INDICE




ROJAS GARRIDO


En este periódico se agrupa la juventud, modestamente, pero llenade dolor sincero, a recordar al querido maestro. ROJAS GARRIDO nospertenece, él es nuestro, y en su memoria queremos vivir, siquierasea como las hojas en el árbol. La inmortalidad del cariño, la másnoble y bella, por que si resiste al tiempo que lo devora todo, esel reflejo de un supremo beneficio, esa la tendrá ROJAS, mientrasla generación que educó toca las soledades del sepulcro y despuéssi la severa historia no se mancha con la ingratitud de loshombres.
Id por dondequiera en estos cuarenta años al encuentro de una ideay allí encontraréis al gran de hombre asociado, como trabajadormúltiple, a la elaboración del pensamiento. Como de lo alto de unamontaña, se le ve dominar sin que pierda nunca su grandeza, ni aunen los infortunios amargos con que la decepción quebranta el genio.Fue un inmenso caudal con magníficas orillas, porque joven aparecióya grande, y como grande, avanzó el pie intrépido en las sombras dela noche eterna.
ROJAS derivó su fuerza de su pasión por la verdad. Eso es lo queconstituye un temperamento revolucionario. Luchar, luchar, luchar,hé ahí un espectáculo grandioso que sólo presentan el océano y loshombres excepcionales. Y la revolución es la síntesis de lagrandeza; porque ella en cierra todas las cóleras admirables y laspasiones generosas.
Tenía, sobre todo, ¡a elocuencia, que es el arma de losdemoledores; pudiera llamársela la madre de la República.Elocuencia en los labios, en la pluma, en la cítara. En lo alto dela tribuna tocaba su frente la inspiración y lo transfiguraba.Disponía de todas las palabras a su arbitrio y las enlazaba concapricho de artista e intención de filósofo. No lo conocimos en losparlamentos, pero allí es donde más se le ha admirado. El seenvolvía en sus ideas como en resplandores que lo llenaban demagnificencia. Toda causa irradiaba como una aurora preciosa en suslabios, y era irresistible. Es el juicio de sus adversarios. En laConvención de Rionegro se alzó veinte codos sobre las más altasnotabilidades; como antes en los Congresos tempestuosos de 1850 a1853, estaba siempre arriba de los veteranos de la tribuna. Lafalange enemiga era escogida entre lo más granado del absolutismo,y sería admirable golpe de vista el de esas ancianos, entre loscuales estaba Mariano Ospina Rodríguez, jadeantes, rabiosos yvencidos por un orador de veinticuatro años. Era ROJAS hermoso,hermoso con su ancho rostro ovalado lleno de bondad inteligente,sus cabellos negrísimos y sus ojos extraños del color de las aguasdel mar. Asistía a la creación de un orden nuevo, y es decir conesto que la tarea estaba llena, para el tribuno, de contratiempos yde peligros. El pasado cuando se sostiene es una especie desalteador en la selva: apela a todo, porque tiene convencimiento deque los golpes que se le dan son irremediables. El verdugo sealzaba en la plaza, y ROJAS fue a quitarle el hacha de la mano; eles clavo en la ergástula era una bestia ajena, y fue contra losamos; quiso libertad para la palabra, para la prensa, para eltrabajo del hombre. Tenía los tres enemigos cardinales y tuvo elvalor de odiarlos: el verdugo, el clérigo y el soldado. Su desafíofue, pues, a la violencia. Cada sol alumbraba una batalla delatleta niño contra los viejos gladiadores. Duelos tremendos en quelos muertos tenían la edad de tres siglos en América, porque eranlas ideas que habían venido aquí con Cristóbal Colón. ROJAS mirabaa estos gigantes que sostenían la preocupación con sus mil manos,los miraba y los medía, los medía y los atacaba, los atacaba y eranvencidos. ¡Ah, pero la lidia era titánica! ¡Cuántos asaltos!¡Cuántas amenazas! ¡Cuántas dificultades! Si se discute la pena demuerte, ROJAS hablará uno, dos y tres días; uno, dos y tres años. Atodo se apela para mantener enhiesto el cadalso. Los bebedores desangre humana no quieren derramar en nombre de la caridad su licorodioso. Un día el tribuno se levanta como e! día anterior, con supalabra ungida por la misericordia para el delincuente, en el senode la Cámara de Representantes. Se le odia, pero se le respeta,porque la elocuencia se impone; reinan, pues, la atención y elsilencio. Discurre sobre la vida...
