CARTAGENA
|"
|En su fuga hacia la nada,
sólo el recuerdo detiene un poco lo que hemos amado". Daniel Lemaitre.
Corralito de Piedra, 1949.
Hace cien años,
por decir lo menos, los pocos cartageneros de entonces presenciaron los extremos de una
gran decadencia que venia sufriendo su ciudad desde principios del siglo XIX. La crisis había
carcomido poco a poco su lejano esplendor colonial hasta dejarla reducida a una verdadera
ruina monumental, casi fantasmal. Uno de los cuadros más patéticos lo describió el
doctor Rafael Núñez en una de sus cartas a Miguel Antonio
Caro, en la que le contaba cómo "esta
ciudad perece de inanición, literalmente; sus hijos se ausentan de ella por docenas en
busca de trabajo, que aquí no tienen; puedo asegurar a usted que las cuatro quintas
partes de la población de Cartagena, La Redentora, se acuestan todas las noches sin
saber con qué habrán de desayunarse al día siguiente...".
Las razones son muchas y variadas, pero
sin duda derivadas en el decaimiento del comercio, que había sido la principal razón de
su existencia desde el siglo XVI. El Canal del Dique, vaso comunicante con el interior del
país, quedó obstruido por los estragos de la penuria, abandonando a Cartagena en la
triste suerte de la incertidumbre, mientras el deterioro
borraba los perfiles más sobresalientes de su arquitectura. La vida republicana, pues, había traído la zozobra
a Cartagena, mientras la prosperidad se desarrollaba en
otros lugares de Colombia, comenzando por su vecina y hermana Barranquilla.
Pero precisamente por aquellos años,
también los cartageneros de entonces fueron testigos y artífices
de un lento proceso de recuperación de su ciudad. Luego de una serie interminable de
contratiempos, se restableció la navegación de El Dique y en 1894 surgió paralelamente
la construcción del Ferrocarril Cartagena-Calamar, para
abrir las puertas de un atractivo futuro.
El fonógrafo, la luz eléctrica,
el teléfono, el cine y muchos otros inventos de la sociedad moderna se fueron
incorporando vertiginosamente a la "silente placidez
del Corralito de Piedra"
causando el permanente asombro de los cartageneros que llegaron al borde del río el 15 de
febrero de 1920, cuando despegó desde Bocagrande el primer
avión comercial de Colombia. Poco después se establecía la compañía canadiense ANDIAN, cuyo auge sería determinante en los siguientes años.
Cartagena había renacido, al despuntar el siglo XX, con el impulso de nuevas fuerzas.
Antes del desarrollo de esa cadena
acelerada de acontecimientos, en el decenio de 1860 la
técnica fotográfica se había aclimatado en Cartagena, registrando primero los rostros
inmóviles de los personajes del momento y luego, a medida que se iban perfeccionando sus
métodos, captando los lugares solariegos por donde discurrían los nuevos aires. La
renovación urbana se convirtió en el eco más visible de la recuperación. El derribo
parcial de las murallas, la construcción de parques en reemplazo de las viejas plazas, la
aparición de nuevos estilos arquitectónicos en lugar de los tradicionales y la
expansión' hacia extramuros, son muestras significativas de
un proceso que tuvo su punto culminante en 1911 con la celebración del Centenario de la
Independencia.
Aunque no haya sido todavía abordada con
detenido rigor, la historia reciente de Cartagena es conocida en sus grandes rasgos, y
ahora es posible ampliar la perspectiva de ese conocimiento, gracias a la exposición "Cartagena: un siglo de imágenes",
que será primero que todo la comprobación visual de ese
pasado.
Es una exhibición que contiene
testimonios fotográficos tomados entre 1860 y 1960, que reviven diferentes etapas de la
vida de Cartagena, sus protagonistas y su ambiente. Para que los viejos de ahora
reencuentren allí su presente de antes y para que los jóvenes de ahora asimilen algo de
su propia esencia, detenida en imágenes de ayer.
