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CARTAGENA
 

|" |En su fuga hacia la nada,lo el recuerdo detiene un poco lo que hemos amado". Daniel Lemaitre. Corralito de Piedra, 1949.
 

 

Hace cien años, por decir lo menos, los pocos cartageneros de entonces presenciaron los extremos de una gran decadencia que venia sufriendo su ciudad desde principios del siglo XIX. La crisis había carcomido poco a poco su lejano esplendor colonial hasta dejarla reducida a una verdadera ruina monumental, casi fantasmal. Uno de los cuadros más patéticos lo describió el doctor Rafael Núñez en una de sus cartas a Miguel Antonio Caro, en la que le contaba cómo "esta ciudad perece de inanición, literalmente; sus hijos se ausentan de ella por docenas en busca de trabajo, que aquí no tienen; puedo asegurar a usted que las cuatro quintas partes de la población de Cartagena, La Redentora, se acuestan todas las  noches sin saber con qué habrán de desayunarse al día siguiente...".

Las razones son muchas y variadas, pero sin duda derivadas en el decaimiento del comercio, que había sido la principal razón de su existencia desde el siglo XVI. El Canal del Dique, vaso comunicante con el interior del país, quedó obstruido por los estragos de la penuria, abandonando a Cartagena en la triste suerte de la incertidumbre, mientras el deterioro borraba los perfiles más sobresalientes de su arquitectura. La vida republicana, pues, había traído la zozobra a Cartagena, mientras la prosperidad se desarrollaba en otros lugares de Colombia, comenzando por su vecina y hermana Barranquilla.

Pero precisamente por aquellos años, también los cartageneros de entonces fueron testigos y artífices de un lento proceso de recuperación de su ciudad. Luego de una serie interminable de contratiempos, se restableció la navegación de El Dique y en 1894 surgió paralelamente la construcción del Ferrocarril Cartagena-Calamar, para abrir las puertas de un atractivo futuro.

El fonógrafo, la luz eléctrica, el teléfono, el cine y muchos otros inventos de la sociedad moderna se fueron incorporando vertiginosamente a la "silente placidez del Corralito de Piedra" causando el permanente asombro de los cartageneros que llegaron al borde del río el 15 de febrero de 1920, cuando despegó desde Bocagrande el primer avión comercial de Colombia. Poco después se establecía la compañía canadiense ANDIAN, cuyo auge sería determinante en los siguientes años. Cartagena había renacido, al despuntar el siglo XX, con el impulso de nuevas fuerzas.

Antes del desarrollo de esa cadena acelerada de acontecimientos, en el decenio de 1860 la técnica fotográfica se había aclimatado en Cartagena, registrando primero los rostros inmóviles de los personajes del momento y luego, a medida que se iban perfeccionando sus métodos, captando los lugares solariegos por donde discurrían los nuevos aires. La renovación urbana se convirtió en el eco más visible de la recuperación. El derribo parcial de las murallas, la construcción de parques en reemplazo de las viejas plazas, la aparición de nuevos estilos arquitectónicos en lugar de los tradicionales y la expansión' hacia extramuros, son muestras significativas de un proceso que tuvo su punto culminante en 1911 con la celebración del Centenario de la Independencia.

Aunque no haya sido todavía abordada con detenido rigor, la historia reciente de Cartagena es conocida en sus grandes rasgos, y ahora es posible ampliar la perspectiva de ese conocimiento, gracias a la exposición "Cartagena: un siglo de imágenes", que será primero que todo la comprobación visual de ese pasado.

Es una exhibición que contiene testimonios fotográficos tomados entre 1860 y 1960, que reviven diferentes etapas de la vida de Cartagena, sus protagonistas y su ambiente. Para que los viejos de ahora reencuentren allí su presente de antes y para que los jóvenes de ahora asimilen algo de su propia esencia, detenida en imágenes de ayer.

 

Cartagena en la fotografía 

El límite exacto entre la ruina y el progreso lo proporcionan la serie de vistas panorámicas, encabezadas por las fotografías aéreas de la antigua empresa SCADTA hacia 1928, primeras de su género, que captan el recinto amurallado y sus alrededores desde los cuatro puntos cardinales. Desde el Fuerte de San Felipe hasta Bocagrande y desde El Cabrero hasta Manga, nos vamos asomando al escenario inicial de la ciudad, donde ya se alcanzan a percibir de lejos los profundos cambios urbanos. Complementan esta visión, otras vistas de conjunto donde ya son notorios los asentamientos en extramuros.

