INDICE




LOS CUERVOS


Los nuñistas están alegres, porque el doctor Zaldúa estáagonizando. Y con la carcajada en los labios miden los últimosmomentos de esa existencia preciosa para la República. El señorNúñez había escogido al doctor Zaldúa para candidato, no como aanciano ilustre, sino como a anciano-anciano. Pensaba en laprórroga de su presidencia y confiaba esa abominación a la muerte:la muerte emplazada concurre desgraciadamente hoy a la cita delmaléfico intrigante político. El Presidente de la República va amorir, y el nuñismo amenaza ya con la férula alzada por detrás delféretro del doctor Zaldúa ¡Oh, los cuervos! los cuervos!
¡Qué partido el independiente, que cuenta con la vejez de uncandidato, para llegar al Gobierno, y con la muerte de unPresidente, para eternizarse en el poder! Y al doctor Zaldúa lolleva a la tumba el Congreso nuñista del año pasado, que impidió,como si se tratara del honor de la Patria, que pudiera ir a tomarun poco de sol a las tierras calientes, cuando otro nefandoCongreso había permitido que el señor Núñez viviera en la Costa enson de arreglar asuntos internacionales, puestos en mal pie en losmismos tiempos de la regeneración. Los que nos llaman nihilistas,anarquistas, incendiarios, petroleros, son los hombres de buencorazón que eligieron a uno de sus semejantes para que se muriera;que moribundo le negaron el recurso inocente de temperar, y que,impedidas por la ciencia esas tentativas de asesinato, voluntariasy deliberadas, hoy, cuando los años y las enfermedades vencen lossabios cuidados médicos y los solícitos cuidados de u familia,vuelan en torno del lecho del agonizante como los cuervos, ydevuelven en palpita de gozo los últimos movimientos de una vidaque se acaba. ¡Oh, los cuervos! los cuervos!
Cuando la oposición vigilante decía al nuñismo que su interés porla candidatura del doctor Zaldúa era simplemente el del carniceropor su res, él fingía espantarse y en |La Luz, Núñez yBecerra, protestaban que para gobernar no se necesitaba de unganapan y traían a colación dos ancianos Presidentes, Thiers yGrévy. Llegaron a decirnos pequeños Catilinas, descamisados etc.,etc. Y cuando la unión liberal patrocinó la candidatura Zaldúa,porque no vio otro rumbo político, entonces el candidato principióa ser para los nuñistas un anciano decrépito, insulto que se levomitó en el Senado, y quisieron, muchos de los legisladores deeste año, suspenderlo en sus funciones constitucionales alprincipio de la enfermedad, que lo llevará, según todas lasprobabilidades, al sepulcro. Se quería que nosotros loconsideráramos joven y lleno de vida, cuando había remedio y sepodía elegir a cualquier otro liberal; pero luego ellos se hanesforzado como los que más en presentarlo como un anciano inútil,hoy, que, por su iniciativa y por nuestros esfuerzos, gobierna laRepública. ¡Oh, los cuervos! los cuervos!
En Código Civil se llama un hecho semejante, dolo, y hay acciónreivindicatoria; en política esto es una inmoralidad que da derechoal castigo de los culpables.
El enervamiento público puede, empero, consentir en que losmalvados gocen del fruto de su crimen; que a tanto equivale como sila ley pusiera en manos del ladrón el objeto de su codicia. YaOtálora se acerca a Palacio, y Núñez, que no habrá echado en olvidosus cálculos, se frotará las manos en las murallas de Cartagena ysus ojos se humedecerán de felicidad al mirar hacia estas tierrasAltas ¡Oh, los cuervos! los cuervos!
Diferente cosa ha de suceder si el patriotismo no está tan enfermocomo el Presidente, porque entonces puede plantearse con resolucióneste problema: un gobierno nuñista trae ineludiblemente la guerra,y mientras ésta llega, mantiene la zozobra; pues impídase, decualquier manera, la posesión de Otálora y de Núñez; y, o se habráevitado la guerra, o se habrá hecho ahora, y evitado, por lo menos,la intranquilidad. ¡Oh, los cuervos! los cuervos!
( |La Batalla, 1882).

anterior | índice | siguiente