INDICE




LOS ACONTECIMIENTOS


Nuestras instituciones abren la puerta del poder a todas lasmedianías, porque consagran la igualdad y la alternabilidad; peropor medio del asesinato sólo ha sido Presidente en Colombia elseñor José Eusebio Otálora. No se quiera, pues, que la Nación lorespete como Presidente constitucional, porque si bien es verdadque la Constitución establece las Designaturas, también castiga losasesinatos. Y el nuñismo, de quien es representante en el poder elseñor Otálora, |asesinó-es menester repetir esta palabra-alseñor Zaldúa: comenzó su obra fatal imponiéndolo al país comocandidato en Marzo de 1881, cuando sobre sus años se leía lamuerte; persistió en ella privándolo de los recursos de la ciencia,cuando necesitaba otro clima, y la ha visto felizmente terminada enlos aposentos del palacio de San Carlos el 21 de Diciembre de 1882.Es un error, por consiguiente, decir que la picardía es un malnegocio, cuando entre nosotros sucede que, en presencia de todoslos colombianos, un puñado de audaces escoge un hombre a quiendesignan Presidente, para que muera bajo el solio, y llevan allíotro hombre a quien llaman Designado. Esta clase de usurpacionesdel poder son tanto más criminales, cuanto se hacen contra laConstitución y contra la vida, y tanto más inmorales, cuanto sehacen en pandilla y se aplauden en grupo.
El doctor Zaldúa salió de Palacio en un ataúd que condujo alcementerio el respeto público, y en otro ataúd, más fúnebre, saldrádel Gobierno el partido liberal sacrificado por la traiciónvencedora. Estos son dos graves hechos que hacen reconcentrar elpensamiento.
El hombre muerto y el Gobierno que ha terminado, deben hacer surgirdiferentes apreciaciones.
El doctor Zaldúa era una eminencia del foro y del profesorado. Ensu larga vida de setenta años hizo valer continuamente la justiciaen los tribunales y la ciencia en las cátedras. Fue una línea rectaen el cumplimiento de su deber, torcida sólo al acabar de la vida,pues él, que enseñó la filosofía experimental por Tracy y laLegislación por Jeremías Béntham, sin que jamás contradijera estasenseñanzas con la práctica, aceptó los auxilios de la Iglesiacatólica en los últimos momentos. Dolorosa abdicación de una largaexistencia, toda severa y fuerte; profundo desfallecimiento en unespíritu tan reflexivo y maduro; si más bien no fue imprudentecondescendencia a las súplicas cariñosas de la familia...Pudo seresto último, porque hace apenas pocos años presenciamos un certamende la clase de Lógica de la Universidad, en el cual fue el doctorZaldúa examinador del joven Santander A. Galofre, y replicó en elacto científico con un conocimiento extremado de Tracy y con unaescrupulosa adhesión a las ideas de este gran expositor. Otra vezhablábamos con el doctor Zaldúa, a fines de 1881, por recomendaciónde la |Salud pública de la capital, y como se ocurrieradiscurrir sobre la propaganda que el doctor Rojas Garrido mantieneen la Universidad, el doctor Zaldúa, después de verter honrosasexpresiones sobre el talento y las tareas del doctor Rojas, semanifestó completamente satisfecho de haber sido uno de losprimeros apóstoles de estas materias, Filosofía y Legislación porTracy y Bentham, en los colegios de Colombia. Pudo haber cedido alas súplicas de la familia, si se atiende a que entre sus hijos hayuno sacerdote que, como hijo, debía serle muy querido.
Fuera de esta desgraciada caída, puede decirse del doctor Zaldúaque era una estatua de la Integridad con las líneas y perfiles másdelicados.
Considerada ya no su persona privada, sino su Presidencia y losantecedentes de su candidatura, debe convenirse en que el doctorZaldúa hizo mal en aceptar al fin la argolla que le ponía al cuelloel señor Núñez y que él mismo conocía-como lo expresó en documentosde 1881-que lo habría de estrangular. Es cierto que él veía elfiltro venenoso debajo de la adhesión nuñista del Congreso, que oíalos gritos de precaución que daba la Prensa oposicionista, y quemuchas veces rehusó apurar el tósigo; pero al fin cedió, y entregó,así, a su frágil existencia tan amenazada, el porvenir delliberalismo. Verdad que contribuía a este sacrificio la generosaevolución del 24 de Abril, en que los liberales unidos fueron aproclamarlo candidato debajo de los balcones de su casa.