- ¿Y qué es la vida ?-le interrumpió D. Mariano Ospina.
-Eso que vosotros quitáis en el cadalso! -responde el tribuno, ycontinúa impasible, y acaba esa oración de profecía admirable conesta enseñanza que es un código de justicia: "La vida esinocente y sólo la libertad es responsable. Si queréis darle alverdugo un puesto en la justicia de los hombres, colocadlo demaestro de escuela en una penitenciaría." Sus frases sonuna tradición que destella. Es el único de los oradores de Colombiaque mantiene vivo el recuerdo de sus periodos, que son estrofas, enla memoria de sus contemporáneos. Hemos oído exclamar a unfanático: "Hablaba y su voz era un canto;" y aotro: "¡Cómo rugía ROJAS entonces!"; y a untercero: "Odiábamos la cuestión, pero nos dominaba tántaelocuencia." Siempre que se habla de ROJAS ocurre a lamente la idea de majestad.
Cuando se sabía que ocupaba la tribuna, los ciudadanos acudían arodearla con anticipación. Como en todas partes, la garruleríapretenciosa iba adelante; pero el pueblo de Bogotá, que tiene elgusto exquisito de los discursos bellos, cuchicheaba hasta ahogar alos pedantes. "ROJAS! ROJAS! que suba ROJAS!"principiaban a clamar luego mil voces de hombres y mujeres. Lamultitud abría paso, y ROJAS GARRIDO adelantaba a la tribuna. Suandar era lento y pesado. Su estatura mediana, su cuerpo obeso, conlas espaldas abultadas y anchas, que pueden verse en el retrato deMirabeau que adorna el libro de Timón. La mirada clavada haciaadelante y falta de vivacidad. Vestido negro; guantes y corbatablancos. Las gradas de la tribuna las subía con dificultad enorme,por motivo de una dolencia antigua. Ya está arriba: un aplauso, quehay que cortar por la fuerza para que no se prolongue, lo acoge. Vaa principiar. ¡Cómo ha cambiado el hombre! Hablamos antes de latransfiguración y esa es la verdad. A medida que adelanta en sudiscurso, parece que la juventud vuelve, con todas sus formas, alcuerpo y a la fisonomía maltratados por los años. Las líneas de surostro, antes escondidas y borrosas, son ahora bien distintas; lafrente surcada de arrugas, es tersa; el ojo tiene claridades comode cristal pulido; el pecho se ensancha, si antes parecía oprimido;los brazos tienen una elegancia casi de mujer, y hay en todo ucuerpo una movilidad y un vigor desconocidos. Nada le embaraza,porque dispone del ademán como de la palabra. Y su estilo es amplioy grave y cadencioso. Sabe que la naturaleza es conocida de todos,y sus metáforas las toma de los fenómenos naturales con unsimpático enlace ideológico. Prefiere a veces no ser por todoscomprendido, y se encierra en un simbolismo profundo, pero siempreconservando en sus cláusulas la música de las palabras. Si os hablade un muerto ilustre, que fue temible, pero que produjo el bien, élos dirá: "Fue alud que arrasa las agrias cuestas de lamontaña para llevar fuentes de vida a la pradera. Catarata que seestrella en el fondo y se refleja en el cielo con los colores deliris." Para Manuel Murillo tiene expresiones enérgicas ygráficas que son un monumento. Al General Bolívar lo llamará:"Relámpago de dos siglos." Sus comparaciones sonsiempre abultadas: alude al mar, a las estrellas, al firmamento, alinfinito, al espacio, al rayo, a la tempestad...
