Pero veamos la luna con todos sus favores y sus perjuicios. Nuestros abuelos nunca dejaron de consultarla hasta para hacer el amor. Las noches románticas de lunas hermosas, fueron altar sagrado de muchas uniones a lo natural como se daba comúnmente. Los niños jugaban bajo su luz en los grandes patios de las casas solariegas; si no había luna, no habían juegos de los niños en las noches. Nadie se aventuraba a desplazarse ni por tierra ni por agua sin una luna bien clara. Para sembrar, para podar sus conucos y árboles frutales, siempre eran consultadas las facetas de la luna. Luna menguante, tiempo de siembra, de corte de madera, de pesca, de castrar caballos y reses, de podar los árboles para que dieran frutos buenos. Luna en creciente, para cortarse las mujeres su cabellos, para sembrar los tabacales y obtener hojas grandes y frondosas, y así en esta forma, la luna tiene gran influencia en la formación del ser y la nación llanera como también universalmente ha formado el destino de las naciones.

Hemos visto como la luna tiene sus fases favorables y sus fases no favorables, hemos visto que su luz universal es el foco que nos guía, que nos da temas poéticos para engalanar canciones y prosas bellas, pero también debemos ver como la luna puede ocasionar dolencias en sus cambios, por ejemplo, en los reumáticos, en las fracturas viejas, en los que tienen desórdenes mentales, en estas épocas se agudizan sus trastornos, a estas personas se les llama lunáticos. O a un herido de gravedad, ya sea persona o animal, hay que protegerlo del relente lunar porque puede morir, a esto se le llama alunado.

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