LOS CANTARES TRADICIONALES DEL BAUDÓ
Andres Pardo Tovar
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3. LOS CANTARES DEL BAUDO

Anota Henri Davenson -en el prólogo a Le Livre des Chansons, pag. 20-que lo primero que llama la atención en ciertas melodías populares, particularmente expresivas, es su rica y flexible concepción, que corresponde a la música antigua y coincide con el carácter del canto llano. Y añade: -"Tales supervivencias se explican fácilmente: la práctica del canto eclesiástico ha mantenido vivo en nuestro pueblo el conocimiento de la cantinela gregoriana (...) Posiblemente, sin embargo, se trata de un fenómeno más complejo: no siempre se pueden asimilar los modos de nuestras canciones a los del canto llano, y para analizarlos en toda su riqueza se experimenta a menudo la necesidad de remontorse a la teoría de la modalidad antigua."

Lo que Davenson anoto, siguiendo o Bourgoult-Ducoudray y a Maurice Emmanuel, respecto de las canciones populares francesas, puede aplicarse al antiguo cancionero español. Especialmente al romancero anónimo, que hunde sus raíces en los últimos siglos de la Edad Media. Y por lo tanto a los tres cantares tradicionales que nos fueron comunicados por Francia Oliva Vega. Como nos manifestó la informante, esos cantares -dos de los cuales son auténticos romances y el tercero es una antigua seguidilla- son parte del repertorio tradicional de su comarca nativa: los aprendió, junto con otros varios, de labios de su madre, quien a su vez los había recibido de sus progenitores. El primero de ellos -"Catalina, Catalina"- es como sigue:

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Obsérvese que tanto la melodía de las estrofas como la del estribillo resuelven en el si grave, tónica o final de una escala básica de indudable carácter modal. Así lo indican los siguientes particularidades: a) la fórmula cadencial con que termina la melodía de las estrofas, que envuelve precisamente la quinta modal fa-si descendente; b) el hecho de que, en la marcha melódica, los reposos se marcan sobre la nota si, con la que también se inician los distintos períodos de la misma melodía, y c) la alteración del quinto grado (cuarto en la enunciación descendente) de una escala en que todos los demás sonidos son naturales: si, la, sol, (fa#), mi, re y do.

Al examinar esta escala, vemos que los semitonos se encuentran en la región grave de cada tetracordio, estructura que corresponde a la escala del modo dórico o -si se quiere- a la del tercer tonus eclesiástico (segundo de los auténticos).Todo lo cual nos habla del carácter arcaico de la melodía de este romance, carácter que -como puede verse- se conserva nítidamente en la versión recogida en el Chocó.

 

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