Cartagena
en la fotografía
El límite exacto entre la ruina y el
progreso lo proporcionan la serie de vistas panorámicas, encabezadas por las fotografías
aéreas de la antigua empresa SCADTA hacia 1928, primeras de su género, que captan el
recinto amurallado y sus alrededores desde los cuatro puntos cardinales. Desde el Fuerte
de San Felipe hasta Bocagrande y desde El Cabrero hasta Manga, nos vamos asomando al
escenario inicial de la ciudad, donde ya se alcanzan a percibir de lejos los profundos
cambios urbanos. Complementan esta visión, otras vistas de conjunto donde ya son notorios
los asentamientos en extramuros.
Pero no podemos ingresar a su interior,
sin que antes recorramos algunos tramos de sus desvencijadas fortalezas. La primera imagen
nos detiene en todo el frente de la Puerta de la Media Luna, tomada en la década de 1890,
antes de su demolición ordenada en 1893, junto con el Revellín de El Cabrero. Casi de la
misma época encontramos la impresionante foto que presenta el increíble abandono del
Fuerte de San Felipe y más adelante del aspecto ruinoso de los baluartes de San Pedro
Mártir, Santa Catalina y San Ignacio, hasta para saltar luego al Polvorín del Fuerte de
Castillo Grande. En medio de este cinturón, aparecen todavía los lienzos de murallas
entre los habitantes de San Pedro Apóstol, San Pablo y San Andrés, cuya caída a
principios de este siglo ocasionó una calurosa polémica nacional, pero que obedeció a
razones de mucho peso en la intimidad cartagenera.
Las plazas, parques y monumentos forman
un capítulo especial en la evolución urbana de la ciudad. La fotografía más antigua de
esta sección pertenece a Colección Jaspe, muestra el Parque del Centenario en 1894.
Otras vistas posteriores nos muestran la remodelación de dicho parque y la Antigua
Estación de Ferrocarril en la década de 1920. De la misma época encontramos las plazas
de la Aduana y de los Coches, a cuyo alrededor se pueden apreciar las refacciones
arquitectónicas que las fueron perfilando en los años siguientes.
Aparecen luego las calles. La Factoría,
Sargento Mayor, Gastelbondo, Candilejo pero muy especialmente la calle de la Estrella en
1900, es un auténtico documento visual de que "aunque decaída y en medio de la
ruina y la miseria, la vieja ciudad monumental sigue en pie y sus escasos moradores tratan
de mantenerla en su antiguo rango social" según la opinión del historiador Eduardo
Lemaitre.
Mirando ahora hacia las edificaciones
civiles, destacamos tres fotografías de primer orden: El Palacio de Gobierno antes de su
modificación, la Casa de la Isla antes de su demolición en 1924 y la Casa de los
Portales de Hierro con toda su balconada sin recortes, las tres tomadas alrededor de 1920.
Son una muestra representativa sobre las viejas estructuras de la colonia y que trajo como
consecuencia la construcción de muchos otros edificios de la Escuela Republicana,
construidas especialmente para oficinas y bodegas de mercancías como las de Rafael del
Castillo en la calle Lozano, la de Piñeres en la calle de Baloco, la de Mogollón en la
calle del Coliseo y el antiguo Club Cartagena, frente al Parque del Centenario.
La arquitectura religiosa también tuvo
su crisis. Basta con ver las fachadas de ruina en las fotografías de las iglesias y
conventos de Santa Teresa, La Popa, Santo Domingo, San Diego y la Merced, tomadas entre
1915 y 1920, para darnos exacta cuenta de los múltiples usos que tuvieron desde los
lejanos tiempos en que la desamortización propició indirectamente su condición de
sucios paredones sin redención.
Hay otro grupo de testimonios visuales
que nos muestran los interiores y detalles de algunas casas señoriales y otras públicas.