Pero no podemos ingresar a su interior, sin que antes recorramos algunos tramos de sus desvencijadas fortalezas. La primera imagen nos detiene en todo el frente de la Puerta de la Media Luna, tomada en la década de 1890, antes de su demolición ordenada en 1893, junto con el Revellín de El Cabrero. Casi de la misma época encontramos la impresionante foto que presenta el increíble abandono del Fuerte de San Felipe y más adelante del aspecto ruinoso de los baluartes de San Pedro Mártir, Santa Catalina y San Ignacio, hasta para saltar luego al Polvorín del Fuerte de Castillo Grande. En medio de este cinturón, aparecen todavía los lienzos de murallas entre los habitantes de San Pedro Apóstol, San Pablo y San Andrés, cuya caída a principios de este siglo ocasionó una calurosa polémica nacional, pero que obedeció a razones de mucho peso en la intimidad cartagenera.

Las plazas, parques y monumentos forman un capítulo especial en la evolución urbana de la ciudad. La fotografía más antigua de esta sección pertenece a Colección Jaspe, muestra el Parque del Centenario en 1894. Otras vistas posteriores nos muestran la remodelación de dicho parque y la Antigua Estación de Ferrocarril en la década de 1920. De la misma época encontramos las plazas de la Aduana y de los Coches, a cuyo alrededor se pueden apreciar las refacciones arquitectónicas que las fueron perfilando en los años siguientes.

Aparecen luego las calles. La Factoría, Sargento Mayor, Gastelbondo, Candilejo pero muy especialmente la calle de la Estrella en 1900, es un auténtico documento visual de que "aunque decaída y en medio de la ruina y la miseria, la vieja ciudad monumental sigue en pie y sus escasos moradores tratan de mantenerla en su antiguo rango social" según la opinión del historiador Eduardo Lemaitre.

Mirando ahora hacia las edificaciones civiles, destacamos tres fotografías de primer orden: El Palacio de Gobierno antes de su modificación, la Casa de la Isla antes de su demolición en 1924 y la Casa de los Portales de Hierro con toda su balconada sin recortes, las tres tomadas alrededor de 1920. Son una muestra representativa sobre las viejas estructuras de la colonia y que trajo como consecuencia la construcción de muchos otros edificios de la Escuela Republicana, construidas especialmente para oficinas y bodegas de mercancías como las de Rafael del Castillo en la calle Lozano, la de Piñeres en la calle de Baloco, la de Mogollón en la calle del Coliseo y el antiguo Club Cartagena, frente al Parque del Centenario.

La arquitectura religiosa también tuvo su crisis. Basta con ver las fachadas de ruina en las fotografías de las iglesias y conventos de Santa Teresa, La Popa, Santo Domingo, San Diego y la Merced, tomadas entre 1915 y 1920, para darnos exacta cuenta de los múltiples usos que tuvieron desde los lejanos tiempos en que la desamortización propició indirectamente su condición de sucios paredones sin redención.

Hay otro grupo de testimonios visuales que nos muestran los interiores y detalles de algunas casas señoriales y otras públicas. Entre las primeras se destaca la rica y fina ornamentación de la sala principal de la vivienda de D. Bartolomé Martínez Bossio, ubicada en la planta alta del Palacio de la Inquisición. En cuanto a las públicas, son dignas de observación las fotografías de los interiores de la Biblioteca Pública "José Fernández de Madrid", inaugurada en 1889 y el Teatro Heredia hacia 1920, cuando estaba intacta su arquitectura.

En la década de 1890, superada la crisis y alejado de sus muros el peligro de nuevas guerras, los cartageneros se decidieron por fin saltar las murallas y extender la urbe. En las fotografías panorámicas podemos observar la isla de Manga hacia 1900, aún despoblada en su mayoría; en otra se ve El Cabrero con la Casa de Núñez rodeada totalmente de cocoteros, y en la otra urbanización incipiente del Pie del Cerro. Una calle del interior de Manga evoca los tiempos en que D. Dionisio Jiménez, dueño original de gran parte de la Isla, vendía los lotes en que luego se construirían las primeras casas de madera entre 1906 y 1910. Más tarde se levantarían allí mismo las imponentes mansiones que harían de este sector la primera urbanización Republicana del país. Cierra este capítulo una romántica vista del Puente Román, en la década de 1910, iluminada por su autor, el fotógrafo Félix Vega.