ROJAS, poeta, tiene una tendencia extraña a lo desconocido. Lasmusas colocaron sobre él su más pomposo manto y sus más frescascoronas de mirto. Del templo sagrado traía esas piedras preciosasdel lenguaje que dan realce a los pensamientos serios. Su vocaciónrevolucionaria lo hizo prorrumpir una vez en | la |Marsellesa contra la Roma de los Papas, que él llamó |La cuestión religiosa. Allí en sus versos, hay casisiempre un problema, o que se plantea o que se resuelve. Y laindagación, que es por lo general forzada, no embaraza sus estrofasni les roba la cadencia. El circunloquio, que es una debilidad delas lenguas, no se ve aparecer, con su trabajoso zig-zag, en losversos del maestro. Concibe, el la forma métrica y vacía suspensamientos enteros, y al calor de ellos algunas de las sextillasde |La cuestión religiosa queman como la turquesa cuando sefunde el bronce. El vertiginoso Samper, espiral política, ha dichoque ROJAS no tenía corazón de poeta aunque hacía buenos versos;pudiera jamás hacerlos y él habría sido siempre poeta por suentusiasmo hirviente, su amor a lo bello, su generosidad y suspasiones. La pasión es a los cantos cómo el pudor a las doncellas:sin él nada valdrían...
ROJAS GARRIDO en la cátedra tenía un dominio más sereno, pero máspoderoso que en la tribuna de la calle. El maestro ha de tenerbenevolencia, y la suya era inagotable. Sus discípulos fueron susamigos y su encanto. En sus últimos años no cultivaba relacionesconstantes sino con los jóvenes. Para ellos eran sus íntimasconfidencias, el relato de la historia de su vida, que lo hacía conla sencillez ingenua de un hombre del campo. Tenía palpitantesiempre un consejo que lo daba sin pretensión y sin los atributosde la autoridad. El había asistido a una época que participaba detodos los apogeos y las caídas de la República: había estudiadobajo el antiguo régimen; concurrido a las Legislaturas; agitado losclubs; dominado en el Gobierno; sufrido en las prisiones: habíacombatido, viajado, tratado a hombres ilustres... Y de tan largaexperiencia de las cosas y de los hombres, que su poderosa memoriano trastrocaba jamás, hacia, en sus relatos llenos de aplicacionesprofundas, los momentos más agradables de sus discípulospredilectos.
En las aulas se acercaba uno más a su inteligencia. Allí puededecirse que era señor de todos los problemas. Tenía una estupendafuerza de análisis, que sirve para conocer los detalles, y un golperápido de síntesis, indispensable para fijar en una forma clara lasconclusiones. Una cuestión intrincada de filosofía, que dejabaatónitos a los discípulos, apenas plegaba sus labios con unasonrisa bondadosa. Cuando él la tomaba para explicarla, lasdificultades iban desapareciendo, y la verdad surgía, poco a poco,como la estatua del mármol, clara, precisa, armónica. Maravillabaesta facilidad inaudita hasta el punto en que el discípulo creíaque habría acertado también de la misma manera. Nadie, por másprevenido que fuera a sus clases de filosofía o de cienciaspolíticas, dejaba los claustros sin llevar una inefable veneraciónpor el maestro y una veneración inefable por las doctrinas.
De esta manera el orador, en sus formas múltiples, hizo una obrainmensa, que como los altos montes tuvo ancha base, prodigiosaaltura y cumbre resplandeciente. "Los cárabos queimportunan la soledad de los sepulcros," como él decía delos conservadores que difamaban a Mosquera, han venido a darse elplacer de insultar su memoria. Bien: los chacales no se domestican;pero la gratitud nacional, que levantó una estatua al guerrero,alzará en breve, para perpetuar memoria tan preclara, unaespléndida estatua a JOSÉ MARIA ROJAS GARRIDO.
( |El Estudio, Bogotá, 1883.)

anterior | índice | siguiente