EL ILUSTRE PROSCRITO
En tierra de montañas que desafían la laboriosidad del hombre y
hacen de la producción agrícola una recia y verdadera batalla; en
un país que sin exageración puede llamarse la Suiza de Colombia,
por haber sido sus hijos los primeros que, cuando la adulación y la
fuerza impusieron el vasallaje de las voluntades y de las
conciencias a Rafael Núñez, pasaron irguiendo la cabeza frente a la
tienda del Sultán, y con la virtud de a entereza en el corazón, con
el ánimo encendido por santa patriótica ira y estallando en los
labios protesta varonil, cruzaron la faz del déspota con el
rebenque del desprecio, lucharon en el terreno electoral hasta
arrollar a los esbirros e hicieron que en la camarilla de áulicos
llamada Congreso, resonara la voz de un representante del Partido
liberal, con la severidad de la de Tácito, cuando llama a juicio a
los Césares; en esa tierra de Antioquia, donde se, nace amando la
libertad y cantando a la naturaleza y al amor con el fresco y
sonoro lenguaje de la musa americana; allí donde es símil casi
exacto del pensamiento colombiano esclavizado, que en veces rompe
cadenas y vuela mas arriba que el cóndor, la imaginación fecunda de
Epifanio Mejía, presa entre las redes malditas de la demencia, y
que en momentos de lucidez salta libre y placentera, produciendo
deleitosas maravillas poéticas; en esa tierra vino al mundo Juan de
Dios Uribe, arrancando su origen de una familia patricia por la
virtud, por el talento y por el amor a la libertad.
Traía en su organización, como herencia legítima, levadura de
nobleza; traía en el alma, condición anexa a los que nacen en el
terruño antioqueño, el sentimiento de lo bello y de lo grande, y
por sobre eso, que vale mucho, uno de los cerebros mejor
organizados que pueden encontrarse en la juventud de Colombia. Para
aprovechar sin despilfarrar las facultades de Uribe, necesitaba se
entregarle a manos expertas que emprendieran el laboreo del filón
con amoroso cuidado; a un hombre de ciencia que adivinara el
instante oportuno de derramar la simiente de las ideas en la
asombrosa fertilidad de esa inteligencia joven que tánto prometía,
y el doctor José María Rojas Garrido - descubrámonos al nombrar al
Maestro !-fue el encargado de formar para el liberalismo
colombiano, o mejor dicho, para la democracia universal, a Juan de
Dios Uribe, ese que a sí mismo se llama refractario, cuando ve la
corrupción do minando en lo alto y en lo bajo de la sociedad; que
tiene a gloria oírse apellidar intransigente por los miserables que
transigen con la indignidad del despotismo; que no dobla la rodilla
ante los ídolos; que no deja empañar el limpio cristal de su
conciencia por interesadas y productivas devociones ; que prefiere
al muelle sillón de los hartos de carne y puntapiés, las espinas
que clava la desgracia en el cuerpo de los desterrados por afectos
a la libertad; que se sustrae a las caricias de la madre, al afecto
de los hermanos, a la admiración de los compatriotas, a la
comodidad de la riqueza, y vive siempre proscrito, flagelando al
tirano de Colombia, haciendo amistades con la muerte, a la que ha
visto en varias ocasiones desde su lecho de enfermo, y ¡ay! ojalá
no le toque en muchos años ni uno solo de sus cabellos!
