INDISPENSABLE
Nuestro periódico es un llamamiento apasionado a las letras, por
lograr que los ingenios colombianos, después de tan amargos días,
se acerquen, se abracen, siquiera en la comunión literaria. El
entendimiento humano, profunda e ineludiblemente dividido en todo,
pierde las asperezas de la lucha con el filtro de lo bello, porque,
hechas excepciones, que son monstruosas, todos los hombres adoran,
bajo símbolos más o menos variados, a la perdurable hermosura. En
el arte, pues, está la concordia posible; no por los rumbos sean
iguales, ni semejantes los procedimientos, sino porque allí dominan
una elevación y una lealtad de ideas extrañas en las faenas
comunes. Se diría que la parte más irreprochable del criterio es el
sentimiento artístico.
La inteligencia es el rasgo dominante de nuestro carácter nacional.
Por el brillo de las ideas tenemos en los pueblos de América un
puesto que se nos negará con justicia por muchos otros motivos;
pero las ideas hermosas son dominadoras y dejan más recuerdos de
las naciones que el surco del arado, los sólidos edificios y los
fáciles caminos. El pensamiento compone y descompone el mundo; la
industria apenas es una de sus hijas menores. De modo que para no
contrariar lo que parece ser nuestro destino, debemos ensanchar
cada momento la obra intelectual, que eso trae por añadidura
beneficios de otro orden. Nuestra cultura tendrá la compensación
indispensable: en modesta órbita pasará las fronteras, y de pueblos
extranjeros un impulso distinto vendrá a la Patria, merced al
seductor halago. Que todo tiende a completarse en esta humana
confusión, en que muchos pueblos del acero forjan martillos, y
otros, del mismo acero hacen plumas, según la distinta calidad de
sus fuerzas.
Operarios los tenemos selectos y bien probados; el único estorbo es
la indolencia. Nuestros literatos, los más eximios, se han retirado
del campo como de un sitio apestado, o se gozan en la contemplación
solitaria y egoísta de sus obras, como la mujer en sus hechizos, o
contrarían su vocación para estrellarse en la indiferencia pública,
y son en el moderno escenario como unos fantasmas. El espectáculo
sería consolador si las fuerzas dormidas tornaran a su actividad.
Podría exclamarse ante el antiguo y numeroso ejército de pensadores
en movimiento: ¡Paso, paso a la gloria coronada!....
Pero en las nuevas generaciones hay también caudal para hacer muy
rica la literatura colombiana. Sin fatigarse pueden ellas recibir
el cetro de los mayores. Además de la herencia legítima de los
antepasados, que contribuye a dar aplomo al juicio y pule el buen
gusto, el medio que las rodea es más a propósito por el adelanto
universal, la multiplicación de objetos y el estímulo de la
competencia. Por otra parte, la juventud es vigor, y la esperanza y
el entusiasmo se adelantan a los años.
Tratamos de congregar en nuestra modesta hoja a los literatos de
todos los partidos. Las opiniones iracundas, que parten en dos a la
Nación colombiana, no tienen aquí cabida. Cuestiones de política y
de religión son extrañas a nuestra tarea. Todo debate sobre estos
puntos es, en el tondo, colérico, y la ira ocupa el puesto que deja
vacío la locura. Es el ácido del corazón, impertinente en un
periódico literario. Y bien visto, una hoja de esta especie es a
propósito, también, para el trabajo de los que luégo hayan de tomar
parte en otras lides, porque transparenta y realza los
pensamientos, pues la literatura es, en definitiva, el esmalte de
las ideas.
No excluimos a nadie; sólo desechamos el género fastidioso. Son
suficientes las contrariedades diarias para que uno tenga que
aburrirse también leyendo los periódicos literarios. Se cultiva ese
género con una frecuencia alarmante, sobre todo por una pléyade de
infusorios de la poesía, que cantan entre su gota de agua, que fue
lo que les tocó en suerte, y creen que el Universo atónito los
escucha, y sin piedad se prodigan, por lo que dice Carlos Darwin
que son más fecundos los animales pequeños. ¡Plaza al
talento!
Después de los días terribles que han pasado, pudiera creerse
exótico un periódico que cultive las bellas letras. Equivaldría
esto a desconocer el giro de la vida. Los vivos no pueden
encerrarse en el sepulcro de los muertos. Un epitafio siempre en
frente sería la desesperación. La sacudida de Colombia ha sido
tremenda, pero los rosales florecen cuando se les azota.
Vengan la prosa y el verso: la una es la nave, el otro es la vela;
en ellos va a la inmortalidad o al olvido el espíritu humano.
(De
|La Siesta, número 1º, Abril de 1886).