Entre las primeras se destaca la rica y fina ornamentación de la sala principal de la
vivienda de D. Bartolomé Martínez Bossio, ubicada en la planta alta del Palacio de la
Inquisición. En cuanto a las públicas, son dignas de observación las fotografías de
los interiores de la Biblioteca Pública "José Fernández de Madrid",
inaugurada en 1889 y el Teatro Heredia hacia 1920, cuando estaba intacta su arquitectura.
En la década de 1890, superada la crisis
y alejado de sus muros el peligro de nuevas guerras, los cartageneros se decidieron por
fin saltar las murallas y extender la urbe. En las fotografías panorámicas podemos
observar la isla de Manga hacia 1900, aún despoblada en su mayoría; en otra se ve El
Cabrero con la Casa de Núñez rodeada totalmente de cocoteros, y en la otra urbanización
incipiente del Pie del Cerro. Una calle del interior de Manga evoca los tiempos en que D.
Dionisio Jiménez, dueño original de gran parte de la Isla, vendía los lotes en que
luego se construirían las primeras casas de madera entre 1906 y 1910. Más tarde se
levantarían allí mismo las imponentes mansiones que harían de este sector la primera
urbanización Republicana del país. Cierra este capítulo una romántica vista del Puente
Román, en la década de 1910, iluminada por su autor, el fotógrafo Félix Vega.
Los registros visuales de algunas
instituciones cartageneras son en su mayoría de carácter público y dedicadas a la
educación y a la beneficencia. En fotografías tomadas a principios del siglo podemos ver
los mendigos del hospital Santa Clara, los protegidos del Orfelinato y la Facultad de
Medicina de la Universidad de Cartagena entre otros. Después podemos entrar al interior
del Colegio "Pío X" en la Calle de Don Sancho, apreciar una primera comunión
en el Colegio La Salle o rememorar los profesores del Instituto de Música.
Nos detendremos ahora en las fotografías
que nos presentan detalles íntimos de la industria y el comercio, promovidas por un grupo
de empresarios, cartageneros y extranjeros, quienes lograron revitalizar la ciudad en las
últimas décadas del siglo pasado y las primeras del presente. En primer lugar los
distintos aspectos recogidos por las fotografías del Ingenio de Sincerin, de la familia
Vélez Daníes, que van desde vistas exteriores hasta las oficinas del administrador y las
habitaciones de los obreros.
Más adelante podremos admirar los
interiores de las fábricas de zapatos, otra de textiles y de los Talleres Litográficos
de Mogollón. Así mismo, nos asomamos a la oficina del conocido comerciante italiano D.
Juan B. Mainero y Trucco hacia 1910, y a los hoteles Walters, Pereira y Bolívar. De la
misma manera, la actividad de los Bancos de Bolívar, de Bogotá y de la República.
Llegando a lo más doméstico, encontramos curiosas fotografías de los interiores de una
tienda de la época, o también de la famosa sodería "El Polo Norte". Un poco
más allá y desde varios ángulos, vemos el Mercado de Getsemaní,
una de cuyas vistas fue bellamente coloreada por su autor.
En estrecha relación con la industria y
el comercio la técnica fotográfica registró con lujo de detalles en Cartagena distintos
aspectos del transporte y las comunicaciones. El vapor "Río
de Janeiro" con su cargamento de marmato y el buque "Bogotá"
para el petróleo, nos remontan a los tiempos lejanos del
Canal del Dique y a las numerosas empresas de navegación que por él cruzaron. Varias
vistas del Ferrocarril Cartagena-Calamar, su estación en el
centro de la ciudad, el muelle de embarque en la Machina -existe el testimonio
fotográfico de su incendio en 1931- y la estación de Turbaco,
nos ilustran sobre su recorrido.
