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OTRA ETAPA


Bien puede decirse que sólo el 18 de Septiembre de 1882 haprincipiado la Administración del señor Francisco Javier Zaldúa,aunque ella se haya inaugurado en la Iglesia Metropolitana el 1° deAbril. Ha sido el Congreso el que ha gobernado hasta ahora laRepública, o lo que es más acertado, ha sido el señor Núñez quienha dado la ley, y el país y el Poder Ejecutivo quienes la hanrecibido.
Causas complicadas hicieron que el señor Zaldúa de gobernantepasara a la categoría de gobernado, y que el país, de soberano, sehiciera siervo del señor Núñez.
Fue la primera, sin duda, el mal estado de la salud del Presidentey lo avanzado de su edad. Las enfermedades abaten la más templadaenergía y los, años hacen sombra sobre la más clara inteligencia.Durante la mayor parte del tiempo que ha transcurrido del 1° deAbril a la fecha, el doctor Zaldúa vivió en el lecho de dolor,aislado, es lo más probable, de todo aquello que pudiera acrecentarsus males, y, por lo tanto, de la atmósfera política del momento,que por la mismo que era ardiente debía traer malas lasconsecuencias para el enfermo. Es necesario juzgar que esteretraimiento no sería absoluto y que las diferentes fases de lasituación que creaba el Congreso, le llegaban, aunque con coloresdesvanecidos, por boca de cortesanos, que siempre son optimistas,en presencia del gobernante, o de los labios de algún Secretario,que principiaba por engañarse él mismo en la apreciación de lascosas para tranquilizar al Presidente de la República. El doctorZaldúa, pues, al incorporarse halló en derredor una situacióncreada no por él y se encontró con dificultades que lo apretaban ensus anillos de boa constrictor. Es verdad que entonces requiriótoda la entereza de su carácter y se apercibió rara la resistencia;pero, por una parte, ya era tarde, y, por otra, no encontró a sulado sino resortes enmohecidos conductores que dejaban perder todala electricidad al transmitirla. No es el doctor Zaldúa, enconsecuencia, quien creó la mala situación, ni él tampoco puso debuena voluntad las manos para que se las ataran los esclavos delseñor Núñez. ¿Quiénes son en definitiva los responsables?
La culpa mayor la tiene el Congreso, que más que Congreso fue uncarcelero con todos sus malos instintos. Violó la Constitución,violó la moral y aun forzó la violencia. Parapetado detrás de lahonradez del doctor Zaldúa, de su respeto a la ley y a laConstitución, les hizo fuego al Gobierno y a la sociedad. Confiabaen que la palabrota |Poder Legislativo todo lo cubría, sinque nadie se diera a averiguar qué hecho representaba ese signo.Creía que el término hueco |Parlamentarismo, -que segúnnuestra Constitución no puede ser otra cosa que las funcionesasignadas al Congreso, -disculpaba y podía con todo. Se decíarepresentante de los Estados que no lo habían elegido, y a cadapicardía contra el Presidente, al sur y al norte los Gobernadoresgruñían y mostraban los dientes. Se creyó omnipotente...y fue lopeor que el Poder Ejecutivo lo creyó también.
El doctor Zaldúa se rodeó de enemigos y de hombres débiles:enemigos como el señor Paúl y hombres débiles como el señor Samper.En los unos estaba la obligación de aplaudir ,y de ayudar alCongreso, porque sus intereses militaban de ese lado, y al señorSamper le hacía fuerza conservar a todo trance la paz, portemperamento, porque él odia la guerra, y por ocupación porque éles comerciante. Ya sabemos a qué perturbación de espíritu puedellegar un hombre de negocios a la sola idea de la guerra. Pues todole ha de parecer que conduce irremediablemente a la catástrofe.Como al prófugo que no pinta Núñez de Arce, todo ha derepresentársele amenazador, todo, síntoma de peligro:
"El rumor apagado que levantan
Las hojas secas que a su paso mueve,
Las avecillas que en el árbol cantan,
El aire que en las ramas se cimbrea
Con movimiento reposado y leve.
"Oye en medio de si, medio dormido,
Vago y siniestro son. Despierta, calla,
Y fija su atención despavorido:
La oscuridad le ofusca, se incorpora
Y el rumor le persigue- ¡Es el latido
De su azorado corazón que estalla!"
Es que los negocios a toda hora le gritan:
"Al mostrador! al mostrador! al mostrador" ! Yparece que la vara de medir llora.
En efecto, nada ha habido tan sagrado para el señor Samper como losnuñistas. Primero dejara de alumbrar en una semana santa, él que estan católico, más bien que quitarles un destino. ¡Cómo! habríaguerra... Si se remueve un Jefe de la Guardia Colombiana ¡guerra!Si se despide un escribiente ¡guerra! Si se quita un Cónsul:¡guerra! Y mucho más si se ponen en la puerta los conservadores quepululan en Santo Domingo.
Los Representantes y los Senadores, que a fuerde bellacos sonavisados como los que más, conocieron el carácter del señor Samper,supieron que su consejo era decisivo en el ánimo del Presidente yresolvieron hacerse los peligrosos, los perdonavidas. EntoncesBecerra mostraba con el dedo tembloroso el espectro de larevolución, y Mateus, que es un saco de arena, es decir, lastre,con aquella maña de amansador tan típica, se volvía a los bancos delos Secretarios:
"-La guerra viene, es verdad: mi honorable amigo Becerralo ha dicho; pero puede conjurarse si revocais el nombramiento deese escribiente." O de ese oficial, o de ese portero, ensu caso.
