INDICE




POR EL REY Y POR LA HONRA
TRAGEDIA EN UN ACTO


PERSONAJES:
|Don Roque Álvarez, Conde de Casa-Roja- |Alberto, bandido y salteador de caminos- |Doña María, mujer de Álvaro- |Emilio, hijo de Álvaro y María- |Álvaro, marido de María.
Trajes, los de la época

|Noviembre de 1879
El escenario representa una casa a la orilla de un bosque; a lo lejos amarillea un camino por entre la selva. Es noche oscura.


ESCENA I

|Alberto (solo)
Ya es tarde de la noche; el cielo está oscuro como la boca de un lobo; allá entre los pinos de la montaña, suba con extraños acentos la tormenta; es la hora más a propósito, y sin embargo no parecen mis compañeros; ¿qué será? ( |haciendo una pausa y observando el camino). Nada: ni una persona aparece en la lejanía. ¡Malditos embusteros! Ya sé lo que ha acontecido; no hay duda: tuvieron miedo del asesinato.... De un asesinato ¡que friolera! ¡Y de un asesinato que nos pagan tan bien!... ¿Qué irá a decir el Conde?


ESCENA II

|Alberto y el Conde
ALBERTO-Alguien baja; ¿serán ellos? ¡Ah, no! Es el Conde. ¡Qué va a ser de mí?
EL CONDE- ( |Entrando y descubriéndose). Y bien, todo está preparado?
ALBERTO-Por mi parte, en cuerpo y alma estoy dispuesto a la empresa; pero.... los compañeros demoran. Tengo temor de que....
CONDE- ¡Acába!
ALBERTO-Temo.... que han tenido miedo.
CONDE- ¡Miserables! Y ¿a quién pueden haber temido los que tántas veces dieron pruebas de ferocidad hundiendo sus puñales en el corazón de los viajeros más arrojados de estas comarcas? ¿Tal vez a un hombre y una mujer? ¡Ah, nó! Eso es increíble. Aguardemos; y en todo caso: a dos, dos. Con nosotros basta y sobra.
ALBERTO-Me parece distinguir una sombra que viene por allí. ¿La véis? Acercaos más. Por allí; eso es. ¿Distinguís perfectamente?
CONDE- ¡Nada veo!
ALBERTO-Yo me cercioraré de si es uno de los nuestros. ( |Saca del bolsillo un pito y toca). Es Antonio, no hay duda; El sonido de este pito no se confunde con ninguno.
CONDE-Ahora si veo otra sombra por aquel lado...
ALBERTO-Es verdad. Será Manuel ( |Toca de nuevo el pito, al que responde otro desde la espesura). Sí. Es Manuel. Reconozco su tañido, ni más ni menos que el de Antonio.
CONDE-Pues si ya estamos completos, vamos a nuestros puestos, que, van a dar las doce y es hora que pase esa pareja maldita, que merced a Satanás esta noche caerá bajo nuestro puñal.
ALBERTO-Embozaos perfectamente para poderos confundir con lo negro del ramaje; yo haré lo mismo, así será más certero el golpe.
CONDE-Dispón que Manuel y Antonio nos aguarden ensotados entre estas malezas, o en este cuarto. Con nosotros basta para conducir los viajeros hasta aquí, y luégo, ellos tomarán parte cuando sea preciso enviarlos al otro mundo.
ALBERTO-Está bien. Allá se les dará esa orden. ( |Suenan las doce). ¡Vamos!
CONDE- ¡Sí,, vamos! Estoy feliz; me voy a vengar. Ya llegó para mí la hora venturosa. Dentro de pocos momentos tendré a mis pies ese rival aborrecido y esa mujer ingrata bañados en su propia sangre: Esa mujer que no quiso darme su mano cuando yo de rodillas se la pedía; y ese hombre que fue tan osado para casarse con la pretendida del CONDE DE CASA ROJA. ¡Ah, cómo va a caer en el lazo! Esta noche se le llevó una carta a Madrid, diciéndole que su esposo estaba de muerte en Zaragoza; que marchara inmediata mente. Ella contestó que partiría. Uno de mis bandidos conduce su coche, y se le dijo que en esta posada encontraría caballos para continuar la marcha. A su esposo se le avisó también que en Madrid estaba agonizando su mujer. El, desesperado, corre hacia Madrid. A las doce estará aquí a remudar caballos.... Entonces ¡Ah! Me ahogo de gozo.... Entonces cada uno encontrará, en vez de un enfermo, una tumba. Pero e preciso atisbar.... ¡Ya llegará la hora!

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