¿Y qué
decir de la magnífica escena de la estación de transporte urbano de "chivas" frente al Mercado de Getsemaní? ¿o del
"intrépido" aspecto del hidroavión "Santa Marta" en los mejores
tiempos de la aviación comercial de la época? Pues nada, porque además completan este
precioso capítulo, las vistas de los interiores de las
oficinas de telégrafo y de la Agencia Postal Nacional, hacia 1920.
A renglón
seguido desfilan los multitudinarios acontecimientos de toda índole. En una fotografía
de 1894, encontramos el funeral del doctor Rafael Núñez.
Más tarde, en 1908, los registros gráficos de la llegada del general Rafael Reyes y su
visita a doña Soledad Román vda. de Núñez en El Cabrero;
una vista estereoscópica de 1890 con la procesión de la Candelaria saliendo del Convento
de la Popa; de 1920, las procesiones de Nuestra Señora del Carmen.
En el orden de las visitas presidenciales
en 1919 tenemos el recibimiento del Dr. Marco Fidel Suárez en 1919 y algunos pormenores visuales de la visita del
presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt en 1933, acompañado
siempre por el presidente Olaya Herrera. De esos años, además, podemos mirar una serie
de registros fotográficos de la memorable visita de las princesas inglesas con los
honores que recibieron durante su estada por Cartagena.
En seguida apreciamos algunas imágenes
que fueron captadas en distintas épocas de las fiestas del Once de Noviembre. De especial
interés son las postales iluminadas que muestran la celebración del Centenario de la
Independencia, con los desfiles de carrozas y disfraces alegóricos de la libertad. En el mismo grupo,
otros
aspectos de la celebración social de esta patriótica fecha, entre las que se destaca la
célebre carroza que imitaba un tanque de guerra la cual explotó accidentalmente en las
fiestas de 1923 causando la muerte de tres de sus ocupantes.
Cierra esta muestra con algunos retratos
que fijaron los rostros de la sociedad cartagenera. Un ferrotipo
de doña Amelia Lemaitre Tono, y las tarjetas de visita de
la familia de doña Teresa Torres Lemaitre y Pedro Macía
son los registros más antiguos. De data posterior están las imágenes de personajes como
el "Tuerto" López y su esposa Aura María Cowan,
del maestro Adolfo Mejía, de los hermanos Henrique Luis y Enrique P.
Román, de la familia Stevenson, la colección particular de
doña Maruja de León, la familia Hanaberg, y en fin, un
amplísimo registro visual de la vida social de la Cartagena de entonces. Y aunque no
tantas como han aparecido en otras ciudades, se lograron obtener algunas fotografías que
documentan la actividad deportiva. Los toreros "Gallo" y "Bienvenida",
el increíble ciclista apodado "El divino calvo" y un grupo de tenistas, que
quedan cortas para testimoniar la tradición deportiva en la ciudad.
La
fotografía en Cartagena
Aunque probablemente existan fotografías
anteriores, las imágenes más antiguas conocidas hasta ahora en Cartagena son una serie
de tarjetas de visita con retratos de doña Teresa de la Espriella del Castillo, de don
Pedro Macía, doña Josefina Macía de Tono tomadas en el decenio de 1860. También se
exhibe de la misma década de 1860 otra colección numerosa de tarjetas de visitas con
retratos de algunos parientes de doña Soledad Román de Núñez.
El apellido Román, está íntimamente
ligado a los orígenes de la fotografía en Cartagena. Gabriel y Carlos Román Polanco
(hermanos de doña Soledad) fueron pioneros de este arte, siendo el primero una especie de
fotógrafo permanente de la familia, además de investigador y hasta fabricador del
material de sus propias fotografías a base de gelatina y albúmina, técnica que
aprendió probablemente en Europa o Norteamérica. Fue fotógrafo activo en Cartagena
entre 1864 y 1870 y produjo tarjetas de visita especialmente las que marcaba con el sello
distintivo del escudo de la república. Más tarde formó una sociedad con otro fotógrafo
cartagenero destacado: D. Luis Delgado, quien también dejó otro legado de gran valía
visual pero lamentablemente perdido.