Los registros visuales de algunas instituciones cartageneras son en su mayoría de carácter público y dedicadas a la educación y a la beneficencia. En fotografías tomadas a principios del siglo podemos ver los mendigos del hospital Santa Clara, los protegidos del Orfelinato y la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena entre otros. Después podemos entrar al interior del Colegio "Pío X" en la Calle de Don Sancho, apreciar una primera comunión en el Colegio La Salle o rememorar los profesores del Instituto de Música.

Nos detendremos ahora en las fotografías que nos presentan detalles íntimos de la industria y el comercio, promovidas por un grupo de empresarios, cartageneros y extranjeros, quienes lograron revitalizar la ciudad en las últimas décadas del siglo pasado y las primeras del presente. En primer lugar los distintos aspectos recogidos por las fotografías del Ingenio de Sincerin, de la familia Vélez Daníes, que van desde vistas exteriores hasta las oficinas del administrador y las habitaciones de los obreros.

Más adelante podremos admirar los interiores de las fábricas de zapatos, otra de textiles y de los Talleres Litográficos de Mogollón. Así mismo, nos asomamos a la oficina del conocido comerciante italiano D. Juan B. Mainero y Trucco hacia 1910, y a los hoteles Walters, Pereira y Bolívar. De la misma manera, la actividad de los Bancos de Bolívar, de Bogotá y de la República. Llegando a lo más doméstico, encontramos curiosas fotografías de los interiores de una tienda de la época, o también de la famosa sodería "El Polo Norte". Un poco más allá y desde varios ángulos, vemos el Mercado de Getsemaní, una de cuyas vistas fue bellamente coloreada por su autor.

En estrecha relación con la industria y el comercio la técnica fotográfica registró con lujo de detalles en Cartagena distintos aspectos del transporte y las comunicaciones. El vapor "Río de Janeiro" con su cargamento de marmato y el buque "Bogotá" para el petróleo, nos remontan a los tiempos lejanos del Canal del Dique y a las numerosas empresas de navegación que por él cruzaron. Varias vistas del Ferrocarril Cartagena-Calamar, su estación en el centro de la ciudad, el muelle de embarque en la Machina -existe el testimonio fotográfico de su incendio en 1931- y la estación de Turbaco, nos ilustran sobre su recorrido.

¿Y qué decir de la magnífica escena de la estación de transporte urbano de "chivas" frente al Mercado de Getsemaní? ¿o del "intrépido" aspecto del hidroavión "Santa Marta" en los mejores tiempos de la aviación comercial de la época? Pues nada, porque además completan este precioso capítulo, las vistas de los interiores de las oficinas de telégrafo y de la Agencia Postal Nacional, hacia 1920.

A renglón seguido desfilan los multitudinarios acontecimientos de toda índole. En una fotografía de 1894, encontramos el funeral del doctor Rafael Núñez. Más tarde, en 1908, los registros gráficos de la llegada del general Rafael Reyes y su visita a doña Soledad Román vda. de Núñez en El Cabrero; una vista estereoscópica de 1890 con la procesión de la Candelaria saliendo del Convento de la Popa; de 1920, las procesiones de Nuestra Señora del Carmen.

En el orden de las visitas presidenciales en 1919 tenemos el recibimiento del Dr. Marco Fidel Suárez en 1919 y algunos pormenores visuales de la visita del presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt en 1933, acompañado siempre por el presidente Olaya Herrera. De esos años, además, podemos mirar una serie de registros fotográficos de la memorable visita de las princesas inglesas con los honores que recibieron durante su estada por Cartagena.

En seguida apreciamos algunas imágenes que fueron captadas en distintas épocas de las fiestas del Once de Noviembre. De especial interés son las postales iluminadas que muestran la celebración del Centenario de la Independencia, con los desfiles de carrozas y disfraces alegóricos de la libertad. En el mismo grupo, otros aspectos de la celebración social de esta patriótica fecha, entre las que se destaca la célebre carroza que imitaba un tanque de guerra la cual explotó accidentalmente en las fiestas de 1923 causando la muerte de tres de sus ocupantes.

