INDICE




VISTAS


Popayán es una vieja ciudad de aspecto sucio y ruinoso, pero concercanías alegres y graciosas, semejante a uno de esos cuadrosviejos con un feo mamarracho en el medio y que tienen alrededorquerubines vivarachos y rientes. Cuando uno llega del ardorosovalle del Cauca, viene propenso a gozar las dulces mañanas de suscercanías. Los suaves tonos de la luz a esa hora, dejan vagar sinfatiga la vista por todos los horizontes de la comarca y elambiente húmedo y las brisas frescas hacen juego adorable con losrayos tibios del sol. Atrás deja el viajero el |Alto Cauca,de fama extendida por sus hermosas pobladoras, y después de pasarel mismo río, tormentoso y rugiente, como que llega de las vecinascrestas, principia a caminar por una agradable llanura, vallecitode corta extensión, que descoge su afelpada alfombra en los sotosvecinos. Rosales silvestres o arbustos y enredaderas marcan lasdivisiones de las heredades que se cruzan, y alguno que otro grupode árboles mayores, en donde los pájaros cantan el concierto delalba. Como colgada de los picos de la montaña, se divisa alponiente Santa Bárbara, población indígena, y más cerca Yanaconas,también pueblo de indios, colocado, humilde y graciosamente, sobrelos últimos cinturones de colinas. Ricas dehesas se extienden aloriente, bordadas por aguas cristalinas y por líneas verdes deárboles, y se oye allá muy lejos, el golpear del río Cauca que sequiebra y ruge entre las peñas.
Un largísimo puente, inútil si se atendiera únicamente al riachueloque se arrastra negruzco por debajo, comunica con la calleprincipal, llamada del Humilladero. A los pocos pasos está laplaza, entre un marco de casas desiguales y con una iglesia a unlado, sin concluir, como un enorme montón de ladrillo. Calles más omenos torcidas salen de la plaza a los arrabales, y no se necesitacaminar mucho para encontrarse con los campos vecinos. Es, especialmente en el carnaval, cuando uno toma la torcida calle que va de laplaza al occidente para asistir a las alegres fiestas de Belén.Allí va toda la población. Domina esa altura, sobre la cual está laiglesia, toda la ciudad y el valle. Los pueblos circunvecinosaparecen en la distancia, levemente envueltos, algunos, por labruma y otros como un ramillete en la pradera, iluminados por elsol de la tarde. Popayán no es entonces la ciudad vieja yapolillada, carcomida y desapacible; confundidos sus pequeñosdetalles, tiene cierta gracia en sus desigualdades, cierta bellezaen su falta de armonía. Los campanarios de sus cien iglesias,blancos y amarillos, sobresalen coquetamente, y dan un bello golpede vista las mil casas de sus arrabales, que salpican la llanura yque, alejadas del centro de la población, por todas partes, figuransobre el fondo intenso del prado una especie de diadema de laciudad con sus rayos pintorescos.
Visité muchas veces en Popayán la plazuela de |San Camilo,al sureste de la ciudad. Ese sitio, melancólico de suyo, fue elteatro de un gran drama de sangre, en que el protagonista era JulioArboleda, feroz cabecilla, que interrumpe todavía el sueño de loshonrados moradores en las noches silenciosas...Veinte liberales,las flores del partido fueron lleva dos allí, sujetas las manos,entre pelotones de soldados, ligados fuertemente a una larga viga,e ignominiosamente fusilados. Las madres, las esposas, las hermanascorrieron a echarse a los pies del guerrero, y este ni siquiera lesoía, tan engolfado estaba en sus orgías lúgubres. Ese día no seborra en Popayán, y con tanta fidelidad y estupor lo recuerdan, queal oírlo evoca en la plazuela de |San Camilo, parecióme verlas víctimas agarrotadas al siniestro madero, al pueblo pidiendogracia, la desesperación de las familias, la saña de los soldadosdel victimario, y creí oír que el viento traía las melancólicascampanadas de los agonizantes!. . . Es una corta área de terreno,que hace frente a un convento, la plazuela de |San Camilo:el convento, de apariencia ruinosa, la limita por un lado; por elotro, zaquizamíes donde viven mujeres de vida escandalosa; y de laplazuela, en que el suelo está cubierto de abrojos y de malezas,parten calles estrechas y vacías que llevan a los extramuros.
Al sureste de Popayán está |La Ladera, en donde se libróuna batalla de notable significación en los anales de nuestrasguerras civiles. |La Ladera son unas colinas suaves que seresuelven, en el valle de |Pubén. La impresión de esecombate vive aún, y los popayanejos de otros días le señalan alcurioso la larga calle por donde se escapó el General Mosquera,perseguido por la caballería liberal.
En el camino de Popayán a Cali, y a una jornada de la primera, estáel alto de |Piendamó, en donde Julio Arboleda ahorcóvoluntariosamente unos cuantos labradores pacíficos. Está el altode |Piendamó coronado por pinos, y de esos pendieron losmíseros indios perseguidos por la cólera del insano caudilloconservador. Un sentimiento de dolor vive todavía en el corazón delos vecinos de Piendamó, tan fuerte mente unido a la cólera contraArboleda, que la familia de este último cuida mucho de pasar porallí, o si lo hace, va siempre de incógnito.
Popayán, 1875.
NOTA-Este es el más antiguo de los originales del autor, quetenemos a la vista, y sin duda su primer escrito hecho conintención de publicarlo. Tenía entonces quince años cumplidos, comoque Juan de D. nació el 15 de Octubre de 1859, en Andes, sobre losFarallones del Citará, en el Estado de Antioquia. A la edad de ochoaños vino a Buga, Estado Soberano del Cauca, donde estuvo tres añosen la escuela primaria de un señor Cabal. Luego pasó su familia aestablecerse en Cali, y allí concurrió a una escuela públicaregentada por un profesor alemán. Al cumplir los catorce años fuellevado por el doctor José Vicente, su padre, a la Escuela Normalde Popayán, donde estuvo hasta que estalló la guerra de 1876-77,cuya larga campaña hizo al lado del doctor, primer Médico delEjército del Sur, que comandaba el General Julián Trujillo. Pasadala guerra, y después de haber vuelto a Antioquia, hasta Medellín, aconocer su familia, de allí lo envió su padre, a fines de 1877, aestudiar a Bogotá, en San Bartolomé, de la Universidad Nacional.Sin duda el artículo trunco que motiva esta nota, fue escrito enPopayán y en aquellos tiempos de pasión política extremada, queprecedieron a la devastadora guerra religiosa, desencadenada ycaldeada en discusiones y sacudidas preliminares en todo elbelicoso Cauca. Ya veremos otros escritos de aquel tiempo, llenosdel mismo ardor, que, por otra parte, era el temperamento naturalde Uribe. - ( |El Editor).

anterior | índice | siguiente