Con el desarrollo de la técnica
fotográfica se va ampliando el registro de imágenes de Cartagena y de .esta manera ya en
1880 encontramos fotografías de exteriores, entre las que figuran fotografías de la
llamada Colección Jaspe, una compilación de vistas tomadas por los hermanos Luis Felipe
y Jeneroso Jaspe, a las cuales se fueron agregando algunas otras de distintos autores
recopiladas por ellos.
Hombres de gran sensibilidad y
preocupados por la preservación de la arquitectura histórica de la ciudad, los hermanos
Jaspe vieron en la fotografía un medio para fijar el proceso de destrucción que por
entonces vivía Cartagena, al impulso de la "piqueta del progreso", lo que los
convirtió en testigos de excepción y, en cierta manera, de partícipes. Por ejemplo: la
sensibilidad de Luis Felipe, arquitecto, unida a sus conocimientos de la escuela
republicana, se plasmaron en obras de gran representatividad local como la Torre del Reloj
Público (1888), el Mercado Público de Getsemaní (1904) y el Teatro Heredia y Parque del
Centenario (1911). Gracias a la "Colección Jaspe", pues, hemos podido conocer
pedazos de la ciudad que hoy sólo existen en las fotografías.
1* SCADTA
Vista
aérea de Cartagena, con estribaciones de La Popa y Fuerte de San Felipe en primer plano.
1928 c.
Copia en gelatina. 16 x 10 cms.
Otro fotógrafo activo en Santa Marta y
Cartagena por esta misma época, fue Francisco Gómez Fernández, de quien poco se sabe a
pesar de haber tenido una figuración destacada, pues en 1895 recibió medalla y diploma
del concurso fotográfico de Luz y Sombra en New York. A Gómez Fernández se atribuye la
colección de fotografías que registran las calles y casas de Cartagena de finales de
siglo pasado y conocidas comúnmente como Colección Mainero, por estar en manos de la
conocida familia del empresario italiano Juan B. Mainero, quien fue propietario de la
mayoría de las casas fotografiadas.
Dentro de la gama de fotógrafos
cartageneros y fuereños que residieron en Cartagena, sobresale Luis Delgado que, como se
dijo antes fue en algún momento socio de Gabriel Román, con quien estableció un estudio
fotográfico denominado "Román & Delgado" caracterizado por trabajar con
albúmina. Es muy probable que se dedicara a las tarjetas de visita como era común en esa
época, y que hubiera tenido antecedentes en el ambrotipo.
Martínez de la Cuadra fue otro
fotógrafo destacado que residió en Santa Marta primero y luego en Barranquilla, en la
década de 1860. Más tarde pasó a Cartagena y, al igual que sus anteriores colegas
mencionados, hizo sus tarjetas de visita, una modalidad fotográfica muy utilizada en el
siglo pasado y principios de éste. Consistían en pequeñas fotografías a manera de
tarjetas de presentación, o en su mayoría vistas de exteriores y acontecimientos
públicos. Luego viajó a Medellín donde se asoció con D. Pastor Restrepo.
Importante mención merece la Colección
Scadta: son excelentes vistas aéreas de la ciudad, y probablemente las primeras de este
género que se hiciera en el país, que ilustran sobre la distribución y el desarrollo
urbano, aunque se ignora quienes fueron sus fotógrafos. Sobre este particular sólo se ha
podido tener referencia de dos personajes que itineraron esta colección por otros
rincones del país: los señores Lesché y Enrique Hubach, ambos de origen alemán.
Entrado el siglo XX, el desarrollo de la
técnica fotográfica permite en Cartagena un mayor número de posibilidades artísticas:
se abren estudios fotográficos de prestigio y se producen series de postales con vistas
de la ciudad, de carácter comercial, bien en colores o bien en blanco y negro.
