ECHEVERRI A URIBE
Medellín, 1886, Noviembre 14
Señor Juan de Dios Uribe R. -Bogotá
Señor y amigo de mi más alta consideración:
He leído con grande gusto y con el aplauso que merecen, una queotra de las andanadas dobles qué por estribor y babor ha lanzadousted contra esas gentes académicas, clásicas, latinas, católicas,
|párvum in múltum, carinas, carlistas, samperianas,ultracentranas, ahorcadoras, (Prestán etc.) envenenadoras, (Gaitán,Rengifo etc.) y regeneradoras.
Ha escrito usted con el
|Sacrúmen Cáustum de unGraco.
Ha mojado usted su pluma de oro en los ventrículos apuñaleados delcorazón de Colombia.
La pluma de usted hiere como la lanza de Aquiles, vuela como Irisla mensajera, aplasta como la roca de Ayax, e infunde terrores comoJehová y consuelos como Jesucristo.
El escritorio de usted es más que el monte Ida, porque en él tieneusted su pluma, y Júpiter cuando más lanzaba rayos.
¿Qué valen los rayos efímeros, instantáneos, ante la letraeterna?
Nada: o a lo sumo, lo que pudiera valer el vil Napoleón III ante lapluma flamígera del inmortal Víctor Hugo!
El calor de la verdad nunca se enfría;
El fuego de ese amor jamás se apaga.
Las plumas de las águilas voraces se queman y se hacen ceniza antela boca de los hornos inmortales; la del poeta, la del genio y ladel vate son incorruptibles: sus cañones son de oro y sus puntas dediamante.
|¡Go ahead! ¡Go ahead, brioso mancebo!
La pluma del siglo XIX está cargada de dinamita yresplandores:
La primera derribará los ídolos; y los segundos iluminarán elvestíbulo del templo de la República Universal.
Soy su admirador y amigo,
C.A.E.
Medellín, Noviembre 15, 1886.
Señor Juan de D. Uribe-Bogotá.
Estimado compatriota y señor mío:
A consecuencia de un párrafo de carta que me dirigió nuestro EmiroKastos (párrafo que me dolió y aún me duele) fui al Gólgota con elúnico objeto de poner en sus manos o en su sien, la corona inmortalque circunda las sienes de Juan de Dios Restrepo, tu tío.
Besé la mano de tu abuelo D. Francisco María, esas sienes de miseñora Beatriz que harían honor a Juno; me embriagué con la miradadulce, con la dulce sonrisa de Leonor; y la embriaguez llegó a sucolmo cuando allí, en el Gólgota, supe... que se había perdido unniño!
Todos los niños se pierden o se extravían.
¡Pobre niño! exclamé ¿qué será de él?
A poco supe que tú, Juan de Dios Uribe, cazador chirriquitín anteel Señor, se había escondido de miedo, llorando y medrosillo,huyendo de un zorro sanguinario que venía en alcances deél...
Las exigencias de la vida y la familia me obligaron a abandonar labella tierra de Gólgota, los Andes, y "los bosquesperfumados del San Juan," como dice tu tío.
Pasaron años.
No sé qué ave negra, cuyas alas calladas irradiaban luz, me dio aentender que Beatriz, reina del Gólgota, había muerto.
Del fondo del corazón mandé a su tumba una de las últimas gotas desangre que había en él.
Y esa gota debió ir a caer sobre el corazón del cazador de zorros ya estimularlo con el calor moribundo de su fiel dolor.
Pasaron meses y años.
No volví a saber lo mínimo acerca del hermano del monumental JoséManuel Restrepo.
Las tempestades del mundo me apartaron de ese hogar amigo ypusieron un velo negro entre los sacerdotes, las sacerdotisas, losoráculos del Gólgota y yo.
Pasaron rodando, días, meses y años.
Y hoy, viejo, sexagenario, oigo, o creo oír, una palabra declaridad y estímulo...
Tú mandaste esa palabra, oculto cazador de zorros.
¿Te acuerdas?
Yo no puedo olvidarlo, amigo mío.
Bañé con gotas de sudor las cañas que te escondían; y esperé a queellas, al evaporarse, dejaran sobre una tumba la sal del amor queen tu santo hogar gusté.
Hoy ¡cuántos años van! oigo que tú, que niño diste la espalda alzorro, revistes las armaduras de acero de la Troada y empuñas lapluma del inmortal siglo XVIII.
Sea para tu bien, amigo mío!
Sea para tu bien, mi gran señor!
Si no estuvieran rotos los labios de mi trompa maldecida, yo melevantaría hoy para enaltecerte.
Sigue, sigue, que después nadie sabe qué fue, nadie sabe quées.
Los reyes, los magnates, y eso que llaman sabios, levantaronpirámides y templos con los huesos y las calaveras de los que losadmiraron.
Estás levantando un templo inmortal, Indio querido!
Si mi vista moribunda no puede ser estrella que muestre el Norte alos que te sigan, hazme el honor de que, al coronar tu gloriosocamino, reciba mi cráneo palpitante el asta inmortal de tubandera.
Te agradezco lo que ahora dices para mí, en mi bien.
Seré feliz si mis cuencas vacías llegan a ver el crepúsculo de tuinmortalidad.
C. A. E.
Juan de Dios: Esto fue dictado a la carrera. Corrígelo, si puedes,y haz de ello el uso que a bien tengas.
C.A.E.
Medellín, 1886, Noviembre 15.