PERFILES
De la capital
Señor Director:
Bogotá...
Hubiera visto usted, señor Redactor, el ruido que metió aquí elnúmero de
|La Balanza, en que estaba el artículo sobre eldoctor Bayón. ¡Cómo se lo disputaban los estudiantes! ¡cómo salía yvolvía de mano en mano! Y el sabio del doctor era de verseentonces! Adelantaba por los claustros de la Universidad, cabizbajoy encogido; a todos los miraba con recelo, como si todos letuvieran lástima, y él a todos vergüenza. Si algún cachifo se leacercaba á pedirle alguna huelga, al punto se le pro ponía que erapara hablarle de
|La Balanza y hacerte algún cargo y sealejaba rápidamente, diciéndole: "¿A mí? Eso no es cierto.Yo sí sé mucha Botánica. Mi maestro fue Mutis." A losadmiradores del Herborizador bogotano se les cayeron las alas delcorazón: más desilusionados no estuvieron los Aztecas cuando HernánCortés hizo polvo sus dioses sagrados. Siga usted limpiando detelarañas la casa común, y habrá hecho una buena obra.
Bien conocido es en Colombia el señor Miguel Antonio Caro.Infatigable investigador de la literatura latina, piadosocoleccionador de viejas nimiedades españolas, traductor de Virgilioy de algunos cantos de Horacio, comentador del Syllabus,panegirista del abate Gaume, este notable académico ha dado hoymedia vuelta en sus gustos literarios, y si puede decirse, en suspropias tendencias. De riguroso preceptista ha venido a casibenévolo maestro. Ha dejado un poco la jaula de la Academia; habuscado inspiraciones menos vetustas; en fin, ha tomado un caminomenos malo. De traducir la Eneida ha pasado a traducir elChilde-Harold- muy mal, por supuesto, que Caro en Byron es como uncollar de nieve en una estatua de fuego; y en estos días ha dado aluz un tomo (principio de una serie) de poemas de Núñez deArce.
Están de moda las poesías de este privilegiado lírico; y lacolección del señor Caro es magnífica en la forma, y en el fondocontiene lo más selecto hasta hoy del llamado Rey de la Musaespañola contemporánea.
Publicará pronto, como continuación de la serie, las Rimas de G. A.Bécquer; más tarde vendrán los versos del señor Rafael Núñez.
¿No es esto raro? Los tres poetas escogidos hasta ahora no tienennada que ver con los amados precedentes literarios del señor Caro.Muy al contrario. Arce es incierto en sus ideas filosóficas;Bécquer sacrifica la forma a la idea, y Núñez es un escépticoeterno.
En
|Las Lamentaciones de Núñez de Arce suprime Caro aquelmagnífico anatema a la Santa Alianza; cuando sobre el Coloso atadoa la pérfida roca, y sobre la ruina del gran tirano; allá en SantaElena.
"El mar encadenaba su egoísmo
Y era un abismo en medio de otro abismo,"
todavía se alza, peor mil veces, el yugo de tiranuelos singloria... Como dice el poeta:
"No fue ya el despotismo del coloso
Que, como río de en lava,
Al avanzar rugiente y proceloso
Con sus olas de fuego deslumbraba.
El fanatismo fue, torpe y mañoso,
Que los cimientos de la fe socava;
Fue el miedo suspicaz, el más inmundo
De los tiranos que soporta el mundo.
"No vistió nunca el militar arreo,
Y fue, al moverse entre la sombra oscura,
Su casco de batalla el solideo
Y el monástico sayo su armadura.
Incansable y voraz como el deseo,
Mortal como la lenta calentura,
Blandió contra la tierra amedrentada
Más la cruz que la punta de su espada.
"Si es ley que la revuelta muchedumbre.
El yugo sufra de atrevida mano,
Que la enaltezca al menos y deslumbre
Con sus épicas glorias el tirano:
Y ya que con forzada servidumbre
Pague sus culpas el linaje humano,
El brazo vigoroso que la venza
Infúndale terror y no vergüenza."
Pero ¿quién se resiste al impulso del siglo? Si estos trabajos nohan nacido de una espontánea convicción literaria, será que elseñor Caro quiere hacer un buen negocio con las ediciones y por esoprohíja los autores... Aníbal, para hacerse a las simpatías de lospueblos latinos, ofreció sacrificios en Cumas, en el templo deVulcano, al "rey" de los infiernos!
Los Redactores de
|La Pluma son: José María Quijano Otero,David Guarín y José María Pinzón Rico, de mérito desigual a nuestromodo de sentir no de todos al mismo tiempo se puede esperar mucho.El primer número está flojísimo Usted lo habrá visto. Esperemos elsegundo, que de fijo será mejor.
Bueno o malo, periódico en que escriba Quijano Otero tendrá siemprelas simpatías de todos. No de otra manera podría ser que el públicorecibiera las producciones de un corazón tan noble. Y seríaimperdonable injusticia que no se venerara esa viva memoria de losgrandes días de la Patria y de sus congojas.
Que al periodismo vengan hombres que puedan ir por sus pies y no enandaderas, como se hace por aquí generalmente, siempre es una granventaja: algo enseñarán, deleitarán algo. Los otros son esponjassecas: su peso lo reciben del líquido que la hinche.
Usted conoce esta segunda clase de literatos.
Eternos murciélagos del Gobierno, se juntan en bandada pararedactar periódico cuando hay un Ministerio vacante. Antes de subirel Presidente andaban ellos con las alas recogidas, por ahí en unrincón, como los malos pensamientos, buscando la hora.
|Periódico político, literario e industrial es siempre superiódico. Ellos defenderán allí las ideas que estén de acuerdo conla eterna justicia; patrocinarán las obras más notables del
|ingenio patrio; y serán celosos por el adelanto del
|comercio y las industrias.