Entre los más reconocidos gabinetes
fotográficos de esta época está Foto Delgado, fundada por Enrique Delgado Hernández,
quien se dedicó a la fotografía de estudio y dejó una colección de vistas panorámicas
de Cartagena. Foto Imperio, fundada en 1913 en la Calle Segunda de Badillo por Félix
Vega, un verdadero artista de la fotografía de interiores y exteriores, por cuyo lente
paso lo más variado y representativo de la sociedad cartagenera.
Con frecuencia Vega iluminaba a colores
sus fotografías, impregnando de pureza y altivez sus imágenes. Se nota en su trabajo,
además de una habilidad y experiencia profesional, el buen gusto que se refleja en la
selección de temas para las fotografías de exteriores.
Ezequiel de la Hoz se introdujo desde el
siglo pasado en la fotografía en Barranquilla y Bogotá. Instaló más tarde su gabinete
fotográfico en Cartagena, junto a la iglesia de San Pedro Claver, frente a lo que fueron
las oficinas de la Compañía de Transporte de Cartagena, en las primeras décadas de este
siglo. El alto concepto en que de la Hoz tenía su oficio se demostró en las exposiciones
de arte en que participó, obteniendo en algunas ocasiones los primeros premios.
Juan Trueco, de origen italiano, se
dedicó con éxito a las vistas panorámicas y cultivó con frecuencia la modalidad de las
postales, logrando un estupendo registro de los cambios arquitectónicos y urbanísticos
de la ciudad. Realizó gran parte de las fotografías que existen hoy sobre Luis Carlos
"El Tuerto" López.
Juan Mangini, cuya labor se realizó en
la década de 1940, fue un inmigrante que al principio se vinculó a los Talleres
Mogollón y posteriormente se dedicó de lleno a la fotografía.
En la primera década de este siglo surge
también el notable fotógrafo Próspero Narváez. En 1913 hace una remodelación a su
Galería Fotográfica, ubicada en la calle del Tablón. En ese mismo año aparece como uno
de los pocos fotógrafos que publica sus trabajos en el periódico El Porvenir, reportando
eventos como la llegada y velación del cadáver del doctor Bartolomé Calvo. En la
década de 1920 traslada su estudio para la calle del Candilejo.
En 1908 Enrique Valiente tenía su
estudio en la calle de la Iglesia y en 1913 abrió su moderna Galería Fotográfica, en la
calle de San Agustín, "dando un servicio a su clientela con excelentes materiales
procedentes de las más acreditadas casas alemanas y americanas". Sus trabajos
variaban desde seis fotografías miniaturas a $ 1.00, hasta la "extra-victoria"
por $ 15.00. Así mismo vendía 6 fotografías postales de varios motivos por $ 2.00.
Fotógrafos como Antonio Rimolo Arango,
Pablo Gómez Issacs, Nereo López y otros dejaron plasmadas en sus imágenes el espíritu
de una época romántica de Cartagena.
Toda esta generación de fotógrafos nos
permite ahora reencontrarnos con nuestra memoria visual y recorrer la historia de nuestra
ciudad a través de imágenes que nos muestran el desarrollo industrial y comercial de
Cartagena, sus costumbres, modas y formas de vida, y si bien es cierto que son muchos y
variados los intereses que nos llevan a este espejo del pasado, lo más importante es que
ellas logren su objetivo: detener la realidad de un momento que ya pasó.
La Fototeca
histórica de Cartagena
"Cartagena: un siglo de imágenes
constituye una muestra del trabajo que viene adelantando la Fototeca histórica de
Cartagena. Es un primer intento y aspiramos a que no sea el único por recoger, ordenar,
preservar y divulgar el patrimonio visual de Cartagena.
Para llegar a la gestación de la
Fototeca como gran archivo de imágenes fotográficas, fue preciso acumular una serie de
ideas, voluntades y programas que ahora empiezan a ser tangibles, gracias a los esfuerzos
mancomunados del Centro de Historia, del Museo de Arte Moderno de Cartagena y del Banco de
la República.