Cierra esta muestra con algunos retratos que fijaron los rostros de la sociedad cartagenera. Un ferrotipo de doña Amelia Lemaitre Tono, y las tarjetas de visita de la familia de doña Teresa Torres Lemaitre y Pedro Macía son los registros más antiguos. De data posterior están las imágenes de personajes como el "Tuerto" López y su esposa Aura María Cowan, del maestro Adolfo Mejía, de los hermanos Henrique Luis y Enrique P. Román, de la familia Stevenson, la colección particular de doña Maruja de León, la familia Hanaberg, y en fin, un amplísimo registro visual de la vida social de la Cartagena de entonces. Y aunque no tantas como han aparecido en otras ciudades, se lograron obtener algunas fotografías que documentan la actividad deportiva. Los toreros "Gallo" y "Bienvenida", el increíble ciclista apodado "El divino calvo" y un grupo de tenistas, que quedan cortas para testimoniar la tradición deportiva en la ciudad.

 

La fotografía en Cartagena

Aunque probablemente existan fotografías anteriores, las imágenes más antiguas conocidas hasta ahora en Cartagena son una serie de tarjetas de visita con retratos de doña Teresa de la Espriella del Castillo, de don Pedro Macía, doña Josefina Macía de Tono tomadas en el decenio de 1860. También se exhibe de la misma década de 1860 otra colección numerosa de tarjetas de visitas con retratos de algunos parientes de doña Soledad Román de Núñez.

El apellido Román, está íntimamente ligado a los orígenes de la fotografía en Cartagena. Gabriel y Carlos Román Polanco (hermanos de doña Soledad) fueron pioneros de este arte, siendo el primero una especie de fotógrafo permanente de la familia, además de investigador y hasta fabricador del material de sus propias fotografías a base de gelatina y albúmina, técnica que aprendió probablemente en Europa o Norteamérica. Fue fotógrafo activo en Cartagena entre 1864 y 1870 y produjo tarjetas de visita especialmente las que marcaba con el sello distintivo del escudo de la república. Más tarde formó una sociedad con otro fotógrafo cartagenero destacado: D. Luis Delgado, quien también dejó otro legado de gran valía visual pero lamentablemente perdido.

Con el desarrollo de la técnica fotográfica se va ampliando el registro de imágenes de Cartagena y de .esta manera ya en 1880 encontramos fotografías de exteriores, entre las que figuran fotografías de la llamada Colección Jaspe, una compilación de vistas tomadas por los hermanos Luis Felipe y Jeneroso Jaspe, a las cuales se fueron agregando algunas otras de distintos autores recopiladas por ellos.

Hombres de gran sensibilidad y preocupados por la preservación de la arquitectura histórica de la ciudad, los hermanos Jaspe vieron en la fotografía un medio para fijar el proceso de destrucción que por entonces vivía Cartagena, al impulso de la "piqueta del progreso", lo que los convirtió en testigos de excepción y, en cierta manera, de partícipes. Por ejemplo: la sensibilidad de Luis Felipe, arquitecto, unida a sus conocimientos de la escuela republicana, se plasmaron en obras de gran representatividad local como la Torre del Reloj Público (1888), el Mercado Público de Getsemaní (1904) y el Teatro Heredia y Parque del Centenario (1911). Gracias a la "Colección Jaspe", pues, hemos podido conocer pedazos de la ciudad que hoy sólo existen en las fotografías.

 

1* SCADTA
Vista aérea de Cartagena, con estribaciones de La Popa y Fuerte de San Felipe en primer plano. 1928 c.
Copia en gelatina. 16 x 10 cms.

 

Otro fotógrafo activo en Santa Marta y Cartagena por esta misma época, fue Francisco Gómez Fernández, de quien poco se sabe a pesar de haber tenido una figuración destacada, pues en 1895 recibió medalla y diploma del concurso fotográfico de Luz y Sombra en New York. A Gómez Fernández se atribuye la colección de fotografías que registran las calles y casas de Cartagena de finales de siglo pasado y conocidas comúnmente como Colección Mainero, por estar en manos de la conocida familia del empresario italiano Juan B. Mainero, quien fue propietario de la mayoría de las casas fotografiadas.

Dentro de la gama de fotógrafos cartageneros y fuereños que residieron en Cartagena, sobresale Luis Delgado que, como se dijo antes fue en algún momento socio de Gabriel Román, con quien estableció un estudio fotográfico denominado "Román & Delgado" caracterizado por trabajar con albúmina. Es muy probable que se dedicara a las tarjetas de visita como era común en esa época, y que hubiera tenido antecedentes en el ambrotipo.