En el Gobierno, el doctor Zaldúa tuvo la energía de no retirarse apesar de las cóleras de la Prensa independiente y de las borrascasdel Congreso sedicioso; pero no tuvo otra, desgraciadamente. En elestrecho campo de acción (si se quiere llamar así) que le dejaronlas Cámaras, pudo obrar fecundamente en cumplimiento de su programade unión liberal, y hoy los empleados pérfidos, que él pudoremover, no saludarían con una copa de champaña la desfilada de suféretro. No se habría presentado espectáculo irritante de sumuerte, tan fríamente, en las filas de la Guardia, y ella hubieracerrado el paso a los asesinos. En fin, no se daría el escándalo deun régimen liberal que deja cimentado un Gobierno nuñista. Lafalta, ya lo hemos dicho en éste periódico, no fue toda del doctorZaldúa, a quien las enfermedades lo mantenían postrado: fuélo, ensu mayor parte, del señor Miguel Samper, quien se asustó delchasquido de dientes del Congreso, y la tuvieron al principiotambién, los demás Secretarios con su pobre iniciativa.
Pero el hombre ha muerto, y el Gobierno, que nos daba siquiera untecho amigo para trabajar por el partido liberal, se volcósúbitamente "como el ánfora de un río," según laexpresión de Núñez de Arce. Estamos en presencia de una nuevasituación, que, a nuestro juicio, lo décimos sin encogimiento, esun golpe tremendo para nuestro partido, que quedará, si no se hacenesfuerzos inauditos, muchos años pisado por los escombros delGobierno que vino a tierra.
El señor Otálora ha constituido un Ministerio con muchos pies y sinninguna cabeza; porque el único que allí tiene valor intrínseco deinteligencia, el doctor Aníbal Galindo, pasará inadvertido, porque, o como, a radical no se le dejará libertad de iniciativa, o sise adhiere a lo que los nuñistas hagan, entonces su conducta lohará despreciable para el liberalismo. Hasta ahora no ha hecho elGobierno del asalto otra cosa pública que nombrar ese Ministerio,no de unión, sino híbrido, que bien pudiera compararse alMinisterio Duclerc que actualmente hace bostezar a la Francia; yademás, introducir algunos cambios de lugar en la Guardiacolombiana.
Lo que hará, verdaderamente, eso lo oculta mientras llega el señorLeonidas Flórez, enviado a la costa a entenderse con Nuñez, y otroscorreos derramados por Santander, por Boyacá y por Antioquia.
El objeto por ahora, será el Cauca, y nuestros amigos allí puedencontar con que serán hostilizados por la Guardia colombiana. AAntioquia le tocará luego el turno, y ya se habrá pensado en poneral Gobierno del señor Restrepo en la alternativa de humillarse anteel nuevo orden de cosas o de entregarse a los conservadores, queirán, pálidos, a coger el Gobierno en medio de dos filas desoldados de la Nación. A Boyacá se le pueden asegurar días de intranquilidad, como los que han hecho pasar allí a los radicales, ysi el General Wilches no grita ¡viva el que vence! y abandona laidea de la candidatura, se le mandará una espada, - |propia oajena- para que lo haga entrar en razón.
Tenernos, pues, grandes motivos de alarma, que no pesan sobrenuestro partido como golpes de maza, porque se ha apoderado de élun enervamiento parecido a la impotencia.
Son responsables de esto los hombres eminentes que por suinteligencia, su posición, sus antecedentes, su fortuna, etc.,etc., se hicieron directores de los pueblos, y no los dirigen;gobernadores de las voluntades, y no las gobiernan; consejeros, yno aconsejan; predicadores, y no tienen cátedra. Son responsables,porque después de haber pasado ratos felices en el pegujal de lapolítica, en los días prósperos del partido, hoy, cuando la fortunaparece darnos la espalda, se retiran del escenario activo, de lalucha, unos detrás de los mostradores, otros al lado de susinmensas vacadas; aquel a ver crecer sus mieses y sus papas, ese aEuropa, esotro a sus libros, y así lodos. Y esos todos, unos hansido Presidentes de la República, o Senadores, o Ministros, o jefesdel Ejército, o Gobernadores de Estado. . . .por obra y gracia delpartido radical. De la plata conseguida han hecho para las ideas unsepulcro. Pero bueno seria esto si dejaran obrar siquiera, mas suegoísmo entibia todo con esta frase, que se pronunciamisteriosamente:
|¡Oh, eso no le conviene al partido!
El partido se salvará a pesar de todo. Una nueva generación rugecomo la lava entre tanta miseria y hará explosión fecunda. A lospoltrones de nuestro partido los matarán la mentida prudencia y elegoísmo, y a nuestros amos, los nuñistas, los matará laanarquía.
Entre tanto, descubrámonos ante el Presidente mártir, y vamos defrente contra los asesinos.
( |La Batalla, 1882).

anterior | índice | siguiente