Rojas Garrido y Juan de Dios Uribe, hé ahí dos inteligencias que
mientras vivió el maestro formaron una sola. Rojas, filósofo de
avanzada escuela, con la piqueta de la razón libre derribó mil
absurdas creencias, y a los golpes de su dialéctica, los mitos que
eran señores de la conciencia humana, cayeron por el suelo, como
bandada de pájaros que derriba el plomo del cazador; Juan de Dios,
retando a un ejército de implacables enemigos, presentó en más de
una tesis de estudiante y en más de un artículo de periódico, la
fórmula de la libertad y del progreso, realizados ambos por el solo
esfuerzo del hombre, sin embelecos de ningún género, sin
extemporáneas invocaciones a elementos cuya intervención en los
asuntos humanos rechaza por absurda la sana filosofía; Rojas
fulminó el anatema de su palabra escrita y habla da contra los
gobiernos personales; predicó el evangelio de la democracia, y en
su indignación contra el poder reaccionario, nos dijo un día a los
colombianos, teniendo la estatua de Bolívar a su frente, que
"antes de consentir en el triunfo, del Partido
conservador, no debía quedar piedra sobre piedra en el edificio de
la República"; y como triunfaron los ultramontanos y el
país subsistió sin que el Tequendama nos hubiera deshecho en sus
corrientes, para quedar muertos y dignos, antes que vivos y con la
bota del tirano al cuello, Rojas Garrido se envolvió en el sudario,
desapareció de la escena, y el discípulo del lado derecho del
Maestro, Juan de Dios Uribe, entregóse a la tarea de combatir a sol
y a sombra a los reaccionarios, de marcarles en la frente la
sangrienta huella de la pluma convertida en látigo, y ora en la
cárcel con el grillete al pie, ora en el destierro comiendo pan
negro, es de esa legión de valientes que cumple la recomendación de
Rojas, porque si todos procediéramos como ellos proceden, o bajaba
Núñez del solio, o no quedaba piedra sobre piedra en esa Patria que
adoramos tánto.
Seguir a Juan de Dios Uribe como periodista, es querer seguir, no
exageramos, la huella que deja en el espacio la chispa desprendida
del encuentro de dos corrientes eléctricas opuestas. No le
solicitéis para las propagandas tranquilas, no pretendáis que se
adapte a un medio determinado y transija con ésta o con aquélla
debilidad política. Sigue el camino de la línea recta, es honrado
por convicción y su individualidad moral está defendida por una
coraza de metales no dúctiles, que se oponen al balanceo y le
mantendrán siempre sano y salvo de corrupción.
¿Hay un gobernante audaz que ha convertido a los hombres en
esclavos? Pues ahí viene, sin requerimientos previos, el doctor
Uribe y la emprende contra el tiranuelo. Le encarcelarán, le
maltratarán, pero quedará vibrante y sonora la protesta.
¿Hay un pueblo empeñado en no ver la luz, en confundir nociones que
deben separarse? al discípulo de Rojas: va a colocar la verdad en
su sitio.
¿Que le odian y persiguen? El, filósofo e innovador audaz, se ríe
de odios y de persecuciones.
Una condición de la personalidad de Uribe, que vamos a mencionar la
última: su bondad de alma. No escatima la dádiva ni el consejo.
Inteligencia y bolsillo los tiene a disposición de quien los
necesita. A él podrían aplicársele aquellos versos de Tomás
Gray:
De una sentida lágrima el consuelo,
Y era cuanto tenía, dio al mendigo,
porque de seguro el día en que, obscurecida su inteligencia y
vacías sus manos, no tuviera qué ofrecer al semejante en desgracia,
le daría el rico y espontáneo tributo de su llanto.
Ya en otro párrafo de este escrito hemos nombrado a Epifanio Mejía,
quizá el más dulce poeta que haya tenido Colombia en estos tiempos.
Epifanio gime triste y loco en un manicomio donde casi todo le
falta, y Juan de Dios Uribe, con su pluma que enternece cuando
trata asuntos en que el corazón se interesa, escribió mucho y bien
hasta organizar una velada en Medellín, que produjo regular suma
con qué auxiliar al bardo infortunado.
El doctor Uribe puso en actividad su inteligencia, hizo discursos
arrebatadores, buscó dinero para un desgraciado que merece tánto de
los colombianos, y cuando el cantor de
|La Tórtola, soñando
acaso que la razón le volvía, que le coronaban de laureles las
ninfas de los montes antioqueños y le acariciaba la gloria
tomándole de la diestra, daba gracias a Juan de Dios por su
conducta noble, los ediles de Núñez-i y esto si no era sueño
!-ponían mano aleve en el escritor incorruptible y le enviaban a
mortífera comarca.
Tú, solitario de Cartagena, sufre la amargura de saber que no ha
muerto Juan de Dios Uribe, y se halla en tierra de compañeros y de
hermanos!
JUAN CORONEL
San José de Costa Rica, 14 de Octubre de 1893.