Martínez de la Cuadra fue otro fotógrafo destacado que residió en Santa Marta primero y luego en Barranquilla, en la década de 1860. Más tarde pasó a Cartagena y, al igual que sus anteriores colegas mencionados, hizo sus tarjetas de visita, una modalidad fotográfica muy utilizada en el siglo pasado y principios de éste. Consistían en pequeñas fotografías a manera de tarjetas de presentación, o en su mayoría vistas de exteriores y acontecimientos públicos. Luego viajó a Medellín donde se asoció con D. Pastor Restrepo.

Importante mención merece la Colección Scadta: son excelentes vistas aéreas de la ciudad, y probablemente las primeras de este género que se hiciera en el país, que ilustran sobre la distribución y el desarrollo urbano, aunque se ignora quienes fueron sus fotógrafos. Sobre este particular sólo se ha podido tener referencia de dos personajes que itineraron esta colección por otros rincones del país: los señores Lesché y Enrique Hubach, ambos de origen alemán.

Entrado el siglo XX, el desarrollo de la técnica fotográfica permite en Cartagena un mayor número de posibilidades artísticas: se abren estudios fotográficos de prestigio y se producen series de postales con vistas de la ciudad, de carácter comercial, bien en colores o bien en blanco y negro.

Entre los más reconocidos gabinetes fotográficos de esta época está Foto Delgado, fundada por Enrique Delgado Hernández, quien se dedicó a la fotografía de estudio y dejó una colección de vistas panorámicas de Cartagena. Foto Imperio, fundada en 1913 en la Calle Segunda de Badillo por Félix Vega, un verdadero artista de la fotografía de interiores y exteriores, por cuyo lente paso lo más variado y representativo de la sociedad cartagenera.

Con frecuencia Vega iluminaba a colores sus fotografías, impregnando de pureza y altivez sus imágenes. Se nota en su trabajo, además de una habilidad y experiencia profesional, el buen gusto que se refleja en la selección de temas para las fotografías de exteriores.

Ezequiel de la Hoz se introdujo desde el siglo pasado en la fotografía en Barranquilla y Bogotá. Instaló más tarde su gabinete fotográfico en Cartagena, junto a la iglesia de San Pedro Claver, frente a lo que fueron las oficinas de la Compañía de Transporte de Cartagena, en las primeras décadas de este siglo. El alto concepto en que de la Hoz tenía su oficio se demostró en las exposiciones de arte en que participó, obteniendo en algunas ocasiones los primeros premios.

Juan Trueco, de origen italiano, se dedicó con éxito a las vistas panorámicas y cultivó con frecuencia la modalidad de las postales, logrando un estupendo registro de los cambios arquitectónicos y urbanísticos de la ciudad. Realizó gran parte de las fotografías que existen hoy sobre Luis Carlos "El Tuerto" López.

Juan Mangini, cuya labor se realizó en la década de 1940, fue un inmigrante que al principio se vinculó a los Talleres Mogollón y posteriormente se dedicó de lleno a la fotografía.

En la primera década de este siglo surge también el notable fotógrafo Próspero Narváez. En 1913 hace una remodelación a su Galería Fotográfica, ubicada en la calle del Tablón. En ese mismo año aparece como uno de los pocos fotógrafos que publica sus trabajos en el periódico El Porvenir, reportando eventos como la llegada y velación del cadáver del doctor Bartolomé Calvo. En la década de 1920 traslada su estudio para la calle del Candilejo.

En 1908 Enrique Valiente tenía su estudio en la calle de la Iglesia y en 1913 abrió su moderna Galería Fotográfica, en la calle de San Agustín, "dando un servicio a su clientela con excelentes materiales procedentes de las más acreditadas casas alemanas y americanas". Sus trabajos variaban desde seis fotografías miniaturas a $ 1.00, hasta la "extra-victoria" por $ 15.00. Así mismo vendía 6 fotografías postales de varios motivos por $ 2.00.

Fotógrafos como Antonio Rimolo Arango, Pablo Gómez Issacs, Nereo López y otros dejaron plasmadas en sus imágenes el espíritu de una época romántica de Cartagena.

Toda esta generación de fotógrafos nos permite ahora reencontrarnos con nuestra memoria visual y recorrer la historia de nuestra ciudad a través de imágenes que nos muestran el desarrollo industrial y comercial de Cartagena, sus costumbres, modas y formas de vida, y si bien es cierto que son muchos y variados los intereses que nos llevan a este espejo del pasado, lo más importante es que ellas logren su objetivo: detener la realidad de un momento que ya pasó.