En sus orígenes confluyen varias
vertientes: por un lado, la vieja iniciativa de un grupo de cartageneros que propendían
por el rescate de este valioso acervo, a partir de la conocida Colección Jaspe que fue
afortunadamente conservada por sus anteriores propietarios hasta llegar recientemente a
las manos protectoras del maestro Darío Morales, actualmente residente en París. Este
grupo de cartageneros tuvo en Francisco Pinaud un vocero que más tarde propuso el
proyecto de la Fototeca al Centro de Historia de la ciudad.
Por otro lado, la idea se vigorizó en
1984 con el establecimiento del Archivo Histórico de Cartagena mediante un Acuerdo
Municipal y con el apoyo del mismo Centro de Historia. Al momento de diseñar sus
secciones iniciales, también el Archivo estableció un apartado documental para alojar
todas las fotografías que hasta entonces había paulatinamente recogido. Eran en su
mayoría copias que se habían utilizado para las ediciones del Boletín de la Academia de
la Historia y para la Historia General de Cartagena del historiador Eduardo Lemaitre. Así
mismo, el Archivo había recogido la importante Colección Scadta, que era un álbum con
veinte (20) fotografías aéreas en asombroso buen estado de conservación, a pesar de las
condiciones poco adecuadas en que fue encontrado.
En 1986, el Centro de Historia aprobó
formalmente este proyecto y luego fue presentado a varias instituciones, hasta lograr la
ayuda del Banco de la República, que venía apoyando ideas similares en Medellín,
Ibagué y Pasto, con la idea de recuperar el patrimonio visual.
Aquí se inició entonces la trayectoria
de una labor conjunta e ininterrumpida: sobrevino así la primera donación de parte de
doña Beatriz de la Espriella de Gómez, que obsequió una estupenda colección del
archivo privado del doctor Napoleón Franco Pareja, distinguido patriarca cartagenero
recientemente fallecido.
Más tarde vinieron las donaciones de
doña Marina López de Ramírez (hija del "Tuerto" López), quien cedió un
excelente grupo de fotos familiares; al mismo tiempo, don David Lozano Hanaberg donó más
de doscientas fotos de su colección particular. Vinieron en forma casi simultánea las
colecciones de la familia Mainero, de doña Conchita Lemaitre de Tono (que incluyen
algunas tarjetas de visita y un ferrotipo), la de doña Maruja de León de Luna Ospina
(cedida por el doctor Eduardo Lemaitre), la de la familia Díaz, que contiene testimonios
de Getsemaní, y los de doña Mary Torres de Martínez, don Alberto Samudio de la Ossa y
otros.
La otra fuente de imágenes ha sido el
préstamo. Algunos particulares han facilitado autoricen a la Fototeca para hacer
reproducciones y luego sean devueltas a sus propietarios. Gracias a este medio, la
Fototeca cuenta hoy con un acervo notable en calidad y cantidad documental.
Pero para recabar otros fondos
fotográficos y posteriormente construir un archivo acorde con las técnicas pertinentes,
se convino entonces esta exposición "Cartagena: un siglo de imágenes" que
tiene como metas más próximas la presentación de una muestra, lo más representativo
posible, del material hasta ahora recogido y el lanzamiento de un llamado cultural a todos
los cartageneros para enriquecer este fondo inicial a través de los mismos medios hasta
ahora empleados.
Para cerrar estas palabras de
presentación evocamos finalmente una certera cita de Gabriel García Márquez en su
novela "El amor en los tiempos del cólera" que sintetiza nuestro objetivo:
"Le habló luego al alcalde de la conveniencia de comprar el archivo de placas
fotográficas para conservar las imágenes de una generación que acaso no volviera a ser
feliz fuera de sus retratos, y en cuyas manos estaba el porvenir de la ciudad".