DESDE BOGOTÁ
II
Señor Redactor de
|El Estado-Medellín:
Han salido las poesías de Bruno Maldonado! Esto no es tan gravecomo los elogios que de ellas hacen algunos órganos de la Prensa yno pocos amigos de las letras.
¿Quién es este nuevo poeta? Pues nada menos que un hombre que rayaen los setenta años. Hace mucho tiempo que quiere triscar en lapolítica y en la literatura. Dícese que ahora años sostenía lacandidatura de Bruno Maldonado, para Presidente de Cundinamarca, elseñor Joaquín Pablo Posada en un periódico costeado por el mismocandidato.
-¿Qué méritos tiene ese hombre? le preguntó un amigo al
|Alacrán
- Oh, es el más amigo de las luces!
- ¿Cómo así?
- ¿Quieres una prueba? replicó Posada. Pues sabe que tiene unafábrica de hacer velas...
No respondemos de la autenticidad del chiste.
Maldonado es el dueño del teatro, y naturalmente, ha querido serautor. En el libro hay, en consecuencia, una zarzuela. Y unaópera!
Copiemos algunos versos tomados al acaso. ¡Oh, nó, dejemos que esosversos duerman paz!
Es demasiado sagrada la inocencia y nosotros no hablaríamos de losversos del señor Maldonado si no fuera porque en ellos campea unlujo de catolicismo de lo más edificante. Más de una docena dehimnos religiosos, de canciones místicas, etc., etc., que hacenhonor a la Iglesia del país.
Un ciego llevando a otro ciego. El producto de estos versos, que laopinión pública ha desamparado, ha de servir para socorrer a losdesvalidos!
¡Allá va la Baronesa de Wilson!
¿Quién no ha oído este grito lanzado en los periódicos de la Costa,todos los días y en todos los tonos? Pues la señora Emilia Serranoentró en Bogotá sin levantar polvo. Aquí está en esta ciudad,pequeña, sin duda pero suficientemente grande para ahogar a lasmedianías literarias, aunque sean muy extranjeras.
La llegada de la Baronesa no ha sido, pues, acontecimientotrascendental, como en Panamá y en Bolívar. De manera que si deotro modo no se hace visible la señora de Wilson, ha de permaneceren una oscuridad tanto menos envidiable, cuanto que en ella haymuchos.
Todos saben que se prepara a escribir o a publicar una historia deAmérica. Muchos quilates ha de tener la inteligencia que logreabarcar y desarrollar los acontecimientos complicados del NuevoMundo, y dudamos que la Baronesa pueda hacerlo, si hemos de atendera los artículos que ha publicado en Colombia, en los cuales tieneapenas la rareza de mostrar dotes enteramente comunes, por no decirvulgares. Cuando el señor Francisco Pi y Margall está escribiendosu grande historia de esta parte del mundo, parece vano que seemprenda lo mismo; esto, al menos, indica en el competidor unasuficiencia de fuerzas, que están muy lejos de suponer en la señoraWilson.
La viajera, por otra parle, llevará buenos recuerdos de Colombia:este país es extremadamente benévolo y hospitalario.
Desde el siete del presente se abrió la Exposición nacional. Muypocas cosas llaman allí la atención. Con todo, el Estado deAntioquia está bien representado. Las sedas del doctor La Roche,algunas muestras de minerales, y las nítidas fotografías deGaviria, son de admirarse. Hay un cuadro de literatos antioqueños,en que sobran muchos y faltan algunos. Nos pareció raro, sobretodo, no hallar allí el retrato de Epifanio Mejía.
En estos mismos días se ha celebrado el aniversario de la fundaciónde Bogotá, exponiendo unos asquerosos trapos que dizque sirvieron alos clérigos de la conquista para decir la primera misa aquí,trapos muy parecidos al... moquero del padre Cucufato Ballestero,de Luis Vargas Tejada. Y, como es de ordenanza, regando flores enel lugar donde estaba el rancho "Humilladero" yregando piedras sobre la estatua del general Santander. Por lovisto, nada ha sufrido más golpes que el monumento de este prócer:los fanáticos, azuzados indirectamente por
|La Caridad ytal vez directamente por el señor Ortiz, le hacen albazo de palos yde piedra el seis de Agosto de todos los años. No hay cosa máscómica que ver ese día a las beatas con el brazo es tirado y elpuño cerrado, el impasible monumento; nada más cómico sí, pero nadaque revuelva más la bilis contra los fanáticos.
No hemos visto aún
|las Coplas de Ricardo Carrasquilla ensu última edición pero a juzgar por el prólogo del señor José M.Marroquín, Carrasquilla inventó la pólvora. Jamás nos ha parecidopoeta este estimable caballero. Ha hecho, sin duda, piezasentretenidas, pero sin mérito sobresaliente. Algunos de sus versosdejan la huella de una cosquilla imperceptible; la mayor parte sóloel
|tic-tac de los consonantes. No tiene el país poetasfestivos, ni ha tenido de verdadera y espontánea vocación sino muypocos, entre los cuales fue el señor Francisco Mejía rionegrero, sinó el más culto, el más natural y el más afortunado.
José Manuel Lleras, que deleitaba con sus improvisaciones y con sucharla fecundísima, no vivirá en sus obras sino para sus amigos.Joaquín P. Posada, lleno de desenvoltura en su versificación,apenas deja, a nuestro juicio, en la crítica de
|Teresa, deLázaro María Pérez, una página duradera; pues en
|ElAlacrán cobró fama por su audacia, y en los
|Camafeospor su cinismo.
Las Coplas de Carrasquilla están aumentadas con una serie deescenas sobre la revolución de 1860. Han de ser puerilidades contrael general Mosquera patadas de ahogado, como dice nuestropueblo
El señor José María Ponce de León prepara una gran ópera en uniónde don Felipe Pérez, titulada "Vasco Núñez deBalboa." Augura la competencia de estos dos caballeros unbuen éxito para su trabajo. (Bogotá, 1881).