 

La Fototeca histórica de Cartagena 

"Cartagena: un siglo de imágenes constituye una muestra del trabajo que viene adelantando la Fototeca histórica de Cartagena. Es un primer intento y aspiramos a que no sea el único por recoger, ordenar, preservar y divulgar el patrimonio visual de Cartagena.

Para llegar a la gestación de la Fototeca como gran archivo de imágenes fotográficas, fue preciso acumular una serie de ideas, voluntades y programas que ahora empiezan a ser tangibles, gracias a los esfuerzos mancomunados del Centro de Historia, del Museo de Arte Moderno de Cartagena y del Banco de la República.

En sus orígenes confluyen varias vertientes: por un lado, la vieja iniciativa de un grupo de cartageneros que propendían por el rescate de este valioso acervo, a partir de la conocida Colección Jaspe que fue afortunadamente conservada por sus anteriores propietarios hasta llegar recientemente a las manos protectoras del maestro Darío Morales, actualmente residente en París. Este grupo de cartageneros tuvo en Francisco Pinaud un vocero que más tarde propuso el proyecto de la Fototeca al Centro de Historia de la ciudad.

Por otro lado, la idea se vigorizó en 1984 con el establecimiento del Archivo Histórico de Cartagena mediante un Acuerdo Municipal y con el apoyo del mismo Centro de Historia. Al momento de diseñar sus secciones iniciales, también el Archivo estableció un apartado documental para alojar todas las fotografías que hasta entonces había paulatinamente recogido. Eran en su mayoría copias que se habían utilizado para las ediciones del Boletín de la Academia de la Historia y para la Historia General de Cartagena del historiador Eduardo Lemaitre. Así mismo, el Archivo había recogido la importante Colección Scadta, que era un álbum con veinte (20) fotografías aéreas en asombroso buen estado de conservación, a pesar de las condiciones poco adecuadas en que fue encontrado.

En 1986, el Centro de Historia aprobó formalmente este proyecto y luego fue presentado a varias instituciones, hasta lograr la ayuda del Banco de la República, que venía apoyando ideas similares en Medellín, Ibagué y Pasto, con la idea de recuperar el patrimonio visual.

Aquí se inició entonces la trayectoria de una labor conjunta e ininterrumpida: sobrevino así la primera donación de parte de doña Beatriz de la Espriella de Gómez, que obsequió una estupenda colección del archivo privado del doctor Napoleón Franco Pareja, distinguido patriarca cartagenero recientemente fallecido.

Más tarde vinieron las donaciones de doña Marina López de Ramírez (hija del "Tuerto" López), quien cedió un excelente grupo de fotos familiares; al mismo tiempo, don David Lozano Hanaberg donó más de doscientas fotos de su colección particular. Vinieron en forma casi simultánea las colecciones de la familia Mainero, de doña Conchita Lemaitre de Tono (que incluyen algunas tarjetas de visita y un ferrotipo), la de doña Maruja de León de Luna Ospina (cedida por el doctor Eduardo Lemaitre), la de la familia Díaz, que contiene testimonios de Getsemaní, y los de doña Mary Torres de Martínez, don Alberto Samudio de la Ossa y otros.

La otra fuente de imágenes ha sido el préstamo. Algunos particulares han facilitado autoricen a la Fototeca para hacer reproducciones y luego sean devueltas a sus propietarios. Gracias a este medio, la Fototeca cuenta hoy con un acervo notable en calidad y cantidad documental.

Pero para recabar otros fondos fotográficos y posteriormente construir un archivo acorde con las técnicas pertinentes, se convino entonces esta exposición "Cartagena: un siglo de imágenes" que tiene como metas más próximas la presentación de una muestra, lo más representativo posible, del material hasta ahora recogido y el lanzamiento de un llamado cultural a todos los cartageneros para enriquecer este fondo inicial a través de los mismos medios hasta ahora empleados.

Para cerrar estas palabras de presentación evocamos finalmente una certera cita de Gabriel García Márquez en su novela "El amor en los tiempos del cólera" que sintetiza nuestro objetivo: "Le habló luego al alcalde de la conveniencia de comprar el archivo de placas fotográficas para conservar las imágenes de una generación que acaso no volviera a ser feliz fuera de sus retratos, y en cuyas manos estaba el porvenir de la ciudad".

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