"-En nombre del Gobierno, respondía el señor Samper,prometo que la dificultad queda terminada. Se hará lo que elhonorable Senado quiere."
Esto que pasaba en las cosas más insignificantes, ocurría tambiénen los más altos negocios. De aquí que el doctor Zaldúa degobernante pasara a la categoría de gobernado.
El país en tanto se cuidaba más de defender al Gobierno que dedefenderse él mismo y en su exageración ministerial no atendía asus propios intereses. Esta generosidad no se entibió ni con losdesaciertos del Poder Ejecutivo, porqué todo lo malo se creíavenido del Congreso. Tal vez los señores Secretarios tomaron laactitud del pueblo por contentamiento general, que de no,necesariamente habrían seguido otro camino. En todo caso, nossucedió que mientras todos hacíamos ruido con las manos paraproducir aplausos, el señor Núñez nos llevaba el compás alatigazos. Fue así como el país se convirtió en siervo delex-Presidente...
Ya no hay Congreso que entrabe la acción del Poder Ejecutivo, y elGobierno que se inaugura puede hacer sentir sus beneficios con todalibertad. Es lo primero rodearse de amigos políticos, que lo seanindependientemente del sueldo que se les pague y desprenderse detodos los nuñistas, que son las avanzadas para la candidatura delaño que viene. En esto no hay injusticia alguna, sino la másrigurosa consecuencia de lo que se ha sostenido. Los nuñistas,todos ellos, fueron cómplices de los derrochamientos y de lacorrupción del señor Núñez; todos ellos entraron en el planreaccionario y cada uno tiene más o menos parte en la traiciónproyectada por la Administración que terminó. ¿Es justo que elGobierno se rodee de agentes derrochadores y corrompidos,reaccionarios y traidores? Tal vez se crea que en este año degracia de 1882 los hábitos se cambian, las ambiciones se apagan,las pasiones duermen y las manos se están colgando de los brazossin apoyarse en las cajas de la Tesorería; pero esto sólo podríaprobarse cuando terminara el año, y para entonces bien pudierahaber terminado también el dinero. El grande interés por la uniónliberal y la candidatura del doctor Zaldúa fue la esperanza de queel régimen personal y la mala Administración del señor Núñez no seprolongaran, mas si los empleados que aquel tuvo continúan ahora¿se ha ganado algo?
Otra de las cosas que el doctor Zaldúa necesita hacer es rodearsede Secretarios que no le teman a la política, que conozcan loshombres y las cosas, y no se enreden en una hebra de hilo. Se nosha dicho que el señor Samper o renunció o debe renunciar; nadamejor para él y para la Unión liberal. Igual cosa debía hacer todoel Ministerio, -y está en su delicadeza hacerlo, - porque el doctorZaldúa lo nombró en circunstancias en que no hacía lo que queríasino lo que le obligaba a hacer el Congreso, y es bien fácil quehoy, en completa libertad, tenga intención de hacer algunasvariaciones y la presencia de los Secretarios contenga sudeseo.
Entre los muchos desencantos que pueden sobrevenir no es imposibleque sea uno de ellos la continuación de la misma política seguidahasta aquí por el Gobierno Nacional. Por inesperado que esto fuerano nos debería desconcertar y si más bien fortalecernos: sabríamosen todo caso, una vez más, que el partido liberal se debe salvar élmismo; tendríamos experiencia y más franqueza en nuestrossprocedimientos. - ( |La Batalla, 1882).
NOTA Este artículo es el primer editorial de |La Batalla,el primer periódico que fundó el autor y cuyo número 1° pareció el3 de Octubre de 1882. En este artículo y los dos que le siguen estála historia de la Administración de Zaldúa, desde la candidatura deeste eminente ciudadano, la Unión Liberal para apoyarla, actituddel Congreso y muerte del Presidente. Conviene observar, para losque lean con criterio moderno, complejo y razonador, que lapolítica de entonces se reducía al arte de conservarse un partidoen el poder, defendiéndose del otro, y que la exclusión de todoavenimiento, de toda transacción, era principio fundamental deaquella política primitiva, rudimentaria y funesta. El doctorZaldúa extremó como ninguno ese sistema de aferramiento a suquerer, ayudado de su carácter personal, que era atrabiliario ensumo grado y empecinado cual pocos. Era, como de alguno de losSanchos de España dice Mariana, "muy arrimado a suopinión". Uribe precedió este artículo de la siguientenota, que era el programa de su periódico:
"El pueblo liberal de Bogotá nos ha hecho el honorinmerecido de elegirnos uno de sus representantes en la Asamblea deCundinamarca. A esta confianza, que tánto obliga nuestroreconocimiento, contestamos publicando |La Batalla. Cumplecada cual el lote de trabajo por la República allí donde suesfuerzo es más útil, y falta a la honradez política quien puedeluchar y se sustrae a las fatigas del combate. El que tiene unaarma en la mano debe dispararla sobre su enemigo." ( |ElEditor).

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